La insulina engorda, pero no porque sea engordante…

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¿La terapia con insulina causa ganancia de grasa corporal, pero no es porque la insulina cause ganancia de grasa corporal? Bueno, si la terapia con insulina causa ganancia de grasa corporal, la causa es la insulina. Vamos, digo yo.

Aclarado eso, lo cierto es que este señor dice “lo cause en sí”. Supongo que quiere decir “mediante una acción fisiológica directa de la insulina en el tejido adiposo”. Es mi interpretación.

Posibles mecanismos de ese aumento de grasa corporal causado por la insulina:

  1. Reducción del gasto energético, lo que supuestamente produce a través de la (falsa) ecuación del balance energético un incremento de la energía acumulada en el tejido adiposo.
  2. Reducción de la pérdida de glucosa a través de la orina. Equivaldría a un aumento de la ingesta energética, y, al igual que en el caso anterior, supuestamente el cuerpo actuaría a través de la (falsa) ecuación del balance energético.
  3. Incremento de la ingesta energética. Idéntico al anterior.
  4. Acción directa de la insulina sobre el tejido adiposo, adaptándose el gasto energético a la menor disponibilidad de nutrientes en sangre (ver).

Nótese que aunque las opciones 1 y 4 involucran una reducción del gasto energético, en la opción 1 esa reducción es causa y en la opción 4 es consecuencia de ganar grasa corporal. Detectar que se ha reducido el gasto energético no aporta información sobre en qué situación de las dos nos encontramos. Y podría ser una situación mixta entre ambas, pues la insulina podría también tener acción directa tanto en el gasto energético, reduciendo la actividad del tejido adiposo marrón (ver), como fomentar directamente la acumulación de triglicéridos en el tejido adiposo blanco (ver).

¿Qué comprobaron en el artículo en cuestión?

The weight gain could result from an increased caloric intake, elimination of glycosuria, or a reduction in EE

La ganancia de peso podría ser el resultado de un incremento en la ingesta energética, la eliminación de la glucosuria o una reducción en el gasto energético.

¿Nos hemos dado cuenta de qué falta en la lista? ¡¡No consideran la cuarta posibilidad!! Consideran sólo las tres primeras causalidades, que son las permitidas en la Teoría CICO: las posibles causas de un aumento de la energía acumulada en el tejido adiposo tienen que ser un aumento de la energía ingerida, una reducción del gasto energético o una combinación de ambas. Esa teoría sólo permite que un factor hormonal/fisiológico afecte a los dos términos marcados en verde en la ecuación del balance energético bajo estas líneas, pero esa teoría no permite que el tercer término de la ecuación cambie por sí mismo (ver).

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Puesto que la reducción en el gasto energético y la reducción de la glucosuria podían explicar la ganancia de grasa corporal, los autores del artículo descartaron que los participantes hubieran comido más de lo que decían:

The combined total contribution to the positive daily energy balance, from the elimination of glycosuria and reduction in 24-h EE, was 408 ± 97 kcal/day or -25,000 kcal over the 2 mo of treatment. This was remarkably close to the energy content of the average 2.4 kg of fat accumulated over the same period, equivalent to 22,656 kcal (9.44 kcal/g fat) (27). Because the reductions in glycosuria and 24-h EE could account totally for the increment in body fat with I IT, it appeared unlikely that noncompliance with the prescribed diet and an increase in caloric intake was a significant factor in this weight gain.

La contribución total combinada al balance energético diario positivo, de la eliminación de la glucosuria y de la reducción del gasto energético (EE) de 24 h, fue de 408 ± 97 kcal / día o -25,000 kcal durante los 2 meses de tratamiento. Esto fue notablemente cercano al contenido de energía del promedio de 2,4 kg de grasa acumulada durante el mismo período, equivalente a 22,656 kcal (9,44 kcal / g de grasa) (27). Debido a que las reducciones en glucosuria y EE de 24 horas podrían explicar totalmente el incremento en la grasa corporal con el tratamiento intensivo de insulina, parecía poco probable que el incumplimiento de la dieta prescrita y un aumento en la ingesta calórica fueran un factor significativo en este aumento de peso.

¿Y cómo saben que la insulina no ha actuado directamente sobre el tejido adiposo, resultando como consecuencia de ello en una reducción del gasto energético? ¿Cómo saben que lo que han medido no es consecuencia, en lugar de causa? No lo saben y ni siquiera se plantean que no lo saben: creen que la Teoría CICO es la única opción posible y ni se molestan en considerar y descartar otras posibilidades.

Thus, intensive insulin therapy causes an increase in body fat as a result of the elimination of glycosuria and reduction in 24-h energy expenditure

Por lo tanto, la terapia intensiva de insulina causa un aumento en la grasa corporal como resultado de la eliminación de la glucosuria y de la reducción en el gasto de energía en 24 h.

Ni siquiera está claro que eliminar la glucosuria sea la causa de la acumulación de grasa corporal, aunque, según estos autores, pueda explicar el 70% de ese efecto. En ausencia de la eliminación de la glucosa (glucosuria), la acumulación de grasa corporal podría haber sido la misma y simplemente el gasto energético habría sido aún menor. O se podría haber perdido músculo, manteniéndose la misma ganancia de grasa corporal. La cuestión es que no es imposible, y no pueden dar por supuesto qué está causando qué, porque sencillamente no lo saben ni se han preocupado en saberlo. Por otro lado, si la ausencia de glucosuria es la causa, ¿no deberíamos los no diabéticos tipo 1 engordar al mismo ritmo que los diabéticos tipo 1? Esa hipótesis no es otra cosa que suponer, porque sí, la existencia de un “exceso calórico” que la ausencia de glucosuria no causa.

Nótese cómo los autores confuden sus fantasías caloréxicas con la realidad:

Therefore, weight gain will occur as a result of an increase in body fat, unless caloric intake is reduced appropriately.

Por lo tanto, el aumento de peso se producirá como resultado de una aumento en la grasa corporal, a menos que se reduzca la ingesta de calorías adecuadamente.

Si quieren demostrar eso, que hagan el experimento, a ver qué pasa. Los resultados que sólo existen en nuestras fantasías en realidad no existen.

En definitiva, ¿es este experimento prueba de que, en el tratamiento con insulina, la insulina no engorda por su acción directa en el tejido adiposo? Evidentemente no lo es: los autores ni siquiera se han molestado en considerar esa causalidad.

¿Qué podría ayudarnos a discernir si estamos en la situación 1 o en la situación 4? Antes de dar respuesta a eso, quiero resaltar que la situación 4 es posible, pero la Teoría CICO no permite ese comportamiento fisiológico. La Teoría CICO no es otra cosa que una hipótesis fraudulenta, pues está basada en premisas injustificadas y es presentada como si fuera una ley de la física: es pseudociencia.

Hecha esa aclaración, si al inyectar insulina la causa de acumular grasa corporal es una reducción del gasto energético o un aumento de la ingesta energética, es decir, que es como si hubiéramos comido “de más”, concepto fraudulento donde los haya, ¿hay alguna razón para que esa grasa corporal se acumule en nuestro cuerpo siguiendo una distribución diferente a la de la grasa ya acumulada? Cambiando un poco la pregunta: si la acumulación de la grasa corporal se produce por acción directa de la insulina en el tejido adiposo, ¿es previsible encontrar mayor acumulación de grasa corporal en las zonas cercanas a los sitios de inyección, donde la concentración de insulina será más elevada?

Bueno, pues empecemos por un resultado en ratas que comentaré más adelante en el blog (ver,ver). En ese experimento se encontró:

A significant hypertrophy of the fatty tissue at the site of repeated injections. This hypertrophy represents at least in part an actual increase in lipids, and there is evidence to indicate that this is due to an increased amount of fat stored in the individual fat cells.

Una hipertrofia significativa del tejido adiposo en el sitio de las inyecciones repetidas. Esta hipertrofia representa, al menos en parte, un aumento real en los lípidos, y hay evidencia que indica que esto se debe a una mayor cantidad de grasa almacenada en las células grasas individuales.

¿En qué hipótesis de las dos encaja mejor este resultado? Si la insulina simplemente hace que se reduzca el gasto energético, ¿por qué la grasa se acumula donde se pincha la insulina?

¿Se produce la lipohipertrofia en los lugares de inyección o puede suceder en cualquier punto del cuerpo? ¿Qué quiere decir “efectos lipogénicos locales“? ¿Qué quiere decir efecto anabólico directo de la insulina? ¿Cómo explica la Teoría CICO que la acumulación de grasa en la zona de inyección dependa del tiempo de contacto adipocito-insulina?

Lipohypertrophy is thought to be the direct anabolic effect of insulin on local skin leading to fat and protein synthesis and hence this is observed even with recombinant insulin preparations and continuous insulin infusion pumps. […] Changing insulin to rapid acting humanised insulin has been shown to decrease this side effect as adipocytes are in contact with insulin for short periods and thus local lipogenic effects are minimised (fuente)

Se cree que la lipohipertrofia es el efecto anabólico directo de la insulina en la piel local que conduce a la síntesis de grasas y proteínas y, por lo tanto, esto se observa incluso con preparaciones de insulina recombinante y bombas de infusión continua de insulina. […] Se ha demostrado que el cambio de insulina a insulina humanizada de acción rápida disminuye este efecto secundario ya que los adipocitos están en contacto con la insulina durante períodos cortos y, por lo tanto, los efectos lipogénicos locales se reducen al mínimo

Lipohypertrophy is the most common cutaneous complication characterized by a tumor-like swelling of the fatty tissue around subcutaneous insulin injection sites […] The pathophysiology of insulin-induced lipohypertrophy is generally thought to be the result of the lipogenic effects of insulin and adipocytes enlarge and hypertrophy due to stimulation of proliferation and differentiation of preadipocytes as explained in a classic paper from Japan by Fujikura et al. Microscopic examination of a resected insulin-induced lipohypertrophy lump showed nests of mature adipocytes expanding toward the dermal reticular layer. The hypertrophic adipocytes were twice as large as those from normal subcutaneous areas and contained numerous small lipid droplets. Electron microscopic analysis also revealed a minor population of small adipocytes, suggesting active differentiation or proliferation.(fuente)

La lipohipertrofia es la complicación cutánea más común, caracterizada una hinchazón de aspecto tumoral del tejido adiposo alrededor de los sitios de inyección subcutánea de insulina […] La fisiopatología de la lipohipertrofia inducida por insulina generalmente se piensa que es el resultado de los efectos lipogénicos de la insulina y los adipocitos engordan y se hipertrofian debido a la estimulación de la proliferación y diferenciación de los preadipocitos, como se explica en un artículo clásico de Japón de Fujikura y otros. El examen microscópico de un tumor de lipohipertrofia inducida por insulina resecado mostró nidos de adipocitos maduros que se expandían hacia la capa reticular dérmica. Los adipocitos hipertróficos eran dos veces más grandes que los de las áreas subcutáneas normales y contenían numerosas gotas pequeñas de lípidos. El análisis por microscopía electrónica también reveló una pequeña población de adipocitos pequeños, lo que sugiere una diferenciación o proliferación activa.

En la imagen, las flechas negras señalan la presencia de adipocitos de nueva creación en la zona de inyección de insulina. El efecto de la insulina es no sólo hipertrofiar los adipocitos maduros, sino crear nuevos adipocitos a partir de células precursoras.

Insulin-induced lipohypertrophy: report of a case with histopathology

Se sabe que la insulina fomenta la hiperplasia, es decir, la proliferación y diferenciación de preadipocitos que se convierten en nuevos adipocitos capaces de llenarse de grasa (ver). La imagen anterior procede de una observación in vivo de ese proceso.

En esta otra imagen podemos ver el efecto de pincharse insulina de forma repetida siempre en los mismos dos sitios:

¿Ha sido causada esa acumulación por un gasto energético reducido (que actuaría a través de la operación matemática del balance energético) o por acción anabólica directa de la insulina en el tejido adiposo? Seguramente la insulina le ha vuelto sedentario y el gasto energético reducido ha creado un “superávit calórico” que le ha engordado. Seguro que sí.

Hemos visto en el blog otros resultados en los que se relacionan de forma local la concentración de insulina y la acumulación de grasa corporal (ver,ver,ver). De hecho, se sabe que cuando se inyecta insulina, la acumulación de grasa corporal no es análoga a la acumulación de grasa corporal normal: en comparación se acumula más grasa subcutánea que visceral, lo que es coherente con el hecho de que en términos relativos a las concentraciones fisiológicas normales, con la insulina inyectada la concentración de insulina es más elevada en la zona subcutánea que en la zona visceral (ver,ver).

Tampoco olvidemos que la insulina es la principal hormona implicada en la acumulación de triglicéridos en los adipocitos (ver,ver). Sólo la creencia en la pseudociencia del balance energético, asumiendo sus injustificadas premisas (ver,ver), explica descartar de raíz su acción directa en el tejido adiposo. ¿Por qué no se considera la acción hormonal directa de la insulina en el tejido adiposo? Pues porque la Teoría CICO no permite considerar la fisiología del tercer término de la ecuación del balance energético, que es, ni más ni menos, el único término relacionado de alguna forma con el tejido adiposo.

Como comentario final, un experimento científico que ni siquiera se plantea que la insulina engorde afectando directamente al tejido adiposo, es presentado en twitter como supuesta prueba de que no es así cómo engorda la insulina. Mi consejo es que no nos fiemos de quien pone enlaces a artículos que supuestamente respaldan sus creencias: hay que abrir los artículos y analizarlos de forma crítica.

NOTA: aunque sea un obviedad, aclaro que confirmar que se cumple la Primera Ley de la Termodinámica (i.e. que las cuentas de calorías cuadran) no valida la Teoría CICO (ver,ver). Que las matemáticas tienen que cuadrar nadie lo pone en duda: es el comportamiento del cuerpo inventado en la Teoría CICO lo que no tiene fundamento. La Teoría CICO no es la Primera Ley de la Termodinámica, ni un corolario de la misma (ver).

NOTA: el papel de la insulina en la acumulación de grasa corporal es innegable. Basta con leer lo que está publicado en la literatura científica para ver que es así (ver,ver).

estos hallazgos corroboran, sin embargo, una cantidad sustancial de evidencia que muestra el excepcionalmente potente efecto engordante de la insulina, independientemente de las calorías consumidas (fuente)

Excepcionalmente potente efecto engordante, pero no porque sea engordante… ya sabes…

Leer más:

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Tener exceso de peso no es saludable, pero que se llame continuamente la atención sobre nuestro peso corporal, como se está haciendo, tampoco es saludable

Ésa es la excusa: que lo hacen porque están preocupados por nuestra salud:

como nutricionista, tampoco puedo pasar por alto a las personas que pretenden que la obesidad sea saludable

Nótese cómo “querernos y aceptarnos como somos” es retorcido para hacer creer que lo que se dice es que “la obesidad es saludable”. Tergiversan el mensaje para poder crear presión social para tener más clientes. Hacernos sentirnos mal con nuestro cuerpo es su forma de hacer negocio. ¿No quieres contratar sus servicios? Pues ellos crean presión social para que lo hagas.

Tener exceso de peso no es saludable, nadie dice lo contrario, pero, si tienes exceso de peso, que se llame continuamente la atención sobre nuestro peso corporal, como se está haciendo, tampoco es saludablees un riesgo para nuestra salud. Y es muy discutible que ayude lo más mínimo a resolver el problema de la obesidad. Tener exceso de peso no es saludable, pero no querernos como somos tampoco es saludable. Y hay personas que fomentan lo segundo porque dicen querer salvarnos de nuestra ignorancia en lo primero.

Tener interés económico en llamar la atención sobre el peso corporal de otras personas no te da derecho a hacerlo. Y si no tienes interés económico tampoco tienes derecho a hacerlo. Nadie tiene derecho a jugar con la salud de otras personas.

Nótese en la imagen anterior cómo se resalta “chica obesa que se acepta tal y como es“. ¿En qué cabeza cabe que aceptarnos tal y como somos pueda ser algo negativo? Estar a disgusto con tu cuerpo no te ayuda en nada. Quiérete, tengas el cuerpo que tengas.

Nótese en la imagen de la derecha cómo se habla de “opción”, como si tener obesidad fuera una elección que hacemos.

¿Qué persiguen esos mensajes?

¿Persiguen informar de que la obesidad es un “riesgo” para la salud? No. La gente ya ha sido informada de eso. No hay nueva información en esas acciones. ¿Entonces? Lo que supuestamente buscan esos mensajes no es informar, es concienciar y forzar un cambio de hábitos: parten del supuesto de que la gente no se da cuenta de que es obesa y de que es peligroso para la salud y asumen, porque sí, que una llamada de atención pública hará que cambien sus hábitos.

  • Se fomenta la atribución de control y, por tanto, se fomenta la estigmatización de la gente que tiene un problema de peso: se transmite la idea de que son personas que no quieren hacer lo que saben que deben hacer para tener salud. No importa si los que realizan esas acciones dicen que se está en contra del estigma y del fat-shaming: con esos mensajes se están fomentando.
  • Se presume de forma infundada que aumentar la presión social resulta en una motivación adecuada/útil y que los “hábitos saludables” difundidos por los “expertos” son solución para el problema. Es una presunción sin fundamento.

Todos sabemos que “come menos y muévete más” es la solución a la obesidad. Pero la gente no hace caso. Eso es lo que nos quieren hacer creer y ése es el cimiento en el que se construye el estigma de la obesidad.

¿La presión social no ayuda?

Imagina que tener un lunar en la nariz estuviese asociado con problemas de salud y que la gente creyera que hay un remedio efectivo para ese problema (una crema, por ejemplo). Imagina que tú tienes un lunar en la nariz y que no te gusta nada: te hace sentir feo. Imagina que constantemente en las redes sociales y los medios de comunicación la gente no hace más que hablar de lo indeseable que es tener ese lunar. Y ahora imagina que has intentado varias veces aplicar la crema y que no te hace efecto.

¿Te están ayudando en algo todas esas personas que no paran de hablar de lo peligroso que es para la salud tener ese lunar? ¿Te ayuda en algo sentir que cuando entras en una habitación la gente te mira como la persona que tiene el lunar? A diferencia de otras condiciones médicas, está a la vista, no puedes ocultarlo, todo el mundo ve tu lunar y te sientes fatal. No es una situación de broma. ¿De verdad tenemos derecho a estar constantemente resaltando una característica física de otras personas, demoliendo el concepto que esas personas tienen de sí mismas? ¿Demuestra eso nuestra preocupación o más bien nuestra falta de consideración?

Volviendo a la obesidad, a lo mejor en algún caso se trata de actos bienintencionados de personas ignorantes, pero eso no quiere decir que esos actos sean positivos ni que ayuden.

Canadian Obsiry Network. Algunos derechos reservados

La atribución de control

Supongo que los lectores habituales de este blog (¡gracias  por seguir ahí!) ven perfectamente dónde está el origen del problema: ¿por qué se asume sin más que existe un remedio para la obesidad? ¿por qué se asume sin más que esas personas saben lo que tienen que hacer y no lo están haciendo, o que no lo han intentado repetidamente sin éxito? ¿por qué se asume sin más que aceptar el cuerpo que se tiene es equivalente a no esforzarse en llevar una vida saludable? Yo puedo quererme al máximo, tenga el cuerpo que tenga, al tiempo que poner todo mi esfuerzo en seguir hábitos de vida que considere saludables.

Somos presa del paradigma energético, en el que se asimila problemas de peso con falta de interés o falta de esfuerzo por estar delgados. El problema es la atribución de control, fruto de la pseudocientífica teoría del balance energético:

Altogether, the body of research on weight attributions highlights that individuals with obesity are blamed for their weight due to its perceived controllability (fuente)

En conjunto, el grueso de la investigación sobre las atribuciones del peso destaca que los individuos con obesidad son culpados por su peso debido a la percepción de su controlabilidad

news media portrayals that frame obesity as a result of “personal responsibility” confirm attributions of controllability and blame. (fuente)

que los medios de comunicación enmarquen la obesidad como resultado de la “responsabilidad personal” confirma las atribuciones de controlabilidad y culpa.

El mensaje oficial es que sabemos lo que tenemos que hacer: comer menos y movernos más. Se nos dice que engordamos o no adelgazamos porque comemos “más de la cuenta” por culpa de un “entorno obesogénico” que nos ofrece productos con muchas calorías a precios muy asequibles. ¡El problema está en nuestro cerebro! La obesidad deja de ser vista como una condición fisiológica y se interpreta como un problema de comportamiento (ver):

one’s levels of eating and exercise, even in an obesogenic environment, are voluntary; so there is something individuals can do to avoid obesity, and thus the associated risk of morbidity. (fuente)

los niveles de alimentación y ejercicio, incluso en un entorno obesogénico, son voluntarios; así que hay cosas que los individuos pueden hacer para evitar la obesidad y, por lo tanto, el riesgo asociado de morbilidad.

Motivos ambientales, sociales, estrés, depresiones, falta de educación nutricional, etc etc, indudablemente es nuestra decisión pero en una inmensa mayoría de veces no sabemos gestionar ciertas emociones q tenemos relacionadas cn la comida y nunca nos han enseñado a trabajarlas.

¿Indudablemente es nuestra decisión tener obesidad? Ahí tenemos la atribución de control: sabes lo que tienes que hacer para dejar de ser obeso y no lo estás haciendo.

Pequeño resumen: se nos hace creer que los “expertos” nos están diciendo cuáles son los hábitos que tenemos que seguir para dejar de ser obesos. Por tanto, si eres obeso se deduce que no sigues esos consejos. Y como es algo peligroso para la salud, evidentemente no te estás preocupando por tu salud. Y a partir de ahí la gente se siente autorizada a señalar con el dedo constantemente nuestro cuerpo. Se sienten autorizados a crearnos malestar con nuestro cuerpo, ¡por nuestro bien! Pero ese tipo de presiones nunca han demostrado ser efectivas. Y pueden hacer daño a la salud física y mental de los obesos.

¡Pues con el tabaquismo la presión social funcionó!

El tabaquismo tiene una solución evidente: no fumar o cualquier método que lleve a ese fin. Si crees que la solución evidente para adelgazar es “comer menos y moverse más”, o cualquier método que te lleve a ese fin, sencillamente no sabes de lo que hablas (ver). ¿Cuáles son los hábitos saludables que nos sacan de obesos? Por supuesto, pregunto por métodos avalados por evidencia científica. No hay ninguno (ver,ver). Y no hay ninguna evidencia de que, en particular, la dieta de las harinas, la promovida desde nuestras instituciones públicas, cuando es consumida con “moderación” sea un remedio efectivo para la obesidad. Nos quieren hacer creer que sí, pero no es cierto.

Pero en temas de obesidad la evidencia científica no se considera necesaria, porque tenemos la creencia en una estúpida teoría que nos da explicaciones y remedios (ver,ver). ¿Que no funciona en la práctica? Pues será que la gente no sigue el consejo. Y es que ya sabemos que los obesos somos vagos y glotones (ver).

¿Presión social sin ofrecer al mismo tiempo un tratamiento efectivo?

when we highlight a health risk but fail to provide actionable steps people can take to prevent it, the response is often either denial or some other dysfunctional behavior […] We need to fight obesity, not obese people (Marsha Davis)

cuando se resalta un riesgo de salud pero no se proporcionan medidas prácticas que la gente puede tomar para prevenirlo, la respuesta es o bien negación o bien cualquier otro comportamiento disfuncional […] Hay que combatir la obesidad, no a los obesos

Si lo único que hacemos es poner en el centro de atención el peso corporal de las personas, lo único que estamos haciendo es bullying a las personas que tienen exceso de peso. Estamos haciendo que se sientan a disgusto con su cuerpo, estamos haciendo que los ignorantes se crean con derecho a opinar continuamente sobre sus cuerpos en las redes sociales, estamos haciendo que las personas que tienen exceso de peso se sientan constantemente juzgadas por su peso corporal.

Insisto en que una de las cuestiones clave es, a mi entender: ¿se están proporcionando esas medidas que de ser aplicadas revertirían el problema? No pregunto por la charlatanería del balance energético: estoy preguntando por evidencia científica de un método efectivo para adelgazar y, por supuesto, evidencia de que ese método es el que se propone actualmente a la persona que tiene problemas de peso. Porque de otro modo estamos creando presión sólo para hacer daño y porque queremos hacer daño.

¿Cuáles son los efectos constatados científicamente de seguir los “hábitos saludables” divulgados por los expertos?

¿Cuáles son los efectos constatados científicamente de hacer continua referencia al cuerpo de los obesos como un peligro para su salud? ¿Cuáles son los daños que hacen estas acciones?

¿Por qué estamos haciendo la vista gorda al hecho de que los actos de hostigamiento a los obesos nunca han demostrado funcionar? ¿Por qué estamos haciendo la vista gorda al hecho de que los “hábitos saludables” de los expertos en obesidad nunca han demostrado funcionar para revertir la obesidad? ¿Nos da igual que no exista evidencia científica que respalde los mensajes porque “sabemos” la verdad? ¿Por qué hacemos la vista gorda al hecho de que esos mensajes pueden estar haciendo más mal que bien?

“Perfecto, pues dejemos entonces que cada vez haya más obesidad”

Informar sobre la ineficacia del método es querer que haya cada vez más obesidad. Claro que sí. Si no das por buena la pseudociencia y charlatanería de las/los nutricionistas entonces es que estás a favor de que la obesidad vaya a más. Deberíamos aplicar esos argumentos a todo: si un charlatán dice que cura el cáncer con pensamientos positivos, explicar que esa idea es una patochada es no querer curar el cáncer…

Hablar negativamente del cuerpo de una persona puede hacerle daño

La presión social no sólo nunca ha dado resultado, es que además puede hacer daño.

Given the uncertainty of the balance between ‘benefit’ and harm associated with community-based programmes and social marketing campaigns that specifically target the undesirability of obesity, the approach to controlling the increasing prevalence of this condition should shift towards dietary and physical activity interventions where there is a better established evidence base and a stronger prospect of benefit

Dada el incierto balance entre “beneficio” y daño asociado con los programas basados ​​en la comunidad y las campañas de marketing social que destacan específicamente lo indeseable de la obesidad, el enfoque para controlar la creciente prevalencia de esta condición debe cambiar hacia intervenciones de actividad física y dietaria donde hay una base de evidencia mejor establecida y una previsión más sólida de beneficio

Discrepo de que exista una previsión de beneficio más sólida con los “hábitos saludables” transmitidos desde nuestras instituciones. Me quedo con la idea de que insistir en lo indeseable de tener exceso de peso no ha sido solución a nada, y puede hacer daño a la salud de la gente:

Overall, then, these stigmatizing public health campaigns are unlikely to have the intended positive benefits and may even have unintended negative effects arising from the stigmatization (fuente)

En general, entonces, es poco probable que estas estigmatizantes campañas de salud pública tengan los beneficios positivos previstos e incluso pueden tener efectos negativos no deseados derivados de la estigmatización.

Public health campaigns should focus on facilitating behavioral change, rather than stigmatizing obese people, and should be grounded in the available empirical evidence. Fundamentally, these campaigns should, first, do no harm. (fuente)

Las campañas de salud pública deben centrarse en facilitar el cambio de comportamiento, en lugar de estigmatizar a las personas obesas, y deben basarse en la evidencia empírica disponible. Fundamentalmente, estas campañas deben, en primer lugar, no hacer daño.

¿Qué daño pueden hacer?

  • Una imagen negativa del propio cuerpo está asociado a desarrollar un desorden alimentario (fuente,fuente,fuente). Y no es la única forma de auto-daño que puede resultar de una baja autoestima.
  • Casi nadie adelgaza y la mayoría de los obesos se culpan a sí mismos por el fracaso. Someter a las personas a una experiencia de fracaso se añade a la carga psicológica del estigma y la presunción de que la obesidad está asociada a condiciones psicopatológicas (fuente).
  • Fomentar el estigma con intención de que se cambien los hábitos puede tener el efecto contrario en algunas personas: desmotivar y reducir la adhesión a unos hábitos dietarios y de ejercicio físico saludables (fuente,fuente).

¿De verdad queremos ayudar?

Where is the evidence that inculcating a sense of spoiled identity is a good way to get people to adopt healthier behaviors? (fuente)

¿Dónde está la evidencia de que inculcar un sentimiento de identidad dañado es una buena forma de hacer que la gente adopte comportamientos saludables?

Dejemos de meter presión a la gente por su peso. Si algo no necesita una persona con exceso de peso es que le estén recordando continuamente que tiene exceso de peso. Os aseguro que lo sabe. Lo que necesita es un método que le sirva para adelgazar: uno que venga avalado por la evidencia científica, no por charlatanería y juegos de palabras. Los obesos no dejaremos de serlo con comprensión ni optimismo ni buenas palabras: es un remedio efectivo para la obesidad lo que no se está proporcionando.

¿Quieres lanzar mensajes que ayuden? Pues centra la atención en las verdaderas causas del problema: seguimos adorando la pseudociencia del balance energético y seguimos recetando un tratamiento para la obesidad, el “come menos y muévete más” que no tiene más fundamento que la estupidez humana. Eso daña la salud de la gente, haciéndonos creer que el fracaso del método es culpa nuestra, de los obesos. ¿Quieres ayudar? Informa de la efectividad real del método, documentada en la literatura científica. En lugar de tirar de prejuicios, difunde información veraz. La información veraz siempre ayuda, mientras que la falsa esperanza no cura a nadie y hace daño.

Leer más:

 

“La obesidad, por definición, es un descontrol de los impulsos”

¿Por definición? Menuda burrada: es confundir lo que dice una teoría estúpida y pseudocientífica con la definición de una condición fisiológica.

Hypothalamic and Genetic Obesity in Experimental Animals: an Autonomic and Endocrine Hypothesis

Our discussion of hypothalamic obesity could take many points of departure and move in one of several directions. It could focus on the behavioral aspects of the obese animals, since all obesity results from an excess intake of energy relative to energy expenditure. Since energy is obtained from food, and the ingestion of food is a behavioral process, this would be a rational approach and has been taken by some recent reviews in this field

Nuestra discusión sobre la obesidad hipotalámica podría tomar muchos puntos de partida y moverse en una de varias direcciones. Podría centrarse en los aspectos conductuales de los animales obesos, ya que toda obesidad resulta de una ingesta energética excesiva en relación con el gasto energético. Dado que la energía se obtiene de los alimentos, y la ingestión de alimentos es un proceso conductual, éste sería un enfoque racional y ha sido asumido en algunas revisiones recientes en este campo

Es la estúpida y pseudocientífica “teoría del balance energético”. En este caso publicada hace 40 años.

Toda obesidad resulta de una ingesta energética excesiva en relación con el gasto energético

En toda acumulación de energía en un órgano/tejido entra más energía en el órgano/tejido de la que sale. Pero de ninguna manera de eso se deduce que se acumule en el órgano/tejido porque entra en el cuerpo más de la que sale (ver,ver,ver).

  • ¿Crece un niño porque come más de lo que gasta? No. La causa es hormonal/fisiológica.
  • ¿Crece el músculo porque comemos más de lo que gastamos? No. La causa es hormonal/fisiológica.
  • ¿Crece un tumor porque la persona come más de lo que gasta? No. La causa es hormonal/fisiológica.
  • ¿Crece el cuerpo de una mujer embarazada porque come más de lo que gasta? No. La causa es hormonal/fisiológica.
  • ¿Crece el cuerpo de un niño que sufre de gigantismo porque come más de lo que gasta? No. La causa es hormonal/fisiológica.

En todos los ejemplos anteriores cuando los tejidos crecen hay acumulación de energía en los tejidos, y en ningún caso la causa del crecimiento es que consumimos más energía de la que gastamos. En ningún caso. Y las leyes de la física son las mismas para la obesidad y para cualquier otro crecimiento de un tejido vivo.

Toda obesidad resulta de una ingesta energética excesiva en relación con el gasto energético

No. No hay razones para pensar que ésa es la causa. De hecho, es una estupidez incuestionable creer que esa idea deriva de las leyes de la física.

El gigantismo resulta de una ingesta energética excesiva en relación con el gasto energético.

El crecimiento de un tumor es, por definición, un descontrol de los impulsos.

Si ganas peso porque te está creciendo un tumor, has comido por encima de tus necesidades energéticas, ¿no? ¿Se define en tal caso el crecimiento de un tumor como un descontrol de los impulsos? ¿Si crece es porque no has comido la cantidad de comida correcta? (ver)

A partir de ese error, a partir de esa descomunal estupidez, viene el resto de la charlatanería energética: puesto que la obesidad es el resultado de “comer más de la cuenta” y comer es un comportamiento, la obesidad tiene su causa en un comportamiento inadecuado. Y cuando el tratamiento fracasa, la causa está clara: aguantaste comer con moderación durante un tiempo, pero has vuelto a comer “de más”.

Para no recuperar tu peso te va a tocar cambiar a largo plazo (durante toda tu vida) el consumo/gasto de calorías. Si vuelves a las kcal iniciales y al gasto inicial, vuelta al peso inicial (o superior). Visto esto, es fácil entender el motivo de que las dietas como tal no funcionen nunca. Se trata de un cambios de hábitos, un cambio de estilo de vida. Alejandro Gayo

Ésta es la situación en la que estamos: los “expertos” en obesidad son incapaces de salir de charlatanería que vienen repitiendo durante los últimos 80 años. Y esta increíble estupidez tiene víctimas: la población obesa, y también los que no son obesos pero que lo serán por culpa de confiar en que nuestras instituciones son competentes en materia de nutrición y obesidad.

Leer más:

“Si quieres adelgazar: menos plato y más zapato”

Este tipo nos cuenta que tras 9 años interesado en el campo de la nutrición, ha llegado a la flamante conclusión de que para adelgazar la solución es “menos plato y más zapato“. Una “verdad universal”, nos dice.

Puesto que pone sus 9 años de interés en el campo de la nutrición como aval de esa estupidez, cabe preguntarle cuál es la evidencia científica de que ese consejo sirve para adelgazar. Tras esos 9 años de búsqueda de la verdad, ¿cuántos artículos científicos nos puede aportar de que ese consejo se ha demostrado efectivo para perder una cantidad importante de peso (20-25 kg) y mantener lo perdido a largo plazo (4-5 años)?

La respuesta ya la sabemos: no va a aportar ninguno, porque ese consejo ha fracasado sistemáticamente en los experimentos científicos (ver,ver). Y también en la vida real.

¿Y cómo justifica este tipo su “verdad universal”? Pues en base a argumentos simplistas que confunden una tautología mal aplicada con un mecanismo fisiológico. Ésa es la única base del consejo: la estupidez humana.

pero si comes mucha cantidad tampoco adelgazarás (fuente)

¿Entonces hacemos una hipercalórica para perder grasa? (fuente)

El único argumento de las expresiones anteriores es el empleo falaz de términos tautológicos (“mucha cantidad”, “hipercalórica”) que hacen creer que nuestro cuerpo funciona a base de cantidad.

Nótese cómo la charlatanería caloréxica no tiene más base que juegos de palabras falaces. Es imposible defenderla sin emplear trampas en el lenguaje.

Para acabar, reproduzco un pequeño desafío que lancé hace unos días a los caloréxicos (ver):

Defended vuestra pseudociencia con argumentos. Por ejemplo, demostrad que las leyes de la física garantizan que la dieta hipocalórica funciona, suponiendo que se mantiene en el tiempo, para perder una cantidad importante de peso y mantener lo perdido a largo plazo.

Las normas del desafío:

  1. No podéis emplear falacias en la argumentación: por ejemplo, no podéis emplear la falacia de petitio principii, dando por supuesto en las premisas un resultado (ver). Por la misma razón, no podéis emplear los términos “déficit calórico” ni “superávit calórico”, pues implícitamente dan por supuesto un resultado (ver). Además, estos términos tienen doble definición y en sí mismos son un claro caso de falacia de ambigüedad (ver).
  2. Tenéis que ser 100% rigurosos en el planteamiento. Por ejemplo, en ningún momento podéis hablar del tejido adiposo si la primera ley de la termodinámica la aplicáis en todo el cuerpo (ver). Tampoco podéis suponer una causalidad injustificada en la primera ley de la termodinámica (ver). Las trampas en el lenguaje no son compatibles con la ciencia. ¿Pretendéis estar defendiendo una ley de la física? Pues hacedlo con rigor en todo momento.
  3. Cuando hayáis terminado, tenéis que aplicar vuestro mismo razonamiento al crecimiento de un tumor (ver) y explicar si habéis demostrado que en ese caso también tiene que funcionar la teoría CICO para controlar el crecimiento del mismo. ¿Crece un tumor porque se establece un “superávit calórico”, es decir, porque comemos por encima de nuestras necesidades energéticas? ¿Es establecer un “déficit calórico”, es decir comer menos de lo que se gasta, el tratamiento obvio si se busca reducir su tamaño? Una vez hayáis contestado a las preguntas, explicad por qué la teoría CICO propone causas y soluciones estúpidas en este caso.

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“Si no puedes adelgazar, no es culpa tuya”

Prospective and controlled studies of the actions of insulin and catecholamine in fat cells of obese women following weight reduction

En la tabla he resaltado el tamaño medio de los adipocitos en

  1. personas que han bajado de peso y
  2. personas “control” que tienen su misma composición corporal, pero no vienen de obesas.

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Since BMI, fat distribution and body fat content were similar in obese subjects and their controls, the results imply that adipose hyperplasia (at least in abdominal subcutaneous adipose tissue) is a major feature of weight-reduced obese subjects.

Dado que el IMC, la distribución de grasa y el contenido de grasa corporal fueron similares en sujetos obesos y sus controles, los resultados implican que la hiperplasia adiposa (al menos en el tejido adiposo subcutáneo abdominal) es una característica importante de los sujetos obesos que bajan de peso.

Para que esas mujeres que han perdido peso se mantengan delgadas, sus adipocitos, sus células grasas, se han de mantener un 27% más pequeños que los de las mujeres que nunca han engordado. ¿Y por qué tendrían que mantenerse más pequeñas sus células grasas que las de esas otras mujeres? Es posible que las células grasas simplemente tiendan a tener un cierto tamaño (ver), por lo que quizá mantener los adipocitos mucho más pequeños que el de otras personas, porque sí, sea poco menos que imposible.

¿Es éste un problema que se da en la vida real? Yo diría que sí. La siguiente gráfica (ver) muestra el tamaño de los adipocitos frente a la masa grasa del cuerpo en cientos de personas. Si dos personas tienen la misma masa grasa y una tiene los adipocitos mucho más llenos que la otra, eso significa que la segunda tiene un exceso de adipocitos, es decir, su tejido adiposo ha sufrido hiperplasia (crecimiento del número de adipocitos). Por ejemplo, el individuo marcado con la X tiene la misma cantidad de masa grasa (50 kg) que el individuo marcado con la Y, pero los adipocitos de X están más gordos, luego X tiene menos adipocitos que Y. Menos, pero más llenos.

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Para mantener la misma grasa corporal que X, Y tiene que mantener sus adipocitos 2-3 veces más pequeños que los de X. Y aun así, eso le supone tener 50 kg de grasa corporal. Sigue siendo obeso y quizá sea irreal pretender que esa persona puede moverse a la zona que he marcado en amarillo y mantener a largo plazo unos adipocitos anormalmente vacíos. ¿Por qué iba a ser eso así? Y quizá exista una razón fisiológica para que la zona marcada en amarillo esté tan vacía. Nótese que si X tuviera los adipocitos igual de llenos que Y, sólo tendría 20 kg de masa grasa.

Esta gráfica muestra que prácticamente todas las personas que tienen exceso de masa grasa tienen mayor número de adipocitos que una persona que nunca ha engordado. En esta gráfica, el grado de hiperplasia del tejido adiposo viene marcado por la recta que une cada punto con el origen de coordenadas. Cuanto más se inclina esa recta, mayor es la hiperplasia. He resaltado en la gráfica las rectas de los casos extremos.

Imagínate el panorama: para conseguir dehacerte de los 100 kg que te sobran echas mano de fuerza de voluntad y comes como un pajarito. Temporalmente consigues bajar 50 kg, pero todavía tienes un exceso de 50 kg. Tus adipocitos están deseando volver a un volumen normal y, además, la restricción calórica está haciendo mella en tu fisiología, causando que te engorde hasta respirar (ver). Puedes intentar comer menos aún, pero tus adipocitos no quieren vaciarse más, sino todo lo contrario: quieren crecer en tamaño. Comer menos aún en este caso sería intentar combatir un proceso fisiológico que no entiendes con una operación matemática que tampoco entiendes (ver).

Si quieres, puedes

Si algo no puede ser, toda la fuerza de voluntad del mundo no te va a servir para nada. Pero si has creído que todo era cuestión de “comer menos y moverse más”, vas a acabar culpándote por no conseguir resultados. Nos han hecho creer que el método, la restricción calórica, funciona y que el fracaso es por los deslices. Y como somos humanos, casi seguro que ha habido deslices. Los “profesionales” se han encargado de dejar claro que la culpa del fracaso la tenemos los obesos, por nuestra falta de fuerza de voluntad.

Kindke hace en su blog unas interesantes recomendaciones para intentar bajar de peso, en caso de que decidas intentarlo, pero lo que resalto es su comentario final:

If you stick to all these points and still find yourself fat or failing to get to your goal weight, its not your fault, you have just created so much fat tissue growth that its not reversible, only liposuction will help.

Si te adhieres a todos estos puntos y aún así sigues gordo o no consigues tu peso objetivo, no es culpa tuya, sencillamente has sufrido un crecimiento del tejido adiposo que no es reversible. Sólo la liposucción ayudará.

Si no puedes adelgazar, no es culpa tuya.

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Come mal hasta que haya daños a tu salud o a la de tu familia

Si no tengo tendencia a engordar, ¿por qué tengo que renunciar al azúcar?

Si eres capaz de consumir productos no saludables con moderación, ¿por qué no hacerlo?

El concepto de moderación es curioso y tramposo: nadie sabe definir lo que es “moderación”. Si consumes esos productos y acabas con problemas de salud, es que te has pasado. Y si no tienes problemas de salud, entonces has sabido consumirlos “con moderación”. O dicho de otra forma, el consejo de la moderación es: consúmelos hasta que tengas constancia de que han dañado tu salud. Una gran idea.

Y cuando eres padre, la apuesta de la moderación significa educar a tus hijos en que el consumo de los “productos comestibles” es normal. Con los hijos las explicaciones teóricas y las charlas van a dar un poco igual: es el ejemplo lo que cuenta. Si tú no quieres o no puedes renunciar a ciertos productos, estás educando a tus hijos para que consuman esos productos, tanto cuando todavía están contigo como cuando se independicen. Y quizá tú no acabes con problemas de salud o de peso, pero a lo mejor estás sembrando y abonando que ellos sí. ¿Miedo a que te reprochen “no haber disfrutado de la vida” por no consumir azúcar y otras porquerías? Ojalá mis hijas puedan reprocharme eso en el futuro, porque querrá decir que he cumplido en mi labor educativa.

¿Moralista? No quiero serlo. Me preocupa la falta de información. Es posible que haya familias que ni siquiera se han planteado la lotería a la que juegan con su actual forma de comer y familias que cuando se den de bruces con esos problemas ni siquiera sospechen que la causa puede ser su alimentación. Me temo que más de una familia ante los problemas de salud va a creer que comiendo “menos de lo mismo” se resuelven. Es lo que yo pensaba cuando estaba gordo y enfermo (hígado graso y reflujo). Si alguien de forma informada decide que quiere comer esos productos, pues adelante, como quien decide fumar o fuma en presencia de sus hijos. Salvo que sea un familiar directo, padres o hijos, en cuyo caso no me guardaré mi opinión.

En definitiva, al menos deberíamos plantearnos si comer mal hasta que aparezcan los problemas de salud es lo que realmente queremos hacer.

 

Si no entendemos las causas de la obesidad, vamos a seguir sin poder prevenirla

Primera ley de los prejuicios: si ya conoces una respuesta que encaja con tus ideas preconcebidas, no necesitas perder el tiempo estudiando el problema. Lo que tienes que hacer es educar a los demás, porque evidentemente están desinformados.

Comparison with ancestral diets suggests dense acellular carbohydrates promote an inflammatory microbiota, and may be the primary dietary cause of leptin resistance and obesity

it has been widely reported that unless grains or refined foods had arrived, all bore remarkably low incidences of “Western diseases,” including obesity […] Those populations that transitioned to a Westernized diet invariably developed Western metabolic diseases,

se ha reportado ampliamente que a menos que aparezcan los granos [cereales] o los alimentos refinados, todos tenían remarcablemente baja incidencia de las “enfermedades de la civilización”, incluida la obesidad […] Aquellas poblaciones que se pasan a la dieta occidental, sin excepción desarrollan las enfermedades metabólicas de occidente

Como podemos ver en la tabla, consumiendo una dieta basada en productos frescos, la obesidad es inexistente:

Asumo que lo que afirma la cita anterior, y que se muestra en la tabla, es cierto. Si alguien conoce un pueblo que no consuma azúcar, harina y aceites de semillas, que se alimente de los productos frescos que encontramos en la naturaleza, y que en esas condiciones tenga problemas de obesidad, agradecería que me lo contara. ¿Un pueblo que sufre obesidad incontrolable comiendo carne, pescado, huevos y verdura? ¿Alguien sabe de un caso así?

La teoría del balance energético

Como he explicado copiosamente en el blog, la teoría del balance energético es una teoría pseudocientífica que inventa el comportamiento del cuerpo humano a partir de juegos de palabras siempre falaces (ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver). En esencia, lo que esta teoría propone es que engordamos cuanto nuestra ingesta supera nuestro gasto energético y adelgazamos cuando la ingesta está por debajo del gasto energético.

De forma gráfica, una persona cuya ingesta se mantuviera en la zona marcada en rojo en la gráfica de abajo a la izquierda mantendría su peso a largo plazo. Según esta teoría, si en término medio y de forma recurrente ingerimos más energía que el gasto energético que tiene nuestro cuerpo, engordaremos. Sería lo que he representado en la gráfica de la derecha: la ingesta está más veces por encima del gasto energético que por debajo.

                    

Por supuesto, para perder peso lo único que es necesario es reducir de forma sostenida la ingesta energética. Y si no funciona, se deduce que el cliente no ha seguido las instrucciones (ver). Porque “se ha contrastado” que si sigues el método adelgazas (ver).

Otra visión del problema

Como decía al principio, la teoría del balance energético es pseudociencia. Sólo la pura casualidad haría que nuestro cuerpo se comportase en la realidad como esa teoría propone (ver). No le sucede a ningún animal (ver).

Lo que cuento ahora es otra forma de interpretar el problema, que a mí me parece que encaja mejor con la realidad. Está basada en las siguientes ideas:

  • Como hemos visto en el artículo con el que he empezado esta entrada, la gente que consume sus dietas tradicionales, basadas en productos frescos, presentes tal cual en la naturaleza, no tiene un problema obesidad. Desde el momento en que el azúcar, la harina y los aceites de semillas entran a formar parte de la dieta esa realidad cambia.
  • Asumiendo como cierto que nuestro cuerpo tuviera un gasto energético fijo (algo que es falso), sería imposible ajustar la ingesta energética con suficiente precisión y regularidad para no engordar. Y sin embargo, esas comunidades del mundo de las que hablo no engordan y ni siquiera intentan contar calorías. Nuestro cuerpo no funciona como propone la teoría CICO.
  • Nuestro cuerpo tiene mecanismos fisiológicos que le permiten adaptarse cada día a la cantidad de comida ingerida, disipando en forma de calor lo que sobra (ver,ver,ver). La existencia de esos mecanismos hace absurdo dar por supuesto que existe un gasto energético fijo y que el problema es “comer más de la cuenta”.
  • En el mismo sentido, ¿hay animales que, viviendo en su hábitat natural y consumiendo su dieta natural tengan un problema de obesidad? ¿Asumimos sin más que simplemente comen los animales exactamente la cantidad que necesitan comer para sus necesidades energéticas? ¿Todos aciertan con la cantidad de comida? (ver)
  • Ningún crecimiento de un tejido en un ser vivo es controlable gestionando la cantidad de comida, salvo en casos extremos que no desmienten esta realidad: crecimiento de un niño, mujer que gana peso durante su embarazo, crecimiento de un tumor, joroba de búfalo, desarrollo de los pechos en una adolescente, gigantismo, etc. (ver,ver,ver) El tejido hace lo que decide hacer, al margen de cuánto comemos o cuánto ejercicio hacemos.

 

                      

En esos pueblos de los que hablaba al principio, el comportamiento sería el que muestro en la gráfica de la izquierda (sobre este párrafo): engordar o adelgazar no dependería de cuánto comemos. Diversos casos de ingesta energética y de actividad física dan el mismo resultado: mantenimiento del peso corporal. Sería la zona marcada en rojo. Por supuesto, si a estas personas las sacamos de la “zona normal”, la zona en la que el cuerpo puede hacer funcionar sus mecanismos de autorregulación, obtenemos otro resultado: si te mueres de hambre o si te obligas a comer por 10, perderás peso o ganarás peso (de forma poco saludable). Pero eso no es el caso normal, son situaciones extremas cuya existencia no significa que la zona normal no exista y que, evidentemente, no se rigen por el mismo comportamiento fisiológico. A priori un caso extremo no puede ser empleado como referencia sobre lo que sucede cuando la ingesta sí está en rango de normalidad (ver). Un detalle importante es que comiendo así el cuerpo no tiene tendencia a salirse de la zona normal de funcionamiento. No hay atracones y no sigues comiendo cuando ya estás saciado.

En la gráfica anterior, en la parte de la derecha, he representado también la que podría ser la situación actual, la que nos hace subir de peso:

  1. Por un lado, la dieta se ha vuelto engordante, por lo que la curva se ha desplazado ligeramente hacia arriba, haciendo que casi al margen de cuánto comemos, vayamos a subir de peso poco a poco. 3-4 gramos ganados cada día a partir de los 20 años pueden explicar que una persona sea obesa a los 40-50 años. Algunos privilegiados no se verían afectados por el cambio de dieta, pero muchos otros sí. Y no hay ninguna razón para pensar que la grasa corporal se acumula por ser excesiva la ingesta. Creer que esa idea deriva de las leyes de la física es la mayor estupidez cometida por el ser humano en toda su historia (ver).
  2. Pero además, el consumo de esos productos creados por el hombre, diseñados para resultar muy apetecibles, hace que la ingesta de comida esté aumentada. Nótese, que, en este supuesto, según la gráfica, cuanto más se come más se engorda, pero la causa real del engorde no es la cantidad de comida, sino el cambio en la composición de la dieta: abandonar la dieta tradicional basada en productos frescos y abrazar los farináceos, el azúcar y los aceites inventados por el hombre.

Por si no lo estoy diciendo suficientemente claro, en mi opinión, para lo que más nos importa, que son nuestros hijos, la mejor medida preventiva es una dieta paleo o evolutiva.

¿Es posible perder peso con la dieta hipocalórica?

Bajo el supuesto que describo, sin salir de la dieta de las harinas, ¿es posible adelgazar? ¿es posible reducir la ingesta energética para situarnos en el punto rojo que vemos en la gráfica de abajo a la izquierda? ¿Conseguiríamos perder peso de mantenernos en esos niveles de ingesta?

             

La respuesta nos la da la evidencia científica: no existe constancia de que eso sea posible para la mayor parte de los que necesitamos perder peso (ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver). Y se sabe que el cuerpo humano, al igual que el de cualquier otro animal, pone en marcha mecanismos protectores que le hacen ser más eficiente engordando en condiciones de restricción de la cantidad de comida (ver). Es una ventaja evolutiva, una protección. Ese mecanismo se traduciría en que la curva no se estaría quieta, sino que se desplazaría hacia arriba, haciendo que al cabo de unos meses, con la misma ingesta energética, la pérdida de peso inicial se convierta en estancamiento del peso e incluso lenta ganancia de peso, hasta recuperar lo poco perdido (ver). En la gráfica de la derecha, el desplazamiento hacia arriba de la curva tendría dos causas:

  1. el abandono de la dieta tradicional, y
  2. una fisiología que se ha protegido frente a la restricción de comida.

Pero nótese que no afirmo que la pérdida de peso se paralice porque el gasto energético se ha reducido: esa causalidad sólo existe, a priori, en el mundo de las matemáticas. Es decir, en la pseudociencia del balance energético.

En cualquier caso, la conclusión relevante es que las leyes de la física nada tienen que decir sobre cuál es la respuesta de un animal a la falta de alimento. Creer que las leyes de la física garantizan la restricción calórica como método para adelgazar es propio de mendrugos sin neuronas. O de mendrugas sin neuronas.

Notas finales

  1. Las conclusiones derivadas de experimentos en los que se sigue una dieta occidentalizada no necesariamente son aplicables a otro tipo de dietas, especialmente las de orientación paleo.
  2. Las conclusiones derivadas de experimentos que nos sacan de nuestra zona de funcionamiento normal, por ejemplo experimentos de sobrealimentación, no necesariamente son extrapolables a lo que le sucede a quien consume una cantidad normal de comida (o una dieta diferente). Especialmente si la dieta empleada es alta en productos que no son comida, como el azúcar o las harinas de cereales.
  3. La comparación isocalórica de la dieta occidental con otras dietas es interesante desde el punto de vista académico/científico, pero falsea la realidad, pues no está nada claro que las ingestas ad libitum vayan a ser idénticas.

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