¿Qué causa los lipomas?

Unos familiares me comentaron hace unos días el caso de un conocido de la familia al que le aparecen bultos de grasa bajo la piel. Si no me equivoco, esos bultos reciben el nombre de lipomas superficiales. He leído algún artículo por ahí, y me ha sorprendido ver que decían que la causa de los lipomas es desconocida. Es sorprendente que la comunidad científica no haya asimilado todavía el concepto de balance energético: si se está acumulando energía en el cuerpo, la ingesta energética ha tenido que ser superior al gasto energético, es decir, esa persona ha comido por encima de sus necesidades energéticas. No puede ser de otra forma, pues la primera ley de la termodinámica es inviolable: ha comido demasiado y/o lleva una vida sedentaria. Lógicamente la realidad no es tan sencilla como dice el balance energético, pues son muchos los factores implicados en la regulación de cuánto comemos y cuánto ejercicio hacemos. La causa real puede ser, por ejemplo, que haya consumido alimentos poco saciantes y eso haya hecho que aumente su ingesta energética.

¡Necesitamos educar a la comunidad científica en el concepto de balance energético!

Este gráfico, preparado por la Sociedad Española Para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), es muy ilustrativo de todos los factores que influyen en crear un balance energético positivo: ingesta que supera al gasto y que, en consecuencia, produce obesidad.

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Es un esquema muy interesante, pues permite entender cualquier crecimiento, patológico o no patológico, en un ser vivo, desde por qué crece un tumor hasta por qué se produce el gigantismo en un niño. Puesto que en una acumulación de energía lo relevante es la diferencia entre ingesta y gasto energético, el esquema deja claro que en todos los casos las causas por las que comemos más o nos movemos menos son siempre las mismas, independientemente del tipo de crecimiento, lo que sin duda es un avance científico muy importante. Y también ayuda a encontrar remedio para cualquier crecimiento anormal, pues deja claro que la solución siempre es comer menos y hacer más ejercicio. Cómo conseguirlo es una cuestión diferente y que se puede dejar a elección del paciente, aunque está claro que hace falta esfuerzo y adherencia a la dieta.

Por supuesto no estoy hablando en serio. Estoy intentando explicar, una vez más, por qué la teoría del balance energético es una colosal estupidez. Y no es cualquier estupidez: es la estupidez con la que la mayoría de médicos y nutricionistas tratan a sus clientes obesos. Es muy sencillo ver que es una estupidez: basta con intentar aplicar los mismos “razonamientos” a otros crecimientos en un ser vivo.

Según las leyes de la física, ¿en qué crecimientos de un tejido la causa del crecimiento es que la ingesta energética supera al gasto energético? ¿Cuando crecen los músculos? ¿Cuando crece un tumor? ¿Cuando engordamos? ¿Gigantismo? ¿Joroba de búfalo? ¿El crecimiento de un niño? ¿Cuando una embarazada gana peso? ¿Cuando una adolescente desarrolla el pecho? ¿En el caso de los lipomas? ¿En qué casos?

Las leyes de la física son aplicables en todos los casos. ¿Estamos de acuerdo en eso? ¿Por qué sólo se usan con la obesidad? ¿No habíamos quedado en que son leyes universales de cumplimiento “impepinable”? ¿Pueden ser irrelevantes aunque se cumplan siempre? Es así en todos los casos, menos en uno…

¿Por qué no probamos a aplicar la teoría del balance energético en todos esos casos, a ver a qué conclusiones llegamos? Si no como más de lo que gasto el tumor no puede crecer, ¿cierto? ¿Qué conclusiones saco de esa afirmación? ¿Determina la diferencia entre lo que como y lo que gasto el crecimiento del tumor? ¿Estás viendo a dónde llevan estas preguntas?

Como he tratado de explicar en una entrada reciente (ver), el problema de la teoría del balance energético no es que incumpla la primera ley de la termodinámica, que no incumple, sino el comportamiento del cuerpo humano que inventa desde el lenguaje:

Si comes más de lo que gastas ganarás peso

No puedes adelgazar si no comes menos de lo que gastas

No diciendo nada en realidad, pues únicamente se expresa una estúpida tautología de forma tramposa (ver), se convierte la obesidad en un problema de energía, controlable modificando cuánto comes y cuánta energía gastas (ver). No es más que una gran falacia, una trampa dialéctica que no viene de las leyes de la física.

Leer más:

Entrevista a Teresa

Teresa es mi cuñada. Acaba de perder peso haciendo dieta y como me parece interesante su experiencia, le he pedido que se deje entrevistar para el blog. Aclaro que no estoy promocionando lo que ella ha hecho para adelgazar, pues de hecho me parece innecesario recurrir a comidas en sobres, al menos si primero no se ha intentado con alimentos de verdad. Tema económico aparte. Pero como digo, es una entrevista a ella y son sus elecciones y sus respuestas. Por favor, no me preguntéis ni por el médico ni por la marca de sobres: yo no lo sé y no quiero preguntárselo, porque no quiero promocionar esta forma de adelgazar. Pese a ello, me parece interesante conocer su experiencia.

Me ha dicho que me dará fotos de “antes” y “después”, pero no creo que me las dé antes de septiembre. Si me las da, las publicaré en el blog.

Aviso de que la entrevista es larga.

NOTA: la mayoría de las preguntas las hago yo, pero algunas son realizadas por sus hermanas, presentes en la conversación.

 

— ¿Durante cuánto tiempo has hecho dieta?

El 17 de Septiembre del año pasado empecé.

— ¿Y cuándo acabaste?

No considero que haya acabado.

— Cuéntame por encima en qué ha consistido tu dieta

— Cuando empecé la dieta mi peso era de 105 kg, mido 173 cm y tengo 39 años. Un día llamo a una clínica para hacerme un tratamiento estético. Los del tratamiento estético me dicen que no lo hacen si no paso primero consulta con un médico. El médico me recibe y me pregunta, porque ese tratamiento, que se llama LPG, yo ya lo había hecho. Me dice que él considera que no necesito hacer LPG, que lo que tengo que hacer es perder peso. Me dice que necesito perder cerca de 30 kg. Y me dice que hay dos formas: la dieta de toda la vida, en la cual se pesan las cosas y se restringen determinados alimentos, o una dieta en la cual pues comes la comida de una marca determinada. Es más rápido, se entra en cetosis, y, a partir de ahí, la pérdida del primer mes él me orienta que van a ser 10 kg y a partir de ahí 1 kg semanal, o algo así.

Lo hablo en casa. La dieta es costosa, pero valoramos la opción de cogerla. Empiezo un viernes y él me advierte que durante dos días me voy a encontrar mareada, que es el tiempo que yo voy a entrar en cetosis.

— ¿Qué es cetosis?

— Pues que realmente mi cuerpo no ingiere hidratos.

Tengo que hacer 5 comidas y esas comidas durante el primer mes son comidas de esa marca.

— De sobres

— Sí. Entonces, durante ese mes yo no bajo 10 kilos, yo bajo 8, porque en la comida y en la cena puedo tomar verduras. Hay unas verduras que están restringidas, como pueden ser las cebollas y tomates. Todo lo que sea verde sin problemas, pero el resto tienen que ser pesados. Durante el primer mes tomo mucha cebolla. Porque me gusta la cebolla. Y realmente no bajo lo esperado. Ah, y espárragos.

— ¡Son verdes!

Sí, pero todo lo que tenga que ver con el suelo… él me dice que como regla mnemotécnica, todo lo que tenga que ver con el suelo tengo que pesarlo. Eso son 200 g al día máximo. Si tomo espárragos no puedo tomar tomates. Él me dice que retengo más líquidos con esas verduras. A partir de ese momento yo ya empiezo a hacer mejor la dieta y empiezo a perder un kg a la semana. El primer mes 8 kg y a partir de ahí 4, 3, 3.5 kg. Llega navidades, sigo perdiendo peso. Soy la única paciente que él me reconoce que ha perdido peso en navidades. En navidades por ejemplo no hice tanto caso del peso de las comidas, porque a partir del primer mes, ya el mes siguiente en la comida podía comer proteínas, o bien carne o bien pescado. Al mes siguiente ya era tanto tanto en la comida como en la cena que podía tomar proteína. Pesadas. A mediodía me hacía una ensalada y por la noche siempre tomaba verdura hecha, o bien una parrillada de verduras o col o brócoli al vapor.

A partir de ahí, la verdad es que el resto de meses ha sido lo mismo. Es decir, en la comida me hacía la ensalada y, por ejemplo, he tomado mucho salmón. Me resultaba cómodo para la ensalada hacerla con salmón.

— ¿Salmón ahumado?

— Sí. Y, si no, pues me llevaba el pollo de casa hecho a la plancha, porque como como en el trabajo me tengo que llevar la comida hecha. Y la cena sí que me la hacía en el momento: me hacía algo de carne o de pescado. Y prácticamente así hasta el final.

— ¿Al principio tomabas más sobres y luego poco a poco menos sobres y más comida?

— Realmente no, a partir del segundo mes hacía la comida de proteínas “libres” de carne o pescado en la comida y en la cena, y el desayuno, la merienda y la cena siempre han sido sobres, hasta hace muy poquito tiempo. Por ejemplo, en el mes de mayo pasamos a la fase 4, por decirlo de alguna forma. En la fase 4 se podían introducir hidratos. A mí me gusta mucho el pan e introduje el pan integral, pero más a lo mejor de lo que… ¡Y la fruta! En toda la dieta no he tomado fruta. Durante ese mes tomé muchas fresas. Después de cenar tomaba fresas. Después de almorzar tomaba fresas. Al final la conclusión de ese mes es que engordé. En ese mes de “medio vuelta a la normalidad” engordé. Entonces me dijo, “si tienes que tomar fruta, tómate dos piezas de fruta al día, pero tómatelas antes de la comida, en desayuno y almuerzo. En el resto del día no hagas más ingesta de hidratos. Si tienes que tomar pan, que sea en ese periodo”.

En mayo empiezo a correr algo. Empiezo a hacer más ejercicio aeróbico. Pero bueno, la primera fase era andar.

— ¿Antes nada?

— Antes nada. Antes iba en bici a trabajar. Pero, “significativamente”, nada. Es en mayo cuando empiezo a correr. Empezar a correr es que una semana andaba dos minutos y corría uno. Ahora corro 45 minutos.

Ese mes de junio restrinjo más la fruta e incorporo jamón serrano a mi vida. Ahora desayuno café con hielo, que lo he tomado mucho durante toda la dieta. Mucho café con hielo con sacarina. He introducido también zumo de limón. En casi todas las comidas bebo agua con limón. Las dos piezas de fruta me las tomo por la mañana y almuerzo jamón serrano sin pan. Y en algún momento, en algún día puntual, compro pan integral. Un pedacín de “na”.

He comido mucho fuet. Me apetecía más que tomarme un sobre de ellos. Si quería picar algo, era fuet. Llegaba a casa y hasta la hora de la cena, lo que tomaba era fuet. El fuet y yo somos uno. Y no echo de menos los dulces o la leche. Lo único que echo de menos es el pan. Intento no comer pan todos los días, intento comer pan integral, intento controlar la cantidad de pan. Pero no echo de menos comer pasta. No echo de menos el dulce en general.

Ese mes que corrí más y que hice eso, perdí 3 kg y medio, y ya no tomaba ningún sobre de ellos. En ese mes, 3 kg y medio.

— ¿Pero pasando hambre en algún momento?

— No, no he pasado hambre nunca.

— ¿Y has perdido cuántos kilos?

— Empecé con 105 y ahora mismo estoy en 73.5 [es decir, 31.5 kg]

— Y te quedan por perder…

— Objetivo mío, 70 kg. Objetivo “visual”, he pasado de una 48 a una 38, literalmente. El otro día fui a comprarme unos pantalones, porque iba en moto y llevaba minifalda, y me dicen “¿talla 38?, y yo “vale”. ¡Talla 38!

— ¿Y te reconocieron?

— No. Yo le dije: “antes te compraba 48’s”. Y me preguntó si me había operado. Le dije que no, que no me había operado.

Pero también es cierto que he reducido mucho volumen. O sea, la dieta sobre todo lo que yo he notado es que he perdido volumen. El otro día, por ejemplo, fui a ver a una amiga. Me acerqué al cristal de su establecimiento, y me mira y baja los ojos. Volvió a levantar la mirada. Cuando me abrió me dijo “no eras tú, vi a una mujer más bajita en comparación contigo”. Pensó que era una clienta y como eran las 3 menos cinco, pues no iba a atenderme. Un montón de clientes y compañeros me dicen que parezco otra persona.

— Me dijiste que, al ver tu transformación, varios compañeros de trabajo se habían apuntado a tu dieta

Tengo, fehacientemente, dos compañeros de trabajo, el amigo de A [su marido], no, tres compañeros de trabajo y el amigo de mi marido.

— El médico ha conseguido cuatro clientes gracias a ti

— Sí.

— Han ido al mismo médico

— Sí

— Eres la típica de las revistas, de “antes” y “después”.

— Sí, sí. Todo el mundo me pregunta qué he hecho, y yo contesto que hacer la dieta bien. Una de mis compañeras de trabajo me dice “es de que yo de vez en cuando me tomo una chuchería”. Y contesto que eso no se puede hacer. Aquí lo más importante es que no te lo saltes, porque como te lo saltes es tiempo perdido.

— Dices que eso es lo más importante, pero tú habías intentado adelgazar antes…

— Yo en otra ocasión había perdido 20 kg.

— Y los recuperaste

— Y los recuperé. Eso fue hace 10 años.

— Hace 10 años ya tenías problemas de peso. ¿Cuántos años has estado con exceso de peso?

— Cuando bajé de peso la primera vez pasé de 95 a unos 70. Cuando me quedé embarazada la última vez, yo pesaba 86 kg. Eso fue hace 7 años. Tras dar a luz me quedé bien, pero un año después, o sea hace seis años, es cuando empiezo a coger mucho más peso. El techo lo he cogido esta última vez.

— Cuando te casaste la primera vez, ¿cuánto pesabas?

— 65 kg

— ¿Qué edad tenías?

— 24

— ¿Tuviste que adelgazar para llegar a ese peso?

— No. No busqué ese peso para la boda. Era mi peso.

— ¿Algún problema que quieras contarme?

— Me he quedado sin pechos. Ahora tengo mucha piel para poco pecho.

— O sea que tienes exceso de piel

— Del resto del cuerpo estoy perfecta. En el resto del cuerpo yo no considero que me haya quedado mal [nos muestra el abdomen a los presentes]

— Pero sí que se te nota la barriga

— Vale, pero por un embarazo, y porque tengo dos cesáreas aquí. No me veo mal. Pero si me véis los pechos…

Yo he gastado una 115 copa D. Ahora de contorno puede que me entre una 90-95, pero es que de copa… si llego a la C será de milagro. Lo peor de todo es que es mucho pellejo ahora mismo.

— ¿Y qué te ha dicho el médico sobre eso?

— Lo que estoy leyendo es ejercicio…

— Pero, ¿por qué no le preguntas a él?

— Porque es cirujano plástico

— ¿El médico que te ha llevado la dieta es cirujano plástico?

— Es una clínica de estética. En alguna ocasión le he preguntado y la respuesta fue “cortamos por aquí…” y yo “vale, vale, ya lo tengo claro”.

El pecho, yo lo que he leído es que trabajando la musculatura inferior algo mejoraré, pero que en ningún caso volveré a estar con la copa que tenía antes. La copa es el volumen del pecho, el contorno es el volumen del cuerpo. Es lo que peor llevo, pero es porque siempre he tenido mucho pecho.

— ¿Y a partir de ahora?

— Estoy muy obesionada. Me preocupo y me ocupo. El médico me ha dicho que me relaje, que este verano si me quiero tomar un helado que me lo tome, pero que lo importante viene a partir de ahora. No tengo que incurrir en los mismos errores. No se pueden comer las cosas porque sí.

Mi marido también está muy preocupado por el peso. Él también hace dieta cetogénica o hiperproteica.

— Por su cuenta

— Por su cuenta. Entonces, comer en casa es muy fácil. En casa prácticamente no cocino pasta. Arroz muy puntualmente. Comemos ya muy así, muy de verduras…

— Verdura, carne y pescado

— Sí. Estamos muy acostumbrados a comer así.

— ¿Ha perdido peso él?

— A ha perdido 13 kg.

— ¿Y ahora está bien de peso?

— Sí

— ¿Lo ha mantenido durante un tiempo o lo acaba de perder?

— Lo ha mantenido durante dos años y medio, o tres años. Tiene 50 años. Corre hora y media, va al gimnasio, hace pesas.

— Cuando tenía exceso de peso, ¿también hacía ejercicio?

— Sí, pero no lo podía hacer tan bien. Eso tú te lo notas cuando sales a correr.

— Tú sufres de fibromialgia. ¿Te ha cambiado la medicación al adelgazar?

— No

— ¿Porque no has querido reducir?

— Es que no me encuentro bien. Ha habido días en los que por estar mi marido fuera me ha puesto los parches de morfina mi madre en lugar de mi marido, y no me los ha puesto bien, me he tenido que ir del trabajo. Sigo mal de la fibromialgia.

En general, no tiene nada que ver cómo estoy ahora con cómo estaba antes. Estoy muy contenta. No es una cuestión estética. A veces mis padres me dicen que pare de hacer cosas, pero no lo necesito. Esta mañana, por ejemplo, me he despertado a las 2 AM y no me he vuelto a dormir, a las 8 AM me iba a hacer ejercicio con mi marido, luego he fregado todo el suelo del piso, he planchado todas las camisas de mi marido, no he descansado y estoy bien. Y he comido una manzana y una pera, mi café, almendras y avellanas, no he almorzado, porque no he almorzado, y de la paella me he puesto casi toda la verdura y casi nada de arroz y pollo. Ni tengo hambre, ni me siento desfallecida, ni me encuentro mal.

— O sea que estás contenta, no piensas cambiar la forma de comer y con propósito de mantenerte

— Mi objetivo es perder un poco más, pero no me preocupa perderlo en tres meses. Sobre todo lo que quiero es estar bien. Es que me encuentro muy bien, comparativamente hablando. Mi marido me dice que antes estaba “muerta” y que ahora sigo su ritmo y él es una persona muy activa. Por ejemplo, ahora me puedo llevar a mis sobrinos a jugar al pádel, y les doy cañita yo. Todos los días intento hacer algo de actividad física, cosa que antes ni podía plantearme. Ahora mismo, cansarme es muy difícil.

— Estás hablando de los últimos tres meses

— Sí

— Y si tan bien estás, ¿cómo es que no adelgazaste antes? ¿Por qué la vez anterior recuperaste el peso si te encontrabas así de bien?

— La otra vez no estaba así

— No te encontrabas tan bien

— Yo la otra vez no hice ejercicio físico

— ¿Y pasaste hambre?

— La otra vez fue una dieta normal y pasé hambre. Fue una dieta restrictiva, no tiene nada que ver.

— ¿Por qué crees que engordaste?

— Porque comía mucho. No es una cuestión de dulces o no dulces. Yo no era de las que se hinchaba a chocolate. A mí el chocolate no me gusta especialmente. Comía mucho. Al final, si ingieres 2000 kcal y gastas 1000, la diferencia tiene que quedarse en algún sitio. Ahora lo que noto es que también me muevo. Antes tomaba mucha coca-cola

— ¿Con azúcar?

— No, siempre light. Pero tomaba mucha coca-cola. En el almuerzo coca-cola, en la comida coca-cola, en la merienda coca-cola y en la cena coca-cola.

— Ahora nada

— Nada.

— ¿Antes había cosas que te atraían y que querías comer y ahora ya no te atraen tanto?

— No me atraen nada.

— Pero antes sí

— Sí

— O sea que algo ha cambiado que hace que ya no sientas necesidad de tomar ciertas cosas

— Sí, sí, sí. A lo mejor había una especie de dependencia alimentaria

— Una especie de adicción y has pasado el mono y ya está

— No te digo que un día no me tome una coca-cola, pero no es a diario en todas las comidas

Ahora me exprimo dos limones, los pongo con hielo y me lo tomo muy a gusto. Y café. No me gusta, pero lo tomo muy aguado.

— ¿Con qué frecuencia ibas al médico?

— Cada 3 ó 4 semanas

— ¿El resto de pacientes que tú conoces consiguen resultados?

— Se lo empiezo a notar

— Pero no son tan estrictos como tú

— No. Cuando lo hablé con mi marido una de las cosas en que estábamos de acuerdo es que si nos gastábamos el dinero en esto, era también para concienciarnos de que había que cambiar a comer de otra forma. Ya en casa nuestros hijos comen de otra forma

— ¿Menos McDonalds?

Menos McDonalds. A lo mejor cada dos semanas sí vamos a McDonalds, pero el resto de comidas comen bien.

— ¿Han protestado por el cambio de hábitos?

— No. Es que la comida está buena. Unas judías con jamón serrrano, si lo sofríes con cebolla, está muy bueno. No es un hervidito. Los niños ahora comen muy bien.

— ¿Tienes que seguir yendo al médico?

— Yo le he pedido seguir durante un año. Él dice que este primer año es muy importante, que el cuerpo tiene efecto memoria y quiere recuperar el peso. Yo creo que estaré un año más.

John Cisna perdió 27 kg con seis meses de restricción calórica, pero el tiempo no se detuvo ahí

John Cisna se hizo famoso hace tres años por su experimento, en el que perdió 27 kg. Terminó los seis meses de dieta a mediados de marzo de 2014. Me parece revelador que, según sus propios datos, en el último mes y medio de dieta tan sólo perdió 2 kg, frente a los 10 kg que perdió en ese mismo tiempo al principio del experimento, lo que seguramente a más de uno le habría llamando la atención, pero, como también ganó una camiseta roja, no dejó ver la evolución real de su cuerpo en ese periodo final del experimento. Las imágenes en las que aparece haciendo ejercicio en este vídeo tienen fecha de ese periodo final de los seis meses, y, aunque la calidad de imagen no es buena, parece que el azul no favorece su figura tanto como el rojo.

Éstas son fotos que muestran su aspecto físico desde entonces hasta principios del presente año:

Foto de Mayo 2014Foto de Julio 2015, Foto de Noviembre 2015Foto de Julio 2016Foto de Noviembre 2016Foto de Enero 2017

Una foto de Noviembre de 2015, año y medio después de acabar el experimento, es de perfil y quizá ayuda a hacernos una mejor idea de su evolución (o falta de ella):

No tuitea (por tanto tampoco tuitea fotos) desde enero de 2017, aunque algún comentario suyo de abril de este año he visto en otros hilos de twitter.

No sé exactamente en qué consistió la dieta: lo único que sé es que consistió en comer en McDonalds todas las comidas y orientada a restringir calorías. La historia de John Cisna se ha usado una y otra vez (ejemplo,ejemplo) como supuesta demostración de que perder peso es únicamente cuestión de fuerza de voluntad, la necesaria para reducir la ingesta calórica, incluso comiendo en McDonalds, y para hacer ejercicio.

¿Qué veo interesante en este experimento?

En primer lugar, me parece interesante que haya personas que dan más publicidad y validez a un experimento no controlado con un único participante, que a la abrumadora evidencia científica que contradice las conclusiones de ese experimento (ver,ver,ver,ver,ver). En twitter a más de uno le debió faltar tiempo para concluir que “se puede delgazar controlando las calorías, incluso comiendo en McDonalds” (ejemplo). ¿Y la evidencia científica que dice que no es cierto?

También me parece interesante como ejemplo de falacia del “hombre de paja”. ¿Alguien pone en duda que a corto plazo se pierde algo de peso con una dieta hipocalórica? Nadie, que yo sepa. ¿Qué demuestra este señor con un experimento a corto plazo? Nada que no sepamos: si comes muy poco puedes perder 20 kg en unos meses (ver), y vas a recuperar lo perdido en los siguientes 4-5 años. La gran victoria para los defensores de la teoría del balance energético es un experimento no controlado con un único participante en el que se ve lo que nadie pone en duda. Han vencido al hombre de paja que han creado, ¡bravo!

También me parece interesante como muestra de la falta de rigor a la hora de interpretar el resultado de un experimento. Si cambia su dieta durante seis meses, aunque crea que lo que está haciendo es “reducir las calorías”, ¿es ése realmente el único cambio que ha hecho en la dieta, cuando ha pasado a comer todas sus comidas en un restaurante? ¿Son las calorías lo único que cambia cuando consume menos calorías? (ver) ¿Ha hecho el experimento con una composición de dieta diferente, para tratar de confirmar que son las calorías las que están determinando el resultado? ¿Ha  hecho el mismo experimento sin alterar las calorías, para tratar de confirmar que no es un elemento diferente del que cree el que está determinando el resultado? ¿Se ha hecho el experimento con suficiente número de personas y de condiciones diversas, para poder extraer una conclusión generalizable? No, como come menos calorías y cree que le ha funcionado, el resultado lo atribuye a las calorías y lo generaliza para la población en general. Y tan pancho, porque encaja en sus creencias. El susodicho es profesor de ciencias en un instituto, o al menos lo era en el momento de hacer el experimento. Nivel no, nivelazo.

En el mismo sentido que lo anterior, este experimento no está pensado para demostrar que se equivoca, sino para demostrar que tiene razón. En lugar de plantearse si la restricción calórica funciona a largo plazo o cuáles son los efectos de variar la calidad de la comida, da por supuestas las respuestas a esas cuestiones, de acuerdo con sus creencias.

No amount of experimentation can ever prove me right; a single experiment can prove me wrong.  Albert Einstein

Todas las pruebas experimentales del mundo no pueden probar que tengo razón: un sólo experimento es suficiente para demostrar que me equivoco.

Si a los seis meses de hacer dieta ya das el experimento por exitoso lo único que demuestras es que tienes la creencia de que no existe una reacción metabólica y de que si la restricción calórica fracasa es porque la gente no cumple. Ignorar que esa reacción como mínimo puede existir (a mí me parece un hecho contrastado) no es una excusa cuando quieres dar lecciones sobre dietas de adelgazamiento.

Y por supuesto, tenemos el problema de que el hecho de que a una persona le funcione no demuestra que le vaya a funcionar a todo el mundo, ni siquiera que le vaya a funcionar a mucha gente. Pero claro, para la teoría del balance energético no existe la fisiología ni, por tanto, la posibilidad de que la respuesta fisiológica sea diferente según la persona. Para tener en cuenta eso habría que hacer experimentos aleatorizados y controlados, con un número suficiente de participantes. Puesto que esos resultados existen, ¿cómo es posible que alguien pretenda dar más validez a la supuesta experiencia de una única persona, que a lo que está publicado en cientos de experimentos científicos? No falta evidencia científica en este tema.

Otro problema que veo es el de “sesgo de publicación” o incluso la posibilidad de que el experimento sea falsificado. Lo que quiero decir, es que si este señor empieza a recuperar poco a poco el peso perdido, en lugar de salir en las noticias diciendo que ha fracasado a largo plazo, lo que cabe esperar es que trate de ocultar el fracaso. Sin embargo, si consigue mantenerse delgado durante años, es más probable que quiera seguir “educando” al mundo con su ejemplo. Y, por otro lado, si empieza a recuperar el peso perdido, también existe cierta probabilidad de que en lugar de reconocer el fracaso intente adelgazar por medios diferentes al que reconoce públicamente, con lo que se estaría atribuyendo el buen resultado a largo plazo a un método que realmente ha fracasado. Son consecuencias lógicas de que un señor se haga famoso por presumir de tener virtudes que cree que otros no tienen y entender cosas que cree que otros no entienden. Esconder el fracaso sería muy humano.

Finalmente, tengo curiosidad por saber qué se deduce de este experimento si a largo plazo Cisna recupera el peso perdido. ¿Si tiene éxito, es como él dice, demostración de que todo el mundo puede adelgazar sin más que proponérselo, pero si fracasa entonces no es demostración de que no se puede adelgazar con dieta hipocalórica? Quizá este tipo de preguntas habría que responderlas antes de iniciar el experimento, para luego no presumir de haber demostrado lo que no se ha demostrado.

¿Por qué no está delgado?

A la vista de las fotos, a mí me da la sensación de que este profesor ha subido de peso desde que finalizó el experimento, que como he comentado fue a principios de 2014. En las fotos de finales de 2015 y 2016 marca un buen tripón y en la foto de principios de 2017, la más reciente que he encontrado, a mí me da la sensación de que tiene cara y cuello de haber cogido peso. En cualquier caso, yo no le veo delgado. ¿Por qué no está delgado? ¿Falta de motivación para “hacer buenas elecciones” en lo que come? Cuando has sido famosillo en todo el mundo por tu experimento, motivación para llegar a ser delgado es lo único que no te va a faltar. Si fracasas quedas en evidencia a escala mundial. Si engordas de nuevo, dejas de usar las redes sociales, si tienes un blog lo abandonas, dejas de publicar fotos tuyas (o sales siempre con chaqueta para que no se vea cómo has engordado) y te escondes bajo una piedra en el desierto más lejano que encuentras. Ninguna excusa te saca de ese embrollo. Y lo sabes.

Según sus palabras, lo que quiso explicar a la gente con su experimento es que no hay excusas: si tienes sobrepeso, asume la responsabilidad porque han sido tus malas decisiones las que te han llevado a ello.

The major things i want people to understand about this little experiment is that there are THOUSANDS of people, just like myself, who don’t have the aforementioned reasons to blame being overweight except for the fact that they don’t, or won’t, take accountability for their choices. John Cisna

John Cisna ha tenido máxima motivación, dice conocer el secreto para adelgazar, pero no ha conseguido llegar a ser delgado. ¿Por qué? ¿Por qué la prueba viviente de que es posible adelgazar sin más que “comer menos”, no ha sido capaz de librarse de su sobrepeso?

¿Aceptamos como respuesta que John Cisna no se cae, que John Cisna se tira?

Un chulo madrileño va en la plataforma central de un autobús de línea en Madrid, fardando de equilibrio. “El titi no se cae”. “El titi no se cae”. No va agarrado a ninguna sujeción: sólo hace contrapeso con el cuerpo, sorteando cualquier curva del itinerario sin caerse. El pique con el conductor va en aumento porque el chico empieza a retarlo, con los gestos y las palabras: “El titi no se cae”, insiste desafiante. El autobusero cada vez fuerza más las cosas para intentar que el descarado muerda el polvo… Finamente, frenazo en seco brutal tras un feroz cambio de sentido y el titi sale disparado hacia adelante. Aterriza junto al conductor e impacta con fuerza contra el salpicadero. Un guantazo de campeonato. El conductor no se puede contener y le suelta con una media sonrisa:

— “Con que el titi no se cae, ¿no?”.

La respuesta del chulo no se hace esperar. Mientras se limpia la sangre que le sale por la nariz, proclama en voz alta:

— “El titi no se cae. El titi se tira”.

La gran estafa de la dieta hipocalórica. Cómo te engañan los nutricionistas

Así funciona el engaño

— Crean presión social para que te sientas obligada a adelgazar. Te dicen que la obesidad es una enfermedad, que tu cuerpo no es aceptable y que no podemos “normalizar la obesidad”. Disfrazan de preocupación por tu salud, algo que no tienen, lo que es preocupación por su negocio.

— Te dicen que la dieta hipocalórica funciona. Incluso te dan detalles de cosas que no debes hacer si quieres tener éxito: no debes reducir demasiado la ingesta, no debes abandonar la dieta, debes llevar un registro de lo que comes para ser consciente de cuánto comes, etc.

— Te dicen que la única forma de adelgazar es “comer menos de lo que se gasta” y que cualquier dieta que funcione lo hace porque te hace comer menos. Fíjate, están creando la sensación de control: si adelgazar es cuestión de controlar el apetito, adelgazar está bajo tu control. Están dejando claro que tú y sólo tú vas a tener la culpa si no lo consigues.

— Te dicen que el resto de dietas son dietas milagro, que o bien son peligrosas, o no funcionan porque producen “efecto rebote”, o no son más que dietas hipocalóricas desequilibradas que dicen funcionar por otras razones, pero que en realidad simplemente te hacen comer menos.

— Te dicen que la dieta hipocalórica deriva directamente de las leyes de la física: con un déficit calórico tienes que adelgazar, sí o sí. Te dicen que si una dieta no está basada en contar calorías, entonces es una dieta “mágica”. Insisto en resaltar cómo construyen tu culpabilidad: si el método funciona y fracasas, sólo hay una explicación, y es que tú no has seguido las directrices del nutricionista/médico.

— Te dicen lo que quieres escuchar, que es que no es necesario cambiar nada, que puedes seguir comiendo lo mismo, pero controlando las calorías totales. No sólo eso, te dicen que es bueno que sigas comiendo las cosas que te gustan, para así maximizar la adherencia a la dieta. Son muy inteligentes en su maldad: te están dando la dieta que te permite comerte el minihelado de postre o no tener que quedar en evidencia ante tus amistades siendo la fracasada que “está a dieta”.

— Te hablan de la importancia de la adherencia a la dieta. Te dicen que la adherencia es la clave para tener éxito, más allá de la dieta que sigas (aunque ya te han dicho que el resto de dietas son peligrosas, ¿verdad?). Fíjate bien cómo siguen construyendo la culpabilidad: te hacen creer que la dieta funciona y que todo depende de ti. Si tienes adherencia conseguirás adelgazar. Si fracasas, sólo hay una culpable: tú.

— Te hablan del “entorno obesogénico”. Más culpabilidad para ti: la dieta funciona, pero fracasas porque no eres capaz de resistir las tentaciones.

Tienen una excusa para todo: la gente come más de lo que cree, la gente se cansa de hacer dieta y la abandona, la gente no sigue sus directrices, la gente no puede resistir las tentaciones, etc. Fíjate en que la explicación siempre es que tú has fallado. Eres culpable.

— “Comer menos”, efectivamente, te hará perder unos kilos los primeros meses. Eso te hace creer que la dieta funciona, y, lógicamente, refuerza la idea de que el fracaso es por tu culpa.

— El que te receta la dieta tiene un título de dietista/nutricionista o médico.

Con esos mimbres, una persona desinformada y confiada sólo va a ver una opción para tratar de perder peso. Pensará que es lo prudente, lo que funciona, lo que protege su salud. La han engañado, y lo han hecho muy bien.

Todo es una gran mentira

“¿Es que acaso si creo un déficit calórico no voy a perder peso?”. Esa idea, que no es otra cosa que la teoría del balance energético, es pseudociencia y encierra tantas falacias que a veces se me olvida enumerarlas todas. En cualquier caso, este blog está dedicado casi en exclusiva a explicar por qué esa idea es errónea, así que remito al lector al librito o a las casi 800 entradas del blog (algunas de las más representativas están enlazadas en la parte derecha del blog).

“¿Cómo te atreves a decir que la dieta hipocalórica no funciona?”. Lo digo y lo mantengo, porque es lo que dice la evidencia científica (ver,ver,ver,ver,ver).

“¿Y no es posible que sea cierto que la dieta hipocalórica funciona, pero la gente no mantiene la dieta el suficiente tiempo?”. Filosóficamente es posible, pero es altamente improbable. Y, además, que exista esa remotísima posibilidad sigue sin dar validez a las mentiras de los nutricionistas: hacen creer a sus clientes que la dieta funciona, y, como mínimo, no tienen esa certeza. Pero creo que es únicamente una posibilidad hipotética, no real. ¿Todos los estudios de pérdida de peso basados en esta dieta fracasan a largo plazo, y la culpa es de la gente? Se sabe que existe una reacción metabólica a la restricción calórica, luego lo lógico es pensar que esa reacción metabólica es la culpable del fracaso del método (ver,ver,ver,ver,ver,ver).

Protege tu salud: pídele al que te recete la dieta hipocalórica un estudio científico que demuestre su efectividad a largo plazo (ver). Si lo haces, cuéntame la respuesta. Te aseguro que no va a ser ese estudio que le pides.

Fíjate que el “efecto rebote” es la respuesta característica obtenida con restricción calórica. Y sin embargo los nutricionistas te dicen que el efecto rebote es cosa de las otras dietas. Yo te aconsejo que mires los estudios científicos y que decidas por ti misma quién miente y quién dice la verdad.

32897271216_fd83024dc8_mCanadian Obesity NetworkAlgunos derechos reservados

¿Qué mal puede hacer?

Es típico que los que defienden terapias pseudocientíficas aleguen que el tratamiento es inocuo, que quizá no haga nada, pero que tampoco va a matar a nadie. En este caso, ese argumento vendría de los mismos que asustan a los/las obesos/as para que adelgacen con el argumento de que es un factor de riesgo para enfermedades como el cáncer o la enfermedad cardiovascular. Si el tratamiento no hace nada y por tanto no te saca de obesa, según sus propios argumentos sí estaría poniendo en riesgo tu salud.

Pero sí hace daño. Quizá una parte de la población obesa sí puede adelgazar con dieta y ejercicio, y seguir recetando un tratamiento pseudocientífico e inútil es negarles a esas personas la posibilidad de recuperar un peso normal. Quizá a otra parte de esa misma población se le están dando falsas esperanzas en conseguir unos objetivos que para ellos no son posibles con dieta y ejercicio. Las falsas esperanzas acaban con culpabilización, baja autoestima, depresión y mayor riesgo de enfermedades. Un tratamiento inefectivo enquistado es mucho peor que que no haya tratamiento: nos roba el futuro.

Y también hace daño porque la misma pseudociencia en que basan el tratamiento de la obesidad, es la que usan para decirnos cómo comer de forma saludable, es decir, entre otras cosas para prevenir la obesidad. La pseudociencia sí hace daño.

realizar especiales esfuerzos en la educación, de forma que se pueda ayudar a la población a comprender el significado y alcance del concepto de equilibrio energético, y su importancia en la prevención del sobrepeso y obesidad, y promoción de la salud (fuente)

Mis comentarios sobre la cita anterior tienen que ser autocensurados.

Leer más:

“Estamos intentando llegar a la Torre Eiffel usando un mapa de Madrid”

Interesante y muy recomendable artículo de Miguel Franco, autor del libro “El amor no es suficiente“.

Textual de ese artículo:

  • La teoría del balance energético ha perdido la categoría de teoría para pasar a ser una falacia. La primera ley de la termodinámica se cumple siempre pero carece de utilidad práctica real para afrontar el problema del sobrepeso.
  • Debemos empezar a diferenciar los alimentos -la comida real- de los productos y sustancias comestibles -cosas que se comen y se pueden digerir-. Este aspecto es, en mi opinión, fundamental.
  • Cualquier cosa que comemos es más que las calorías que contiene. También es más que sus macronutrientes.
  • El protagonismo lo han de tener los alimentos, no las calorías ni los macronutrientes.
  • Debemos empezar a centrarnos en la respuesta metabólica que las cosas que comemos generan en nuestro cuerpo. Lo realmente importante es lo que ocurre en nuestro interior con lo que actualmente estamos comiendo.
  • El QUÉ comemos es más importante que el CUÁNTO comemos y el CUÁNDO comemos . El QUÉ condiciona poderosamente el CUÁNTO y el CUÁNDO.

El texto está dirigido a padres/madres y, en mi opinión, si simplemente se consiguiera salir del paradigma energético y empezar a orientar nuestra alimentación en base a las ideas anteriores (y más que hay en el artículo, que recomiendo leer íntegramente), habríamos dado un paso de gigante en prevenir/revertir los problemas que, presumiblemente, nos está causando lo que actualmente comemos. Ojalá todos los padres/madres leyeran ese artículo y entendieran que lo que está diciendo Miguel Franco no es lo mismo que lo que actualmente creemos saber sobre cómo alimentar a nuestros hijos.

Otro fragmento del artículo (sus negritas):

Un planteamiento aún más radical (por buscar la raíz) lo encontraréis en el enigmático Vicente y su blog No vuelvo a engordar. Su libro de descarga gratuita es revelador en el mejor sentido de la palabra.

Aparte de las amables palabras, agradezco que confíe en mí tanto como para enlazar a este blog y al librito. Espero no defraudar esa confianza en el futuro, y aprovecho para reiterar que este blog únicamente existe para expresar mis opiniones, sin intenciones ocultas ni de tipo económico ni de ningún otro. Ni voy a vender productos, ni voy a cobrar por recetar dietas, ni voy a tener más actividad que la de contar mi opinión. Este blog no es ni será nunca un negocio.

Fat Head Kids

naughton

Hace un par de días me llegó el libro (el primer capítulo se puede leer aquí). Tom Naughton lo ha escrito, su mujer Chareva lo ha ilustrado, y ahora mismo se están dedicando a preparar la versión película del libro. Tom Naughton es un comediante que hizo el interesante documental “Fat Head“. Si no me equivoco, se gana la vida como programador informático. Su blog de temas de nutrición: http://www.fathead-movie.com/

Lo he comprado para mi hija pequeña (10 años), aunque a la vista del primer capítulo, que es lo único que he leído, intuyo que las explicaciones van a ser demasiado complicadas para ella. Mi objetivo en este momento es que no se sienta presionada y que nazca de ella ponerse a leer, es decir, la dificilísima tarea de estarme calladito y esperar acontecimientos.