¡Qué conveniente y nada sospechosa casualidad!

    • “Si consumes el mismo número de calorías, acabarás con la misma cantidad de grasa en tus células grasas”
    • “Engordamos porque comemos más de la cuenta”
    • “Cualquier dieta que funcione para adelgazar lo hace porque te ayuda a comer menos”

Estos dogmas definen la pseudociencia del balance energético, pero no hay una única versión de esta charlatanería. A efectos de lo que quiero contar podemos considerar que hay dos grandes grupos de cantamañanas:

  1. Los que creen que sus teorías derivan de las leyes de la física.
  2. Los que saben que sus teorías no derivan legítimamente de las leyes de la física pero creen que la evidencia científica dice que —oh, qué casualidad— en la práctica nuestro peso corporal sí es determinado por las calorías de la dieta.

Los charlatanes del Grupo 1 basan sus creencias en nociones simplistas (“la energía no puede desaparecer”), trampas del lenguaje (“si no comes más de lo que gastas no puedes engordar”) e ignorancia de la evidencia científica (ver). Suponiendo que son honestos en sus errores, son “ignorantes atrevidos”. Este tipo de charlatanes queda fácilmente en evidencia cuando sus teorías se contrastan con los estudios científicos (mejor los hechos en animales, para evitar que intenten desacreditarlos diciendo que los datos de ingesta no son fiables).

Me centro en hablar del Grupo 2.

Los charlatanes del Grupo 2 afirman que EN LA PRÁCTICA para nuestro cuerpo lo que cuentan son las calorías. En esencia lo que ese segundo grupo propone es que la mayor estupidez concebida nunca por el ser humano, la teoría del balance energético, ha coincidido ¡¡¡por una increíble casualidad cósmica!!! con lo que se comprueba experimentalmente en humanos. ¡Fíjate tú, qué cosas pasan en esta vida! Estos charlatanes recurren al cherry-picking y a la mala ciencia para respaldar sus dogmas: a) generalizan resultados obtenidos en condiciones concretas, b) ignoran toda evidencia que contradice sus dogmas, c) extrapolan al largo plazo resultados obtenidos a corto plazo, o d) sencillamente aprovechan cualquier experimento mal hecho o de conclusiones infundadas que cae en sus manos.

En animales hay cientos de estudios que demuestran que la teoría del balance energético es LA pseudociencia (ver). Pero, los charlatanes del Grupo 2 sostienen que en humanos no sucede lo mismo que en los otros animales: en los humanos la teoría del balance energético sí se cumple. Es decir, su dogma es que esa teoría sólo se cumple en los animales que llevan décadas tratando la obesidad con una teoría estúpida. Según ellos sólo se cumple en los animales cuyos ingresos, prestigio y carrera profesional podrían irse a pique si se destapa que han estado defendiendo una estupidez colosal como si fuera una obviedad. Según ellos sólo se cumple para los animales que han estado cobrando a sus clientes por una dieta basada en pura estulticia y que no quieren reconocer que era un tratamiento estúpido. Sólo se cumple en los animales cuyos modelos matemáticos de la obesidad —basados en una tautología en lugar de en la fisiología— quedarían en evidencia (ver,ver). Es una gran casualidad que seamos los únicos animales para los que el control del peso corporal es cuestión de calorías…

¿No es una inquietante casualidad que los únicos animales que han cometido la ESTUPIDEZ de creer en la teoría del balance energético sean TAMBIÉN los únicos en los que el tejido adiposo carezca de regulación hormonal y funcione a golpe de calorías ingeridas/gastadas? Es una posibilidad, claro, pero ¡qué casualidad más conveniente! ¿no? No le ha pasado ni a los patos, ni a las ratas, ni a los cerdos… ¡Nos ha pasado a los humanos!

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5 respuestas a “¡Qué conveniente y nada sospechosa casualidad!

  1. Que alguien dé una charla en instalaciones públicas hablando de terapias que carecen de base científica sólo nos molesta cuando esas terapias no son las promovidas desde instancias oficiales.

    Borreguismo acrítico vergonzoso.

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  2. Evolución y fisiología no importan cuando tienes una ideología basada en falacias y prejuicios.

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  3. Felicidad máxima: dícese del estado de ánimo de un charlatán del Grupo 1 cuando descubre que ha estado defendiendo una estupidez descomunal durante años, pero que en realidad tenía razón y se convierte en charlatán del Grupo 2. ¡Puede seguir defendiendo lo mismo y con la misma arrogancia!

    Por cierto, ¿por qué los charlatanes del Grupo 2 no desenmascaran a los del Grupo 1 y, sin embargo, atacan ferozmente a los críticos de esa pseudociencia? ¿Y por qué los del Grupo 1 tienen como ídolos a charlatanes del Grupo 2?

    Lo dicho: unos son más fanáticos, los otros más ignorantes.

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