Calorexia y disonancia cognitiva

Disonancia cognitiva: tensión o discordancia interna de un sistema de ideas y creencias en el que existen al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o un comportamiento que entra en conflicto con las creencias.

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¿Se puede ser buena persona al tiempo que se divulga charlatanería pseudocientífica? ¿Se puede ser un buen profesional cuando el tratamiento por el que se cobra es pseudocientífico? Para un caloréxico, entender que la Teoría CICO es pseudocientífica implica reconocer que la formación que ha recibido es charlatanería y que ha estado defendiendo públicamente una estupidez como si fuera una obviedad. Y posiblemente lo ha hecho con arrogancia: ¡vivimos en la era de las redes sociales!

Las personas sensatas y honestas no viven de recetar tratamientos pseudocientíficos

Obviamente, una forma de resolver la disonancia cognitiva es rectificar la creencia o el comportamiento discordante (ver). Dejas de defender esa pseudociencia y así puedes seguir pensando que eres una buena persona. Tu mente recibe alivio inmediato. Pero reconocer que la formación con la que te quieres ganar la vida es charlatanería pseudocientífica no es sencillo. Y cambiar las creencias puede suponer un doloroso golpe en la autoimagen. Además, te enfrenta a los que hasta ahora han sido tus “compis”. Y fuera de la manada hace mucho frío. De acuerdo con el modelo de la disonancia cognitiva, la mente humana también puede tratar de reducir la tensión interna sin rectificar. Lo que hace en tal caso es adoptar un tercer pensamiento que alivie la tensión entre las dos cogniciones en conflicto. Por ejemplo:

  1. Prueba social: “si muchos creen lo mismo que yo, no puede ser tan erróneo ni yo soy tan tonto.” De hecho, ante la disonancia cognitiva se puede reaccionar tratando de crear aun más conversos a la pseudociencia. Otra reacción típica es enlazar en twitter algún artículo que defiende la calorexia: la reacción a la incapacidad para rebatir argumentos es difundir que hay más gente que cree lo mismo: no eres tan tonto ni necesariamente tu teoría es errónea.
  2. Atribuir maldad al crítico: “el que explica que esta teoría es pseudocientífica tiene intenciones ocultas y se mueve por odio hacia mi persona”. Una vez autoconvencido de que el que hace la crítica es malo-malísimo, “se deduce” que la crítica está injustificada y así no es necesario cambiar nada.
  3. Sesgo de confirmación: buscas datos que creas que te dan la razón, ignoras los que no lo hacen y concluyes que las críticas “no son lo que dice la evidencia científica”. Tensión aliviada.
  4. Racionalizar la evidencia: “aunque sea errónea funciona en la práctica, como demuestra la dieta twinkie o como se demuestra en los gimnasios”. Cualquier dato, por flojo que sea, que creamos que nos da la razón es tomado como prueba de que se tiene razón. Algo se te ocurrirá para dar relevancia a resultados que realmente no la tienen.
  5. Usas la falacia del punto medio: no sólo no eres un charlatán, sino que en realidad eres mejor que los críticos, porque eres moderado: “decir que las calorías no importan es igual de erróneo que decir que lo son todo”. No defiendes charlatanería: “integras” ideas de distintos autores. Porque todos tienen algo que aportar. ¿Ves qué fácil ha sido?

Ante la amenaza a la autoimagen, una reacción típica sería intensificar la defensa de la pseudociencia.

Lo que a mí más me sorprende de lo que sucede en el mundo de la nutrición es que el que se queda mudo ante los argumentos que explican que la Teoría CICO es charlatanería, SABE que no ha encontrado argumentos con los que rebatir la crítica. Le han demostrado que sus teorías son erróneas y no ha sabido explicar los errores en esa demostración. Y SABE que todo el mundo lo ha visto. ¡No hay dónde esconderse! ¿Tan poderoso es el autoengaño como para silenciar estos hechos en su mente? ¿De verdad se autoconvence de que sí está defendiendo una teoría correcta y de que nadie se ha dado cuenta de su falta de argumentos? Me parece increíble.

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