Los guerreros victoriosos primero ganan, y luego van a la guerra

Los guerreros victoriosos primero ganan, y luego van a la guerra. Los guerreros perdedores primero van a la guerra y luego tratan de ganar. El arte de la guerra

Primer mensaje: ésta no es tu batalla. No eres un/a cobarde por evitar el conflicto.

Evita la batalla. No es cobardía, es inteligencia. No ganas nada en el combate, no tienes nada que demostrar.

Evita la lucha: no introduzcas esos alimentos en tu casa. No es tu batalla: sabes que no es comida, sabes que no quieres consumirla. No aceptes sus reglas: impón las tuyas. No aceptes que eso es comida y que tienes un problema al no ser capaz de controlarte. No es comida y los que tienen un problema son los que consumen esa porquería.

Si alguien te dice que el azúcar y las harinas de semillas son “comida”, y que deberías ser capaz de consumirlas de forma moderada, es su criterio, no el tuyo. Niega sus normas, niega sus condiciones. Rompe la baraja.

Segundo mensaje: combatir ya es perder

No tienes que demostrar tener fuerza de voluntad venciendo a la tentación. Lo que tienes que pensar es que es un combate que no te aporta nada y que además está trucado.

Si te enfrentas a la tentación, ya has perdido. Cada vez que haces uso de tu fuerza de voluntad, ésta se debilita, y se reduce tu capacidad para resistir a la siguiente tentación. ¿Qué ganas enfrentándote a la tentación? Nada. Te debilitas, te resquebrajas, te haces vulnerable. ¡Aunque hayas resistido!

Tercer mensaje: este combate no está equilibrado

Estamos hablando de introducir en tu cuerpo sustancias que crean adicción. ¿Crees que es un problema tuyo, de falta de voluntad? No lo es, porque siempre se trata de los mismos productos: azúcar y harina de semillas. Los huevos no generan adicción, la carne no genera adicción, el brócoli no genera adicción. ¿Culpas a los fumadores de tener un problema con el tabaco? ¿Y a los alcohólicos de tener un problema con el alcohol? Esas sustancias son más fuertes que tú, porque al igual que el azúcar y la harina de semillas, no son comida y tu cuerpo no reacciona bien ante ellas. No tienes un problema con la comida, sino con sustancias adictivas introducidas en la dieta por la industria alimentaria. El problema del drogadicto no es de fuerza de voluntad para salir de su situación, sino de haberse metido en las venas lo que no debía.

Por cierto, ¿conoces a alguien que diga que, tras el primer huevo frito, no puede dejar de comer huevos fritos hasta vaciar la huevera? Yo no.

Cuarto mensaje: claro que tienes fuerza de voluntad

Desde entornos “oficiales” suele lanzarse el mensaje de que los gordos (ex-gordo en mi caso) lo somos porque no somos capaces de controlarnos. Según ellos, nos falta fuerza de voluntad. Es un mensaje fruto de la arrogancia. Personas que siempre han sido delgadas y que han tenido suerte con la genética creen que su delgadez es debida a sus virtudes, a una fuerza de voluntad que los gordos no tenemos. Como dice Peter Attia, nacieron en la línea de meta y creen haber ganado la carrera. Pura arrogancia.

Pero esa teoría de la falta de fuerza de voluntad no se sostiene. En primer lugar, porque está claro que son ciertos productos, los llenos de azúcar y cereales, los que causan el problema. La culpa no es tuya, sino de quienes te dicen que debes consumirlos. Y por otro lado, porque sencillamente no es cierto. ¿Una persona, delgada, que se pasa una hora al día en el gimnasio tiene más fuerza de voluntad que una persona, obesa, que estudia una ingeniería y que acaba la carrera a curso por año? ¿En qué cabeza cabe que quien demuestra una gran capacidad de sacrificio para obtener un título universitario, tras años y años de esfuerzo, en realidad sea una persona sin fuerza de voluntad? Pero lo del título universitario solo es un ejemplo. Seguro que has vivido situaciones en las que has demostrado una gran fuerza de voluntad, aunque no haya sido saliendo a correr a las cinco de la mañana. ¿Cómo se atreven decir que no tienes fuerza de voluntad?

No voy a presumir de curriculum, pero cuando he expuesto el argumento anterior a alguna persona, diciendo que por un lado mi trayectoria demuestra que sí tengo fuerza de voluntad, y que, por otro, estaba como una bola, me han respondido que en mi caso es así, pero el resto de gordos… No lo acepto. Me parece pretencioso suponer que una persona con sobrepeso no tiene fuerza de voluntad. Salvo que tenga algún problema metabólico, lo que tiene son ideas erróneas sobre qué debe comer.

Quinto mensaje: planifica y no venzas a las tentaciones

Tienes dos opciones para autocontrolarte: la primera es enfrentarte a la tentación y vencer. La segunda es planificar de antemano tus movimientos, para evitar que exista la tentación. ¿Es necesario que un estudio científico nos diga cuál es más efectiva? Aunque creas que eres capaz de resistir la tentación, lo cierto es que un bajón emocional, un mal resultado deportivo, un problema en el trabajo, un pico de estrés, etc. pueden hacerte ceder. Si no has introducido esos productos en tu casa, no caerás en la tentación. Enfrentarse a las tentaciones ya es darles la oportunidad de vencerte.

Recuerda, los guerreros victoriosos primero ganan, y luego van a la guerra. Planifica la batalla ¡para que no exista! Vence la batalla sin tener que luchar en ella.

Sexto mensaje: no es cuestión de fuerza de voluntad

Como ya he dicho antes, lo de que los gordos no tenemos fuerza de voluntad, no es más que una teoría fruto de la arrogancia de quien la formula.

Estamos cazando patos y al final del día volvemos a casa con la bolsa vacía. El arrogante de turno nos enseña sus piezas y nos dice que es porque no tenemos puntería. La realidad es que no nos dieron una escopeta (y a él los patos se los compró su padre en la carnicería de la esquina). Quizá con una escopeta, podríamos haber demostrado tener o no puntería. En el terreno de la nutrición nos pasa exactamente lo mismo: nos dicen que no adelgazamos porque no tenemos fuerza de voluntad, porque no somos capaces de mover el culo del sillón y porque no somos capaces de controlar el apetito. Pero no es cierto. El problema es que sus recomendaciones para adelgazar son una escopeta dibujada en un papel. Nos culpan de no conseguir resultados, cuando lo cierto es que los únicos culpables son ellos y sus absurdas ideas sobre nutrición.

Solo una idea para acabar: posiblemente yo no tengo fuerza de voluntad suficiente para comer solo una galleta de chocolate, pero tengo la suficiente para no comer esa primera galleta. Y la suficiente inteligencia como para no tener galletas en casa.

 

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9 thoughts on “Los guerreros victoriosos primero ganan, y luego van a la guerra

  1. Me encanta el post, y me reí mucho imaginando al “monstruo de los huevos fritos” jajaja 😀 (al de las galletas lo veo ahora con otros ojos…). Gracias. Muy inspirador! Y ojo, no me gusta el victimismo que a veces se puede desprender de estas ideas (“no es culpa tuya”, “no has hecho nada malo”…), pero es que es cierto que está todo montado para que enfermemos y nos tratemos de forma crónica dejándonos el dinero en ambas cosas.

    El consumidor de tabaco alcohol u otras drogas tiene al menos cierta idea de que no es bueno, tanto cuando consume como cuando decidió empezar a hacerlo; el consumidor de harina y azúcar ¡¡cree que lo hace bien!! Y ahí está el problema: CREE. Haciendo un poco de autocrítica sí que tenemos algo de culpa, de creer lo que nos cuentan sin exigir pruebas, sin ser mínimamente críticos, y de meternos en el cuerpo cosas sin SABER de verdad lo que son y nos hacen, sólo porque “expertos” lo dicen, sin cuestionar si de verdad lo son o qué intereses tienen. Luego ya inmersos en la adicción no hay culpabilidad: hay adicción. Punto. Ese “por un poquito no pasa nada” es característico de cualquier adicción. Pienso que quien no tuvo ninguna siendo plenamente consciente de ello, no puede comprender la magnitud del concepto.

    Estar gordo no es por falta de fuerza de voluntad como bien dices. Es por un mal enfoque del esfuerzo (que no sacrificio) basado en la ignorancia (fomentada). Mi padre por ejemplo siempre estuvo bien, es muy activo, y no le entra en la cabeza que yo no lo sea (ahora voy siéndolo algo más). Lo entendió a medias cuando le dije que probara él a leer las horas al día que leo yo, o sólo una, algo que le gustara… ni lo intentó, dijo que sentarlo era matarlo. Claro… ¿fuerza de voluntad? Ya, ya. Cuando algo nos gusta o “nos sale de dentro”, el esfuerzo no supone sacrificio, aquello de “sarna con gusto no pica”. Él tiene suerte pero no lo ve. Y cada 2×3 olvida que yo no la tengo (respecto a este “asuntillo genético”, que en general me siento muy afortunada).

    Me quedo con tu última idea, clara y contundente 🙂 Me identifico mucho con ella. No la puedo aplicar a rajatabla porque no vivo sola y predico en el desierto, pero al menos tengo esas cosas guardadas en el armario. Y sabiendo lo que me hacen, cada vez tengo menos “deseo” de abrir esa puerta. La vida es corta y no hay necesidad de complicarla con batallas absurdas en las que encima llevamos todas las de perder. ¡¡Optimicemos el esfuerzo!!

    Mi abuelo, agricultor y ganadero, dice que “en la vida hay que trabajar mucho, pero de nariz p’arriba mucho más”. 😉

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    • Hola Carolina,
      cuando yo tomo huevos fritos (habitualmente con una loncha de queso havarti derretida por encima), tras el primer huevo se pasan las ganas del segundo. Y tras el segundo dejas de comer y pasas directo al café. Si hay monstruo, yo no lo he visto.

      Cuando yo estaba gordo comía galletas de chocolate, bizcocho de chocolate, donuts de chocolate. No en grandes cantidades, pero con cierta frecuencia. ¿Por qué no iba a hacerlo, si todo es una cuestión de cantidad? “Si luego lo quemas…” Ahora lo miro y digo “Vicente, tú eras idiota. ¿No te dabas cuenta de que comías fatal?”. Pues no, no me daba cuenta. Bebía coca-cola zero, tomaba bocadillos, tomaba pasta, tomaba toda la fruta que me apetecía, etc. Mi mujer dice que “todo el mundo sabe que la pasta engorda”. Pero se equivoca, porque en casa hemos tenido cereales, pasta y pan hasta hace bien poco, ¿es que no sabemos que engorda? Una vez abiertos los ojos no se entiende tanta equivocación, pero si te pones en situación, si te pones en la piel de alguien que CREE, sí se entiende.
      Creer en los “expertos” es el gran error, pero no un error por el que debamos sentirnos culpables. ¿Quién se iba a imaginar que fueran una panda de incompetentes e ineptos, cuyas recomendaciones carecen por completo de fundamento? Es inconcebible. No podemos darnos latigazos por haber confiado en ellos.

      Dices que “la vida es corta”. Me resulta curioso que ese mismo argumento se usa para decirnos que no nos privemos de nada. Pues perdonen, pero no. Disfrutar de la vida no es comer ciertas cosas, sino haberme librado de la obesidad y del hígado graso, por ejemplo. Si quieren, pónganme un “disfrutómetro”, que lo reviento. Y no consumo las porquerías que ustedes promocionan.

      Respecto de lo que dices de ser activo. Yo cuando estaba gordo era mucho más pasivo y necesitaba dormir muchas horas (10-11). No descansaba por la noche. Perdí los kilos y pinté la casa entera, por dentro y por fuera (es un adosado). Ahora duermo 8 horas y me levanto tan fresco. ¿Obeso por sedentario? No, sedentario por obeso. No es un atributo de la forma de ser, del carácter, sino del estado físico. Pero, bueno, ya sé que solo es mi caso, el resto de obesos sí lo son por sedentarios… (el único bueno soy yo, el resto, todos con defectos).

      (léase esto último en tono irónico. A ver si alguien me lo va a interpretar textualmente… y la liamos)

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      • Hola Vicente,

        Fíjate que en mi caso era al revés, “comía sano” (léase pirámide oficial) salvo ciertas ocasiones donde sucumbía a la ansiedad y cenaba colacao con galletas (hacía una amalgama de cuidao), o sobre todo en exámenes me podía bajar una bolsa de conguitos a las 3am noche tras noche. Vamos, pensaba que era gorda por vaga y glotona: culpa, autoestima por los suelos, apatía, sedentarismo… círculo vicioso. Y no, nada de eso. Confundí síntoma con causa.

        Digo lo de la “co-culpa” por no cuestionar las cosas, me siento responsable por decidir mal (jinete?) a quién escuchar. Aunque tenemos tu mensaje #3. Y “los guerreros victoriosos” de momento son la industria, ya meten de todo hasta en productos infantiles, asegurando la clientela… Suelen decirme que soy muy dura conmigo misma, así que quizás tengas razón. Desde luego tuviera cierta culpa o no, no cambia el pasado, y saberlo tampoco es muy útil para el futuro al menos a c/p (ahora que entiendo varias cosas). Hice las cosas de forma A según “los expertos” y el resultado fue desastroso, ahora las hago de forma B con “ciencia válida” y esto tiene mejor pinta. Hay que avanzar.

        Y sí, desde luego la vida se disfruta mucho más con salud y energía, no con chucherías/llenabuches. Voy a darle una vuelta a lo que dices de que “no es un atributo de la forma de ser”, la verdad es que al tener sobrepeso desde siempre, resulta difícil diferenciar ciertas cosas que quizás provengan de ahí y no de mí. Desde luego cambios he notado pero puede haber varias causas. Interesante enfoque.

        Por cierto, en mi entorno yo también soy una “ex gorda virtuosa”. El resto vagos redomados y zampabollos todos. Diría que opinaban lo mismo de mí aunque no lo dijeran abiertamente, llámame mal-pensada. Ahora dicen “suerte, te cambió el metabolismo” (hombre, qué casualidad!!).

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      • En mi época de estudiante universitario recuerdo haber recurrido sistemáticamente a la fanta de naranja en las largas noches de estudio.

        ¿Gordos por sedentarios? No tiene ningún sentido. ¿Sabes cómo estaría un gordo si en lugar de ser sedentario hubiera hecho ejercicio? Igual de gordo. Ése es el efecto que dice la evidencia científica que tiene el ejercicio sobre el peso: nada. Estaría igual de gordo de haber estado activo físicamente, pero está gordo por sedentario. ¿Tú lo entiendes? Yo no. Lo del sedentarismo como causa de la obesidad es una mentira.

        Peor debería sentirme yo, porque la lista de errores es mayúscula: coca-cola zero, lacasitos, bizcocho de chocolate, galletas recubiertas de chocolate, donuts de chocolate, pan, galletas con trocitos de chocolate, cereales con chocolate, tableta chocolate con azúcar, barritas de cereales, pasta de todo tipo, tortitas de anís, yogures azucarados, etc. Dicho así parece una salvajada, pero los consumía con mucha moderación. Que nadie piense que me pasaba el día comiendo bollería, pero ¿qué había de malo en consumir yougures azucarados o cereales con leche, de todo tipo, a diario? ¿Culpa mía comer así de mal? No lo creo, de verdad. Mi alimentación era “saludable” bajo el punto de vista de los “expertos”, especialmente siendo que nunca he dejado de hacer deporte con regularidad.

        Espero que tengas suerte con el plan B.

        Me remito a lo que te he dicho antes: el sedentarismo no causa obesidad. La arrogancia sí es causa de ideas estúpidas como ésa. Lo anterior no quiere decir que no seas una persona a la que le guste más leer que jugar al tenis. Nada de lo que avergonzarse, ¿verdad?

        Otro ejemplo: cuando yo estaba obeso, un par de veces, jugando partidos de tenis con amigos, tuve que parar a los veinte minutos de haber empezado porque estaba completamente asfixiado (no me hubiera extrañado que me hubiese pasado algo más grave). La obesidad me impedía ser activo físicamente, y no al revés.

        Y un último ejemplo: estos últimos días uno de los amigos con los que juego al tenis me ha fallado un poco (tiene molestias en una rodilla). ¿Crees que he engordado un solo gramo por haber reducido la frecuencia con la que juego?

        Pero todo esto es anecdótico. Vuelvo al origen: si haber hecho ejercicio no hubiese adelgazado a un obeso (algo demostrado científicamente), ¿cómo nos atrevermos a decir que está gordo por no haber sido más activo físicamente?

        Pero esto, el que lo quiere ver ya lo sabe:
        Fatness leads to inactivity, but inactivity does not lead to fatness: a longitudinal study in children o Prospective associations between sedentary lifestyle and BMI in midlife.

        “La grasa corporal predijo cambios en la actividad física en los siguientes tres años, pero los niveles de actividad física no predijeron cambios en la grasa corporal en el mismo periodo de seguimiento”

        “El BMI estuvo consistentemente asociado con un riesgo aumentado de volverse sedentario, tanto en hombres como en mujeres […] Un estilo de vida sedentario no predijo cambios en el BMI”

        ¿Creías estar gorda por sedentaria? No veo razón alguna.

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      • Vaya si lo creía, firmemente!! Pero es verdad que echando la vista atrás, fui gorda cuando no hacía nada pero también cuando hacía natación, karate o ayudaba los findes en casa de labranza. Hasta ahora no había caído!! En el agua era feliz y la mejor buceando, en tierra… era otro cantar.

        Sigo prefiriendo la lectura al tenis, soy más de aficiones “solitarias y tranquilas” (o como mucho 2-3 personas), desde luego no hay nada malo en ello que para gustos colores. Pero ahora me gusta andar por el monte! Puede parecer una tontería, pero es un cambio enorme y a mi juicio muy positivo, que de niña/chica me “traumatizaba” tener que ir a por las vacas pongamos 2-4km con diferentes pendientes… Lo pasaba mal porque “me pesaba el culo”, me faltaba el aire.

        Desde luego si ejercitarse no adelgaza de forma significativa a medio/largo plazo, como está comprobado, no se puede decir que la gordura viene a causa de no moverse. No tiene sentido. Nos machacan con ello pero es absurdo. Una mentira mil veces dicha se convierte en verdad (aunque no lo sea). Parecía tan “lógico”…

        He revisado los enlaces que me pusiste Vicente, gracias por molestarte (y por la traducción!). Más o menos sé inglés pero tengo que ponerme las pilas con el vocabulario específico, me gusta ver las cosas por mí misma y salvo la gran labor de divulgación en español que hacéis “cuatro gatos” (en cuanto a cantidad, no calidad) está casi todo en inglés. Comentar que aunque estoy muy de acuerdo con la conclusión, si no me equivoco es observacional (correlación), con lo que la conclusión puede deberse a otros factores no observados, no? Igual hay que coger un poco con pinzas que A “predice” B. Eso sí, poblaciones y edades distintas… No sé, todavía soy bastante novata con los estudios científicos y su interpretación. Aun así resulta MUY llamativo y me parece importante seguir ahondando en ello. Hasta donde pude comprobar en mi entorno, aun sin ser una muestra representativa, coincido plenamente.

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      • Hola Carolina,
        me parece fantástico, de verdad, que desconfíes de todo lo que lees, incluyéndome a mí, por supuesto. Yo estoy super-polarizado, convencidísimo por mi experiencia personal, como no podría ser de otra forma.

        Sí, son observacionales y solo ofrecen información matemática, estadística, entre variables, por lo que no permiten sacar conclusiones causa-efecto. Lo que pasa es que cuando la relación matemática que se encuentra en un estudio observacional es nula, cuando no hay correlación, difícilmente va a haber causa efecto. O en otras palabras, si encuentras que hay una relación entre sedentarismo y obesidad, no puedes asegurar que lo uno cause lo otro (o que lo otro cause lo uno). Pero cuando no encuentras relación matemática, lo más probable es que no haya relación causa efecto.

        En este caso: si no encuentran relación entre tipo de vida sedentario y estar más gordo al cabo de unos años, lo más probable es que ser sedentario no cause obesidad. Porque de otro modo tendría que haber aparecido una relación matemática (sobre la que no se hubieran tenido certezas en el sentido de qué causa qué).

        Por ejemplo: la grasa corporal actual sí se asoció con un aumento del sedentarismo al cabo de unos años. ¿Lo uno causa lo otro? No se puede asegurar en base al estudio, pero puesto que hay mecanismos metabólicos que explicarían ese efecto, por una deficiente generación de ATP en las personas con exceso de peso, parece razonable pensar que la obesidad genera sedentarismo.

        Pero ése es el peligro de los estudios observacionales: que mis conclusiones pueden ser equivocadas, porque el experimento no es un experimento controlado donde se controla un único factor, sino una observación con cientos de factores en juego. Como decía al principio: no te fíes de mis conclusiones. Lee todo lo que puedas y saca las tuyas.

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  2. Hola de nuevo Vicente,

    Dudo hasta de mi sombra! (y también me río de ella, eh?) Muy de acuerdo con tu explicación, así es como lo interpreto. Ya te digo que en este caso coincido con la conclusión (seguro que no siempre es así). Lo que pasa es que cuando hago una afirmación X, si es diferente a “los expertos”, se me exige una precisión absoluta y que sea irrefutable (si exijo yo que me demuestren con tanta irrefutabilidad por qué los cereales deben ser la base de nuestra alimentación en seguida dicen que estoy cambiando de tema). O me la exijo yo misma. A la más mínima grieta o duda, los demás invalidan no sólo eso sino todo lo que les parece. Y con lo puntillosa que soy, dudas tengo en abundancia. No veas hoy qué debate con los huevos, que uno al día es malo porque son “el alimento que más colesterol malo tiene”…

    Hablando de dudas: “cuando no encuentras relación matemática, lo más probable es que no haya relación causa efecto.” Probable?? Esto se me escapa. Si buscamos relación causa-efecto y no hay correlación/relación matemática, ¿dónde encajaría la posibilidad de que sí haya relación causa-efecto? ¿Buscamos relación entre 2 variables, no la hay según la observación de las mismas, pero sí la hay en realidad? Perdona el off-topic, pero si me puedes echar una mano te lo agradecería porque no lo entiendo. En cualquier caso lo buscaré, me intriga ese “probable”! La verdad es que mi alarma saltó por el “predice”, el “no predice” lo di por bueno…

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    • Hola,
      no estoy seguro de entender la duda: a ver si dándole una vuelta de tuerca nos aclaramos (tampoco des por supuesto que yo lo entiendo mejor que tú)

      Observo las características A y B de una población y veo que matemáticamente, estadísticamente, no guardan relación. ¿Puedo asegurar con total seguridad que A no causa B o que B no causa A? ¿Puedo asegurar con total seguridad que no exista una tercera variable C que esté ocultando la relación entre A y B? Por ejemplo A es fumar, B es enfermedad cardiovascular, pero resulta que casualmente a los que fuman son los que hacen ejercicio (C), por la razón que sea. El efecto negativo de A (fumar) podría cancelarse con el negativo de C (ejercicio), hasta el punto de ocultar la relación A-B. Normalmente en los ajustes estadísticos tratan de buscar esas variables C y anular su efecto, pero ¿he considerado todas las posibles C? De cada mil estudios que haga, ¿en cuántos una relación real puede parecer no existir debido a una variable “confounder” no prevista? Parece poco probable que suceda, pero puede suceder.

      Se me ocurre otro ejemplo: cuanta más grasa saturada se consume en un país menos muertes por enfermedad cardiovascular hay (ver). ¿Podemos asegurar que la grasa saturada sea beneficiosa o inocua para la salud? No, porque por ejemplo cuanta más grasa saturada consumes, menos carbohidratos consumes y cualquier efecto beneficioso en la salud puede ser debido en realidad a consumir menos cereales y no a consumir más grasa. O a que los que consumen carne también tienen más dinero y se mueren menos por otras razones relacionadas con el poder adquisitivo y no con sus hábitos alimenticios.
      Si la grasa saturada fuese mala, difícilmente el resultado del estudio epidemiológico va a decir que cuanta más grasa saturada consumes, mejor te va, pero pudiera pasar por culpa de terceras variables.

      No sé si te aclaro algo, porque no entendía muy bien la duda.

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      • Me has aclarado muchísimo!!! 😀 Era justo eso, no supe explicarme mejor (mea culpa, como profesora pasaría bastante hambre). Muchas gracias, Vicente!! Sigo muy verde, pero algo menos que hace media hora! 😉

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