¿Qué podemos hacer los padres?

¿Qué podemos hacer los padres para atajar el exceso de peso de nuestros hijos?

Lo que debemos tener claro es que nuestros hijos son responsabilidad nuestra, de sus padres, no de terceros. Y hay cosas que no se explican, se enseñan. Es irrelevante si nuestros hijos conocen la definición de honradez, solidaridad o empatía: lo que necesitan en casa no es una explicación teórica, es un modelo de comportamiento del que aprender. A nuestros hijos no tenemos que ponerles un vídeo explicándoles lo que es comer de forma saludable: tenemos que ponerlo en práctica y tienen que vivirlo. Eso enseña, mientras que ponerles un vídeo sólo salva las apariencias y tranquiliza conciencias. Explicar de forma razonada por qué hemos cambiado de hábitos alimentarios también es enseñar: hay una razón, y es que nos importan y que tomamos esas medidas porque les queremos. Y que vean que lo cumplimos les enseña que realmente es importante. Decirles que es importante no enseña nada.

Tenemos un gravísimo problema de malinformación procedente de las fuentes que —lamentablemente— creemos de confianza. No necesitamos más educación: necesitamos dudar de la “educación” nutricional recibida hasta el momento. Eso ya sería un gran avance. Lamentablemente, también nuestros hijos van a recibir esa malinformación. Para mí, lo sensato es volver a alimentarnos con lo que sabemos que es comida. Y no necesitamos que un “experto” nos diga qué es comida y qué no lo es: ¿puede un animal encontrar ese alimento tal cual en la naturaleza? Lo extremista, por el contrario, es apostar la salud de nuestros hijos a que se puede seguir consumiendo no-comida sin que haya consecuencias a largo plazo. No hagamos esa apuesta.

¿Podemos hacer algo los padres? Sí. Informarnos de forma crítica sobre nutrición y obesidad y replantearnos qué estamos haciendo en nuestra familia. No podemos delegar en otras personas ni la labor de aprender ni la decisión de cómo tenemos que alimentarnos. Y luego ser coherentes con la decisión que tomemos, porque si algo saben detectar los niños son las incoherencias.

Miguel Franco ha generado tres nuevos vídeos sobre nutrición (más abajo pongo los enlaces). Son vídeos destinados en principio a sus alumnos, supongo, pero en mi opinión deberíamos verlos los padres. Y plantearnos qué estamos haciendo con nuestra alimentación y con la de nuestros hijos. Y, seamos realistas, muchos de nosotros vamos a asumir que lo de la alimentación saludable no va con nosotros, que sí, que nuestros hijos han cogido algo de peso, pero que ¡son niños! y que tienen que disfrutar de la comida basura, porque es lo que corresponde a su edad. Nada nuevo: buena parte de las familias que comen mal creen que lo de la alimentación saludable no va con ellos, que pueden seguir comiendo “lo mismo pero menos” y que no va a pasar nada. ¿De verdad nos extraña, tras décadas de lavado de cerebro con la pseudociencia del balance energético? Y si los padres tenemos las prioridades torcidas, ningún vídeo que veamos va a salvar a nuestros hijos, por bueno que sea. Pero a buen seguro una parte importante de la población cambiaría de hábitos en caso de estar mejor informada. Muchas personas creen estar haciendo lo correcto siguiendo las recomendaciones oficiales y en realidad están dañando la salud de sus hijos (y la propia). Aunque sólo sea por eso, por hacernos reflexionar sobre las decisiones que estamos tomando (¡o las que ni siquiera hemos tomado!), el esfuerzo de Miguel vale la pena. Espero que no se queme en su iniciativa. Seguro que sus alumnos se lo van a agradecer.

Estos son los vídeos:

El desayuno puede ser la peor comida del día

Nutricionismo: un enfoque equivocado de la nutrición

Pirámide de la alimentación vs plato Harvard

Leer más:

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10 thoughts on “¿Qué podemos hacer los padres?

  1. Estamos eligiendo para desayunar unos productos procesados muy muy muy poco saludables que con el paso del tiempo nos pueden generar problemas de salud bastante graves

    Un problema que hay en el campo de la nutrición es el factor “tiempo”. Si a los 10 minutos de consumir un producto alimentario notásemos sus efectos nocivos, rápidamente estableceríamos una relación causa-efecto y evitaríamos el consumo de ese producto. Pero no funciona así, lo que nos obliga, a falta de evidencia científica que constate los efectos de los productos, a aplicar el sentido común: los alimentos ancestrales no son los principales sospechosos de estar causando enfermedades y condiciones de nueva aparición.

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  2. Tengamos espíritu crítico: ¿es la harina integral “comida real”? Ni de casualidad.

    ¿Qué persiguen los “expertos” en nutrición que se envuelven en la bandera de la comida real para luego prostituir ese concepto y meternos la harina en la dieta?

    La harina de cereales mueve mucho dinero y, sin duda, es lo que la gente quiere seguir comiendo aunque les esté causando problemas de salud. Pero no es comida, sólo es un producto alimentario bajo sospecha.

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  3. Es agradable leer un poco de sensatez Vicente, nuestra generación ya esta afectada y enferma por culpa de la mala comida y los malos consejos pero aun estamos a tiempo de salvar a nuestros niños, eso si, debemos alejarlos de los consejos pseudocientificos y la propaganda del terror de los nutrimercenarios

    A esta gentuza no le da vergüenza escribir pelotudeces, esto no es ciencia, es una religión y el gluten es su salvador

    http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=413431

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    • Pues sí, la parte positiva de mis problemas de peso de hace unos años va a ser que mis hijas tienen ahora mejores hábitos dietarios de los que seguramente hubieran tenido. En casa somos muy estrictos con la comida y ellas lo tienen asimilado como normal (aunque bien que se acuerdan de los productos que había antes en casa).

      Escuchar a los “expertos” en nutrición es, en general, un consejo imprudente.

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