La ciencia es asín (XIII)

El texto que voy a comentar es de 1932, es decir, de hace 85 años, y fue publicado en una revista médica.

The treatment of obesity : a comparison of the effects of diet and of thyroid extract

NOTA: la traducción no es exacta, pero es bastante fiel. Se puede leer el original pinchando en el título del artículo.

Sabemos que un adulto sano mantiene un peso prácticamente constante durante largos periodos de tiempo, aunque sufra considerables variaciones en la cantidad de comida o los niveles de actividad física. Los que comen “de más” no necesariamente adquieren sobrepeso, ni tener poco apetito lleva a adelgazar. Nuestro metabolismo tiene una flexibilidad considerable y la comida que excede las necesidades inmediatas puede ser simplemente disipada en forma de calor. Si no fuera así, la obesidad sería prácticamente universal. El almacenamiento de 200 kcal diarias podría llevar a acumular 11 kg en un año. Este pequeño exceso podría venir de un vaso extra de leche o de una rebanada extra de pan con mantequilla. Un incremento de un 10% en una dieta de 2600 kcal podría provocar que un individuo obeso almacenara 10 kg en forma de grasa en un año. Esos pequeños excesos entran en la capacidad de deshacerse de ellos de una persona normal, pero en un individuo obeso la flexibilidad es menos evidente. No se ha explicado satisfactoriamente por qué esas calorías se convierten en grasa, en lugar de ser eliminadas, pero sea cual sea la causa de la anomalía, es un hecho obvio que siendo que el obeso sigue aumentando de peso, su ingesta de comida tiene que ser superior a sus necesidades diarias. No entender la causa de esta condición dificulta el tratamiento, pero, claramente, siendo que la ingesta supera al gasto, la terapia lógica es tratar de corregir el balance. Que se almacene más grasa corporal puede ser prevenido recortando la ingesta o haciendo que el cuerpo gaste más calorías. Mediante estas medidas debería ser posible gastar esas reservas de grasas. Es ampliamente reconocido que hacer dieta es un método exitoso de tratamiento y muchos regímenes han sido recomendados. Se puede aumentar la combustión de productos comestibles de dos formas — aumentando el nivel general del metabolismo o mediante un incremento del esfuerzo físico.

Sabes que lo normal es que el cuerpo se adapte a la comida ingerida, sin que haya engorde (ver). Sabes, por tanto, que engordar no es un problema simplemente de excesiva cantidad de comida. Sabes que el hecho de que se produzca engorde es una anomalía, por una causa que no entiendes: por alguna razón se está almacenando parte de la comida como grasa corporal. Y los síntomas, —posiblemente ausentes, posiblemente indetectables y con casi total probabilidad irrelevantes— son que (quizá) la persona que acumula grasa come más de lo que gasta.

Pensemos por un momento en un niño que sufre de gigantismo. Por una causa hormonal (anormal secreción de la hormona del crecimiento) su cuerpo está creciendo más de lo normal. Posiblemente está comiendo por encima de las necesidades energéticas normales de un niño para dar soporte a ese crecimiento extra. La terapia lógica, por tanto, “sea cual sea la causa” es corregir ese balance: hay que darle de comer menos comida y apuntar al niño a algún tipo de actividad física. Es decir, ¡¡¡¡se mantiene la causa hormonal!!!! del problema, con lo que los tejidos van a seguir creciendo de forma desproporcionada, pero además ahora tenemos un niño malnutrido y torturado. Y se nos dice que ¡ése era el tratamiento lógico! porque estaba comiendo más de lo que gastaba

¿Qué resultado obtenemos si tratamos el gigantismo con restricción de comida?

No, no es el tratamiento lógico, salvo que la lógica de tu cerebro no funcione muy bien. Es una estupidez COLOSAL. Es tratar de corregir un síntoma, al tiempo que se sigue sin actuar sobre la verdadera causa del problema, argumentando que no es necesario entender la causa, creyendo que no es importante corregir la causa.

Si, por ejemplo, la causa de engordar es algo que hay en la comida, seguir comiendo lo mismo pero en menor cantidad ¡¡¡no elimina el estímulo!!!, sólo lo reduce un poco —muy poco— al tiempo que sin ninguna justificación racional creamos hambre (ver). Y, en tal caso, para rematar el despropósito, como no funciona culpamos a la víctima del fracaso. No-es-lo-lógico. Entender la causa fisiológica no es un capricho cuando se quiere aplicar un tratamiento.

Ninguna condición médica se trata mediante una ley general de la física despreocupándose de si estamos tratando los síntomas o la causa y culpando a la víctima por la nula efectividad en la práctica del tratamiento

¡¡¡¡¡Ninguna, joder, ninguna!!!!!

Pero hay una excepción: la obesidad. No deberíamos consentir esta ESTUPIDEZ y este ABUSO ni un minuto más. Las personas que tenemos problemas de peso no merecemos ser tratadas con tanta ineptitud.

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Crónicas caloréxicas (II): Mark Haub y la “twinkie diet”

he followed a basic principle of weight loss: He consumed significantly fewer calories than he burned (fuente)

siguió un principio básico de pérdida de peso: consumió muchas menos calorías de las que quemó

En este sentido, el experimento de esta dieta, es interesante porque no hace sino confirmar una de las leyes de la termodinámica (fuente)

¿En qué consistió la intervención?

En pocas palabras, un experimento no controlado realizado en 2010 con las siguientes características (fuente):

  • 1 persona
  • 10 semanas
  • consumiendo un máximo de 1800 kcal/día
  • incluyendo pastelitos (“twinkies”)

Perdió 14 kg en esas 10 semanas

¿Qué variable está alterando Mark Haub? ¿Existe un grupo control en el que esa variable no se altera?

En un experimento científico el objetivo es comprobar el efecto de alterar una única variable. Si se altera más de un parámetro se puede hacer imposible determinar qué es exactamente lo que ha causado el efecto producido. Como quizá en esa prueba concreta existan factores que se están alterando sin que el científico sea consciente de ello, es conveniente tener un “grupo de control” en el experimento, un grupo que también es observado pero en el que la variable independiente no es alterada.

¿Qué variable está alterando Mark Haub? No es una pregunta retórica y la respuesta es importante.

No hay justificación racional para atribuir el resultado a las calorías

Un problema de este experimento es la anticientífica suposición de que cambiar la cantidad de comida es lo mismo que cambiar la cantidad de calorías. En este experimento se está alterando el volumen, el peso, la energía potencial que se puede sacar de la comida, la cantidad de carbohidratos, el tipo de carbohidratos, el tipo de grasa, etc. y, sobre todo, se está alterando la respuesta hormonal. Dar por supuesto que lo único que se está alterando es la energía y que, por tanto, el resultado hay que atribuirlo a esa característica de la intervención no es ciencia, es brociencia.

“Déficit calórico”

Nótese cómo reducir el consumo de comida y cambiar la composición es interpretado como “consumir menos calorías” y consumir menos calorías es interpretado como “crear un déficit calórico”. No me entretengo con esto ahora, pero de forma simplificada consumir menos calorías es alterar un término de la ecuación del balance energético, mientras que “déficit calórico” es una expresión que busca el engaño jugando con la ambigüedad entre a) alterar un único término de esa ecuación o b) alterar la diferencia entre dos de ellos (ver,ver). La causalidad impostora que la teoría del balance energético propone como “obvia” nace de esos juegos de palabras.

¿Qué demostró el experimento?

Que en esa persona, y en su estado físico particular en ese momento, en el corto plazo reducir la cantidad de comida hizo perder peso corporal.

¿Alguna objeción? No, creo que la evidencia científica confirma que es un resultado bastante generalizable: a corto plazo todo o casi todo el mundo pierde unos kilos restringiendo la cantidad de comida (ver).

Pero perder unos kilos a corto plazo no nos saca de gordos. ¿Qué sucede a largo plazo? Mark Haub fantasea con que si su gasto energético se hubiese mantenido, su peso corporal se habría mantenido. Si…

Had I continued eating about 1,600 kcals with the amount of kcal expenditure, at some the asymptote would have been reached and weight stability would have insued. Mark Haub

Si hubiera continuado consumiendo 1600 kcal/día con esa cantidad de gasto energético, en algún momento se habría alcanzado la asíntota y se habría producido estabilidad del peso corporal

Es la falacia de petitio principii: si el gasto energético se mantiene… Nótese la aberración: Haub no puede predecir el resultado a largo plazo del experimento pero sí lo deduce ¡dando por supuesto en las premisas cuál sería el resultado de ese experimento! Esencialmente en esto consiste la estupidez del balance energético: inventarse la respuesta de un ser vivo a un estímulo a partir de juegos de palabras falaces.

Los resultados a corto plazo no demuestran resultados a largo plazo

¿Qué hace nuestro cuerpo si le quitamos la comida que necesita para funcionar con normalidad? Eso no nos lo dicen las matemáticas, sino el estudio de esa reacción fisiológica:

¿Y qué sucede a largo plazo con nuestro peso corporal?

Según la charlatanería caloréxica cuando se estanca la pérdida de peso es suficiente con reducir la ingesta para evitar el efecto rebote producido por la escasez de alimento (ver). Pura fantasía basada en brutales errores de pensamiento y prejuicios contra los obesos.

El nivelazo de los caloréxicos

Que experimentos como el Mark Haub sean publicitados como prueba de validez de la pseudociencia del balance energético es una prueba más del bajísimo nivel intelectual que existe en el mundo de la nutrición/obesidad. Con Mark Haub y los campos de concentración nazis los caloréxicos tienen confirmación suficiente de que sus “pensamientos” y sus prejuicios son correctos (ver).

¿Qué aporta el experimento de Mark Haub?

No aporta absolutamente ninguna información útil sobre cómo adelgazar pues, entre muchas otras cosas, muestra un resultado a muy corto plazo. Tampoco aporta nada nuevo, pues está perfectamente documentado el efecto a corto plazo de la restricción de comida. Lo interesante es lo que sucede a largo plazo, pero eso Haub no lo somete a prueba, sólo lo imagina. Por supuesto este experimento no demuestra que la teoría del balance energético sea correcta ni confirma la primera ley de la termodinámica ni nada remotamente parecido.

 

NOTA: Coca-Cola pagaba a Mark Haub y sólo nos enteramos de ello cuando Coca-Cola publicó un listado de personas a las que estaba financiando (fuente).

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“Ninguna campaña publicitaria es más importante que la diferencia entre las personas que entran y las personas que salen”

— La semana que viene es el concierto y necesitamos llenar el auditorio

— Para llenar el recinto deben entrar más personas de las que salen

— Eso está claro. Yo había pensado en invertir en una campaña publicitaria en las radios locales que tienen espacios musicales.

— Eso está bien, pero si no tenemos un balance positivo de personas el recinto no se va a llenar.

— ¿Cómo dices? No te entiendo.

— Lo que quiero decir es que el balance de personas en el recinto es lo que más cuenta. Ninguna campaña publicitaria es más importante que la diferencia entre las personas que entran y las personas que salen. No te preocupes tanto por las campañas publicitarias y céntrate en conseguir que entre más gente o salga menos. Una combinación de ambas medidas siempre funciona.

— Me dejas de piedra.

— Lo que hay que tener claro es que los que hablan de campañas publicitarias lo que tienen es interés en que contrates esas campañas. Pero no es necesario. Basta con controlar el balance de personas.

— ¿Y el concierto del mes pasado? La campaña de publicidad funcionó y el concierto fue un éxito de asistencia.

— No te engañes, fue porque entraron más personas de las que salieron, no por la campaña publicitaria. ¿O acaso crees que se puede llenar un auditorio sin que exista un balance positivo de gente? ¡Las personas no salen de la nada, amigo mío!

 

Hay dos posturas enfrentadas: los que defienden que las leyes de las matemáticas son inviolables y los que no entienden algo tan básico como que no se puede llenar un auditorio sin que exista un balance positivo de personas.

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Crónicas caloréxicas (I): Samuele Marcora

La versión oficial de por qué engordamos es el paradigma energético, el del tautológico “exceso”:

Hay personas que afirman que este paradigma ha sido derrocado, que “ya nadie habla de calorías” y que todo el mundo sabe que “no todas las calorías son iguales“. Estas personas creen que sólo l@s nutricionistas de cierta edad defienden esos fraudulentos dogmas pero que l@s recién titulad@s hablan de la calidad de la dieta, no de la cantidad de calorías. Pero no es cierto. Nada hemos avanzado. La supuesta regeneración no es otra cosa que una versión distinta de la misma charlatanería (ver).

Quizá no podamos acabar con la pseudociencia del balance energético, pero sí podemos contar lo que está sucediendo. Aquí tenemos a Samuele Marcora en twitter soltando la clásica estupidez de que 1000 kcal de mantequilla y 1000 kcal de dónuts son equivalentes a efectos de pérdida de peso:

¿Y los cientos de estudios científicos que demuestran que esto del peso corporal no va de calorías? ¿Cuántos estudios perfectamente controlados quiere ver que demuestran que no sabe de lo que habla? ¿Cien? Aquí están. Pero él no necesita mirar la evidencia científica porque entiende muy requetebién la primera ley de la termodinámica.

¿Por qué le repiten una y otra vez que no todas las calorías son iguales? ¡Si él ya sabe que no son iguales pero sí son iguales!

Cree estar diciendo algo inteligente y cree que los charlatanes son los demás. Y no puede reprimir llamarnos sectarios ¡porque él odia la pseudociencia!

Por supuesto se siente capacitado para decidir qué es charlatanería y qué no lo es porque tiene una formación científica del copón. Su experto de referencia es Kevin Hall, como era de esperar:

Por si había dudas, aquí lo tenemos insistiendo en la colosal estupidez de que la ganancia/pérdida de peso corporal es una cuestión de balance energético y que lo importante es mantener la dieta, la que sea.

Sin comentarios:

¿Cómo es posible que a estas alturas de la historia seamos incapaces de acabar con dogmas tan estúpidos como contrarios a la evidencia científica?

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“No podemos dejar de comer”

“Though the use of a substance abuse model to treat overeating could prove beneficial… unlike drugs and alcohol, food is necessary for life… and is not a substance from which children can simply abstain” (Pretlow, 2008, p. 476). Nonetheless, poll results in the current study revealed that 61% of respondents had a problem with mainly one food and essentially highly pleasurable foods. Thus, it appears that overweight children may be addicted to only certain foods, primarily highly pleasurable foods. Such foods are not necessary for life. It is feasible for children to abstain from them. Abstaining from any food, even such problem foods, may seem unreasonable. However, if children were allergic to those foods, they would need to avoid them forever. Avoiding addicting foods is comparable. (fuente)

“aunque el uso de un modelo de abuso de sustancias para tratar la sobrealimentación podría resultar beneficioso … a diferencia de las drogas y el alcohol, la comida es necesaria para la vida … y no es una sustancia de la que los niños pueden simplemente abstenerse” (Pretlow, 2008, p. 476). Sin embargo, los resultados del sondeo en el presente estudio revelaron que el 61% de los encuestados tenía un problema con principalmente un alimento y esencialmente alimentos altamente placenteros. Por lo tanto, parece que los niños con sobrepeso pueden ser adictos sólo a ciertos alimentos, principalmente alimentos altamente placenteros. Estos alimentos no son necesarios para la vida. Es factible que los niños se abstengan de ellos. Abstenerse de cualquier alimento, incluso los alimentos problemáticos, puede parecer no razonable. Sin embargo, si los niños fueran alérgicos a esos alimentos, necesitarían evitarlos para siempre. Evitar los alimentos adictivos es comparable.

Nótese cómo el paradigma energético, la pseudociencia del tautológico “exceso”, conforma el pensamiento: engordar es un problema de “sobrealimentación” y por tanto el exceso puede venir de cualquier alimento que tenga calorías, sea saludable o no (ver,ver). Y si la comida dispara comportamientos propios de una adicción, evitar la sustancia que detona esos comportamientos —como se hace con otras adicciones— no es una posibilidad porque ¡no se puede no comer! Por tanto, el modelo conceptual que equipara la adicción a la comida con otras adicciones no es útil.

si nosotros engordamos es porque comemos más de la cuenta

Los errores de pensamiento están bien a la vista:

  • Creer que las leyes de la termodinámica avalan que el problema de la obesidad viene de comer “más de la cuenta” es la mayor estupidez de la historia de la humanidad. Ninguna ley de la física respalda la idea de que todos los alimentos son igualmente engordantes a igualdad de calorías ni que engordar sea un problema de superávit calórico.
  • No existe un problema de adicción a la comida: basta con mirar la lista de productos involucrados en esos comportamientos para ver que la adicción siempre es a la no-comida, a productos procesados que no pertenecen a nuestra dieta como humanos.

¡He comido un trozo de brócoli y ya no puedo parar de comer brócoli!

Poco importa que los “científicos” quieran o no quieran catalogar la adicción a la no-comida como una adicción. Poco importa que esos comportamientos encajen en una definición concreta establecida por unos señores muy listos: son comportamientos que tienen asociado mucho sufrimiento y problemas de salud. Y la solución es obvia: sacar esos productos de nuestra dieta, es decir volver a alimentarnos con los alimentos que existen tal cual en la naturaleza, que es la “comida de humanos“: agua, huevos, pescado, carne, vegetales frescos, frutos secos, etc.

Las dificultades para cambiar

Veo dos tipos de obstáculos a la hora de decidir cambiar a una alimentación libre de productos procesados. Por un lado habrá razones endógenas: podemos creer que nuestros gustos actuales nos definen. Quizá creemos, por decir algo, que ese café, cruasán y zumo de naranja que tomamos por la mañana son parte de quienes somos. Y cambiar eso es traicionarnos, de alguna manera, y poner en duda nuestra identidad. Por otro lado están los factores exógenos: es posible que encontremos muy poca ayuda —por no decir zancadillas descaradas— desde fuera para el cambio: nuestros familiares y amigos nos van a ofrecer los productos que no queremos consumir fingiendo amabilidad y van a responder con gestos de desaprobación ante nuestra negativa a consumirlos. Si lo piensas bien es normal que no entiendan nuestra decisión, pues l@s nutricionistas se han encargado de establecer ese paradigma en el que salirse de las pautas que ell@s marcan no sólo es innecesario, ¡es peligroso!

  • El azúcar sólo es dañino consumido en exceso
  • Las dietas que prohíben grupos enteros de alimentos son dietas desbalanceadas
  • Que hoy comas el postre azucarado es menos importante que la dieta que sigues todo el año
  • No existen alimentos engordantes: “un alimento no tiene la capacidad por sí mismo de hacer que una persona engorde. La causa de ganar peso se encuentra en el cómputo global de las calorías [de la] dieta
  • La alimentación debe ser disfrutar
  • Es insostenible a largo plazo no consumir los productos que nos gustan y al abandonar la dieta restrictiva se recupera el peso. Es mejor consumir esos productos de forma regular con moderación para así evitar caer en atracones cuando inevitablemente cedemos a las tentaciones
  • Los cereales integrales tienen un efecto protector en la salud
  • Cualquier dieta que funcione funcionará porque te hace comer menos

A más de uno le sonará razonable porque es lo que nos han estado contando durante décadas: han convertido su charlatanería en el “sentido común” que nos sirve para justificar no cambiar nada. Yo el primero: aunque el médico de digestivo que hace 5 años me dijo que adelgazara no tenía ni idea de nutrición ni de obesidad, mi reacción ante la idea de comer sólo “comida” fue pensar que era innecesario y que eso no iba conmigo. Seguir comiendo igual pero menos era una opción menos traumática y no vi razones para cambiar nada: todo era cuestión de contar las calorías y encajar las cosas que quería comer en el cómputo diario. A posteriori, pasados estos años, es incomprensible que no me diera cuenta de que mi incapacidad para controlar mi peso corporal hacía evidente que ese paradigma no me funcionaba. ¡Quería seguir haciendo lo mismo!

En mí la moderación no es una opción

No digo que mi cuerpo no pueda gestionar saltarse la dieta de vez en cuando, pues sinceramente no lo he puesto a prueba, estoy hablando del aspecto psicológico: mi problema de peso se ha resuelto por completo y no me siento dominado por la comida. Como cuando tengo hambre, ayuno cuando me apetece hacerlo y hago deporte —casi siempre— por divertirme. El HIIT no me divierte pero lo hago viendo la tele. Lo que quiero decir es que intentar consumir no-comida con “moderación”, al margen de que me engordara o no, introduciría tensión en mi relación con la comida y no veo necesidad de hacerlo.

Este blog nació a causa de mi experiencia adelgazando, pero también es el reflejo de las cosas que he ido leyendo y aprendiendo. Cuento mis ideas pero no pretendo decirle a nadie lo que tiene que hacer con su alimentación. Lo que sí aconsejo es leer. Si alguien de forma informada quiere practicar la moderación con los productos procesados, nada voy a opinar al respecto: su vida, sus decisiones.

Se acerca la Navidad

Llevamos toda la vida asociando azúcar y harina con celebración: turrones, polvorones, roscón, etc. Como decía antes, el problema es que toda una vida de hacer algo —nótese que de forma irreflexiva— nos puede hacer creer que ese algo nos define. Pero no tenemos obligación de hacer las cosas siempre igual. Se puede rectificar. Se puede celebrar sin recurrir al azúcar: carne de mejor calidad, fruta que no sueles consumir, marisco, ensaladas más elaboradas, etc. Yo sólo digo que se puede. Hacerlo o no es decisión de cada uno.

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4 años manteniendo el peso

Ninguna novedad, lo que en sí mismo es buena noticia y motivo de celebración. Fue más o menos hace 4 años cuando alcancé mi objetivo de pérdida de peso. Quizá luego subí algo, pero no me preocupa porque no fue grasa corporal o al menos yo no veo que haya ganado grasa corporal. Sigo sin pesarme así que todo lo que tengo son mis sensaciones en el espejo: me veo genial, algo que para mí es más que suficiente.

Hace unos meses me lesioné el codo (epicondilitis que yo atribuyo al pádel). A ojo me pareció que subí un poco de grasa corporal, pero todo volvió a su sitio al retomar mi ritmo normal de actividad deportiva. Fue un error despistarme y bajar mi frecuencia normal de deporte. Estaré atento para que no vuelva a pasar.

Como en los últimos tiempos se me ha preguntado (en privado) si soy otra persona en las redes sociales, aprovecho para aclarar que no uso las redes sociales salvo como observador y que no tengo ninguna cuenta abierta en ninguna red social. Ni la tengo ni la he tenido ni creo que la vaya a tener nunca. Tampoco tengo otro blog. Bastante tiempo invierto en este blog como para emplear más aún en otros sitios. Tampoco tengo ningún tipo de interés comercial en estos temas ni lo voy a tener nunca. Si alguien está esperando a que venda un suplemento, un libro o el secreto para perder peso, puede esperar sentado. No vendo nada y eso va a ser así siempre.

Tranquilidad, información y esfuerzo

El primer par de años tras perder el peso que me sobraba tenía miedo de recuperarlo, pero ese miedo ha desaparecido por completo. Ahora me siento muy tranquilo con la alimentación que sigo: no me preocupa la comida. Tengo totalmente integrada en mi vida la dieta que sigo y, como he dicho otras veces, si la dieta no me falla yo no fallaré a la dieta.

Supongo que habrá personas que querrán llevar un resultado como el mío al terreno del esfuerzo: me he esforzado y lo he conseguido. Pero no es cierto. No es eso lo que ha cambiado en mí. La diferencia, en mi opinión, ha venido de leer, no de esforzarme más. La persona que yo era hace 5 años ni siquiera era consciente de que no sabía nada de nutrición y obesidad. Creo que en aquel entonces no había ni escuchado que existieran dietas bajas en carbohidratos, ni sabía lo que era una dieta cetogénica ni, por supuesto, era consciente de la gran estafa que es la teoría del balance energético y la dieta hipocalórica.

¿Ahora sí me esfuerzo? Por no presumir de nada, conozco gente que tiene un gran problema de peso y que de lunes a viernes trabaja de 7 a 7 en una fábrica y que los fines de semana trabaja en un bar. ¿Exceso de peso porque no se esfuerzan? ¡Venga ya! Veo constantemente a jóvenes pasados de peso en equipos deportivos, aguantando el chaparrón de ser un estorbo para l@s compañer@s porque no tienen velocidad suficiente en los partidos. ¿Exceso de peso porque no se esfuerzan en remediarlo? En mi opinión, todo ese sufrimiento lo causa esa “ideología del esfuerzo”, desde la causa por la que tienen exceso de peso hasta las razones por las que no son capaces de resolverlo.

Felicitarme por mi esfuerzo sería no querer entender nada. No sería un halago: sería querer interpretar los hechos de una forma que no se corresponde con la realidad de los mismos.

No fumo. No juego. No bebo alcohol. No requiere esfuerzo no hacerlo porque ni lo necesito ni me interesa.

¿Azúcar, harina, chocolate, coca-cola? Cero esfuerzo para no consumirlos. No me interesan y no tengo intención ni deseo de volver a caer en los mismos errores que me volvieron obeso y que me crearon problemas de salud. Sólo hay sacrificio y renuncia si hay deseo y yo no tengo ese deseo. Sé lo que me pierdo y no me pierdo nada: estoy mejor que nunca.