Dieta de la paradoja: curar la picadura de la serpiente inyectando más veneno

el problema esencial de cualquier dieta no reside en su eficacia, que más o menos pueden serlo todas, sino en su mantenimiento a largo plazo de lo conseguido. La clave de una buena dieta es identificar el problema y trabajar sobre él (fuente)

Ése es el punto de partida, claro: sabes mogollón de las leyes de la física —¡¡pero mogollón mogollón!!—, sabes tanta física que no necesitas dedicar ni un minuto de tu vida a estudiar fisiología, ni necesitas cuestionar lo que crees que sabes. ¿Para qué cuestionar nada? Tienes tus prejuicios y malinterpretar una ley universal de la física te da las claves para adelgazar ¡¡sin necesidad de pensar!! Tú ya sabes que el método tiene que funcionar, porque sí, por iluminación divina. Pero como no funciona, deduces que se trata de un problema de conducta. Y, como eres psicólogo, ves claramente dónde está el problema: las dietas no funcionan porque prohíben y te hacen controlar lo que comes. La gente que tiene problemas de peso está salvada. ¡Qué grande eres!

la base está en la prohibición y el control característicos de un régimen de adelgazamiento.

Una vez “correctamente” diagnosticado el problema, se te ocurre que hay que hacer justo lo contrario de lo que se ha intentado hasta ahora: no hay que prohibirse nada, y hay que concederse todo hasta acabar hastiado.

Concederse las comidas más deseadas para convertirlas gradualmente en algo cada vez menos atractivo […] Si me concedo aquello que me gusta, al cabo de poco tiempo dejará de agradarme tanto y podré renunciar a ello sin esfuerzo ni frustración

Y, atentos, esta técnica ¡¡ha demostrado ser efectiva con la obesidad!!

dieta paradójica, técnica que ha demostrado ser un tratamiento efectivo contra la obesidad (fuente)

Yo he estado buscando y no he encontrado ni un sólo experimento donde se demuestre esa efectividad. Pero quizá lo publicaron en una hoja parroquial…

Sigamos. Además, hay que hacer el ejercicio físico que nos agrade para no desear dejarlo.

Apreciar el placer del movimiento […] Lo importante es que la actividad nos agrade, porque así la practicaremos con constancia […] El cuerpo emitirá sensaciones de bienestar y por lo tanto, lo haremos cotidiano

En resumen, tienes que llevar la ingesta de los productos que te gustan a tal punto que te lleguen a hastiar y en ese momento estarás dispuesto a dejar de consumirlos, porque estarás harto, ¡¡no porque te los prohíban!!

Al final, de comerlo todos los días, deja de ser prohibido y, por tanto, pasa a ser innecesario.

Supongamos que todo sucede tal y como esta hipótesis predice: a fuerza de comer lo que te gusta a todas horas, acabas tan harto de los productos que te gustan que los dejas “sin sentir que estás renunciando a nada”. Dejemos pasar una semana o dos. ¿Puedes comerte un helado o lo tienes prohibido? ¿Puedes comerte una pizza o lo tienes prohibido? ¿Puedes comerte una chocolatina o lo tienes prohibido? ¿Tienes cosas prohibidas o puedes comer lo que quieras? ¿Las comes o no las comes? Si esta dieta afirma que el problema es que hay cosas prohibidas, ¿qué haces? ¿Te comes o no te comes el helado? ¿Cuánto tiempo dura el hartazgo una vez ya no comes esos productos? Esto más que un tratamiento para adelgazar parece un tratamiento para crear un trastorno de la alimentación.

Por otro lado, imaginemos por un momento que la terapia surte efecto y la persona cambia de hábitos. ¿Cómo sabemos que esos hábitos son los hábitos adecuados para revertir el problema de peso? ¿Cuál es la base de esa creencia? ¿Por qué se nos dice que esta terapia funciona sin aportar una sóla evidencia científica de que es así?

Supongamos que esos hábitos no funcionan, y la terapeuta convence a su cliente de que para adelgazar, primero tiene que engordar 10 kg (ver), así, con los cohones bien gordos. La cliente hace caso, engorda esos 10 kg, y no sólo acaba con una depresión sino que es incapaz de bajar esos 10 kg “extra”. ¿A qué se está jugando aquí?

Quizá antes de jugar con la salud de la gente, quizá antes de inyectar más veneno del que ya hay, puede ser conveniente dedicar unos minutos a cuestionar cuál es la base real de nuestras creencias. Porque quizá no sabemos de lo que hablamos.

Nota: no tienes prohibido tomar helado, pan, cerveza, pizza, etc. Como comprenderás, es innecesario tomarlos. Date cuenta de que, si son innecesarios, ya no los quieres consumir. Problema resuelto. De nada. 

Nota: creo que hay mucha gente que ha estado siguiendo, sin saberlo, la dieta de la paradoja. Pronto se darán cuenta de que ya no quieren seguir comiendo a todas horas las cosas que les gustan.

Nota: el psicólogo Jorge López Pérez Vallejo da resultados de eficacia de sus terapias, pero, curiosamente, no da datos sobre la eficacia que logra tratando la obesidad. 

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4 respuestas a “Dieta de la paradoja: curar la picadura de la serpiente inyectando más veneno

  1. Vicente, está claro que algunos todavía no han oído al frase “los experimentos, con gaseosa”, porque es evidente que no les importa joder la vida a la gente.

    Y luego nos extrañará que las cosas vayan como van…

    • Es un ejemplo más de la mayor estupidez de la historia de la humanidad: creer que la causa de la obesidad es que entra más energía de la que sale, y que, por tanto, cualquier tratamiento de la obesidad pasa, en última instancia, por reducir la ingesta energética o aumentar el gasto energético (ver). Se convierte, fraudulentamente, una condición fisiológica en el resultado de un comportamiento inapropiado. Y, cómo no, aparecen en escena los psicólogos, sin tener ni idea de lo que están haciendo, pero tratando de hacer caja con tratamientos mágicos cuya evidencia científica no veremos nunca.

      Si no has leído la fábula que he enlazado, leela. Fantasean con que como el problema es de querer adelgazar, lo único que tienen que hacer son truquitos para hacérselo ver al cliente. ¿Fisiología? ¿Para qué? ¿Que la creencia que tienen sobre la causa de la obesidad es un fraude? ¡Qué más da!

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