Morphing nutricional (III)

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Adelanto de lo que viene en el blog

Tras unos meses de restricción calórica lo que la evidencia científica constata es que existe una progresiva recuperación del peso perdido (ver). O, dicho de otra forma, la restricción calórica no funciona como método para adelgazar. De acuerdo con la teoría del balance energético (o teoría CICO), la explicación del fracaso es que el método es correcto y por lo tanto la persona falla: “estás comiendo más de lo que necesitas en ese momento“, es decir, comes “más de lo necesario” para tu nuevo peso. Pero esa explicación, aunque nos parezca razonable porque es la que nos han contado como obvia durante décadas, no es más que una hipótesis deducida mediante errores de razonamiento y trampas dialécticas de una tautología (ver,ver). Y la consecuencia de esos juegos de palabras carentes de fundamento fisiológico es que se nos ha hecho creer que la causa de esa subida de peso son “demasiadas” calorías y que la solución es “comer un poco menos”. Si esto no es patética pseudociencia, nada lo es.

La realidad puede ser drásticamente diferente de lo que la teoría CICO propone como obvio (ver). Como vamos a constatar, es previsible que pasar hambre cambie nuestra fisiología de forma que nuestro cuerpo persiga recuperar la grasa perdida. Y es absolutamente posible que el tejido adiposo acumule grasa al margen de la ingesta energética, y que el gasto energético, a priori un mero síntoma de los procesos fisiológicos subyacentes, se adapte a esa nueva realidad.

Por favor, olvidemos las falacias: estoy hablando de una ingesta energética en rango normal, una situación que no se puede entender planteando hipotéticas situaciones en las que la ingesta es intencionalmente extrema y, por tanto, cualitativa y cuantitativamente muy diferente del caso de interés.

Hecho ese inciso, retomo el hilo argumental: según la pseudociencia del balance energético esa situación de aumentada acumulación de grasa corporal se describiría como que estamos consumiendo más calorías de las que necesitamos, es decir que las calorías se acumulan por ser “excesivas”, cuando la realidad pudiera ser que la grasa corporal se acumulara en mayor medida por causas fisiológicas, no a causa de las calorías consumidas (ver). Y no se violaría ninguna ley de la física, porque el gasto energético se puede adaptar al hecho de que unos pocos gramos de grasa sean almacenados en el tejido adiposo cada día y no estén, por tanto, disponibles en sangre para ser “quemados”. Es importante resaltar la magnitud del problema, porque a veces parece que hablamos de cientos de gramos: para recuperar 4 kg en 3 años tu peso corporal sube menos de 4 gramos diarios. ¡Es subir de peso menos de un gramo por comida! Nuestro cuerpo tiene mecanismos que posibilitan esa adaptación del gasto energético de la que hablo (ver,ver,ver,ver).

Como decía, lo que voy a detallar en ese futuro artículo es cuáles son esos mecanismos fisiológicos que causan que los obesos no podamos mantener los pocos kilos que perdemos cuando intentamos perder peso siguiendo la dieta hipocalórica, la “dieta milagro” oficial, la promovida desde nuestras incompetentes instituciones de salud. Veremos evidencia científica de diversos mecanismos fisiológicos mediante los cuales la escasez de alimento causa almacenamiento neto de grasa corporal a medio y largo plazo:

Pero aunque existan esos mecanismos fisiológicos, si no comes más de lo que gastas no recuperarás el peso perdido

Pura charlatanería sin más base que juegos de palabras (ver). Cuando esos mecanismos fisiológicos hagan que almacenes grasa corporal, la teoría CICO no sólo será la causa real de tu fracaso, no sólo te dará una solución nuevamente errónea para resolver ese fracaso: además se va a usar para culparte de que el método no funcione (ver,ver). Es evidente que hay una lacra en el mundo de la nutrición/obesidad de la que nos tenemos que librar: la teoría del balance energético. Caiga quien caiga.

La dieta del campo de concentración nazi

Is it too early to mention Nazi Germany and the cachectic bodies of concentration camp survivors and dead victims? Steve Parker

¿Es demasiado pronto para mencionar la Alemania nazi y los cuerpos caquécticos de los supervivientes de los campos de concentración y de los muertos?

Haven’t these people noticed that in famines everybody loses weight? Did they notice that in the concentration camp liberation photos every prisoner was emaciated? Have they considered the movie stars who gain and lose weight on command to fill the requirements of their roles?

The principle is simple; it’s only the execution that is difficult. Harriet Hall

¿No se han dado cuenta estas personas de que en las hambrunas todo el mundo pierde peso? ¿Se dieron cuenta de que en las fotos de la liberación de campos de concentración todos los prisioneros estaban demacrado? ¿han considerado las estrellas de cine que ganan y pierden peso a voluntad para cumplir las exigencias del personaje?

El principio es simple; es sólo la ejecución lo que es difícil.

Éste es el nivel: la demostración de que la dieta hipocalórica es útil para adelgazar es una dieta de características inespecíficas (¡viva el rigor!) que, aplicada a la fuerza, lleva a los que la siguen a una alarmante pérdida de peso al tiempo que deteriora su salud hasta el punto de poner sus vidas en riesgo. Debería hacernos saltar todas las alarmas que la dieta de un campo de concentración sea la única demostración de eficacia en la que pueden pensar los defensores de la dieta hipocalórica, terapia “oficial” en la “lucha” (¡ja!) contra la obesidad. La parte positiva de esta situación es que ya no podemos caer más bajo, ni en lo intelectual ni en lo humano. La parte negativa es que a día de hoy seguimos destrozando la salud de la población desde nuestras instituciones públicas.

Supongamos que aplicamos la “dieta del campo de concentración”, pero sólo lo hacemos a corto plazo para evitar los graves problemas de salud que sabemos que produce. ¿Va a ser el resultado que podremos perder 20 ó 25 kg y mantener el nuevo peso simplemente comiendo lo que corresponde a nuestro nuevo peso? ¿Cómo lo sabemos? ¿Es sólo nuestra creencia o se puede aportar evidencia científica de que será así? Los defensores de la teoría CICO afirman que sí lo lograremos, a pesar de que TODA la evidencia científica dice que NO será así. Y reitero, porque es importante, que lo que hacen es culpar a la víctima de que el método no funcione: ellos son inteligentes y entienden el problema (“el principio es simple“) pero la gente no sigue las instrucciones (“es sólo la ejecución lo que es difícil“) (ver).

Y no entro a comentar si es humanamente factible pasar tanta hambre durante tanto tiempo, salvo que realmente estés encerrado/a en un campo de concentración y sea materialmente imposible comer más. No es que no me parezca relevante si el método es de aplicación práctica o no, pero en el contexto actual en el que los “expertos” culpan a la víctima de que su estúpido tratamiento no funcione, me parece un error debatir sobre si la persona puede o no puede mantener esa dieta. El problema actual no es la capacidad de la gente para seguir las instrucciones, el problema actual es que la dieta no funciona porque es una dieta estúpida que carece de fundamento científico que la respalde. Tenemos un problema de obesidad porque los “expertos” en temas de nutrición/obesidad (científicos, médicos, nutricionistas, etc.) no pueden ser más incompetentes. Dejemos de hablar de las víctimas y hablemos de las causas reales del problema.

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¿Es razonable tener esperanza de adelgazar?

The hard fact therefore is that there is no cure. AG Dulloo en “Hurdles and hopes in the management of human obesity

[hablando de la obesidad] La cruda realidad por tanto es que no hay cura.

Lifestyle changes are undoubtedly a necessary condition for enduring weight loss, Ochner said. But they’re far from sufficient, and when physicians believe they are —when they say “you already know what to do, I told you what to do,” he said— “that’s certainly cruel, and it’s harmful: It prevents them getting the care they need” […] “We all want a fix for obesity, a cure for it,” Ochner said. But “eat less, move more” is not it, he said. (fuente)

Los cambios en el estilo de vida son indudablemente una condición necesaria para mantener el peso perdido, dijo Ochner. Pero están lejos de ser suficiente, y cuando los médicos creen que lo son —cuando dicen “ya sabes lo que tienes que hacer, te dije lo que tienes que hacer“, dijo— “es realmente cruel y dañino: impide que accedan al cuidado que necesitan” […] “Todos queremos un remedio para la obesidad, una cura,” dijo Ochner. Pero “come menos y muévete más” no lo es, dijo.

lifestyle interventions alone are unlikely to be sufficient to reverse obesity long-term for most individuals with sustained obesity. […] this contention […] is consistent with decades of data from well conducted behavioural trials. (fuente)

cambios en el estilo de vida por si solos difícilmente van a ser suficientes para revertir la obesidad a largo plazo para la mayoría de los individuos con obesidad sostenida. […] esta idea […] es coherente con décadas de datos de experimentos conductuales bien realizados.

No existe cura para la obesidad. Al menos no la hay basada en dieta/ejercicio físico. No existe evidencia científica de ningún método (¡ninguno!) que haya demostrado ser efectivo para hacer perder una cantidad importante de peso y mantener lo perdido a largo plazo. Si alguien te dice lo contrario, pídele los artículos científicos que lo demuestran. No te los dará.

Qué tal si dejamos de buscar alimentos milagrosos y nos centramos en lo que sí sabemos que funciona: comer menos y sobre todo vegetales (ver)

créeme comer menos es un consejo muy necesario teniendo en cuenta el exceso de peso de la población actual (ver)

No te dejes engañar por los cantos de sirena: si alguien te dice que se sabe cómo perder peso, te está engañando. Sea quien sea. Es absolutamente falso que se sepa que “comer menos” sí funciona. Tras cientos de experimentos científicos, realizados en las últimas décadas, por grupos de investigación de todo el mundo, la única conclusión que se puede sacar es que “comer menos y moverse más” no funciona.

Las dietas hipocalóricas son dietas milagro, basadas en pseudociencia, y que han demostrado sobradamente no funcionar.

Pero no quiero que me creas sin más: consulta los datos publicados en las revistas científicas (ververver) y a quien te diga que “comer menos” funciona, pídele la evidencia científica. Pídele la evidencia científica que demuestre cuánta gente pasa de obesa a tener peso normal y se mantiene así al cabo de 5 años. ¿Cuántos de cada cien que lo intentan? No creas a nadie, fíate únicamente de los datos: pide los estudios científicos y analízalos tú mismo/a.

Y si no se sabe cómo adelgazar, ¿cómo es que yo conseguí llegar a un peso normal y mantenerlo? Como veremos a continuación, haber mantenido el peso dos años y medio (todo 2014, todo 2015 y lo que llevamos de 2016) no es suficiente tiempo para cantar victoria. Por otro lado, del hecho de que alguien lo consiga (y ojalá yo pueda ser uno de ellos) no se deduce que se conozca un método efectivo para un porcentaje relevante de la población obesa. No hay ninguna garantía de que lo que a mí —hasta el momento— me funciona, le vaya a funcionar a otra persona obesa. Es posible que para gran parte de los obesos ni siquiera exista una solución en forma de plan dietario/ejercicios, ni mi forma de comer ni ninguna otra. Decir lo contrario no es dar esperanza, es vender falsa esperanza.

¿Y si no es posible adelgazar, puedo seguir comiendo lo que me apetezca?“. A ver, para empezar, yo no he dicho que sea imposible adelgazar para todo el mundo. Lo que digo es que no se conoce un método que haya demostrado servir para eso. Y bajo ningún concepto recomiendo comer basura: come únicamente “comida”, bebe agua, té o café sin edulcorantes y haz ejercicio de forma regular. Aunque no pierdas peso, cuídate. Pero si lo intentas y no pierdes el peso que te sobra, no te eches la culpa.

relatively drastic surgical procedures (e.g., Roux-en-Y gastric bypass) are the only form of intervention for obesity demonstrating long-term efficacy. (ver)

los procedimientos quirúrgicos relativamente drásticos (e.g. bypass gástrico Roux-en-Y) son la única forma de intervención para la obesidad que ha demostrado eficacia a largo plazo.

“Regulation of Body Adiposity and the Problem of Obesity”

Tenemos datos de un centenar de personas que intentan perder peso con dieta hipocalórica. Pierden, en término medio, unos 30 kg. Y se les hace un seguimiento durante varios años.

The 102 subjects were predominantly men (93%) who underwent severe caloric restriction or therapeutic starvation for morbid obesity, resulting in a mean weight loss of 28.6 kg over a minimum of 8 weeks. Of this group, only 7 remained below their initial weight for the entire follow-up period.

La gráfica que pongo a continuación muestra qué porcentaje de personas seguían estando por debajo del peso original (antes de perder peso), que no es lo mismo que delgados, conforme pasaban los años.

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Para que nadie se confunda, insisto: la gráfica NO muestra el porcentaje de los que siguen siendo delgados, sino el de los que pesan menos de lo que pesaban inicialmente, antes de intentar perder peso. Quizá alguno se mantenía delgado, pero no se puede saber a partir de estos datos.

¿Cuáles son los datos que se emplean para decirle a la gente que “comer menos y hacer más ejercicio” permite adelgazar? ¿Dónde está la evidencia científica? ¿Cómo tienen algunos “expertos” la caradura de responsabilizar al obeso de no conseguir adelgazar “comiendo menos”, cuando el método nunca ha demostrado servir para eso?

NOTA: como curiosidad, la gráfica anterior está generada a partir de los datos de otro artículo (“Therapeutic Fasting in Morbid Obesity“), aunque fue rehecha para hacer lineal el eje de las abscisas:

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La guerra del lenguaje (VIII): dieta hipocalórica

“Hipocalórica” es otro de esos términos que se usan para engañar a la gente, jugando con varias definiciones.

Una dieta hipocalórica es aquella que tiene menos calorías de las que se consideran necesarias para mantener el peso. El prefijo “hipo-” significa “menor, inferior, o por debajo de algo”. Y evidentemente lo que define este tipo de dietas es su número total de calorías. Tan sencillo como que si el “experto” de turno cree que una persona necesita 2000 kcal/día para mantener su peso actual, una dieta que únicamente le aporta 1500 kcal/día es hipocalórica.

Algunos “contadores de calorías” estafan (i.e. conseguir el dinero de alguien con engaños) a sus clientes diciéndoles que ese tipo de dietas sirven para adelgazar. Puesto que la evidencia científica dice justamente lo contrario, que nunca han demostrado funcionar, estas personas están mintiendo para conseguir el dinero de los clientes. En su absoluta incompetencia, estos “profesionales” pueden “creer” que el único camino para adelgazar es la dieta hipocalórica, pero lo que bajo ningún supuesto pueden hacer es asegurar que funcionan. No es cuestión de opiniones: o se aportan las evidencias o no se aportan.

Olvida las dietas milagro, lo único que funciona es comer menos

Hagamos lo que sabemos que funciona, comer menos

La otra definición de “hipocalórica” con la que juegan los contadores de calorías es “aquella que proporciona menos energía de la que se gasta” (ver), es decir, la que adelgaza (siempre bajo el punto de vista de los contadores de calorías, que creen que adelgazar es consecuencia de un déficit calórico). Puede que parezca la misma definición que la primera que hemos visto, pero no lo es. En el primer caso la dieta hipocalórica es una idea basada en pseudociencia y prejuicios contra los obesos, que ha fracasado sistemáticamente; en el segundo caso es, por definición, la dieta que funciona para adelgazar. La diferencia es notable.

Nótese que en esta segunda definición, el término “hipocalórico” pierde su significado. Una dieta con menos calorías de las que se supone que alguien necesita, puede no ser “hipocalórica”, mientras que otra dieta con más calorías de las que se supone que esa persona necesita, paradójicamente puede sí ser “hipocalórica”. Que la dieta sea hipocalórica o no deja de estar relacionado con las calorías de la misma, sólo lo está con su efecto adelgazante. Un fraude.

para perder peso hay que llevar una dieta hipocalórica

¿Verdadero o falso?

¿Cuál es la relevancia de jugar con estas dos definiciones? Pues que se usa para engañar, diciendo que las únicas dietas que funcionan son las hipocalóricas (por definición, según la segunda definición), pero dando a entender que lo importante de la dieta es que tenga pocas calorías respecto de las que se supone que se necesitan, que es lo que dice la primera definición, no la segunda.

Para entender el engaño, supongamos que una dieta de bajo índice glucémico es la clave para adelgazar (no lo estoy afirmando: sólo es una suposición dialéctica): esa dieta es hipocalórica según la segunda definición, como lo sería cualquier dieta efectiva para adelgazar. Lo importante, por tanto es que la dieta sea hipocalórica, es decir que se coma poco… ¡¿?! ¿O estamos diciendo que lo importante es que la dieta sea adelgazante para que adelgace?

La ley y la trampa del balance energético

NOTA: ¿no es curioso que las dietas que nunca han demostrado funcionar en la literatura científica, sí funcionen a los clientes de los contadores de calorías, siempre según el testimonio de estos “expertos”?

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¿Cuándo y cómo se produce la magia de las calorías?

Una cita sobre la hipótesis de la insulina:

his “cause” of obesity is more of a “mechanism” that doesn’t really get at the underlying genetic, environmental, and behavioral causes.

Su causa de la obesidad es algo así como un “mecanismo” que realmente no toca las causas subyacentes genéticas, ambientales o de comportamiento.

Hablar de un “mecanismo”, ¡qué vulgaridad! ¿verdad?

Estas personas saben que los obesos, como yo he sido, lo somos por vagos y glotones. Y como ya saben la causa consideran que hablar de fisiología es absurdo.

Tengo unas dudas sobre la teoría del balance energético, ésa que dice que engordamos por consumir más energía de la que gastamos (ver).

Voy a tratar de explicar mis dudas. Supongamos que mi gasto energético diario es fijo (algo que es falso, pero esta premisa es parte de la teoría del balance energético) y ya he consumido tanta energía como mi cuerpo va a gastar a lo largo del día.

Y quiero provocar un “exceso calórico” comiéndome una aceituna.

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Si me pongo una aceituna en la boca, sin tragarla, ¿ya me está engordando? ¿No? ¿Por qué no, si ya he aumentado la energía que ha entrado en mi cuerpo? ¿Dicen las leyes de la termodinámica que mientras la aceituna se quede en la boca, no engorda? ¿En qué parte de la primera ley de la termodinámica aparece esa condición?

¿Crees que la oliva tiene que ser digerida? ¿Sólo se cumplen las leyes de la termodinámica a partir del momento en que la comida es digerida? ¿antes no? (Como mínimo me causa sorpresa que las todopoderosas leyes de la física tengan que esperar a que suceda algo tan vulgar como un proceso fisiológico para cumplirse. Ya no hacen leyes como las de antes…)

De acuerdo, no veo razón para ello, pero voy a dejar que la oliva sea digerida y que sus nutrientes sean absorbidos. ¿Sucede en ese momento exacto la magia de las calorías? Esa oliva supone un “exceso calórico”, pero ¿cómo saben los adipocitos que es así? ¿Qué órgano del cuerpo humano detecta que con esa oliva se supera el gasto energético de hoy y da las “órdenes” a los adipocitos de acumular grasa? ¿Cómo se transmiten esas órdenes desde ese órgano hasta los adipocitos? ¿En qué momento exacto se detecta el exceso calórico, quién lo detecta y cómo son informados los adipocitos de que tienen que acumular grasa? ¿Cómo se informa de la cantidad exacta que hay que engordar a cada uno de ellos? Y, ¿cómo se reparten la tarea? Es decir, ¿cómo se organiza qué adipocitos van a acumular grasa y en qué cantidad?

¿Cuál es el mecanismo en que se basa la magia de las calorías?

Tengo algunas preguntas más: si la misma oliva se transforma en más músculo, no en más grasa. ¿Qué es diferente en el planteamiento y en nuestro cuerpo? ¿Qué es diferente en ese caso para que la energía “extra” se acumule como músculo? ¿Son las calorías diferentes en ese caso de alguna manera? ¿Cómo detecta nuestro cuerpo que esas calorías son distintas? ¿Hay distintos tipos de calorías? ¿Cómo se recoge eso en las leyes de la termodinámica? Y si no hay distintos tipos de calorías, ¿cuál es la explicación?

Y no olvidemos que partimos del falso precepto de que nuestro cuerpo tiene un gasto energético diario fijo y que no puede simplemente gastar más energía y que esa oliva no nos engorde.

No lo pregunto en broma. Desconozco las respuestas. No veo que se nos diga cómo se produce el aumento de peso ni cómo funcionan las dietas hipocalóricas. ¿Cuál es el mecanismo por el que supuestamente deberían funcionar estas dietas? Otras dietas son atacadas, con toda la razón, por estar basadas en ideas estrambóticas, pero las mismas personas que se pasan el día hablando de “dietas milagro” no dicen nada de las dietas hipocalóricas y su mágico funcionamiento. Comes menos y adelgazarás, y ya está. ¡Y no preguntes!

Es que ni siquiera se nos da una explicación que pueda ser considerada verdadera o falsa.

¿Cuál es el fundamento científico y fisiológico de la restricción calórica?

 

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La guerra del lenguaje (VI): dietas milagro

The real criterion for a fad diet, however, is that you don’t like it. Fad diets are the other guy’s diet (ver).

El criterio real para llamar a una dieta “dieta milagro”, es que no te gusta. “Dietas milagro” son las dietas ajenas.

NOTA de traducción: las dietas que, de forma nada profesional, se desprecian en España llamándolas “dietas milagro”, se desprecian en la lengua anglosajona llamándolas “fad diets”, dietas de moda o de temporada, dietas que no perduran en el tiempo.

In practical terms, there are two kinds of fad diets: first, those that have some quirky feature which hardly anybody adheres to (unlike fads in fashion), and second, the bête noire of the nutritional establishment, the Atkins diet. Or more generally, any form of low carbohydrate diet. What rankles researchers is that such diets out-perform “healthy” diets for however long they are compared.  (ver).

En la práctica, hay dos tipos de dietas de moda: por un lado, las que tienen alguna rareza que hace que casi nadie la siga (a diferencia de las modas a la hora de vestir), y por otro, la más detestada por el establishment nutricional, la dieta Atkins. O en general cualquier forma de dieta baja en hidratos de carbono. Lo que toca las narices a los investigadores es que esas dietas son mejores que las dietas “saludables” sea cual sea la duración de la comparación.

“Milagro” es otro de esos términos empleados para engañarnos. Por ejemplo, lo que hacen algunas organizaciones es: en lugar de decir que tal o cual dieta es poco saludable, para lo que tendrían que aportar pruebas (que normalmente no tienen) y entrar en un debate científico (que prácticamente siempre perderían por goleada), la descalifican de forma arbitraria llamándola “dieta milagro”. Y ¿cómo va a ser saludable una “dieta milagro”? Si es dieta milagro, tiene que ser mala. Y punto pelota. A falta de argumentos científicos, usan el insulto desde la posición de poder que se han arrogado.

El resultado del recurso a la decalificación sin base científica es que una “dieta milagro” puede ser perfectamente más saludable que una dieta “saludable” y “balanceada”. Porque en algunos casos ni la primera es “milagrosa”, sino que viene avalada por la evidencia científica, ni las otras han demostrado nunca ser saludables ni balanceadas. De hecho su propia dieta, la basada en las harinas de semillas, no pasa el test de las dietas milagro (ver). Yo desconfiaría de cualquiera que hable de “calorías”, “balanceado” o “dieta milagro”: son la marca de la incompetencia.

Que los “expertos” en nutrición nos hablen de “dietas milagro” es una muestra más de lo malos que son como profesionales. Algo así es inimaginable en otras disciplinas. Y lo realmente grave es que las personas desinformadas son las pagan con su salud esa falta de profesionalidad.

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Las dietas hipocalóricas son dietas milagro (1 de 2)

Hay quien dice que contar calorías es imposible, porque no podemos calcular con una precisión aceptable cuál es nuestra ingesta. Pero el problema va más allá de la precisión: el problema es que el gasto energético depende de la ingesta. ¿Cómo adaptas tu ingesta a un gasto energético que no conoces, y que además cambiará cuando cambies la ingesta? Esa teoría, la de que contando calorías podemos controlar nuestro peso, viene de una interpretación errónea de las leyes de la termodinámica.

Por ejemplo, imagina que todos los días tu grasa corporal aumenta en 10 gramos. Estás engordando. Suponiendo que no estés perdiendo músculo, tu cuerpo va a quemar unas 100 kcal menos de lo que consumas. Imagina que pudieras calcular exactamente cuánto comes, ¿cuántas kcal vas a consumir para perder peso?

¿2000? Tu cuerpo gasta 1900. Estás engordando.
¿1500? Tu cuerpo gasta 1400. Estás engordando.

¿Cuántas Calorías vas a consumir para perder peso? ¿Ves el problema? Estás persiguiendo la zanahoria.

¿Crees que no es así? ¿Crees que la zanahoria está quieta? Precisamente ésa es la hipótesis que asumen como cierta los contadores de calorías, que tu cuerpo siempre gasta la misma energía, independientemente de lo que comas o de cuánto comas. Nos dicen que solo depende de cuánto ejercicio hacemos y de cuánto pesamos, pero es falso.

Mira el siguiente estudio (gracias Ana). Evolución de peso de 140 personas, durante dos años. Comen “menos”, bajan algo de peso los primeros meses, muy poco, y empiezan a recuperarlo. Pasado el primer año ya están recuperando peso.

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Es lo que pasa con las dietas hipocalóricas: pérdida de peso los primeros meses, que hace creer que el método funciona, pero la pérdida de peso se estanca y se empieza a recuperar el peso.

¿Cómo lo explicas? ¿Crees que recuperan el peso porque han dejado la dieta? Ésa es la explicación que nos dan los contadores de calorías: “el método es infalible porque deriva de leyes universales, luego si algo falla la culpa es de la gente, que no sigue las instrucciones“. ¡El método no puede fallar! Este estudio es muy interesante en ese sentido, porque se tienen los datos de cuánto comían los participantes. Se tienen esos datos, pero no se le preguntó a nadie: se calculó la ingesta a partir del gasto energético (vía DLW, agua doblemente marcada) y de cómo cambiaron las reservas de energía (vía DXA, absorciometría con rayos X de doble energía). La gráfica que vamos a ver no es el resultado de un cuestionario en el que los participantes pueden dar datos erróneos, sino que son datos reales de ingesta. Y la gráfica (barras blancas) dice que en todo momento estuvieron ingiriendo menos calorías de las que consumían antes del experimento: -500, -300, -200, -200 kcal/día

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Es decir: no dejaron de “comer menos” en ningún momento. No dejaron la dieta y dejaron de perder peso. Durante el segundo año del experimento, en el que consumieron 200 kcal/día menos de lo “normal”, estaban recuperando el peso. Y posiblemente recuperaban grasa, porque cuando a tu cuerpo le quitas comida, él lo que prioriza es aumentar sus reservas de energía, “por lo que pueda pasar”. Si ves venir una crisis, no malgastas el dinero: ahorras.

¿Qué haces entonces? ¿Comes aún menos para evitar que el peso suba? ¿Y cómo va a reaccionar tu cuerpo ante una restricción calórica aún mayor?

En el mundo real, estás pasando hambre, no has dejado la dieta y ya estás recuperando el peso perdido. Es cuestión de tiempo que abandones una dieta que no está funcionando.

Ése es el problema, que la zanahoria está unida a nosotros mediante el palo. No se puede ignorar la existencia del palo, y ése es uno de los errores que cometen los contadores de calorías: ignorar la fisiología. Es falso que el gasto energético sea algo que solo depende del ejercicio que hacemos o de cuánto pesamos. El gasto energético no va a permanecer inmutable cuando comamos “menos”: se reduce. Y se reduce tanto como hace falta para revertir la pérdida de peso inicial y convertirla en recuperación de peso. Es el efecto yo-yo o efecto rebote. Y no se produce por dejar la dieta, sino por hacerla: es la consecuencia de “comer menos”.

¿Contar calorías? No solo es imposible: es una idea errónea que ignora por completo cómo reacciona nuestro cuerpo. Y lo que es más importante: no funciona, no es útil.

Y si contar calorías no funciona para perder peso ni para manternerlo, y nos lleva a tomar decisiones erróneas a la hora de decidir qué comer, ¿para qué contamos calorías?

Segunda parte