El azúcar, ese héroe de pacotilla

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Cuando un animal hiberna reduce su sensibilidad a la insulina como parte de la transición hacia el uso de ácidos grasos y cuerpos cetónicos, de forma parecida a lo que sucede cuando se ayuna:

Loss of insulin sensitivity in adipose tissue during hibernation is not surprising given the need to mobilize fatty acids stored in these large subcutaneous depots (Eddy and Storey 2003; Dark 2005) as often occurs during fasting. Lipolysis is necessary for virtually all hibernators (fuente)

La pérdida de sensibilidad a la insulina en el tejido adiposo durante la hibernación no es sorprendente, dada la necesidad de movilizar los ácidos grasos almacenados en estos grandes depósitos subcutáneos, como suele ocurrir durante el ayuno. La lipólisis es necesaria para prácticamente todos los hibernadores

our results strongly suggest that circulating glucose must be utilized by other tissues, most likely the central nervous system (CNS). In humans, the majority of circulating glucose is utilized by the brain in an insulinindependent fashion while insulin-dependent uptake occurs predominantly in muscle (Baron et al. 1988b). Under normal conditions, fasting reduces insulin-dependent glucose uptake but not insulin-independent glucose uptake by the CNS (Baron et al. 1988a). Thus, a similar mechanism may exist in fasting bears. (fuente)

nuestros resultados sugieren fuertemente que la glucosa circulante debe ser utilizada por otros tejidos, muy probablemente el sistema nervioso central (SNC). En los humanos, la mayor parte de la glucosa circulante es utilizada por el cerebro en forma independiente de la insulina, mientras que la captación dependiente de la insulina ocurre predominantemente en el músculo. En condiciones normales, el ayuno reduce la captación de glucosa dependiente de la insulina, pero no la captación de glucosa independiente de la insulina por parte del SNC. Por tanto, un mecanismo similar puede existir en los osos que ayunan. 

transitions in insulin sensitivity and glucose tolerance facilitate a switch from carbohydrate metabolism during the active season to lipid metabolism during hibernation.  (fuente)

las transiciones en la sensibilidad a la insulina y la tolerancia a la glucosa facilitan el cambio del metabolismo desde los carbohidratos durante la temporada activa hacia el metabolismo de los lípidos durante la hibernación. 

Se trata, por tanto, de una resistencia a la insulina fisiológica, no patológica, parecida a la que se produce con una restricción severa de carbohidratos (ver)

The metabolic state induced by the restriction of carbohydrates in ketogenic diets is similar in many points to prolonged fasting, in which the metabolic flux is altered, favoring the fatty acids and ketone bodies as a source of energy and decreasing the need for glucose. (fuente)

El estado metabólico inducido por la restricción de carbohidratos en dietas cetogénicas es similar en muchos puntos al ayuno prolongado, en el cual el flujo metabólico se altera, favoreciendo a los ácidos grasos y cuerpos cetónicos como fuente de energía y disminuyendo la necesidad de glucosa.

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Volver a consumir hidratos de carbono, miel o lo que sea, te saca con seguridad de ese estado, pero no te salva de nada, porque no estabas ni enfermo ni en peligro.

the glucose intolerance and the peripheral insulin resistance are rapidly reversible with the reintroduction of carbohydrates in the diet. (fuente)

La intolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina periférica son rápidamente reversibles con la reintroducción de carbohidratos en la dieta.

¿Qué tiene que ver esta resistencia a la insulina fisiológica con la diabetes o con la resistencia a la insulina patológica? Absolutamente nada.

the condition of induced insulin resistance is different from that induced by mitochondrial dysfunction, caused by oxidative stress generated by the glucose overload (3), which evidently does not occur with the carbohydrate restriction. In that context, ketogenic diets have not yet demonstrated adverse effects in the mitochondrial function (fuente)

la condición de resistencia a la insulina inducida es diferente de la inducida por la disfunción mitocondrial, causada por el estrés oxidativo generado por la sobrecarga de glucosa, que evidentemente no ocurre con la restricción de carbohidratos. En ese contexto, las dietas cetogénicas aún no han demostrado efectos adversos en la función mitocondrial.

Although hibernators experience a similar obesity-like condition as T2DM patients, there is a large difference in the regulation of their respective lipid metabolism. The increase in adipose content observed in the hibernators is associated with an enhanced lipid catabolism. In a cellular system where the majority of the metabolic processes are suppressed, an increase in the expression of genes involved in lipid catabolism indicates that adipose metabolism is highly crucial during hibernation. In contrast to hibernation, the lipid-based metabolism of T2DM has been shown to be subject to multiple defects. The primary complication of adipose dysfunction in T2DM is a decrease in the oxidative capacity of lipid metabolism, which is thought to be caused by a dysregulated expression of PPAR-γ and PGC-1α.

Aunque los hibernadores experimentan una condición análoga a la obesidad similar a los pacientes con T2DM, existe una gran diferencia en la regulación de su metabolismo lipídico respectivo. El aumento en el contenido adiposo observado en los hibernadores se asocia con un catabolismo lipídico aumentado. En un sistema celular en el que se suprime la mayoría de los procesos metabólicos, un aumento en la expresión de los genes implicados en el catabolismo de los lípidos indica que el metabolismo del tejido adiposo es muy importante durante la hibernación. En contraste con la hibernación, se ha demostrado que el metabolismo basado en lípidos de la T2DM está sujeto a múltiples defectos. La principal complicación de la disfunción adiposa en T2DM es una disminución en la capacidad oxidativa del metabolismo de los lípidos, que se cree que es causada por una expresión desregulada de PPAR-γ y PGC-1α.

De que el azúcar te saque de la resistencia a la insulina fisiológica no se deduce que no sea causa de la resistencia a la insulina patológica, ni, por supuesto, que su consumo sea aconsejable en una persona que tiene diabetes.

NOTA: según este señor, se puede revertir la diabetes fácilmente:

Leer más:

 

Resistencia a la insulina (3 de 3)

Resistencia a la insulina fisiológica (no patológica)

it should be common in clinical practice that patients submitted to oral glucose tolerance tests not be under severe carbohydrate restriction, since this could alter the response to the glucose overload (fuente)

debería ser común en la práctica clínica que los pacientes sometidos a pruebas de tolerancia oral a la glucosa no estén bajo restricciones severas de carbohidratos, ya que esto podría alterar la respuesta a la sobrecarga de glucosa

Es posible que cuando se sigue una dieta muy baja en carbohidratos el cuerpo muestre una “falsa resistencia a la insulina” pues no está acostumbrado a usar la glucosa en plasma como combustible. No se trataría de una respuesta patológica, causada, por ejemplo en el caso del tejido muscular, por una sobrecarga de glucosa y consecuente disfunción de las mitocondrias, sino de un estado natural determinado por la baja ingesta de carbohidratos. De no existir ese “estado natural” de preservar la glucosa el cuerpo tendría que recurrir a “canibalizar” el propio músculo para obtener la glucosa que no ingerimos. En cierta manera es la respuesta lógica del cuerpo para preservar la masa muscular.

No es sólo una cuestión de peso

La resistencia a la insulina está asociada a problemas de salud, como la enfermedad cardiovascular. En la gráfica se muestra la incidencia de eventos clínicos en función de la resistencia a la insulina observada (ver):

Cociente de riesgo de eventos cardiovasculares en función del quintil de HOMA-IR:

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IR as measured by HOMA-IR but not fasting insulin appears to be independently associated with greater risk of cardiovascular or all-cause mortality in non-diabetic adults. (fuente)

La IR [resistencia a la insulina] medida por HOMA-IR pero no por la insulina en ayunas parece estar asociada de forma independiente con un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular o mortalidad por cualquier causa en adultos no diabéticos.

Our results confirmed that IR has negative effects on lipid metabolism and reinforces the connection between DM and CVD. (fuente)

Nuestros resultados confirman que la IR tiene efectos negativos en el metabolismo lipídico y refuerzan la conexión entre DM [diabetes melitus] y enfermedad cardiovascular.

Insulin resistance is associated with coronary heart disease mortality in men with no history of diabetes independent of other risk factors over a 20-year follow-up period. (fuente)

La resistencia a la insulina está asociada con la mortalidad por enfermedad cardíaca coronaria en hombres sin historia de diabetes al margen de otros factores de riesgo en un periodo de seguimiento de 20 años.

These results indicate that midlife insulin resistance is an independent risk factor for brain amyloid accumulation in elderly individuals without dementia. (fuente)

Estos resultados indican que la resistencia a la insulina en la mitad de la vida es un factor de riesgo independiente para la acumulación de amiloide cerebral en personas ancianas sin demencia.

insulin resistance was an independent predictor of atherosclerotic progression in patients with coronary heart disease irrespective of the individual’s diabetes status (fuente)

la resistencia a la insulina fue un predictor independiente de progresión aterosclerótica en pacientes con enfermedad coronaria independientemente del estado de diabetes del individuo

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Our results showed that being insulin resistant (as suggested by a high triglyceride/HDL-c ratio) and having LDL-c ≤ 142 mg/dL conferred a higher risk of CVD than being insulin sensitive and having an elevated LDL-c.

Nuestros resultados mostraron que ser resistente a la insulina (como lo sugiere un alto cociente triglicéridos/HDL) y tener LDL ≤ 142 mg/ dl confirió un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular que ser sensible a la insulina y tener un LDL elevado.

Incidencia de enfermedad cardíaca isquémica en función de la resistencia a la insulina y de los niveles de LDL: mucho más relevante la resistencia a la insulina que el LDL.

Both insulin resistance and impairment in insulin secretion response strongly correlate with coronary ED in subjects without diabetes (fuente)

Tanto la resistencia a la insulina como el deterioro en la respuesta de secreción de insulina se correlacionan fuertemente con la disfunción endotelial coronaria en sujetos sin diabetes

patients in the higher HOMA-IR tertile had more frequent vulnerable plaque features such as lipid-rich plaque, TCFA, and microvessels as assessed by OCT than those in the middle and lower tertiles (fuente)

los pacientes en el tercil superior HOMA-IR tenían más frecuentemente características de placa vulnerable, como placa rica en lípidos, TCFA y microvasos a partir de evaluación por OCT en comparación con los terciles inferior y medio

¿Qué hacer si se tiene resistencia a la insulina?

Es previsible que el ejercicio físico ayude a aumentar nuestra sensibilidad a la insulina (ver). La otra vía lógica de actuación es la dieta. En general las dietas bajas en carbohidratos van a reducir la glucemia e insulinemia en ayunas (ver), por lo que es de esperar que la resistencia a la insulina medida con el HOMA-IR mejore (ver).

Por ejemplo, en este experimento la dieta baja en carbohidratos (línea discontinua) redujo de forma clara el HOMA-IR en personas con problemas de glucosa.

Mismo resultado en este otro experimento (nótese que la ingesta energética fue superior en el grupo low-carb):

Nutrient Baseline Very low-carbohydrate Low-fat
Energy, MJ 10.86 ± 2.47a 7.77 ± 1.81b 6.54 ± 1.19c
Baseline Very low-carbohydrate Low-fat
TC, mmol/L 4.98 ± 0.83a 4.44 ± 0.95b 4.25 ± 0.75b
LDL-C, mmol/L 3.25 ± 0.73a 3.05 ± 0.80a 2.68 ± 0.67b
HDL-C, mmol/L 1.02 ± 0.16 0.99 ± 0.20 0.95 ± 0.16
TC/HDL-C 4.96 ± 1.03 4.53 ± 0.73 4.59 ± 1.17
TAG, mmol/L 1.55 ± 0.49a 0.87 ± 0.24b 1.32 ± 0.51a
TAG/HDL-C 1.56 ± 0.58a 0.90 ± 0.27b 1.43 ± 0.64a
Oxidized LDL, mU/L 4.72 ± 1.98 4.12 ± 1.14 4.32 ± 2.23
Glucose, mmol/L 5.23 ± 0.35a 4.93 ± 0.41b 5.03 ± 0.58a
Insulin, pmol/L 77.1 ± 32.7a 45.1 ± 27.5b 55.4 ± 26.8b
HOMA-IR2 2.49 ± 1.05a 1.41 ± 0.97b 1.74 ± 0.89b
O en este otro, en el que la ingesta es algo inferior en el grupo low-carb:

 

Falacia de falsa dicotomía

Es posible que la resistencia a la insulina (hepática, muscular o del tejido adiposo) no sea un factor relevante en el desarrollo de la obesidad o en la búsqueda de soluciones para los que ya tienen un problema de peso. Es posible. Pero demostrar que no juega un papel causal en la obesidad o destacar incertidumbres en el papel de la insulina o de la resistencia a la insulina en el proceso de engordar, no son una demostración de que la teoría del balance energético sea correcta. Esa teoría NO es correcta. Es una estupidez como no ha habido otra igual en la historia de la humanidad. Y no sólo es un modelo de obesidad erróneo: es un modelo inútil que daña nuestra salud y que impide buscar soluciones con base real.

Los defensores de esa charlatanería pueden atacar los mecanismos fisiológicos todo lo que quieran. Cuando de verdad entendamos qué nos engorda y cómo adelgazar, si eso es posible, la explicación estará basada en la fisiología, no en tautologías, falacias y restas.

Ir a la primera parte.

Ir a la segunda parte.

Leer más:

Resistencia a la insulina (2 de 3)

Development of hyperinsulinemia and insulin resistance during the early stage of weight gain

Este estudio es interesante porque los participantes tienen peso normal en todo momento: 10 hombres que pesan una media de 71 kg. Se les hace engordar unos 6 kg, de los cuales la mitad es grasa corporal:

The fractional increase of fat in the present study was 3.2 kg, which accounts for 52% of total weight gain.

Lo veo interesante por lo siguiente: la teoría dominante en el campo de la obesidad es que engordamos porque comemos “más de la cuenta”. Y como los “expertos” creen entender cuál es la causa de engordar deducen que diabetes, hígado graso, resistencia a la insulina, etc., efectos asociados estadísticamente a engordar, son causados por la obesidad.

Pero en este experimento los participantes no se han vuelto obesos y ni siquiera han llegado a tener sobrepeso. Sólo han ganado unos kilos de forma forzada y pesan 77 kg. Si la razón de desarrollar resistencia a la insulina hepática fuera la obesidad, en este experimento no debería aparecer resistencia a la insulina. Y sin embargo sí se desarrolló resistencia a la insulina hepática.

En las gráficas se puede ver cómo para mantener similares niveles de glucemia, tras ganar 3 kg de grasa corporal se tuvo que segregar más insulina: son los síntomas de resistencia a la insulina hepática o muscular.

 

The elevation in both basal insulin levels and the insulin response to ingested or injected substrates is an indication of insulin resistance when glucose levels are unchanged or the elevation of insulin is disproportionally higher than that of glucose

La elevación en los niveles de insulina basal y la respuesta de insulina a los sustratos ingeridos o inyectados es una indicación de resistencia a la insulina cuando los niveles de glucosa no cambian o la elevación de insulina es desproporcionadamente más alta que la de glucosa

insulin resistance, indicated by increased HOMA-IR, higher postprandial insulin concentrations associated with an unchanged rise of glucose, and the reduced amount of iv glucose required to maintain a defined elevation of plasma glucose levels in the presence of increased insulin concentrations, is an early phenomenon in the course of weight gain, and it starts already within the normal range of body weight

la resistencia a la insulina, indicada por aumento de HOMA-IR, concentraciones de insulina postprandial más altas asociadas con un aumento constante de glucosa, y la cantidad reducida de glucosa intravenosa requerida para mantener una elevación definida de los niveles de glucosa en plasma en presencia de mayores concentraciones de insulina, es un fenómeno temprano en el curso del aumento de peso, y comienza ya dentro del rango normal de peso corporal

“…comienza ya dentro del rango normal de peso corporal…”

No es una demostración de que la resistencia a la insulina incremente los efectos de una dieta engordante, pero sí parece descartar la idea de que la resistencia a la insulina es una simple consecuencia de la obesidad, el resultado, por ejemplo de anormales concentraciones de ácidos grasos libres en la vena portal (ver).

Que tengamos exceso de peso no significa que nuestros niveles de insulina estén necesariamente elevados

Niveles de insulina en ayunas (C) y en dos instantes (D,E) tras un test oral de glucosa en función del IMC:

En término medio sí, los niveles de insulina son más elevados si el IMC es elevado, pero no es así en todos los casos.

Si tenemos exceso de peso posiblemente tenemos resistencia a la insulina

Resistencia a la insulina medida con el HOMA-IR (ver).

En personas de avanzada edad:

En mujeres de mediana edad:

Hombres y mujeres de mediana edad:

En rojo, resistencia a la insulina frente a IMC:

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Que tengamos un tipo de resistencia a la insulina no implica que tengamos también los otros

En la gráfica se muestra:

  • Parte izquierda: resistencia a la insulina en el tejido adiposo frente a la resistencia a la insulina hepática y
  • Parte derecha: resistencia a la insulina en el tejido adiposo frente a sensibilidad a la insulina del tejido muscular esquelético.

El tipo de engorde afecta a la resistencia a la insulina del tejido adiposo

Como he comentado en la primera parte del artículo, aunque la resistencia a la insulina (hepática y muscular) puede potenciar la acumulación de grasa corporal, a medida que los adipocitos se llenan de grasa se vuelven resistentes a engordar y menos propensos a seguir “obedeciendo” las órdenes de la insulina. No obstante, si se produce la creación de nuevos adipocitos (hiperplasia del tejido adiposo) el resultado puede ser que el tejido adiposo gane sensibilidad a la insulina, pues aparecen adipocitos “deseosos” de captar grasa corporal para adquirir un tamaño normal.

Creo que el siguiente resultado es muy ilustrativo: ante la misma dieta engordante los adipocitos que están más llenos aumentan de tamaño menos que adipocitos más pequeños. Cuando engordamos por hipertrofia nuestro tejido adiposo se hace resistente a engordar.

Nota: con ese cambio en diámetro el incremento de volumen es mayor en el adipocito de la izquierda que en la de la derecha.

Nótese además cómo ante el mismo incremento en las calorías de la comida el resultado viene marcado por la sensibilidad del tejido adiposo a la insulina. Nuestro cuerpo funciona según marca la fisiología y lo que comemos, no según la ecuación del balance energético.

Si los adipocitos se llenan demasiado es posible que la hiperplasia se vea favorecida:

a small overfeeding study in obese Pima Indians showed no change in mean adipose cell size but rather an increase in small adipose cell number, presumably because the large adipose cells were already enlarged to capacity (fuente)

Aparentemente, la “resistencia a la insulina” del tejido adiposo no sólo se opone al engorde, lo que en principio la descarta como causa, sino que es consecuencia y síntoma del engorde. No obstante, la causa real de dicho engorde puede ser tener niveles de insulina anormalmente altos.

En definitiva, ¿qué cabe esperar si una persona ya tiene resistencia a la insulina en los adipocitos? Pues que no tenga facilidad para engordar más (salvo que llegado el momento se desarrolle hiperplasia del tejido adiposo):

Findings of the present study indicate that IR attenuates the risk of BF% and weight gains in middle-aged women over time. (fuente)

Los resultados del presente estudio indican que la resistencia a la insulina atenúa el riesgo de ganar con el tiempo grasa y peso corporales en mujeres de mediana edad.

Insulin-resistant subjects gained less weight than insulin-sensitive subjects (fuente)

Los sujetos resistentes a la insulina ganaron menos peso que los sujetos sensibles a la insulina.

Un hecho que, como he comentado en la primera parte, no contradice la idea de que la resistencia a la insulina periférica fomente la acumulación de grasa corporal. Y no debemos confundir el proceso durante el cuál se desarrolla el engorde con el momento en que ya tenemos kilos de sobra y posiblemente resistencia a la insulina.

Intensidad del estímulo y sensibilidad al estímulo

En el siguiente experimento tenemos dos grupos dietarios formados por personas ya obesas (95 kg en media siendo parte mujeres) que siguen dietas distintas durante 6 meses. Mismas calorías pero un grupo bebe agua y el otro bebe una bebida azucarada. Al cabo de esos 6 meses se mide su resistencia a la insulina mediante un test OGTT que consiste en ingerir una carga de glucosa y observar la glucemia y la insulinemia durante las 2h siguientes a la ingestión de ese producto. Los autores del experimento dicen que no se aprecia una gran diferencia en la resistencia a la insulina de ambos grupos. En las siguientes gráficas estamos comparando el grupo en verde con el grupo en azul. Se puede apreciar que el grupo en verde precisa más insulina para mantener la glucemia más elevada que el grupo en azul, por lo que el grupo en verde SÍ tiene mayor resistencia a la insulina (hepática y/o muscular), aunque el resultado no alcanza significación estadística.

Algo que no nos debe engañar de la gráfica anterior es que ésa no es la insulinemia que han tenido ambos grupos dietarios durante el experimento: es su respuesta a una bebida de test que es idéntica para ambos grupos. Es decir, estamos comparando la respuesta ante una “comida” idéntica, no estamos comparando sus niveles hormonales durante todo el experimento con la dieta específica de cada grupo. Es decir, perfectamente uno de los grupos ha podido tener niveles de insulina postprandiales mucho más elevados que el otro, día tras día, porque la composición de la dieta era diferente.

El grupo que consumía una bebida azucarada ha ganado grasa corporal y ha perdido músculo, algo que no ha sucedido en el grupo que bebía agua (ver). Y, además, como hemos visto ha desarrollado mayor resistencia a la insulina que el otro grupo, algo que se probablemente se vería mejor si en lugar de sólo dos puntos temporales se hubiesen registrado más valores durante las 5 horas siguientes a la ingesta. Pero, en cualquier caso, reitero que lo que se ve en la gráfica no es la insulinemia de ambos grupos durante el experimento, sino la respuesta a una misma carga de glucosa.

¿Es previsible encontrar una relación estadística entre tener más o menos resistencia a la insulina y engordar más o menos? No. En primer lugar porque la resistencia a la insulina sólo habla de lo sensible que se es al estímulo, no de la magnitud del estímulo, que en este caso vendría marcado por la composición de la dieta. Pero, además, como he comentado en la primera parte del artículo, con el estímulo adecuado una persona puede engordar mientras sus adipocitos son sensibles a la insulina y dejará de hacerlo con la misma facilidad cuando se llenen.

Al hinchar un globo soplando, conforme el globo se va hinchando cada vez cuesta más seguir hinchándolo. Se hace resistente a ser hinchado con soplidos, pero está claro que ha sido soplar lo que lo ha hinchado.

Que esa persona sea resistente a la insulina (en el tejido adiposo) una vez ha engordado no necesariamente es indicativo de que la resistencia a la insulina (hepática) no haya jugado un papel facilitador en el proceso de engordar. Y tampoco la fisiología de sujetos ya obesos tiene por qué ser informativa sobre el proceso fisiológico de engordar en una persona que pasa de peso normal a ser obeso.

Como lo considero relevante, reitero que consumiendo las mismas calorías el grupo que consumía una bebida azucarada ganó grasa corporal y perdió músculo, algo que no le sucedió al grupo que bebía agua. ¡¡Con las mismas calorías!!

Ir a la primera parte.

Ir a la tercera parte.

Leer más:

Resistencia a la insulina (1 de 3)

En la gráfica vemos los niveles de insulina en personas obesas (puntos blancos) en comparación con personas de peso normal (puntos negros):

Si la insulina es engordante, ¿no deberían entonces las personas obesas engordar aún más, siendo que sus niveles de insulina en sangre están elevados. ¿Demuestra esta gráfica que la insulina no es engordante per se?

La insulina

La insulina es una hormona muy poderosa. Se podría decir que el resto de hormonas tienen poco que decir cuando la insulina actúa (ver). De forma aproximada, más o menos, nuestro cuerpo almacena grasa corporal cuando la insulina está elevada, y libera grasa corporal cuando la insulina está baja. En la gráfica se muestra el flujo de grasa en nuestro tejido adiposo a lo largo de 24h en las que se realizan tres comidas. Cuando la línea roja está por encima de la línea azul acumulamos grasa, cuando está por debajo la liberamos.

Por definición, cuando engordamos el efecto de acumular grasa durante el periodo diurno (tras las comidas, para ser exactos) no se compensa liberando grasa en el periodo nocturno (o más bien, cuando llevamos unas horas sin comer). Si la estimulación de la insulina es anormal, por ejemplo a causa del consumo de productos que no son comida —como el azúcar o las harinas de cereales— eso podría desequilibrar ambos periodos y favorecer la acumulación neta de grasa corporal. Más o menos, eso es lo que la hípotesis carbohidratos-insulina propone como explicación a nuestro actual problema de obesidad (ver).

In the fed state, dietary carbohydrate (CHO) increases plasma glucose and promotes insulin secretion from the pancreatic β cells. Insulin has numerous actions to promote storage of dietary calories (fuente)

Tras las comidas, los carbohidratos dietarios incrementan la glucosa en plasma y promueven la secreción de insulina por parte de las células β pancreáticas. La insulina ejerce numerosas acciones que promueven el almacenamiento de las calorías dietarias

Los efectos de la insulina son “pleiotrópicos”, que quiere decir que actúa por varias vías, en el sentido de fomentar la acumulación de grasa corporal:

  • Promueve la lipogénesis (captura de ácidos grasos y creación de triglicéridos dentro de los adipocitos)
  • Inhibe la lipólisis intracelular (conversión de triglicéridos intracelulares a ácidos grasos y liberación a plasma)
  • Promueve la creación de nuevos adipocitos (diferenciación de preadipocitos). Los adipocitos recién creados tienen gran propensión a llenarse de grasa corporal.

Pleiotropic effects of insulin to promote adipose storage. Insulin stimulates differentiation of preadipocytes to adipocytes. In adipocytes, insulin promotes lipogenesis by stimulating the uptake of glucose and lipoprotein-derived fatty acids and by inducing ADD-1/SREBP-1c, which regulates genes promoting fatty acid synthesis and lipogenesis, not only in adipocytes but also in hepatocytes. Insulin may also regulate transcription through Forkhead transcription factors. Insulin diminishes triglyceride breakdown by inhibiting lipolysis. Many of these metabolic pathways are regulated by the PI3K signaling pathway.

Efectos pleiotrópicos de la insulina que promueven la acumulación de grasa corporal. La insulina estimula la diferenciación de preadipocitos a adipocitos. En los adipocitos, la insulina promueve la lipogénesis estimulando la absorción de glucosa y ácidos grasos derivados de lipoproteínas e induciendo ADD-1 / SREBP-1c, que regula los genes que promueven la síntesis de ácidos grasos y la lipogénesis, no solo en los adipocitos sino también en los hepatocitos. La insulina también puede regular la transcripción a través de los factores de transcripción de Forkhead. La insulina disminuye la descomposición de triglicéridos al inhibir la lipólisis. Muchas de estas vías metabólicas están reguladas por la vía de señalización de PI3K.

Genetic Evidence That Carbohydrate-Stimulated Insulin Secretion Leads to Obesity

En este estudio reciente encontraron que —sometidos a dieta occidental— la propensión genética a segregar insulina guarda relación estadística con el peso corporal. Si tu genética es propensa a segregar insulina, en término medio pesas más que quien tiene otra genética. Una dieta basada en comida basura sería más perjudicial en unas personas que en otras.

We found that genetically-determined insulin secretion predicted body mass index with extremely high confidence (fuente)

an effect that might be even greater among those consuming the most carbohydrate (fuente)

Resistencia a la insulina

Ciertos productos alimentarios producen respuestas hormonales anormales que son sospechosas de ser directamente engordantes. Pero no sólo eso, es posible que también afecten a nuestro cuerpo de tal forma que esos perjudiciales cambios hormonales se acentúen.

Ese daño del que estoy hablando se conoce como “resistencia a la insulina”, en concreto resistencia a la insulina hepática: el hígado se hace “duro de oído” y necesita “escuchar” más insulina para reducir su secreción de glucosa al torrente sanguíneo. La consecuencia directa son niveles de insulina más elevados, tanto en el periodo postprandial (tras las comidas) como en el estado postabsortivo (tras unas horas sin ingerir alimentos).

Un primer matiz es que la resistencia a la insulina hepática no es necesaria para que la insulina ejerza su efecto en los adipocitos, que es fomentar la acumulación de triglicéridos. La resistencia a la insulina hepática posiblemente acelera el proceso, pero no es un requisito imprescindible para la acción de la insulina.

Por otro lado, conforme las células adiposas se llenan de grasa cada vez son menos propensas a seguir acumulando triglicéridos. En ese caso se dice que se ha desarrollado resistencia a la insulina en el tejido adiposo. A diferencia de la resistencia a la insulina hepática, la resistencia a la insulina del tejido adiposo se opone a la acumulación de grasa corporal.

Por tanto, una persona que desarrolle resistencia a la insulina hepática tendrá niveles de insulina más elevados de lo normal durante todo el día, pero si sus adipocitos ya se han llenado de grasa es posible que sus niveles de grasa corporal se mantengan estables. Tener una insulinemia elevada en ayunas no significa que tengamos mayor propensión a engordar, quizá sea más bien al contrario. Y de eso no se deduce que la insulina no sea engordante, pues estaríamos hablando de la respuesta del cuerpo una vez el engorde ya se ha producido, no del desarrollo de la acumulación de grasa corporal, un proceso durante el cual la insulina sí podría tener un papel protagonista.

Para complicar las cosas aún más, nuestro cuerpo tiene capacidad para crear nuevos adipocitos, por ejemplo como respuesta cuando los adipocitos ya están demasiado llenos para seguir acumulando grasa corporal. En ese caso, los adipocitos recién creados son muy sensibles a la insulina, es decir, están “deseosos” de llenarse de triglicéridos a poco que exista el estímulo adecuado. Seguiríamos en ese caso acumulando grasa corporal por hipertrofia (i.e. llenado) de esos nuevos adipocitos.

En definitiva:

  • En una persona que ya ha engordado tener resistencia a la insulina no significa tener mayor tendencia a engordar. Podría estar más bien asociada a lo contrario, a mayor dificultad para engordar.
  • En una persona cuyos adipocitos no están demasiado llenos de triglicéridos, la resistencia a la insulina hepática puede favorecer la acumulación de grasa corporal, sin ser un requisito imprescindible para ello.

No hay una única resistencia a la insulina

Una conclusión de la exposición anterior es que la resistencia a la insulina no es un concepto único y no todos los tipos de resistencia a la insulina fomentan la acumulación de grasa corporal.

HOMA-IR is a rather crude index reflecting the final effects of hepatic and peripheral IR on fasting glucose homeostasis,[17] but from the physiological point of view discerning the sites of IR is not trivial. IR in the skeletal muscle (or peripheral IR) is defined as a lower than expected effect of insulin on glucose disposal by the muscle, leading to hyperglycemia and compensatory hyperinsulinemia and favoring de novo lipogenesis (DNL) in the liver. Peripheral IR is tightly linked to adipose tissue IR (AT-IR), i.e., impaired suppression of lipolysis and increased fatty acid flux from the adipocytes to other organs, including the liver.[18] In the liver IR leads to impaired suppression of glucose production and high glucose as well as insulin levels, thus setting up a vicious cycle. (fuente)

El HOMA-IR es un índice bastante crudo que refleja los efectos finales de la RI hepática y periférica sobre la homeostasis de glucosa en ayunas, [17] pero desde el punto de vista fisiológico discernir los sitios de RI no es trivial. La RI en el músculo esquelético (o RI periférica) se define como un efecto de la insulina menor que el esperado en la eliminación de glucosa por parte del músculo, lo que lleva a hiperglucemia e hiperinsulinemia compensadora y favorece la lipogénesis de novo (DNL) en el hígado. La RI periférica está estrechamente relacionada con el tejido adiposo RI (AT-IR), es decir, la supresión de la lipólisis y el aumento del flujo de ácidos grasos desde los adipocitos a otros órganos, incluido el hígado. [18] En el hígado, el RI conduce a una supresión alterada de la producción de glucosa y niveles altos de glucosa y de insulina, creando así un círculo vicioso.

Como vemos, como mínimo habría que hablar también de la resistencia a la insulina del tejido muscular.

En la obesidad el tejido adiposo proporciona una funcionalidad normal en base a más adipocitos que son menos sensibles a la insulina

La resistencia a la insulina en el tejido adiposo dificulta la acumulación de ácidos grasos en el tejido adiposo. Y parece estar bastante relacionada con el tamaño de los adipocitos: si se llenan demasiado no quieren aceptar más triglicéridos. La causa podría ser en gran parte un problema “mecánico” y, como consecuencia de ello, de bajos niveles de oxígeno:

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Current thinking holds that relaxation of the matrix allows healthy expansion of the fat pad; if the matrix is too rigid, then adipocytes become limited in their ability to store excess nutrients, and this leads to pathological features that include activation of stress-related pathways, inflammation, and ectopic lipid deposition in other tissues

La creencia actual es que la relajación de la matriz permite la expansión saludable del depósito de grasa: si la matriz es demasiado rígida entonces los adipocitos se ven limitados en su capacidad para almacenar los nutrientes excesivos, y esto lleva a características patológicas que incluyen la activación de caminos relacionados con el estrés, inflamación y acumulación ectópica de lípidos en otros tejidos.

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Increasing evidence has shown that adipose tissue hypoxia inhibits insulin signaling and blocks insulin-stimulated glucose uptake in adipocytes. The adipose tissue of obese mice has decreased insulin receptor-β and insulin receptor substrate-1, consistently with the changes observed in 3T3-L1 adipocytes after hypoxia treatment [33]. In addition, hypoxia reduces phosphorylation of insulin receptor, Akt, and AS160 in 3T3-L1 adipocytes in coupled with blocking insulin-stimulated glucose transport [34,35]. These changes are dependent on the HIF expression because overexpression or down regulation of HIF-1α or HIF-2α can mimic or inhibit the effects of hypoxia, respectively [34]. This evidence suggests that hypoxia induces insulin resistance in adipose cells, contributing to the metabolic changes in these cells. (fuente)

In normal white adipose tissue, lipolysis is stimulated when the insulin level is low and epinephrine levels are high.[…] This normal regulation of lipid metabolism in adipocytes is disrupted in obesity due to the effects of hypoxia. (fuente)

Creciente evidencia ha demostrado que la hipoxia del tejido adiposo inhibe la señalización de la insulina y bloquea la captación de glucosa estimulada por la insulina en los adipocitos. El tejido adiposo de ratones obesos tiene disminuido el β-receptor de insulina y el receptor de insulina sustrato-1, de forma consistente con los cambios observados en los adipocitos 3T3-L1 después del tratamiento de hipoxia [33]. Además, la hipoxia reduce la fosforilación del receptor de la insulina, Akt y AS160 en los adipocitos 3T3-L1 junto con el bloqueo del transporte de glucosa estimulado por la insulina. Estos cambios dependen de la expresión sobre el HIF porque la sobreexpresión o regulación a la baja de HIF-1α o HIF-2α pueden imitar o inhibir los efectos de la hipoxia, respectivamente [34]. Esta evidencia sugiere que la hipoxia induce resistencia a la insulina en las células adiposas, lo que contribuye a los cambios metabólicos en estas células.

En el tejido adiposo blanco normal, la lipólisis se estimula cuando el nivel de insulina es bajo y los niveles de epinefrina son altos. […] Esta regulación normal del metabolismo de los lípidos en los adipocitos se altera en la obesidad debido a los efectos de la hipoxia.

¿Es esto lo que sucede en las personas obesas? Sí, pero necesitamos más matices. Los adipocitos de una persona obesa posiblemente son resistentes a la insulina, pero el tejido adiposo del obeso no necesariamente se comporta de forma muy diferente al de una persona delgada.

Confusion regarding whether HSL [hormone-sensitive lipase] activity in individual adipocytes is actually resistant to the suppressive effect of insulin arises because, when normalized per total body fat, lipolysis appears in fact to be normal or reduced in obese individuals (fuente)

La confusión acerca de si la actividad de la HSL [lipasa sensible a hormonas] en adipocitos individuales es realmente resistente a los efectos supresores de la insulina surge de que cuando se normalizan por el total de grasa corporal, la lipólisis parece ser normal o reducida en los individuos obesos

En una persona obesa tenemos mucha masa grasa, por definición, por lo que aunque los adipocitos de forma individual tengan poca capacidad para captar y liberar ácidos grasos, en conjunto el tejido adiposo tiene una capacidad similar a la de una persona delgada. Si se nos muestra la capacidad por cada 100 g de tejido graso de captar o liberar ácidos grasos en comparación con personas delgadas, puede que parezca que ni entra ni sale grasa del tejido adiposo, pero teniendo en cuenta que se tiene mucha más masa grasa, el comportamiento del tejido no es tan diferente del de una persona delgada. La gráfica que muestro a continuación (fuente) puede llevar a confusión, pues muestra el flujo de ácidos grasos normalizado por 100 g de tejido adiposo. Y los obesos tienen, por definición, más gramos de tejido adiposo. Círculos negros personas en peso normal, círculos blancos personas con obesidad abdominal.

Conclusiones

  • La resistencia a la insulina NO es un factor imprescindible en la teoría de que son anormales niveles de insulina —consecuencia de la ingesta de carbohidratos acelulares o en formato líquido— la principal causa por la que engordamos (ver).
  • No es de esperar que una persona con elevados niveles de insulina o que presenta resistencia a la insulina engorde con más facilidad que quien no tiene resistencia a la insulina. Pero eso no significa que la resistencia a la insulina sea irrelevante en el proceso de engordar.

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Leer más:

HOMA-IR

Hay un estimador de la resistencia a la insulina que se denomina HOMA-IR. El nombre procede de HOmeostasis Model Assessment – Insulin Resistance.

Antes de explicar en qué se basa este estimador, es interesante recordar que los niveles de glucosa en sangre se mantienen estables gracias a la intervención de varios órganos. Si, por ejemplo, la glucemia (i.e. concentración de glucosa en sangre) aumenta, hay órganos que reducen la glucosa que vuelcan a sangre y hay otros órganos que retiran glucosa de sangre. El resultado sería un retorno del nivel de glucosa a sus niveles base. En el esquema se muestran páncreas (verde), hígado (amarillo) y tejidos periféricos y sistema nervioso (azul).

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Del mismo modo, si la glucemia baja, unos órganos volcarán más glucosa a sangre y otros reducirán su captura de glucosa. Y la glucemia volverá a su nivel base.

Existe la sospecha de que un mal funcionamiento de este sistema está en la base de numerosas “enfermedades de la civilización” actuales, como diabetes, Alzheimer’s, PCOS, etc.

¿Cómo saber si este sistema está funcionando correctamente?

El estimador HOMA-IR se basa en la observación de en qué niveles de glucosa e insulina se estabiliza este sistema cuando no recibe estímulos durante unas horas, es decir, cuando hemos pasado varias horas sin comer, por ejemplo, tras el descanso nocturno. Antes de entrar en detalle sobre ese estimador, creo conveniente ver cómo a partir de los valores medidos de glucemia e insulinemia (valores, por tanto, en ayunas), podemos sacar ciertas conclusiones cualitativas. Si:

  • La insulinemia está muy elevada, pero la glucemia está normal o un poco elevada. Los órganos sensibles a la insulina no están haciendo su labor con la glucosa: se han vuelto resistentes a la insulina (hepática y/o periférica).
  • La insulinemia está normal o un poco elevada, pero la glucemia está muy elevada. Los órganos que generan insulina no están generando toda la insulina que deberían para esos niveles de glucosa: disfunción en el páncreas (diabetes tipo II).
  • Tanto la insulinemia como la glucemia están elevadas. Ambas cosas: resistencia a la insulina y disfunción pancreática.

Lo que hace el HOMA-IR es cuantificar, i.e. asignar un valor numérico, cómo de resistentes a la insulina son nuestros órganos. La justificación de este estimador es la siguiente: unos investigadores modelaron matemáticamente el comportamiento de los distintos órganos involucrados en la regulación de la glucemia (ecuaciones que implementarían las curvas de respuesta que represento en la siguiente gráfica, y alguna cosa más, como la tasa de retirada de insulina de la sangre).

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Y usaron su modelo matemático para comprobar en qué glucemia e insulinemia se estabilizaría el sistema en función de distintos niveles de resistencia a la insulina y disfunción pancreática, condiciones que ellos podían simular mediante sus ecuaciones. Realizaron simulaciones para numerosas combinaciones de resistencia a la insulina y disfunción pancreática, y el resultado que obtuvieron puede usarse para hacer lo contrario que el modelo matemático: estimar nuestra resistencia/sensibilidad a la insulina (%S) y funcionalidad de las células β (%B), a partir de nuestros valores de glucemia e insulinemia en ayunas. Por ejemplo, con ayuda de esta gráfica:

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Además de la gráfica, los investigadores buscaron una fórmula sencilla que permitiera estimar la resistencia a la insulina, aunque los resultados que diera no fueran exactamente iguales a los resultados reales del modelo (artículo).

The nonlinearity of the model precludes an exact algebraic solution, but estimations are possible either graphically or by using simple mathematical approximations

Y la conclusión a la que llegaron es que la mejor estimación la daba la siguiente ecuación (artículo):

Sensibilidad a la insulina = 22.5 / (I * G)

o

Resistencia a la insulina = I * G /22.5

donde I es la insulinemia en ayunas (μU/ml) y G es la glucemia en ayunas (mmol/l). Habitualmente ambas medidas se toman en tres instantes diferentes, pues son magnitudes que oscilan levemente con el tiempo.

NOTA: la elevación de la insulinemia y/o glucemia en ayunas indican, según la fórmula anterior, una baja sensibilidad a la insulina, y eso tiene sentido.

NOTA: también se puede estimar la funcionalidad de las células β con esta otra fórmula (artículo):

Funcionalidad células β = 20 * I / (G -3.5)

NOTA: el modelo original (1985) no distingue sensibilidad a la insulina hepática y periférica (artículo)

No distinction is made between hepatic insulin sensitivity and peripheral insulin sensitivity.

NOTA: desde 2004 existe una versión software del estimador (Windows y Mac) que usa los resultados completos del modelo matemático,y que por tanto puede ser más fiable que las fórmulas simplificadas anteriores. Descarga

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Como parte de la instalación, hay un archivo Excel que también se puede usar para realizar el cálculo.

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Acumulación y liberación de grasa a lo largo del día

the same thing that makes our fat cells fat is what makes us fat — a fat person, after all, is a person with a lot of overstuffed fat cells. Gary Taubes

lo mismo que hace engordar a nuestras células grasas es lo que nos hace engordar a nosotros — una persona gorda es, en última instancia, una persona con muchas células grasas con exceso de grasa

However, even in this regard, insulin plays a primary role in defending the body against potential damage by using the adipose tissue, liver, and skeletal muscle as biological buffers against excess nutrient intake. (ver)

Sin embargo, en este aspecto, la insulina juega un papel principal en defender al cuerpo frente al potencial daño usando el tejido adiposo, el hígado, y el músculo esquelético como buffers biológicos frente al exceso de ingesta de nutrientes.

Pensemos en la utilidad de la despensa o de la cámara frigorífica en un restaurante. Cuando en el restaurante reciben una carga de alimentos no pueden ni usarlos inmediatamente, ni dejarlos en cualquier lugar del restaurante, porque eso interferiría con el normal funcionamiento del negocio.

Cuando ingerimos alimentos nuestro cuerpo tiene exactamente el mismo problema que el restaurante resuelve con una despensa. Nuestro cuerpo emplea básicamente el hígado (almacenamiento de glucosa en forma de glucógeno) y el tejido graso (almacenamiento de grasa en forma de triglicéridos en los adipocitos) para guardar temporalmente la comida que recibe, pero que ni quiere usar en ese momento, ni puede permitir que ande “por ahí en medio”. Esa función de despensa, el hacer de almacén temporal de nutrientes, se identifica en inglés con el término “buffer“. Ese término inglés se usa en ingeniería con varios significados (e.g. almacén temporal de datos, reforzador de señal, absorbedor de impactos, etc.).

Voy a comentar algunos resultados publicados en estudios científicos que me parecen interesantes.

Adipose tissue as a buffer for daily lipid flux

El tejido adipososo como buffer para el flujo diario de lípidos.

La gráfica muestra que tras una comida (minuto cero) se produce una entrada neta de ácidos grasos en los adipocitos (parte positiva de la curva). Pasadas cinco horas tras la ingesta el sentido del flujo se invierte y el tejido graso comienza a liberar ácidos grasos. En pocas palabras, según la gráfica, durante las 5 horas siguientes a una comida engordamos, y a partir de ese momento parte de la grasa acumulada empieza a salir de los adipocitos.

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Regulation of Dietary Fatty Acid Entrapment in Subcutaneous Adipose Tissue and Skeletal Muscle

Vemos el mismo resultado anterior en otro estudio. Calculan cuántos ácidos grasos quedan atrapados en los adipocitos como diferencia entre los que entran y los que salen.

The difference represents fatty acids that have been trapped in adipose tissue.

La diferencia representa los ácidos grasos que han sido atrapados en el tejido adiposo.

Y lo que se observa es que coincide más o menos, temporalmente, la acumulación neta de ácidos grasos en los adipocitos (lo que llaman “entrapment” en la gráfica) con la evolución temporal de los niveles de insulina.

Entrapment of fatty acids in adipose tissue for both tracers was 100% at 60 min and fell during the 6-h postprandial period to 10–30% at 360 min. The upregulation of fatty acid entrapment in adipose tissue after the meal follows a time course similar to that of the increase in insulin concentrations

El atrapamiento de ácidos grasos en el tejido adiposo para ambos marcadores fue del 100% a los 60 minutos y cayó durante el período posprandial de 6 horas a un 10–30% a los 360 minutos. La regulación al alza del atrapamiento de ácidos grasos en el tejido adiposo después de la comida sigue un curso temporal similar al del aumento de la concentración de insulina.

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Que coincida la fase en la que hay acumulación neta de grasa con la evolución temporal de la insulina, en sí mismo no demuestra causalidad. Pero no es ningún secreto que hay una relación causa-efecto entre insulina y acumulación de grasa en los adipocitos (ver).

Fasted to Fed Trafficking of Fatty Acids in Human Adipose Tissue Reveals a Novel Regulatory Step for Enhanced Fat Storage

Ampliamos un poco el eje temporal. Ahora lo que vemos es una gráfica que muestra la acumulación de grasa durante 24h. Hay tres comidas, en los instantes marcados como 0h, 5h y 10h. Mientras los valores de la curva roja son positivos (por encima de la línea azul) el cuerpo está acumulando grasa, mientras que los valores negativos indican que estamos “movilizando” grasa corporal (reduciendo los niveles de grasa corporal). En pocas palabras, durante el día (desde que desayunamos hasta algunas horas tras cenar) básicamente estamos acumulando grasa. Por la noche la liberamos.

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Niveles de insulina en plasma a lo largo de esas 24h:

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Es decir, que vuelve a suceder que mientras la insulina ha estado elevada, ha existido acumulación neta de grasa en los adipocitos. Como decía, es una observación, no una demostración de causa-efecto.

Downregulation of Adipose Tissue Fatty Acid Trafficking in Obesity

¿Y qué sucede en una persona obesa? Aquí hay que tener en cuenta un matiz: no es lo mismo estar obeso con peso estable, que estar engordando. La persona obesa no acumula grasa de forma neta a lo largo del día, salvo que esté engordando. Además de ese detalle, no todas las personas con exceso de peso tienen resistencia a la insulina, por lo que quizá lo que voy a contar no sea generalizable a todo el mundo.

Por lo pronto, la persona obesa (círculos blancos) frecuentemente genera más insulina ante las mismas comidas.

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Pero su tejido adiposo se suele hacer “resistente a la insulina”: ni captura ni libera ácidos grasos en la misma medida en que lo hace una persona delgada. Los círculos blancos están cercanos al nivel cero en todo momento, lo que quiere decir que la puerta de la “despensa” no está funcionando bien. A lo mejor no tiene más problema que al estar tan llena es complicado abrir y cerrar la puerta para dejar pasar y recoger alimentos, pero en cualquier caso la despensa apenas acepta nutrientes tras una comida, ni deja sacarlos por la noche. Reitero que hay mayores niveles de insulina, pero menos “tráfico” (captura-liberación) de ácidos grasos en los adipocitos.

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¿Se puede decir que la despensa está prácticamente cerrada, y cuando llega la carga de nutrientes, no hay dónde ponerla? Fijémonos en que este último resultado está expresado por unidad de masa de tejido adiposo. Puede ser que eso sea así mientras se engorda, pero, si tenemos en cuenta que, por definición, una persona obesa tiene más masa grasa que una persona delgada, el resultado final puede ser que la despensa no funcione bien por unidad de superficie empleada, pero como se ha ampliado la superficie dedicada a despensa, eso atenúa el problema. Tom Naughton acaba de escribir sobre eso mismo (ver).

En cualquier caso, según la siguiente gráfica, si la comida tiene grasa, triglicéridos, en una persona sana esa grasa es rápidamente absorbida por los adipocitos, manteniendo los niveles de triglicéridos (TG) en plasma más o menos estables. La despensa hace su papel. Pero en una persona obesa esa misma comida va a generar picos de TG en plasma, lo que puede acabar afectando al funcionamiento de órganos como el hígado o el páncreas. Ésa es la hipótesis que plantean los autores del estudio. En principio sólo es eso, una hipótesis interesante.

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¿Quiere esto decir que una persona obesa, por prudencia, no debería consumir comidas altas en grasa? Yo diría que sí, que se puede interpretar así: una comida alta en grasa —posiblemente— hará llegar un exceso de ácidos grasos que nuestro cuerpo no puede gestionar bien y que, hipotéticamente, puede acabar afectando al funcionamiento de los órganos. Hipotéticamente, no lo olvidemos. Pero, en cualquier caso, estamos hablando de una comida puntual, en una dieta alta en carbohidratos, en una persona con resistencia a la insulina. No hay que confundir resultados obtenidos en una comida puntual alta en grasa con lo que sucede cuando ésa es la forma de comer habitual. Una dieta baja en carbohidratos y alta en grasa reduce los triglicéridos, tanto en ayunas como postprandiales (ver,ver,ver). El efecto de una comida aislada puede ser distinto, y eso es algo que hay que tener en cuenta cuando leemos resultados publicados en la literatura científica: una comida no es una dieta. Ni siquiera el resultado de una semana comiendo de una forma concreta es extrapolable a seguir esa dieta de forma habitual.

Exercise and Dietary-Mediated Reductions in Postprandial Lipemia

Comento algunas cosas que me parecen interesantes de este artículo.

Por mecanismos que no están claros todavía, hacer ejercicio —especialmente de alta intensidad o anaeróbico— ayuda a mantener baja la lipemia posprandial. También las dietas bajas en hidratos de carbono ayudan a controlar la lipemia postprandial, posiblemente por una menor creación de triglicéridos en el hígado.

En personas con resistencia a la insulina, la formación de glucógeno hepático y en músculo esquelético es disfuncional, por lo que parte de los carbohidratos dietarios se redirigen hacia la creación de grasa (de novo lipogénesis) y de triglicéridos en el hígado, lo que resulta en mayores niveles de lípidos en sangre. En una de las referencias que citan en el artículo (ver), podemos encontrar el siguiente resultado: la misma comida de test, en las personas con resistencia a la insulina lo que se produjo fue acumulación de triglicéridos en el hígado, mientras que en una persona sensible a la insulina simplemente aumentaron las reservas de glucógeno. En blanco personas sensibles a la insulina, en negro resistentes a la insulina. A la izquierda triglicéridos en el hígado, a la derecha glucógeno en músculos:

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Desde el punto de vista del “balance energético” el resultado es ilustrativo: dependiendo del estado de la persona, en este caso de su resistencia/sensibilidad a la insulina, la misma comida nos puede estar enfermando, o no.

Según los autores del estudio, la explicación más probable a por qué está aumentada la tasa de de novo lipogénesis es la hiperinsulinemia. Según proponen, es la resistencia a la insulina del músculo esquelético la causa última de que se desarrolle obesidad abdominal o hígado graso, lo que sucederá conforme avance el síndrome metabólico.

These data suggest that abdominal obesity develops later in the course of the metabolic syndrome along with NAFLD and that it is likely more a consequence of insulin resistance in skeletal muscle rather than a primary cause of insulin resistance and atherogenic dyslipidemia

Estos datos sugieren que la obesidad abdominal se desarrolla más adelante en el curso del síndrome metabólico junto con el HGNA, y que es probablemente más una consecuencia de la resistencia a la insulina en el músculo esquelético que una causa primaria de la resistencia a la insulina y dislipidemia aterogénica.

Mi conclusión es que nuestro cuerpo no funciona con calorías y que mientras sigamos atrapados en el fraudulento paradigma de la energía, lo único que hacemos es dañar la salud de la gente. La composición de la dieta y el estado metabólico de la persona son importantes. Hablar de calorías nos pone una venda en los ojos que no nos deja ver que no todos los alimentos, ni todas las personas, son iguales.

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