No somos un horno

Sí, las diferencias son sutiles, prácticamente inapreciables, pero las personas no somos hornos.

oven

 

Estudio de Alford et al. en 1990 (ver), de 10 semanas de duración, en el que los participantes se someten a tres dietas isocalóricas, pero con diferentes cantidades diarias de hidratos de carbono: 75, 135 y 225 g.

Aunque las dietas eran isocalóricas, los resultados no fueron los mismos. El grupo con menos hidratos de carbono fue el que más peso perdió y el que redujo en mayor porcentaje su grasa corporal.

Carbs dieta (g/día) Cambio Grasa corporal (%) Cambio en Peso (Kg)
75 -4,5 -6,4
135 -4,1 -5,6
225 -2,8 -4,8

Gráficamente:

Alford90

Otro estudio (ver). Dos dietas isocalóricas (1020 Calorías), una 81 g/día de hidratos de carbono y la otra con 136 g/día. Al cabo de seis meses, con la primera se perdieron 19.5 Kg en media, de los cuales 14.3Kg fueron grasa corporal, mientras que con la segunda el peso solo bajó 12 Kg, de los cuales 9 Kg eran grasa corporal. Con la primera el contorno de la cintura se redujo en 17 cm, con la segunda solo 12cm.

Un par de datos interesantes:

  • en la dieta de 81 g/día de hidratos de carbono (puntos huecos) no se percibe una ralentización de la pérdida de peso. Por el contrario,
  • en la dieta de 136 g/día de hidratos de carbono, la pérdida de peso se ha detenido, y la dieta es de 1020 Calorías/día… ¿De verdad para adelgazar hay que comer menos?

Si todo es tan sencillo como Calories IN Calories OUT, ¿por qué dietas isocalóricas dan resultados tan diferentes?

Si fuéramos un horno, las calorías de un alimento nos dirían cuánta energía podemos sacar de ese alimento al quemarlo en nuestro interior. Pero a los seres humanos contar calorías no nos lleva a ninguna parte.

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4 thoughts on “No somos un horno

  1. Yo no descarto que la explicación pueda estar en un cálculo calórico, al menos una explicación parcial.
    Balance Energético= Calorías ingeridas -(TMB+GA+ETA)
    +Tasa metabólica Basal (TMB)
    +Gasto por Actividad (GA)
    +Efecto Termogénico de los alimentos (ETA)

    Lo que encuentro es que las variables en muchos casos no son tenidas en cuenta como tales.
    El gasto metabólico basal puede variar por diversas causas: termogénesis, cambios hormonales (es muy importante el eje hipófisis-hipotálamo-tiroides en este punto), etc. Y ese cambio no es tenido casi nunca en cuenta salvo en estudios puntuales.
    El gasto por actividad física es irrisorio pero esa actividad puede llevar a cambios fisiológicos que aumentan el metabolismo como la hipertrofia.
    Y el Efecto termogénico varía según los macronutrientes, luego una dieta igualmente calórica no es igual.

    No olvidar que elegir bien los macronutrientes, sus cantidades y calidades, puede llevar a un aumento de la lipólisis (las LowCarb son un ejemplo).

    Contar las calorías de lo que comes es una pequeña parte con la que no puedes tener control del todo. Y las otras variables, cuando se tienen en cuenta, son difíciles de cuantificar incluso teniendo un instrumental y un laboratorio en condiciones. Resumiendo, quizá los seguidores de la teoría CICO no anden desencaminados pero pretenden simplificar en exceso algo complejo y difícil de manejar.

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    • Hola Miguel,
      la teoría CICO es completamente errónea porque su esencia es, como dices, considerar constantes parámetros que no lo son.
      Si nada cambiara al reducir la ingesta, si nada cambiara al aumentar el gasto por actividad física,… si nada cambiara…
      ¡pero cambia!

      Tal y como comentas, el principal engaño de la teoría CICO surge de reformular la primera ley de la termodinámica expresándola únicamente en términos de parámetros que se pueden controlar. El fraude de la teoría CICO es, básicamente, la manipulación esa ley reconvirtiendo algo incontrolable, como el gasto energético total, en controlable, el ejercicio físico. “Ingiere menos de lo que gastas” es, evidentemente un mensaje inútil, pero su versión fraudulenta, “come menos y muévete más” nos hace creer que podemos controlar el gasto energético.

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  2. Yo también estoy de acuerdo con Miguel, y con Vicente!
    Y añadiría que no solo la actividad futura, también la pasada, influye en el gasto energético corporal. Así, el estado de las reservas de glucógeno en el músculo hace que una comida vaya a las caderas o al bíceps 🙂 . Después de un entrenamiento fuerte (de los que te dejan temblando el músculo), puedes comer gran cantidad de hidratos (complejos, no fructosa o sacartosa) que va todo a los músculos. Esta cantidad y el tiempo en que la ventana se abre depende de la cantidad de músculo global de la persona, del sexo (las mujeres somos más aeróbicas que los hombres), y del entrenamiento realizado.
    Es interesantísimo como una misma comida va a producir dos efectos completamente distintos dependiendo de cuándo se tome. Somos un experimento con patas!

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