Obesidad, una narrativa (II)

Dieters wage a war against their bodies that the can’t possibly win

Los que hacen dieta libran una guerra con sus cuerpos que no pueden ganar

En la primera parte de esta entrada he comentado la idea de que podemos estar engordando por estar generando continuamente situaciones de hambre, combinado con una dieta alejada de los alimentos de verdad. Según Jean Antonello, la autora del libro “The Great Big Diet Lie“, la solución de los “expertos” nos lleva a cada vez más obesidad:

eat less and exercise more is leading to greater and greater obesity

comer menos y moverse más lleva a una cada vez mayor obesidad

Nuestro cuerpo se defiende del hambre, ente otras cosas, haciendo que deseemos los alimentos engordantes, porque busca almacenar grasa corporal:

They eat these high sugar and carb-loaded foods because they crave them because they need them. They need fat and the best ingredient necessary for making fat is sugar (fuente)

Consumen esos productos cargados de azúcar y de carbohidratos porque los ansían porque los necesitan. Necesitan grasa [corporal] y el mejor ingrediente necesario para fabricar grasa es el azúcar

Si tienes hambre, el cuerpo no te pide consumir alimentos de verdad, sino productos engordantes.

Algunos extractos del libro y mi traducción a continuación.

The Great Big Diet Lie: Why Diets Backfire and How to Eat Enough to Lose

[Fat is the Energy Reserve on a Human Body] Intermittently, dieters eat less food than they need, and because this is a famine to their bodies, this under eating triggers a protective response in their bodies—one that stimulates the need for more energy reserves. They actually develop a need for more energy backup fat than non-dieters. The very act of dieting causes dieters’ bodies to plump up their energy reserves to get ready for the next diet. Isn’t this absolutely crazy? It’s the way dieters try to lose weight that makes them gain it back. Let me say that again: Eat-less dieting causes the rebound that dieters almost inevitably experience. Diets make lasting weight loss impossible.

[La grasa es la reserva de energía en un cuerpo humano] De forma intermitente, los que están a dieta comen menos alimentos de los que necesitan, y debido a que esto significa hambre para sus cuerpos, no comer suficiente comida desencadena una respuesta protectora en sus cuerpos — una que estimula la necesidad de tener más reservas de energía. En realidad, desarrollan la necesidad de tener más grasa de respaldo energético que los que no hacen dieta. El mismo acto de hacer dieta hace que los cuerpos de los que están a dieta incrementen sus reservas de energía para prepararse para la próxima dieta. ¿No es una absoluta locura? Es la forma en que la que el que hace dieta trata de perder peso lo que le hace recuperarlo. Voy a decirlo de nuevo: las dietas de “comer menos” causan el rebote de peso que casi inevitablemente todos los que hacen dieta experimentan. Las dietas hacen la pérdida de peso imposible de mantener a largo plazo.

[The Half Plate Diet] A veteran dieter of 22 years, Janet knew overeating was her problem. She had 55 extra pounds to prove it. She said she just couldn’t keep the control she needed to get to her goal weight. Sometime during every diet she’d end up eating too much and all the wrong kinds of food. So, at one point, she began to design her own diets, thinking that maybe the diets were at fault for the weight rebounds she experienced. The most recent diet Janet made up was simple; she’d just eat half of anything on her plate. She thought the deprivation of most of her diets had set her up to fail, so, she didn’t deprive herself of any type of food and said she enjoyed eating and never missed a meal. This sounds like a perfectly sane approach on the surface, and Janet lost nearly 50 pounds over a year. She was encouraged and thought she’d finally found the answer. Unfortunately, she gradually gained 6o pounds over the following two years. Janet had found a track that worked for her but it didn’t work for her body.

[La dieta del medio plato] Janet, una veterana mujer a dieta de 22 años, sabía que comer demasiado era su problema. Tenía 25 kg extra que lo demostraban. Ella decía que simplemente no podía controlarse como era necesario para alcanzar su objetivo de peso. En algún momento durante cada dieta acababa comiendo demasiado y siempre de los tipos equivocados de comida. Así que, en un momento dado, ella comenzó a diseñar sus propias dietas, pensando que tal vez las dietas tenían la culpa de los rebotes de peso que experimentó. La dieta más reciente que Janet probó era simple; sólo comería la mitad de lo que había en el plato. Ella pensó que privarse de las cosas era por lo que la mayoría de sus dietas había fracasado, por lo que ella no iba a restringir el tipo de comida y dijo que disfrutó comiendo y que nunca se perdió una comida. Esto suena como un enfoque perfectamente cuerdo en la superficie, y Janet perdió casi 23 kg durante un año. Se animó y pensó que finalmente había encontrado una solución. Desafortunadamente, gradualmente ganó 27 kg en los dos años siguientes. Janet había encontrado un camino que le servía a ella, pero no funcionó para su cuerpo.

Here’s a review of how bodies fight dieters:

  1. Drop in metabolic rate-15-30%
  2. Low energy and reluctance for physical activity
  3. Increased appetite
  4. Cravings for sweets and fatty foods
  5. Preoccupation with food and eating

So when dieters go on an eat-less, exercise-more diet, they unknowingly trigger their bodies to adapt in these five ways. Taken together, these five adaptations protect the fat already there and may eventually promote even more fat accumulation. These changes do not seem to occur at first, of course. The rewarding weight loss comes first. But these adaptations, transmitted by biochemical changes, lie in wait, eventually causing the dieter to lose control of her eating. And when they take over, the frustration and weight gain begin.

Éste es un resumen de cómo los cuerpos luchan contra las personas que hacen dieta:

  1. descenso de la tasa metabólica-15-30%
  2. baja energía y renuencia por la actividad física
  3. aumento del apetito
  4. antojos de dulces y alimentos grasos
  5. preocupación por la comida y la alimentación

Así que cuando los personas se embarcan en una dieta en la que comen menos y hacen más ejercicio, sin saberlo ponen en marcha que sus cuerpos se adapten de estas cinco maneras. En conjunto, estas cinco adaptaciones protegen la grasa que ya se tiene y pueden eventualmente promover aún más acumulación de grasa. Estos cambios no parecen ocurrir al principio, por supuesto. La gratificante pérdida de peso sucede primero. Pero estas adaptaciones, transmitidas por cambios bioquímicos, esperan su momento, causando eventualmente que la persona pierda el control de su alimentación. Y cuando las adaptaciones toman el control, la frustración y el aumento de peso comienzan.

Is this why we are so fat when we are the most diet-conscious nation on earth? It has a lot to do with it. The connection between our diet-obsessed country and our obesity statistics is undeniable when you consider the overall effect of quick weight loss dieting on the body. We have been approaching the weight problem from a completely wrong direction for over fifty years, and it shows. The terrible truth about dieting is that, for most people, not only does it fail in solving weight problems; it actually causes weight gain for most dieters over the long run.

¿es por esto que estamos tan gordos cuando somos la nación más consciente de la dieta en la tierra? Tiene mucho que ver. La conexión entre nuestro país obsesionado con la dieta y nuestra estadística de la obesidad es innegable cuando se considera el efecto general de la dieta de rápida pérdida de peso en el cuerpo. Nos hemos estado acercando al problema del peso desde una dirección completamente incorrecta durante más de 50 años, y ahí están los resultados. La terrible verdad sobre la dieta es que, para la mayoría de la gente, no sólo falla en la solución de los problemas de peso; en realidad, causa aumento de peso en el largo plazo para la mayoría de los que siguen la dieta.

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Obesidad, una narrativa (I)

¿Por qué estamos engordando? Voy a desarrollar un supuesto que identifica dos culpables:

  • a) horarios o formas de vida “modernos” que no nos dejan comer lo que debemos y cuando debemos y
  • b) la fraudulenta teoría del balance energético.

En realidad se puede argumentar que habría un tercer culpable, que sería la mala calidad de lo que comemos, pero, en mi opinión, no estaríamos comiendo así de mal si la teoría del balance energético no sirviera para exonerar los “productos comestibles” como causantes de la obesidad. La causa raíz de la mala calidad de lo que comemos es la pseudociencia del balance energético.

La narrativa

Casi todos llevamos ritmos de vida ajetreados. No comemos cuando tenemos hambre, sino cuando podemos comer. Y no comemos dónde queremos y lo que queremos, sino dónde podemos y de lo que hay disponible en cada momento. Y esa forma de vida “moderna”, en la que muchas veces no tenemos oportunidad de cocinar nuestra propia comida, existe en el contexto de una progresiva industrialización de los productos alimentarios. Los productos que nuestros antepasados de hace miles de años reconocerían como comida apenas forman parte de nuestra alimentación. Y hemos llegado a esta situación, en gran parte, por culpa de la estúpida teoría de que a la hora de engordar lo único que importa es si el producto alimentario tiene más o menos calorías. Fruto de la estupidez colectiva que supone esa teoría, a la población se nos ha recomendado que basemos nuestra alimentación en las harinas (los mal llamados “cereales”) y en lugar de desincentivar el consumo de productos azucarados, se nos ha dicho que todos los productos pueden formar parte de nuestra alimentación “en su justa medida”, que “no hay alimentos buenos y malos, sino dietas más o menos adecuadas”, que significa que puedes comer lo que quieras, mientras no te pases o mientras luego lo compenses. O sea que sigas igual que hasta ahora, pero comiendo menos. O sea, que sigas como hasta ahora.

En resumidas cuentas, estamos consumiendo una dieta basada en harinas que nos hace tener hambre a todas horas, en el contexto de unas “formas de vida” que a menudo no nos permiten satisfacer esa hambre cuando se produce. El hambre no satisfecha produce una respuesta fisiológica: nuestro cuerpo, sintiéndose amenazado, fomenta la acumulación de grasa corporal. Se hace más eficiente almacenando grasa y reduce funciones no vitales para dedicar más recursos a garantizar las reservas de energía a largo plazo. Y encima tenemos hambre. Teniendo en cuenta, además, que lo que comemos no son alimentos de verdad, sino productos propensos a ser almacenados como grasa corporal (por ejemplo porque combinan de forma antinatural tanto grasas como azúcares), la consecuencia es que empezamos a ganar uno o dos kilos cada año. Pero no le damos importancia hasta que es evidente que no es una subida pasajera. En ese momento ya nos sobran 5 kilos.

Tienes claro que estás ganando peso y crees que el problema es que estás comiendo “demasiado” o que llevas una vida sedentaria. La teoría del balance energético nuevamente entra en acción, haciéndote creer que conoces las causas y soluciones al problema. Empiezas a controlar el tamaño de las raciones y sales a correr por las mañanas o te apuntas a un gimnasio, pero lo único que estás consiguiendo es agravar el problema: estás fomentando tener cada vez más hambre insatisfecha. Al principio te funciona y pierdes unos kilos, pero tu cuerpo está poniendo en marcha mecanismos que sirven para garantizar la supervivencia en tiempos de escasez. Tu cuerpo no sabe que tú quieres pasar hambre, sólo sabe que falta comida y que pide comida y no le llega. Y, como decía, no sólo no le das la comida que pide, sino que cuando comes lo haces en base a los mismos productos intrínsecamente engordantes, porque te han dicho que deben ser la base de tu dieta. Es una tormenta perfecta: tu cuerpo fomentando la acumulación de grasa corporal y tú dándole productos que son perfectos para engordar. Pero tú lo interpretas como que mereces consumir esos productos. Has estado haciendo un sacrificio durante meses y mereces consumir lo que quieras, porque además están dentro de tus cálculos de calorías. Te gustan y mereces consumirlos.

Tu cuerpo está en tensión, y cada vez el hambre se hace más insoportable. Además, tienes otros problemas, con el novio, con el jefe o con tu hermano, y lo último que necesitas en este momento es no poder comer lo que quieres comer, lo que te apetece comer. ¡Vas a acabar desmayándote mientras conduces o en medio de una reunión! Sólo iba a ser una galleta de chocolate, pero después de esa galleta ha venido la caja entera y luego media tarrina de helado, hasta que ya no te cabía más. Te sientes una mierda porque has cedido y te has saltado la dieta. El peso ya no baja, has dejado de ser estricta con la dieta, y crees que lo segundo ha causado lo primero. Cuando te quieres dar cuenta han pasado un par de años, y ya pesas un par de kilos más que antes de empezar a hacer dieta.

Durante un tiempo ni te planteas hacer dieta otra vez. Vas a comer lo mismo que tu círculo de amistades. Pero, no te gustas con tanto peso. Pasados unos meses, decides volver a intentarlo, “esta vez en serio”, esta vez de verdad y sin poner excusas. Y vuelves a cometer los mismos errores que has venido cometiendo desde el principio, pero no lo sabes porque crees que el problema es “comer más de lo que gastas”. Cometes los mismos errores esta vez y la siguiente. Y la siguiente de la siguiente.

Un comentario

No digo que las cosas sucedan exactamente de la forma descrita, pero me ha llamado la atención la idea de que engordamos porque, “por nuestro estilo de vida moderno, sometemos a nuestro cuerpo a situaciones de hambre insatisfecha” en combinación con una dieta basada en productos engordantes. Esa idea la he encontrado en un libro de la enfermera Jean Antonello que se titula “The Great Big Diet Lie” (La Enorme Mentira de la Gran Dieta). Ciertamente también he puesto de mi parte a la hora de redactar la entrada, pero esa idea que destaco viene del libro citado. El caso es que, correcta o no, me resulta una idea curiosa porque busca una explicación en la fisiología, no en las matemáticas, y no se limita a echar la culpa a la víctima con la estigmatizante mentira de que todas las dietas funcionan, pero los obesos no las mantienen. Otra cosa interesante es que el planteamiento de esta señora lleva a una solución que creo interesante: abandonar la dieta de las harinas. Sin hambre a todas horas y sin vernos “forzados” a recurrir a productos engordantes, porque escogemos lo que comemos y podemos esperar hasta el momento de poder consumir esos productos, según el planteamiento de esta enfermera no estaríamos creando constantemente situaciones de “hambre insatisfecha” y nuestro estilo de vida no tendría un efecto tan perjudicial en nuestro tejido adiposo.

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