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Deleterious Metabolic Effects of High Fructose Intake: The Preventive Effect of Lactobacillus kefiri Administration

Cuatro grupos dietarios en ratones: las cuatro combinaciones de:

  • dieta control y dieta alta en fructosa, y
  • que haya consumo de kéfir o no.

En la gráfica B podemos ver el resultado con la dieta alta en fructosa (FRD): el grupo que tomaba kéfir (azul claro) no aumentó de peso en la misma medida que el que no tomaba (azul oscuro). Y no hubo diferencias en la ingesta energética:

administration of L. kefiri during FRD intake prevented the increase in body weight without changing the caloric intake

Y como demuestra la gráfica A no hubo diferencias en la ingesta energética entre esos dos grupos:

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En la gráfica se muestra el peso de distintos depósitos de grasa corporal (AT). Nótese la diferencia entre el grupo azul oscuro y el grupo azul claro:

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Si comparamos el grupo azul oscuro con el azul claro, ¿qué grupo ha comido “más de la cuenta”?

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No tienes que cambiar tú, tienes que cambiar lo que comes

4. Gain co-operation in advance. Emphasize that the success of the whole enterprise depends as much upon a client’s sincere cooperation as on the consultant’s efforts. This ensures two invaluable ends: the guru has an alibi in case the diagnosis doesn’t click: it’s the client’s fault, not the consultant’s. And the clients will strive to fit the consultant’s generalities to their specific life occurrences. (“Charlatan detection“)

4. Obtenga cooperación por adelantado. Enfatice que el éxito de toda iniciativa depende tanto de la cooperación sincera del cliente como de los esfuerzos del consultor. Esto asegura dos fines invaluables: el gurú tiene una coartada en caso de que el diagnóstico no resulte: es culpa del cliente, no del consultor. Y los clientes se esforzarán por adaptar las generalidades del consultor a sus experiencias personales.

Es el cuarto consejo para los que aspiran a convertirse en charlatanes: establecer una coartada de forma que cuando el consejo dado por el charlatán fracase, el cliente se culpe a sí mismo del fracaso.

Seguro que todos hemos leído artículos creados por la industria de la dieta o la del fitness que nos cuentan “por qué fracasan las dietas“. Nótese que confunden dieta hipocalórica con hacer dieta, pues creen que todas las dietas funcionan porque hacen pasar hambre a nuestro cuerpo y éste se ve forzado a quemar grasa corporal (ver,ver). Si lees esos artículos, supuestamente informativos, verás cómo la narrativa de la industria es que las dietas fracasan porque no puedes resistir el hambre. Lo adornan con términos técnicos, incluso parece que lo disculpan aludiendo a que hay poderosos mecanismos “evolutivos” que lo explican y, seguramente, incluyen enlaces a artículos científicos que, supuestamente, dan soporte a su narrativa.

Apetito y saciedad, saciedad y apetito. E hiperpalatabilidad…

El apetito… herramienta reguladora de defensa de la grasa corporal como medida de supervivencia evolutiva… por eso las dietas hipocalóricas no funcionan

Por eso no funcionan, porque te hacen pasar hambre y al final cedes. O quizá ese mensaje, difundido machaconamente como si fuera algo ya demostrado, lo único que persigue es culparte del fracaso de la dieta, del fracaso de su dieta.

Bueno, lo primero que hay que tener claro es que se nos ha hecho creer que es así, pero ese mensaje carece de evidencia científica que lo respalde. La dieta hipocalórica NUNCA ha demostrado efectividad para lograr una pérdida de peso importante a largo plazo: puedes esperar haber perdido 3-4 kg al cabo de 4 años de hacer dieta (ver,ver).

¡Pero si como menos de lo que gasto voy a perder peso, sí o sí!

Esta idea es la colosal estupidez en la que se sostiene el engaño. Toda la evidencia científica es contraria y su única base real son juegos de palabras falaces. No me entretengo, pues está explicado en otras entradas del blog (ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver). Es una indiscutible estupidez.

La industria nos hace creer que el problema ha sido que no hemos podido controlar el hambre. Ya sabes, “las leyes de la termodinámica son las que son”, así que si recuperas el peso perdido la culpa es tuya por no haber controlado el apetito. Porque las leyes de la física no se pueden poner en duda y que tú hayas cumplido con la dieta sí se puede poner en duda. Han establecido su coartada y nos la hemos creído. Nos la creemos, y tras cada fracaso nos planteamos nuevos propósitos de enmienda: esta vez sí vamos a soportar el hambre, esta vez sí vamos a limitar el consumo de snacks, esta vez sí, esta vez sí.

Los obesos hemos creído esa narrativa porque no se nos ha ocurrido pensar que es errónea. Y aceptamos que la culpa del fracaso de su dieta es nuestra.

Lee blogs de gente que está intentando adelgazar. Verás que el sentimiento de culpa es habitual: hay efectos negativos visibles en nuestro cuerpo y en nuestra salud y creemos saber lo que hemos hecho mal. No queremos hacer ciertas cosas, pero por A o por B acabamos haciéndolas. No quieres comerte más que un sandwich para cenar, pero no puedes evitar levantarte a medianoche y comer lo primero que pillas. No quieres hacerlo pero lo haces. Y cuando el método fracasa, si tu mente busca razones para culparte las va a encontrar.

Quizá el problema no está en nosotros sino en lo que estamos comiendo. Quizá el primer paso para recuperar la salud es salir de la rueda en la que nos han metido los “expertos” en nutrición. Sin azúcar, sin harinas de ninguna clase, sin productos procesados, si tuvieras la suerte de volver a un peso normal, te librarías de las cadenas. Podrías volver a comer sin remordimientos, sabiendo que lo que estás comiendo es lo mejor para tu salud y que comer no es el problema, que puedes comer cuando tienes hambre y que no pasa nada.

También existe la posibilidad de que no recuperes un peso normal, a pesar del cambio a la “comida de humanos”. En tal caso, yo creo que al menos limitas algo la tentación de culparte por algo que en realidad no está bajo tu control. Si haces todo lo que está en tu mano nada debes reprocharte. Más fácil decirlo que hacerlo, lo sé. Te puedes llegar a culpar menos, pero seguramente te sigas culpando.

En definitiva, lo que quería contar es que tenemos que ver venir las maniobras de la industria, tanto la de la dieta como la del fitness: basan su negocio en culpar a la persona de que la dieta o el plan de ejercicios que te venden no den resultado. Fíjate en que buscan centrar la atención en la persona, no en el método por el que te cobran: te dicen que tienes que esforzarte pero no te muestran evidencia científica de que esa dieta o ese plan de ejercicios funcionen a largo plazo. Y lo que quiero resaltar es que quizá no hay nada erróneo en nosotros, sino que sencillamente estamos reaccionando igual que lo haría cualquier otro animal al consumo de no-comida. Podemos seguir pretendiendo que es posible vivir a base de no-comida y recuperar la salud y un peso normal, o podemos probar a alimentarnos con comida de humanos en lugar de meternos productos comestibles por la boca.

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Crónicas caloréxicas (VI): Alejandro Gayo

¿Puede un tumor crecer si no comemos más calorías de las que nuestro cuerpo utiliza? ¿Sí? ¿El cuerpo produce sus propias calorías de la nada y las convierte en células cancerosas? A ver, sin más IN que OUT el tumor no puede crecer: es el único requisito indispensable. Por tanto, el crecimiento del tumor es debido a un balance energético positivo mantenido en el tiempo: más IN que OUT mantenido durante un cierto tiempo, lo que causa acumulación de energía en el tumor. FIN. Otra cosa es por qué se produce ese balance calórico positivo y ahí la cosa ya se complica.

No se puede negar lo evidente: el balance energético positivo es lo básico. Si no hay exceso NO puede crecer el tumor. Gallinas que entran menos gallinas que salen.

Innumerables estudios, miles de millones de euros en investigación, decenas de años, gente dedicando sus VIDAS ENTERAS a la comprensión de esto… no existe debate científico al respecto y está perfectamente establecido.

Si alguien cree que un tumor puede crecer sin que exista un balance energético positivo que lo publique, a ver si le dan el premio Nobel.

No limitemos la estupidez a la prevención y tratamiento de la obesidad. Extendámosla al tratamiento del cáncer: dieta hipocalórica para los enfermos de cáncer y la próxima vez que un médico oncólogo reciba a un paciente cuyo tumor ha crecido que le eche la culpa de dañar su salud por haber comido por encima de sus necesidades energéticas. ¡Sabía lo que tenía que hacer pero no tuvo fuerza de voluntad para hacerlo!

La estupidez es de tal calibre que resulta imposible entender cómo el ser humano ha caído tan bajo.

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Expertos y veganismo en niños

Esta entrada está basada en tres artículos de Andrés:

No es una entrada larga. Lo que quiero comentar es el argumento de que las dietas veganas son apropiadas para los niños (de cualquier edad) porque la ADA (American Dietetic Association) las respalda.

Lo primero que llama la atención de ese argumento es la referencia a la autoridad en lugar de presentar evidencia científica que respalde lo que se está afirmando. Vamos a ver en qué se basa ese respaldo de la ADA. Del largo documento he señalado 4 partes, que he nombrado con las letras A-D:

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A. Las dietas veganas en cualquier etapa de la vida

Vemos que efectivamente la ADA afirma rotundamente que una dieta vegana bien planificada (tautología inútil donde las haya) es apropiada para todas las etapas de la vida, incluyendo lactancia y embarazo:

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Las dietas veganas, lactovegetarianas y lacto-ovo-vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo de vida, incluidos el embarazo y la lactancia.

¿Con qué evidencia científica respaldan esa afirmación? Esos son los otros fragmentos: B, C y D. Presento a continuación traducciones literales de esos fragmentos.

B. Mujeres embarazadas y lactancia

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Consumo de macronutrientes y energía. Se identificaron cuatro estudios de investigación primaria que examinaron la ingesta materna de macronutrientes durante el embarazo lacto-ovo o lacto-vegetariano (58-61). Ninguno se centró en las veganas embarazadas.

Declaración de Conclusión de EAL: No se identificó ninguna investigación que se centrara en la ingesta de macronutrientes entre las veganas embarazadas.

C. Resultado del parto

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Resultados del parto. Se identificaron cuatro estudios de cohortes que examinaron la relación entre el consumo de macronutrientes maternos durante el embarazo y los resultados del nacimiento, como el peso al nacer y la duración (59-62). Ninguno de los estudios se centró en embarazadas veganas.

Declaración de conclusión de EAL: escasa investigación en poblaciones no estadounidenses indica que no existen diferencias de salud significativas en los bebés nacidos de madres vegetarianas no veganas frente a no vegetarianas.

Declaración de Conclusión de EAL: No se identificó ninguna investigación que se centrara en los resultados del nacimiento de madres veganas versus madres omnívoras.

D. Niños

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Algunos estudios sugieren que los niños veganos tienden a ser un poco más pequeños pero dentro de los rangos normales de los estándares de peso y estatura (58). El poco crecimiento en los niños se ha visto principalmente en aquellos con dietas muy restringidas

NOTA: la referencia 58, la que se usa para justificar la afirmación anterior ni siquiera incluyó participantes veganos, como bien resaltó Andrés.

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Mis reflexiones

¿El único dato que dan relativo a los niños veganos es que son más bajitos de lo normal y encima lo justifican con una referencia que no incluye participantes veganos?

En definitiva, la ADA afirma que “las dietas veganas, lacto-vegetarianas y lacto-ovo- vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo de vida, incluidos el embarazo y la lactancia“, pero esa afirmación no viene respaldada por evidencia científica. Sencillamente se lo inventan.

“Si la dieta está bien planificada no habrá ningún problema”. Teniendo tautologías, ¿quién necesita evidencia científica?

Y, por cierto, una traducción del documento es difundida desde la web de la Unión Vegetariana Española.

Cabe preguntarse cómo es posible que nadie compruebe el único dato que se da sobre los niños que siguen dietas veganas. ¿Ni los múltiples revisores del mismo ni el traductor al castellano ni los siete revisores de la traducción ni los/las nutricionistas que cobran por recetar dietas veganas han tenido una mínima curiosidad de comprobar esa referencia a ver cuál es el problema reportado en el desarrollo de los niños? Habrían detectado rápidamente que la referencia era falsa. Lo sorprendente no es tanto que haya un error, algo que puede pasar, sino que nadie haya comprobado qué sustento tienen las afirmaciones de la ADA. Estos son los revisores de la traducción:

Revisión a cargo de: Eduard Baladia Rodríguez, Julio Basulto Marset, María Blanquer Genovart, Mª Teresa Comas Zamora, Mar García-Aloy, María Manera i Bassols, Iva Marques Lopes.

¿Ocho firmantes, siete de ellos revisores, en una traducción al castellano de un documento y nadie ve nada, nadie comprueba nada? Vaya nivelazo.

Han comido menos de lo normal pero consumían azúcar y ¡han engordado! (en ratas)

Sucrose induces Fatty Liver and Pancreatic Inflammation in Male Breeder Rats Independent of Excess Energy Intake

Experimento en ratas. 4 meses de duración. Dos dietas idénticas en calorías y en todos los nutrientes, salvo que una dieta tiene azúcar y la otra tiene almidón. Evidentemente, también tienen el mismo reparto de macronutrientes:

Rats were administered 40% sucrose or starch diets for 4 months. The diets were identical in all nutrients except that sucrose was replaced with starch, and all rats were pair fed to assure identical caloric intake.

Se les administró a las ratas dietas con un 40% de sacarosa o de almidón durante 4 meses. Las dietas fueron idénticas en todos los nutrientes, excepto que la sacarosa se reemplazó con almidón, y todas las ratas fueron alimentadas “por parejas” para asegurar una ingesta calórica idéntica.

El grupo control perdió 5 gramos, mientras que el grupo del azúcar ganó 14 gramos.

No sólo eso…

We also mildly diet restricted all rats to assure there be no concern that intake was not excessive […] about 10% less than normal intake in these rats

También restringimos ligeramente la dieta de todas las ratas para que no estuviera en cuestión si la ingesta era excesiva […] aproximadamente un 10% menos de la ingesta normal en estas ratas

Esto es interesantísimo: el grupo “sacarosa” ha subido de peso consumiendo un 10% menos de lo que comen normalmente esas ratas. Han “comido menos” pero han comido mal y ¡han engordado!

Conclusiones de los autores:

sucrose is not simply an energy source that may have a role in obesity, but rather has specific metabolic effects that favor the development of fat accumulation and insulin resistance independent of excessive energy intake.

la sacarosa no es simplemente fuente de energía que puede jugar un papel en la obesidad, sino que tiene efectos metabólicos concretos que favorecen el desarrollo de la acumulación de grasa y de la resistencia a la insulina al margen de que la ingesta energética sea excesiva

“favorecen el desarrollo de la acumulación de grasa […] al margen de que la ingesta energética sea excesiva”

¿Qué tratamiento recomendaría una endocrino caloréxica a esas ratas que están engordando “comiendo poco”?

Si no hay misterios. Reduce las calorías. está claro que comes más de lo que gastas […] Pues ya te lo digo yo, que te sobran calorías. Sino no se coge peso. Te lo aseguro

Sí, está “clarísimo”. Nos lo asegura.

La teoría del balance energético es demostrada falsa por la evidencia científica. Es un resultado que hemos visto una y otra vez en el blog (ver,ver). Y lo bueno de los estudios con animales es que no se pueden desacreditar los resultados diciendo que los animales comen más de lo que dicen (ver). ¿Misterio? El misterio es cómo a estas alturas de la historia esta BURRADA es la teoría oficial con la que estamos tratando de prevenir y curar la obesidad. Todo un misterio…

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“Los carbohidratos excesivos se convierten en grasa y también engordan” (3 de 3)

Los carbohidratos excesivos se convierten en grasa y también engordan

En una situación de extrema ingesta de carbohidratos, una parte considerable de esos carbohidratos se convierten a grasa (de novo lipogenesis), pero en condiciones normales ese proceso, que obviamente es posible, apenas se produce (ver):

The summary data (Figure 4) show that de novo lipogenesis did not make a substantial contribution of fatty acids (<5%) to fasting TG on either diet, in either group.

Los datos de resumen (Figura 4) muestran que la lipogénesis de novo no hizo una contribución sustancial de ácidos grasos (<5%) a los TG en ayunas en ninguna dieta, en ninguno de los grupos.

Tal y como vimos en la segunda entrega del artículo, los carbohidratos que sobran sencillamente se queman (es decir, se oxidan):

conversion to fat is an option which only occurs under extreme conditions in humans, and oxidation is increased to match intake

la conversión a grasa es una opción que solo ocurre bajo condiciones extremas en humanos, y la oxidación se incrementa para igualar la ingesta

Sin embargo, la creencia popular es que los carbohidratos “excesivos” se convierten a grasa corporal y nos engordan. Se escucha esa afirmación en muchos gurús de la nutrición e incluso en personas no relacionadas con el mundo de la nutrición. Parece que este mito es fruto del simplismo del balance energético: puesto que la energía no puede desaparecer, esos carbohidratos “excesivos” tienen que tener algún destino, y puesto que según la pseudociencia del balance energético los carbohidratos “excesivos” también son engordantes, pues parece que la única posibilidad que queda cuando no se quiere hablar de hormonas y fisiología es que se conviertan en grasa y así nos engorden. Una explicación tan sencilla como errónea.

¿Quiero eso decir que no nos engordan los carbohidratos consumidos en “exceso”? Ese razonamiento es el que quiero analizar. Sería como decir que la única forma en la que alguien puede llenar una bañera es convirtiéndose en agua y metiéndose entonces dentro de la bañera (ver).

Convertirse en grasa no es la única forma en la que los carbohidratos pueden causar acumulación neta de grasa corporal.

De forma muy simplificada (ver), tras una comida:

  1. a las puertas del tejido adiposo llega un cargamento que contiene la materia prima que puede almacenarse (i.e. los ácidos grasos), y por otro lado
  2. aparece en el endotelio capilar la llave que permite abrir ese cargamento (i.e. la LPL, o lipoproteína lipasa, activada por la insulina):

La insulina facilita sacar los ácidos grasos de los quilomicrones (verver), y la insulina a su vez es estimulada por las concentraciones de glucosa en sangre. Los carbohidratos pueden ser engordantes sin necesidad de que se conviertan en grasa, pues influyen en el proceso de capturar y retener los ácidos grasos en el tejido adiposo. Pueden engordar siendo la mano que abre el grifo, sin necesidad de convertirse en el sustrato que se almacena en el tejido adiposo. Tiene sentido que una comida que estimule la insulina (e.g. azúcar añadido, bebidas azucaradas, harinas, etc.) al mismo tiempo que proporciona grasa dietaria pueda ser especialmente engordante.

Resumen

¿Los carbohidratos excesivos se convierten en grasa y también engordan? No, no es así como funciona nuestro cuerpo. Es una invención que no tiene fundamento fisiológico salvo con una ingesta de carbohidratos extrema.

Como hemos visto, aunque es cierto que “si se acumulan entran más de los que salen” no existen los carbohidratos “excesivos” en términos de acumulación y es erróneo plantear que “si consumo más de lo que quemo se va a acumular”, porque esa afirmación da a entender un comportamiento fisiológico que es incorrecto. Conocemos el comportamiento fisiológico y sabemos que nuestro cuerpo no se comporta así. O, en otras palabras, no es correcto convertir la tautología en mecanismo fisiológico. Repito: no es correcto convertir la tautología en mecanismo fisiológico. Que se engorda por “comer más de lo que se gasta” no es una obviedad y no se viola ninguna ley de la física.

Con la grasa corporal se recurre a la pseudociencia

Sacado del mismo artículo que he citado en la segunda parte de esta entrada:

The balance between energy intake (calories consumed) and energy expenditure (calories burned) determines body energy stores (Figure 3). The majority of the energy is stored in the body as fat; therefore, the balance between energy intake and energy expenditure primarily determines whether body fat and hence body weight, is gained or lost.

El equilibrio entre la ingesta de energía (calorías consumidas) y el gasto energético (calorías quemadas) determina los almacenes de energía corporal […]. La mayoría de la energía se almacena en el cuerpo como grasa; por lo tanto, el equilibrio entre el consumo de energía y el gasto energético determina principalmente si la grasa corporal y, por ende, el peso corporal, se gana o se pierde.

Como vemos, con la grasa corporal se asume como obvio lo que se descarta en el caso de los carbohidratos: se asume que las leyes de la física IMPONEN que engordamos por comer más de lo que gastamos, y se nos dice que hablar de mecanismos fisiológicos no es más que buscar excusas para un problema de comportamiento en los obesos: los obesos no somos capaces de cerrar la boca y dejar de comer, y no levantamos el culo del sillón. Hablar de fisiología son “distracciones metabólicas” (ver,ver) que nos alejan de una verdad que sencillamente los obesos no queremos escuchar.

En definitiva, lo que estamos viendo es que el argumento empleado con la acumulación de carbohidratos se nos dice que no es posible hablando de grasa corporal, porque lo impiden las leyes de la física. La realidad es obvia: la pseudociencia del balance energético se basa en juegos de palabras por los cuales no decir nada, una tautología, se convierte mágicamente en un mecanismo que rige el comportamiento de nuestro cuerpo (ver). El conocimiento de la fisiología es sustituido por juegos de palabras.

Aparte de lo anterior, nótese cómo la pseudociencia del balance energético se basa en el uso de dobles sentidos o definiciones ambiguas. En el extracto que hemos visto el verbo “determinar” se introduce con el sentido de cálculo matemático a posteriori (e.g. si he consumido 2500 y he gastado 2600, eso determina que he adelgazado el equivalente a 100). Ese cálculo a posteriori es correcto, pues la primera ley de la termodinámica se va a cumplir siempre (ver). Pero ese “determinan”, introducido como mera comprobación matemática, se transmuta fraudulentamente para dar a entender “comportamiento fisiológico”: que se acumule o no se acumule se convierte en consecuencia de las variaciones en ingesta y gasto energético, es decir, viene “determinado” por las variaciones en la ingesta y gasto energético. Se está inventando un “ilegítimo” comportamiento de un tejido vivo a partir de un juego de palabras y esa trampa se introduce empleando términos con significado ambiguo. Sin las trampas en el lenguaje la pseudociencia del balance energético no existiría.

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