Entrevista a Teresa

Teresa es mi cuñada. Acaba de perder peso haciendo dieta y como me parece interesante su experiencia, le he pedido que se deje entrevistar para el blog. Aclaro que no estoy promocionando lo que ella ha hecho para adelgazar, pues de hecho me parece innecesario recurrir a comidas en sobres, al menos si primero no se ha intentado con alimentos de verdad. Tema económico aparte. Pero como digo, es una entrevista a ella y son sus elecciones y sus respuestas. Por favor, no me preguntéis ni por el médico ni por la marca de sobres: yo no lo sé y no quiero preguntárselo, porque no quiero promocionar esta forma de adelgazar. Pese a ello, me parece interesante conocer su experiencia.

Me ha dicho que me dará fotos de “antes” y “después”, pero no creo que me las dé antes de septiembre. Si me las da, las publicaré en el blog.

Aviso de que la entrevista es larga.

NOTA: la mayoría de las preguntas las hago yo, pero algunas son realizadas por sus hermanas, presentes en la conversación.

 

— ¿Durante cuánto tiempo has hecho dieta?

El 17 de Septiembre del año pasado empecé.

— ¿Y cuándo acabaste?

No considero que haya acabado.

— Cuéntame por encima en qué ha consistido tu dieta

— Cuando empecé la dieta mi peso era de 105 kg, mido 173 cm y tengo 39 años. Un día llamo a una clínica para hacerme un tratamiento estético. Los del tratamiento estético me dicen que no lo hacen si no paso primero consulta con un médico. El médico me recibe y me pregunta, porque ese tratamiento, que se llama LPG, yo ya lo había hecho. Me dice que él considera que no necesito hacer LPG, que lo que tengo que hacer es perder peso. Me dice que necesito perder cerca de 30 kg. Y me dice que hay dos formas: la dieta de toda la vida, en la cual se pesan las cosas y se restringen determinados alimentos, o una dieta en la cual pues comes la comida de una marca determinada. Es más rápido, se entra en cetosis, y, a partir de ahí, la pérdida del primer mes él me orienta que van a ser 10 kg y a partir de ahí 1 kg semanal, o algo así.

Lo hablo en casa. La dieta es costosa, pero valoramos la opción de cogerla. Empiezo un viernes y él me advierte que durante dos días me voy a encontrar mareada, que es el tiempo que yo voy a entrar en cetosis.

— ¿Qué es cetosis?

— Pues que realmente mi cuerpo no ingiere hidratos.

Tengo que hacer 5 comidas y esas comidas durante el primer mes son comidas de esa marca.

— De sobres

— Sí. Entonces, durante ese mes yo no bajo 10 kilos, yo bajo 8, porque en la comida y en la cena puedo tomar verduras. Hay unas verduras que están restringidas, como pueden ser las cebollas y tomates. Todo lo que sea verde sin problemas, pero el resto tienen que ser pesados. Durante el primer mes tomo mucha cebolla. Porque me gusta la cebolla. Y realmente no bajo lo esperado. Ah, y espárragos.

— ¡Son verdes!

Sí, pero todo lo que tenga que ver con el suelo… él me dice que como regla mnemotécnica, todo lo que tenga que ver con el suelo tengo que pesarlo. Eso son 200 g al día máximo. Si tomo espárragos no puedo tomar tomates. Él me dice que retengo más líquidos con esas verduras. A partir de ese momento yo ya empiezo a hacer mejor la dieta y empiezo a perder un kg a la semana. El primer mes 8 kg y a partir de ahí 4, 3, 3.5 kg. Llega navidades, sigo perdiendo peso. Soy la única paciente que él me reconoce que ha perdido peso en navidades. En navidades por ejemplo no hice tanto caso del peso de las comidas, porque a partir del primer mes, ya el mes siguiente en la comida podía comer proteínas, o bien carne o bien pescado. Al mes siguiente ya era tanto tanto en la comida como en la cena que podía tomar proteína. Pesadas. A mediodía me hacía una ensalada y por la noche siempre tomaba verdura hecha, o bien una parrillada de verduras o col o brócoli al vapor.

A partir de ahí, la verdad es que el resto de meses ha sido lo mismo. Es decir, en la comida me hacía la ensalada y, por ejemplo, he tomado mucho salmón. Me resultaba cómodo para la ensalada hacerla con salmón.

— ¿Salmón ahumado?

— Sí. Y, si no, pues me llevaba el pollo de casa hecho a la plancha, porque como como en el trabajo me tengo que llevar la comida hecha. Y la cena sí que me la hacía en el momento: me hacía algo de carne o de pescado. Y prácticamente así hasta el final.

— ¿Al principio tomabas más sobres y luego poco a poco menos sobres y más comida?

— Realmente no, a partir del segundo mes hacía la comida de proteínas “libres” de carne o pescado en la comida y en la cena, y el desayuno, la merienda y la cena siempre han sido sobres, hasta hace muy poquito tiempo. Por ejemplo, en el mes de mayo pasamos a la fase 4, por decirlo de alguna forma. En la fase 4 se podían introducir hidratos. A mí me gusta mucho el pan e introduje el pan integral, pero más a lo mejor de lo que… ¡Y la fruta! En toda la dieta no he tomado fruta. Durante ese mes tomé muchas fresas. Después de cenar tomaba fresas. Después de almorzar tomaba fresas. Al final la conclusión de ese mes es que engordé. En ese mes de “medio vuelta a la normalidad” engordé. Entonces me dijo, “si tienes que tomar fruta, tómate dos piezas de fruta al día, pero tómatelas antes de la comida, en desayuno y almuerzo. En el resto del día no hagas más ingesta de hidratos. Si tienes que tomar pan, que sea en ese periodo”.

En mayo empiezo a correr algo. Empiezo a hacer más ejercicio aeróbico. Pero bueno, la primera fase era andar.

— ¿Antes nada?

— Antes nada. Antes iba en bici a trabajar. Pero, “significativamente”, nada. Es en mayo cuando empiezo a correr. Empezar a correr es que una semana andaba dos minutos y corría uno. Ahora corro 45 minutos.

Ese mes de junio restrinjo más la fruta e incorporo jamón serrano a mi vida. Ahora desayuno café con hielo, que lo he tomado mucho durante toda la dieta. Mucho café con hielo con sacarina. He introducido también zumo de limón. En casi todas las comidas bebo agua con limón. Las dos piezas de fruta me las tomo por la mañana y almuerzo jamón serrano sin pan. Y en algún momento, en algún día puntual, compro pan integral. Un pedacín de “na”.

He comido mucho fuet. Me apetecía más que tomarme un sobre de ellos. Si quería picar algo, era fuet. Llegaba a casa y hasta la hora de la cena, lo que tomaba era fuet. El fuet y yo somos uno. Y no echo de menos los dulces o la leche. Lo único que echo de menos es el pan. Intento no comer pan todos los días, intento comer pan integral, intento controlar la cantidad de pan. Pero no echo de menos comer pasta. No echo de menos el dulce en general.

Ese mes que corrí más y que hice eso, perdí 3 kg y medio, y ya no tomaba ningún sobre de ellos. En ese mes, 3 kg y medio.

— ¿Pero pasando hambre en algún momento?

— No, no he pasado hambre nunca.

— ¿Y has perdido cuántos kilos?

— Empecé con 105 y ahora mismo estoy en 73.5 [es decir, 31.5 kg]

— Y te quedan por perder…

— Objetivo mío, 70 kg. Objetivo “visual”, he pasado de una 48 a una 38, literalmente. El otro día fui a comprarme unos pantalones, porque iba en moto y llevaba minifalda, y me dicen “¿talla 38?, y yo “vale”. ¡Talla 38!

— ¿Y te reconocieron?

— No. Yo le dije: “antes te compraba 48’s”. Y me preguntó si me había operado. Le dije que no, que no me había operado.

Pero también es cierto que he reducido mucho volumen. O sea, la dieta sobre todo lo que yo he notado es que he perdido volumen. El otro día, por ejemplo, fui a ver a una amiga. Me acerqué al cristal de su establecimiento, y me mira y baja los ojos. Volvió a levantar la mirada. Cuando me abrió me dijo “no eras tú, vi a una mujer más bajita en comparación contigo”. Pensó que era una clienta y como eran las 3 menos cinco, pues no iba a atenderme. Un montón de clientes y compañeros me dicen que parezco otra persona.

— Me dijiste que, al ver tu transformación, varios compañeros de trabajo se habían apuntado a tu dieta

Tengo, fehacientemente, dos compañeros de trabajo, el amigo de A [su marido], no, tres compañeros de trabajo y el amigo de mi marido.

— El médico ha conseguido cuatro clientes gracias a ti

— Sí.

— Han ido al mismo médico

— Sí

— Eres la típica de las revistas, de “antes” y “después”.

— Sí, sí. Todo el mundo me pregunta qué he hecho, y yo contesto que hacer la dieta bien. Una de mis compañeras de trabajo me dice “es de que yo de vez en cuando me tomo una chuchería”. Y contesto que eso no se puede hacer. Aquí lo más importante es que no te lo saltes, porque como te lo saltes es tiempo perdido.

— Dices que eso es lo más importante, pero tú habías intentado adelgazar antes…

— Yo en otra ocasión había perdido 20 kg.

— Y los recuperaste

— Y los recuperé. Eso fue hace 10 años.

— Hace 10 años ya tenías problemas de peso. ¿Cuántos años has estado con exceso de peso?

— Cuando bajé de peso la primera vez pasé de 95 a unos 70. Cuando me quedé embarazada la última vez, yo pesaba 86 kg. Eso fue hace 7 años. Tras dar a luz me quedé bien, pero un año después, o sea hace seis años, es cuando empiezo a coger mucho más peso. El techo lo he cogido esta última vez.

— Cuando te casaste la primera vez, ¿cuánto pesabas?

— 65 kg

— ¿Qué edad tenías?

— 24

— ¿Tuviste que adelgazar para llegar a ese peso?

— No. No busqué ese peso para la boda. Era mi peso.

— ¿Algún problema que quieras contarme?

— Me he quedado sin pechos. Ahora tengo mucha piel para poco pecho.

— O sea que tienes exceso de piel

— Del resto del cuerpo estoy perfecta. En el resto del cuerpo yo no considero que me haya quedado mal [nos muestra el abdomen a los presentes]

— Pero sí que se te nota la barriga

— Vale, pero por un embarazo, y porque tengo dos cesáreas aquí. No me veo mal. Pero si me véis los pechos…

Yo he gastado una 115 copa D. Ahora de contorno puede que me entre una 90-95, pero es que de copa… si llego a la C será de milagro. Lo peor de todo es que es mucho pellejo ahora mismo.

— ¿Y qué te ha dicho el médico sobre eso?

— Lo que estoy leyendo es ejercicio…

— Pero, ¿por qué no le preguntas a él?

— Porque es cirujano plástico

— ¿El médico que te ha llevado la dieta es cirujano plástico?

— Es una clínica de estética. En alguna ocasión le he preguntado y la respuesta fue “cortamos por aquí…” y yo “vale, vale, ya lo tengo claro”.

El pecho, yo lo que he leído es que trabajando la musculatura inferior algo mejoraré, pero que en ningún caso volveré a estar con la copa que tenía antes. La copa es el volumen del pecho, el contorno es el volumen del cuerpo. Es lo que peor llevo, pero es porque siempre he tenido mucho pecho.

— ¿Y a partir de ahora?

— Estoy muy obesionada. Me preocupo y me ocupo. El médico me ha dicho que me relaje, que este verano si me quiero tomar un helado que me lo tome, pero que lo importante viene a partir de ahora. No tengo que incurrir en los mismos errores. No se pueden comer las cosas porque sí.

Mi marido también está muy preocupado por el peso. Él también hace dieta cetogénica o hiperproteica.

— Por su cuenta

— Por su cuenta. Entonces, comer en casa es muy fácil. En casa prácticamente no cocino pasta. Arroz muy puntualmente. Comemos ya muy así, muy de verduras…

— Verdura, carne y pescado

— Sí. Estamos muy acostumbrados a comer así.

— ¿Ha perdido peso él?

— A ha perdido 13 kg.

— ¿Y ahora está bien de peso?

— Sí

— ¿Lo ha mantenido durante un tiempo o lo acaba de perder?

— Lo ha mantenido durante dos años y medio, o tres años. Tiene 50 años. Corre hora y media, va al gimnasio, hace pesas.

— Cuando tenía exceso de peso, ¿también hacía ejercicio?

— Sí, pero no lo podía hacer tan bien. Eso tú te lo notas cuando sales a correr.

— Tú sufres de fibromialgia. ¿Te ha cambiado la medicación al adelgazar?

— No

— ¿Porque no has querido reducir?

— Es que no me encuentro bien. Ha habido días en los que por estar mi marido fuera me ha puesto los parches de morfina mi madre en lugar de mi marido, y no me los ha puesto bien, me he tenido que ir del trabajo. Sigo mal de la fibromialgia.

En general, no tiene nada que ver cómo estoy ahora con cómo estaba antes. Estoy muy contenta. No es una cuestión estética. A veces mis padres me dicen que pare de hacer cosas, pero no lo necesito. Esta mañana, por ejemplo, me he despertado a las 2 AM y no me he vuelto a dormir, a las 8 AM me iba a hacer ejercicio con mi marido, luego he fregado todo el suelo del piso, he planchado todas las camisas de mi marido, no he descansado y estoy bien. Y he comido una manzana y una pera, mi café, almendras y avellanas, no he almorzado, porque no he almorzado, y de la paella me he puesto casi toda la verdura y casi nada de arroz y pollo. Ni tengo hambre, ni me siento desfallecida, ni me encuentro mal.

— O sea que estás contenta, no piensas cambiar la forma de comer y con propósito de mantenerte

— Mi objetivo es perder un poco más, pero no me preocupa perderlo en tres meses. Sobre todo lo que quiero es estar bien. Es que me encuentro muy bien, comparativamente hablando. Mi marido me dice que antes estaba “muerta” y que ahora sigo su ritmo y él es una persona muy activa. Por ejemplo, ahora me puedo llevar a mis sobrinos a jugar al pádel, y les doy cañita yo. Todos los días intento hacer algo de actividad física, cosa que antes ni podía plantearme. Ahora mismo, cansarme es muy difícil.

— Estás hablando de los últimos tres meses

— Sí

— Y si tan bien estás, ¿cómo es que no adelgazaste antes? ¿Por qué la vez anterior recuperaste el peso si te encontrabas así de bien?

— La otra vez no estaba así

— No te encontrabas tan bien

— Yo la otra vez no hice ejercicio físico

— ¿Y pasaste hambre?

— La otra vez fue una dieta normal y pasé hambre. Fue una dieta restrictiva, no tiene nada que ver.

— ¿Por qué crees que engordaste?

— Porque comía mucho. No es una cuestión de dulces o no dulces. Yo no era de las que se hinchaba a chocolate. A mí el chocolate no me gusta especialmente. Comía mucho. Al final, si ingieres 2000 kcal y gastas 1000, la diferencia tiene que quedarse en algún sitio. Ahora lo que noto es que también me muevo. Antes tomaba mucha coca-cola

— ¿Con azúcar?

— No, siempre light. Pero tomaba mucha coca-cola. En el almuerzo coca-cola, en la comida coca-cola, en la merienda coca-cola y en la cena coca-cola.

— Ahora nada

— Nada.

— ¿Antes había cosas que te atraían y que querías comer y ahora ya no te atraen tanto?

— No me atraen nada.

— Pero antes sí

— Sí

— O sea que algo ha cambiado que hace que ya no sientas necesidad de tomar ciertas cosas

— Sí, sí, sí. A lo mejor había una especie de dependencia alimentaria

— Una especie de adicción y has pasado el mono y ya está

— No te digo que un día no me tome una coca-cola, pero no es a diario en todas las comidas

Ahora me exprimo dos limones, los pongo con hielo y me lo tomo muy a gusto. Y café. No me gusta, pero lo tomo muy aguado.

— ¿Con qué frecuencia ibas al médico?

— Cada 3 ó 4 semanas

— ¿El resto de pacientes que tú conoces consiguen resultados?

— Se lo empiezo a notar

— Pero no son tan estrictos como tú

— No. Cuando lo hablé con mi marido una de las cosas en que estábamos de acuerdo es que si nos gastábamos el dinero en esto, era también para concienciarnos de que había que cambiar a comer de otra forma. Ya en casa nuestros hijos comen de otra forma

— ¿Menos McDonalds?

Menos McDonalds. A lo mejor cada dos semanas sí vamos a McDonalds, pero el resto de comidas comen bien.

— ¿Han protestado por el cambio de hábitos?

— No. Es que la comida está buena. Unas judías con jamón serrrano, si lo sofríes con cebolla, está muy bueno. No es un hervidito. Los niños ahora comen muy bien.

— ¿Tienes que seguir yendo al médico?

— Yo le he pedido seguir durante un año. Él dice que este primer año es muy importante, que el cuerpo tiene efecto memoria y quiere recuperar el peso. Yo creo que estaré un año más.

John Cisna perdió 27 kg con seis meses de restricción calórica, pero el tiempo no se detuvo ahí

John Cisna se hizo famoso hace tres años por su experimento, en el que perdió 27 kg. Terminó los seis meses de dieta a mediados de marzo de 2014. Me parece revelador que, según sus propios datos, en el último mes y medio de dieta tan sólo perdió 2 kg, frente a los 10 kg que perdió en ese mismo tiempo al principio del experimento, lo que seguramente a más de uno le habría llamando la atención, pero, como también ganó una camiseta roja, no dejó ver la evolución real de su cuerpo en ese periodo final del experimento. Las imágenes en las que aparece haciendo ejercicio en este vídeo tienen fecha de ese periodo final de los seis meses, y, aunque la calidad de imagen no es buena, parece que el azul no favorece su figura tanto como el rojo.

Éstas son fotos que muestran su aspecto físico desde entonces hasta principios del presente año:

Foto de Mayo 2014Foto de Julio 2015, Foto de Noviembre 2015Foto de Julio 2016Foto de Noviembre 2016Foto de Enero 2017

Una foto de Noviembre de 2015, año y medio después de acabar el experimento, es de perfil y quizá ayuda a hacernos una mejor idea de su evolución (o falta de ella):

No tuitea (por tanto tampoco tuitea fotos) desde enero de 2017, aunque algún comentario suyo de abril de este año he visto en otros hilos de twitter.

No sé exactamente en qué consistió la dieta: lo único que sé es que consistió en comer en McDonalds todas las comidas y orientada a restringir calorías. La historia de John Cisna se ha usado una y otra vez (ejemplo,ejemplo) como supuesta demostración de que perder peso es únicamente cuestión de fuerza de voluntad, la necesaria para reducir la ingesta calórica, incluso comiendo en McDonalds, y para hacer ejercicio.

¿Qué veo interesante en este experimento?

En primer lugar, me parece interesante que haya personas que dan más publicidad y validez a un experimento no controlado con un único participante, que a la abrumadora evidencia científica que contradice las conclusiones de ese experimento (ver,ver,ver,ver,ver). En twitter a más de uno le debió faltar tiempo para concluir que “se puede delgazar controlando las calorías, incluso comiendo en McDonalds” (ejemplo). ¿Y la evidencia científica que dice que no es cierto?

También me parece interesante como ejemplo de falacia del “hombre de paja”. ¿Alguien pone en duda que a corto plazo se pierde algo de peso con una dieta hipocalórica? Nadie, que yo sepa. ¿Qué demuestra este señor con un experimento a corto plazo? Nada que no sepamos: si comes muy poco puedes perder 20 kg en unos meses (ver), y vas a recuperar lo perdido en los siguientes 4-5 años. La gran victoria para los defensores de la teoría del balance energético es un experimento no controlado con un único participante en el que se ve lo que nadie pone en duda. Han vencido al hombre de paja que han creado, ¡bravo!

También me parece interesante como muestra de la falta de rigor a la hora de interpretar el resultado de un experimento. Si cambia su dieta durante seis meses, aunque crea que lo que está haciendo es “reducir las calorías”, ¿es ése realmente el único cambio que ha hecho en la dieta, cuando ha pasado a comer todas sus comidas en un restaurante? ¿Son las calorías lo único que cambia cuando consume menos calorías? (ver) ¿Ha hecho el experimento con una composición de dieta diferente, para tratar de confirmar que son las calorías las que están determinando el resultado? ¿Ha  hecho el mismo experimento sin alterar las calorías, para tratar de confirmar que no es un elemento diferente del que cree el que está determinando el resultado? ¿Se ha hecho el experimento con suficiente número de personas y de condiciones diversas, para poder extraer una conclusión generalizable? No, como come menos calorías y cree que le ha funcionado, el resultado lo atribuye a las calorías y lo generaliza para la población en general. Y tan pancho, porque encaja en sus creencias. El susodicho es profesor de ciencias en un instituto, o al menos lo era en el momento de hacer el experimento. Nivel no, nivelazo.

En el mismo sentido que lo anterior, este experimento no está pensado para demostrar que se equivoca, sino para demostrar que tiene razón. En lugar de plantearse si la restricción calórica funciona a largo plazo o cuáles son los efectos de variar la calidad de la comida, da por supuestas las respuestas a esas cuestiones, de acuerdo con sus creencias.

No amount of experimentation can ever prove me right; a single experiment can prove me wrong.  Albert Einstein

Todas las pruebas experimentales del mundo no pueden probar que tengo razón: un sólo experimento es suficiente para demostrar que me equivoco.

Si a los seis meses de hacer dieta ya das el experimento por exitoso lo único que demuestras es que tienes la creencia de que no existe una reacción metabólica y de que si la restricción calórica fracasa es porque la gente no cumple. Ignorar que esa reacción como mínimo puede existir (a mí me parece un hecho contrastado) no es una excusa cuando quieres dar lecciones sobre dietas de adelgazamiento.

Y por supuesto, tenemos el problema de que el hecho de que a una persona le funcione no demuestra que le vaya a funcionar a todo el mundo, ni siquiera que le vaya a funcionar a mucha gente. Pero claro, para la teoría del balance energético no existe la fisiología ni, por tanto, la posibilidad de que la respuesta fisiológica sea diferente según la persona. Para tener en cuenta eso habría que hacer experimentos aleatorizados y controlados, con un número suficiente de participantes. Puesto que esos resultados existen, ¿cómo es posible que alguien pretenda dar más validez a la supuesta experiencia de una única persona, que a lo que está publicado en cientos de experimentos científicos? No falta evidencia científica en este tema.

Otro problema que veo es el de “sesgo de publicación” o incluso la posibilidad de que el experimento sea falsificado. Lo que quiero decir, es que si este señor empieza a recuperar poco a poco el peso perdido, en lugar de salir en las noticias diciendo que ha fracasado a largo plazo, lo que cabe esperar es que trate de ocultar el fracaso. Sin embargo, si consigue mantenerse delgado durante años, es más probable que quiera seguir “educando” al mundo con su ejemplo. Y, por otro lado, si empieza a recuperar el peso perdido, también existe cierta probabilidad de que en lugar de reconocer el fracaso intente adelgazar por medios diferentes al que reconoce públicamente, con lo que se estaría atribuyendo el buen resultado a largo plazo a un método que realmente ha fracasado. Son consecuencias lógicas de que un señor se haga famoso por presumir de tener virtudes que cree que otros no tienen y entender cosas que cree que otros no entienden. Esconder el fracaso sería muy humano.

Finalmente, tengo curiosidad por saber qué se deduce de este experimento si a largo plazo Cisna recupera el peso perdido. ¿Si tiene éxito, es como él dice, demostración de que todo el mundo puede adelgazar sin más que proponérselo, pero si fracasa entonces no es demostración de que no se puede adelgazar con dieta hipocalórica? Quizá este tipo de preguntas habría que responderlas antes de iniciar el experimento, para luego no presumir de haber demostrado lo que no se ha demostrado.

¿Por qué no está delgado?

A la vista de las fotos, a mí me da la sensación de que este profesor ha subido de peso desde que finalizó el experimento, que como he comentado fue a principios de 2014. En las fotos de finales de 2015 y 2016 marca un buen tripón y en la foto de principios de 2017, la más reciente que he encontrado, a mí me da la sensación de que tiene cara y cuello de haber cogido peso. En cualquier caso, yo no le veo delgado. ¿Por qué no está delgado? ¿Falta de motivación para “hacer buenas elecciones” en lo que come? Cuando has sido famosillo en todo el mundo por tu experimento, motivación para llegar a ser delgado es lo único que no te va a faltar. Si fracasas quedas en evidencia a escala mundial. Si engordas de nuevo, dejas de usar las redes sociales, si tienes un blog lo abandonas, dejas de publicar fotos tuyas (o sales siempre con chaqueta para que no se vea cómo has engordado) y te escondes bajo una piedra en el desierto más lejano que encuentras. Ninguna excusa te saca de ese embrollo. Y lo sabes.

Según sus palabras, lo que quiso explicar a la gente con su experimento es que no hay excusas: si tienes sobrepeso, asume la responsabilidad porque han sido tus malas decisiones las que te han llevado a ello.

The major things i want people to understand about this little experiment is that there are THOUSANDS of people, just like myself, who don’t have the aforementioned reasons to blame being overweight except for the fact that they don’t, or won’t, take accountability for their choices. John Cisna

John Cisna ha tenido máxima motivación, dice conocer el secreto para adelgazar, pero no ha conseguido llegar a ser delgado. ¿Por qué? ¿Por qué la prueba viviente de que es posible adelgazar sin más que “comer menos”, no ha sido capaz de librarse de su sobrepeso?

¿Aceptamos como respuesta que John Cisna no se cae, que John Cisna se tira?

Un chulo madrileño va en la plataforma central de un autobús de línea en Madrid, fardando de equilibrio. “El titi no se cae”. “El titi no se cae”. No va agarrado a ninguna sujeción: sólo hace contrapeso con el cuerpo, sorteando cualquier curva del itinerario sin caerse. El pique con el conductor va en aumento porque el chico empieza a retarlo, con los gestos y las palabras: “El titi no se cae”, insiste desafiante. El autobusero cada vez fuerza más las cosas para intentar que el descarado muerda el polvo… Finamente, frenazo en seco brutal tras un feroz cambio de sentido y el titi sale disparado hacia adelante. Aterriza junto al conductor e impacta con fuerza contra el salpicadero. Un guantazo de campeonato. El conductor no se puede contener y le suelta con una media sonrisa:

— “Con que el titi no se cae, ¿no?”.

La respuesta del chulo no se hace esperar. Mientras se limpia la sangre que le sale por la nariz, proclama en voz alta:

— “El titi no se cae. El titi se tira”.

La gran estafa de la dieta hipocalórica. Cómo te engañan los nutricionistas

Así funciona el engaño

— Crean presión social para que te sientas obligada a adelgazar. Te dicen que la obesidad es una enfermedad, que tu cuerpo no es aceptable y que no podemos “normalizar la obesidad”. Disfrazan de preocupación por tu salud, algo que no tienen, lo que es preocupación por su negocio.

— Te dicen que la dieta hipocalórica funciona. Incluso te dan detalles de cosas que no debes hacer si quieres tener éxito: no debes reducir demasiado la ingesta, no debes abandonar la dieta, debes llevar un registro de lo que comes para ser consciente de cuánto comes, etc.

— Te dicen que la única forma de adelgazar es “comer menos de lo que se gasta” y que cualquier dieta que funcione lo hace porque te hace comer menos. Fíjate, están creando la sensación de control: si adelgazar es cuestión de controlar el apetito, adelgazar está bajo tu control. Están dejando claro que tú y sólo tú vas a tener la culpa si no lo consigues.

— Te dicen que el resto de dietas son dietas milagro, que o bien son peligrosas, o no funcionan porque producen “efecto rebote”, o no son más que dietas hipocalóricas desequilibradas que dicen funcionar por otras razones, pero que en realidad simplemente te hacen comer menos.

— Te dicen que la dieta hipocalórica deriva directamente de las leyes de la física: con un déficit calórico tienes que adelgazar, sí o sí. Te dicen que si una dieta no está basada en contar calorías, entonces es una dieta “mágica”. Insisto en resaltar cómo construyen tu culpabilidad: si el método funciona y fracasas, sólo hay una explicación, y es que tú no has seguido las directrices del nutricionista/médico.

— Te dicen lo que quieres escuchar, que es que no es necesario cambiar nada, que puedes seguir comiendo lo mismo, pero controlando las calorías totales. No sólo eso, te dicen que es bueno que sigas comiendo las cosas que te gustan, para así maximizar la adherencia a la dieta. Son muy inteligentes en su maldad: te están dando la dieta que te permite comerte el minihelado de postre o no tener que quedar en evidencia ante tus amistades siendo la fracasada que “está a dieta”.

— Te hablan de la importancia de la adherencia a la dieta. Te dicen que la adherencia es la clave para tener éxito, más allá de la dieta que sigas (aunque ya te han dicho que el resto de dietas son peligrosas, ¿verdad?). Fíjate bien cómo siguen construyendo la culpabilidad: te hacen creer que la dieta funciona y que todo depende de ti. Si tienes adherencia conseguirás adelgazar. Si fracasas, sólo hay una culpable: tú.

— Te hablan del “entorno obesogénico”. Más culpabilidad para ti: la dieta funciona, pero fracasas porque no eres capaz de resistir las tentaciones.

Tienen una excusa para todo: la gente come más de lo que cree, la gente se cansa de hacer dieta y la abandona, la gente no sigue sus directrices, la gente no puede resistir las tentaciones, etc. Fíjate en que la explicación siempre es que tú has fallado. Eres culpable.

— “Comer menos”, efectivamente, te hará perder unos kilos los primeros meses. Eso te hace creer que la dieta funciona, y, lógicamente, refuerza la idea de que el fracaso es por tu culpa.

— El que te receta la dieta tiene un título de dietista/nutricionista o médico.

Con esos mimbres, una persona desinformada y confiada sólo va a ver una opción para tratar de perder peso. Pensará que es lo prudente, lo que funciona, lo que protege su salud. La han engañado, y lo han hecho muy bien.

Todo es una gran mentira

“¿Es que acaso si creo un déficit calórico no voy a perder peso?”. Esa idea, que no es otra cosa que la teoría del balance energético, es pseudociencia y encierra tantas falacias que a veces se me olvida enumerarlas todas. En cualquier caso, este blog está dedicado casi en exclusiva a explicar por qué esa idea es errónea, así que remito al lector al librito o a las casi 800 entradas del blog (algunas de las más representativas están enlazadas en la parte derecha del blog).

“¿Cómo te atreves a decir que la dieta hipocalórica no funciona?”. Lo digo y lo mantengo, porque es lo que dice la evidencia científica (ver,ver,ver,ver,ver).

“¿Y no es posible que sea cierto que la dieta hipocalórica funciona, pero la gente no mantiene la dieta el suficiente tiempo?”. Filosóficamente es posible, pero es altamente improbable. Y, además, que exista esa remotísima posibilidad sigue sin dar validez a las mentiras de los nutricionistas: hacen creer a sus clientes que la dieta funciona, y, como mínimo, no tienen esa certeza. Pero creo que es únicamente una posibilidad hipotética, no real. ¿Todos los estudios de pérdida de peso basados en esta dieta fracasan a largo plazo, y la culpa es de la gente? Se sabe que existe una reacción metabólica a la restricción calórica, luego lo lógico es pensar que esa reacción metabólica es la culpable del fracaso del método (ver,ver,ver,ver,ver,ver).

Protege tu salud: pídele al que te recete la dieta hipocalórica un estudio científico que demuestre su efectividad a largo plazo (ver). Si lo haces, cuéntame la respuesta. Te aseguro que no va a ser ese estudio que le pides.

Fíjate que el “efecto rebote” es la respuesta característica obtenida con restricción calórica. Y sin embargo los nutricionistas te dicen que el efecto rebote es cosa de las otras dietas. Yo te aconsejo que mires los estudios científicos y que decidas por ti misma quién miente y quién dice la verdad.

32897271216_fd83024dc8_mCanadian Obesity NetworkAlgunos derechos reservados

¿Qué mal puede hacer?

Es típico que los que defienden terapias pseudocientíficas aleguen que el tratamiento es inocuo, que quizá no haga nada, pero que tampoco va a matar a nadie. En este caso, ese argumento vendría de los mismos que asustan a los/las obesos/as para que adelgacen con el argumento de que es un factor de riesgo para enfermedades como el cáncer o la enfermedad cardiovascular. Si el tratamiento no hace nada y por tanto no te saca de obesa, según sus propios argumentos sí estaría poniendo en riesgo tu salud.

Pero sí hace daño. Quizá una parte de la población obesa sí puede adelgazar con dieta y ejercicio, y seguir recetando un tratamiento pseudocientífico e inútil es negarles a esas personas la posibilidad de recuperar un peso normal. Quizá a otra parte de esa misma población se le están dando falsas esperanzas en conseguir unos objetivos que para ellos no son posibles con dieta y ejercicio. Las falsas esperanzas acaban con culpabilización, baja autoestima, depresión y mayor riesgo de enfermedades. Un tratamiento inefectivo enquistado es mucho peor que que no haya tratamiento: nos roba el futuro.

Y también hace daño porque la misma pseudociencia en que basan el tratamiento de la obesidad, es la que usan para decirnos cómo comer de forma saludable, es decir, entre otras cosas para prevenir la obesidad. La pseudociencia sí hace daño.

realizar especiales esfuerzos en la educación, de forma que se pueda ayudar a la población a comprender el significado y alcance del concepto de equilibrio energético, y su importancia en la prevención del sobrepeso y obesidad, y promoción de la salud (fuente)

Mis comentarios sobre la cita anterior tienen que ser autocensurados.

Leer más:

AMPK (I)

Conversación con mi hija mayor:
– El problema no es la conservación de la energía, algo que nadie pone en duda, es deducir el comportamiento del cuerpo humano a partir de una ley general de la física. El error es decir “comes de más” y que es ese “exceso” lo que engorda. Algo así como un cubo de agua que tiene un orificio en su base por el que pierde agua y que si echas demasiada agua ésta se acumula, y si echas poca el contenido del cubo se reduce. Esa idea no deriva de las leyes de la física, pues el comportamiento del cuerpo puede ser simplemente deshacerse de la energía sobrante en forma de calor, quedándose con lo que necesita y “echando a la basura” el resto. Hay mecanismos fisiológicos que permiten a nuestro cuerpo hacer eso. Por ejemplo, las llamadas proteínas desacopladoras.
– ¿O sea como un cubo lleno hasta arriba de agua? Si vierto demasiada agua, lo que sobra simplemente desborda el cubo y se pierde. ¿Algo así?
– Exacto. Ese comportamiento es diferente del que proponen los creyentes en la teoría del balance energético, y no viola ninguna ley de la física. No hay ninguna razón para pensar que alteraciones en la cantidad de comida necesariamente suponen un problema en un cuerpo sano que se alimenta con alimentos de verdad. Tampoco hay razón para pensar que engordar es un problema de cantidad de energía. Nuestras células tienen sensores que detectan cómo andan de reservas de energía, y potencian o atenúan procesos fisiológicos que nos permiten adaptarnos a la cantidad de comida ingerida, como, por ejemplo, desperdiciando más energía en forma de calor gracias a las proteínas desacopladoras.

Ésa es la versión corta de esta entrada, que he preferido divididir en dos entregas. En la segunda hablaré de cómo nuestras células miden sus reservas de energía.

La trampa no está en la física, está en la causalidad

La teoría del balance energético modeliza nuestro cuerpo como un sistema en el que la diferencia entre las calorías ingeridas y las calorías gastadas determina cuánta energía se acumula en el sistema (ver). Nos dicen que engordamos cuando comemos más de lo que gastamos.

Podemos hacer una analogía con un recipiente en el que se vierte agua y que desagua por unidad de tiempo una cantidad relativamente estable en el tiempo.

imagen_0937  Si puntualmente entra más agua, el agua se acumula en el recipiente (y engorda). En este modelo el sistema defiende un flujo constante de salida de agua

¿Es contrario este modelo a las leyes de la física? No. Lo que viola y suplanta este modelo es la fisiología, no la física. O, en otras palabras, el problema que tiene la teoría del balance energético es que no es, como se presume, sólamente la encarnación directa de las leyes de la física: implícitamente se asume que las oscilaciones en la ingesta energética causan diferencias entre lo que se ingiere y se gasta, y esto se consigue jugando las palabras y haciendo parecer que el gasto energético es independiente de la ingesta (ver). Es decir, una de las trampas del modelo es que la física viene acompañada de un comportamiento ilegítimo, una causalidad, que podríamos interpretar como que nuestro cuerpo defiende un gasto energético estable/constante. Como consecuencia de esa arbitraria —i.e. injustificada— presunción se llega a la fraudulenta conclusión de que las fluctuaciones en la energía ingerida causan la acumulación de energía (ver,ver).

La teoría del balance energético es errónea o tramposa, entre otras cosas, porque va más allá de lo que dicen las leyes de la física. Las leyes de la física establecen que los cambios en el nivel de agua se pueden calcular como la diferencia entre el agua que entra y el agua que sale, un resultado matemático que siempre va a ser cierto, pero no es ésa la única premisa empleada en el modelo anterior, pues como hemos visto, se asume implícitamente un comportamiento en el que el gasto energético no se adapta a la ingesta energética, o en general, que no reacciona ante los cambios en la ingesta energética. Eso lleva a la arbitraria conclusión, clave en esa teoría, de que son las diferencias entre entrada y salida las que causan la acumulación. Quizá no tengas claro que ese comportamiento está incluido en la teoría del balance energético; para aclarar este extremo, basta con suponer un modelo diferente, también compatible con las leyes de la física, pero con un comportamiento diferente, como por ejemplo que nuestro cuerpo defiende que los niveles de grasa corporal se mantengan estables con el tiempo, y que el gasto energético simplemente se adapta para mantener estables esos niveles (ejemplo). Si comes más, gastas más, y si comes menos, gastas menos.

imagen_0934  Si puntualmente entra más agua, el flujo de salida aumenta consecuentemente y el agua no se acumula en el recipiente. En este modelo el sistema defiende un volumen de agua constante

Este otro modelo no viola las leyes de la física, pues también satisface que los cambios en el nivel de agua se pueden calcular como la diferencia entre el agua que entra y el agua que sale. O en otras palabras, la teoría del balance energético no deriva de las leyes de la física, por mucho que se afirme que sí lo hace, porque la tautología de que lo que se acumula se puede calcular como la diferencia entre lo que entra y lo que sale no es la única premisa incluida en el modelo. Nadie dice que la teoría del balance energético sea incompatible con las leyes de la física: el problema está en la causalidad que impone el modelo, es decir, en el comportamiento que inventa a través del lenguaje (ver).

La acumulación de grasa corporal viene determinada por la diferencias entre las calorías que entran y las calorías que salen. ¡La energía no se puede evaporar!

Negar que el comportamiento de nuestro cuerpo sea el propuesto por la teoría del balance energético, no es negar la primera ley de la termodinámica.

— Para que tu musculatura aumente tienes que comer por encima de tus necesidades energéticas

— Disculpa, pero eso es absurdo: no es así cómo funciona nuestro cuerpo

— No entiendo que lo discutas, pues la energía acumulada no puede salir de la nada

El argumento de que “la energía no puede salir de la nada” es falaz, porque la trampa de la teoría del balance energético no está en la física, que no viola, está en la causalidad, es decir, en asumir un comportamiento que ignora la fisiología y que no tiene más fundamento que una interpretación tan estúpida como errónea de las leyes de la física.

Otra conclusión de lo que estamos viendo es que la teoría del balance energético no es el único modelo posible que es compatible con las leyes de la física.

Por ejemplo, podemos suponer que nuestro cuerpo se comporta como el siguiente modelo, en el que entra energía procedente de la comida, pero esa energía en parte se usa para disipar calor (el agua que desborda el recipiente, ver) y en parte se emplea para generar ATP (partículas energéticas) que las células usan para realizar sus funciones fisiológicas (ver).

imagen_0935 Si puntualmente entra más agua, ese exceso desborda el recipiente y no se acumula. En este modelo el sistema defiende un nivel de agua constante

En este modelo (ver teorema de los vasos comunicantes), las reservas de grasa corporal, junto con la disipación de calor ayudarían a defender niveles intracelulares de energía estables. Si comes “más”, tu cuerpo disipa como calor el “exceso” y no engordas, y si comes “menos”, no disipas tanto, y tus células pueden recurrir a las reservas de grasa corporal para tener siempre garantizados sus niveles de partículas energéticas (ver).

¿Viola las leyes de la física este modelo? No, ni mucho menos: los cambios en la cantidad de agua en el sistema siguen guardando relación con cuánta agua entra y cuánta sale, pero es absurdo plantear que si entra más agua de la que sale ésta se acumula, porque no es así cómo se comporta este modelo. No estoy afirmando que nuestro cuerpo se pueda modelar de esta manera: lo que quiero transmitir es que este modelo también satisface la tautología de que se acumula tanta agua como la diferencia entre la que entra y la que sale. Y también estoy diciendo que que se acumule energía porque “entra más de la que sale” no es una idea que derive de las leyes de la física.

Casi que lo más importante que quiero contar es la idea de que en este modelo la obesidad se podría conseguir simplemente ampliando de forma gradual el tamaño del depósito. En ese proceso, transitoriamente entrará más agua de la que saldrá, pero no será ésa la causa del aumento de volumen del depósito. Esto último es importante: en este modelo, que no viola ninguna ley de la física, la acumulación de grasa corporal no se produce por nada relacionado con la entrada o salida de energía (ver). La causa de que exista acumulación es la causa por la que el depósito crece de tamaño, y eso no tiene nada que ver con que entre más agua o salga menos agua. Las leyes de la física no imponen un papel causal del balance energético en el crecimiento de un tejido.

imagen_0936  Mismo esquema que el anterior, pero el depósito de agua etiquetado como “GRASA CORPORAL” ha aumentado de tamaño

Reitero, porque lo veo importante, que en este modelo, al igual que sucede en cualquier crecimiento de un tejido en un ser vivo, que exista una diferencia entre entrada y salida de energía sería un posible síntoma de que existe crecimiento, nunca la causa del mismo. Lo entendemos enseguida cuando se piensa en el tejido muscular: sabes que su crecimiento, aumento de la energía acumulada, no está causado por diferencias entre la entrada y salida de energía en el cuerpo. El músculo, el depósito de energía, crece por razones fisiológicas, y el balance energético en el global del cuerpo es un posible síntoma indirecto e irrelevante del crecimiento. Sabes que es así y sabes que no se viola ninguna ley universal (ver).

Conclusiones

Una conclusión que quiero transmitir con esta primera parte de la entrada es que la teoría del balance energético propone explicaciones y soluciones para la obesidad que no derivan de inviolables leyes de la física (ver). Simplemente suponiendo otro comportamiento, e.g. que nuestro cuerpo defiende niveles intracelulares de energía estables, hemos planteado otro modelo que tampoco viola esas leyes. Esto nos sirve para resaltar que la teoría del balance energético se basa en un premisa implícita y arbitraria, es decir injustificada, que es que lo que nuestro cuerpo defiende es un gasto energético estable. Y esa idea, que es parte fundamental de esa teoría, no deriva de leyes inviolables de la física. Tampoco es lo que nuestro conocimiento de la fisiología sugiere. Y no es la única razón por la que esa teoría es fraudulenta (ver).

La teoría del balance energético no es más que un modelo tramposo y estúpido en el plano intelectual que podría haber sido útil en el plano práctico, pero que no lo ha sido (ver), y que en  ningún caso es intrínsecamente correcto por derivar de leyes de la física, que es lo que se nos cuenta como argumento para que no cuestionemos su utilidad. Siendo que en esta entrada hemos analizado otros modelos que también satisfacen la primera ley de la termodinámica, es evidente que la clave para que un modelo sea correcto no es que satisfaga leyes generales de la física, algo que hace casi cualquier modelo que se nos ocurra, sino qué comportamiento de nuestro cuerpo propone el modelo. Un modelo será más o menos válido en función de la coherencia que exista entre qué defiende el sistema del modelo y qué defiende realmente nuestro cuerpo. ¿Defiende nuestro cuerpo tener un gasto energético estable? ¿Defiende nuestro cuerpo tener niveles intracelulares de energía estables? ¿Defiende nuestro cuerpo tener depósitos de grasa corporal estables? Como decía, y quiero insistir en resaltarlo, el problema de la teoría del balance energético no está en la física, algo que no viola, está en suplantar la fisiología ignorando el comportamiento real del cuerpo.

Por otro lado, el comportamiento de nuestro cuerpo cambia con las circunstancias. Por ejemplo, ante la restricción de comida el cuerpo va poniendo en marcha de manera progresiva mecanismos de ahorro de energía y se prioriza el almacenamiento de grasa corporal (ver,ver). Lo que los primeros meses parece funcionar, deja de hacerlo a partir del sexto mes, más o menos (ver,ver,ver,ver,ver,ver). Ningún modelo que ignore la respuesta real del ser vivo va a ser útil para entender o revertir el proceso de engordar.

Ir a la segunda parte

Leer más:

La incompetencia y engreimiento de nutricionistas y médicos son descorazonadores

A uno se le cae el mundo al suelo leyendo esto (ver):

La primera razón de engordar es tomar demasiada comida para la escasa actividad física que la mayoría de la gente hace, lo que tarde o temprano propicia la aparición de exceso de grasa “ya que la energía sobrante no se puede evaporar

Aunque intervienen muchos factores, lo esencial son las calorías que entran y salen

La energía sobrante no se puede evaporar“, ¡por favor, esto es insoportable!

Por lo pronto, acabemos ya con el Grado en Nutrición Humana y Dietética. Dejemos de poner titulados formados en pseudociencia en el mercado laboral. Los ciudadanos no tenemos por qué pagar con nuestra salud la decisión de crear esa titulación universitaria, porque no fue nuestra decisión, y cuanto más tiempo pasa, más complicado es revertir los problemas de salud que estos “profesionales” llevan décadas creando. No, no es la industria alimentaria la que habla de “calorías que entran y calorías que salen” (ver). No, no es la industria alimentaria la que engaña a sus clientes con la dieta hipocalórica.

Y en cuanto a los médicos, alucino con la arrogancia de algunos culpabilizando a los padres de un niño con sobrepeso porque no se dan cuenta de que a su hijo le sobra peso.

“No es inteligente, es médico. Que se meta en sus asuntos hasta que aprenda a pensar”. ¿Qué tal comenzar así?

A ver si nos enteramos de una vez de que esos padres están recibiendo como “información nutricional” la estupidez propagada por esos mismos nutricionistas y médicos de que hay que seguir una “dieta equilibrada” y que el problema de la obesidad es un problema de “sobrealimentación“. No falta información nutricional: estamos sufriendo en nuestra salud las consecuencias de toda la malinformación procedente de los “expertos”, que, además. no dudan que que ellos eduquen a los demás es la solución a la obesidad. Porque ellos entienden el problema y la gente no: saben que engordamos porque comemos más de lo que gastamos y que adelgazar es una cuestión de calorías que entran y calorías que salen. Es muy sencillo pero la población se empeña en no entenderlo. ¡Cuánta arrogancia y cuánta incompetencia!

Si tu hijo tiene sobrepeso, este señor te dice que confíes en “tu” dietista-nutricionista. En mi opinión, es una temeridad hacerlo, igual que lo es confiar en un médico en temas de obesidad: las probabilidades son altísimas de que lo que encuentres sea un caloréxico que te diga que lo que tienes que hacer es recortarle calorías a tu hijo o ponerle a hacer ejercicio para que “queme más de lo que come”. Esos consejos, la teoría del balance energético, son una teoría pseudocientífica, y lo más probable es que a largo plazo tu hijo sólo pierda tiempo y autoestima. Y no me interpretes mal: no soy partidario de remedios o terapias alternativos a los que han demostrado funcionar en los experimentos científicos. Precisamente por eso digo que en temas de nutrición y exceso de peso no es una buena idea confiar en médicos y nutricionistas (ver).

Leer más:

Obesidad inducida por azúcares (en ratas)

Any energy that’s left over after the body has used what it needs is stored as body fat. Stephan Guyenet, PhD

Cualquier energía que queda cuando el cuerpo ha usado la que necesita es almacenada como grasa corporal.

¿Es engordar un problema de cantidad, de comer “más de la cuenta“? Esa teoría es fruto de gravísimos errores de pensamiento y no sólo carece de un mecanismo fisiológico que la sostenga —característica típica de las pseudociencias— sino que además sus defensores presumen de que es así (ejemplo,ejemplo).

En esta entrada vamos a ver tres ejemplos de experimentos científicos que dejan en evidencia a la teoría del balance energético (ver,ver,ver).

Sucrose and Polysaccharide Induced Obesity in the Rat

Experimento con ratas. Las ratas son divididas en 4 grupos que tienen acceso a la misma comida sólida (chow) pero a cuatro bebidas con distinta composición. El grupo control bebe agua y los otros grupos sacarosa, glucosa o glucosa junto con sacarina:

Three experimental groups received, for 30 days, daily ad lib access to chow and water, and one of the following solutions: 32% sucrose (Sucrose group, n=8); 32% Polycose Polycose group, n=9); 0.2% saccharin+32% Poly-cose (Saccharin-Polycose group, n=8). The control group (n=8) received only chow and water during this time.

En la gráfica de la izquierda se puede ver que el grupo control (círculos blancos) consumió la misma cantidad de calorías que el grupo que bebía sacarosa (triángulos negros). En la gráfica de la derecha se puede observar cómo el grupo de la sacarosa ganó el doble de peso durante el experimento que el grupo control. Mismas calorías, diferente resultado en el peso corporal.

imagen_0914

 

The caloric intakes of the two Polycose groups did not reliably differ, nor did the intakes of the Sucrose and Controls groups differ. The Sucrose, Polycose, and Saccharin-Polycose groups were similar, however, in that they all gained more weight per calorie consumed than did the control group (2.51, 1.99, 2.06 vs. 1.18 g/100 kcal; p<0.001). The three experimental groups did not significantly differ on this measure.

Effect of sucrose solution drinking option on the development of obesity in rats

Experimento con ratas. Se combina una bebida que contiene azúcar con tres dietas que tienen distinta composición. El efecto de la bebida azucarada fue diferente según la dieta, pero en algunas combinaciones se aumentó la adiposidad sin un incremento significativo de la ingesta energética:

For the low fat [high] carbohydrate diets the sucrose solution decreased solid food intake, increased body weight and increased the body fat index without significantly increasing total energy intake.

Lo que se muestra en la siguiente figura es, para los distintos grupos experimentales, cuál fue la ganancia de peso corporal en función de su ingesta energética. Con círculos negros se destacan los grupos que tenían a su disposición la bebida azucarada. Como se puede apreciar, la presencia en la dieta de la bebida azucarada aumentó la pendiente de la relación ganancia de peso corporal–ingesta calórica, es decir la bebida azucarada hizo que las tres dietas (figuras A, B y C) fueran potencialmente más engordantes, pues un mismo incremento en la ingesta energética se convirtió en más engordante.

For each of the three fat diets the availability of the sucrose solution drinking option appeared to increase the potential to gain weight.

imagen_0918 imagen_0917

“Taste or Diet Balancing?

Experimento con ratas. Hay tres grupos dietarios: el grupo CONTROL, que bebe agua, el grupo SUCROSE, que bebe una bebida con sacarosa (32% en volumen), y el grupo STARCH, que consume almidón dextrinizado seco.

Como se puede observar en la primera figura, la ingesta calórica fue idéntica en los tres grupos. Sin embargo, la figura de la derecha muestra que el grupo SUCROSE acabó con un peso claramente superior a los otros dos grupos. Los autores del estudio resaltan que el ratio carbohidratos-proteína era el mismo en todos los grupos y que la ingesta calórica fue la misma:

Although the weights of the dextrinized starch and the Purina Chow groups did not differ, both of these groups weighed less than the 32%-sucrose group. This is of particular interest in view of the fact that all groups consumed the same ratio of carbohydrate to protein and that all had similar total caloric intake. These data suggest that different carbohydrate sources, and sucrose in particular, have different metabolic consequences

imagen_0915 imagen_0916

 

 

Y los autores dicen que este resultado respalda la sospecha de que el azúcar es engordante a largo plazo:

In spite of the fact that all groups consumed the same total caloric intake with the same proportions of protein to carbohydrate, the sucrose group gained weight at a significantly greater rate. Taken together, these findings counter the conventional widsom about the rat’s sweet tooth, at least over 24-hr periods, and support the suspicion of the long-term obesity-promoting propensities of sucrose

Engordante, no por suponer un “exceso calórico“, sino por “engordante“.

 

Leer más:

¿”Exceso calórico”? No digas más…

Falacia de petitio principii (o petición de principio): falacia que se produce cuando la proposición por ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas. O, dicho de otra forma, es “aquel razonamiento en el que se introducen proposiciones no verificadas o inverificables como si fueran verdaderas para, desde esa posición, llegar a conclusiones aparentemente lógicas y razonadas y contando de antemano con su aceptación” (fuente).

Ejemplo:

Dios posee todas las perfecciones. La existencia es una perfección, por lo tanto dios existe. (Descartes)

La trampa está en que en las premisas implícitamente se asume que dios existe. Se evita la falacia no dejando que se dé en las premisas esa presunción de lo que se quiere demostrar: “Si existiera, dios poseería todas las perfecciones…”- Es obvio que con esa modificación ya no es posible llegar a la injustificada conclusión de que dios existe.

Un fragmento de una conversación entre Sam Harris y Gary Taubes (no lo traduzco, pero luego analizo bajo el diálogo las partes que me interesan):

— [Gary Taubes] You can’t explain anything meaningful about obesity by this energy conception

— [Sam Harris] Let me ask you a few questions to kind of bound how far-reaching your claims are, because you are not disputing thermodynamics, I assume

— No, I have a physics degree. I am not allowed to

— Right: you’d be far more famous than you are if you were disputing it, credibly. So, I imagine wou would admit that, on some level, we gain weight because of a surplus of calories. So if, for instance, I am going to eat 1500 extra calories a day, it wouldn’t matter if those were extra carbs, fats or protein calories, if I was at that surplus day-in day-out, I would just keep gaining weight, right?

— Yeah, although actually, it might matter. But it depends on how you define “excess”. Let’s use an analogy, a metaphor. Instead of thinking in terms of excess of calories, we are talking about excess money, wealth instead of obesity. Clearly you can’t get rich without taking more money than you expend, right? But you’d never say you got rich because you made more money than you expent

— There are certainly degrees of that disparity and where you put the line is a judgement call, but it’s not just a matter of…

— but also where you put the causality, because again to get rich you have to make more money than you expend, that’s a given, there is conservation of money in the same way there is conservation of energy, unless you are a counterfeiter. To get fat you take in more energy than you expend, but you might get fat because, for instance, I might give you a drug that makes your fat tissue accumulate fat

— What you are saying, clearly, is that there is more to the story

“Exceso calórico” es una expresión siempre falaz

Un argumento sacado del diálogo anterior:

Si consumo todos los días 1500 calorías extra, sin importar si esas calorías vienen de grasa, carbohidratos o proteína, voy a ganar peso, ¿cierto?

Desde el mismo momento en que la premisa da por sentado que se puede hablar de “calorías extra”, cuyo significado es “calorías que por ser consumidas en exceso de nuestras necesidades energéticas van a ser almacenadas como grasa corporal”, la premisa está dando por cierta la teoría que se pretende demostrar con la argumentación. Es decir, la premisa ya incluye la conclusión que se busca, y eso, como hemos visto, tiene un nombre: falacia de petitio principii.

Evitemos la falacia:

Si fuera correcto hablar de “calorías extra”, si consumiera todos los días 1500 calorías extra, no importaría si esas calorías vinieran de grasa, carbohidratos o proteína, y ganaría peso

Lo que obliga a empezar por realizar la pregunta realmente pertinente: ¿es correcto hablar de “calorías extra”? O dicho de otra forma, ¿es correcta la teoría del balance energético?

Cualquier planteamiento en el que se habla de un “exceso calórico” está presuponiendo correcta la teoría del balance energético y no puede ser empleado, por tanto, para tratar de demostrar la validez de esa teoría. “Exceso calórico” siempre es una expresión falaz (ver,ver,ver,ver).

Por otro lado, fijémonos como en el planteamiento se selecciona una única característica de la comida, las calorías, por lo que de antemano se está identificando esa variable como la responsable del “exceso”, es decir, de causar el efecto. Es imposible a partir de ese momento que ninguna otra variable sea relevante en el resultado final. Y, fruto de ello, puesto que en el cómputo de calorías la composición de la dieta es irrelevante, al partir de la premisa de que el engorde es equivalente a 1500 kcal y producido por las kcal, la “conclusión” a la que llega el orador es que no importa la composición de la dieta, sino únicamente las calorías. Es un razonamiento circular: en la premisa se desprecia la composición de la dieta asumiendo que las calorías, el “exceso calórico”, es lo que importa, y, lógicamente, en las conclusiones aparece el contenido de ese caballo de Troya: la composición de la dieta no es relevante.

En definitiva, y de forma concisa, si ya en la premisa se atribuye el efecto a las calorías, al “exceso calórico”, el argumento es falaz como demostración de la validez de la teoría del balance energético. Otra forma de ver el engaño es ser conscientes de que para poder hablar de “exceso calórico” se tiene que presuponer un comportamiento para una salida del sistema, el gasto energético, lo que equivale a tratarla como una entrada e introducir así una causalidad impostada (ver). Lamentablemente, estos argumentos erróneos son tan comunes que se asumen correctos sin cuestionarlos, y no hacen sino consolidar el dañino paradigma energético.

¿Vemos la trampa en estas otras falacias de petitio principii?

Proposición: un niño que sufre gigantismo tiene un problema de apetito y la causa del anormal crecimiento es, en última instancia, que come más de lo que necesita.

Demostración: si consume todos los días 150 calorías extra, sin importar si esas calorías vienen de grasa, carbohidratos o proteína, va a ganar peso

Hablar de “calorías extra” en la premisa ya es asumir como correcta una teoría injustificada sobre las causas del gigantismo. Las leyes de la termodinámica no avalan la existencia de las “calorías extra” porque esas leyes no pueden ser empleadas para establecer una causalidad. Y usar la expresión “calorías extra” implica una causalidad concreta en el crecimiento.

Proposición: un consumo excesivo de azúcares es lo que nos engorda.

Demostración: si todos los días consumo un “exceso de azúcares” y, por tanto, acumulo grasa corporal, si mantengo esa dieta a largo plazo voy a engordar, independientemente de las calorías consumidas

Primero habría que demostrar que es posible hablar del concepto “exceso de azúcares” como causa de la acumulación de grasa corporal, ¿no? Porque si aceptamos, sin más, la expresión estamos aceptando, sin más, cuál es la causa de engordar.

La teoría CICO es contraria a la evidencia científica

Es un detalle que me parece muy importante: la evidencia científica, tanto en animales como en humanos, demuestra que la composición de la dieta afecta a la ganancia/pérdida de peso corporal, en experimentos en los que se controla totalmente la cantidad de calorías e incluso la proporción de macronutrientes (ver,ver,ver). Aunque no entendamos los detalles, aunque no entendamos los argumentos, sabemos que la teoría del balance energético es fraudulenta, sí o sí, porque sus postulados son contrarios a la evidencia científica.

Sólo un comentario más: aunque la evidencia científica fuera coherente con la teoría del balance energético, sería un resultado empírico, no una demostración de que la teoría es conceptualmente sólida. No funcionaría porque tuviera que funcionar, sino por mera casualidad. En el plano teórico la teoría del balance energético es un indiscutible fraude (ver,ver,ver,ver,ver).

NOTA: aunque he evitado desviar la atención hacia ese hecho, soy consciente de que parte del engaño es jugar con una doble definición de “exceso calórico”, ejemplo de libro de una falacia diferente, la falacia de ambigüedad (ver,ver). Se engaña haciendo erróneas deducciones gracias a mezclar a) el significado tautológico de déficit y b) la interpretación de déficit como “comer menos”.

Para adelgazar es necesario que exista un déficit calórico, por lo que cualquier método de adelgazamiento que funcione lo hace reduciendo tu ingesta

Si tengo que analizar todas las falacias contenidas en la sentencia anterior, no acabo nunca (ver,ver,ver,ver). La pongo en este momento como ejemplo de cómo las dos definiciones de “déficit calórico” son empleadas en el mismo argumento induciendo a engaño. Es típico de las pseudociencias engañar jugando con términos definidos de forma no precisa.

Leer más: