Misma dieta y mismas calorías, pero algunos ratones no se pasan el día comiendo

Time-Restricted Feeding Is a Preventative and Therapeutic Intervention against Diverse Nutritional Challenges

Dos grupos de ratones consumen exactamente la misma comida (dieta FS). Consumen también exactamente la misma cantidad de comida, pero un grupo come cuando quiere mientras que el otro tiene restringido el acceso a la comida a una ventana de 9 horas diarias.

El resultado es que los ratones que tenían restringido en el tiempo el acceso a la comida (grupo FST), acumularon mucha menos grasa corporal y acabaron con mucho menos peso que los ratones que podían comer a cualquier hora (grupo FSA):

Mice fed an FS diet ad libitum (FSA) consumed the same amount of calories as mice fed within a 9 hr window of the dark phase (FST) (Figure S2A, i), yet the FST mice gained less body weight over a 12-week period (21% compared to 42% for FSA mice; Figure 2A, i)

Hicieron la prueba también de restringir la comida entre semana y permitir comer ad libitum el fin de semana (grupo 5T2A), con el mismo resultado: mayor grasa corporal en el grupo que podía comer cuando quisiera, siendo las ingestas isocalóricas:

First, mice were alternated between 5 days of TRF (weekdays) and 2 days of ALF (weekends) for 12 weeks (5T2A). The legacy effect of TRF over this time scale was remarkable, with only 29% body weight gain (Figure 2A, ii) for 5T2A mice compared to 61% weight gain for FA mice (food consumption was isocaloric compared to all other feeding groups; Figure S2A, ii).

 

Es muy interesante también otro experimento, en el que en una primera etapa los ratones siguen dieta ad libitum (A) o restringida en el tiempo (T), y en una segunda etapa cada uno de esos grupos se divide en dos grupos a los que se asignan esas mismas modalidades de dieta. Misma ingesta energética en todos los casos y es clarísimo el efecto de la restricción horaria:

Los autores del estudio sugirieron que probablemente la restricción temporal en el acceso a la comida redujo el efecto anabólico de la insulina en la síntesis y almacenamiento de triglicéridos:

Because insulin itself is an anabolic signal, reducing the feeding period likely reduces the net daily anabolic effect of insulin on fatty acid synthesis and storage.

Los cambios en el peso o grasa corporal no vienen determinados por las calorías, porque las calorías no determinan los cambios hormonales/fisiológicos. Pero según la pseudocientífica teoría del balance energético sólo existe comer más o comer menos (ver,ver,ver):

¿Qué tienen en común la dieta Paleo, el ayuno intermitente o la dieta Atkins? Que te hacen comer menos. No hay ningún milagro. Sergio Espinar

La evidencia científica no es un “milagro”. El ayuno intermitente o cuidar la composición de la dieta pueden producir efectos en tu cuerpo que no guardan relación con las calorías o con comer más o menos. Nada tienen que decir al respecto las leyes de la física.

Leer más:

“Las excusas no queman calorías”

En el vídeo este señor nos llama a los obesos “vagos pedazos de mierda” (“lazy pieces of shit“). Pero, por favor, no caigamos en la trampa: no centremos la atención en sus insultos. Lo que realmente hace daño del discurso de este señor es el argumento:

Me gustaría señalar el elefante en la habitación. El elefante en la habitación eres tú: eres una mujer gorda. Y estás gorda por una razón: quemas menos calorías de las que consumes. Aquí tengo una idea fantástica para una dieta: quema más calorías de las que ingieres.

Nuevamente, creo que es contraproducente centrarnos en el insulto (llamar “elefante” a una mujer obesa sólo demuestra la catadura moral del sujeto). No porque no haya razones para reprocharlo, sino porque, en mi opinión, el verdadero daño lo hace con el “argumento”.

La atribución de controlabilidad

Comportamientos execrables como el que hemos visto en el vídeo son posibilitados por la gran mentira: la teoría del balance energético. Esa teoría nos explica por qué engordamos (“has quemado menos calorías de las que has consumido”) y qué tenemos que hacer para adelgazar (“quemar más calorías de las que consumimos”). Y el corolario es que sabes lo que tienes que hacer para no engordar y sabes lo que tienes que hacer para adelgazar, por lo que tienes el control de tu peso corporal. Engordar es tu responsabilidad, por no haber sabido rectificar a tiempo tu mal comportamiento, y no adelgazar sólo demuestra tu falta de interés en tener salud. Éste es el mensaje realmente destructivo, no tanto los insultos, sin ánimo alguno de disculparlos. Cualquiera que pasee un poco por blogs de gente que intenta perder peso se dará cuenta de cómo ese discurso está interiorizado en la mente de los/las obesos/as: se culpan de no lograr resultados, empleando expresiones como “tengo que dejar de poner excusas“, “tengo que dejar de engañarme a mí misma“,”si no adelgazo es porque no quiero“, o expresiones de autoculpabilización similares, que denotan que creen saber lo que tienen que hacer.

Disculpar la conducta del obeso hablando de que es muy difícil resistirse al “entorno obesogénico“, no hace ningún favor, pues es reforzar el mensaje de que el obeso sabe qué tiene que hacer y que el problema está en su conducta. Hay que combatir esa trampa y seguir informando de la inefectividad del tratamiento (ver).

“Las excusas no queman calorías”

En temas de obesidad, hasta el más tonto cree entender lo que dicen las leyes de la física: “no puedes engordar si no comes de más”. Creemos saber que “quemar calorías” es la solución: come menos y/o haz más ejercicio (ver). Y si la gente no consigue adelgazar, será porque comen más de lo que dicen, o sea porque en realidad no siguen la dieta. Tienen un problema de comportamiento: no pueden controlar el apetito y acaban comiendo “de más”. Que busquen la ayuda profesional de un psicólogo (ver). Si no pueden evitar que sus hijos engorden, que el estado intervenga (ejemplo).

“Soy obeso y la culpa es de la sociedad”. Victimismo, elemento característico de la gente con sobrepeso

Deja de poner excusas, es tu responsabilidad hacer lo que sabes que tienes que hacer para adelgazar“. En nuestra arrogancia, sólo estamos pensando en por qué falla el obeso (ver,ver). Pero, ¿y si es el consejo lo que es erróneo? ¿Y si todo lo que el obeso cree saber sobre las causas y soluciones a la obesidad, no es más que una gran estupidez propagada por “científicos” ineptos y “profesionales” de la salud incompetentes? En mi opinión, no somos más que asnos con ropa (ver), incapaces de darnos cuenta de nuestras propias limitaciones intelectuales e incapaces de considerar que posiblemente no somos ni más inteligentes, ni más responsables, ni tenemos más fuerza de voluntad que una persona obesa. Simplemente no entendemos nada y ni siquiera tenemos la inteligencia suficiente para plantearnos si somos nosotros los equivocados.

As I watch this or that obese person waddle down a sidewalk, I realize that I know none of the answers to any of these questions, which makes me feel utterly unqualified to impose any judgment on their moral character. Instead, I find myself thinking how difficult it must be to be them (fuente)

Cuando veo una persona obesa por la calle, me doy cuenta de que no conozco ninguna de las respuestas a esas preguntas, lo que me incapacita para realizar ningún juicio sobre su carácter moral. Más bien lo contrario, me lleva a pensar lo difícil que debe de ser para ellos.

Leer más:

El alto coste de la falsa esperanza en el tratamiento de la obesidad (1 de 2)

Obesity treatment: the high cost of false hope

Artículo de hace 26 años. Un par de extractos de ese artículo, seguidos de mi traducción:

Although millions seek treatments for obesity, the benefits of treatment have been overstated. For most people, treatment is not effective; the majority of the obese struggle in vain to lose weight and blame themselves for relapses. Repeated experiences of failure add to the psychologic burden caused by the social stigma and the presumption of psychopathologic conditions attached to obesity. Many therapists may be contributing to this psychologic damage by giving their patients false hope for success

Aunque millones de personas buscan tratamientos para la obesidad, los beneficios del tratamiento han sido exagerados. Para la mayor parte de la gente no es efectivo; la mayoría de los obesos se esfuerzan en vano en perder peso y se culpan por las recaídas. Las repetidas experiencias de fracaso se suman a la carga psicológica causada por el estigma social y por la presunción de condiciones psicopatológicas asociadas a la obesidad. Muchos terapeutas pueden estar contribuyendo a este daño psicológico ofreciendo a sus pacientes falsa esperanza de éxito

it is now widely agreed that obesity treatment is, in general, ineffective; moreover, it may be argued that in many cases obesity treatment is destructive. It may provide patients with failure experiences, expose them to professionals who hold them in low regard, cause them to see themselves as deviant and flawed, confuse their perceptions of hunger and satiety, and divert their attention away from other problems.

mucha gente coincide en señalar que el tratamiento para la obesidad es, en general, inefectivo; es más, se puede argumentar que en muchos casos el tratamiento de la obesidad es destructivo. Puede proporcionar a los pacientes experiencias de fracaso, exponerlos a profesionales que los tienen en baja consideración, provocar que se vean a sí mismos como no normales o defectuosos, confundir sus percepciones de hambre y saciedad, y desviar su atención de otros problemas.

Canadian Obesity Network. Algunos derechos reservados

Que el “come menos y muévete más” no funciona, se sabe desde hace mucho tiempo (ver,ver). Y los efectos del fracaso sobre la autoestima son dañinos. Pero nada cambia: la industria de la pérdida de peso sigue recetando el mismo tratamiento de origen pseudocientífico, sigue ocultando que ese tratamiento no funciona y sigue culpando del fracaso al propio obeso. Lamentablemente, los obesos tienen interiorizado ese discurso y se siguen culpando a sí mismos de no poner suficiente esfuerzo para adelgazar. Es un atropello y una estafa que como sociedad no sólo no combatimos, sino que estamos fomentando.

NOTA: los “expertos en culpar al cliente” te dirán que lo que te frustra es haberte puesto objetivos demasiado ambiciosos, como perder demasiado peso en poco tiempo, o simplemente haberte propuesto cambiar de hábitos. Insisten machaconamente en que el problema son tus irreales expectativas o que te propones objetivos demasiado ambiciosos para ti, que eres basura incapaz de esforzarse en lograrlos. La culpa siempre es tuya, que no vales nada, nunca de su incompetencia recetando una dieta que la evidencia científica dice que no funciona (ver).

El único objetivo realizable, en general, es leer mucho sobre nutrición y pérdida de peso y, en base a ello, tratar de comer lo mejor posible (o sea, “comida”): cómo va a responder tu cuerpo a lo que comas NUNCA está bajo tu control. Intentarlo con conocimiento, sin confiar en quien no merece tu confianza, sí es posible.

Ir a la segunda parte del artículo.

Leer más:

Las ratitas no entienden la teoría CICO

Metabolic status in growing rats fed isocaloric diets with increased carbohydrate-to-fat ratio“.

Experimento en ratas, a las que se distribuye en tres grupos, llamados 1:1, 2:1 y 3:1, que se distinguen por seguir dietas con diferente cociente carbohidratos/grasa y misma cantidad de proteína (25% en peso):

The diet composition (per 100 g of diet) was 25 g of protein (lactic casein, 87% protein, mesh 90), 15 g (1:1), 10 g (2:1), or 7.5 (3:1) of lipids (corn oil), 34 g (1:1), 45 g (2:1), or 51 g (3:1) of carbohydrates (corn dextrin from corn refinery)

Aunque no se limita la ingesta, no se aprecian diferencias entre los diferentes grupos de ratas en la ingesta energética.

When total energy intake was analyzed, it did not differ across groups after 28 d

Pero sí hubo claras diferencias en la velocidad a que ganaron peso corporal y, por tanto, en el peso alcanzado al final del experimento (en la tabla Wt es el peso y WtGV es la ganancia diaria en gramos por cada 100g de peso corporal):

Los autores constatan que algunos grupos de ratas ganaron peso a más velocidad que otros, y atribuyeron el efecto al tipo de comida (puesto que las calorías eran las mismas, pocas opciones más tenían):

Our study showed that the 2:1 and 3:1 groups reached the highest weight gain velocities. Moreover, both groups achieved a larger body (weight and body length), possibly due to the source of fat and carbohydrate used in the diets, such as saturated fat (medium and long chain), monounsaturated and polyunsaturated fats (-3 and -6), and simple or complex carbohydrates.

Insisto: no hubo diferencias en la ingesta energética ni en la cantidad de proteína, y los autores atribuyeron el diferente efecto sobre el peso corporal de las dietas a su composición. No es que algunos seamos “negacionistas” que renegamos de leyes impepinables, es que entendemos por qué la teoría del balance energético es pseudociencia y, además, sabemos que la evidencia científica demuestra falsa esa teoría una y otra vez (ver). No olvidemos lo esencial de lo que estamos viendo en estos estudios científicos:

la composición de la dieta puede hacer ganar o perder peso corporal, sin que sea alterando la saciedad/apetito (o cambiando la cantidad de comida ingerida), ni por el contenido en proteína

Si crees que las leyes de la física dicen lo contrario, estás interpretando incorrectamente las leyes de la física (ver).

Cambiando un poco de tema, aunque no del todo, en las conclusiones los autores del experimento nos dicen que con este estudio han demostrado que las dietas contribuyeron a la ganancia de peso, mediante una reducción del metabolismo:

these studies demonstrated that, although energy, protein, vitamin, and micronutrient intakes were constant and adequate, when calorie ratios of carbohydrate to fat were progressively increased from 1:1 to 2:1 and to 3:1, the diet contributed to weight gain by decreasing energy metabolism and leptin secretion through adipose tissue.

Lo cierto es que han observado una reducción del metabolismo en los dos grupos que más peso ganaron, en comparación con el otro, pero eso sólo es una observación de un resultado obtenido. Se están inventando una causalidad, una que carece de mecanismo fisiológico que la respalde (ver).

Energy expenditures, calculated as daily calories per 100 g of rat Wt in addition to calorie per oxygen liter conversion factor of each diet (Fig. 4, inset), at day 28 were 15% and 19% lower in the 2:1 and 3:1 groups, respectively, when compared with the 1:1 group (P<0.01) and showed no significant differences between them (P<0.05).

¿Están cometiendo el error de deducir causalidad de una observación o más bien traían la causalidad aprendida de casa?

Es esta omnipresente falta de rigor en el campo de la nutrición/obesidad lo que nos ha metido en el lío de diabetes y obesidad descontroladas (ver). O, al menos, así lo creo yo.

Leer más:

¿Es Gary Taubes un charlatán?

(Imagen sacada de una página de un gurú de gimnasio. El letrero reza “los 10 mayores charlatanes de la industria del fitness”. El periodista Gary Taubes es el que está abajo a la izquierda)

 

¿Es Gary Taubes un charlatán? No, no lo es.

La falacia de autoridad

Se cree que la diabetes es causada por engordar y que engordar es causado por “comer más de la cuenta”, así que culpamos a la industria alimentaria por la obesidad, por poner a la venta productos sabrosos, y también culpamos a la gente que está gorda, a los obesos, por no ser capaces de comer con moderación ni de hacer suficiente ejercicio. Tenemos explicaciones: podemos culpar a la víctima y podemos culpar a la industria y así los científicos no tienen que cuestionar si han metido la pata o no, ni si deberían estar realizando, al menos, algún tipo de “suicidio” de sus carreras por haber cometido ese error. Gary Taubes

¿Dice que los científicos están equivocados? ¿Va a saber más Gary Taubes, un periodista de investigación, que “verdaderos científicos”? Bueno, ése es uno de los “argumentos” que usan los caloréxicos contra él, que es un periodista, no un científico:

La falacia de autoridad (o falacia ad verecundiam) tiene las patas muy cortas. Por un lado, porque la validez de un argumento no se mide por cuánta gente lo respalda, ni por el curriculum vitae de quien lo respalda, y por otro, porque nos lleva al esperpento de que los argumentos de Taubes pasarían de ser erróneos a ser válidos desde el momento en que alguien con caché científico los respaldase. ¿Nos basta David Ludwig? Por las mismas, los argumentos de un científico dejarían de ser válidos si un día deja de ser científico y se dedica a escribir libros divulgativos. El planteamiento es ridículo: podemos intentar desprestigiar al periodista por ser periodista y no científico, podemos recurrir a cualquier otro argumento ad hominen que se nos ocurrapero cuando dejemos de intentar engañar al personal con esas maniobras orquestales, los argumentos de Taubes sobre la falsedad de la teoría del balance energético seguirán incólumes sobre la mesa.

No perdamos de vista que Taubes está haciendo su trabajo: la labor de un periodista de investigación es llamar la atención sobre fraudes, estafas, escándalos, etc. Taubes tiene formación en física (ver) y su campo de acción como periodista es la ciencia. Y cuando un periodista de investigación destapa un escándalo, que los denunciados se defiendan diciendo que el periodista se equivoca porque ellos son científicos y el periodista no, es la más patética de las posibles respuestas. El recurso a “el consenso de los verdaderos científicos” sólo demuestra el bajísimo nivel intelectual en el que se mueve el mundo de la nutrición/obesidad. No se ruborizan porque ni siquiera son conscientes de lo ineptos que son.

No existe el consenso en la ciencia. Si es consenso, no es ciencia. Si es ciencia, no es consenso. Punto. Michael Crichton

Siguiendo con la falacia de autoridad, yo afirmo que la teoría del balance energético es la mayor estupidez cometida nunca por el ser humano. ¿Necesitas que yo sea investigador o científico para poder determinar si son correctos los argumentos con los que lo explico (ver,ver,ver,ver,ver,ver)?

¡Eres un seguidor de Taubes!

Gary Taubes ha denunciado el gravísimo error que se está cometiendo en el estudio de las causas y las soluciones a la obesidad (me refiero a la fraudulenta teoría del balance energético), y Taubes tiene toda la razón del mundo. Y no sólo no detecto incoherencias en su discurso, sino que a menudo Taubes encuentra formas de explicar esta escandalosa situación que demuestran que entiende perfectamente lo que está denunciando. Y, además, merece que se le reconozca que está tan seguro de lo que dice, que lo mantiene contra viento y marea. No es habitual que alguien tenga las ideas tan claras: otras personas que defienden esas mismas ideas a menudo dicen o hacen cosas que delatan que no están entendiendo del todo dónde está el fraude. Pero, como decía, eso no me ha pasado hasta el momento con Taubes. No es que yo le admire: es que va por delante de mucha gente, yo incluido, tiene razón en su denuncia y, además, lo explica perfectamente.

¿Defiendo las mismas ideas que Taubes? Yo no defiendo las ideas de nadie: defiendo mis planteamientos. Y en la denuncia de la teoría del balance energético coinciden con los suyos. ¿Soy sólo soy un seguidor que no tiene personalidad? No dejemos que se desvíe la atención del problema de fondo: Gary Taubes tiene razón, aunque implícitamente eso signifique que el 99% de los científicos en el campo de la obesidad son unos incompetentes que llevan años cometiendo gravísimos errores de razonamiento. Esos errores no habrían sido tolerados en otros campos del conocimiento (e.g. física o matemáticas) donde sí existe una tradición de exigencia científica. Como decía, aludir al “consenso” como argumento sería imposible en otras ramas de la ciencia, de la misma forma que los errores de razonamiento en los que se basa la teoría del balance energético habrían sido machacados con ensañamiento desde el primer minuto, si en el campo de la nutrición/obesidad existiera el mismo rigor intelectual que hay en la física o en las matemáticas.

¿Taubes tiene razón y la gran mayoría de los científicos en el campo de la obesidad se equivocan? Eso es imposible.

Y eso sigue sin ser un razonamiento y mucho menos una demostración de que Taubes se equivoca. Se apela a un falso “sentido común” para que sigamos sin cuestionar hasta qué punto es incompetente la comunidad científica en el campo de la obesidad.

¡Taubes dice que las calorías no importan!

Yo también digo que las calorías no importan. No importan del mismo modo que no importan en el crecimiento de un niño, del mismo modo que no importan en un embarazo, del mismo modo que no importan en el crecimiento de un tumor (ver), del mismo modo que no importan cuando quieres hipertrofiar tu musculatura, del mismo modo que no importan para analizar trastornos de crecimiento como el gigantismo (ver,ver). Todos decimos que no importan en esos crecimientos, luego los que dicen que sí importan en la obesidad son los que tienen que explicar su argumento de que estamos obligados a hablar de energía porque las leyes en cuestión son inviolables y universales, al tiempo que esas mismas leyes son ignoradas por IRRELEVANTES en todos los demás crecimientos que se producen en un ser vivo. Si buscas balance energético en el índice alfabético de un libro de medicina o fisiología, sólo va a aparecer relacionado con la obesidad. ¿Por qué? ¿No decían que estamos obligados a usar esas leyes porque eran inviolables? No estamos obligados a hablar de energía en el caso de la obesidad, porque, de hecho, es un proceso fisiológico, no energético.

¿Crees que los gramos importan? Explícame por qué no importan y luego me explicas otra vez que las calorías sí importan (ver,ver,ver).

¿Vas a saber tú, que no eres más que un simple bloguero, más que los científicos?

Falacia ad verecundiam, nuevamente. La expectativa a priori es, sin duda, favorable a los científicos y desfavorable al bloguero. Si en un tema que desconozco me hablan de un tipo anónimo que afirma que la gran mayoría de científicos en un campo están cometiendo un error descomunal, también pensaría que leer su blog iba a ser una pérdida de tiempo y que, tarde o temprano, su autor soltaría alguna barbaridad que demostraría que no era más que un pobre desgraciado con delirios de grandeza. Vale, es razonable esperar eso. Desde fuera parece una locura, y es lógico que la primera reacción sea desconfiar, por improbable, de que esté sucediendo lo que digo que sucede en el mundo de la nutrición y la obesidad (¿te vas a fiar más de un bloguero que del Ministerio de Salud?), pero a poco que se profundiza en el tema, y por poca formación que se tenga, el diagnóstico no puede sino dar un giro de 180 grados. Si alguien quiere ningunear mi “opinión de bloguero” por ser “de bloguero”, poco más puedo hacer. Para los que sí se sienten capaces de decidir por sí mismos si tengo razón o no en mi denuncia, que también es la de Taubes, les invito a que superen ese primer impulso de descartar lo chocante por “evidentemente erróneo” y “contrario a las leyes de la física”.

Energy intake that exceeds energy expenditure is the main driver of weight gain (fuente)

Una ingesta energética que supera al gasto energético es el principal impulsor de la ganancia de peso

Éste es básicamente el problema: pretender que eso se deduce de las leyes de la física es una estupidez colosal, épica, descomunal. Lo que se ve desde la ignorancia lo hemos “sabido” todos. Todos hemos sabido la respuesta sin haber dedicado ni un minuto de nuestras vidas a pensar en por qué engordamos. Y en nuestra arrogancia nos creíamos paladines en defensa de indiscutibles leyes físicas. ¡No físicas, universales! ¡No universales, ultracósmicas! Y los que decían otra cosa eran unos cantamañanas tan burros que no se daban cuenta de que estaban negando el cumplimiento de leyes impepinables. Me ha pasado a mí, puede que te esté pasando a ti, y desde luego le pasaba a Gary Taubes hace 15 años, pues uno de sus artículos refleja que también daba por evidente que engordamos porque consumimos calorías “en exceso“.

Eso es lo que se ve desde la ignorancia. Pero este tozudo periodista se dio cuenta de lo absolutamente estúpido e insustancial que era ese planteamiento “energético”. Y lo denunció cinco años después del artículo anterior en su libro “Good Calories Bad Calories“. Es periodista y tiene razón.

Lo sorprendente no es haber creído en esa gran mentira que es la “teoría del balance energético”, eso nos ha pasado a todos, pues sencillamente no veíamos razones para desconfiar de los que se supone que saben y que velan por nuestra salud. Lo realmente sorprendente es que una vez este escándalo ha sido denunciado públicamente por este periodista, la comunidad científica haya hecho oídos sordos. Hay gente que ha leído el libro de Taubes y aparentemente sigue sin entender el fraudulento origen del “balance energético”. Sólo cabe concluir que son mucho más necios, incompetentes y arrogantes de lo que cualquiera pueda imaginar. No ignoro que la otra posibilidad es que sea yo el necio incompetente y arrogante, pero defender lo que mi cabecita dicta es la única opción que esta cabecita me permite tomar.

NOTA: una estrategia habitual para tratar de desacreditar los molestos argumentos de Taubes es hacer creer que se ha demostrado falsa la hipótesis de los carbohidratos-insulina y de forma falaz intentar extender esa —supuesta— derrota de Taubes “por contagio” a los argumentos de Taubes sobre el balance energético. Algo así como “La insulina no lo explica todo, luego se deduce que el balance energético es lo que importa”. Son asuntos inconexos, por lo que no cabe estrategia más burda. Pero si alguien espera encontrar vida inteligente entre los caloréxicos, es que todavía no ha entendido el alcance del problema.

Leer más:

Infografía de una falacia

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Si no hay unos límites claros, no es ciencia

Cuando se aplica la primera ley de la termodinámica, se tienen que escoger unos límites físicos, una “frontera”, en su aplicación.

Si se escoge el cuerpo humano en su conjunto, ninguna referencia se puede hacer a la acumulación de energía en un tejido concreto y la ley es, por tanto, inapropiada para estudiar la acumulación de triglicéridos en el tejido adiposo, de la misma forma que no puede emplearse para hablar de cambios de tamaño en nuestros músculos ni de cambios en las reservas de glucógeno (ver,ver). Con esta frontera, cualquier referencia a la energía acumulada tiene que ser siempre a toda la energía acumulada, en cualquiera de sus formas, nunca a una fracción concreta de esa energía, aunque falazmente se suponga que esas otras formas de energía acumulada no cambian. Como veremos en breve, plantear qué sucede cuando sí cambian delata el fraude. La aplicación laxa, i.e. sin rigor, de la primera ley de la termodinámica deja de ser “ley” y pasa a convertirse en “trampa”.

Si, por el contrario, se escoge aplicarla en un órgano o tejido concreto, tampoco la ley es útil para hablar de por qué engordamos, pues es evidente que son “señales biológicas” (hormonas, enzimas, sustratos, etc.) las que hacen que entren o salgan ácidos grasos en los adipocitos. Ningún crecimiento en un tejido se estudia recurriendo a leyes generales de la física: ¿entran más calorías de las que salen en el tejido? ¡Pues claro, se están acumulando! ¡No estás diciendo nada! La comprensión del problema requiere el análisis de las señales fisiológicas responsables del crecimiento/decrecimiento. Nótese que si la ley se aplica definiendo la frontera como los límites físicos de un tejido, no ha lugar a hablar de ingesta calórica o gasto energético globales del cuerpo, porque las fronteras empleadas nada tienen que ver con el global del cuerpo.

La pseudocientífica teoría del balance energético combina, de forma falaz, dos términos propios de aplicar la primera ley de la termodinámica en todo el cuerpo y uno propio de aplicarla en el tejido adiposo, lo que constituye un gravísimo e inaceptable error conceptual. Y, además, es un claro engaño pues las trampas únicamente se hacen en el caso de la obesidad.

¿Relevancia de todo esto que estoy contando?

Lo que estoy explicando en esta entrada es una de las razones por las que la teoría del balance energético es simple pseudociencia. Enseguida entenderás cuál es el fraudulento origen de las ideas que defiende la comunidad científica sobre las causas y las soluciones a la obesidad.

Hagamos la trampa y usemos “ingesta energética” y “gasto energético”, pero “acumulación de energía en el tejido muscular”, dejando al margen otras formas de acumulación de energía. Según los postulados de la teoría del balance energético, siendo que cuando nuestros músculos crecen en ellos se acumula energía:

El crecimiento del músculo es el resultado de una ingesta energética que supera al gasto energético

¿Es ésa la causa por la que crecen los músculos? ¿Es eso lo que dicen las leyes de la física? ¿Qué se deduce entonces de la teoría del balance energético que tenemos que hacer para ver crecer nuestra musculatura? ¿Comer más y movernos menos? ¿Qué crees que es erróneo en este planteamiento? (ver) No son preguntas retóricas: en el proceso de tratar de contestar a estas preguntas vas a entender perfectamente por qué el paradigma de la energía tal y como se usa para “estudiar” la obesidad es fraudulento.

La teoría del balance energético es pseudociencia: se presenta como algo científico —basado en leyes de la física, nos dicen—, pero en cuanto rascas un poco se hace obvio que no es más que una colosal burrada.

NOTA: Aunque la falacia concreta que comento en esta entrada no existiera, la teoría del balance energético seguiría estando basada en deducir causalidad de una tautología (la trampa se suele tender con retórica engañosa que fija un valor para el gasto energético cuando, en realidad, el gasto energético es un resultado del proceso, no una entrada controlable) (ver,ver). Creo que con el ejemplo anterior del crecimiento del tejido muscular queda también claramente al descubierto esta otra falacia. Un detalle importante, relacionado con lo anterior, es que en esa teoría se ignora que nuestro cuerpo tiene una eficiencia variable y adaptativa, con la mayor parte de la energía consumida siendo disipada en forma de calor (ver,ver). Creo que la analogía de la zanahoria y el palo (ver) ilustra muy bien cómo la retórica falaz se usa para establecer causalidades que las leyes de la física no respaldan, al tiempo que sirve de ejemplo de lo relevante que es el hecho de que un sistema tenga una respuesta adaptativa.

Leer más:

“Estamos intentando llegar a la Torre Eiffel usando un mapa de Madrid”

Interesante y muy recomendable artículo de Miguel Franco, autor del libro “El amor no es suficiente“.

Textual de ese artículo:

  • La teoría del balance energético ha perdido la categoría de teoría para pasar a ser una falacia. La primera ley de la termodinámica se cumple siempre pero carece de utilidad práctica real para afrontar el problema del sobrepeso.
  • Debemos empezar a diferenciar los alimentos -la comida real- de los productos y sustancias comestibles -cosas que se comen y se pueden digerir-. Este aspecto es, en mi opinión, fundamental.
  • Cualquier cosa que comemos es más que las calorías que contiene. También es más que sus macronutrientes.
  • El protagonismo lo han de tener los alimentos, no las calorías ni los macronutrientes.
  • Debemos empezar a centrarnos en la respuesta metabólica que las cosas que comemos generan en nuestro cuerpo. Lo realmente importante es lo que ocurre en nuestro interior con lo que actualmente estamos comiendo.
  • El QUÉ comemos es más importante que el CUÁNTO comemos y el CUÁNDO comemos . El QUÉ condiciona poderosamente el CUÁNTO y el CUÁNDO.

El texto está dirigido a padres/madres y, en mi opinión, si simplemente se consiguiera salir del paradigma energético y empezar a orientar nuestra alimentación en base a las ideas anteriores (y más que hay en el artículo, que recomiendo leer íntegramente), habríamos dado un paso de gigante en prevenir/revertir los problemas que, presumiblemente, nos está causando lo que actualmente comemos. Ojalá todos los padres/madres leyeran ese artículo y entendieran que lo que está diciendo Miguel Franco no es lo mismo que lo que actualmente creemos saber sobre cómo alimentar a nuestros hijos.

Otro fragmento del artículo (sus negritas):

Un planteamiento aún más radical (por buscar la raíz) lo encontraréis en el enigmático Vicente y su blog No vuelvo a engordar. Su libro de descarga gratuita es revelador en el mejor sentido de la palabra.

Aparte de las amables palabras, agradezco que confíe en mí tanto como para enlazar a este blog y al librito. Espero no defraudar esa confianza en el futuro, y aprovecho para reiterar que este blog únicamente existe para expresar mis opiniones, sin intenciones ocultas ni de tipo económico ni de ningún otro. Ni voy a vender productos, ni voy a cobrar por recetar dietas, ni voy a tener más actividad que la de contar mi opinión. Este blog no es ni será nunca un negocio.