Arrogancia y estigmatización de los obesos

Estigmatizar es infamar, es decir, atribuir cualidades negativas a otras personas. En el caso de la obesidad, algunas personas creen que las personas obesas son vagas, faltas de fuerza de voluntad, sucias, autoconsentidas o irresponsables.

El origen de esos prejuicios es la falsa creencia de que el obeso conoce la solución al problema, pero no quiere aplicarla. Cuando se da por supuesto que es así, la obesidad se considera una decisión personal, y a partir de ahí se atribuyen al obeso toda suerte de defectos en la personalidad (ver). En lugar de una enfermedad o condición causada por un desajuste fisiológico, se interpreta que la obesidad es un problema psicológico o de conducta.

By neglecting biological, genetic as well as environmental causes of obesity, blame is increased on those affected, leading to negative attitudes towards individuals with overweight and obesity.

Al ignorar las causas  biológicas, genéticas y ambientales de la obesidad, se aumenta la culpa en los afectados, lo que conduce a actitudes negativas hacia los individuos con sobrepeso y obesidad.

El musculitos descerebrado cree que si los obesos se pasaran el día en el gimnasio, como él hace, no serían obesos. El nutricionista descerebrado cree que si los obesos comieran un poco menos, si se preocuparan de controlar su ingesta calórica, no serían obesos. Ambos creen conocer las causas y el remedio para la obesidad, y consideran que el obeso simplemente no se esfuerza por corregir su problema. El origen del estigma es, evidentemente, la arrogancia: ambos se creen por encima del obeso, pues creen ser más inteligentes y con mayor fuerza de voluntad.

En el caso de muchos nutricionistas, siendo que tras dedicar cuatro años de sus vidas a estudios de nutrición hablan de calorías, balance energético y dietas hipocalóricas, está claro que pocas razones tienen para mirar a nadie por encima del hombro. Intelectualmente, esos nutricionistas no pueden volar más bajo. Deberían ser más humildes.

También es curioso el caso de los musculitos descerebrados. Por supuesto, no todas las personas a las que les gusta muscularse en un gimnasio pueden ser catalogados de “musculitos descerebrados”. Eso sólo es un estereotipo. Pero algunos sí satisfacen el estereotipo. Creen que ellos le han echado “cojones” al asunto, a diferencia de las personas obesas, que no son capaces de asumir la responsabilidad de cuidarse. Creen que cuando alguien dice que no puede perder peso, es que está poniendo excusas: “no me vengas con historias, si yo he podido estar cachas, tú también puedes“. Para ellos, sugerir que quizá no todo el mundo pueda perder peso o informar de que las dietas hipocalóricas no funcionan, es darle a los obesos la “excusa que les permite quitarse la responsabilidad de hacer algo al respecto“. En definitiva, el musculitos descerebrado es el macho auténtico, el que se ve a sí mismo como alguien que no pone excusas ni va de víctima, el que no se queja de que la vida sea injusta sino que toma las riendas de su salud y consigue sus objetivos a base de “cojones y disciplina“. Justo lo contrario que el obeso, claro.

Estos tipos presumen de decir las verdades del barquero:

No tienes huesos anchos, ¡es que estás gorda!

Muchos hipotiroidismos veo yo por la calle…

Son muy cortitos y no alcanzan para más que para “pensar” que si ingieres 3000 kcal/día y gastas 2000 kcal/día, tienes que engordar. Por tanto, para ellos todo es cuestión de comer más o menos, hacer más ejercicio o menos. Es lo único que saben de física, y lo saben mal.

Es fácil caer en los estereotipos y creer que todas las personas que se pasan horas y horas en un gimnasio sencillamente no valen para otra cosa. Pero eso es hacer una generalización tan injusta como la que estoy criticando que se hace con los obesos. Que yo sepa, repetir una y otra vez ejercicios en una máquina de musculación no destruye neuronas, por lo que no necesariamente todos los aficionados a la musculación son unos tarugos arrogantes. Los hay que sí lo son, evidentemente, pero no todos son así.

A mí me gusta ir al gimnasio. Lo que no me gustan son los ignorantes arrogantes que fomentan la estigmatización de otras personas. Mucho menos cuando sacan beneficio económico de hacerlo.

En la próxima entrada del blog hablaré del fracaso del “come menos y muévete más” en el concurso The Biggest Loser.

Leer más:

Los expertos animan a la población a adelgazar

— ¡Ánimo, que tú puedes!

— En lugar de animarme, ayudaría más que me dijeras cómo conseguirlo

— Claro. Olvida las dietas milagro y haz lo que sabemos que funciona: come menos y más saludable

— Lo de comer más saludable lo entiendo, aunque habría que definir qué se entiende por comida saludable, pero tengo mis dudas sobre lo de comer menos. Yo no veo que ese consejo funcione

— Créeme, con el problema de obesidad que tenemos, el consejo es totalmente necesario

— ¿Créeme? ¿Me puedes dar algún estudio científico en el que “come menos” haya demostrado ser útil para perder una cantidad importante de peso y mantener el nuevo peso a largo plazo?

— ¡Si te parece la gente está gorda por comer poco! Es obvio que se come demasiado. Mira, son leyes universales de la física: si comes más de lo que gastas, engordas. No hay otra

— Te dedicas profesionalmente a la nutrición, ¿y no te has planteado nunca que es comer mal lo que nos engorda, y que esa ley no es más que un reflejo, sesgado además, de lo que sucede a nivel metabólico? ¿Cómo puedes ser profesional de la nutrición y no hacer una mínima autocrítica? ¿Cómo puedes hacer recomendaciones diciendo que algo funciona, y no darte cuenta de que no tienes evidencia científica que las respalde?

— Todo el mundo sabe que comer menos funciona para adelgazar

— Te he pedido evidencia científica y no me la has dado. Tienes cero capacidad de autocrítica

— No es cierto. Mis clientes adelgazan comiendo menos

— Dame los datos a largo plazo. ¿Cuántos de ellos mantienen el nuevo peso al cabo de 3 ó 4 años? ¿Qué pérdida de peso consideras “éxito”?

— ¡Porque dejan la dieta que les recomiendo!

— La dieta que les recomiendas no está basada ni en lógica ni en evidencia científica. Recuperan el peso porque el método es erróneo. Recuperan el peso porque eres una cantamañanas que es incapaz de darse cuenta de que estás basando tu actividad profesional en prejuicios, no en ciencia. 

— No me insultes

— Te estoy pidiendo la evidencia científica que respalda tus consejos y ni siquiera en este momento eres capaz de ver que no la tienes y que no me la das. ¿Cómo quieres que llame a esa forma de actuar? ¿Tú hablas de dietas milagro y yo no puedo decir cantamañanas?

— Estoy haciendo mi trabajo, que es recomendar lo que sabemos que funciona. No puedo ser una cantamañanas cuando lo que hago es recomendar lo que todas las autoridades del mundo en materia de nutrición están recomendando

— Hace dos días retuiteaste un recorte de prensa en el que se hablaba de fomentar el pensamiento crítico y “pararse a pensar” contra las pseudo-ciencias. Eso significa evaluar la consistencia real tanto de los propios planteamientos, como de los ajenos. Tú no lo estás haciendo, ni con los propios, ni con los ajenos. Decir que algo funciona, sin tener un fundamento científico que respalde el consejo, ¿no te hace saltar una señal de alarma? ¿qué crees que es el pensamiento crítico? Pararse a pensar, dijiste

— Las leyes de la física dicen que funciona. No necesito más

— Y yo te digo que no lo hacen. Pensamiento crítico es analizar lo que pueda haber de cierto en lo que te digo, sin descartarlo de raíz por ser contrario a tus creencias. Pensamiento crítico es esforzarte por entender lo que te estoy intentando hacer ver

— Es imposible que me convenzas. Tus ideas son pseudo-científicas. No se pueden violar las leyes de la física

— Insisto en que te estás equivocando gravemente en tu interpretación de lo que dicen las leyes de la física. Ni siquiera te he expuesto argumentos y ya estás diciendo que es pseudo-ciencia. De hecho, me acabas de acusar de algo que no hago: no niego el cumplimiento de las leyes de la termodinámica

— Mira, no tengo tiempo para leer todas las tonterías que se escriben en internet

— Pues saca el tiempo de donde puedas, porque estás haciendo mal tu trabajo, y la salud de otras personas se ve afectada. Y mal asunto si presupones que las ideas diferentes de las tuyas son “tonterías”

— Y ¿por qué das por supuesto que la equivocada soy yo? ¿No te puedes estar equivocando tú?

— En el menú principal del blog tienes el enlace a un librito resumen de mis ideas. Léelo, consulta los documentos que cito, y a partir de ese momento, si quieres, discutimos los errores que creas que estoy cometiendo en mis planteamientos. Pero no uses el atacarme a mí para evitar hacer la autocrítica que te estoy pidiendo. No desplaces el problema de que no haces autocrítica sobre tus consejos a mi persona

— No soy ninguna incompetente. Si me he estado equivocando, lo reconoceré. Pero como te decía, no puedo leer todo lo que se publica

— No hace falta. Escoge un par de estos tres libros y será suficiente: “Por qué engordamos y qué hacer al respecto“, “¿Siempre con hambre?” y “El código de la obesidad“. Los 20 euros mejor invertidos de tu vida. 

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