¿Quién haría eso?

Hace unos días descubrí que mi nivel es muy bajo y que no tengo ni idea de interpretar meta-análisis. Como mínimo es interesante, de cara a que los lectores de este blog no sean engañados por mi incompetencia. Si he metido la pata, mejor que se sepa.

Ahora cuento de qué estoy hablando. Empiezo por el principio. Hace unas semanas me encontré con el escrito de un señor llamado Joseph Agu (ver) que alababa un meta-análisis que según él mostraba que un aumento en el porcentaje de carbohidratos conducía a un menor riesgo de obesidad.

dos estudios publicados en el último par de semanas sirven para cerrar firmemente el ataúd de los fanáticos de las dietas bajas en carbohidratos. La primera fue una revisión sistemática y un metanálisis publicado en el British Medical Journal hace dos semanas, donde Sartorius y sus colegas se pusieron a prueba la asociación entre las dietas altas y bajas en carbohidratos y la obesidad […] esta vez se encontró lo contrario de los estratos 1; que el aumento del porcentaje de carbohidratos en la dieta conduce a un ligeramente menor riesgo de obesidad (fuente)

conduce a un ligeramente menor riesgo de obesidad”. Causa y efecto. Para él, la demostración definitiva de que las dietas bajas en carbohidratos son incluso engordantes. Y, por supuesto, el estudio no iba sobre dietas bajas en carbohidratos.

Así que le eché un vistazo al meta-análisis y publiqué una entrada con mi análisis sobre ese estudio.

El texto de Agu que dio origen a esa entrada aparece como primer comentario de la misma.

No voy a repetir ahora los argumentos de esa entrada, pero básicamente quiero llamar la atención sobre dos hechos:

  1. A menudo se usa el término “meta-análisis” para dar credibilidad o relevancia a los resultados. Se juntan estudios basura en una única recopilación y se sacan conclusiones que no se sostienen cuando se mira con detalle y espíritu crítico el meta-análisis. Hay una decena de ejemplos en el blog, algunos de ellos enlazados al final de esta entrada.
  2. Casi siempre se usa la palabra “riesgo” para engañar a la gente dando a entender una relación causa-efecto (ver).

El segundo de los engaños es realmente sangrante: es un ejemplo de libro de falacia de ambigüedad:

Falacia de ambigüedad: Se comete cuando en el curso de una argumentación, al menos uno de los términos es utilizado en más de un sentido, o bien una frase esta construida de manera inadecuada.

El cociente de riesgo en el ámbito estadístico es el cociente entre la frecuencia de aparición de una determinada condición (por ejemplo tener síndrome metabólico) en un grupo de personas que tiene ciertas características y la de otro grupo que tiene otras características. Este concepto no implica causalidad. Por ejemplo, la frecuencia de enfermedad de arteria coronaria en hombres calvos es mayor que en los que no son calvos (ver). Usando terminología estadística hablaríamos de que ser calvo está relacionado con un mayor riesgo de padecer esa enfermedad. Pero ni es ser calvo lo que lleva a padecer la enfermedad ni un crecepelo te protege de la enfermedad. No necesariamente. Porque ese “riesgo” no significa que una cosa cause la otra, ni de que sea mayor el riesgo se deduce que sea aconsejable hacer algo para reducir ese “riesgo” definido de esa manera.

Pero en el uso del término “riesgo” hay falacia de ambigüedad, pues se introduce con su definición estadística, pero la gente de la calle no maneja esa definición de “riesgo”. Para el común de los mortales si algo aumenta tu riesgo de padecer una enfermedad, ese algo te está poniendo en peligro y, por tanto, es buena idea reducir ese riesgo. Porque un aumento de riesgo significa que “es más probable que suceda un daño”. Se da a entender causa y efecto, porque si no hay causa-efecto no es más probable. Y con esa falacia de ambigüedad se persigue inducir a la gente a actuar para reducir el riesgo. Todos conocemos este ejemplo: el médico te dice que tener el LDL elevado te pone en riesgo (¿o te dice que aumenta tu riesgo?) de enfermedad cardiovascular así que te da una pastillita para bajar el riesgo. Y crees que estás protegiendo tu salud. Del término riesgo se deduce que existe relación causa-efecto y eso se usa para justificar un tratamiento médico (ver).

Otro ejemplo:

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Estudios observacionales, se supone que no se puede deducir una relación causa-efecto, pero para eso tienen la palabra “riesgo”, para poder engañar a la gente desinformada. Por otro lado, si no se pretende dar a entender una relación causa-efecto, ¿para qué se cuenta? Si le dices a alguien que el síndrome metabólico es más frecuente en los que más consumen carne roja frente a los que menos consumen, ¿no pretendes dar a entender que una cosa causa la otra? Que no nos engañen: ¿para qué se contaría si no es para dar a entender una relación causa-efecto? Porque sin relación causa-efecto esa información carece de interés.

En definitiva, para esto sirve la epidemiología: para engañar. Charlatanería con respaldo oficial.

No hay nada pecaminoso en comprobar si los datos se correlacionan. No hay nada pecaminoso en la búsqueda de variables de confusión. El pecado viene al creer que una hipótesis causal es cierta porque en tu estudio ha salido un resultado positivo, o creer lo contrario porque tu estudio fue negativo. Sander Greenland

Discrepo de esta cita. Los que crean los estudios basura tienen gran parte de la culpa del mal uso que se hace de ellos una vez publicados.

Pero la epidemiología no es la única forma en la que se usan los meta-análisis para engañar. Otro ejemplo, éste con ensayos de intervención:

Y si miras los estudios incluidos en el meta-análisis te das cuenta de que es una tomadura de pelo. Pero ahí está el tipo en twitter lanzando la desinformación y dándole “credibilidad” al mensaje con el término “meta-análisis”.

El caso es que un dietista-nutricionista llamado Eduard Baladia se pregunta en twitter que quién usaría un meta-análisis para dar a entender una relación causa-efecto a partir de datos observacionales.

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Ya he puesto tres ejemplos reales de gente que desinforma en las redes sociales dando a entender relaciones causa-efecto en base a meta-análisis que no permiten extraer las pretendidas conclusiones. En los tres casos, estudios basura cuyas conclusiones coinciden con la ideología de quien los difunde.

Mi mensaje es que no nos dejemos engañar por el término meta-análisis. Que sea un meta-análisis no significa nada en sí mismo: hay que examinar el detalle de los estudios que forman parte de los meta-análisis. No hacerlo es un error.

Por ejemplo, en el que citaba antes de la carne roja nos dicen que han incluido la carne roja PROCESADA como datos de la carne roja:

‘Red meat’ included red meat and processed red meat

Y así se comprueba al hojear un poco los estudios observacionales incluídos en ese meta-análisis. Pero luego en el abstract presentan los datos por separado de carne roja y carne procesada, cuando, como acabamos de ver, dentro de “carne roja” también se incluía carne (roja) procesada:

The pooled RR for metabolic syndrome of the highest versus lowest category of meat intake was 1.14 (95% CI: 1.05, 1.23) for total meat, 1.33 (95% CI: 1.01, 1.74) for red meat, 1.35 (95% CI: 1.18, 1.54) for processed meat, and 0.86 (95% CI: 0.76, 0.97) for white meat.

La persona que nos dice que la carne roja te pone en riesgo de síndrome metabólico ni matiza que el dato de la carne roja incluye carne procesada ni te dice que el risk ratio es de 1.33. Carne procesada… así que estamos poniendo sobre la mesa muchos más factores que “carne roja”: económicos, sociales, el efecto del “consumidor irresponsable” (que consume carne roja y carne roja procesada frente al consejo de los “expertos” de no hacerlo). Y aún así, risk ratio de 1.33. Suficiente para desinformar en twitter:

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¿Qué entiende una persona de la calle cuando lee “mayor riesgo de”? ¿Qué es lo que está diciendo ese mensaje? ¿Qué persigue el autor del texto? No sabemos qué causa qué, pero es un hecho que se usa la epidemiología para intentar engañar a la gente.

Y, por cierto, los autores de ese meta-análisis de estudios observacionales no cometen el error de deducir causa-efecto, porque los buenos científicos no hacen esas cosas. ¿Quién haría eso?

Our findings suggest that the effect on health is different by the types of meat and also support current common dietary guidelines to decrease the intake of red and processed meat and increase the consumption of white meat.

Nuestros hallazgos sugieren que el efecto sobre la salud es diferente según los tipos de carne y también respalda las pautas dietéticas comunes actuales para disminuir la ingesta de carne roja y procesada y aumentar el consumo de carne blanca.

Ah, espera, ¡sí que lo hacen!

A donde quería llegar es que al parecer mi entrada era de nivel muy bajo y no tengo ni idea de meta-análisis:

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Lo veo realmente interesante. Me gustaría saber dónde he metido la pata en esa entrada. A la gente que lee este blog debería resultarle interesante conocerlo. ¿Cuáles de mis argumentos son erróneos? Tienen que ser muchos, porque la entrada es de nivel muy bajo. Y estoy de acuerdo en que no sé nada de meta-análisis. No es falsa modestia, es la realidad. Pero me gustaría saber qué parte de la entrada me ha delatado en ese sentido. Y también tengo curiosidad por saber qué hice mal citando a Ioannidis. También tiene que haber sido algo muy grave y fácil de explicar.

there is massive production of unnecessary, misleading, and conflicted systematic reviews and meta-analyses. Ioannidis JP

existe una ingente producción de revisiones y meta-análisis innecesarios, engañosos e inconsistentes

Leer más:

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Lo más vergonzoso que he leído nunca

No estoy exagerando. Es una vergüenza: los “expertos” nos ilustran sobre la necesidad y las bondades de consumir azúcar.

El azúcar en los distintos ciclos de la vida: desde la infancia hasta la vejez

Los hidratos de carbono son nutrientes esenciales que deben estar en la dieta en las diferentes etapas de la vida y situaciones fisiológicas, de acuerdo a las recomendaciones.

Absolutamente falso (ver,ver): los hidratos de carbono NO son nutrientes esenciales. No hay ninguna necesidad de consumirlos, pues no hay ninguna enfermedad producida por no consumirlos.

the human body can adapt to a carbohydrate-free diet and manufacture the glucose it needs (fuente)

El cuerpo humano sabe adaptarse a una dieta sin carbohidratos y fabrica la glucosa que necesita

The lower limit of dietary carbohydrate compatible with life apparently is zero, provided that adequate amounts of protein and fat are consumed (fuente)

La mínima cantidad diaria de carbohidratos compatible con la vida es aparentemente cero, siempre que se consuman cantidades adecuadas de proteína y grasa.

La falsedad típica es que necesitamos consumir cabohidratos para que nuestro cerebro no se quede sin energía (mis negritas):

La principal función del azúcar es proporcionar la energía que nuestro organismo necesita para el funcionamiento
de los diferentes órganos, como el cerebro y los músculos, funcionalidad esencial a lo largo de la vida y situaciones fisiológicas.

constituyen la principal fuente energética del sistema nervioso y de las células sanguíneas, lo que sin duda es un aspecto esencial en todas las etapas de la vida y situaciones fisiológicas, pero de manera muy especial en el embarazo, recién nacidos, deportistas o en las personas mayores.

Pero no es cierto:

The elimination of dietary carbohydrate did not diminish the energy supply to the CNS under the conditions of these experiments (fuente)

La eliminación de los carbohidratos dietarios no disminuyó el suministro de energía al sistema nervioso central en las condiciones de estos experimentos

El artículo insiste una y otra vez en la conveniencia de incluir el azúcar en la dieta (mis negritas):

se debe incluir el consumo de azúcar en cantidad moderada

El consumo de azúcar es particularmente importante, porque permite incrementar y reponer los depósitos de glucógeno, tanto en el músculo como en el hígado. Tanto si la actividad laboral es física como intelectual, el consumo de azúcar sigue siendo aconsejable en la edad adulta.

Entre las mujeres adultas es muy habitual seguir algún tipo de régimen hipocalórico. En este caso, es muy importante conocer el beneficio que el consumo de azúcar implica para el buen desarrollo de la dieta

La alimentación de la diabética embarazada no debe ser ni hipocalórica ni restrictiva en hidratos de carbono

una ingesta moderada de azúcar es compatible con una dieta adecuada nutricionalmente y con el necesario aporte de micronutrientes y fibra dietética

los azúcares también son compatibles con una dieta equilibrada y saludable, y resultan de especial importancia en etapas de la vida que requieren de un aporte muy significativo de glucosa para los continuados procesos de atención y aprendizaje (infancia) o para el mantenimiento del apetito y para que se puedan vehiculizar otros nutrientes de crítica importancia, como sería el caso de las personas mayores, sin olvidar tampoco la importancia en la correcta práctica deportiva. El azúcar, incluso en cantidades muy moderadas, para determinados grupos de edad, constituye una importante fuente de placer en la dieta, pilar fundamental para procurar una correcta nutrición.

Y, según los autores, la percepción de que los carbohidratos engordan provoca un “perfil calórico” inadecuado en el que, en proporción, se consume más azúcar:

 la precepción muy generalizada de que los carbohidratos “engordan”, son perjudiciales o no esenciales, supone de hecho que, en general, su aporte al contenido energético de la dieta (“perfil calórico”) disminuya conforme el poder adquisitivo aumenta, y viceversa. Este fenómeno se viene observando también en España en los últimos años. En este perfil calórico inadecuado, son los hidratos de carbono complejos los que más disminuyen, mientras que, proporcionalmente, determinados hidratos de carbono como la sacarosa o los lípidos y las proteínas aumentarían.

Alucinante cómo se manipulan los conceptos en el texto anterior, jugando con los conceptos relativo-absoluto para meter miedo a la gente dando a entender que si reducen la ingesta de carbohidratos van a consumir más azúcar, que es ¡asustar a la gente con un mayor consumo del producto que esta basura de artículo está promocionando! ¡Madre mía! Puede que sea el argumento más manipulador que yo haya leído en toda mi vida.

Sigo con el artículo: es simplista relacionar azúcar con caries dental pues a lo mejor lo que pasa es no que no te has cepillado suficientemente los dientes, no culpa del consumo de azúcar. Y los carbohidratos evitan la cetosis (mis negritas):

esta relación es compleja, ya que no sólo los azúcares contribuyen al desarrollo de la caries debido a que este proceso también se encuentra interconectado con la frecuencia de la limpieza bucal, el uso de flúor en la misma, así como la composición salivar, por lo que no es admisible científicamente una relación simplista y exclusiva de asociación de la caries dental con el consumo de azúcares

Los hidratos de carbono tienen un efecto anticetogénico, al mismo tiempo que ahorrador de proteínas.

¿Problemas del “posible aumento de cuerpos cetónicos”? Por supuesto, no aportan evidencia de ninguno (ver).

¿Y qué produce la obesidad según los autores? Una excesiva ingesta energética no compensada mediante el gasto energético adecuado, es decir, la pseudociencia del balance energético (mis negritas):

Se calcula que unos 200 millones de niños de edad escolar padecen sobrepeso y unos 50 millones obesidad según la IOTF (International Obesity Task Force), debido a la ingesta excesiva de energía obtenida a base de productos con elevado contenido energético y baja densidad nutricional, pero fundamentalmente a la incapacidad actual para compensar mediante un gasto energético adecuado

no hay evidencia clara todavía para implicar directamente a los azúcares con la obesidad, aunque hay que tener en cuenta que un exceso de energía ya bien provenga de hidratos de carbono simples o de cualquier otro macronutriente energético, y asociado siempre a un estilo de vida sedentario, favorecería dicha patología si no se contrarresta con un adecuado gasto energético.

Las pruebas contra el azúcar

En temas de nutrición y obesidad es complicado establecer las causas de forma definitiva (ver). Eso es un hecho. A partir de ahí, es razonable que las personas tomemos decisiones sobre lo que creemos que es una alimentación saludable, y esas decisiones las vamos a tomar siempre en base a evidencia imperfecta. Unos podemos pensar que lo más sensato es ignorar a los “expertos” en nutrición y seguir una dieta evolutiva o paleo, porque es lo que más sentido tiene: comer lo que la naturaleza nos ofrece, no lo que inventamos en fábricas. Del mismo modo alguien puede creer que los alimentos que encontramos tal cual en la naturaleza son el problema, y que el azúcar es inocuo y/o necesario. Lo que no se puede hacer es usar falsedades para defender el consumo de azúcar: no necesitamos consumir carbohidratos, no necesitamos consumir azúcar, no necesitamos “el placer” que nos da el azúcar para mantener una dieta saludable y es profundamente estúpido argumentar que las leyes de la física dicen que engordamos porque “comemos más de lo que gastamos”. No es discutible (ver).

La verdadera causa del problema de obesidad que tenemos

¿Quién nos dice que engordar es un problema de “comer más de lo que se gasta”? ¿Quién nos dice que el azúcar no sólo no es contraproducente sino que es necesario consumirlo “con moderación”? No nos dejemos engañar: el problema de la obesidad no lo ha causado la industria alimentaria ni el problema es que la gente no siga las recomendaciones de los expertos: se está basando la –supuesta– lucha contra la obesidad en patética pseudociencia y recomendaciones dietarias sin fundamento. ¿Culpables? Para mí lo son los que promocionan la teoría del balance energético y la dieta de las harinas (ver). El problema de la nutrición no viene de las “dietas milagro”, ni de la homeopatía, ni del intrusismo, ni de no saber cerrar la boca a tiempo: viene de una casta de “expertos” que se ha inventado lo que es una “alimentación saludable” (ver). En cuanto rascas un poco te das cuenta de que no hay más fundamento que falsedades y planteamientos pseudocientíficos.

Leer más:

 

Han comido menos de lo normal pero consumían azúcar y ¡han engordado! (en ratas)

Sucrose induces Fatty Liver and Pancreatic Inflammation in Male Breeder Rats Independent of Excess Energy Intake

Experimento en ratas. 4 meses de duración. Dos dietas idénticas en calorías y en todos los nutrientes, salvo que una dieta tiene azúcar y la otra tiene almidón. Evidentemente, también tienen el mismo reparto de macronutrientes:

Rats were administered 40% sucrose or starch diets for 4 months. The diets were identical in all nutrients except that sucrose was replaced with starch, and all rats were pair fed to assure identical caloric intake.

Se les administró a las ratas dietas con un 40% de sacarosa o de almidón durante 4 meses. Las dietas fueron idénticas en todos los nutrientes, excepto que la sacarosa se reemplazó con almidón, y todas las ratas fueron alimentadas “por parejas” para asegurar una ingesta calórica idéntica.

El grupo control perdió 5 gramos, mientras que el grupo del azúcar ganó 14 gramos.

No sólo eso…

We also mildly diet restricted all rats to assure there be no concern that intake was not excessive […] about 10% less than normal intake in these rats

También restringimos ligeramente la dieta de todas las ratas para que no estuviera en cuestión si la ingesta era excesiva […] aproximadamente un 10% menos de la ingesta normal en estas ratas

Esto es interesantísimo: el grupo “sacarosa” ha subido de peso consumiendo un 10% menos de lo que comen normalmente esas ratas. Han “comido menos” pero han comido mal y ¡han engordado!

Conclusiones de los autores:

sucrose is not simply an energy source that may have a role in obesity, but rather has specific metabolic effects that favor the development of fat accumulation and insulin resistance independent of excessive energy intake.

la sacarosa no es simplemente fuente de energía que puede jugar un papel en la obesidad, sino que tiene efectos metabólicos concretos que favorecen el desarrollo de la acumulación de grasa y de la resistencia a la insulina al margen de que la ingesta energética sea excesiva

“favorecen el desarrollo de la acumulación de grasa […] al margen de que la ingesta energética sea excesiva”

¿Qué tratamiento recomendaría una endocrino caloréxica a esas ratas que están engordando “comiendo poco”?

Si no hay misterios. Reduce las calorías. está claro que comes más de lo que gastas […] Pues ya te lo digo yo, que te sobran calorías. Sino no se coge peso. Te lo aseguro

Sí, está “clarísimo”. Nos lo asegura.

La teoría del balance energético es demostrada falsa por la evidencia científica. Es un resultado que hemos visto una y otra vez en el blog (ver,ver). Y lo bueno de los estudios con animales es que no se pueden desacreditar los resultados diciendo que los animales comen más de lo que dicen (ver). ¿Misterio? El misterio es cómo a estas alturas de la historia esta BURRADA es la teoría oficial con la que estamos tratando de prevenir y curar la obesidad. Todo un misterio…

Leer más:

Crónicas caloréxicas (V): Stephan Guyenet, PhD

Guyenet, PhD es un conocido defensor de la pseudociencia del balance energético. En esta entrada voy a comentar uno de sus argumentos:

for insulin to cause fat gain, it must either increase energy intake, decrease energy expenditure, or both. Stephan Guyenet, PhD

para que la insulina cause ganancia de grasa, debe incrementar la ingesta energética, disminuir el gasto energético, o ambos. 

¿”Debe” porque eso se deduce de las leyes de la física?

Cambiemos de hormona:

para que la hormona del crecimiento haga crecer los tejidos tiene que aumentar la ingesta energética, reducir el gasto energético, o ambos.

La hormona del crecimiento hace crecer nuestros tejidos aumentando nuestro apetito, reduciendo nuestro gasto energético o ambas cosas. Y el cuerpo se ve entonces obligado a crecer por ese “exceso calórico”, actuando según la ecuación del balance energético. ¡La energía no puede desaparecer! ¡Las leyes de la física también se cumplen en los seres vivos! ¿Es eso lo que se deduce de la primera ley de la termodinámica? ¿Es eso lo que dice nuestro conocimiento de la fisiología que sucede? (ver) ¿Es negar esta clamorosa estupidez negar el cumplimiento de las leyes de la física? ¿Hay una ley de la física para la hormona del crecimiento y una diferente para la insulina?

for insulin to cause fat gain, it must either increase energy intake, decrease energy expenditure, or both. Stephan Guyenet, PhD

para que la insulina cause ganancia de grasa, debe incrementar la ingesta energética, disminuir el gasto energético, o ambos. 

Increíble, ¿verdad?

La teoría del balance energético no es una ley de la física. Es charlatanería. En cuanto se rasca mínimamente todo lo que sale es morralla.

Leer más:

Resistencia a la insulina (3 de 3)

Resistencia a la insulina fisiológica (no patológica)

it should be common in clinical practice that patients submitted to oral glucose tolerance tests not be under severe carbohydrate restriction, since this could alter the response to the glucose overload (fuente)

debería ser común en la práctica clínica que los pacientes sometidos a pruebas de tolerancia oral a la glucosa no estén bajo restricciones severas de carbohidratos, ya que esto podría alterar la respuesta a la sobrecarga de glucosa

Es posible que cuando se sigue una dieta muy baja en carbohidratos el cuerpo muestre una “falsa resistencia a la insulina” pues no está acostumbrado a usar la glucosa en plasma como combustible. No se trataría de una respuesta patológica, causada, por ejemplo en el caso del tejido muscular, por una sobrecarga de glucosa y consecuente disfunción de las mitocondrias, sino de un estado natural determinado por la baja ingesta de carbohidratos. De no existir ese “estado natural” de preservar la glucosa el cuerpo tendría que recurrir a “canibalizar” el propio músculo para obtener la glucosa que no ingerimos. En cierta manera es la respuesta lógica del cuerpo para preservar la masa muscular.

No es sólo una cuestión de peso

La resistencia a la insulina está asociada a problemas de salud, como la enfermedad cardiovascular. En la gráfica se muestra la incidencia de eventos clínicos en función de la resistencia a la insulina observada (ver):

Cociente de riesgo de eventos cardiovasculares en función del quintil de HOMA-IR:

tablair

IR as measured by HOMA-IR but not fasting insulin appears to be independently associated with greater risk of cardiovascular or all-cause mortality in non-diabetic adults. (fuente)

La IR [resistencia a la insulina] medida por HOMA-IR pero no por la insulina en ayunas parece estar asociada de forma independiente con un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular o mortalidad por cualquier causa en adultos no diabéticos.

Our results confirmed that IR has negative effects on lipid metabolism and reinforces the connection between DM and CVD. (fuente)

Nuestros resultados confirman que la IR tiene efectos negativos en el metabolismo lipídico y refuerzan la conexión entre DM [diabetes melitus] y enfermedad cardiovascular.

Insulin resistance is associated with coronary heart disease mortality in men with no history of diabetes independent of other risk factors over a 20-year follow-up period. (fuente)

La resistencia a la insulina está asociada con la mortalidad por enfermedad cardíaca coronaria en hombres sin historia de diabetes al margen de otros factores de riesgo en un periodo de seguimiento de 20 años.

These results indicate that midlife insulin resistance is an independent risk factor for brain amyloid accumulation in elderly individuals without dementia. (fuente)

Estos resultados indican que la resistencia a la insulina en la mitad de la vida es un factor de riesgo independiente para la acumulación de amiloide cerebral en personas ancianas sin demencia.

insulin resistance was an independent predictor of atherosclerotic progression in patients with coronary heart disease irrespective of the individual’s diabetes status (fuente)

la resistencia a la insulina fue un predictor independiente de progresión aterosclerótica en pacientes con enfermedad coronaria independientemente del estado de diabetes del individuo

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Our results showed that being insulin resistant (as suggested by a high triglyceride/HDL-c ratio) and having LDL-c ≤ 142 mg/dL conferred a higher risk of CVD than being insulin sensitive and having an elevated LDL-c.

Nuestros resultados mostraron que ser resistente a la insulina (como lo sugiere un alto cociente triglicéridos/HDL) y tener LDL ≤ 142 mg/ dl confirió un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular que ser sensible a la insulina y tener un LDL elevado.

Incidencia de enfermedad cardíaca isquémica en función de la resistencia a la insulina y de los niveles de LDL: mucho más relevante la resistencia a la insulina que el LDL.

Both insulin resistance and impairment in insulin secretion response strongly correlate with coronary ED in subjects without diabetes (fuente)

Tanto la resistencia a la insulina como el deterioro en la respuesta de secreción de insulina se correlacionan fuertemente con la disfunción endotelial coronaria en sujetos sin diabetes

patients in the higher HOMA-IR tertile had more frequent vulnerable plaque features such as lipid-rich plaque, TCFA, and microvessels as assessed by OCT than those in the middle and lower tertiles (fuente)

los pacientes en el tercil superior HOMA-IR tenían más frecuentemente características de placa vulnerable, como placa rica en lípidos, TCFA y microvasos a partir de evaluación por OCT en comparación con los terciles inferior y medio

¿Qué hacer si se tiene resistencia a la insulina?

Es previsible que el ejercicio físico ayude a aumentar nuestra sensibilidad a la insulina (ver). La otra vía lógica de actuación es la dieta. En general las dietas bajas en carbohidratos van a reducir la glucemia e insulinemia en ayunas (ver), por lo que es de esperar que la resistencia a la insulina medida con el HOMA-IR mejore (ver).

Por ejemplo, en este experimento la dieta baja en carbohidratos (línea discontinua) redujo de forma clara el HOMA-IR en personas con problemas de glucosa.

Mismo resultado en este otro experimento (nótese que la ingesta energética fue superior en el grupo low-carb):

Nutrient Baseline Very low-carbohydrate Low-fat
Energy, MJ 10.86 ± 2.47a 7.77 ± 1.81b 6.54 ± 1.19c
Baseline Very low-carbohydrate Low-fat
TC, mmol/L 4.98 ± 0.83a 4.44 ± 0.95b 4.25 ± 0.75b
LDL-C, mmol/L 3.25 ± 0.73a 3.05 ± 0.80a 2.68 ± 0.67b
HDL-C, mmol/L 1.02 ± 0.16 0.99 ± 0.20 0.95 ± 0.16
TC/HDL-C 4.96 ± 1.03 4.53 ± 0.73 4.59 ± 1.17
TAG, mmol/L 1.55 ± 0.49a 0.87 ± 0.24b 1.32 ± 0.51a
TAG/HDL-C 1.56 ± 0.58a 0.90 ± 0.27b 1.43 ± 0.64a
Oxidized LDL, mU/L 4.72 ± 1.98 4.12 ± 1.14 4.32 ± 2.23
Glucose, mmol/L 5.23 ± 0.35a 4.93 ± 0.41b 5.03 ± 0.58a
Insulin, pmol/L 77.1 ± 32.7a 45.1 ± 27.5b 55.4 ± 26.8b
HOMA-IR2 2.49 ± 1.05a 1.41 ± 0.97b 1.74 ± 0.89b
O en este otro, en el que la ingesta es algo inferior en el grupo low-carb:

 

Falacia de falsa dicotomía

Es posible que la resistencia a la insulina (hepática, muscular o del tejido adiposo) no sea un factor relevante en el desarrollo de la obesidad o en la búsqueda de soluciones para los que ya tienen un problema de peso. Es posible. Pero demostrar que no juega un papel causal en la obesidad o destacar incertidumbres en el papel de la insulina o de la resistencia a la insulina en el proceso de engordar, no son una demostración de que la teoría del balance energético sea correcta. Esa teoría NO es correcta. Es una estupidez como no ha habido otra igual en la historia de la humanidad. Y no sólo es un modelo de obesidad erróneo: es un modelo inútil que daña nuestra salud y que impide buscar soluciones con base real.

Los defensores de esa charlatanería pueden atacar los mecanismos fisiológicos todo lo que quieran. Cuando de verdad entendamos qué nos engorda y cómo adelgazar, si eso es posible, la explicación estará basada en la fisiología, no en tautologías, falacias y restas.

Ir a la primera parte.

Ir a la segunda parte.

Leer más:

Resistencia a la insulina (2 de 3)

Development of hyperinsulinemia and insulin resistance during the early stage of weight gain

Este estudio es interesante porque los participantes tienen peso normal en todo momento: 10 hombres que pesan una media de 71 kg. Se les hace engordar unos 6 kg, de los cuales la mitad es grasa corporal:

The fractional increase of fat in the present study was 3.2 kg, which accounts for 52% of total weight gain.

Lo veo interesante por lo siguiente: la teoría dominante en el campo de la obesidad es que engordamos porque comemos “más de la cuenta”. Y como los “expertos” creen entender cuál es la causa de engordar deducen que diabetes, hígado graso, resistencia a la insulina, etc., efectos asociados estadísticamente a engordar, son causados por la obesidad.

Pero en este experimento los participantes no se han vuelto obesos y ni siquiera han llegado a tener sobrepeso. Sólo han ganado unos kilos de forma forzada y pesan 77 kg. Si la razón de desarrollar resistencia a la insulina hepática fuera la obesidad, en este experimento no debería aparecer resistencia a la insulina. Y sin embargo sí se desarrolló resistencia a la insulina hepática.

En las gráficas se puede ver cómo para mantener similares niveles de glucemia, tras ganar 3 kg de grasa corporal se tuvo que segregar más insulina: son los síntomas de resistencia a la insulina hepática o muscular.

 

The elevation in both basal insulin levels and the insulin response to ingested or injected substrates is an indication of insulin resistance when glucose levels are unchanged or the elevation of insulin is disproportionally higher than that of glucose

La elevación en los niveles de insulina basal y la respuesta de insulina a los sustratos ingeridos o inyectados es una indicación de resistencia a la insulina cuando los niveles de glucosa no cambian o la elevación de insulina es desproporcionadamente más alta que la de glucosa

insulin resistance, indicated by increased HOMA-IR, higher postprandial insulin concentrations associated with an unchanged rise of glucose, and the reduced amount of iv glucose required to maintain a defined elevation of plasma glucose levels in the presence of increased insulin concentrations, is an early phenomenon in the course of weight gain, and it starts already within the normal range of body weight

la resistencia a la insulina, indicada por aumento de HOMA-IR, concentraciones de insulina postprandial más altas asociadas con un aumento constante de glucosa, y la cantidad reducida de glucosa intravenosa requerida para mantener una elevación definida de los niveles de glucosa en plasma en presencia de mayores concentraciones de insulina, es un fenómeno temprano en el curso del aumento de peso, y comienza ya dentro del rango normal de peso corporal

“…comienza ya dentro del rango normal de peso corporal…”

No es una demostración de que la resistencia a la insulina incremente los efectos de una dieta engordante, pero sí parece descartar la idea de que la resistencia a la insulina es una simple consecuencia de la obesidad, el resultado, por ejemplo de anormales concentraciones de ácidos grasos libres en la vena portal (ver).

Que tengamos exceso de peso no significa que nuestros niveles de insulina estén necesariamente elevados

Niveles de insulina en ayunas (C) y en dos instantes (D,E) tras un test oral de glucosa en función del IMC:

En término medio sí, los niveles de insulina son más elevados si el IMC es elevado, pero no es así en todos los casos.

Si tenemos exceso de peso posiblemente tenemos resistencia a la insulina

Resistencia a la insulina medida con el HOMA-IR (ver).

En personas de avanzada edad:

En mujeres de mediana edad:

Hombres y mujeres de mediana edad:

En rojo, resistencia a la insulina frente a IMC:

gr2

Que tengamos un tipo de resistencia a la insulina no implica que tengamos también los otros

En la gráfica se muestra:

  • Parte izquierda: resistencia a la insulina en el tejido adiposo frente a la resistencia a la insulina hepática y
  • Parte derecha: resistencia a la insulina en el tejido adiposo frente a sensibilidad a la insulina del tejido muscular esquelético.

El tipo de engorde afecta a la resistencia a la insulina del tejido adiposo

Como he comentado en la primera parte del artículo, aunque la resistencia a la insulina (hepática y muscular) puede potenciar la acumulación de grasa corporal, a medida que los adipocitos se llenan de grasa se vuelven resistentes a engordar y menos propensos a seguir “obedeciendo” las órdenes de la insulina. No obstante, si se produce la creación de nuevos adipocitos (hiperplasia del tejido adiposo) el resultado puede ser que el tejido adiposo gane sensibilidad a la insulina, pues aparecen adipocitos “deseosos” de captar grasa corporal para adquirir un tamaño normal.

Creo que el siguiente resultado es muy ilustrativo: ante la misma dieta engordante los adipocitos que están más llenos aumentan de tamaño menos que adipocitos más pequeños. Cuando engordamos por hipertrofia nuestro tejido adiposo se hace resistente a engordar.

Nota: con ese cambio en diámetro el incremento de volumen es mayor en el adipocito de la izquierda que en la de la derecha.

Nótese además cómo ante el mismo incremento en las calorías de la comida el resultado viene marcado por la sensibilidad del tejido adiposo a la insulina. Nuestro cuerpo funciona según marca la fisiología y lo que comemos, no según la ecuación del balance energético.

Si los adipocitos se llenan demasiado es posible que la hiperplasia se vea favorecida:

a small overfeeding study in obese Pima Indians showed no change in mean adipose cell size but rather an increase in small adipose cell number, presumably because the large adipose cells were already enlarged to capacity (fuente)

Aparentemente, la “resistencia a la insulina” del tejido adiposo no sólo se opone al engorde, lo que en principio la descarta como causa, sino que es consecuencia y síntoma del engorde. No obstante, la causa real de dicho engorde puede ser tener niveles de insulina anormalmente altos.

En definitiva, ¿qué cabe esperar si una persona ya tiene resistencia a la insulina en los adipocitos? Pues que no tenga facilidad para engordar más (salvo que llegado el momento se desarrolle hiperplasia del tejido adiposo):

Findings of the present study indicate that IR attenuates the risk of BF% and weight gains in middle-aged women over time. (fuente)

Los resultados del presente estudio indican que la resistencia a la insulina atenúa el riesgo de ganar con el tiempo grasa y peso corporales en mujeres de mediana edad.

Insulin-resistant subjects gained less weight than insulin-sensitive subjects (fuente)

Los sujetos resistentes a la insulina ganaron menos peso que los sujetos sensibles a la insulina.

Un hecho que, como he comentado en la primera parte, no contradice la idea de que la resistencia a la insulina periférica fomente la acumulación de grasa corporal. Y no debemos confundir el proceso durante el cuál se desarrolla el engorde con el momento en que ya tenemos kilos de sobra y posiblemente resistencia a la insulina.

Intensidad del estímulo y sensibilidad al estímulo

En el siguiente experimento tenemos dos grupos dietarios formados por personas ya obesas (95 kg en media siendo parte mujeres) que siguen dietas distintas durante 6 meses. Mismas calorías pero un grupo bebe agua y el otro bebe una bebida azucarada. Al cabo de esos 6 meses se mide su resistencia a la insulina mediante un test OGTT que consiste en ingerir una carga de glucosa y observar la glucemia y la insulinemia durante las 2h siguientes a la ingestión de ese producto. Los autores del experimento dicen que no se aprecia una gran diferencia en la resistencia a la insulina de ambos grupos. En las siguientes gráficas estamos comparando el grupo en verde con el grupo en azul. Se puede apreciar que el grupo en verde precisa más insulina para mantener la glucemia más elevada que el grupo en azul, por lo que el grupo en verde SÍ tiene mayor resistencia a la insulina (hepática y/o muscular), aunque el resultado no alcanza significación estadística.

Algo que no nos debe engañar de la gráfica anterior es que ésa no es la insulinemia que han tenido ambos grupos dietarios durante el experimento: es su respuesta a una bebida de test que es idéntica para ambos grupos. Es decir, estamos comparando la respuesta ante una “comida” idéntica, no estamos comparando sus niveles hormonales durante todo el experimento con la dieta específica de cada grupo. Es decir, perfectamente uno de los grupos ha podido tener niveles de insulina postprandiales mucho más elevados que el otro, día tras día, porque la composición de la dieta era diferente.

El grupo que consumía una bebida azucarada ha ganado grasa corporal y ha perdido músculo, algo que no ha sucedido en el grupo que bebía agua (ver). Y, además, como hemos visto ha desarrollado mayor resistencia a la insulina que el otro grupo, algo que se probablemente se vería mejor si en lugar de sólo dos puntos temporales se hubiesen registrado más valores durante las 5 horas siguientes a la ingesta. Pero, en cualquier caso, reitero que lo que se ve en la gráfica no es la insulinemia de ambos grupos durante el experimento, sino la respuesta a una misma carga de glucosa.

¿Es previsible encontrar una relación estadística entre tener más o menos resistencia a la insulina y engordar más o menos? No. En primer lugar porque la resistencia a la insulina sólo habla de lo sensible que se es al estímulo, no de la magnitud del estímulo, que en este caso vendría marcado por la composición de la dieta. Pero, además, como he comentado en la primera parte del artículo, con el estímulo adecuado una persona puede engordar mientras sus adipocitos son sensibles a la insulina y dejará de hacerlo con la misma facilidad cuando se llenen.

Al hinchar un globo soplando, conforme el globo se va hinchando cada vez cuesta más seguir hinchándolo. Se hace resistente a ser hinchado con soplidos, pero está claro que ha sido soplar lo que lo ha hinchado.

Que esa persona sea resistente a la insulina (en el tejido adiposo) una vez ha engordado no necesariamente es indicativo de que la resistencia a la insulina (hepática) no haya jugado un papel facilitador en el proceso de engordar. Y tampoco la fisiología de sujetos ya obesos tiene por qué ser informativa sobre el proceso fisiológico de engordar en una persona que pasa de peso normal a ser obeso.

Como lo considero relevante, reitero que consumiendo las mismas calorías el grupo que consumía una bebida azucarada ganó grasa corporal y perdió músculo, algo que no le sucedió al grupo que bebía agua. ¡¡Con las mismas calorías!!

Ir a la primera parte.

Ir a la tercera parte.

Leer más:

Resistencia a la insulina (1 de 3)

En la gráfica vemos los niveles de insulina en personas obesas (puntos blancos) en comparación con personas de peso normal (puntos negros):

Si la insulina es engordante, ¿no deberían entonces las personas obesas engordar aún más, siendo que sus niveles de insulina en sangre están elevados. ¿Demuestra esta gráfica que la insulina no es engordante per se?

La insulina

La insulina es una hormona muy poderosa. Se podría decir que el resto de hormonas tienen poco que decir cuando la insulina actúa (ver). De forma aproximada, más o menos, nuestro cuerpo almacena grasa corporal cuando la insulina está elevada, y libera grasa corporal cuando la insulina está baja. En la gráfica se muestra el flujo de grasa en nuestro tejido adiposo a lo largo de 24h en las que se realizan tres comidas. Cuando la línea roja está por encima de la línea azul acumulamos grasa, cuando está por debajo la liberamos.

Por definición, cuando engordamos el efecto de acumular grasa durante el periodo diurno (tras las comidas, para ser exactos) no se compensa liberando grasa en el periodo nocturno (o más bien, cuando llevamos unas horas sin comer). Si la estimulación de la insulina es anormal, por ejemplo a causa del consumo de productos que no son comida —como el azúcar o las harinas de cereales— eso podría desequilibrar ambos periodos y favorecer la acumulación neta de grasa corporal. Más o menos, eso es lo que la hípotesis carbohidratos-insulina propone como explicación a nuestro actual problema de obesidad (ver).

In the fed state, dietary carbohydrate (CHO) increases plasma glucose and promotes insulin secretion from the pancreatic β cells. Insulin has numerous actions to promote storage of dietary calories (fuente)

Tras las comidas, los carbohidratos dietarios incrementan la glucosa en plasma y promueven la secreción de insulina por parte de las células β pancreáticas. La insulina ejerce numerosas acciones que promueven el almacenamiento de las calorías dietarias

Los efectos de la insulina son “pleiotrópicos”, que quiere decir que actúa por varias vías, en el sentido de fomentar la acumulación de grasa corporal:

  • Promueve la lipogénesis (captura de ácidos grasos y creación de triglicéridos dentro de los adipocitos)
  • Inhibe la lipólisis intracelular (conversión de triglicéridos intracelulares a ácidos grasos y liberación a plasma)
  • Promueve la creación de nuevos adipocitos (diferenciación de preadipocitos). Los adipocitos recién creados tienen gran propensión a llenarse de grasa corporal.

Pleiotropic effects of insulin to promote adipose storage. Insulin stimulates differentiation of preadipocytes to adipocytes. In adipocytes, insulin promotes lipogenesis by stimulating the uptake of glucose and lipoprotein-derived fatty acids and by inducing ADD-1/SREBP-1c, which regulates genes promoting fatty acid synthesis and lipogenesis, not only in adipocytes but also in hepatocytes. Insulin may also regulate transcription through Forkhead transcription factors. Insulin diminishes triglyceride breakdown by inhibiting lipolysis. Many of these metabolic pathways are regulated by the PI3K signaling pathway.

Efectos pleiotrópicos de la insulina que promueven la acumulación de grasa corporal. La insulina estimula la diferenciación de preadipocitos a adipocitos. En los adipocitos, la insulina promueve la lipogénesis estimulando la absorción de glucosa y ácidos grasos derivados de lipoproteínas e induciendo ADD-1 / SREBP-1c, que regula los genes que promueven la síntesis de ácidos grasos y la lipogénesis, no solo en los adipocitos sino también en los hepatocitos. La insulina también puede regular la transcripción a través de los factores de transcripción de Forkhead. La insulina disminuye la descomposición de triglicéridos al inhibir la lipólisis. Muchas de estas vías metabólicas están reguladas por la vía de señalización de PI3K.

Genetic Evidence That Carbohydrate-Stimulated Insulin Secretion Leads to Obesity

En este estudio reciente encontraron que —sometidos a dieta occidental— la propensión genética a segregar insulina guarda relación estadística con el peso corporal. Si tu genética es propensa a segregar insulina, en término medio pesas más que quien tiene otra genética. Una dieta basada en comida basura sería más perjudicial en unas personas que en otras.

We found that genetically-determined insulin secretion predicted body mass index with extremely high confidence (fuente)

an effect that might be even greater among those consuming the most carbohydrate (fuente)

Resistencia a la insulina

Ciertos productos alimentarios producen respuestas hormonales anormales que son sospechosas de ser directamente engordantes. Pero no sólo eso, es posible que también afecten a nuestro cuerpo de tal forma que esos perjudiciales cambios hormonales se acentúen.

Ese daño del que estoy hablando se conoce como “resistencia a la insulina”, en concreto resistencia a la insulina hepática: el hígado se hace “duro de oído” y necesita “escuchar” más insulina para reducir su secreción de glucosa al torrente sanguíneo. La consecuencia directa son niveles de insulina más elevados, tanto en el periodo postprandial (tras las comidas) como en el estado postabsortivo (tras unas horas sin ingerir alimentos).

Un primer matiz es que la resistencia a la insulina hepática no es necesaria para que la insulina ejerza su efecto en los adipocitos, que es fomentar la acumulación de triglicéridos. La resistencia a la insulina hepática posiblemente acelera el proceso, pero no es un requisito imprescindible para la acción de la insulina.

Por otro lado, conforme las células adiposas se llenan de grasa cada vez son menos propensas a seguir acumulando triglicéridos. En ese caso se dice que se ha desarrollado resistencia a la insulina en el tejido adiposo. A diferencia de la resistencia a la insulina hepática, la resistencia a la insulina del tejido adiposo se opone a la acumulación de grasa corporal.

Por tanto, una persona que desarrolle resistencia a la insulina hepática tendrá niveles de insulina más elevados de lo normal durante todo el día, pero si sus adipocitos ya se han llenado de grasa es posible que sus niveles de grasa corporal se mantengan estables. Tener una insulinemia elevada en ayunas no significa que tengamos mayor propensión a engordar, quizá sea más bien al contrario. Y de eso no se deduce que la insulina no sea engordante, pues estaríamos hablando de la respuesta del cuerpo una vez el engorde ya se ha producido, no del desarrollo de la acumulación de grasa corporal, un proceso durante el cual la insulina sí podría tener un papel protagonista.

Para complicar las cosas aún más, nuestro cuerpo tiene capacidad para crear nuevos adipocitos, por ejemplo como respuesta cuando los adipocitos ya están demasiado llenos para seguir acumulando grasa corporal. En ese caso, los adipocitos recién creados son muy sensibles a la insulina, es decir, están “deseosos” de llenarse de triglicéridos a poco que exista el estímulo adecuado. Seguiríamos en ese caso acumulando grasa corporal por hipertrofia (i.e. llenado) de esos nuevos adipocitos.

En definitiva:

  • En una persona que ya ha engordado tener resistencia a la insulina no significa tener mayor tendencia a engordar. Podría estar más bien asociada a lo contrario, a mayor dificultad para engordar.
  • En una persona cuyos adipocitos no están demasiado llenos de triglicéridos, la resistencia a la insulina hepática puede favorecer la acumulación de grasa corporal, sin ser un requisito imprescindible para ello.

No hay una única resistencia a la insulina

Una conclusión de la exposición anterior es que la resistencia a la insulina no es un concepto único y no todos los tipos de resistencia a la insulina fomentan la acumulación de grasa corporal.

HOMA-IR is a rather crude index reflecting the final effects of hepatic and peripheral IR on fasting glucose homeostasis,[17] but from the physiological point of view discerning the sites of IR is not trivial. IR in the skeletal muscle (or peripheral IR) is defined as a lower than expected effect of insulin on glucose disposal by the muscle, leading to hyperglycemia and compensatory hyperinsulinemia and favoring de novo lipogenesis (DNL) in the liver. Peripheral IR is tightly linked to adipose tissue IR (AT-IR), i.e., impaired suppression of lipolysis and increased fatty acid flux from the adipocytes to other organs, including the liver.[18] In the liver IR leads to impaired suppression of glucose production and high glucose as well as insulin levels, thus setting up a vicious cycle. (fuente)

El HOMA-IR es un índice bastante crudo que refleja los efectos finales de la RI hepática y periférica sobre la homeostasis de glucosa en ayunas, [17] pero desde el punto de vista fisiológico discernir los sitios de RI no es trivial. La RI en el músculo esquelético (o RI periférica) se define como un efecto de la insulina menor que el esperado en la eliminación de glucosa por parte del músculo, lo que lleva a hiperglucemia e hiperinsulinemia compensadora y favorece la lipogénesis de novo (DNL) en el hígado. La RI periférica está estrechamente relacionada con el tejido adiposo RI (AT-IR), es decir, la supresión de la lipólisis y el aumento del flujo de ácidos grasos desde los adipocitos a otros órganos, incluido el hígado. [18] En el hígado, el RI conduce a una supresión alterada de la producción de glucosa y niveles altos de glucosa y de insulina, creando así un círculo vicioso.

Como vemos, como mínimo habría que hablar también de la resistencia a la insulina del tejido muscular.

En la obesidad el tejido adiposo proporciona una funcionalidad normal en base a más adipocitos que son menos sensibles a la insulina

La resistencia a la insulina en el tejido adiposo dificulta la acumulación de ácidos grasos en el tejido adiposo. Y parece estar bastante relacionada con el tamaño de los adipocitos: si se llenan demasiado no quieren aceptar más triglicéridos. La causa podría ser en gran parte un problema “mecánico” y, como consecuencia de ello, de bajos niveles de oxígeno:

imagen_1808

Current thinking holds that relaxation of the matrix allows healthy expansion of the fat pad; if the matrix is too rigid, then adipocytes become limited in their ability to store excess nutrients, and this leads to pathological features that include activation of stress-related pathways, inflammation, and ectopic lipid deposition in other tissues

La creencia actual es que la relajación de la matriz permite la expansión saludable del depósito de grasa: si la matriz es demasiado rígida entonces los adipocitos se ven limitados en su capacidad para almacenar los nutrientes excesivos, y esto lleva a características patológicas que incluyen la activación de caminos relacionados con el estrés, inflamación y acumulación ectópica de lípidos en otros tejidos.

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Increasing evidence has shown that adipose tissue hypoxia inhibits insulin signaling and blocks insulin-stimulated glucose uptake in adipocytes. The adipose tissue of obese mice has decreased insulin receptor-β and insulin receptor substrate-1, consistently with the changes observed in 3T3-L1 adipocytes after hypoxia treatment [33]. In addition, hypoxia reduces phosphorylation of insulin receptor, Akt, and AS160 in 3T3-L1 adipocytes in coupled with blocking insulin-stimulated glucose transport [34,35]. These changes are dependent on the HIF expression because overexpression or down regulation of HIF-1α or HIF-2α can mimic or inhibit the effects of hypoxia, respectively [34]. This evidence suggests that hypoxia induces insulin resistance in adipose cells, contributing to the metabolic changes in these cells. (fuente)

In normal white adipose tissue, lipolysis is stimulated when the insulin level is low and epinephrine levels are high.[…] This normal regulation of lipid metabolism in adipocytes is disrupted in obesity due to the effects of hypoxia. (fuente)

Creciente evidencia ha demostrado que la hipoxia del tejido adiposo inhibe la señalización de la insulina y bloquea la captación de glucosa estimulada por la insulina en los adipocitos. El tejido adiposo de ratones obesos tiene disminuido el β-receptor de insulina y el receptor de insulina sustrato-1, de forma consistente con los cambios observados en los adipocitos 3T3-L1 después del tratamiento de hipoxia [33]. Además, la hipoxia reduce la fosforilación del receptor de la insulina, Akt y AS160 en los adipocitos 3T3-L1 junto con el bloqueo del transporte de glucosa estimulado por la insulina. Estos cambios dependen de la expresión sobre el HIF porque la sobreexpresión o regulación a la baja de HIF-1α o HIF-2α pueden imitar o inhibir los efectos de la hipoxia, respectivamente [34]. Esta evidencia sugiere que la hipoxia induce resistencia a la insulina en las células adiposas, lo que contribuye a los cambios metabólicos en estas células.

En el tejido adiposo blanco normal, la lipólisis se estimula cuando el nivel de insulina es bajo y los niveles de epinefrina son altos. […] Esta regulación normal del metabolismo de los lípidos en los adipocitos se altera en la obesidad debido a los efectos de la hipoxia.

¿Es esto lo que sucede en las personas obesas? Sí, pero necesitamos más matices. Los adipocitos de una persona obesa posiblemente son resistentes a la insulina, pero el tejido adiposo del obeso no necesariamente se comporta de forma muy diferente al de una persona delgada.

Confusion regarding whether HSL [hormone-sensitive lipase] activity in individual adipocytes is actually resistant to the suppressive effect of insulin arises because, when normalized per total body fat, lipolysis appears in fact to be normal or reduced in obese individuals (fuente)

La confusión acerca de si la actividad de la HSL [lipasa sensible a hormonas] en adipocitos individuales es realmente resistente a los efectos supresores de la insulina surge de que cuando se normalizan por el total de grasa corporal, la lipólisis parece ser normal o reducida en los individuos obesos

En una persona obesa tenemos mucha masa grasa, por definición, por lo que aunque los adipocitos de forma individual tengan poca capacidad para captar y liberar ácidos grasos, en conjunto el tejido adiposo tiene una capacidad similar a la de una persona delgada. Si se nos muestra la capacidad por cada 100 g de tejido graso de captar o liberar ácidos grasos en comparación con personas delgadas, puede que parezca que ni entra ni sale grasa del tejido adiposo, pero teniendo en cuenta que se tiene mucha más masa grasa, el comportamiento del tejido no es tan diferente del de una persona delgada. La gráfica que muestro a continuación (fuente) puede llevar a confusión, pues muestra el flujo de ácidos grasos normalizado por 100 g de tejido adiposo. Y los obesos tienen, por definición, más gramos de tejido adiposo. Círculos negros personas en peso normal, círculos blancos personas con obesidad abdominal.

Conclusiones

  • La resistencia a la insulina NO es un factor imprescindible en la teoría de que son anormales niveles de insulina —consecuencia de la ingesta de carbohidratos acelulares o en formato líquido— la principal causa por la que engordamos (ver).
  • No es de esperar que una persona con elevados niveles de insulina o que presenta resistencia a la insulina engorde con más facilidad que quien no tiene resistencia a la insulina. Pero eso no significa que la resistencia a la insulina sea irrelevante en el proceso de engordar.

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