“Consumieron el doble de calorías y perdieron 30 kg cada uno”

A unos monos que viven en el zoo Cleveland Metroparks se les cambia la dieta. Se abandona la dieta basada en ingredientes y se adopta una dieta basada en productos naturales: “lechuga romana, hojas de diente de león y endivias que se rasgan y muerden con suavidad, heno de alfalfa que cortan con destreza, ramas de árboles jóvenes que se despojan de suculentas cortezas y hojas, judías verdes, un puñado de semillas de lino y tres multivitaminas Centrum Silver metidos dentro de un plátano.

Ésta era su dieta anterior:

Although they take in twice as many calories on the new diet, after a year, the big boys of the primate house have dropped nearly 65 pounds each and weigh in the range of their wild relatives. (fuente,fuente)

Aunque en la nueva dieta consumen el doble de calorías, después de un año, los niños grandes de la casa de los primates han perdido casi 30 kg cada uno y están en el rango de peso sus parientes salvajes.

¿Cuál era el problema de su anterior alimentación? Pues en un reportaje (ver) nos cuentan que aunque el pienso que les daban en forma de galletitas estaba lleno de nutrientes, las galletitas eran altas en calorías. ¿Altas en calorías? ¿Cómo puede ser el problema que eran altas en calorías si al cambiar la dieta consumen el doble de calorías y han bajado de peso? Un nuevo episodio de Los Misterios de la Calorexia.

La dieta engordante era engordante por sus calorías, aunque tenía la mitad de calorías que la no engordante

Como he explicado insistentemente en el blog, la Teoría CICO sólo permite que dos de los tres términos de la (falsa) ecuación del balance energético puedan variar por sí mismos (ver,ver,ver). Serían los términos 1 y 2 en la siguiente ecuación:

En base a esa premisa injustificada, esa teoría obliga a que cualquier cambio en la energía almacenada en el cuerpo tenga que explicarse por cambios en la ingesta energética o por cambios en el gasto energético. Esa teoría no permite que el término 3 varíe por sí mismo, y, en consecuencia, no permite que la explicación a por qué cambia la energía acumulada se pueda encontrar en la fisiología del tejido implicado, que es parte del término 3. Hay otras premisas injustificadas, como suponer que la única energía que puede cambiar es la energía acumulada como grasa corporal, y por eso he dicho que se usa una falsa ecuación del balance energético, pero no las explico por no alargar más esta entrada.

En este cambio de dieta a los monos lo que se ha visto es que:

con una dieta basada en los productos que encontrarían en su hábitat natural, los monos han bajado de peso. Y además se sabe que han comido casi el doble de lo que comían con su dieta anterior, en términos de calorías.

Lo primero que quiero resaltar es que: la solución que se ha encontrado ha sido cambiar a una dieta adaptada a esa especie animal. Si al analizar este experimento nuestras elucubraciones nos llevan a concluir que se podría haber conseguido lo mismo de otra forma, sencillamente estamos cambiando lo que se ha comprobado en este estudio y sustituyéndolo por conclusiones de nuestra invención.

Si damos por bueno el paradigma CICO, y sabiendo que la ingesta prácticamente se ha duplicado, la explicación sólo puede estar en el gasto energético: los monos han aumentado su gasto energético y eso ha causado la reducción en el peso corporal. La estupidez que llevamos adorando 80 años es creer que esta forma de “razonar” viene dictaminada por las leyes de la física (ver). Otros comportamientos del cuerpo son posibles: el cambio hormonal asociado al cambio de dieta podría haber afectado directamente al tejido adiposo (y a otros órganos, obviamente), fomentando la liberación de grasa corporal. Y el gasto energético se podría haber adaptado a las nuevas necesidades de disipación de nutrientes en forma de calor. ¿Viola este comportamiento fisiológico alguna ley de la física? No, y que sea plausible retrata la Teoría CICO como la pseudociencia que es (ver,ver).

Si interpretamos este experimento bajo el prisma de la pseudocientífica teoría CICO, llegaríamos a la conclusión de que simplemente lo que sucede es que ahora los monos ¡¡se mueven más!! Si eso es así, manteniendo la dieta anterior —¡que tenía menos calorías!— y poniendo en marcha un plan de ejercicios para los monos, tiene que ser incluso más fácil (y más económico) para los monos adelgazar que con su nueva dieta. En definitiva:

  • Mantenemos la dieta engordante, ignorando las consecuencias reales de su uso, que ya se conocen.
  • Ignoramos los resultados obtenidos por la dieta basada en productos naturales.
  • Proponemos un plan de acción basado en una teoría pseudocientífica, sin ninguna garantía de éxito.

Insisto: si interpretamos la realidad empleando el paradigma equivocado, podemos acabar descartando lo que ha demostrado funcionar y, a cambio, mantener la dieta que ha demostrado ser engordante. Si intentamos resolver un problema con la misma —errónea— forma de pensar que lo ha creado, lo más seguro es que no resolvamos nada. Es importantísimo, en mi opinión, entender que la Teoría CICO se basa en premisas injustificadas o, de otro modo, seguiremos creyendo estúpidamente que es la única forma “científica” de enfocar el problema de la obesidad.

Quiero recomendar el siguiente vídeo. No es muy largo y es fantástico.

Leer más:

 

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El daño no es sólo físico

El rey está desnudo:

El paradigma imperante en la actualidad dice que el problema de la obesidad es que comemos “más de la cuenta“. Nos hablan de calorías, de apetito, de fuerza de voluntad y de productos muy calóricos que son baratos y fácilmente accesibles. Este paradigma establece que lo que nos hace engordar es lo que nos hace comer “de más”. ¿Estará la respuesta en nuestro cerebro? ¿Será que consumimos productos poco saciantes? ¿Será que el entorno es más fuerte que nuestra fuerza de voluntad? Se nos presenta como un paradigma indiscutible, basado en inviolables leyes de la física. Pero el paradigma energético no tiene más justificación que juegos de palabras falaces y se ha demostrado inútil en la prevención y en el tratamiento del problema del exceso de peso. Falso e inútil. Es el paradigma en que basan su negocio las industrias de la dieta, del fitness y la alimentaria.

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El resultado es el exceso de peso, pero también mucho sufrimiento y mucho dolor. Nos han hecho creer que sabemos qué hacer para no desarrollar obesidad y que sabemos qué hacer para revertir la obesidad. Es la atribución de control que está en el origen del estigma de peso.

Atribuciones públicas sobre la obesidad:

  • ganar peso es controlable
  • la condición es reversible

Si una persona obesa hace suficiente esfuerzo puede perder el peso que le sobra y mantenerse delgada

Como dice Miguel Franco, “necesitamos un nuevo relato”. Y ese nuevo relato tiene que acabar con la obesidad, pero sobre todo tiene que acabar con el mensaje de que ya sabemos lo que tenemos que hacer. Tengo la impresión de que el daño más grave que está haciendo la pseudociencia del balance energético no es el físico: es el que hace en la autoestima y en el autoconcepto.

Me cuesta muchísimo dejar de comer y ser disciplinada

Leer más:

“Adelgazar comiendo poco no es posible. O podría no serlo”

Es importantísimo que seamos conscientes de que lo que muchos de nosotros creemos saber sobre las causas y soluciones a la obesidad carece de fundamento (ver,ver). Y las consecuencias de esas falsas creencias están siendo muy graves para la salud física y mental de todo el mundo, pero especialmente para la de los más jóvenes.

En mi opinión, tenemos que empezar a “ver” a la gente que tiene un problema de peso de otra manera (ver):

  • Se nos ha dado información errónea sobre qué hacer para no engordar
  • Se nos está dando información errónea sobre qué hacer para adelgazar

No se trata de tolerar ni de ser comprensivos, sino de todo lo contrario: plantearnos que posiblemente somos nosotros los que hemos estado equivocados dando por supuesto que esas personas conocen un tratamiento efectivo para su condición y juzgándolas débiles o desinteresadas en remediarla. De tener que excusar algún tipo de incapacidad, estaríamos hablando de la nuestra, no de la suya.

Pero la creencia popular —lamentablemente también la de los propios afectados— es que una persona que tiene exceso de peso sabe lo que tiene que hacer y no lo hace.

La industria de la dieta (y también la del fitness) crea presión social y fomenta la estigmatización de los obesos, aunque, por supuesto, de palabra alardeen de hacer todo lo contrario: presumen de ser héroes que entienden y perdonan a los obesos su —supuesta— debilidad de carácter. Es el discurso que todos conocemos, el que nos dice que es muy difícil tener fuerza de voluntad en un entorno que nos ofrece productos que son muy apetecibles a precios muy baratos. Esa actitud “perdonavidas” de la industria no sólo no hace ningún favor sino que busca afianzar la estigmatizante idea de que la responsabilidad del problema es de la víctima, por no aplicar el remedio que sabe que funciona (ver,ver,ver). La campaña de estigmatización ha llegado al punto de afirmar que la obesidad es “contagiosa”, que si tu hijo/a tiene amigos obesos de forma consciente o inconsciente puede querer ser también obeso. Nótese cómo se atribuye controlabilidad sobre la condición, la base sobre la que se construye el estigma de peso. Imagina las medidas que pueden tomar unos padres “responsables” para proteger a sus hijos, en caso de creer cierta esa majadería. Sé que resulta increíble, pero no me lo estoy inventando.

Dime qué dieta sigues, pero al final lo que funciona es lo de siempre, la restricción calórica

Mentir sobre la efectividad real del tratamiento, sea cual sea la excusa, nunca va a ayudar, sino todo lo contrario. No sólo como sociedad dejamos de buscar un tratamiento que sí funcione, es que la víctima se culpa de no conseguir bajar de peso. Pensemos por un momento en cuáles son las consecuencias de combinar

  • la presión social que crea la industria de la dieta y
  • el tratamiento inefectivo promocionado por esa misma industria.

Sí, está claro, el resultado va a ser mayores ingresos para quienes viven de la dieta hipocalórica, pero a costa de destruir, en base a falsedades, la autoestima de las personas que sufren obesidad. Quizá también la salud. Mentir sobre la efectividad de un tratamiento no puede ser visto NUNCA como una estrategia válida para combatir una condición física/médica. Nadie tiene derecho a mentir a sus clientes, tampoco en temas de salud.

…urge un cambio de relato. Nuestros alumnos, nuestros hijos, nuestros jóvenes, las próximas generaciones, se lo merecen. Porque si no, van a seguir sufriendo un problema muy muy muy grave. Y, además, no sólo eso, van a seguir sufriendo la culpabilización, la estigmatización que están sufriendo hoy en día. Porque a las personas con sobrepeso y obesidad se las tacha de vagas, de perezosas y de glotonas. Como no son capaces de comer poco y moverse más, de alguna manera se merecen lo que les está pasando. Miguel Franco

Esto va más allá de la salud física: es una cuestión también de humanidad y respeto. ¿Se nos ha ocurrido pensar cómo decir la verdad sobre la inefectividad del tratamiento va a ayudar a esas personas a sobrellevar sus problemas e incluso a resolverlos? Acabemos ya con los tratamientos médicos basados en prejuicios y mentiras: no podemos seguir ocultando que el tratamiento no funciona poniendo como excusa que esas personas “van a dejar de esforzarse”. Eso es justificar la mentira con más insultos. Los prejuicios y las excusas no buscan ayudar a la víctima, sólo buscan que no se sepa que desde hace décadas se está tratando la obesidad con charlatanería. La industria de la dieta se protege a sí misma a costa de la salud de los obesos.

¿Es posible adelgazar “comiendo poco”? Digamos la verdad, para variar, a quienes desean perder peso.

Miguel lo explica mucho mejor que yo:

Leer más:

¿Qué podemos hacer los padres?

¿Qué podemos hacer los padres para atajar el exceso de peso de nuestros hijos?

Lo que debemos tener claro es que nuestros hijos son responsabilidad nuestra, de sus padres, no de terceros. Y hay cosas que no se explican, se enseñan. Es irrelevante si nuestros hijos conocen la definición de honradez, solidaridad o empatía: lo que necesitan en casa no es una explicación teórica, es un modelo de comportamiento del que aprender. A nuestros hijos no tenemos que ponerles un vídeo explicándoles lo que es comer de forma saludable: tenemos que ponerlo en práctica y tienen que vivirlo. Eso enseña, mientras que ponerles un vídeo sólo salva las apariencias y tranquiliza conciencias. Explicar de forma razonada por qué hemos cambiado de hábitos alimentarios también es enseñar: hay una razón, y es que nos importan y que tomamos esas medidas porque les queremos. Y que vean que lo cumplimos les enseña que realmente es importante. Decirles que es importante no enseña nada.

Tenemos un gravísimo problema de malinformación procedente de las fuentes que —lamentablemente— creemos de confianza. No necesitamos más educación: necesitamos dudar de la “educación” nutricional recibida hasta el momento. Eso ya sería un gran avance. Lamentablemente, también nuestros hijos van a recibir esa malinformación. Para mí, lo sensato es volver a alimentarnos con lo que sabemos que es comida. Y no necesitamos que un “experto” nos diga qué es comida y qué no lo es: ¿puede un animal encontrar ese alimento tal cual en la naturaleza? Lo extremista, por el contrario, es apostar la salud de nuestros hijos a que se puede seguir consumiendo no-comida sin que haya consecuencias a largo plazo. No hagamos esa apuesta.

¿Podemos hacer algo los padres? Sí. Informarnos de forma crítica sobre nutrición y obesidad y replantearnos qué estamos haciendo en nuestra familia. No podemos delegar en otras personas ni la labor de aprender ni la decisión de cómo tenemos que alimentarnos. Y luego ser coherentes con la decisión que tomemos, porque si algo saben detectar los niños son las incoherencias.

Miguel Franco ha generado tres nuevos vídeos sobre nutrición (más abajo pongo los enlaces). Son vídeos destinados en principio a sus alumnos, supongo, pero en mi opinión deberíamos verlos los padres. Y plantearnos qué estamos haciendo con nuestra alimentación y con la de nuestros hijos. Y, seamos realistas, muchos de nosotros vamos a asumir que lo de la alimentación saludable no va con nosotros, que sí, que nuestros hijos han cogido algo de peso, pero que ¡son niños! y que tienen que disfrutar de la comida basura, porque es lo que corresponde a su edad. Nada nuevo: buena parte de las familias que comen mal creen que lo de la alimentación saludable no va con ellos, que pueden seguir comiendo “lo mismo pero menos” y que no va a pasar nada. ¿De verdad nos extraña, tras décadas de lavado de cerebro con la pseudociencia del balance energético? Y si los padres tenemos las prioridades torcidas, ningún vídeo que veamos va a salvar a nuestros hijos, por bueno que sea. Pero a buen seguro una parte importante de la población cambiaría de hábitos en caso de estar mejor informada. Muchas personas creen estar haciendo lo correcto siguiendo las recomendaciones oficiales y en realidad están dañando la salud de sus hijos (y la propia). Aunque sólo sea por eso, por hacernos reflexionar sobre las decisiones que estamos tomando (¡o las que ni siquiera hemos tomado!), el esfuerzo de Miguel vale la pena. Espero que no se queme en su iniciativa. Seguro que sus alumnos se lo van a agradecer.

Estos son los vídeos:

El desayuno puede ser la peor comida del día

Nutricionismo: un enfoque equivocado de la nutrición

Pirámide de la alimentación vs plato Harvard

Leer más:

“Un relato alternativo del sobrepeso y la obesidad”

Miguel Franco, autor de “El Amor No es Suficiente“, ha creado un vídeo explicando una de las ideas principales de un artículo reciente de este blog. Creo que es muy de agradecer el tiempo que ha dedicado Miguel a grabar el vídeo y me parece que sus explicaciones son impecables. Como mínimo, como dice en la parte final, es una posibilidad que lo que nos ha llevado al problema actual de alarmante prevalencia de la obesidad no sea cuánto hemos comido —una idea deducida erróneamente de una tautología—, sino la presencia en nuestra dieta de “productos comestibles” que han sido introducidos en nuestra alimentación de forma irreflexiva. Quizá ha llegado el momento de cuestionar qué estamos comiendo y bebiendo.

Sólo son 10 minutos y vale la pena verlo:

“Estamos intentando llegar a la Torre Eiffel usando un mapa de Madrid”

Interesante y muy recomendable artículo de Miguel Franco, autor del libro “El amor no es suficiente“.

Textual de ese artículo:

  • La teoría del balance energético ha perdido la categoría de teoría para pasar a ser una falacia. La primera ley de la termodinámica se cumple siempre pero carece de utilidad práctica real para afrontar el problema del sobrepeso.
  • Debemos empezar a diferenciar los alimentos -la comida real- de los productos y sustancias comestibles -cosas que se comen y se pueden digerir-. Este aspecto es, en mi opinión, fundamental.
  • Cualquier cosa que comemos es más que las calorías que contiene. También es más que sus macronutrientes.
  • El protagonismo lo han de tener los alimentos, no las calorías ni los macronutrientes.
  • Debemos empezar a centrarnos en la respuesta metabólica que las cosas que comemos generan en nuestro cuerpo. Lo realmente importante es lo que ocurre en nuestro interior con lo que actualmente estamos comiendo.
  • El QUÉ comemos es más importante que el CUÁNTO comemos y el CUÁNDO comemos . El QUÉ condiciona poderosamente el CUÁNTO y el CUÁNDO.

El texto está dirigido a padres/madres y, en mi opinión, si simplemente se consiguiera salir del paradigma energético y empezar a orientar nuestra alimentación en base a las ideas anteriores (y más que hay en el artículo, que recomiendo leer íntegramente), habríamos dado un paso de gigante en prevenir/revertir los problemas que, presumiblemente, nos está causando lo que actualmente comemos. Ojalá todos los padres/madres leyeran ese artículo y entendieran que lo que está diciendo Miguel Franco no es lo mismo que lo que actualmente creemos saber sobre cómo alimentar a nuestros hijos.

Otro fragmento del artículo (sus negritas):

Un planteamiento aún más radical (por buscar la raíz) lo encontraréis en el enigmático Vicente y su blog No vuelvo a engordar. Su libro de descarga gratuita es revelador en el mejor sentido de la palabra.

Aparte de las amables palabras, agradezco que confíe en mí tanto como para enlazar a este blog y al librito. Espero no defraudar esa confianza en el futuro, y aprovecho para reiterar que este blog únicamente existe para expresar mis opiniones, sin intenciones ocultas ni de tipo económico ni de ningún otro. Ni voy a vender productos, ni voy a cobrar por recetar dietas, ni voy a tener más actividad que la de contar mi opinión. Este blog no es ni será nunca un negocio.