El horror

Una señora llamada Judith Matz nos educa a los padres sobre los errores que cometemos en la educación alimentaria de nuestros hijos (fuente):

Se ha vuelto normal en nuestra cultura decir “no puedo comer eso  — estoy a dieta”. Estas palabras mandan el mensaje de que negarte los productos que te gustan es una forma positiva de comer, y que perder peso es más importante que todo lo demás. A muchos niños también se les dice que no deben comerse la galleta o la pizza porque engorda. Los niños absorben el mensaje de que perder peso es un objetivo importante, a pesar del hecho de que los niños que hacen dieta tienen mayor riesgo de ganar peso, de darse atracones y de otros desórdenes alimentarios en comparación con sus congéneres que no hacen dieta.

En lugar de eso, no hables de dietas delante de los niños o mejor aún, ¡no sigas una dieta! No relaciones la conversación sobre alimentación con la pérdida de peso.

[…]

Hay tanta presión estos días para comer de forma “saludable” que puede ser confuso para los padres saber cómo alimentar a sus hijos. ¿Demasiada grasa? ¿Demasiados carbohidratos? ¿Sin gluten? ¿Paleo? Por supuesto, es importante que los niños tengan a su disposición alimentos nutritivos, igual que es importante que consuman productos que estén ricos. Demasiados niños se están obsesionando con comer de forma saludable (que es a menudo “hacer dieta” disfrazado) y por tanto no están aprendiendo a comer todo tipo de productos, que es una habilidad importante. La otra cara de la moneda será que muchos niños comerán los productos “malos” cuando no estén contigo — tengan hambre o no.

En lugar de eso, enseña a tus hijos a tener una relación saludable con la comida — en lugar de simplemente consumir comida “saludable”.

Ayuda a los niños a reconocer y respetar los signos de hambre y saciedad proporcionándoles una amplia variedad de comida y dejándoles decidir qué y cuánto quieren comer. Habla de los alimentos de forma no enjuiciadora

Mezcla de psicología de baratillo con absoluto despropósito en el campo de la nutrición. Y esta señora se atreve a escribir libros que aconsejan a los obesos. ¡Qué horror!

Mis hijas dicen NO a las bebidas azucaradas y al trigo, por ejemplo, y en nuestra casa no entran productos procesados. En mi opinión, aprender a decir NO es algo positivo. Ellas saben por qué no deben consumir ciertos productos, y tienen el apoyo, cariño y ejemplo de sus padres. Si sus padres creemos que algo no es saludable o engorda, se lo vamos a decir, porque es nuestra responsabilidad velar por su salud, o al menos intentarlo. Si alguien cree negativo evitar el consumo de los productos no saludables, quizá debería replantearse por qué se cree capacitado/a para “educar” a otras personas.

Esta señora dice que no sigamos una dieta. Mis hijas siguen una dieta, como todo el mundo. Nadie puede no tener dieta: hasta no comer es una dieta. Pero no están a dieta: ninguna medida en su alimentación es intencionalmente transitoria. Esta señora confunde “seguir una dieta” con “estar a dieta” y, a su vez, “estar a dieta” con “dieta hipocalórica” (contar calorías y “comer menos y moverse más”) y llega a la aberrante conclusión de que alimentar a tus hijos de forma responsable y saludable no sólo no sirve de nada, sino que es contraproducente. ¡Qué confusión! Las “directrices oficiales sobre lo que es comer de forma saludable” no son “comer de forma saludable” y la “dieta hipocalórica” no es “hacer dieta”. Nada tiene que ver llevar una alimentación saludable, como puede ser la dieta paleo, con aplicar transitoriamente la dieta hipocalórica, una dieta basada en pseudociencia y que la ciencia dice que no funciona para perder peso. La dieta hipocalórica puede ser considerada el trastorno alimentario más extendido en nuestra sociedad, y en ningún caso su fracaso como método de pérdida de peso es signo de que no se deba seguir una alimentación saludable.

A muchos niños también se les dice que no deben comerse la galleta o la pizza porque engorda. Los niños absorben el mensaje de que perder peso es un objetivo importante

Alucinante. Si tú crees que las galletas o la pizza engordan (y ése es mi convencimiento), ¡no puedes no decir nada a tus hijos! Les estarías malnutriendo de forma consciente. Si guardas silencio porque nuestras autoridades te han engañado con sus fraudulentos mensajes sobre lo que es una alimentación saludable, tienes una excusa: has cometido el error de confiar en ellos, y en ese caso no eres culpable de nada. Pero si sabes o sospechas que esos productos son basura, no puedes comportarte con dejadez en tu responsabilidad como padre/madre. Y cuando hablamos de una condición que habitualmente se desarrolla a lo largo de décadas, como es el caso de la obesidad, vas a tener que contentarte con las pruebas que tengas a tu alcance, por débiles que sean, porque nunca va a haber un experimento controlado en humanos que demuestre que esos son los productos alimentarios que producen los trastornos metabólicos que nos preocupan (ver).

Los que defienden el consumo de comida basura te van a decir que no se ha demostrado que el producto X sea malo, pero te están engañando porque el argumento es falaz: seguramente nunca existan esas pruebas y aun así puede ser engordante y ser razonable sospecharlo. Tampoco te fíes un pelo de quien te hable de la “seguridad” del producto, pues nadie dice que esos productos te enfermen o maten en unos meses. Las pruebas de que no lo hacen no aportan nada al debate sobre sus posibles efectos a largo plazo.

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“es importante que consuman productos que estén ricos. Demasiados niños se están obsesionando con comer de forma saludable […] y por tanto no están aprendiendo a comer todo tipo de productos, que es una habilidad importante. […] enseña a tus hijos a tener una relación saludable con la comida — en lugar de simplemente consumir comida “saludable”.

El problema no es que los niños coman mierdas —posiblemente mierdas que sus padres creen saludables, pues confían en los mensajes oficiales—, el problema es “la obsesión por comer de forma saludable”. La relación saludable con la comida es comer lo que les venga en gana, aunque en realidad eso les enferme a largo plazo. Consumir comida saludable no establece una relación saludable con la comida. ¡Por favor, esto es insufrible! Yo carezco de la habilidad de fumar de todo. Tampoco sé beber de todo. ¿Tengo algún tipo de problema? Nuestros hijos no necesitan desarrollar la “habilidad de comer de todo” (¿qué cohones de habilidad es ésa?).

Mientras escribía estas líneas mis hijas han comido brócoli y merluza, con fresas de postre. En nuestra casa no van a aprender a “comer de todo”. Si quieren, que nos lo reprochen cuando sean mayores. Ahora mismo tenemos obligación de ejercer de padres.

NOTA: nunca he percibido que mis hijas crean que estamos haciendo un sacrificio irracional; saben qué problema he tenido, saben de mi interés por el tema de la nutrición, saben perfectamente qué productos había en nuestra casa cuando yo era obeso, saben qué productos hemos dejado de comprar y saben también qué alimentos ellas sí consumen, pero yo no lo hago o lo hago con precaución. Creo que aceptan con naturalidad que en nuestra familia se presta atención a la dieta y consumimos comida saludable.

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2 thoughts on “El horror

  1. Yo estoy de acuerdo contigo. Mis hijos ya saben que en casa no tomamos Coca-Cola ni Pepsi ni nada parecido porque son bebidas llenas de azúcar y perjudiciales para la salud. También saben que no los llevo a comer al McDonald’s porque ahí solo sirven alimentos chatarra muy altos en grasa, sodio o azúcar. Simplemente no les doy esa opción. Es cierto que al asistir a alguna fiesta ese tipo de alimentos están libremente disponibles para ellos, pero incluso ya ni siquiera les gustan tanto. Porque la verdad es que si los niños se acostumbran a no comer alimentos procesados y chatarra, no los buscan. ¿Si los padres no les enseñamos hábitos saludables, entonces quién?

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