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Historia de la calorexia (VI)

En la quinta entrega nos habíamos quedando hablando de Pennington, año 1954, una persona que veía claramente los errores en los que se basa CICO.

En la actualidad, se forma a los nutricionistas en calorexia (ver) y la Organización Mundial de la Salud afirma que CICO explica la obesidad:

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¿Tiene importancia que se esté tratando de prevenir y revertir la obesidad con charlatanería?

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Como principio, adorar una idea estúpida confundiéndola con lo que dice una ley inviolable de la física, es algo que no tiene cabida en ciencia. Ni la mentira ni la estupidez pueden formar parte del “conocimiento científico” que se publica en libros y artículos científicos. Sí puede, está claro, no debería. Ni por supuesto, nuestras Universidades deberían formar a profesionales en charlatanería para que traten a sus clientes con tratamientos estúpidos.

Pero es que además, ni la prevención ni el tratamiento funcionan. Y cuando un método que crees infalible no funciona, ¿a quién culpas de que no funcione? Pues culpan al cliente, claro, que no sólo no adelgaza, sino que encima es culpado del fracaso del método (ver). Lo inefectivo en el plano corporal acaba convirtiéndose en destructivo en el plano emocional. Y todo basado en una gran estupidez.

Hecha esta aclaración, seguimos con la historia de CICO. Año 1961. El médico Wilfred Leith nos cuenta que lo de comer poco como tratamiento de la obesidad, se lleva probando décadas y no funciona. Es decir, hace 60 años ya se sabía que el tratamiento no funcionaba. Mis negritas:

The treatment of the obese patient has followed a stereotyped pattern for the past 20 years. Prescribing a simple low caloric diet and sympathetic handling of the patient, the usual method, had not been a rewarding form of clinical treatment. (fuente)

El tratamiento del paciente obeso ha seguido un patrón estereotipado durante los últimos 20 años. Prescribir una sencilla dieta baja en calorías y el trato comprensivo al paciente, el método habitual, no ha resultado ser una forma productiva de tratamiento clínico.

Treinta años más tarde, año 1991, David M. Garner y Susan C. Wooley nos dicen que en esos treinta años nada había cambiado respecto del diagnóstico de Leith. Mis negritas:

There are two indisputable facts regarding dietary treatment of obesity. The first is that virtually all programs appear to be able to demonstrate moderate success in promoting at least some short-term weight loss. The second is that there is virtually no evidence that clinically significant weight loss can be maintained over the long-term by the vast majority of people. (fuente)

Hay dos hechos indiscutibles al respecto del tratamiento dietético de la obesidad. El primero es que prácticamente todos los métodos parecen ser capaces de demostrar éxito en producir algo de pérdida de peso a corto plazo. El segundo es que no hay virtualmente ninguna evidencia de que una pérdida de peso clínicamente significativa pueda ser mantenida a largo plazo en la inmensa mayoría de la gente 

La pérdida de peso a corto plazo es la prueba de que el método funciona, la recuperación de peso a largo plazo es la prueba de que el cliente no tiene fuerza de voluntad y se salta la dieta. Todo correcto, circulen. Y que pase otro siglo cobrando a los clientes por una dieta estúpida.

Interrumpo hablar del conocimiento que se tenía del fracaso de CICO para comentar un autor interesante (ver,ver), William Bennet, de la Harvard Medical School. Bennet no entiende qué pinta la Primera Ley de la Termodinámica a la hora de estudiar por qué un cuerpo decide almacenar grasa. Ni él ni nadie mínimamente sensato, obviamente. Año 1987:

The first law of thermodynamics, by the way, is irrelevant to this discussion, although it is often brought in. The law constrains the equations that can be written to describe energy flow, but it does not explain how or why a body allocates its available energy to useful work, metabolic heat, or storage as fat. (fuente)

La primera ley de la termodinámica, por cierto, es irrelevante para esta discusión, aunque a menudo se apela a ella. La ley restringe las ecuaciones que se pueden escribir para describir el flujo de energía, pero no explica cómo o por qué un cuerpo destina la energía disponible a trabajo útil, calor metabólico o almacenamiento como grasa corporal.

Y no le pasa desapercibido que el tratamiento de la obesidad está basado en una tautología:

To leap from the true and self-evident, but vacant, identification of overeating with obesity to the conclusion that control of food intake is the sole or most important modality for reversing the condition is as unwarranted as inferring that we could make the sun rise by taking suitable measures to make it be morning. (fuente)

Deducir de la cierta y autoevidente, pero vacía, identificación de comer en exceso con la obesidad, la conclusión de que el control de la ingesta de alimentos es la única o más importante posibilidad para revertir la condición, es tan injustificado como inferir que podríamos hacer salir el sol tomando las medidas oportunas para que fuera “por la mañana”.

Y Bennet no sólo constata el fracaso de la calorexia en la práctica clínica, sino que critica la falta de ética que supone seguir insistiendo en un tratamiento absurdo y que no funciona:

The kind of thinking I am describing has been scientifically unproductive; it has yielded little discernible progress in the treatment of obesity; and it forms the basis for instruction that is given to patients in behavioral weight-loss programs. There is, thus, not only an intellectual, but an ethical problem pervading dietary treatments of obesity. (fuente)

El tipo de pensamiento que describo ha sido científicamente improductivo; ha producido poco progreso perceptible en el tratamiento de la obesidad; y forma la base de las recomendaciones que se dan a los pacientes en programas conductuales para pérdida de peso. Hay, por lo tanto, un problema no sólo intelectual, sino un problema ético que impregna los tratamientos dietéticos de la obesidad.

Han pasado más de 30 años desde esas palabras.

Hace 26 años Susan C. Wooley y David M Garner, decían lo siguiente:

a failure not of those people but of the methods of treatment that are used. (fuente)

un fallo no de esas personas, sino de los métodos de tratamiento que se usan.

Sigo en la séptima y última entrega.

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