“El pan y otros agentes comestibles de enfermedad mental”

The coevolution between humans and grain brought on genetic changes in both parties, but did not render grain a more suitable food for us than it originally was (fuente)

La coevolución de humanos y cereales ha traído cambios genéticos en ambos lados, pero eso no ha hecho los cereales una comida más apropiada para nosotros de lo que originalmente era

Bread and Other Edible Agents of Mental Disease

Los autores de este artículo nos cuentan que desde hace mucho tiempo se sabe que los desórdenes mentales están asociados a patologías gastrointestinales, como por ejemplo inflamación en el intestino o en el estómago, y que existe una barrera intestinal que nos protege de bacterias, toxinas, etc.

An unhealthy gut may open up our body to harmful bacteria, toxins, and undigested pieces of food. In each of us, an intestinal wall whose surface could pave an entire studio apartment (Helander and Fändriks, 2014) faces the challenge of preventing this from happening, while letting water and nutrients through. This feat is accomplished via a sophisticated barrier, where the opening and closing of the junctions between the wall’s cells are adjusted flexibly

Un intestino enfermo puede abrir las puertas de nuestro cuerpo a bacterias dañinas, toxinas y trozos de comida no diferidos. En todos nosotros, una pared intestinal tan grande que podría usarse para decorar una habitación […] asume el desafío de evitar que esto suceda, al tiempo que deja que el agua y los nutrientes entren en el cuerpo. Esta hazaña se consigue gracias a una sofisticada barrera, en la que la apertura y cierre de las uniones de las paredes celulares se ajusta de forma flexible.

Hay una proteína, denominada zonulina, que abre esas barreras, por ejemplo para dejar pasar agua al intestino y expulsar así bacterias y microbios. Y, ¿qué tiene que ver eso con la harina de trigo? El gluten, al igual que la fructosa, incrementa la permeabilidad intestinal estimulando la liberación de zonulina, al tiempo que una dieta libre de gluten reduce ese efecto.

Some common spices […] and food components […] modulate gut permeability too, either increasing it (like fructose, widely used to sweeten commercial beverages) or decreasing it (like the flavonoid quercetin, found in onions and tea). Probably because it is mistaken for a microbial molecule […], gluten stimulates zonulin release and hence features prominently in the former group (Hollon et al., 2015). Ingestion of an inhibitor of zonulin prevents gluten from raising gut permeability, and a gluten-free diet reduces both zonulin levels and gut permeability […]. In all of us, zonulin increases the permeability not only of the intestinal wall, but also of other no less interesting barriers—notably the bloodbrain one

Algunas especias comunes […] y otros componentes alimentarios modulan la permeabilidad intestinal, ya sea aumentándola (como la fructosa, ampliamente usada para endulzar las bebidas comerciales) o disminuyéndola (como la quercetina flavonoide, que se encuentra en la cebolla y el té). Probablemente porque se confunde con una molécula microbiana, […] el gluten estimula la liberación de zonulina y, por tanto, ocupa un lugar prominente en el primer grupo […]. La ingestión de un inhibidor de la zonulina evita que el gluten aumente la permeabilidad intestinal y una dieta sin gluten reduce los niveles de zonulina y la permeabilidad intestinal. En todos nosotros, la zonulina aumenta la permeabilidad no sólo de la pared intestinal, sino también de otras barreras no menos interesantes -especialmente la hematoencefálica

¡Yo puedo tomar gluten, que no soy celíaco!

Puedes comer lo que tú quieras, obviamente, pero el gluten aumenta la permeabilidad intestinal en todas las personas (ver), no sólo en los celíacos. Y tampoco es sólo a los celíacos a los que la harina de trigo les aumenta la glucemia más que el azúcar (ver).

Y si es así, ¿cómo es posible que la harina sea la base de la “alimentación saludable” promovida por los “expertos” en nutrición? Exacto. Buena pregunta. ¿Cómo es posible?

After increasing gut permeability and with its help, gluten can make trouble if it happens to cross the outer layer of the intestinal wall and become the target of immune surveillance.

Tras incrementar la permeabilidad y con su ayuda, el gluten puede generar problemas si consigue atravesar la capa externa de la pared intestinal y convertirse en objetivo de la vigilancia inmune

Quiero resaltar el posible papel del gluten en detonar o agravar enfermedades autoinmunes, así que copio un fragmento de otro artículo:

A fast-growing number of diseases are recognized to involve alterations in intestinal permeability related to changes in TJ competency. These comprise autoimmune diseases, including T1D (107, 117, 149, 163), CD (45, 46, 51, 126), multiple sclerosis (124, 176, 184), and rheumatoid arthritis (52), in which intestinal TJs allow the passage of antigens from the intestinal milieau, challenging the immune system to produce an immune response that can target any organ or tissue in genetically predisposed individuals (1, 13, 57, 58, 70, 151). TJs are also involved in cancer development, infections, and allergies (32, 55, 57, 147). (fuente)

Cada vez es mayor el número de enfermedades en las que se creen implicadas alteraciones en la permeabilidad intestinal relacionadas con cambios en la competencia de las TJ [uniones estrechas]. Estas incluyen enfermedades autoinmunes, incluyendo diabetes T1 […], celiaquía […], esclerosis múltiple […] y artritis reumatoide […], en las que los TJ intestinales permiten el paso de antígenos desde el intestino, desafiando al sistema inmune para producir una respuesta inmune que puede dirigirse a cualquier órgano o tejido en individuos genéticamente predispuestos […]. Los TJ también están involucrados en el desarrollo del cáncer, infecciones y alergias

“Cada vez es mayor el número de enfermedades en las que se creen implicadas alteraciones en la permeabilidad intestinal…”

Y hecho ese inciso, volvemos al artículo de que habla de la relación entre gluten/trigo y enfermedades mentales:

Antibodies against gluten have been found much more often in schizophrenia and autism patients than in the general population or in controls, a result that has been replicated repeatedly

Anticuerpos contra el gluten se han encontrado de forma mucho más frecuente en pacientes autistas y esquizofrénicos que en sujetos control o en la población general, un resultado que se ha encontrado una y otra vez

Evidence that a diet devoid of wheat (and possibly of dairy as well, given the similarity between gluten and casein) can cure some patients with mental illness has been available for nearly 50 years.

La evidencia de que una dieta sin trigo (y posiblemente también sin lácteos, dada la similitud entre gluten y caseína) puede curar a algunos pacientes con enfermedad mental ha estado disponible desde hace cerca de 50 años.

¿No puedes dejar el pan?

Foods that contain exorphins, such as wheat and dairy products, have indeed a reputation for being rewarding and people find it extremely hard to give them up […] Arguably, foodstuffs whose digestion releases exorphins are preferred exactly because of their drug-like properties […] Ironically, the greater the potential benefit of a change in diet, the greater the resistance to it may be (Wadley and Martin, 1993). Grain’s exorphins can create addiction

Los alimentos que contienen exorfinas, como el trigo y los lácteos, tienen de hecho fama de ser recompensadores y que a la gente le cuesta mucho dejar de consumirlos […] se puede argumentar que los productos alimentarios que liberan exorfinas son preferidos precisamente por sus propiedades análogas a las drogas […] Irónicamente, cuanto mayor es el potencial beneficio de un cambio en la dieta, mayor puede ser la resistencia a hacerlo […]. Las exorfinas de los cereales pueden crear adicción

We have shown that in all of us the digestion of grain and dairy generates opioid-like compounds, and that these cause mental derangement if they make it to the brain

Hemos mostrado que en todos nosotros, la digestión de cereales y lácteos genera compuestos opioides y que estos causan trastornos mentales si llegan hasta el cerebro

La harina de trigo no es comida de humanos.

Leer más:

 

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Entrevista a Teresa

Teresa es mi cuñada. Acaba de perder peso haciendo dieta y como me parece interesante su experiencia, le he pedido que se deje entrevistar para el blog. Aclaro que no estoy promocionando lo que ella ha hecho para adelgazar, pues de hecho me parece innecesario recurrir a comidas en sobres, al menos si primero no se ha intentado con alimentos de verdad. Tema económico aparte. Pero como digo, es una entrevista a ella y son sus elecciones y sus respuestas. Por favor, no me preguntéis ni por el médico ni por la marca de sobres: yo no lo sé y no quiero preguntárselo, porque no quiero promocionar esta forma de adelgazar. Pese a ello, me parece interesante conocer su experiencia.

Me ha dicho que me dará fotos de “antes” y “después”, pero no creo que me las dé antes de septiembre. Si me las da, las publicaré en el blog.

Aviso de que la entrevista es larga.

NOTA: la mayoría de las preguntas las hago yo, pero algunas son realizadas por sus hermanas, presentes en la conversación.

— ¿Durante cuánto tiempo has hecho dieta?

El 17 de Septiembre del año pasado empecé.

— ¿Y cuándo acabaste?

No considero que haya acabado.

— Cuéntame por encima en qué ha consistido tu dieta

— Cuando empecé la dieta mi peso era de 105 kg, mido 173 cm y tengo 39 años. Un día llamo a una clínica para hacerme un tratamiento estético. Los del tratamiento estético me dicen que no lo hacen si no paso primero consulta con un médico. El médico me recibe y me pregunta, porque ese tratamiento, que se llama LPG, yo ya lo había hecho. Me dice que él considera que no necesito hacer LPG, que lo que tengo que hacer es perder peso. Me dice que necesito perder cerca de 30 kg. Y me dice que hay dos formas: la dieta de toda la vida, en la cual se pesan las cosas y se restringen determinados alimentos, o una dieta en la cual pues comes la comida de una marca determinada. Es más rápido, se entra en cetosis, y, a partir de ahí, la pérdida del primer mes él me orienta que van a ser 10 kg y a partir de ahí 1 kg semanal, o algo así.

Lo hablo en casa. La dieta es costosa, pero valoramos la opción de cogerla. Empiezo un viernes y él me advierte que durante dos días me voy a encontrar mareada, que es el tiempo que yo voy a entrar en cetosis.

— ¿Qué es cetosis?

— Pues que realmente mi cuerpo no ingiere hidratos.

Tengo que hacer 5 comidas y esas comidas durante el primer mes son comidas de esa marca.

— De sobres

— Sí. Entonces, durante ese mes yo no bajo 10 kilos, yo bajo 8, porque en la comida y en la cena puedo tomar verduras. Hay unas verduras que están restringidas, como pueden ser las cebollas y tomates. Todo lo que sea verde sin problemas, pero el resto tienen que ser pesados. Durante el primer mes tomo mucha cebolla. Porque me gusta la cebolla. Y realmente no bajo lo esperado. Ah, y espárragos.

— ¡Son verdes!

Sí, pero todo lo que tenga que ver con el suelo… él me dice que como regla mnemotécnica, todo lo que tenga que ver con el suelo tengo que pesarlo. Eso son 200 g al día máximo. Si tomo espárragos no puedo tomar tomates. Él me dice que retengo más líquidos con esas verduras. A partir de ese momento yo ya empiezo a hacer mejor la dieta y empiezo a perder un kg a la semana. El primer mes 8 kg y a partir de ahí 4, 3, 3.5 kg. Llega navidades, sigo perdiendo peso. Soy la única paciente que él me reconoce que ha perdido peso en navidades. En navidades por ejemplo no hice tanto caso del peso de las comidas, porque a partir del primer mes, ya el mes siguiente en la comida podía comer proteínas, o bien carne o bien pescado. Al mes siguiente ya era tanto tanto en la comida como en la cena que podía tomar proteína. Pesadas. A mediodía me hacía una ensalada y por la noche siempre tomaba verdura hecha, o bien una parrillada de verduras o col o brócoli al vapor.

A partir de ahí, la verdad es que el resto de meses ha sido lo mismo. Es decir, en la comida me hacía la ensalada y, por ejemplo, he tomado mucho salmón. Me resultaba cómodo para la ensalada hacerla con salmón.

— ¿Salmón ahumado?

— Sí. Y, si no, pues me llevaba el pollo de casa hecho a la plancha, porque como como en el trabajo me tengo que llevar la comida hecha. Y la cena sí que me la hacía en el momento: me hacía algo de carne o de pescado. Y prácticamente así hasta el final.

— ¿Al principio tomabas más sobres y luego poco a poco menos sobres y más comida?

— Realmente no, a partir del segundo mes hacía la comida de proteínas “libres” de carne o pescado en la comida y en la cena, y el desayuno, la merienda y la cena siempre han sido sobres, hasta hace muy poquito tiempo. Por ejemplo, en el mes de mayo pasamos a la fase 4, por decirlo de alguna forma. En la fase 4 se podían introducir hidratos. A mí me gusta mucho el pan e introduje el pan integral, pero más a lo mejor de lo que… ¡Y la fruta! En toda la dieta no he tomado fruta. Durante ese mes tomé muchas fresas. Después de cenar tomaba fresas. Después de almorzar tomaba fresas. Al final la conclusión de ese mes es que engordé. En ese mes de “medio vuelta a la normalidad” engordé. Entonces me dijo, “si tienes que tomar fruta, tómate dos piezas de fruta al día, pero tómatelas antes de la comida, en desayuno y almuerzo. En el resto del día no hagas más ingesta de hidratos. Si tienes que tomar pan, que sea en ese periodo”.

En mayo empiezo a correr algo. Empiezo a hacer más ejercicio aeróbico. Pero bueno, la primera fase era andar.

— ¿Antes nada?

— Antes nada. Antes iba en bici a trabajar. Pero, “significativamente”, nada. Es en mayo cuando empiezo a correr. Empezar a correr es que una semana andaba dos minutos y corría uno. Ahora corro 45 minutos.

Ese mes de junio restrinjo más la fruta e incorporo jamón serrano a mi vida. Ahora desayuno café con hielo, que lo he tomado mucho durante toda la dieta. Mucho café con hielo con sacarina. He introducido también zumo de limón. En casi todas las comidas bebo agua con limón. Las dos piezas de fruta me las tomo por la mañana y almuerzo jamón serrano sin pan. Y en algún momento, en algún día puntual, compro pan integral. Un pedacín de “na”.

He comido mucho fuet. Me apetecía más que tomarme un sobre de ellos. Si quería picar algo, era fuet. Llegaba a casa y hasta la hora de la cena, lo que tomaba era fuet. El fuet y yo somos uno. Y no echo de menos los dulces o la leche. Lo único que echo de menos es el pan. Intento no comer pan todos los días, intento comer pan integral, intento controlar la cantidad de pan. Pero no echo de menos comer pasta. No echo de menos el dulce en general.

Ese mes que corrí más y que hice eso, perdí 3 kg y medio, y ya no tomaba ningún sobre de ellos. En ese mes, 3 kg y medio.

— ¿Pero pasando hambre en algún momento?

— No, no he pasado hambre nunca.

— ¿Y has perdido cuántos kilos?

— Empecé con 105 y ahora mismo estoy en 73.5 [es decir, 31.5 kg]

— Y te quedan por perder…

— Objetivo mío, 70 kg. Objetivo “visual”, he pasado de una 48 a una 38, literalmente. El otro día fui a comprarme unos pantalones, porque iba en moto y llevaba minifalda, y me dicen “¿talla 38?, y yo “vale”. ¡Talla 38!

— ¿Y te reconocieron?

— No. Yo le dije: “antes te compraba 48’s”. Y me preguntó si me había operado. Le dije que no, que no me había operado.

Pero también es cierto que he reducido mucho volumen. O sea, la dieta sobre todo lo que yo he notado es que he perdido volumen. El otro día, por ejemplo, fui a ver a una amiga. Me acerqué al cristal de su establecimiento, y me mira y baja los ojos. Volvió a levantar la mirada. Cuando me abrió me dijo “no eras tú, vi a una mujer más bajita en comparación contigo”. Pensó que era una clienta y como eran las 3 menos cinco, pues no iba a atenderme. Un montón de clientes y compañeros me dicen que parezco otra persona.

— Me dijiste que, al ver tu transformación, varios compañeros de trabajo se habían apuntado a tu dieta

Tengo, fehacientemente, dos compañeros de trabajo, el amigo de A [su marido], no, tres compañeros de trabajo y el amigo de mi marido.

— El médico ha conseguido cuatro clientes gracias a ti

— Sí.

— Han ido al mismo médico

— Sí

— Eres la típica de las revistas, de “antes” y “después”.

— Sí, sí. Todo el mundo me pregunta qué he hecho, y yo contesto que hacer la dieta bien. Una de mis compañeras de trabajo me dice “es de que yo de vez en cuando me tomo una chuchería”. Y contesto que eso no se puede hacer. Aquí lo más importante es que no te lo saltes, porque como te lo saltes es tiempo perdido.

— Dices que eso es lo más importante, pero tú habías intentado adelgazar antes…

— Yo en otra ocasión había perdido 20 kg.

— Y los recuperaste

— Y los recuperé. Eso fue hace 10 años.

— Hace 10 años ya tenías problemas de peso. ¿Cuántos años has estado con exceso de peso?

— Cuando bajé de peso la primera vez pasé de 95 a unos 70. Cuando me quedé embarazada la última vez, yo pesaba 86 kg. Eso fue hace 7 años. Tras dar a luz me quedé bien, pero un año después, o sea hace seis años, es cuando empiezo a coger mucho más peso. El techo lo he cogido esta última vez.

— Cuando te casaste la primera vez, ¿cuánto pesabas?

— 65 kg

— ¿Qué edad tenías?

— 24

— ¿Tuviste que adelgazar para llegar a ese peso?

— No. No busqué ese peso para la boda. Era mi peso.

— ¿Algún problema que quieras contarme?

— Me he quedado sin pechos. Ahora tengo mucha piel para poco pecho.

— O sea que tienes exceso de piel

— Del resto del cuerpo estoy perfecta. En el resto del cuerpo yo no considero que me haya quedado mal [nos muestra el abdomen a los presentes]

— Pero sí que se te nota la barriga

— Vale, pero por un embarazo, y porque tengo dos cesáreas aquí. No me veo mal. Pero si me véis los pechos…

Yo he gastado una 115 copa D. Ahora de contorno puede que me entre una 90-95, pero es que de copa… si llego a la C será de milagro. Lo peor de todo es que es mucho pellejo ahora mismo.

— ¿Y qué te ha dicho el médico sobre eso?

— Lo que estoy leyendo es ejercicio…

— Pero, ¿por qué no le preguntas a él?

— Porque es cirujano plástico

— ¿El médico que te ha llevado la dieta es cirujano plástico?

— Es una clínica de estética. En alguna ocasión le he preguntado y la respuesta fue “cortamos por aquí…” y yo “vale, vale, ya lo tengo claro”.

El pecho, yo lo que he leído es que trabajando la musculatura inferior algo mejoraré, pero que en ningún caso volveré a estar con la copa que tenía antes. La copa es el volumen del pecho, el contorno es el volumen del cuerpo. Es lo que peor llevo, pero es porque siempre he tenido mucho pecho.

— ¿Y a partir de ahora?

— Estoy muy obesionada. Me preocupo y me ocupo. El médico me ha dicho que me relaje, que este verano si me quiero tomar un helado que me lo tome, pero que lo importante viene a partir de ahora. No tengo que incurrir en los mismos errores. No se pueden comer las cosas porque sí.

Mi marido también está muy preocupado por el peso. Él también hace dieta cetogénica o hiperproteica.

— Por su cuenta

— Por su cuenta. Entonces, comer en casa es muy fácil. En casa prácticamente no cocino pasta. Arroz muy puntualmente. Comemos ya muy así, muy de verduras…

— Verdura, carne y pescado

— Sí. Estamos muy acostumbrados a comer así.

— ¿Ha perdido peso él?

— A ha perdido 13 kg.

— ¿Y ahora está bien de peso?

— Sí

— ¿Lo ha mantenido durante un tiempo o lo acaba de perder?

— Lo ha mantenido durante dos años y medio, o tres años. Tiene 50 años. Corre hora y media, va al gimnasio, hace pesas.

— Cuando tenía exceso de peso, ¿también hacía ejercicio?

— Sí, pero no lo podía hacer tan bien. Eso tú te lo notas cuando sales a correr.

— Tú sufres de fibromialgia. ¿Te ha cambiado la medicación al adelgazar?

— No

— ¿Porque no has querido reducir?

— Es que no me encuentro bien. Ha habido días en los que por estar mi marido fuera me ha puesto los parches de morfina mi madre en lugar de mi marido, y no me los ha puesto bien, me he tenido que ir del trabajo. Sigo mal de la fibromialgia.

En general, no tiene nada que ver cómo estoy ahora con cómo estaba antes. Estoy muy contenta. No es una cuestión estética. A veces mis padres me dicen que pare de hacer cosas, pero no lo necesito. Esta mañana, por ejemplo, me he despertado a las 2 AM y no me he vuelto a dormir, a las 8 AM me iba a hacer ejercicio con mi marido, luego he fregado todo el suelo del piso, he planchado todas las camisas de mi marido, no he descansado y estoy bien. Y he comido una manzana y una pera, mi café, almendras y avellanas, no he almorzado, porque no he almorzado, y de la paella me he puesto casi toda la verdura y casi nada de arroz y pollo. Ni tengo hambre, ni me siento desfallecida, ni me encuentro mal.

— O sea que estás contenta, no piensas cambiar la forma de comer y con propósito de mantenerte

— Mi objetivo es perder un poco más, pero no me preocupa perderlo en tres meses. Sobre todo lo que quiero es estar bien. Es que me encuentro muy bien, comparativamente hablando. Mi marido me dice que antes estaba “muerta” y que ahora sigo su ritmo y él es una persona muy activa. Por ejemplo, ahora me puedo llevar a mis sobrinos a jugar al pádel, y les doy cañita yo. Todos los días intento hacer algo de actividad física, cosa que antes ni podía plantearme. Ahora mismo, cansarme es muy difícil.

— Estás hablando de los últimos tres meses

— Sí

— Y si tan bien estás, ¿cómo es que no adelgazaste antes? ¿Por qué la vez anterior recuperaste el peso si te encontrabas así de bien?

— La otra vez no estaba así

— No te encontrabas tan bien

— Yo la otra vez no hice ejercicio físico

— ¿Y pasaste hambre?

— La otra vez fue una dieta normal y pasé hambre. Fue una dieta restrictiva, no tiene nada que ver.

— ¿Por qué crees que engordaste?

— Porque comía mucho. No es una cuestión de dulces o no dulces. Yo no era de las que se hinchaba a chocolate. A mí el chocolate no me gusta especialmente. Comía mucho. Al final, si ingieres 2000 kcal y gastas 1000, la diferencia tiene que quedarse en algún sitio. Ahora lo que noto es que también me muevo. Antes tomaba mucha coca-cola

— ¿Con azúcar?

— No, siempre light. Pero tomaba mucha coca-cola. En el almuerzo coca-cola, en la comida coca-cola, en la merienda coca-cola y en la cena coca-cola.

— Ahora nada

— Nada.

— ¿Antes había cosas que te atraían y que querías comer y ahora ya no te atraen tanto?

— No me atraen nada.

— Pero antes sí

— Sí

— O sea que algo ha cambiado que hace que ya no sientas necesidad de tomar ciertas cosas

— Sí, sí, sí. A lo mejor había una especie de dependencia alimentaria

— Una especie de adicción y has pasado el mono y ya está

— No te digo que un día no me tome una coca-cola, pero no es a diario en todas las comidas

Ahora me exprimo dos limones, los pongo con hielo y me lo tomo muy a gusto. Y café. No me gusta, pero lo tomo muy aguado.

— ¿Con qué frecuencia ibas al médico?

— Cada 3 ó 4 semanas

— ¿El resto de pacientes que tú conoces consiguen resultados?

— Se lo empiezo a notar

— Pero no son tan estrictos como tú

— No. Cuando lo hablé con mi marido una de las cosas en que estábamos de acuerdo es que si nos gastábamos el dinero en esto, era también para concienciarnos de que había que cambiar a comer de otra forma. Ya en casa nuestros hijos comen de otra forma

— ¿Menos McDonalds?

Menos McDonalds. A lo mejor cada dos semanas sí vamos a McDonalds, pero el resto de comidas comen bien.

— ¿Han protestado por el cambio de hábitos?

— No. Es que la comida está buena. Unas judías con jamón serrrano, si lo sofríes con cebolla, está muy bueno. No es un hervidito. Los niños ahora comen muy bien.

— ¿Tienes que seguir yendo al médico?

— Yo le he pedido seguir durante un año. Él dice que este primer año es muy importante, que el cuerpo tiene efecto memoria y quiere recuperar el peso. Yo creo que estaré un año más.

Edit: ver fotos de “antes” y “después”

David L. Katz

Empiezo explicando quién es David L. Katz: es un señor que escribió un libro bajo el pseudónimo Samhu L. Iyyam y publicó críticas laudatorias de ese libro ¡ocultando que él era el autor y que estaba ensalzando su propia obra! Por ejemplo, en este comentario en Amazon compara su obra con Milton, Platón y Dickens.

Traducido del comentario anterior:

Me encantan las buenas aventuras épicas y lo he pasado muy bien leyendo reVision, enamorándome de algunos de los personajes por el camino. Pero también acabé con una sensación de iluminación desde una fuente profunda y el regalo de tener menos sombras en mis rincones. La comparación más oportuna sería con un buen vino. Hay en este libro profundidades y complejidades que recompensarán a aquellos que tengan inclinación a buscarlas.

Éste es el personaje, genuinamente sorprendido de lo bueno que era su propio libro y de todo lo que ha aprendido leyéndolo. Katz es todo un referente en el mundo de la ética y la honestidad. Con ese antecedente, la historia de NuVal y el supermercado Big Y sorprenderá a pocos. Y tampoco sorprenderá que Katz argumente que sus autoalabanzas fueron borradas por el Huffington Post como parte de una conspiración para que comamos más carne, mantequilla y queso. No bromeo.

Este señor acaba de escribir un artículo en el que se muestra molesto porque se equipare la opinión de Gary Taubes, un periodista, con la de grandes expertos en nutrición (a los que Taubes critica):

propagating the public perception of equivalence between most of the most accomplished people in nutrition and one-journalist-defending-the-theory-on-which-he-has-based-his-career

Si Taubes se equivoca en algo, sólo cabe esperar que Katz, de mucha mayor valía que un simple periodista, si escribe un artículo será para presentar un análisis concienzudo que detalle los errores en los argumentos de Taubes, ¿no? Pues no. Los argumentos son de “gran nivel”, como corresponde al personaje:

  1. Taubes es periodista y por tanto su opinión no vale lo mismo que la de los expertos en nutrición
  2. Taubes sólo persigue defender la teoría en que ha basado su carrera
  3. Lo expertos sí saben rectificar, como han hecho pasando de hablar de grasa total a concretar los mensajes en la grasa saturada
  4. El consumo de grasa ha aumentado en las últimas décadas, no como dice Taubes, luego los carbohidratos no son culpables de nuestra mala salud
  5. No estamos prestando atención al efecto que las dietas, a escala global, tienen sobre nuestro planeta

Respecto de que Taubes es sólo un periodista y su opinión no vale tanto como la de los “expertos”, me remito a lo que ya he escrito sobre la falacia de autoridad y lo ridículo del argumento, especialmente cuando lo que se contrapone es la opinión del periodista y la de los expertos criticados (ver).  Tom Naughton, que hace un buen complemento al artículo de Taubes, es un programador informático que ha trabajado de comediante. Supongo que para Katz la opinión de Naughton vale muy poco, pero en temas de nutrición y obesidad yo encuentro a Naughton mucho más confiable que todos los miembros de la AHA juntos. Infinitamente más que todos juntos, porque de ellos, como de Katz, no me fío absolutamente nada.

¿Taubes defiende la teoría en la que ha basado su carrera? Y los de la American Heart Association no están defendiendo las teorías en que han basado su existencia, ¿verdad? ¿Hablamos también de cuáles son las fuentes de ingresos de la AHA y sus motivaciones económicas para seguir manteniendo las mismas patrañas de siempre sobre las grasas saturadas?

Respecto de que los expertos sí saben rectificar y que el consumo de grasa ha aumentado en las últimas décadas, el texto de Katz es ilustrativo de quién es este señor y el crédito que merecen sus opiniones. No lo traduzco, pero explico lo interesante tras la cita:

The nutrition community at large has certainly changed its collective mind over the years as new evidence has accumulated. The view that total fat intake, rather than the types and sources of dietary fat, is important was formally abandoned in the 2015 Dietary Guidelines Advisory Committee Report, and was on its way out 5 years prior. Despite the relentless lobbying of the meat and dairy industries, the nutrition community can and does evolve its thinking to keep pace with the flow of evidence. They do not, and certainly should not, abandon the baby with the bathwater just to keep pace with fads, fashions, and the pop culture dietary boondoggles of the hour.

In contrast, iconoclasts are entirely locked into their positions, since their careers and followings are entirely dependent on defense of a fixed position and ideology.

In this particular case, a career was effectively launched with the argument that we had picked the wrong macronutrient — since we, the American people, had cut our intake of dietary fat but gotten fatter and sicker as a result. The problem with that? Our intake of dietary fat only ever went up, not down — whether you look here, or here, or here at the trends. Our intake of total calories went up more — so fat as a percent of total calories trended down slightly.

Nos dice que, a pesar de “la incansable presión del lobby de la carne y los lácteos“, la comunidad nutricional ha cambiado su mensaje demonizando la grasa saturada, en lugar de la grasa total de la dieta. Es prueba, dice, de que si tienen que rectificar, rectifican. Y dice que el problema de Taubes es que afirma que cada vez se consume menos grasa y que la culpa de nuestros problemas de peso y de salud es de los carbohidratos, algo que choca con la evidencia de que cada vez consumimos más grasa y más calorías.

En el artículo que Katz enlaza en ese texto, Taubes dice que lo que se ha incrementado en las últimas décadas ha sido el consumo de carbohidratos: harinas/cereales y azúcares. Y que, en porcentaje, el consumo de grasa se ha reducido.

As a result, the major trends in American diets since the late 7o’s, according to the U.S.D.A. agricultural economist Judith Putnam, have been a decrease in the percentage of fat calories and a “greatly increased consumption of carbohydrates.” To be precise, annual grain consumption has increased almost 60 pounds per person, and caloric sweeteners (primarily high-fructose corn syrup) by 30 pounds. At the same time, we suddenly began consuming more total calories: now up to 400 more each day since the government started recommending low-fat diets.

Katz enlaza tres documentos como prueba de que el consumo de grasa se ha incrementado. De los tres sólo he pinchado en el primero, que es del que saco la siguiente gráfica. La curva azul es la disponibilidad en libras por persona y año de grasa de procedencia animal, la marrón es la disponibilidad de grasa de procedencia vegetal y la gris es la disponibilidad total, resultado de sumar las otras dos:

Para no perder el hilo, volvamos al origen de todo: la American Heart Association publicó hace un par de días un editorial insistiendo en su mensaje tradicional de que hay que sustituir las grasas saturadas (identificadas con “de procedencia animal”) por insaturadas (identificadas con “de procedencia vegetal”). Taubes escribió un artículo crítico en el que explica que esa recomendación no está basada en evidencia científica sólida, sino que más bien responde a lo que Taubes llama “Epidemiología Bing Crosby“: ignora lo negativo, resalta lo positivo, como la canción de ese cantante. Es decir, “escoge los datos que crees que favorecen tu postura e ignora los que no lo hacen”. Y Taubes explica los defectos de los cuatro estudios seleccionados por la AHA y critica que no se hayan incluido otros estudios que sí han sido considerados en revisiones algo más independientes de la industria. Ese artículo de Taubes es el que critica Katz. Y, para defender su postura contra los productos de origen animal, Katz recurre a unos datos que indican que el consumo de grasa de origen animal no ha aumentado en las últimas décadas en EEUU, pero sí lo ha hecho el consumo de grasa de origen vegetal, el de azúcares añadidos y el de harinas de cereales (ver gráfica).

¿El hecho de que lo que más se ha incrementado en las últimas décadas sea el consumo de carbohidratos choca con la idea de que los carbohidratos —en realidad Taubes habla de harinas, azúcar y bebidas azucaradas— nos están enfermando y engordando? Al parecer sí, según la “lógica Katz”.

 

¿Cómo favorecen los datos anteriores —¡citados por él mismo!— los argumentos de Katz contra la mantequilla, la carne y el queso? ¿De qué forma debilitan los argumentos de Taubes cuando éste señala los azúcares? ¿Cómo puede Katz usar los datos de aumento en la disponibilidad de grasa total, sin mencionar que el tipo de grasa cuyo consumo ha aumentado es precisamente la de origen vegetal, no la de origen animal que es la que está en el origen de la crítica de Taubes?

Respecto del último argumento de Katz, si consumir productos con harina de trigo, azúcar y aceites de semillas te engorda y enferma, ¿aun así los consumirías si Katz te dice que es “lo mejor para el planeta”? ¿O más bien preguntarías, ¡¡¿Hay alguien más?!!?

En definitiva, ¿qué evidencia científica presenta Katz para respaldar la injustificada persecución de la AHA a la grasa saturada? Ninguna. Y ésa es la cuestión: cuando un periodista dice “esto no está basado en evidencia científica sólida, sino en el cherry-picking de cuatro estudios de mala calidad, ignorando sin motivo confesable la evidencia que contradice las propias creencias”, la respuesta puede ser presentar la evidencia científica, o, por el contrario, no presentarla y tratar de embarrar el debate. Katz ni siquiera ha amagado con presentar esas pruebas sólidas y se ha limitado a la pataleta de que “no es un experto, sino sólo un periodista“.

Aparte del artículo de Taubes y el de Katz, recomiendo leer el artículo de Denise Minger que comento en esta entrada del blog.

Leer más:

Y, ¿qué hacemos con la ASP?

Decir que la insulina es la responsable de que engordemos ¿En serio? ¿Y qué hacemos con la ASP?

Primera pregunta

¿Dice la evidencia científica que la composición de la dieta importa en la pérdida o ganancia de grasa corporal? ¿Dice la evidencia científica que se pierde más grasa corporal cuando se restringen los carbohidratos, a igualdad de calorías, a igualdad de proteína?

No aceptes que nadie te resuma la evidencia científica: consulta los estudios directamente. Difícilmente encontrarás una mejor forma de invertir el tiempo:

Segunda pregunta

¿Dicen las leyes de la física que los resultados anteriores son imposibles o erróneos?

Llevo comentados más de cien estudios científicos en este blog, muchos de ellos en animales y por tanto en condiciones absolutamente controladas, que demuestran que no sólo no son las calorías las que determinan los efectos de una dieta sobre la acumulación de grasa corporal, es que ésta ni siquiera viene determinada por la distribución de macronutrientes de dicha dieta. Sabemos, por tanto, que la teoría del balance energético es demostrada falsa por la evidencia científica. Y no hay ninguna razón para pensar que los estudios científicos, todos, en animales y en humanos, se hacen sistemáticamente mal para favorecer a las dietas bajas en carbohidratos.

Tercera pregunta

¿Existe un mecanismo fisiológico que explique los resultados anteriores?

Llegados a este punto, voy a interrumpir el hilo argumental. Empiezo de cero. Imagina que te oculto todos los experimentos científicos anteriores (todos: los hechos en humanos y los hechos en animales, los relacionados con dietas bajas en carbohidratos y los que simplemente demuestran que la teoría del balance energético es fraudulenta), cito como evidencia un metaanálisis fraudulento creado para desprestigiar las dietas bajas en hidratos de carbono (ver, artículo) y te presento (ejemplo) un estudio de muy corta duración (las dietas se mantienen tan sólo tres semanas) y muy pocas calorías (800 kcal/día), en el que no se perciben diferencias entre dietas. Todos los demás estudios los omito. Y te cuento que, aunque la insulina puede explicar el efecto engordante de los carbohidratos, hay otras hormonas, como la ASP, que pueden explicar el efecto engordante de las grasas. Y —atento/a— concluyo que, “por tanto”, es estúpido pensar que los carbohidratos son más engordantes que las grasas y se deduce que todo es una cuestión de calorías, porque, como no puede ser de otra forma, así lo imponen las leyes de la física: si comes más de lo que gastas vas a engordar. ¿Quieres adelgazar? Sólo hay un camino: déficit calórico y menos sedentarismo.

Aunque supongo que no soy el único que ve los errores en el planteamiento anterior, los hago explícitos:

  1. Se está llegando a conclusiones que contradicen la evidencia científica que hemos visto antes.
  2. Se están ocultando los estudios científicos que contradicen esas conclusiones, y únicamente se menciona un estudio en el que no se perciben diferencias entre dietas y un metaanálisis fraudulento.
  3. Se están concluyendo cosas que no se han demostrado: no se ha demostrado que sean las calorías las que determinan el efecto de una dieta sobre la composición corporal y no se ha demostrado, por tanto, que la composición de la dieta sea irrelevante en la pérdida de peso/grasa corporal.
  4. Se está cometiendo el absurdo de deducir cómo es la evidencia científica a partir de la existencia de un mecanismo fisiológico, en lugar de lo contrario, que es partir de la evidencia científica y buscar luego el mecanismo fisiológico que explique dicha evidencia. Si quieres conocer los resultados científicos, consúltalos, no te los inventes a partir del conocimiento de un mecanismo fisiológico.

La ASP (Acylation Stimulating Protein) es una hormona que segregan los adipocitos ante la presencia de quilomicrones y de insulina (artículo). Fomenta que los ácidos grasos entren en los adipocitos. Si las dietas altas en grasa fueran igual o más engordantes que las bajas en grasa, esta hormona podría explicarlo. “Si…fueran…” Lo que no tiene sentido es deducir de la existencia de esta hormona que una dieta alta en grasa es más o menos engordante que una dieta baja en grasa. Tampoco su existencia permite deducir que engordar o adelgazar sea una cuestión de calorías. Esas conclusiones sólo las podemos sacar de los experimentos científicos que comparan dietas. En concreto, se tiene que deducir de los experimentos científicos que nos ocultan los que nos hablan de la ASP.

Cuarta pregunta

¿ASP?

Volvamos a la primera pregunta. Y luego a la segunda.

Leer más:

A lo mejor estoy hablando de más

Es que veo que hay nutricionistas que recetan dietas hipocalóricas a sus clientes, sin informarles claramente de que la evidencia científica no respalda esa recomendación. Yo sé que tú no eres así, porque te conozco. Pero veo que otros nutricionistas lo hacen, aunque saben que a largo plazo se recupera todo o casi todo lo perdido. A lo mejor estoy hablando de más. Yo sé que tú no serías capaz de cobrar por una dieta que sabes que no funciona. Aunque veas que es lo que están haciendo algunos de tus colegas. Porque tú nunca te aprovecharías de la confianza de la gente para engañarles, eso ya lo sé.

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Ignorantia y credentia sí. Ciencia no

Aunque no he leído más que un par de entradas del blog Scientia, hay una entrada que me llamó la atención, por su absoluta falta de rigor. La entrada es: “Mediterránea sí…pero de dieta poco

Un primer extracto, sacado de uno de los comentarios del autor (mis negritas):

Supongo que te referirás al porcentaje de hidratos de carbono recomendados para cubrir las necesidades diarias. Todos los estudios realizados hasta ahora demuestran como (sic) el porcentaje de hidratos de carbono recomendado debe ser superior al que actualmente presenta la población española siendo absolutamente necesario aumentarlo.

¿”Necesidades diarias” de carbohidratos? Eso es nuevo. Me gustaría ver la evidencia científica que dice que existe la más mínima necesidad de consumir hidratos de carbono. Nuestras necesidades diarias son CERO. Parece sencillo cubrir esas necesidades.

Todos los estudios realizados hasta ahora demuestran” que tenemos que consumir más carbohidratos que los que consumimos. “Todos los estudios demuestran”: se diría que la evidencia científica es abrumadora. Me gustaría ver alguno de esos “todos” estudios científicos que demuestran la conveniencia de incluir un 50% de las calorías procedentes de carbohidratos en la dieta. ¿Absolutamente necesario aumentarlo? Si alguien afirma con tanta rotundidad que todos los estudios hasta la fecha lo demuestran, no debería ser complicado para esa persona aportar esos estudios científicos. La otra posibilidad es que se lo esté inventando y que no tenga evidencia científica que respalde esas contundentes afirmaciones, pero eso sería muy poco “scientífico”, ¿verdad? ¿Qué va a ser, D. Jose de Scientia?

Por curiosidad únicamente, porque la carga de la prueba recae en quien afirma, tenemos un metaanálisis de 2012 que concluye que la restricción de carbohidratos es beneficiosa para el peso corporal y el riesgo cardiovascular. Si no me equivoco, los 17 estudios empleados en el metaanálisis existían en el momento en que este señor escribió que todos los estudios bla bla bla

La recomendación de aumentar la ingesta de carbohidratos carece de más evidencia científica que el dogma de que había que reducir la ingesta de grasa (ver,ver):

Dietary advice to base meals on carbohydrates is the consequence of dietary advice to restrict fat.

La recomendación sobre los carbohidratos nunca se basó en evidencia científica (ver), y la recomendación de reducir la grasa ha desaparecido de las recomendaciones norteamericanas (ver) sin que, consecuentemente, se corrija el sinsentido de pedir a la población que base su dieta en las harinas.

¿Todos los estudios demuestran, D. Jose?

Dar por supuesto que las recomendaciones oficiales están basadas en evidencia científica sólida, es mucho suponer (ver,ver,ver):

There has been no randomised controlled trial (RCT) of a diet based on the Eatwell Plate or Guide, let alone one large enough, long enough and with whole population generalisability. Zoe Harcombe, PhD

No ha habido ni un solo estudio aleatorizado controlado de una dieta basada en el Eatwell Plate o la Eatwell Guide, y por tanto tampoco uno suficientemente grande, largo y generalizable a toda la población.

Volviendo a Scientia, en el cuerpo del artículo encontramos las falacias habituales en los sectores “oficialistas” de la nutrición:

Sin embargo, hay un dato que destaca sobre todos…el gran desequilibrio en la ingesta de macronutrientes.

El consumo de lípidos y proteínas está muy por encima de lo recomendado mientras que el de hidratos de carbono está más de 10 puntos por debajo del adecuado. Concretamente, el 40 por ciento de esta ingesta proviene del consumo de grasas y el 16 por ciento de las proteínas mientras que sólo comemos un 41 por ciento de hidratos de carbono.

A partir del texto anterior, definición “scientífica” de un par de términos:

  • Desequilibrio: que no sigue las recomendaciones oficiales
  • Adecuado: lo recomendado

No voy a insistir aquí en el engaño de usar los adjetivos balanceado o equilibrado asociados a las recomendaciones oficiales. Creo que con lo que escribí en su momento es suficiente.

Por otro lado, creer que las recomendaciones oficiales son lo “adecuado”, no es ciencia, es religión. ¿”Blog de divulgación científica“, D. Jose? “Propaganda oficialista acrítica” parece una descripción más apropiada.

Una nota más: en la parte final del artículo este señor nos habla del caso de un colegio cuyo menú escolar “presentaba un nivel calórico muy por encima del aconsejado“, y el autor cuenta sus esfuerzos para cambiar ese menú. “Sabemos cuáles son las pautas a seguir“, nos dice.

Un par de consejos constructivos, D. Jose:

  1. que exista un nivel calórico aconsejado por estamentos oficiales, no quiere decir que esa recomendación tenga un fundamento científico. Lo “scientífico” sería que Ud. cuestionara su creencia de que reducir la ingesta energética a los niveles aconsejados va a tener algún tipo de efecto positivo. Cuestione, no asuma como cierto porque viene de arriba o porque le parece lógico. Le aconsejo además que cuestione la validez de la teoría del balance energético, porque parece Ud. confundido en ese aspecto. Es muy triste que una persona que dice hablar de ciencia defienda que el problema es que los niños consumen más calorías de la cuenta.
  2. El segundo texto que he entresacado guarda relación con lo anterior: Ud. no sabe cuáles son las pautas a seguir. Cree saber que si se siguieran las recomendaciones oficiales, relativas a calorías y reparto de macronutrientes, no existiría un problema de obesidad. Le invito a que busque la evidencia científica que hay tras esa creencia. ¿Sabe o más bien cree saber cuáles son las pautas a seguir, D. Jose? ¿Basándose en qué evidencia científica?

Rectificar es de sabios: justifique con evidencia científica sus creencias o borre esa entrada, porque lo que Ud. hace es desinformar envolviéndose en la bandera de la ciencia, D. Jose, no divulgar.

La falta de rigor de este señor no es un hecho aislado. En otra de las entradas del blog este señor atacaba duramente a la dieta Dukan sin aportar en su escrito ni una sola evidencia científica que reforzase su postura. El Dr. Álvaro Campillo se lo puso negro sobre blanco:

Creo que se han mezclado muchas cosas en este post, que se han relacionado de forma poco coherente y atendiendo al Principio de Autoridad (lo dice el ‘experto’), que se supone que se abolió en el Renacimiento, en lugar de analizar las cosas desde el punto de vista de la evidencia científica y del fundamento fisiológico subyacente.

¿Scientia? Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Leer más:

La guerra del lenguaje (VIII): dieta hipocalórica

“Hipocalórica” es otro de esos términos que se usan para engañar a la gente, jugando con varias definiciones.

Una dieta hipocalórica es aquella que tiene menos calorías de las que se consideran necesarias para mantener el peso. El prefijo “hipo-” significa “menor, inferior, o por debajo de algo”. Y evidentemente lo que define este tipo de dietas es su número total de calorías. Tan sencillo como que si el “experto” de turno cree que una persona necesita 2000 kcal/día para mantener su peso actual, una dieta que únicamente le aporta 1500 kcal/día es hipocalórica.

Algunos “contadores de calorías” estafan (i.e. conseguir el dinero de alguien con engaños) a sus clientes diciéndoles que ese tipo de dietas sirven para adelgazar. Puesto que la evidencia científica dice justamente lo contrario, que nunca han demostrado funcionar, estas personas están mintiendo para conseguir el dinero de los clientes. En su absoluta incompetencia, estos “profesionales” pueden “creer” que el único camino para adelgazar es la dieta hipocalórica, pero lo que bajo ningún supuesto pueden hacer es asegurar que funcionan. No es cuestión de opiniones: o se aportan las evidencias o no se aportan.

Olvida las dietas milagro, lo único que funciona es comer menos

Hagamos lo que sabemos que funciona, comer menos

La otra definición de “hipocalórica” con la que juegan los contadores de calorías es “aquella que proporciona menos energía de la que se gasta” (ver), es decir, la que adelgaza (siempre bajo el punto de vista de los contadores de calorías, que creen que adelgazar es consecuencia de un déficit calórico). Puede que parezca la misma definición que la primera que hemos visto, pero no lo es. En el primer caso la dieta hipocalórica es una idea basada en pseudociencia y prejuicios contra los obesos, que ha fracasado sistemáticamente; en el segundo caso es, por definición, la dieta que funciona para adelgazar. La diferencia es notable.

Nótese que en esta segunda definición, el término “hipocalórico” pierde su significado. Una dieta con menos calorías de las que se supone que alguien necesita, puede no ser “hipocalórica”, mientras que otra dieta con más calorías de las que se supone que esa persona necesita, paradójicamente puede sí ser “hipocalórica”. Que la dieta sea hipocalórica o no deja de estar relacionado con las calorías de la misma, sólo lo está con su efecto adelgazante. Un fraude.

para perder peso hay que llevar una dieta hipocalórica

¿Verdadero o falso?

¿Cuál es la relevancia de jugar con estas dos definiciones? Pues que se usa para engañar, diciendo que las únicas dietas que funcionan son las hipocalóricas (por definición, según la segunda definición), pero dando a entender que lo importante de la dieta es que tenga pocas calorías respecto de las que se supone que se necesitan, que es lo que dice la primera definición, no la segunda.

Para entender el engaño, supongamos que una dieta de bajo índice glucémico es la clave para adelgazar (no lo estoy afirmando: sólo es una suposición dialéctica): esa dieta es hipocalórica según la segunda definición, como lo sería cualquier dieta efectiva para adelgazar. Lo importante, por tanto es que la dieta sea hipocalórica, es decir que se coma poco… ¡¿?! ¿O estamos diciendo que lo importante es que la dieta sea adelgazante para que adelgace?

La ley y la trampa del balance energético

NOTA: ¿no es curioso que las dietas que nunca han demostrado funcionar en la literatura científica, sí funcionen a los clientes de los contadores de calorías, siempre según el testimonio de estos “expertos”?

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