The Minnesota Starvation Study

I’m going over some aspects of The Minnesota Starvation Study, an experiment that has been commented previously in this blog (see,see,see).

“The Minnesota Starvation Study”

The objective of the experiment was to study the recovery phase from a malnutrition condition. In order to do so, first weight loss was induced by caloric restriction and physical exercise. The duration of this first phase was 6 months. After those 6 months, the researchers tested different options in the weight recovery phase.

According to the researchers, the rate of weight loss in the first phase approached zero after 24 weeks (see):

The “ideal” relation between body weight and the course of semi-starvation was believed to be that in which the rate of weight loss would change at constant rate to reach zero change at the end of 24 weeks

Mathematically, the general curve required for weight versus time is represented by a parabola with vertical axis and zero slope at 24 weeks.

Note that the researchers tell us that the body weight evolved in such a way that at week #24 there was no weight loss: “zero change”, “zero slope”.

In the picture below we can see the evolution of the body weight of the participants (white dots) and the energy intake during that period (black dots):

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The important fact here is the participants always followed a hypocaloric diet and they stopped losing weight. They went from consuming 3150 kcal/day at the baseline to consuming about 1750 kcal/day. Taking into account only the energy intake, they applied a caloric restriction of around 1400 kcal/day:

It must be noted that the present subjects changed from a control average of 3150 Cal. to a semi-starvation average of 1755 Cal.; this represents a potential deficit of 1395 Cal. per day.

After allowing for all individual adjustments in the diet, the average individual daily intakes averaged, for successive months, 1) 1834, 2) 1833, 3) 1766, 4) 1661, 5) 1694, 6) 1764 Calories.

In short, they are living in a facility, their intake is absolutely controlled, they are eating much fewer calories than they used to, and they are also doing physical exercise (therefore, their enegy expenditure is supposed to be high) (see),

The participants were expected to walk 22 mi (35.4 km)/wk and expend 3009 kcal (12552 kJ)/d.

But after 6 months of caloric restriction, although they still have body fat they could lose, they are not losing any more weight. I want to insist on this: they are “eating a lot less” and they are not losing weight.

As I said above, the official goal of the experiment was to analyse the best way to recover from a malnutrition condition. From 6 months (time point S24 in the graph below) onwards, the energy intake was gradually increased. At time point R12, although the participants always had consumed less calories than they used to (red lines in the picture remained always below 100%), they had already recovered almost all the body fat (point marked with arrows on the solid curve) that they had previously lost.

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In this study:

  • weight loss reaches a plateau, although the caloric restriction is maintained and there is still body fat that can be lost
  • under caloric restriction conditions, body fat accumulation has been promoted and although the participants never stopped following the calorie-restricted diet, they gradually increased their body fat

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When you are “eating less and moving more”, but you reach a plateau, your options are: keep on following the diet and slowly regain the previously lost weight, or you can start consuming a normal amount of food and you will regain the lost weight faster.

“Lo importante es querer”

Una familiar mía ha padecido obesidad durante los últimos años. También su marido tenía sobrepeso. Aunque han ido cambiando su forma de comer gradualmente, gracias a los cambios que han hecho en los últimos meses él ya tiene un peso normal y ella ha perdido 18 kg (y quiere perder una decena más).

¿Lo han conseguido siguiendo mis consejos? No exactamente. Desde luego conocen mi experiencia, conocen el blog, y conocen mis ideas. Y también saben que hago lo que digo, porque lo ven en las comidas familiares. Supongo que ver que yo he sido capaz de adelgazar y de mantenerme delgado durante varios años puede haber influido en cómo han evolucionado en su búsqueda de soluciones. O en el hecho de que haya existido esa búsqueda de soluciones. Cuando yo adelgacé, ellos pensaban en “moderación” y no comer ciertos productos les parecía “radical”. Un par de años después su discurso es diferente: alaban la dieta cetogénica con la que están consiguiendo resultados y están convencidos de que no pueden volver a comer como antes, si quieren mantener el peso.

Estas navidades ella comentó durante una cena que, en su opinión, lo importante era querer. Yo respondí que no estaba de acuerdo, que lo importante era estar correctamente informados.

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Los esfuerzos y el coraje no son suficiente si carecen de propósito y dirección.

¿Es que mi familiar no se está esforzando? Sí, se está esforzando, pero seguro que también se esforzó cuando intentó adelgazar, sin éxito, en el pasado. Lo que ha cambiado es la dirección en la que se está produciendo ese esfuerzo. Y también han cambiado los resultados, lo que ha hecho que no se conforme con el resultado obtenido, sino que quiera seguir esforzándose para acercarse aún más a un peso normal. Seguro que cuando el método no le daba resultados, no tenía la misma motivación por seguir esforzándose. No es el esfuerzo la clave del éxito, sino el cambio de dirección gracias a una mejor información.

También importa la procedencia de esa información. No es lo mismo que sea el médico el que te diga que una dieta cetogénica te puede servir para adelgazar y que no es ningún problema para la salud, que que esa misma información la obtengamos de un blog de autor anónimo, al tiempo que la comunidad médica nos dice que esas dietas son peligrosas y que lo saludable es la pirámide nutricional de las harinas.

Responsabilizando a la víctima

para perder peso debe haber una verdadera implicación por parte del paciente y debe buscar un equilibrio en su propia autoexigencia (fuente)

El mensaje es clarísimo: es el cliente el que falla. Las claves son su “verdadera implicación” y el “equilibrio en su autoexigencia”. ¿Y de que el método que se recomienda haya fracasado sistemáticamente en los experimentos científicos, no se dice nada?

Leer más:

 

Felices fiestas

– He hecho flan casero. Te he traído un poco. ¡Está muy bueno!

– ¿Qué lleva?

– Nada. Huevos, nata, queso cremoso. Eso es todo

– ¿Qué más?

– Nada más… bueno, un poco de edulcorante, pero, nada, unas gotitas

– ¿Qué edulcorante?

– Uno líquido que tengo en casa

– ¿Qué edulcorante?

– No lo sé, pero vamos, lo venden en Mercadona.

– No quiero flan, gracias.

– Pero Vicente, si no lleva nada.

– ¿No sabes qué le has puesto y dices que no lleva nada? Da igual, me da igual comer flan.

 

¿Exagerado? ¿Extremo? Más bien desinteresado.

¿Fuerza de voluntad? La que hace falta para no tomar lo que no tienes deseo de tomar: ninguna.

¿Sacrificio? El que haría si comiera algo que no me atrae, por quedar bien.

El que ofrece, lo hace pensando que al otro le aporta comer lo ofrecido. Cierto bajo su punto de vista, pero no bajo el mío.

Tengo claro que estas fiestas van a ser como las tres anteriores: voy a disfrutar de los amigos, voy a disfrutar de la familia, voy a disfrutar del deporte, y voy a disfrutar de la comida. Pero sin salirme ni un ápice de mis esquemas en temas de comida. Ninguna necesidad tengo. Hoy he jugado un rato al tenis y al pádel con los amigos. Mañana volveré a jugar al tenis. Ésta es mi forma de hacer algo especial en Navidad. Éstas son mis prioridades.

¡Felices fiestas a todos!

De parte de un espartano.

Visita al veterinario

Esta tarde hemos llevado a nuestras cobayas al veterinario. Aparentemente tienen ya cierta edad.

En un momento dado, el veterinario nos ha dicho que una de ellas tenía algo de sobrepeso y que le vendría bien adelgazar un poco. Una de mis hijas ha preguntado que qué podíamos hacer, a lo que yo he contestado que nada, que con la dieta que tienen (verduras frescas como pimiento, pepino, brócoli, etc. y heno) no se puede hacer nada más. El veterinario ha intervenido para explicar que no hay más secreto para perder peso que comer algo menos y que se muevan más. En ese momento mi hija mayor y yo hemos intercambiado una mirada cómplice. No he dicho nada.

El veterinario tiene bastante sobrepeso.

Se me ha ocurrido plantearme: ¿cuál es la probabilidad de que una persona con sobrepeso/obesidad responda así a esa cuestión?

 

NOTA: la cobaya que el veterinario dice que tiene sobrepeso (yo no veo nada diferente de las otras) es la que está enferma de cáncer. Según dice, probablemente la caída de pelo que sufre desde hace unos días es un efecto de esa enfermedad, por los cambios hormonales que está produciendo. Obviamente, no voy a hacer pasar hambre y obligar a moverse a un animal, y mucho menos a uno que está enfermo.

Tres años manteniendo el peso

A finales del año 2013 alcancé mi objetivo de pérdida de peso. Eso significa que llevo tres años manteniéndome delgado. Sigo sin pesarme (creo que llevo ya año y medio sin hacerlo), pero no veo signos de cambio en el espejo. No estoy engordando.

Empecé estos tres años con mucho miedo a recuperar el peso perdido, pero lo cierto es que esa posibilidad ya no me preocupa. Si durante tres años me he mantenido sin forzar a mi cuerpo de ninguna manera, creo que puedo dar mi peso corporal por estable.

Lo que sí tengo claro es que no voy a cambiar mi forma de alimentarme. Tras todo este tiempo leyendo estudios, mi convencimiento es que la comida no engorda, que es la no-comida exclusivamente la que produce ese efecto. Y mientras me vaya bien, no cambiaré nada.

La abstinencia me es tan fácil como difícil me sería practicar la moderación (Samuel Johnson)

A veces creo que encajo en el concepto de “hardcore abstainer“, es decir, una persona que se encuentra más cómoda dejando por completo ciertos productos, que buscando consumirlos con “moderación”, pero la realidad es que aunque no tuviera problemas para consumir esos productos “con moderación”, signifique eso lo que signifique, no estoy interesado en consumir cosas no saludables. Mi forma de comer no tiene como objetivo gestionar la adicción a la no-comida, aunque sea una forma sencilla de tenerla bajo control, sino hacer lo que es bueno para mi salud. Y, ¿por qué ser moderado con aquello que sé que es bueno para mí?

En mi opinión, la clave de que me haya ido bien ha sido la información. Empecé buscando ideas en internet sobre cómo evitar el efecto rebote, que era lo que me preocupaba en ese momento, y tomar esa iniciativa, y algo de suerte yendo a parar a las páginas adecuadas, fue mi salvación. ¿Por qué no empecé antes a leer en internet? Pues no lo sé. Supongo que creía que no había nada que aprender. Parecía obvio: si estaba gordo, tenía que comer un poco menos y hacer más deporte. No hacía falta cambiar mucho las cosas. ¿Cómo no reaccioné al ver que no funcionaba? Muy listo no fui, eso lo tengo claro y no tengo respuesta a esa pregunta. Estaba en Babia.

Ningún mérito atribuyo a la fuerza de voluntad. Soy la misma persona ahora que cuando pesaba 95 kg: misma fuerza de voluntad entonces y ahora. Misma persona cuando fracasaba en mis intentos de adelgazar siguiendo ideas erróneas, que cuando por fin lo conseguí con unas ideas diferentes (y más fundamentadas).

Cuando puse el nombre al blog, lo de “no vuelvo a engordar” era sólo una declaración de intenciones: iba a hacer todo lo que estuviese en mi mano para conseguirlo. Ahora mismo, lo de no volver a engordar lo veo como un logro conseguido.

No olvidemos nuestra responsabilidad individual

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que para lograr adelgazar (con una dieta/ejercicio), son necesarios dos factores:

  1. Conocer el método adecuado para lograrlo, si es que existe uno que nos funcione
  2. Aplicar el método

Si desconozco el camino para conseguir el objetivo, por mucho que ande lo único que haré será frustrarme (ver). Y, ciertamente, si conozco el remedio pero no lo sigo, tampoco voy a lograr nada.

Creo que también podemos estar de acuerdo en que prácticamente nadie consigue adelgazar, por lo que cabe pensar que o bien en general se desconoce el método para lograrlo, o bien la gente no pone de su parte en aplicarlo, o ambas cosas.

Quien hace alusión a la “responsabilidad individual” de los obesos, da por supuesto que el método para adelgazar es conocido. Pero eso no demuestra más que sus propios prejuicios y su propia ignorancia. ¿Cuál es ese método demostrado para dejar de ser obeso y mantener el nuevo peso a largo plazo, que funciona a gran parte de la población? ¿Demostrado? ¿En la literatura científica? ¿O ellos conocen por inspiración celestial que el método funciona?

Como ejempo de estas actitudes de racismo hacia los obesos tenemos el impuesto por obesidad: puesto que los obesos conocen el remedio a su problema y no les da la gana aplicarlo, les ponemos un impuesto, porque no estamos dispuestos a seguir pagando los costes sanitarios que su gula y su pereza provocan. Porque el problema es que las familias humildes se niegan a consumir alimentos con poca grasa, el remedio que todos sabemos que cura la obesidad. No cabe mayor estupidez ni mayor ignorancia.

Fatphobia

Es el odio, el desprecio hacia la gente con exceso de peso. Lamentablemente es bastante frecuente en el mundo del fitness.

Muchas personas con exceso de peso tienen problemas de autoestima y se culpan de su situación. La realidad es que, a falta de un remedio efectivo para su problema, o se aceptan como son, o su vida va a ser un calvario aún mayor. Pero que no se les ocurra decir que están orgullosas de estar gordas, porque ahí vendrá el musculado de turno a decirles que están poniendo en riesgo su salud y que tienen que avergonzarse de su condición.

¿No habéis visto esta imagen circulando por twitter y facebook?

“Ser de hueso ancho ya no es excusa”

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¿Excusa para qué? ¿Es que acaso sabes tú cuál es la causa de que esa persona tenga ese problema? ¿Es que acaso sabes tú cuál es el método que puede permitir a esa persona alcanzar un peso normal y mantenerlo?

¿Nos reímos todos con lo de los “huesos anchos”? Conozco una mujer que tiene algo exceso de peso, nada alarmante, pero su hija, de unos 15 años sí está demasiado gorda. La niña tiene claro que de mayor quiere dedicarse al mundo del deporte. Esta mujer me comentó un día que ella tenía “huesos anchos”, y que por tanto su hija también. ¿Nos reímos de ellas? El problema, al menos bajo mi punto de vista, es que esta mujer cree en las recomendaciones oficiales para comer de forma saludable. Pero puedo equivocarme, porque la verdad es que no sé si su hija estaría mejor físicamente de seguir una dieta acorde a mis ideas.

Quizá habría que responder que tener los músculos hipertrofiados no es excusa para ser un imbécil desalmado. Por muchas horas que hayas dedicado a mover pesas. Y, quizá, habría que pedir un poco de responsabilidad individual a estos señores (que yo haya visto, casi siempre son hombres), y pedirles que dejen de fomentar el odio hacia las personas que tienen un problema de peso.

Necesitamos:

  1. Encontrar un método que sea útil para perder una cantidad importante de peso y mantener lo perdido a largo plazo
  2. Que ese método sea divulgado por los estamentos oficiales

Hasta entonces, aludir a la responsabilidad individual de los obesos no es otra cosa que dar rienda suelta a lo peor de nosotros mismos.

Agotado

Como ya comenté en una entrada anterior, las dos últimas semanas de agosto las empleé para hacer un poco de turismo. Era un viaje organizado por un país asiático. En total, 7 desplazamientos en avión (4 de ellos de unas 7 horas de duración cada uno) y 4 desplazamientos en tren de alta velocidad.

La mayor parte de los días tuvimos que despertarnos sobre las 6:30 de la mañana, ya sea porque el autobús salía temprano para realizar las visitas o porque teníamos que coger un tren/avión.

Si a lo anterior le unimos todos los recorridos realizados a pie, las horas de espera en los aeropuertos, etc. y que tuve algo de diarrea a mitad del viaje, el resultado final es que he vuelto agotado. No es de extrañar que cuando intenté hacer algo de deporte (tenis) hace un par de días, me cansara muchísimo más rápido de lo habitual.

En el primer trayecto en avión (Madrid-Dubai) nos sirvieron comida: el plato principal era pollo al curry con arroz. Una vez descartado todo lo que no iba a comer (pan, galletas saladas, mantequilla con aceites vegetales (¿?), el postre con azúcar, la pequeña chocolatina), básicamente sólo quedaba la minúscula ración de pollo y un poco de arroz. Así que comí el poco arroz que había en el plato, algo que no había hecho en los últimos 3 años.

En el resto del viaje lo que quedó claro es que únicamente íbamos a comer 3 veces al día (desayuno, almuerzo, cena) y que en muchos casos no iba a poder elegir qué comer, por ejemplo en los casos en los que la comida/cena estaba organizada y se servían varios platos de degustación, a compartir por los comensales. No iba a poder comer únicamente carne y dejar el arroz para el resto de miembros de la mesa, la mitad de los cuales eran desconocidos. Por otro lado, cuando la comida/cena no estaba organizada, acudimos a restaurantes “no turísticos” para probar la comida local. En esos casos casi ninguna camarera (siempre nos atendieron mujeres) hablaba inglés y el control sobre la comida servida (la que lográbamos pedir con gestos) era muy bajo. Tampoco creí conveniente dar bandazos, alternando alto en grasa cuando fuera posible, con consumir arroz y fruta si no había otra cosa. O ayunando, sin saber si en la siguiente comida me tocaría ayunar de nuevo. Así que pensé que, durante esas dos semanas, lo mejor era que la composición y cantidad de comida fueran estables, y eso pasaba por consumir arroz y fruta, que siempre estaban presentes, e incluso salchichas que en otras circunstancias no habría comido sin mirar antes su lista de ingredientes.

Durante el viaje no he consumido azúcar y he bebido siempre agua, salvo un vaso de zumo que tomé tras un episodio de diarrea. No he consumido alimentos que me parecieran “procesados”. Y la fruta ha sido casi siempre melón y sandía, que me parecieron menos dulces que las variedades que hay en España. Esa fruta era poco más que agua.

¿Engordé? No me pesé ni antes ni después, por lo que lo único que puedo decir es que me veo igual que antes del viaje. ¿Quizá algo de retención de líquidos, que desapareció tras un par de días de seguir mi dieta normal?