¿Somos ganado? Cómete tus cereales integrales y calla

En esta entrada del blog se mezclan varias ideas y se me complica ir al grano. Por un lado está el plano “intelectual“, en el que quiero resaltar que no existe evidencia científica para recomendar que la población consuma harina de cereales (y mucho menos, por tanto, para basar nuestra alimentación en los farináceos). Y por otro lado tenemos el plano personal o humano: siento absoluto desprecio como personas por aquell@s “profesionales” de la nutrición que tienen la arrogancia y la irresponsabilidad de hacer recomendaciones para la población que carecen de evidencia científica que las respalde. ¡¿Cómo se atreven?! ¿De dónde sale gente así? Una cosa es ser idiota y una muy diferente es creerse autorizado a jugar con la salud de otras personas. Hay tipas y tipos que se creen que por haber cursado un grado universitario tienen derecho a poner nuestra salud en su tablero de juego. No deberíamos normalizar la existencia de esa@s “expert@s”.

La repetición acrítica de los falsos dogmas

Prácticamente todo lo que creemos saber sobre lo que es llevar una alimentación saludable carece de fundamento (ver). Las conversaciones sobre nutrición y obesidad de los ciudadanos de a pie a menudo no son otra cosa más que la repetición acrítica de tópicos tan ridículos como falsos. Ése es el fruto de años de malinformación procedente de l@s nutricionistas.

Nos están diciendo que los cereales integrales son “comida real” y repetimos ese mensaje como si la palabra de la/el expert@ valiese algo. Pero, ¿acaso hemos visto la evidencia científica que demuestra que es saludable consumir cereales como el trigo? (ver) Incluso estamos cometiendo el grave error de trasladar esos mensajes a nuestros hijos como si repetir sin más lo que l@s “expert@s” dicen fuera una educación válida o fuera bueno para su salud. No es ni una cosa ni otra y en realidad lo que estamos haciendo es poner la salud de nuestros hijos en riesgo. No hay razones para consumir harina y sí hay razones para desconfiar de un producto que bajo ningún punto de vista se puede considerar comida de humanos. No sabemos cuáles son los efectos reales que puede tener en la salud de nuestros hijos esa injustificada recomendación y deberíamos ser prudentes: la verdadera educación es enseñar a dudar de l@s “expert@s”, enseñarles a no aceptar ningún mensaje de salud que no venga acompañado de una justificación “científica”. “¿Consumir harina de cereales, por qué?“. Y no nos conformemos con la apariencia, rasquemos un poco en las explicaciones que recibimos porque en temas de nutrición la mayoría de las veces no son otra cosa que BS pagado por la industria alimentaria (ver).

La pirámide las harinas

Los hechos son que allá por 1976 unos “sabios” en EEUU se inventaron que la dieta del ser humano tenía que estar basada en la harina (fuente). Y automáticamente cualquier dieta que no estuviera basada en el consumo de harina de cereales se convirtió en “desbalanceada” (ver).

Increase carbohydrate consumption to account for 55 to 60 percent of the energy (caloric) intake.
Increase consumption of fruits and vegetables and whole grains.

Unas directrices que se ilustraron 15 años más tarde con la tristemente célebre pirámide de la harina (ver). Era la obra del Departamento de Agricultura de EEUU, que convirtió las recomendaciones dietarias en un instrumento para colocar su producción de harina de cereales.

Es decir, hace cuatro décadas se inició un experimento masivo no autorizado y no controlado con la población, que nos convirtió en mero ganado en manos de aprendices de brujo: se apostó nuestra salud a que consumir harina era saludable, sin más evidencia científica que no tener evidencia científica.

What are the risks associated with eating less meat, less fat, less saturated fat, less cholesterol, less sugar, less salt, and more fruits, vegetables, unsaturated fat and cereal products— especially whole grain cereals. There are none that can be identified and important benefits can be expected.

¿Basar la dieta de los seres humanos en la harina, un producto procesado que no es comida de humanos? ¿Cómo se atrevieron a hacer esas irresponsables recomendaciones sin tener evidencia científica sólida que respaldara esa propuesta? La explicación es que estos “genios” nos querían salvar de la carne, el colesterol y la grasa saturada. Y no podían esperar a saber si tenían razón en sus creencias, no podían esperar a saber si el remedio que proponían sería peor que no hacer nada: tenían que actuar ya “por nuestro bien”. Como decía, esto va más allá de lo intelectual: repugnan como personas.

Han pasado 40 años y sigue sin aparecer evidencia científica que aconseje incluir la harina de cereales en la dieta de los seres humanos. Pero la harina no está en la pirámide de las harinas por razones de salud, que no las hay, sino por razones económicas.

¿Y nadie dijo nada ante esos hechos? Sí que se dijo, pero poco importó. A ese respecto recomiendo leer este artículo de Jonathan Bailor: Is the Food Guide Pyramid and MyPlate Making Your Family Fat? Realmente interesante.

La modernidad que no lo es

Nada ha cambiado. Las nuevas generaciones de “expertos” en nutrición presumen de ser diferentes de sus predecesores, a los que llaman “dinosaurios” de la nutrición, pero nada ha cambiado pues siguen propagando mensajes que no tienen fundamento científico, como por ejemplo el que estoy comentando de que la harina integral es “comida real” (ver). ¿Cómo saben que no están dañando nuestra salud con ese consejo? ¿Cómo es posible que hagan esa recomendación sin tener esos datos? ¿Cómo se atreven a jugar así con nuestra salud?

Pero los “expertos” presumen de haberse modernizado. Ahora ya no nos dan las recomendaciones en forma de triángulo, lo que era muy lioso para nosotros, la estúpida población, sino en forma de círculo, sin aristas y por tanto mucho más fácil de entender por parte de nuestras simples mentes. Porque son muy inteligentes y saben que el problema no es que las recomendaciones carezcan de fundamento, sino que los ciudadanos de a pie no las entendíamos. Al parecer no nos habíamos enterado de que teníamos que consumir harina y todo esfuerzo es poco para trasladar ese mensaje de forma clara a la población.

¿Lo vemos claro en el círculo del “plato saludable”? La cuarta parte de nuestra dieta tienen que ser cereales integrales. Y la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué? ¿cuál es la evidencia científica de que es mejor consumir cereales que no consumirlos? Y, ¿cómo se atreven a hacer esa recomendación si no tienen esa evidencia científica? ¿Por qué sólo pedimos evidencia científica a los “médicos” homeópatas? ¿Acaso las fuentes oficiales están libres de tener que regirse por ese mismo rasero? ¿Asumimos como dogma la infalibilidad de l@s “expert@s”?

Entonces, ¿no se pueden hacer recomendaciones nutricionales?

Dado el nivelazo que tienen l@s “expert@s” en nutrición, se agradecería que dejaran de lanzar mensajes a la población, la verdad. Los ciudadanos tenemos derecho a la salud y ese derecho es incompatible con recomendaciones dietarias carentes de evidencia científica. Si no se respeta ese derecho, no somos otra cosa más que ganado.

¿Somos ganado o somos ciudadanos con derecho a la salud?

 

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La guerra del lenguaje (I): hablemos de harina, no de cereales

Les llamamos cereales, pero los cereales son hierbas y no comemos hierba.

De esas hierbas se usan las semillas. Pero tampoco consumimos semillas, pues éstas son esencialmente incomestibles (ver).

Lo que se consume es harina de semillas. Para consumir las semillas, éstas son trituradas y se obtiene un polvo a partir del cual se crean alimentos procesados: pan, pasta, pizza o galletas. Esa harina no es un alimento para seres humanos. Es un producto que no existe tal cual en la naturaleza y que nuestro cuerpo no es capaz de procesar correctamente (ver). Un altísimo porcentaje de carbohidratos en un formato de rápida absorción: eso no es un alimento para seres humanos.

¿Te has preguntado alguna vez de dónde salen esos “cereales” que hay dentro de la caja de cartón? No es más que harina que ha sido procesada aún más para darle forma de “copos” o “bolas”. “Eso” no existe tal cual en la naturaleza. No es un alimento “natural”.

¿Cereales “de desayuno”? No, es harina azucarada “de desayuno”. “¡Mamá, no olvides comprar la harina azucarada de desayuno!

¿Cereales integrales? No, es harina de semillas sin eliminar la cáscara y el germen. Es la misma harina blanca pero con más cosas.

¿Alimentación basasa en cereales? No, alimentación basada en farináceos.

¿Dieta “balanceada”? No, es pienso para engorde. ¿Sabes qué se le da al ganado para engordarlo? Harinas de semillas (ver)

Solo me quedó decir:
Si queréis adelgazar, no comáis los alimentos que hacen engordar a vuestros animales.
Así de sencillo!! (ver)

¿No te parece que alimentarte a base de harinas y estar sano, es pedir peras al olmo?

Hablemos de harina, no de cereales.

Leer más:

Una dieta alta en carbohidratos empeora el riesgo cardiovascular

Estudio de 2006 titulado “Separate effects of reduced carbohydrate intake and weight loss on atherogenic dyslipidemia“.

178 participantes que se reparten en cuatro grupos. Cada grupo seguirá una dieta distinta, con diferente proporción de carbohidratos: 54, 39 y 26%. Hay un cuarto grupo con también un 26% de carbohidratos, pero mayor proporción de grasa saturada (más o menos el doble). El protocolo seguido en todos los grupos es el siguiente:

  • Una semana de consumo de una dieta con un 54% de carbohidratos,
  • Y una vez con la dieta bajo estudio:
    • Tres semanas de mantenimiento de peso
    • Cinco semanas de pérdida de peso (-1000 kcal/día)
    • Cuatro semanas de mantenimiento de peso

Patrón de partículas LDL

El resultado fue que el porcentaje de partículas densas y pequeñas (patrón B) en el LDL se redujo con la pérdida de peso, pero también conforme el porcentaje de carbohidratos de la dieta se reducía. Los círculos son valores antes de la pérdida de peso. Los triángulos son valores tras la pérdida de peso.

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Menos carbohidratos: menos partículas densas y pequeñas en el LDL. Este patrón de partículas ha sido asociado con enfermedad cardiovascular. Es decir: menos carbohidratos, mejores indicadores de riesgo cardiovascular.

the low-carbohydrate diet resulted in significantly lower concentrations of small, dense LDL

La dieta baja en carbohidratos produjo significativamente más bajas concentraciones del LDL pequeño y denso

En las figuras (ver) se muestra cómo la reducción de carbohidratos mejora el tamaño de las partículas LDL y el patrón de partículas (mejor ratio apoB/apoA). El mejor resultado lo da la dieta más baja en carbohidratos y con más grasa saturada:

 apobapoa  ldld

El ratio apoB/apoA puede ser mejor indicador de riesgo cardiovascular que los indicadores tradicionales (ver). Cuanto más pequeño es el apoB/apoA, mejor.

HDL

La mejor dieta, la que más aumentó el HDL, la que más redujo los TG y la que más aumentó el tamaño de las partículas LDL fue…

Una de las dos dietas con menos carbohidratos (26%), la versión con más grasa saturada

 

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Reducción de grasa corporal

Y una cosita más, la reducción de grasa corporal fue mayor conforme menos carbohidratos había en la dieta. La versión con un 26% de carbohidratos fue, por tanto, la mejor en ese sentido. De las dos versiones con un 26% de carbohidratos, la que tenía más grasa saturada fue un poco mejor. Teniendo en cuenta que la restricción calórica para pérdida de peso fue la misma en todos los grupos (-1000 kcal/día), es otra prueba más de que una caloría no es una caloría. Ni en la salud, ni en la báscula.

Mis conclusiones

Ni los cereales ni el azúcar tienen sitio en una alimentación saludable.

 

Leer más:

¿Nos hemos vuelto terriblemente vaguetes y terriblemente comilones?

la obesidad es el resultado de un balance energético positivo, i.e. la ingesta energético supera al gasto energético. Una persona se volvería obesa si con un gasto energético “normal” su ingesta es excesiva o si con una ingesta energética “normal” su gasto energético es pequeño. (ver)

La obesidad es causada por un balance energético positivo.

Pongamos que un conocido te dice que está pasando dificultades económicas y te pide consejo. Tú le comentas que “las dificultades económicas se producen cuando los gastos son mayores que los ingresos. Una persona puede arruinarse si con unos gastos normales ingresa poco dinero, o si con unos ingresos normales gasta demasiado”. ¿Crees que le ayudas? ¿Crees que es ésa la causa de sus problemas, que ingresa poco y gasta mucho? Pues eso es, ni más ni menos, lo que nos dicen los “expertos” sobre la obesidad. Y su consejo para superar los problemas económicos es que hay que aumentar los ingresos y reducir lo gastos. ¡Qué lumbreras! Pepe Gotera y Otilio estarían verdes de envidia.

En mi partido de tenis de esta mañana he tropezado y me he caído. Mi contrincante se ha interesado por mi estado y me ha preguntado si me había tropezado conmigo mismo. Yo le he contestado que no, que “la causa de la caída ha sido un balance de fuerzas negativo: mi fuerza hacia abajo ha sido mayor que mi fuerza hacia arriba“. ¿Acaso no lo ha visto? ¿Qué otra cosa puede causar una caída aparte de un desbalance de fuerzas?

Vale, lo reconozco, realmente le he dicho que sí, que me había tropezado conmigo mismo. Pero ahora me entran dudas, ¿me he caído por el tropezón o porque se ha establecido sobre mi cuerpo un balance de fuerzas negativo?

El tropezón ha provocado la caída. Y caerse es lo mismo que que exista un balance de fuerzas negativo (uno que no puedes controlar y que ya no existe cuando te estampas con el suelo). El balance de fuerzas negativo no es la causa de la caída, sino una forma de describir “caerse” desde el punto de vista de la física.

Comparemos ese ejemplo con “engordar”. Engordar es aumentar la cantidad de grasa corporal. Si aumentamos la cantidad de grasa corporal, en nuestro cuerpo entra más energía de la que se gasta (si nuestra masa no-grasa no cambia). Pero es completamente estúpido afirmar que la obesidad es el resultado de un balance energético positivo. No, la obesidad puede ser el resultado, por ejemplo, de un desbalance hormonal (¿niveles de insulina crónicamente elevados?). El desbalance hormonal causa la acumulación de grasa, y engordar es lo mismo que tener un balance de grasa positivo (y si la masa no-grasa no cambia, el balance de grasa positivo se traduce en un balance de energía positivo).

Decir que hay un balance energético positivo es lo mismo que decir que estamos engordando, del mismo modo que decir que nos caemos equivale  decir que el balance de fuerzas ha sido negativo. Ni el balance de energía es la causa de engordar, ni el balance de fuerzas es la causa de caernos.

Resumiendo:

  • Mi tropezón causó la caída (y en toda caída siempre hay un balance de fuerzas negativo)
  • Un desbalance hormonal causa la obesidad (y cuando se engorda siempre hay un balance de grasa positivo)

Lo del desbalance hormonal solo es un ejemplo. Igual la causa de la obesidad es otra, o puede que haya varias causas, pero la causa nunca puede ser el desbalance energético. Es de cajón.

Un detalle más, siguiendo con la analogía: del mismo modo que al caerte no tienes control sobre el balance de fuerzas (no puedes evitar caer), cuando engordas tu control sobre el balance energético es pura ilusión. ¿De verdad crees que lo controlas comiendo menos y moviéndote más?

¿Todavía no lo tienes claro? Si es así, no verás nada raro en la siguiente afirmación:

El desarrollo muscular se produce por un balance energético positivo.

Y lógicamente llegarás a la conclusión de que para desarrollar músculo tienes que aumentar tu ingesta manteniendo tu gasto energético o reducir tu gasto energético manteniendo la ingesta. Vuélvete un glotón y/o un vago y vas a tener unos músculos de escándalo.

¿No crees que ser un vago y un glotón te vaya a ayudar a crear músculo? ¿No crees que eso sea lo que se deduce de las leyes de la física?

¿Pero sí crees que los gordos lo están por vagos y glotones? Pues tú verás, porque la ecuación que lo relaciona todo es la misma (ver):

Si de esa ecuación deduces que la causa de acumular grasa es vaguería y glotonería, yo no veo razón alguna para no aplicar el mismo razonamiento al desarrollo muscular. Es evidente que la termodinámica ni nos dice porqué engordamos ni porqué desarrollamos musculatura. Y por supuesto, tampoco nos da la clave para adelgazar.

¿Qué te parece ahora que el “experto” nos diga que estamos gordos por vagos y glotones?

Nos hemos vuelto, pues, vaguetes, terriblemente vaguetes y terriblemente comilones. (ver, minuto 26)

¿A quién se le pudo ocurrir la chorrada de que de repente la población mundial se había vuelto vaga y glotona? ¿Así porque sí? Es una chuminada de dimensiones olímpicas, sin ningún tipo de fundamento científico y realmente patética. Pero grave e irresponsable, pues responsabiliza a los obesos y enfermos de sus propios problemas.

El problema de la nutrición no son las “dietas milagro”, ni la glotonería, ni la vaguería. El problema es haber creído que tras los “expertos” en nutrición y sus recomendaciones había un fundamento científico sólido. Hemos cometido el error de creer en recomendaciones que son fruto de una terrible estupidez, de una terrible incompetencia y de terribles intereses económicos.

Lo que deberíamos preguntarnos es qué comían los pueblos del mundo cuando no había obesidad y qué se consume cuando sí la hay. El exceso de carbohidratos, así como los cereales actuales, las harinas, el azúcar, los aceites de semillas, las margarinas y los productos procesados con infinitos ingredientes deberían ser los principales sospechosos. Y esa lista resume, ni más ni menos, lo que los “expertos” nos dicen que es saludable. Los problemas de salud vienen de los “expertos” y su pirámide nutricional.

Me pregunto, ¿qué problemas de salud/obesidad hay en las poblaciones que no consumen cereales, harinas, azúcar, aceites de semillas, margarinas ni productos procesados? No nos hemos vuelto vaguetes. Ni comilones. Ni “terriblemente” ni tan solo un poco. Los problemas de salud los tenemos porque comemos fatal desde que comemos como dicen los “expertos”. Eso es lo que nos engorda y enferma. Más nos vale darnos cuenta, ignorarles y volver a comer lo que comían nuestros antepasados.

Leer más:

Se busca héroe. Contrato temporal (con posibilidad de indefinido)

Ni sociología, ni psicología, ni economía: a mí solo me interesa saber qué debo comer para estar bien

Desde que empecé a leer cosas sobre nutrición, solo me ha interesado averiguar qué comer para adelgazar y para estar sano. Creo que sobre eso ni la psicología, ni la sociología, ni la economía tienen nada que decir. Pero en esta entrada dejaré a un lado el “qué comer” para hablar de la dificultad de ponerlo en práctica. En mi caso particular, la experiencia me ha demostrado que sí soy capaz de seguir esta dieta el 100% del tiempo. No es ningún sacrificio, sinceramente, pues la lista de beneficios es importante: perdí el peso que me sobraba, me deshice del hígado graso y del reflujo gastroesofágico, y en pocas palabras físicamente estoy mejor que nunca. Y no es una forma de hablar. Pero sé que comer como yo creo que hay que hacerlo no es sencillo, pues supone renunciar a “alimentos” a los que estamos acostumbrados y que nos gustan.

Hay un entorno obesogénico ahí afuera

Comer mal se ha convertido en lo “normal”. Nos hemos acostumbrado a ello. Nos han acostumbrado a ello. No es que exista un entorno obesogénico, es que vivimos inmersos en él y nos sentimos como peces en el agua. Pero no nos confundamos: el entorno obesogénico no es el creado por vidas sedentarias y comida abundante y de precio asequible, sino el creado por los “expertos” que nos convencieron de que ciertos alimentos, que nunca han formado parte de la alimentación del ser humano, deben ser nuestra principal fuente de sustento. No es un problema de cantidad y disponibilidad, sino de equivocadas directrices nutricionales y “expertos” que no saben de lo que hablan.

¿Podemos crear una burbuja saludable en el entorno obesogénico?

Dietas restrictivas o resígnate a seguir igual

Hay quien dice que cualquier dieta restrictiva, que no “permita” comer de todo lo que la industria nos vende como alimentos, no es útil. El argumento es que la gente no es capaz de ser fiel a una dieta así a largo plazo. “¡La gente quiere comer la basura los productos que la industria le ofrece!“. Algunos “expertos” nos ven como niños malcriados, acostumbrados desde pequeños a las golosinas y que no estamos dispuestos a renunciar a esos dulces, aunque nos vaya en ello la salud. Usan ese argumento para convencernos de que la solución no pasa por decirnos que dejemos de comer golosinas.

De ser cierto que la gente es incapaz de seguir una dieta restrictiva, la epidemia de obesidad que sufrimos no tendría remedio, pues la única forma que tenemos de salir de ella es eliminar de nuestro menú diario esos alimentos que nos han hecho gordos. O la dieta es restrictiva, o es un engaño.

¿De qué restricción estoy hablando?

En pocas palabras, de seguir una dieta basada en “agua SÍ, cereales NO, azúcar NO“. Eso quiere decir que nada de galletas, pan, pizza, pasta, arroz, bebidas azucaradas, cerveza, etc. Ahora piensa en qué estamos acostumbrados a comer, desde bien pequeños y luego échale un vistazo a los productos que hay en el supermercado, en tu despensa o en tu nevera. Y piensa cuántos productos que te gustan, que nos gustan, quedarán fuera de tu dieta si comes de forma saludable. Y cuando te reúnas con tus amigos o familiares, y todos ellos se hinchen a comer y beber esos productos, tú te verás bebiendo agua y comiendo brócoli con mantequilla, pimientos fritos y pollo (todo esto suena delicioso, por cierto). De eso estoy hablando.

No es fácil decir “no”

Soy consciente de que el camino del que hablo exige sacrificios, renuncias. Y el mensaje que quiero transmitir es que, desde mi punto de vista, ese sacrificio es inevitable: no puedes seguir comiendo igual y adelgazar. Eso no le funciona a casi nadie. El mensaje de que podemos seguir comiendo lo mismo, pero en menor cantidad, nos gusta (¡es lo que queremos escuchar!), pero no nos hace ningún favor. No es casualidad que ese mensaje venga de los mismos “expertos” que nos han hecho obesos: erraban o mentían al decirnos cómo comer y erran o mienten nuevamente al decirnos cómo recuperar la salud (la salud que ellos nos quitaron).

¿Estás dispuesto a sacrificarte? Firma aquí

¿Por qué tendrías que hacerlo, si todo el mundo te dice que lo que hay que hacer es comer menos y hacer más ejercicio? Y sin sacrificios, ¡puedes seguir comiendo lo que quieras! Pues sí, lo entiendo, te estoy diciendo que algunos de nosotros para adelgazar y/o estar sanos debemos convertirnos en algo así como unos héroes, capaces de controlarse y decir “no” a productos a los que nunca debimos decir “sí”. No voy a dulcificarlo, ni a maquillar la dificultad. No quisiera quitarle mérito al esfuerzo que hace falta. Pero no puedo decirte otra cosa, porque a día de hoy creo sinceramente que la única vía para recuperar la salud es eliminar completamente de la dieta ciertos “alimentos”.

Te propongo que sigas leyendo sobre nutrición, que te informes, y que si así lo deseas, intentes comer “bien” durante un tiempo. Un compromiso temporal, un contrato con tu salud, haciendo el difícil papel de héroe, nada menos. Piénsalo bien: posiblemente es el papel de tu vida. Y pasados unos meses, si te va bien, entonces debes plantearte si quieres el contrato indefinido o si quieres deshacer el camino recorrido.

Disculpad la arenga.

¿Dónde vives tú?

(English version: click here)

¿En qué isla vives tú?

  • Isla 1: la gente come lo mismo que ha comido durante décadas – productos frescos que cultivan o capturan ellos mismos – fundamentalmente pescado, vegetales y coco. Aproximadamente el 60% de las calorías vienen de la grasa. Toman muy pocos carbohidratos, tan solo un poco de arroz.
  • Isla 2: la gente consume bebidas edulcoradas, arroz blanco, harina, azúcar, pescado enlatado, coco y fideos instantáneos. El 33% de las calorías vienen de grasa. El porcentaje de energía aportado por los diferentes macronutrientes satisface las recomendaciones de la OMS (OMS en la izquierda, Isla 2 en la derecha):

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¿En qué isla vives tú, en la que se come comida de verdad, o en la que la base de la alimentación son los carbohidratos procesados? ¿Sacas la comida de paquetes/latas, preparada para cocinar/comer, o comes alimentos que se estropean rápidamente cuando los sacas del frigorífico?

Sabemos más cosas…

En la Isla 2 el 30% de la población tiene diabetes. El hospital llega a amputar 20 miembros a la semana. Es el décimo país con más sobrepeso del mundo: el 74% de los adultos (15 ó más años) tiene sobrepeso. Por el contrario, los habitantes de la Isla 1 están bastante sanos, aunque también padecen diabetes si se pasan a la dieta basada en comida industrial. Tienen veinte veces menos diabetes que en la Isla 2 (ver).

Esas islas existen en el Pacífico. La primera isla se llama Aneityum (una pequeña isla en Southern Vanuatu). La Isla 2 es Tarawa (isla principal de la República de Kiribati).

“Si en algún momento quieres pruebas de que los carbohidratos procesados dañan a los humanos, deberías ir a Kiribati y verlo por ti mismo”. Grant Schofield

En Kiribati consumen cereales, azúcar y prácticamente nada de grasa animal.

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En la tabla que hay más abajo se muestra cómo ha evolucionado lo que se come en Kiribati desde 1965 hasta el año 2000. Si crees que la obesidad es causada por comer demasiado, notarás que han pasado de 2137 Calorías a 2901 en esos 35 años. Eso NO es lo que yo veo en la tabla.

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Apunte final

“Los carbohidratos refinados también podrían contribuir a incrementar el riesgo de obesidad. Los paquetes de fideos “listos en 2 minutos” son populares en Vanuatu y están asociados a un elevado riesgo de obesidad […]. La educación en nutrición no está muy extendida en Vanuatu, por lo que suelen desconocer lo densos en energía y pobres en nutrientes que son esos productos.” (see)

No recuerdo haber escuchado nunca a las autoridades en materia de salud decirnos lo densa en energía y pobre en nutrientes que es la pasta. De hecho, nos dicen que basemos nuestra alimentación en los cereales. ¿Es que la educación en nutrición no está demasiado extendida entre nuestras autoridades?

Leer más:

Where do you live?

(Versión en español: pinchar aquí)

What island do you live on?

  • Island 1: people eat the same way they have eaten for decades – fresh produce they grow or catch themselves – mainly fish, vegetables and coconuts. About 60% of their calories come from fat. There is very little carbohydrate, just a small amount of rice.
  • Island 2: people eat soft drinks, white rice, flour, sugar, tinned fish, coconut and instant noodles. 33% of their calories come from fat. The proportions of energy derived from macronutrients complies with the WHO recommendations (WHO-left side, Island 2-right side):

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What island do you live on, the one where you eat real food, or the one that relies on processed carbohydrates? Do you get your food from cans/boxes, ready to cook/eat, or do you eat food that goes bad quickly when taken out of the fridge?

We have more info…

On Island 2 30% of the people have diabetes. The hospital amputates up to 20 limbs a week. It is the 10th country with more overweight people in the world: 74% of adults (aged 15 and over) are overweight. On the other side, inhabitants of Island 1 are pretty healthy, although they also get diabetes if they are exposed to the industrial food diet. Prevalence of diabetes is 20 times smaller than in Island 2 (see).

Those islands exist in the Pacific. The first island is called Aneityum (a small island in Southern Vanuatu). Island 2 is Tarawa (main island in the Republic of Kiribati).

“If you ever wanted evidence that processed carbohydrates damage humans, you should go to Kiribati and have a look for yourself”. Grant Schofield

On Kiribati they eat lots of grains and sugar and virtually no animal fats.

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In the table bellow you can see how what they eat on Kiribati has changed from year 1965 to 2000. If you believe obesity is caused by eating too much, you will notice that they went from 2137 Calories to 2901 in those 35 years. That is NOT what I see in the table.

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Final note

“Refined carbohydrates might also contribute to increased obesity risk. Packaged ‘‘2-min’’ noodles are popular in Vanuatu and were associated with increased risk of obesity […]. Nutrition education is not wide-spread in Vanuatu, so it is not commonly known how energy-dense and nutrient-poor these products are.” (see)

I don’t remember health authorities ever saying how energy-dense and nutrient-poor pasta is. As a matter of fact, they tell us to base our diet on grains. Isn’t nutrition education wide-spread among our health authorities?

Reading further: