Que no se pueda medir lo que importa no hace importante lo que sí se puede medir (II)

Podríamos definir la ciencia como el conjunto de explicaciones testeables (o falsables) que constituyen lo que creemos saber sobre cómo funciona el universo. El proceso de comprobación de que una explicación (e.g. que la causa C tiene el efecto E) es verosímil es una parte nuclear de lo que se considera ciencia: es lo que se denomina “método científico“.

Si una hipótesis no se puede someter al escrutinio del método científico, no es científica.

Esto no quiere decir que una hipótesis falsable sea necesariamente “ciencia”. Falsable quiere decir que puede someterse a examen, no que vaya a superar con éxito ese examen. Si no es falsable ni siquiera tiene opción de convertirse en “ciencia”.

Por ejemplo, la hipótesis de que “lo único que afecta a nuestra grasa corporal es el contenido energético de la comida” es falsable, pero no supera el examen, pues es demostrada falsa por las pruebas científicas, en humanos y en animales (ver). Por el contrario la afirmación de que “las calorías importan” no es científica, pues su ambigüedad hace imposible someter a examen la hipótesis: ninguna observación puede demostrar que es incorrecta porque no se sabe qué predice la hipótesis (ver).

Si una hipótesis es sometida a múltiples y exigentes tests, ésta demuestra solidez, no corrección. Una hipótesis que supera satisfactoriamente los tests a los que es sometida puede ser aceptada como teoría científica. Pero, insisto, un alto grado de corroboración experimental no es garantía ni sinónimo de corrección. El grado de corroboración es un concepto de probabilidad o confianza en que la teoría sea correcta, no la certeza de que lo sea.

¿Qué observación demostraría falsa la hipótesis? Si ninguna observación puede demostrar falsa una hipótesis, esa hipótesis no es científica (ni puede, por tanto, ser candidata a ser aceptada como teoría).

Cuando el método científico no es posible…

Es imposible hacer un experimento en humanos que aporte luz sobre enfermedades crónicas (i.e. que se desarrollan a lo largo de décadas): no se puede hacer un experimento con cientos de miles de personas durante decenas de años en las que se controle al milímetro qué se come, qué actividad física se realiza y qué medicación usan los participantes.

Cuando no es posible hacer ciencia, la pseudociencia ocupa su lugar: los datos, opiniones y experimentos que no sirven de nada porque no demuestran nada ni refutan nada son encumbrados como “la ciencia”. Por ejemplo:

  • Se hace un experimento de dos semanas de duración con una veintena de participantes (ver). Y se hace lo que no se puede hacer, que es sacar conclusiones a largo plazo sobre qué es lo que debe comer una persona con diabetes.
  • Se hacen estudios epidemiológicos en los que los datos de consumo son inventados y se hace lo que no se puede hacer, que es deducir que cambios risibles en el consumo de ciertos nutrientes concretos causan diferencias risibles en nuestra salud (ver).
  • Se recurre a modelos matemáticos de sistemas complejísimos en los que se implementa una única hipótesis y se deduce que el modelo confirma que esa hipótesis es la explicación correcta (ver,ver), haciendo la vista gorda ante la incapacidad del modelo para reproducir la realidad (ver,ver,ver). Se hace lo que no se puede hacer: los modelos son interpretados como prueba y no como lo que son, que es una simple implementación en lenguaje matemático de una hipótesis. Los modelos nunca se contrastan con experimentos reales porque los experimentos necesarios para validar los modelos  (i.e. a largo plazo y con suficiente número de participantes y control de variables) no son realizables. La complejidad del problema no es interpretada como imposibilidad de ser modelizada, sino como excusa para reducir la exigencia a los modelos y extender las capacidades probatorias de estos.
  • Se recurre a la falacia de autoridad: el método científico deja de ser requerido para validar el conocimiento. La “verdad del momento” se convierte en lo que afirma tal o cuál asociación (ver) o se promueve la idea de que la ciencia se crea por consenso (ejemplo). El método científico es ignorado: la autoridad dictamina qué es ciencia y qué no es ciencia.

Cuando el método científico no es aplicable, en lugar de aceptar que una disciplina no es científica lo que sucede es que llegan las excusas para justificar que el método científico no es necesario para crear conocimiento científico (ejemplo).

¿Qué sostiene la charlatanería?

  • El pensamiento grupal, que es el dios de los autodenominados “escépticos”. Repetir de forma acrítica los dogmas de la manada tiene asociadas ventajas sociales y permite que cualquier mendrugo adquiera “virtud barata”. Es muy fácil ser parte de algo y ser paladín de la ciencia: sólo tienes que decir lo que el grupo dice.
  • Las estructuras de poder jerárquicas, cuyas “guías” imponen de arriba hacia abajo tanto el conocimiento científico como la “charlatanería oficialmente establecida” (ver). Basta con hablar del colesterol, de las recomendaciones dietéticas o del tratamiento de la diabetes para ver que esas estructuras jerárquicas enquistan las charlatanería en nuestras instituciones.
  • Las Universidades, con profesores tan competentes y capacitados que no dan para más que enseñar la misma pseudociencia que a ellos se les enseñó (ver) y departamentos universitarios enteros dedicados a la pseudociencia, como los de epidemiología.
  • El ego y el instinto de autoprotección: reconocer que durante años has estado defendido ideas claramente estúpidas no está en la naturaleza del ser humano (ver). En muchos casos supone reconocer que la actividad comercial o la formación que se ha recibido son una basura.

Sólo algunas pseudociencias están fuera del “sistema”: las más dañinas las cultivamos dentro.

NOTA: los “escépticos” no necesitan criticar las pseudociencias oficiales porque confían en que la “ciencia oficial” se cura sola: si es erróneo será rectificado en el futuro. Alguien hará la rectificación, no es necesario mover un dedo. La complicidad con peligrosa charlatanería e incapacidad para pensar por uno mismo se disfrazan de responsabilidad y cautela. 

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