Grasa dietaria y grasa corporal

He preparado este esquema como parte de una futura entrada del blog. Como me parece interesante, lo publico por anticipado:

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Algunas citas:

Hepatic VLDL production is primarily substrate driven, the most important regulatory substrate being fatty acids. Fatty acids may be derived from at least four sources: (1) de-novo lipogenesis, (2) cytoplasmic triglyceride stores, (3) fatty acids derived from lipoproteins taken up directly by the liver, or (4) exogenous fatty acids (plasma free fatty acids). (fuente)

our observations indicate that hepatic insulin sensitivity is regulated by short-term changes in the intake of simple sugars, but not of fat. This was observed at very high, hypercaloric intakes for both fructose and glucose. (fuente)

A high flux of fructose to the liver, the main organ capable of metabolizing this simple carbohydrate, perturbs glucose metabolism and glucose uptake pathways, and leads to a significantly enhanced rate of de novo lipogenesis and triglyceride (TG) synthesis, driven by the high flux of glycerol and acyl portions of TG molecules from fructose catabolism. These metabolic disturbances appear to underlie the induction of insulin resistance commonly observed with high fructose feeding in both humans and animal models (fuente)

insulin at concentrations that are within the normal physiological range lowers blood glucose through inhibiting hepatic glucose production (fuente)

insulin can regulate the uptake of LCFA by tissues via FATP1 activation and that FATPs determine the tissue distribution of dietary lipids (fuente)

Lipoprotein lipase (LPL), located on the capillary endothelium of extrahepatic tissues, catalizes the rate-limiting step in the hydrolysis of triglycerides (TGs) from circulating chylomicrons and very low density lipoprotein (fuente)

Lipoprotein lipase (LPL) in the capillaries of adipose tissue hydrolyses circulating TG, mainly the dietary fat carried in the chylomicrons (fuente)

in the absence of LPL (as in genetic mutations) there is a complete absence of chylomicron hydrolysis (fuente).

Insulin up-regulates adipose tissue expression of LPL, through multiple mechanisms (fuente)

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Misma ingesta energética, pero la bebida está edulcorada con fructosa (en ratones)

Consuming Fructose-sweetened Beverages Increases Body Adiposity in Mice

Se compara en ratones el efecto de consumir bebidas con diferentes edulcorantes: fructosa, sacarosa, edulcorante artificial y sin edulcorante. Aunque no se forzó la ingesta, todos los grupos consumieron básicamente la misma cantidad en términos de energía: 1045, 1066 y 1052 kcal en los tres grupos con edulcorante, un poco menos (991 kcal) en el grupo que bebió agua (círculos negros en la gráfica).
imagen_0370Tal y como se puede observar en las gráfica que hay bajo estas líneas a la izquierda, el grupo que consumió bebida edulcorada con fructosa (cuadrados blancos) ganó más grasa corporal que el resto de grupos. Según la gráfica de la derecha, también ganó más masa no-grasa:

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Los autores del estudio nos cuentan que las calorías no pueden explicar este resultado:

Because the overall amount of calories ingested was not different among the treatment groups in our study, other mechanisms relevant for energy balance must be responsible for the increased adiposity in mice exposed to dietary fructose.

Puesto que el montante total de calorías ingeridas no fue diferente entre los distintos grupos experimentales en nuestro estudio, otros mecanismos relevantes para el balance energético deben ser responsables del incremento de la adiposidad en los ratones expuestos a fructosa dietaria.

Han comido la misma cantidad que el resto de ratones…

no han comido “más de la cuenta”…

y han engordado.

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Misma ingesta energética, pero han añadido una bebida con fructosa

paraen

 

¿Seguro?

¿Seguro … seguro?

Fructose-Fed Rhesus Monkeys: A Nonhuman Primate Model of Insulin Resistance, Metabolic Syndrome, and Type 2 Diabetes

Experimento con monos Rhesus adultos. Los animales consumen chow ad libitum, y se les ofrece medio litro diario de bebida endulzada con fructosa (75 g de fructosa).

A commercial monkey chow diet (Lab Diets 5047, Advance Protocol Old World Primate; PMI, St. Louis, MO, USA) was provided ad libitum to all the monkeys. This is a grain-based standard primate diet that provides 30% energy as protein, 11% energy as fat, and 59% energy as carbohydrate. In addition, all monkeys were provided 500 mL/day of a fruit-flavored (Kool-Aid, Kraft Foods, Northfield, IL, USA) 15% fructose-sweetened beverage (75 g of fructose)

La ingesta energética total apenas aumentó, ya que la energía procedente de la bebida edulcorada se compensó comiendo menos chow. En total 26 kcal/día más:

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Todos los monos ganaron peso inicialmente, pero el resultado final fue diferente según si el mono desarrollaba diabetes o no.

La mayoría de los monos desarrollaron síndrome metabólico, pero no diabetes. En esos monos la grasa corporal aumentó un 34%:

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Body weight, body fat, energy intake, and energy expenditure. In the monkeys that did not develop diabetes, body weight increased from 16.4 ± 0.4 kg at baseline to 17.9 ± 0.6 kg at 12 months (+9%, p≤0.001, Figure 1A). In addition, fat mass increased by +29% at 6 months, (p < 0.001) and +34% at 12 months (p≤0.001) (Figure 1B), as did percent body fat (+16% at 6 months, p≤0.001; +15% at 12 months, p≤0.001). Average daily energy intake increased by 26 kcal/day during the study period

Esos monos (todos menos 4) aumentaron su secreción de insulina en respuesta a un test de glucosa intravenoso. O en otras palabras, desarrollaron resistencia a la insulina:

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Cuando los otros 4 monos desarrollaron diabetes (con ese término lo describen los autores del estudio), la diabetes les hizo perder el peso que el cambio de dieta les había hecho ganar, quedando al final del experimento con el mismo peso corporal que antes de empezar:

Although all the monkeys initially gained weight on the high-fructose diet, the monkeys that subsequently developed diabetes lost weight after they became hyperglycemic and glycosuric, and had no net overall change of body weight (15.8 ± 0.3 kg at baseline vs. 15.6 ± 0.5 kg at 12 months).

En estos 4 monos la respuesta insulínica se desvaneció progresivamente (disfunción en las células β del páncreas):

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Sin alterar la ingesta energética, cambiando la composición de la dieta, los monos han engordado. O en otras palabras, no han comido “más de la cuenta”, y han engordado.

No han comido “más de la cuenta”, y han engordado.

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Fructosa e hígado graso no alcohólico

an increasing body of evidence indicates that fructose in the diet itself causes NAFLD (ver)

un creciente conjunto de evidencias indica que la fructosa dietaria por sí misma causa hígado graso no alcohólico

He hablado del hígado graso no alcohólico (NAFLD, de sus siglas en inglés) varias veces en el blog:

Se ha publicado recientemente un nuevo artículo hablando del posible papel causal de la fructosa en el NAFLD.

Role of Dietary Fructose and Hepatic De Novo Lipogenesis in Fatty Liver Disease

Empiezan con la burrada de rigor:

positive energy balance, driven by increased caloric intake and decreased activity, is a prerequisite.

un balance energético positivo, desencadenado por una ingesta calórica aumentada y una actividad física reducida, es un prerrequisito.

The major risk factor for development of NAFLD is excess calorie intake, which is mainly derived from overconsumption of high-fat foods and increased intake of sugar sweetened beverages.

El principal factor de riesgo para desarrollar hígado graso (NAFLD) es una ingesta calórica excesiva, lo que se produce como consecuencia de un sobreconsumo de comidas altas en grasa y una ingesta aumentada de bebidas azucaradas.

Como dice Tom Naughton: Head. Bang. On. Desk. Es increíble que gente con formación universitaria cometa estos errores de parvulario. Y es gravísimo. Pero no me entretengo con la estupidez del balance energético. Si alguien necesita una explicación de por qué es una burrada, puede encontrarla muy detallada en el librito (gratuito) que hay accesible desde el menú del blog, o en muchas de las entradas del blog (ver,ver,ver).

Como vamos a ver, en este artículo por un lado atribuyen el problema a la cantidad (“ingesta calórica excesiva”), pero por otro las explicaciones que dan a continuación no mencionan EN NINGÚN MOMENTO las calorías, sino únicamente la composición de la dieta, las enzimas, la fructosa, la insulina, los carbohidratos, etc. ¿A alguien le suena la historia? Tampoco dan argumentos para mencionar la grasa dietaria como posible causa del hígado graso. Pero claro, como el balance energético dice que el problema es comer mucho y moverse poco… (ver). Patético.

Vamos con la exposición que hacen:

Hepatic lipids may be derived from dietary intake, esterification of plasma free fatty acids (FFA) or hepatic de novo lipogenesis (DNL).

Las grasas que se acumulan en el hígado podrían venir de la grasa dietaria, de la esterificación de ácidos grasos libres (FFA) plasmáticos o de la de novo lipogenesis hepática (DNL).

A central abnormality in NAFLD is enhanced DNL. Hepatic DNL is increased in individuals with NAFLD, while the contribution of dietary fat and plasma FFA to hepatic lipids is not significantly altered.

Una anormalidad destacada del NAFLD es el aumento en la DNL. La DNL hepática está aumentada en los individuos con NAFLD, mientras que la contribución de la grasa dietaria y de los FFA a los lípidos hepáticos no se ve alterada significativamente.

Esto último lo ilustran con la siguiente figura, en la que se muestra cómo de los triglicéridos sintetizados en el hígado, la proporción de los que proceden de la comida es la misma tengas o no hígado graso (5%), pero muchos más vienen de la de novo lipogenesis (23% frente a 10%) cuando tienes hígado graso comparado con si no lo tienes:

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Se sabe que una dieta alta en carbohidratos y baja en grasa aumenta la de novo lipogenesis (ver). Básicamente, lo que cuentan en el artículo se puede resumir así:

fructosa

Según cuentan, las rutas metabólicas por las que la fructosa aumenta la de novo lipogenesis son:

  • A diferencia de las grasas dietarias, que entran en la circulación sistémica a través del conducto torácico del sistema linfático y que no afectan al hígado más que a otros órganos del cuerpo, la fructosa es absorbida del intestino y llevada, a través del vena portal hepática, directamente hasta el hígado. El hígado es sometido a concentraciones de carbohidratos y de insulina hasta 10 veces mayores que los que se producen en la circulación sistémica (ver). Más del 90% de la fructosa ingerida es procesada directamente por el hígado.
  • Activación de los lipogénicos factores transcripcionales SREBP1c y ChREBP. Los ácidos grasos no aumentan esos factores transcripcionales.
  • De forma indirecta, induciendo estrés en el retículo endoplasmático, resistencia a la insulina y metabolismo mitocondrial reducido, lo que llevaría a la producción de ácido úrico y especies reactivas de oxígeno (ROS).

Lo ilustran con la siguiente gráfica:

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Aunque el tema del artículo es la fructosa, también hablan de la insulina en la parte final:

Insulin strongly promotes hepatic DNL through activation of the major transcriptional regulator of lipogenesis, sterol regulatory element binding protein (SREBP)-1c, which induces the entire cascade of genes necessary for the synthesis of fatty acids. Insulin in a concentration dependent manner also stimulates hepatic uptake of FFA, which further supports DNL

La insulina promueve fuertemente la DNL hepática a través de la activación del principal regulador transcripcional de la lipogénesis, la proteína de unión al elemento regulador de esteroles (SREBP)-1c, lo que induce toda la cascada de genes necesarios para la síntesis de ácidos grasos. La insulina, de una forma dependiente de la concentración, también estimula la absorción de ácidos grasos libres por parte del hígado, lo que ayuda aún más a la de novo lipogenesis.

La palabra “caloría” no ha aparecido ni una sola vez en las explicaciones de cómo fructosa y otros carbohidratos aumentan una de novo lipogénesis que sugieren que puede tener papel causal en el hígado graso. Achacar el hígado graso a una ingesta calórica excesiva, como han intentado hacer un par de veces los autores del artículo, no está justificado. Salvo que lo expliquen, cosa que no han hecho.

Si el problema es un exceso de carbohidratos, y en particular de fructosa, el problema no es el “exceso de calorías”. Y si hubiese otro elemento de la dieta que tuviese un efecto análogo, la grasa saturada, por decir algo, el problema seguiría sin ser el “exceso de calorías”.

Como apunte final, no creo que haya que interpretar que es la fructosa la que causa el hígado graso no alcohólico. Es posible que la causa real sea la concurrencia de varios factores, aunque posiblemente fructosa y glucosa sí estén entre ellos (¿quizá agravado por una rápida absorción de ambos, especialmente en las bebidas azucaradas?).

La vena portal hepática y la grasa visceral

El problema de la comida basura no es de adicción, ni de que haga comer más de la cuenta. Aunque eso sea un agravante. Hablar de apetito o de que los alimentos están demasiado ricos, suele ser síntoma de que se nos quiere camelar con el fraude del balance energético. El problema no es comer mucho, es comer mal. Los efectos de la no-comida en nuestro organismo no tienen que ver con las calorías, aunque aumentar la ingesta de los no-alimentos agrave el problema.

Hecha esa aclaración, entro en materia.

Aparentemente, la grasa visceral está relacionada estadísticamente con la enfermedad cardiovascular (ver). Se nos dice que de la grasa que tenemos en el cuerpo, la peor es la grasa visceral. Mi pregunta es:

¿por qué acumulamos grasa junto a las vísceras?

Un par de citas:

A study by Keno et al. using a high-sucrose diet found that saccharide ingestion facilitated visceral fat accumulation more greatly than fat ingestion, indicating that postprandial blood glucose control and insulin secretion may be associated with visceral fat accumulation and lifestyle-related disease development (ver)

Un estudio de Keno (ver) et al. usando una dieta alta en sacarosa encontró que la ingestión de azúcares facilitaba la acumulación de grasa visceral más que la ingestión de grasa, indicando que el control de los niveles postprandiales de glucosa en sangre y la secreción de insulina podrían estar asociados con la acumulación de grasa visceral y con el desarrollo de enfermedades relacionadas con el estilo de vida.

the higher insulin concentration in the portal vasculature may contribute to differential effects of insulin on adipose tissue mass in visceral and subcutaneous depots (ver).

la mayor concentración de insulina en la vasculatura portal podría contribuir a diferenciados efectos de la insulina en el tejido adiposo visceral y subcutáneo.

En la primera de las citas se nos dice que una dieta alta en azúcar facilita la acumulación de grasa visceral, y que quizá la causa tenga que ver con la gestión de la glucosa y la secreción de insulina. Y la segunda cita resalta el hecho de que, curiosamente, las concentraciones más elevadas de insulina en el cuerpo humano se producen en el páncreas y la vena portal hepática, la vena en la que el páncreas vuelca su carga de insulina y que permite que ésta sea procesada por el hígado, que elimina parte de la insulina y deja pasar el resto al sistema circulatorio periférico. Las más altas concentraciones de insulina se dan en la zona visceral. En la figura, la vena portal va de intestinos a hígado, pasando por el páncreas:

visceral

La vena portal recoge nutrientes del estómago y los intestinos (rectángulo naranja en la figura) y los lleva hasta el hígado (“liver”, representado con un rectángulo verde en la figura):

portal

Por otro lado, la insulina no es la única hormona implicada en la acumulación de triglicéridos en el tejido graso. El cortisol, por ejemplo, acentúa su efecto (ver,ver), y en la zona visceral hay una gran cantidad de receptores sensibles al cortisol y la testosterona (ver).

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Mi pregunta: ¿es casualidad que la grasa visceral se acumule en la zona del cuerpo en que mayor concentración de insulina hay, y en la que los picos de insulina en sangre son diferentes a lo que sucede en el resto del cuerpo? (más adelante comento unos datos experimentales donde se aprecia esto último)

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Por ejemplo, cuando se inyecta insulina como tratamiento de la diabetes, no se está replicando el gradiente normal de concentraciones de insulina en el cuerpo (ver). O dicho de otra forma: al pincharnos insulina no tenemos una mayor concentración de insulina en la vena portal que en el resto del sistema circulatorio, como sucede en una persona sana. Si la grasa visceral fuese la consecuencia de un exceso de insulina puntual en la vena portal, más allá de los niveles normales en dicha zona, lo que cabría esperar en el caso de insulina inyectada sería que la acumulación de grasa se produjera relativamente menos en la zona visceral y más en otras zonas, como la zona subcutánea. Justamente eso es lo que sucede en este estudio cuando inyectan insulina en ratas. Las flechas “Fat storage” en el dibujo resaltan con su tamaño que la acumulación de grasa producida por la inyección de insulina es fundamentalmente subcutánea (SAT es grasa subcutánea y VAT es grasa visceral):

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Si nos fijamos, ese mismo resultado se dio en este estudio comentado en el blog: inyectar insulina aumentó la grasa subcutánea preferentemente.

Muy interesante el comentario que hacen los autores:

Collectively, our data tend to agree with the sparse amount of human data available, showing a favouring of fat accumulation in the subcutaneous fat compartment over the visceral compartment as a consequence of insulin therapy

Colectivamente, nuestros datos tienden a coincidir con datos dispersos recogidos en humanos, que muestran que se favorece la acumulación de grasa en la zona subcutánea frente al compartimento visceral como consecuencia de la terapia con insulina.

Y otro dato interesante es que in vitro los adipocitos de la zona visceral son menos propensos a acumular grasa que los de la zona subcutánea, quizá porque en personas sanas sus condiciones normales son soportar niveles de insulina más elevados que los que soportan adipocitos de otras zonas del cuerpo. Expuestos a mayores niveles de insulina los adipocitos reducirían su número de receptores sensibles a insulina (“hyperinsulinemia leading to decreased insulin receptors on cells“, ver):

Our data are also in agreement with in vitro data showing subcutaneous adipocytes to be more sensitive towards insulin-induced fat accumulation than visceral adipocytes. (ver)

Nuestros datos también encajan con datos in vitro que demuestran que los adipocitos subcutáneos son más sensibles a la acumulación de grasa inducida por insulina que los adipocitos viscerales.

Puesto que los adipocitos de diferentes zonas del cuerpo no parecen tener diferencias notables en el momento en que se convierten en adipocitos maduros, cabe pensar que es el medio en el que se desenvuelven el que modula cómo de sensibles son a la insulina a la hora de acumular grasa (ver). Que tengan pocos receptores para la insulina sería síntoma de que los adipocitos de la zona visceral, de normal están expuestos a elevadas concentraciones de esa hormona.

En definitiva, y en pocas palabras, da la sensación de que esos niveles (y fluctuaciones) de insulina en la vena portal se traducen en elevados niveles (y fluctuaciones) de insulina en los adipocitos de la zona visceral. Si “algo” produce un pico de secreción de insulina demasiado acusado, lo que cabe esperar es que la grasa abdominal aumente, aunque no necesariamente la grasa en el resto del cuerpo, pues esos picos puntuales de concentración no trascienden al resto del sistema circulatorio. De ser correcta esta idea, los “alimentos” sospechosos de generar predominantemente grasa visceral serían aquellos que produzcan mayor segregación de insulina en la fase rápida (e.g. carbohidratos de rápida absorción), pero también cualquier “cosa” que produzca un exceso de insulina aun sin pico inicial, aunque quizá en ese caso el efecto no sería más acusado en la zona visceral que en otras zonas del cuerpo, sino similar en todas las zonas. Cualquier sustancia que afecte a la capacidad del hígado para gestionar la insulina, por ejemplo reduciendo su sensibilidad a la insulina (ver), y que pueda acabar produciendo una insulinemia anormalmente alta, en amplitud y/o en duración, también sería sospechosa.

La cadena de causalidad

Hay quien cree (lo llaman “la teoría portal”) que la grasa visceral es peligrosa precisamente porque vierte ácidos grasos libres y otras sustancias (adipoquinas) directamente a la vena portal (ver). Pero lo que me intriga, más que sus hipotéticos nocivos efectos una vez existe, es qué produce en primer lugar la acumulación de grasa en la zona visceral. Dicho eso, si fuera cierto que la grasa visceral es consecuencia de unos excesivos picos o niveles de insulina en la zona visceral, donde ya son altos de normal, eso deja abierta la puerta a que tener grasa visceral sea un síntoma de la verdadera causa del problema: lo que cause la hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina. Que esa grasa pueda ser mala para la salud es un tema diferente.

En este último sentido, la versión “clásica” de los hechos es la siguiente: engordas porque eres un vago y un glotón, y la grasa visceral te hace resistente a la insulina y te pone en riesgo de ser diabético, de tener aterosclerosis, etc:

The intraabdominal fat mass consists of several adipose depots, which may contribute to the development of insulin resistance, hypertension, dyslipidemia, and atherosclerosis. (ver)

Parece importante aclarar qué causa qué, y por qué mecanismos, en lugar de deducir la causalidad de las creencias imperantes en el momento. El hecho de que la grasa visceral se acumule antes de que se desarrollen los síntomas del síndrome metabólico, da pistas (ver):

Visceral obesity, like hyperinsulinemia and insulin resistance, not only accompanies but antedates the components of the metabolic syndrome

La obesidad visceral, como la hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina, no sólo acompaña sino que antecede a los componentes del síndrome metabólico.

Y por supuesto puede llegar un momento en que todo afecte a todo, con la grasa visceral fomentando lo que la causó en primer lugar.

Resultados de algunos artículos

Direct Measurement of Pulsatile Insulin Secretion from the Portal Vein in Human Subjects

Comparación de los niveles de insulina en la vena portal y en la circulación periférica, en humanos.  Se muestran los niveles basales y la respuesta a un escalón de glucosa en el que se mantiene de forma artificial un nivel elevado.
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Nótese cómo las variaciones de concentración que hay en la vena portal no se manifiestan apenas en la circulación periférica, cuyos niveles, aparte de más bajos, son más estables. Si un alimento provoca un pico de insulina, eso puede que sólo tenga un efecto diferenciado en la zona visceral.

Beneficial effect of low carbohydrate in low calorie diets on visceral fat reduction in type 2 diabetic patients with obesity

En este estudio ya vimos que una dieta baja en hidratos de carbono reducía la grasa visceral en humanos más que una dieta isocalórica más alta en hidratos de carbono.

Glycemic index and obesity

Dietas isoenergéticas, pero de distinto índice glucémico, en ratas. Las ratas con la dieta de más alto índice glucémico acabaron con el doble de grasa visceral que las de menor índice glucémico.

Seven-Year Changes in Body Fat and Visceral Adipose Tissue in Women. Association with indexes of plasma glucose-insulin homeostasis

En este estudio se compara a mujeres que han ganado una cantidad similar de peso en 7 años. Y se observa su respuesta glucémica e insulinémica en las que tienen mucha y en las que tienen poca grasa visceral (VAT). Se observa que existe una relación entre tener grasa abdominal y tener una respuesta insulinémica aumentada. ¿Es posible que sea la hiperinsulinemia la que haya generado la VAT, y no al contrario?

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Glycemic index differences of high-fat diets modulate primarily lipid metabolism in murine adipose tissue

Experimento con ratones. Se comparan dos dietas que únicamente se diferencian en el índice glucémico de los hidratos de carbono. Sin diferencias apreciables en la ingesta en ambos grupos. La dieta de más índice glucémico hizo ganar más grasa visceral (epididymal fat en ratones):

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Pathophysiology and Pathogenesis of Visceral Fat Obesity

En ratas. Una dieta alta en azúcar creó más grasa visceral que la dieta de control.

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Effects of dietary glycaemic index on adiposity, glucose homoeostasis, and plasma lipids in animals

Estudio en ratas que ya comenté en el blog (ver). Dietas idénticas salvo por el índice glucémico de los carbohidratos. La dieta con mayor índice glucémico tuvo que ser restringida en cantidad de comida para igualar los pesos corporales de ambos grupos de ratas. Aun así, produjo más grasa corporal que la dieta de menor índice glucémico. También, en concreto, la grasa visceral (epididymal) fue mayor.

Sucrose-sweetened beverages increase fat storage in the liver, muscle, and visceral fat depot: a 6-mo randomized intervention study

Beber un litro diario de un refresco azucarado durante 6 meses aumentó la grasa visceral más que beber un litro de leche (con más calorías en total que el refresco). Las otras dos bebidas de la gráfica tenían una cantidad mucho menor de calorías.

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Beneficial Effects of an 8-Week, Very Low Carbohydrate Diet Intervention on Obese Subjects

Dos meses de una dieta hipocalórica y baja en hidratos de carbono (<20g/día) redujo la grasa visceral de los participantes. Se muestran los datos al comienzo (blanco), a las 4 semanas (gris) y a las 8 semanas (negro):

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NOTA: no había grupo de control, por lo que el efecto podría ser en parte o por completo debido a la reducción de la ingesta calórica.

Consuming fructose-sweetened, not glucosesweetened, beverages increases visceral adiposity and lipids and decreases insulin sensitivity in overweight/obese humans

Un consumo extremo de una bebida endulzada con fructosa produjo mucha más grasa visceral (VAT) que si se empleaba glucosa. En ambos casos aumentó la grasa visceral.

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Effects of fructose on hepatic glucose metabolism in humans

La infusión de fructosa en humanos aumentó los requisitos de insulina en el hígado para mantener un mismo nivel de glucosa en sangre. No obstante, este resultado no permite deducir que la fructosa en la dieta tenga el mismo efecto.

Persistent Organic Pollutant Exposure Leads to Insulin Resistance Syndrome

En este estudio (ver) las ratas que consumían alimentos con sustancias contaminantes acabaron con más grasa visceral que las que consumían básicamente la misma comida, pero sin los contaminantes. Se produjo resistencia a la insulina, aumento de los triglicéridos en el hígado y aumento en los niveles de insulina.

High-glycemic index carbohydrates abrogate the antiobesity effect of fish oil in mice

Ya vimos en el blog (ver) que en este estudio en ratones la cantidad de grasa acumulada, y en concreto la visceral, variaba con la cantidad de azúcar en la dieta (en blanco dieta con mínima cantidad de azúcar, en negro dieta con máxima cantidad de azúcar):

También vimos en esa misma entrada del blog cómo con dos dietas isocalóricas en ratones, la que tenía azúcar en lugar de proteína produjo una mucho mayor acumulación de grasa, y en particular de grasa abdominal:

En palabras de los autores del estudio: “el azúcar, pero no la proteína o la grasa, estimula fuertemente la secreción de insulina por el páncreas, y consecuentemente, los niveles de insulina fueron consistentemente mayores en ratones alimentados con la dieta alta en azúcar que en los ratones alimentados con la dieta basada en proteína“.

Overfeeding Polyunsaturated and Saturated Fat Causes Distinct Effects on Liver and Visceral Fat Accumulation in Humans

Experimento en humanos sanos, jóvenes, y delgados (sin diabetes ni resistencia a la insulina). Se incrementa de forma forzada la ingesta con madalenas compuestas casi a partes iguales de grasa (51%) y carbohidratos (44%, con un ratio azúcar/almidón de 55/45). La grasa empleada era vegetal y no era grasa naturalmente presente en los alimentos, sino industrial: exclusivamente aceite de palma o aceite de girasol. El experimento hizo acumular grasa visceral exactamente en la misma medida (VAT/SAT ratio en la tabla 2 del estudio) si los carbohidratos extra eran acompañados de grasa poliinsaturada, y un poco más grasa visceral que abdominal si los carbohidratos extra eran acompañados de grasa saturada. Por el contrario, los carbohidratos extra acompañados de grasa saturada redujeron la concentración de triglicéridos en el hígado, el efecto contrario que el provocado por los carbohidratos extra acompañados de grasas poliinsaturada.

Los autores escribieron sus conclusiones como si el “exceso calórico” no hubiese tenido hidratos de carbono. Cabe preguntarse por qué en el experimento prácticamente la mitad de esas calorías extra eran procedentes de carbohidratos (y la mitad de ellas, azúcar).

Monounsaturated fat-rich diet prevents central body fat distribution and decreases postprandial adiponectin expression induced by a carbohydrate-rich diet in insulin-resistant subjects“.

Este estudio lo comenté en el blog hace un tiempo (ver). Tres dietas isocalóricas con diferente cantidad de carbohidratos y de grasa. Misma cantidad de proteína. La dieta más alta en carbohidratos llevó la grasa corporal más hacia el abdomen, mientras que las dietas con menos carbohidratos llevaron la grasa más hacia las piernas y menos hacia el abdomen.

Hypercaloric diets with increased meal frequency, but not meal size, increase intrahepatic triglycerides: a randomized controlled trial

Este experimento lo comento con detalle en esta entrada del blog. Se sobrealimenta a personas con productos líquidos que tienen o bien azúcar o bien una mezcla de carbohidratos y grasa. El peor resultado en términos de acumulación de grasa visceral y de acumulación de grasa en el hígado lo dio el consumo de bebidas azucaradas al margen de las tres comidas principales del día. La ingesta calórica con esa dieta no fue superior al resto de dietas testeadas.

Sugar-Sweetened Beverage Consumption Is Associated With Change of Visceral Adipose Tissue Over 6 Years of Follow-Up

Estudio observacional (recién publicado) que encontró que a mayor consumo de bebidas azucaradas, mayor incremento de la grasa abdominal en los seis años de observación. No se encontró relación entre grasa visceral y consumo de bebidas “diet”.

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Como resultado observacional, no demuestra nada. Pero el resultado es coherente con el de otros experimentos controlados que ya he comentado.

A Palaeolithic diet improves glucose tolerance more than a Mediterranean-like diet in individuals with ischaemic heart disease

Una dieta paleolítica redujo el perímetro de la cintura el doble que la dieta control. El perímetro de la cintura es un indicador de la grasa visceral (ver).

¿Consecuencia de no incluir cereales en la dieta, de comer comida real, de no consumir lácteos, de reducir el índice glucémico?

Effect of Brown Rice Consumption on Inflammatory Marker and Cardiovascular Risk Factors among Overweight and Obese Non-menopausal Female Adults

Cambios en el perímetro de la cintura en un experimento en el que dos grupos de participantes consumen arroz integral y luego blanco (grupo 1), o primero blanco y luego integral (grupo 2). Dietas hipocalóricas, de unas 1500 kcal/día:

Effects of the brown rice diet on visceral obesity and endothelial function: the BRAVO study

Cambios en la grasa visceral (visceral fat area, VFA) consumiendo arroz blanco (círculos blancos) o arroz integral (círculos grises):

consumption of BR may be beneficial, partly owing to the lowering of glycaemic response,

Más que encontrar que el arroz integral es beneficioso, lo que han visto es que es mejor que el arroz blanco. Y lo atribuyen a su menor índice glucémico.

Entradas del blog relacionadas

En estas dos entradas comenté algunos resultados en humanos que demuestran que una dieta baja en hidratos de carbono reduce la grasa visceral en mayor medida que dietas con más hidratos de carbono:

En experimentos aleatorizados controlados la restricción de carbohidratos ha demostrado reducir el perímetro de la cintura:

También en estos estudios controlados sobre la dieta paleo se ha demostrado que reduce el perímetro de la cintura:

Puesto que la sensibilidad del hígado a la insulina está relacionada con el hígado graso (ver), también esta entrada puede ser pertinente:

En esta entrada comenté cómo el tamaño de las partículas de la comida en polvo afecta a la respuesta glucémica e insulinémica.

Y, cuando la publique, en esta entrada ampliaré el tema del tamaño de las partículas: