“Quiero hablar con una endocrino”

Yo ya sé que después de escucharme quieres hablar con una endocrino, con una nutricionista, con tu pareja o con la vecina del quinto. Porque quieres creer.

Quieres creer que me equivoco en mi diagnóstico de las opciones que tienes.

Quieres que alguien te diga que puedes seguir comiendo las mismas cosas que llevas años comiendo y aun así adelgazar.

Quieres creer que el “come menos y muévete más” a ti sí te va a funcionar. Esta vez sí te lo vas a tomar en serio (recuerda: como todas las veces anteriores).

Inténtalo. Seis meses van a pasar hasta que la pérdida de peso se paralice, un año hasta que ya no puedas engañarte sobre el resultado: llevarás meses recuperando poco a poco los 8 kg perdidos, pasando hambre, de mal humor y sin que nada te haya servido para evitar esa lenta recuperación del peso. Va a ser un año de sufrimiento para nada. Y si quieres engañarte echándote la culpa porque “no has hecho todo perfecto”, piensa que precisamente por eso escogiste el “come menos y muévete más”, porque significaba no hacer cambios en tu vida que no quieres hacer. Tu primer impulso fue volver a intentarlo sin cambiar nada.

El problema es que estás engañada. Tu felicidad no depende de consumir las cosas que comes y que has comido mientras engordaste. Ahora cambiar a una dieta más paleo/evolutiva/low-carb te parece un sacrificio inasumible. Ya lo sé. Y te vas a aferrar a cualquiera que te diga que es innecesario o peligroso para la salud. Fíjate que para comer carne y tomarte una tortilla de dos huevos buscas la aprobación de la endocrino, pero no se te ocurrió consultar con nadie para ir dos veces por semana al McDonalds. Necesitas bien poco para creer.

No digo que vayas a adelgazar si haces caso a mis sugerencias, lo que digo es que intentarlo no es tan duro como ahora te parece. Los productos que crees que te dan la felicidad, no lo hacen. Simplemente te han esclavizado. Quizá al principio los eches en falta, pero te aseguro que al cabo de un tiempo vas a obtener las mismas sensaciones, la misma felicidad, consumiendo comida de verdad que te guste. La misma, ni un poquito menos, de verdad. Pero te habrás librado de la culpa, de la ansiedad por comer y, a lo mejor, de algunos kilos. Y no sólo no volverás atrás, sino que te preguntarás cómo no cambiaste antes la forma de comer. Ya verás cómo si al final te decides, me darás la razón en esto. Anota en una hoja de papel o en el ordenador lo que piensas ahora, porque cuando cambies tu forma de comer no vas a entender en qué estabas pensando y por qué no actuabas.

No has renunciado a nada, comes como tendrías que haber comido siempre

Renunciar a las harinas, al azúcar o a las bebidas azucaradas no es una renuncia. Nunca deberíamos haber iniciado su consumo. Lo hicimos de forma irreflexiva, simplemente porque los productos estaban a la venta y nos gustaban. No lo decidimos y no sabíamos cuáles iban a ser las consecuencias. Simplemente lo hicimos. Y nos gustan de forma especial precisamente porque no son comida y porque de alguna forma, adicción o no, son los únicos productos que nos cuesta dejar de consumir. Piénsalo y verás que es así. Es la no-comida lo que nos atrapa y nos somete. Liberarse no es un sacrificio. Cuidarse no es un sacrificio. Comer lo que tendríamos que haber comido siempre no es un sacrificio.

Tu primer impulso es hablar con una endocrino. Lo sé.

Yo lo que quiero es que conozcas los resultados reales, documentados en la literatura científica, de la dieta que quieres seguir, la que te permite seguir comiendo de todo, la que consiste en no cambiar nada.

Quiero que conozcas cuál va a ser el efecto en tu cuerpo y las razones por las que seguramente no te va a ser posible mantener a largo plazo esos 8 kg que vas a perder. Quiero que no te culpes cuando el método fracase, porque la culpa no será de haberlo hecho mal.

Quiero que te plantees que para parte de los obesos es posible que no exista una forma de recuperar un peso normal con dieta y ejercicio. Inténtalo, pero no des por supuesto que los resultados tienen que llegar.

Quiero que te plantees que, quizá, lo que has estado haciendo hasta ahora ha sido comer de forma irreflexiva, sin cuestionar los efectos sobre tu salud de lo que has estado comiendo. Pero que las cosas no nos maten en 24h no significa que no tengan efectos en nuestra salud a largo plazo.

Y, por último, quiero que te plantees que hasta que no te libres de los kilos que te sobran no estarás en disposición de elegir libremente. Ahora mismo cambiar tu forma de comer no tiene ningún coste. Esa decisión va requerir confiar en que los resultados pueden llegar. Si tienes la suerte de adelgazar, volver a los viejos hábitos sí tendrá un coste. Y no sentirás ningún deseo de volver a tu vieja dieta. No des por supuesto que tu forma de pensar, tu decisión, es la actual: si consigues adelgazar, vas a ver la comida de forma diferente, vas a dejar de desear la no-comida y vas a tener cosas que perder. Ahora no tienes que decidir pues sólo hay datos en una parte de la balanza: ahora toca actuar. Tu verdadera forma de pensar sucederá cuando ya hayas adelgazado y te hayas librado del deseo de consumir no-comida.

 

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14 thoughts on ““Quiero hablar con una endocrino”

  1. Hola Vicente, he de apoyar todos tus comentarios en esta entrada. Cambiando los hábitos alimenticios y comiendo comida (huevos, verdura, carne, fruta,…) no tengo ni que pincharme insulina rápida y la cantidad que uso diariamente de la lenta ha descendido un 40%. Aunque he de confesar que a veces echo de menos los hidratos, no los como porque veo el resultado en la insulina, espero que se esfume el síndrome de Estocolmo.
    Pero en general estoy muy contento con los hábitos porque veo una relación directa con la regulación de la diabetes. He pasado de una glicosilada de 7,4 a una de 5,9.
    Muchas gracias por tu blog.

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    • Enhorabuena por esos resultados, Alberto.

      a veces echo de menos los hidratos, no los como porque veo el resultado en la insulina, espero que se esfume el síndrome de Estocolmo.

      Yo soy humano y cada vez que pienso en una ensaimada de Mallorca (pongamos el relleno que queramos) se me hace la boca agua. Pero no me salto NUNCA mi forma de comer porque tengo tal recompensa en el espejo, que no hay ningún producto comestible que compense perder lo que tengo ahora mismo. Y para mí es muy sencillo no consumir algo si no lo consumo nunca. Dejé el síndrome de Estocolmo de la coca-cola, hace años. Pasé de no poder vivir sin beber coca-cola a todas horas a no sentir ninguna necesidad de consumirla. Es más, me das una coca-cola y sinceramente no la quiero y no le veo sentido a beberla. No soy la misma persona y las decisiones que hubiera tomado antes de adelgazar habrían estado basadas en una falsa percepción de lo que quería o necesitaba.

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    • Pues sí, Vicente, querer hablar con una endocrino, un nutricionista, o cualquiera que corrobore que estás equivocado es lo menos malo. Cuando en alguna tertulia sale el tema de la nutrición y comento mi parecer, en ocasiones algunas miradas y comentarios me dan a entender que ni les hace falta consultar con nadie, dadas las tonterías que digo. Cuando sucede eso a veces me digo que una y no más, no vuelvo a hablar sobre nutrición y ya está. Pero después recuerdo que varios amigos y conocidos sí han decidido informarse y han tomado un camino distinto, y con resultados motivantes. Si me gusta que respeten mis opiniones, también debo respetar las decisiones de los demás, tengan los motivos que tengan. Y es cierta esta cita, creo que lo dijo Mark Twain, no estoy seguro: “Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”

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      • Ése es el tema. Yo conozco gente con problemas de peso y no pretendo juzgar sus decisiones, pero sí me gustaría que supieran alguna cosilla sobre nutrición y dietas para adelgazar. Sin información correcta las decisiones no son libres.

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  2. Totalmente de acuerdo contigo, Vicente.

    Los carbohidratos simples elevan nuestra insulina y terminan convirtiéndose en grasa. Y en algunas personas es mucho más radical que en otras, por eso no todas engordamos comiendo lo mismo.

    Desde mi experiencia, la clave está en ser lo sufientemente “conscientes” para evitar ese primer bocado, porque como decían en un anuncio publicitario de una marca de patatas fritas: “Cuando haces pop ya no hay stop”.

    El cambio en las personas tiene que ser integral, y yo creo que no se puede cambiar el área física si previamente no existe ese cambio consciencial en la persona, en el que una voz interior te dice: “Tiene que haber otro camino más fácil”. A partir de ahí, se van abriendo nuevas puertas donde antes sólo había muros, y cada vez te resulta más fácil comer alimentos sanos, en lugar de las “sabrosas porquerías” a las que nos acostumbramos desde pequeñitos, creándonos la adicción.
    Por eso nos resulta tan difícil convencer a nuestros seres queridos para que ellos sigan este modo natural de alimentarnos, porque desde su percepción no alcanzan a verlo con la claridad con la que nosotros lo vemos.

    Así que no nos queda salvo predicar con el ejemplo y que sean ellos quienes lo perciban y se den permiso para escuchar su propia voz interna que les diga que hay un camino más fácil.
    Hasta entonces, paciencia, y a seguir comiendo sano, amigos.

    Un fuerte abrazo,

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    • Hola Maria Jesús,

      la clave está en ser lo sufientemente “conscientes” para evitar ese primer bocado

      Habrá de todo, pero a algunos eso es lo que mejor nos funciona. Además, que no haya ningún alimento en la dieta que produzca ese efecto da mucha tranquilidad y quita mucha culpabilidad de encima. Tal y como lo veo yo que la (no-) comida te domine no es saludable psicológicamente.

      Por eso nos resulta tan difícil convencer a nuestros seres queridos para que ellos sigan este modo natural de alimentarnos, porque desde su percepción no alcanzan a verlo con la claridad con la que nosotros lo vemos.

      predicar con el ejemplo y que sean ellos quienes lo perciban y se den permiso para escuchar

      No recuerdo exactamente mis pensamientos en mi época de obeso (estaba tan en Babia que posiblemente no tenía ni pensamientos), pero cuando has sido machacado durante décadas con el mensaje de que todo es un problema de cantidad de comida y que no hay que renunciar a nada, supongo que la primera reacción es siempre pensar que tu interlocutor no sabe de lo que habla. A partir de ahí, habrá quien reaccione y se interese por el tema y habrá quien simplemente descarte esas ideas por contrarias a la lógica y al conocimiento procedente de los que sí saben del tema.

      Un abrazo 🙂

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  3. Sé que llevair razón, sé que éste estilo de alimentación es lo más saludable y bla bla bla. Lo practiqué durante 2 años completos, comía a base de carne y pescado a la brasa/plancha, verduras, frutas, huevos, leches vegetales, frutos secos, etc. practicaba 2 horas diarias de ejercicio. Adelgacé 8 kilos, tenía un cuerpazo impresionante, me encontraba super saludable, mejor que en toda mi vida. Total, que cada día me convencía más de que había hecho muy bien abandonando, harinas, azúcar, comida basura, embutidos, fritos y demás. Tal era la cosa, que me dedicaba a intentar convencer a mis amigos de que no tomaran alcohol, ni azúcar ni precocinados, etc. Creo que se me subió un poco a la cabeza el orgullo de haber conseguido comer super sano y no echar de menos nada de lo “malo”, e incluso en las ceebraciones, cuando mis amigos, tomaban sus cañas, aperitivos, refrescos y pastel, yo tomaba agua y pescadito a la plancha , verduras y demás. Un dia fuí a hacerme una analítica pensando en que me saldría perfecta y la podría enmarcar, y cual fué mi sorpresa que me salió todo mal. Se me vino el mundo al suelo, nunca ántes tuve tal decepción, me dieron ganas hasta de llorar. Nunca ántes había tenido el colesterol alto, pues ahora me salia 280, el azúcar altísimo, los triglicéridos altísimos, anemia ferropénica, mal las hormonas, mal todo lo importante. NO me lo podía creer, pregunté a varios médicos y no me supieron decir, “quizás has estresado a tu cuerpo con tanto ejercicio”, quizás te viene de familia” quizás no es la alimentación que tu cuerpo necesita, etc. Total, imaginene mi desesperación. Aún sigo en shock. No sé qué hacer, no quiero volver a comer de todo aunque mi analítica saliera bien cuando lo hacía, pero no sé si seguir así me seguirá subiendo el colesterol y demás. Ahora me veo con un tratamiento para bajar el colesterol y el azúcar. EStoy totalmente desmoralizado y hundido. Sigo comiendo sano, pero ya no estoy tan seguro de estar haciendo lo correcto como ántes. En fin, no quiero desmoralizar a nadie, ojalá sea el único al que le pasa ésto. Pero lo dicho, decepción absoluta. Gracias de todos modos por sus buenos consejos.

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    • Es raro lo que dices. Si tienes tan buen cuerpo, si te sientes tan bien, si puedes hacer cada día 2 horas de ejercicio.. (no conozco a nadie que haga tanto deporte), y que las analíticas te salgan tan mal…
      O sea, que comes sano y comida real, adelgazas y te salen los triglicéridos altos????
      O sea, que no comes azúcares añadidos, ni alimentos procesados y te sale el azúcar alto???
      Es contradictorio.
      El colesterol bueno alto, es buena señal. Hay que tenerlo alto. Ello te ayudará delante de cualquier inflamación o enfermedad que tengas.

      Comiendo bien, adelgazando, cuerpo fuerte y bonito, con buenas sensaciones y que la analítica te salga al revés…. No me lo creo.
      Lo siento.

      PD La otra opción es desayunar kellog’s, empezar a meter bocadillos y algunas galletas Oreo. A ver si así baja el colesterol y los triglicéridos…

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  4. Hola Vicente, como siempre enhorabuena por tus excelentes artículos!
    Una pregunta, que opinión te merece el uso de vinagre para aminorar el efecto de la comida (hidratos de carbono particularmente) sobre la Insulina? Lo he estado consumiendo, incluso he estado preparando mi propio vinagre de vino tinto, y me ha ido fenomenal.
    Espero tu respuesta….

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    • Hola Régulo,
      no tengo opinión propia. Sé que Fung lo recomienda y sé que yo llegué a sugerírselo a mis padres. Quizá en ese momento consulté estudios científicos, pero de ser así lo he olvidado por completo.

      Lo siento.

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