Come mal hasta que haya daños a tu salud o a la de tu familia

Si no tengo tendencia a engordar, ¿por qué tengo que renunciar al azúcar?

Si eres capaz de consumir productos no saludables con moderación, ¿por qué no hacerlo?

El concepto de moderación es curioso y tramposo: nadie sabe definir lo que es “moderación”. Si consumes esos productos y acabas con problemas de salud, es que te has pasado. Y si no tienes problemas de salud, entonces has sabido consumirlos “con moderación”. O dicho de otra forma, el consejo de la moderación es: consúmelos hasta que tengas constancia de que han dañado tu salud. Una gran idea.

Y cuando eres padre, la apuesta de la moderación significa educar a tus hijos en que el consumo de los “productos comestibles” es normal. Con los hijos las explicaciones teóricas y las charlas van a dar un poco igual: es el ejemplo lo que cuenta. Si tú no quieres o no puedes renunciar a ciertos productos, estás educando a tus hijos para que consuman esos productos, tanto cuando todavía están contigo como cuando se independicen. Y quizá tú no acabes con problemas de salud o de peso, pero a lo mejor estás sembrando y abonando que ellos sí. ¿Miedo a que te reprochen “no haber disfrutado de la vida” por no consumir azúcar y otras porquerías? Ojalá mis hijas puedan reprocharme eso en el futuro, porque querrá decir que he cumplido en mi labor educativa.

¿Moralista? No quiero serlo. Me preocupa la falta de información. Es posible que haya familias que ni siquiera se han planteado la lotería a la que juegan con su actual forma de comer y familias que cuando se den de bruces con esos problemas ni siquiera sospechen que la causa puede ser su alimentación. Me temo que más de una familia ante los problemas de salud va a creer que comiendo “menos de lo mismo” se resuelven. Es lo que yo pensaba cuando estaba gordo y enfermo (hígado graso y reflujo). Si alguien de forma informada decide que quiere comer esos productos, pues adelante, como quien decide fumar o fuma en presencia de sus hijos. Salvo que sea un familiar directo, padres o hijos, en cuyo caso no me guardaré mi opinión.

En definitiva, al menos deberíamos plantearnos si comer mal hasta que aparezcan los problemas de salud es lo que realmente queremos hacer.

 

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La ciencia es asín (VI): el misterio del adipocito glotón y vaguete

Adipocytes as regulators of energy balance and glucose homeostasis

Artículo en la revista Nature. Entre otras cosas, nos cuentan la teoría del balance energético. Leamos en un segundo el planteamiento que hacen:

ebalance

Primer error gravísimo de concepto: el balance de energía en un ser vivo no es “gobernado” por la primera ley de la termodinámica. Afirmar eso es una burrada atroz.

¿Por qué esa palabra “gobernado” me parece importante? Porque establece una causalidad: están dando a entender que la biología se comporta según los dictados de una ley de la física, ley que la “gobierna”. NO. ES. CIERTO. NO. ES. CIERTO. NO. ES. CIERTO. Esa ley de la física sólo nos permite saber que ciertos resultados no son posibles, pero no los gobierna, no los establece, no los dicta, no sirve para predecirlos: el comportamiento de un ser vivo depende de la biología, de las hormonas, de la fisiología, no de las calorías. Una ley genérica de la física, que sirve igual para analizar el crecimiento del universo que para estudiar el calentamiento de una lavadora no me va a decir cómo se comporta un tejido en un ser vivo (ver).

La BIOLOGÍA “gobierna” todos los términos del balance energético, y no al contrario (salvo el término de la ingesta calórica, que lógicamente depende de lo que comamos). Esta realidad hace el balance energético irrelevante.

Segundo error inexplicable: dar el salto de “balance energético” en un adipocito a “balance energético” a nivel corporal (ver). Voy a insistir en explicar el error, porque me parece crucial.

Fijémonos en los términos de la ecuación (1)

Energy intake=energy burned+energy stored                  (1)

y cómo a continuación dicen textualmente que de la ley se deduce que la acumulación de lípidos en el tejido adiposo equivale a un consumo excesivo relativo al gasto energético. ES FALSO: están combinando de manera fraudulenta la aplicación del balance energético en un adipocito con la aplicación del balance energético a nivel corporal. Si el adipocito engorda, ha admitido más grasa de la que ha liberado. Sin duda, por definición de “engordar”. Apliquemos la teoría del balance energético en el adipocito: ¿representa esa grasa acumulada, que el adipocito ha tenido una elevada ingesta energética respecto de su gasto energético? ¿Es que el adipocito es sedentario y se pasa el día en el McDonalds zampando hamburguesas y patatas fritas?

¿Son vagos y glotones tus adipocitos?

Nótese que en la misma frase relacionan “acumulación de grasa”, algo que sucede en los adipocitos, con “consumo excesivo respecto del gasto energético”, una acumulación de energía que en cualquier caso sucedería a nivel de todo el cuerpo.

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Reitero: el “energy stored” del balance energético se ha convertido mágicamente en “lipid storage” en la siguiente frase. No son equivalentes: ¿dicen las leyes de la física que la acumulación de energía en los músculossignifica un consumo de energía excesivo para el gasto energético“? ¿Excesivo? ¿Por eso crecen los músculos, porque comemos demasiado para lo poco que nos movemos? (ver) O aplican el balance energético en un lugar o en otro, pero ubicar la mitad de términos en un sitio y la mitad en el otro es un engaño. Y ese engaño tiene un nombre: la pseudocientífica “teoría del balance energético”. O lo que es lo mismo, decir que engordamos porque comemos demasiado (ver).

También ese “thus“, “por lo tanto”, es erróneo. De las leyes de la física no se deduce que la acumulación de grasa en un adipocito se produzca como consecuencia de una ingesta calórica excesiva respecto del gasto energético a nivel corporal. Es importante que no nos cuelen la trampa de la causalidad e introducir la palabra “excesiva” es clave en ese sentido (ver,ver,ver,ver).

Estos errores de razonamiento son muchísimo más relevantes de lo que parecen. En lugar de hablar de grasa, nos hablan de calorías/energía. En lugar de plantear el balance de grasa en los adipocitos, nos hablan del balance energético a nivel corporal (ver). Y vemos cómo, mágicamente, “energía almacenada” es equiparado con “grasa almacenada”, ocultando la masa muscular y la contradicción que ésta supone para la teoría del balance energético (ver,ver). Y luego nos hablan de exceso respecto del gasto, inventándose una causalidad en las leyes. ¿De verdad esta gente, que tiene titulación universitaria y que escribe libros o artículos que son publicados en revistas científicas, no ve que esto no es más que estúpida pseudociencia? Cuesta creer que sea una equivocación.

Y, ¿cómo es esto importante? ¿No es cierto que la gente que está gorda lo está por haber comido “más de la cuenta”? No lo creo y no es un hecho indiscutible, sino una hipótesis cuya validez precisa demostración empírica. Probablemente están gordos porque lo que han comido (y no cuánta energía tenía lo que han comido), lo poco que han dormido, los nervios que han pasado, etc, han creado cambios hormonales que han hecho que los adipocitos acumulen grasa (ver). Creo muy importante entender que las leyes de la física NO dicen que “comer demasiado” sea la causa de la obesidad y ni siquiera imponen un papel relevante para la energía en la obesidad. Es absolutamente posible que la razón por la que estamos gordos no sea el “exceso calórico” del que hablan los contadores de calorías, sino que la razón sea precisamente la inadecuada composición de la dieta, al margen de la energía. Los errores que he comentado hacen creer que la energía “importa”, que las calorías “importan”, que engordar o adelgazar son problemas de balance de energía. Todos estos errores de razonamiento llevan a orientar el estudio de la obesidad como el entendimiento de por qué comemos tanto y/o por qué nos movemos tan poco, y cómo corregir esos comportamientos. En definitiva, en mi opinión, por culpa de estos errores se está intentando combatir la obesidad sin identificar primero la causa real del problema. Ignorar la composición de la dieta, pero jugar con la cantidad no ha ayudado a resolver el problema. Y que no nos engañen: centrar la atención en la saciedad y el apetito es seguir intentando responder la pregunta equivocada (ver).

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Arrogancia y estigmatización de los obesos

Estigmatizar es infamar, es decir, atribuir cualidades negativas a otras personas. En el caso de la obesidad, algunas personas creen que las personas obesas son vagas, faltas de fuerza de voluntad, sucias, autoconsentidas o irresponsables.

El origen de esos prejuicios es la falsa creencia de que el obeso conoce la solución al problema, pero no quiere aplicarla. Cuando se da por supuesto que es así, la obesidad se considera una decisión personal, y a partir de ahí se atribuyen al obeso toda suerte de defectos en la personalidad (ver). En lugar de una enfermedad o condición causada por un desajuste fisiológico, se interpreta que la obesidad es un problema psicológico o de conducta.

By neglecting biological, genetic as well as environmental causes of obesity, blame is increased on those affected, leading to negative attitudes towards individuals with overweight and obesity.

Al ignorar las causas  biológicas, genéticas y ambientales de la obesidad, se aumenta la culpa en los afectados, lo que conduce a actitudes negativas hacia los individuos con sobrepeso y obesidad.

El musculitos descerebrado cree que si los obesos se pasaran el día en el gimnasio, como él hace, no serían obesos. El nutricionista descerebrado cree que si los obesos comieran un poco menos, si se preocuparan de controlar su ingesta calórica, no serían obesos. Ambos creen conocer las causas y el remedio para la obesidad, y consideran que el obeso simplemente no se esfuerza por corregir su problema. El origen del estigma es, evidentemente, la arrogancia: ambos se creen por encima del obeso, pues creen ser más inteligentes y con mayor fuerza de voluntad.

En el caso de muchos nutricionistas, siendo que tras dedicar cuatro años de sus vidas a estudios de nutrición hablan de calorías, balance energético y dietas hipocalóricas, está claro que pocas razones tienen para mirar a nadie por encima del hombro. Intelectualmente, esos nutricionistas no pueden volar más bajo. Deberían ser más humildes.

También es curioso el caso de los musculitos descerebrados. Por supuesto, no todas las personas a las que les gusta muscularse en un gimnasio pueden ser catalogados de “musculitos descerebrados”. Eso sólo es un estereotipo. Pero algunos sí satisfacen el estereotipo. Creen que ellos le han echado “cojones” al asunto, a diferencia de las personas obesas, que no son capaces de asumir la responsabilidad de cuidarse. Creen que cuando alguien dice que no puede perder peso, es que está poniendo excusas: “no me vengas con historias, si yo he podido estar cachas, tú también puedes“. Para ellos, sugerir que quizá no todo el mundo pueda perder peso o informar de que las dietas hipocalóricas no funcionan, es darle a los obesos la “excusa que les permite quitarse la responsabilidad de hacer algo al respecto“. En definitiva, el musculitos descerebrado es el macho auténtico, el que se ve a sí mismo como alguien que no pone excusas ni va de víctima, el que no se queja de que la vida sea injusta sino que toma las riendas de su salud y consigue sus objetivos a base de “cojones y disciplina“. Justo lo contrario que el obeso, claro.

Estos tipos presumen de decir las verdades del barquero:

No tienes huesos anchos, ¡es que estás gorda!

Muchos hipotiroidismos veo yo por la calle…

Son muy cortitos y no alcanzan para más que para “pensar” que si ingieres 3000 kcal/día y gastas 2000 kcal/día, tienes que engordar. Por tanto, para ellos todo es cuestión de comer más o menos, hacer más ejercicio o menos. Es lo único que saben de física, y lo saben mal.

Es fácil caer en los estereotipos y creer que todas las personas que se pasan horas y horas en un gimnasio sencillamente no valen para otra cosa. Pero eso es hacer una generalización tan injusta como la que estoy criticando que se hace con los obesos. Que yo sepa, repetir una y otra vez ejercicios en una máquina de musculación no destruye neuronas, por lo que no necesariamente todos los aficionados a la musculación son unos tarugos arrogantes. Los hay que sí lo son, evidentemente, pero no todos son así.

A mí me gusta ir al gimnasio. Lo que no me gustan son los ignorantes arrogantes que fomentan la estigmatización de otras personas. Mucho menos cuando sacan beneficio económico de hacerlo.

En la próxima entrada del blog hablaré del fracaso del “come menos y muévete más” en el concurso The Biggest Loser.

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Si tienes un problema de peso ¿cómo no vas a contar calorías?

Lo sorprendente no es que alguien confunda una tautología con la causa de la obesidad. Tampoco lo es que esa estupidez venga de una persona con un doctorado y que investiga las causas de la obesidad. Lo realmente sorprendente es la arrogancia incompetente, en lugar de tener un mínimo interés por considerar si se está equivocado.

Mientras estos zotes sigan confundiendo sus prejuicios con conocimiento derivado de leyes de la física, la esperanza de encontrar una solución a la obesidad va a seguir siendo mínima. Su arrogancia tiene víctimas con nombres y apellidos.

— Si un exceso calórico es la causa principal del problema, ¿cómo puede ser que contar calorías no sirva para combatir ese problema?

— ¿Cómo sabes que la causa es un “exceso calórico”?

— A ver, eso es indiscutible: lo dicen las leyes de la física. Si comes más de lo que gastas, engordas. Y no hay otra.

— Perdona, pero estás hablando de una tautología: bajo tu forma de pensar, exceso calórico es otra forma de decir engordar. Estás diciendo que la adicción al tabaco causa tabaquismo, o que lo que causa la tos es una contracción espasmódica de la cavidad torácica. Estás confundiendo otra forma de describir algo, con la causa.

— Entonces, ¿qué causa la obesidad? ¿Comer poco?

— ¿Qué causa el crecimiento muscular? ¿Comer mucho?

— No, claro que no.

— ¿No dicen las leyes de la física que si tu musculatura aumenta, has consumido más energía de la que has gastado?

— Sí, claro.

— Luego el músculo crece por comer mucho y/o hacer poco ejercicio. ¿Es eso?

— ¡Pero, qué dices! ¡Eso es absurdo!

— Estamos de acuerdo. Ahora explícame cómo las leyes de la termodinámica sí dan ese mismo diagnóstico cuando el tejido que aumenta de tamaño es el adiposo, pero no dicen eso cuando el tejido es el muscular.

— No puedo. Para la primera ley de la termodinámica es la misma situación.

— ¿Qué causa la obesidad?

— Ya no lo sé.

— ¿Y crees que contar calorías es la solución para un problema cuya causa no entiendes? ¿No te parece que puedes estar agravando el problema? ¿No crees que estás estigmatizando a la gente con exceso de peso, haciendo creer que sabes cuál es la solución, pero responsabilizándoles de  que el método no funcione? ¿Crees que eso ayuda a alguien con exceso de peso? ¿Te has planteado que les puedes estar dañando, en lugar de ayudando?

— Pero la gente con sobrepeso come mucho y lleva vidas sedentarias. Está claro que tienen que cambiar su forma de vida. Si nadie se lo dice, seguirán igual.

— Eres un engreído. Todo el mundo conoce ese mensaje. No eres nadie para dar por supuesto que les tienes que recordar nada. Y date cuenta que acabas de pasar de defender que una idea, lo del balance energético, viene establecida por leyes inviolables de la física, a basar tu argumento en una observación en la que puedes estar confundiendo causas con efectos, o efectos con efectos, sin estar viendo la verdadera causa. Has pasado de ser categórico a sugerir una explicación basada únicamente en prejuicios. Ni siquiera has reconocido haber estado propagando una mentira. Sigues insistiendo en lo mismo y sólo ves lo que quieres ver.

— Entonces, ¿qué causa la obesidad?

— No lo sé. Y tampoco sé si hay una dieta que pueda revertirla en la mayoría de los casos, caso de ser seguida. No conozco ningún estudio científico en el que la dieta, con o sin ejercicio físico, haya hecho perder una cantidad importante de peso y se haya podido mantener el nuevo peso a largo plazo.

— Eso es porque la gente abandona las dietas. Es un hecho demostrado.

— ¿Tienes pruebas de que, si no las dejan, el método funciona?

— Hay gente a la que le funciona.

— O en otras palabras: no tienes ese estudio científico, pero eso no ha sido óbice para que deposites la culpa sobre los hombros de las víctimas. Dame un estudio científico en el que haya funcionado. Dame datos. ¿A qué porcentaje? ¿Cuántos kilos perdidos? ¿Cuántos años de mantenimiento de peso? ¿Por qué le funciona a los pocos a los que les funciona y a los demás no les funciona?

— No lo sé. No conozco ese estudio.

— La evidencia científica dice que prácticamente nadie deja de ser obeso y adquiere un peso normal. ¿Es eso lo que entiendes por “funcionar”? ¿Tanto te cuesta ver que ni entiendes la causa ni conoces una solución que funcione? ¿Durante cuánto tiempo más vas a engañar a la gente? ¿Mientras ganes dinero difundiendo esas mentiras?

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Mismo reparto de macronutrientes, pero distinto índice glucémico. Ya sabemos qué va a pasar… ¿no?

Sacado de twitter:

— si la ingesta de kcal supera al gasto, engordas, y si es inferior, adelgazas. No hay más. El cuerpo almacena las kcal sobrantes

— no es lo mismo 200 calorias de donuts, que de macarrones, que de aguacate. Para el cuerpo no es lo mismo

— nutricionamente no es lo mismo. Pero el número de calorías, o sea, el aporte energético, SÍ es lo mismo

Ése es el dogma del balance energético: nos dicen que a efectos de salud no es cuestión de calorías, pero que a efectos de pérdida/ganancia de peso lo único que cuentan son las calorías. Creemos que eso viene dictaminado por leyes inviolables de la física, pero es falso: la ideología del balance energético es un fraude. Ni siquiera hay conciencia de la propia ignorancia: creemos saber, cuando en realidad no hemos leído ni un estudio científico, ni hemos dedicado ni un minuto de nuestra vida a cuestionar nuestras creencias. No solamente estamos diciendo una estupidez colosal, sino que encima nos comportamos como si nuestro interlocutor fuera tonto. Hace tres años, yo lo habría hecho igual.

Effects of dietary glycaemic index on adiposity, glucose homoeostasis, and plasma lipids in animals

Experimento con ratas. Dos dietas con exactamente la misma distribución de macronutrientes: 69/20/11 de carbohidratos/proteína/grasa.

Macronutrient composition for both diets was 69% carbohydrate, 20% protein, and 11% fat, as a percentage of total energy. The high-GI diet contained 542 g/kg 100% amylopectin starch […] and the low-GI diet contained 542 g/kg 60% amylose/40% amylopectin starch

La diferencia entre ambas dietas es que los hidratos de carbono de una dieta son de bajo índice glucémico (low-GI) y los de la otra de alto índice glucémico (high-GI).

Los investigadores quisieron que el peso de ambos grupos fuera similar, por lo que a partir de cierto momento tuvieron que limitar la ingesta del grupo high-GI, porque estaba engordando demasiado (OMG! :mrgreen: ). En las gráficas vemos cómo la ingesta es menor en el grupo High-GI a partir de la octava semana, porque estaban ganando demasiado peso.

El resultado final fue que comiendo menos, el grupo de alto índice glucémico, el high-GI, acabó pesando lo mismo que el de bajo índice glucémico. No sólo eso: la composición corporal al final del estudio indica que las ratas que seguían la dieta high-GI, con menor ingesta calórica, tuvieron una adiposidad muy superior al grupo low-GI: 98 g de grasa corporal en los que menos han comido, 57 g en los que más han comido.

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No hay duda de que estamos interpretando correctamente el resultado del estudio. En palabras de los autores del mismo:

a modest energy restriction was initiated at week 8 in the high-GI group to prevent excessive weight gain […] The difference in cumulative food intake between groups was 13%.
Body composition was measured at week 17 by the tritiated water method (table). Both groups had very similar mean bodyweights (p=0·9499) but the high-GI group had 71% more body fat (p=0·0152)

una modesta restricción energética fue iniciada en la semana #8 en el grupo de alto índice glucémico para prevenir una ganancia de peso excesiva […] La diferencia en el cúmulo total de comida entre grupos fue de un 13%.

La composición corporal fue medida en la semana 17 por el método del agua tritiada (tabla). Ambos grupos tuvieron un peso corporal muy similar (p=0·9499) pero el grupo de alto índice glucémico tuvo un 71% más de grasa corporal (p=0·0152)

Menor ingesta, más grasa corporal…

Menor ingesta, más grasa corporal…

Menor ingesta, más grasa corporal…

Same old, same old.

En el mismo estudio nos dan los datos de otro experimento, éste realizado con ratones. Lamentablemente, no nos dan datos de ingesta, pero aún así el resultado es interesante:

After 9 weeks, mice on the high-GI diet had decreased lean body mass and almost twice the body fat of those on the low-GI diet, though mean bodyweight did not differ between groups.

Tras 9 semanas, los ratones en la dieta de alto índice glucémico tenían menos masa no-grasa y prácticamente el doble de grasa corporal que los de la dieta de bajo índice glucémico, aunque el peso corporal no fue distinto entre los grupos.

25 % de adiposidad en un grupo, 14% en el otro. ¿Cómo explica el balance energético este resultado? ¿Acabas pesando lo mismo pero con el doble de grasa y perdiendo musculatura? ¿Alguien cree que la diferencia entre grupos es debida a haber comido más o menos calorías? ¿O más bien es el efecto del distinto índice glucémico de las dietas?¿Qué dicen las leyes de la física que ha causado que pierdan músculo, ganen grasa corporal y acaben pesando lo mismo? Y si han comido más calorías los de un grupo que los de otro, ¿cuál ha sido la causa?

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Hay alguna cosilla más, también interesante, en el artículo, como por ejemplo cómo la dieta de alto índice glucémico creó islotes anormales en el páncreas (figura 4 del artículo). No me entretengo con eso en este momento. Prefiero centrar la atención en la falsedad del balance energético: no hacen falta mil estudios para demostrar el fraude; basta con uno. ¿Cuántos he comentado ya en el blog?

NOTA: Hazte un favor y no te fíes de mí: mira tú mismo/a los estudios que comento en el blog. Si puedes, no aceptes que nadie te resuma los resultados de los artículos científicos (ni siquiera los autores de los mismos).

ACLARACIÓN: el metabolismo de una rata no es como el de un ser humano, pero las leyes de la física, las que se nos dice —fraudulentamente— que validan la teoría del balance energético, sí son las mismas para humanos, ratas o ratones. Un estudio hecho con ratas o ratones es perfectamente válido para demostrar que el balance energético es un fraude. Es más, casi que es mejor que un estudio hecho en humanos, porque tienes la garantía de que está perfectamente controlado. No ha lugar a argumentar que el resultado es debido a que se han saltado la dieta.

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2000 descargas del librito

Es increíble la difusión que ha tenido el librito, con miles de descargas, y quería agradecéroslo y celebrar la confianza depositada en mí. Ya sólo el hecho de que alguien lo lea me hace feliz.

En estos últimos días he visto como personas a las que no conozco de nada difundían la existencia del librito, lo recomendaban e incluso me lo agradecían. Destaco que personas del entorno “paleo” lo hayan hecho. Me parece muy significativo que esas personas no tengan miedo al análisis que un “verso suelto” como yo, ajeno a cualquier corporación o grupo, hace de lo que hay publicado en la literatura científica. Incluso aunque discrepen de algunos o de todos mis planteamientos, han difundido la existencia del libro. Eso no habla bien de mí: habla bien de ellos. Habla bien de vosotros. Enhorabuena por ser tan honrados.

Pero además, esas personas que a través de las redes sociales (facebook y twitter, que yo sepa) han, habéis, difundido el enlace al libro, habéis depositado vuestra confianza en mí, en que puedo estar equivocado, pero que no trato de engañar a nadie. Cada vez que en un debate alguien ha citado este blog como fuente de información, para mí eso es una responsabilidad que no puedo obviar. Podré errar, pero no voy a faltar a esa confianza. Sólo soy una persona más, y, al igual que vosotros opináis en otros blogs, foros o redes sociales, yo lo hago desde mi blog. Ninguna diferencia más. Ni vosotros cobráis por exponer vuestra opinión en esos lugares, ni yo pretendo ganar dinero por contar la mía. Como no todos sabréis cómo funciona wordpress.com, que es la plataforma en la que reside este blog, aunque veáis publicidad, eso no tiene que ver conmigo: es la plataforma wordpress.com la que la pone y gestiona. Parece que para evitar los anuncios tendría que pagar. Esto es lo que veo yo al visualizar las entradas publicadas:

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Por dejarlo más claro, a mí el blog me cuesta dinero cada año —aunque no mucho—, porque he querido que la url fuera novuelvoaengordar.com, en lugar de novuelvoaengordar.wordpress.com. En el momento en que deje de pagar, eso cambiará. Pero que nadie piense que lo digo para justificar pedir dinero. No es eso: yo decidí crear el blog, yo decidí que quería la url abreviada, yo lo pago. Y no hay más. Lo que quiero decir es que no gano nada y que agradezco la confianza que habéis depositado en mí, creyendo mi palabra de que no tengo segundas intenciones. No voy a buscar dinero NUNCA con esta actividad. Yo tengo mi trabajo absolutamente al margen de la nutrición y ésa es, y será en el futuro, mi única fuente de ingresos. No todos tenemos conflictos de interés.

Es mucho más importante la labor que hacéis en las redes sociales, que lo que yo pueda aportar desde este blog. Es vital dar la batalla de la exigencia, la batalla del análisis crítico, sean cuales sean nuestras ideas. Entre todos tenemos muchos ojos, mucho tiempo y muchas neuronas. Y, a diferencia de otros, ninguna razón para engañar o para mentir. En conjunto, somos más y somos mejores que esos “expertos” que pretenden que la nutrición sea una especie de religión en la que ellos establecen el dogma y nosotros lo creemos sin cuestionarlo. Pues va a ser que no, pues va a ser que si me dices que “las grasas animales son las más perjudiciales para la salud“, yo agradezco que haya gente en las redes sociales que exija, que critique, que cuestione, que no se calle. No porque esas personas defiendan mis ideas, sino porque exigen que los mensajes que se nos dan a los ciudadanos de a pie tengan un fundamento científico. No valoro el seguidismo: sí valoro la exigencia y dar la cara. Somos muchos y somos mejores que los “expertos”. Y todos sumamos, todos aportamos, todos somos importantes. Si lo que sucede en el mundo de la nutrición tiene remedio, ese remedio empieza con todos y cada uno de nosotros. Gracias por estar ahí, dando la batalla.

Dieta baja en carbohidratos en personas con diabetes tipo 1 (y el hambre)

A randomised trial of the feasibility of a low carbohydrate diet vs standard carbohydrate counting in adults with type 1 diabetes taking body weight into account

Estudio de corta duración con muy pocos participantes, sólo 10 en total. Los participantes tienen diabetes tipo 1 y se dividen en dos grupos: en ambos se compensa, obviamente, la ingesta de carbohidratos con insulina, pero en uno de los grupos se hace hincapié en que la dieta sea baja en hidratos de carbono (según los investigadores, el objetivo era entre 50 y 75g/día).

El resultado que me interesa es que los participantes del grupo bajo en hidratos de carbono (low-carb) redujeron su ingesta calórica en 600 kcal/día, mientras que el otro grupo sólo la rebajó en unas 75 kcal/día. No se pidió ni se impuso que hubiera restricción calórica, por lo que cabe deducir que la restricción de carbohidratos aparentemente redujo el hambre, un resultado típico de estas dietas (ver,ver,ver,ver,ver,ver,ver). Curiosamente los autores del artículo no resaltaron la diferencia entre dietas:

Although calorie restriction was not prescribed, nor discussed, both groups trended to a lower total energy intake at 12 weeks.

“Both groups…” Dicen que ambos grupos redujeron la ingesta, aunque no se les pidió que lo hicieran, pero omiten decir que la reducción no es comparable. Me resulta llamativo que no hagan referencia a la gran diferencia entre grupos.

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Muchas veces cuando se comparan dietas lo que se busca es que sean isocalóricas, para así poder ver el efecto de la composición de la dieta. Sabemos que en esas condiciones la restricción de carbohidratos sistemáticamente demuestra ser mejor que otras opciones dietarias para perder grasa corporal (ver). Ese resultado es interesante desde el punto de vista teórico, pues demuestra el fraude del balance energético y la ventaja metabólica de la restricción de carbohidratos, pero desde el punto de vista práctico al forzar la ingesta alteramos el funcionamiento natural de las dietas.

¿Es importante que la ingesta se reduzca de forma no forzada? Sí. No hay razón para seguir ignorando este hecho como si fuera irrelevante: es cualitativamente diferente reducir la ingesta de forma forzada y pasando hambre, que reducir la ingesta porque no se tiene hambre (ver). Otros autores sí han considerado que es un hecho que debía analizarse:

The voluntary reduction in energy intake among recipients of the low-carbohydrate diet merits future research (ver)

La restricción voluntaria de la ingesta energética entre los asignados a la dieta baja en carbohidratos merece ser investigada más adelante

El paradigma de la energía (hablar de calorías) ignora negligentemente lo que sucede a nivel metabólico, y nos dice que ambos casos son equivalentes pues en ambos se reduce la ingesta.

Si la restricción de carbohidratos funciona es porque la gente consume menos calorías (ver,ver)

Doble falsedad, pues 1) metabólicamente no son situaciones equivalentes —como demuestra la ausencia/presencia del hambre—, y además 2) implícitamente se está diciendo que “consumir menos calorías” funciona, lo que sabemos que es falso (ver). Falso y falso.

Por otro lado está la mentira de la saciedad y el apetito. Nos dicen que las dietas low-carb aburren a la gente por la falta de variedad (o por lo que sea) y que por eso se come menos. Aunque hubiera algo de cierto, se sigue sin dar una explicación para la falta de hambre en condiciones de aparente restricción calórica. ¿Quién se siente saciado con 1400 kcal/día? A mí no me parece cuestión de falta de atractivo de la comida, sino, sencillamente, de falta de hambre. En cualquier caso, merece una explicación, no indiferencia.

 El hambre es síntoma de falta de alimento.
 ¿Por qué en el grupo low-carb no tienen hambre? (consumen únicamente 1400 kcal/día)

Por lo demás, el resultado es el que cabría esperar. En el grupo de la dieta baja en carbohidratos, todo es mejor. Y fijémonos en la tabla en el dato “Total daily insulin” (dosis diaria de insulina): reducida con la dieta low-carb, aumentada con el tratamiento estándar. Los participantes van a mejor y lo hacen con menos medicamentos. ¿Qué dieta querríamos que el médico recomendara a un familiar diabético cuyo estado de salud nos importa? ¿Qué dieta le mandaría el médico en España en este momento? ¿En beneficio de quién?

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