Etiquetado: historias reales

Agotado

Como ya comenté en una entrada anterior, las dos últimas semanas de agosto las empleé para hacer un poco de turismo. Era un viaje organizado por un país asiático. En total, 7 desplazamientos en avión (4 de ellos de unas 7 horas de duración cada uno) y 4 desplazamientos en tren de alta velocidad.

La mayor parte de los días tuvimos que despertarnos sobre las 6:30 de la mañana, ya sea porque el autobús salía temprano para realizar las visitas o porque teníamos que coger un tren/avión.

Si a lo anterior le unimos todos los recorridos realizados a pie, las horas de espera en los aeropuertos, etc. y que tuve algo de diarrea a mitad del viaje, el resultado final es que he vuelto agotado. No es de extrañar que cuando intenté hacer algo de deporte (tenis) hace un par de días, me cansara muchísimo más rápido de lo habitual.

En el primer trayecto en avión (Madrid-Dubai) nos sirvieron comida: el plato principal era pollo al curry con arroz. Una vez descartado todo lo que no iba a comer (pan, galletas saladas, mantequilla con aceites vegetales (¿?), el postre con azúcar, la pequeña chocolatina), básicamente sólo quedaba la minúscula ración de pollo y un poco de arroz. Así que comí el poco arroz que había en el plato, algo que no había hecho en los últimos 3 años.

En el resto del viaje lo que quedó claro es que únicamente íbamos a comer 3 veces al día (desayuno, almuerzo, cena) y que en muchos casos no iba a poder elegir qué comer, por ejemplo en los casos en los que la comida/cena estaba organizada y se servían varios platos de degustación, a compartir por los comensales. No iba a poder comer únicamente carne y dejar el arroz para el resto de miembros de la mesa, la mitad de los cuales eran desconocidos. Por otro lado, cuando la comida/cena no estaba organizada, acudimos a restaurantes “no turísticos” para probar la comida local. En esos casos casi ninguna camarera (siempre nos atendieron mujeres) hablaba inglés y el control sobre la comida servida (la que lográbamos pedir con gestos) era muy bajo. Tampoco creí conveniente dar bandazos, alternando alto en grasa cuando fuera posible, con consumir arroz y fruta si no había otra cosa. O ayunando, sin saber si en la siguiente comida me tocaría ayunar de nuevo. Así que pensé que, durante esas dos semanas, lo mejor era que la composición y cantidad de comida fueran estables, y eso pasaba por consumir arroz y fruta, que siempre estaban presentes, e incluso salchichas que en otras circunstancias no habría comido sin mirar antes su lista de ingredientes.

Durante el viaje no he consumido azúcar y he bebido siempre agua, salvo un vaso de zumo que tomé tras un episodio de diarrea. No he consumido alimentos que me parecieran “procesados”. Y la fruta ha sido casi siempre melón y sandía, que me parecieron menos dulces que las variedades que hay en España. Esa fruta era poco más que agua.

¿Engordé? No me pesé ni antes ni después, por lo que lo único que puedo decir es que me veo igual que antes del viaje. ¿Quizá algo de retención de líquidos, que desapareció tras un par de días de seguir mi dieta normal?