¿Somos ganado? Cómete tus cereales integrales y calla

En esta entrada del blog se mezclan varias ideas y se me complica ir al grano. Por un lado está el plano “intelectual“, en el que quiero resaltar que no existe evidencia científica para recomendar que la población consuma harina de cereales (y mucho menos, por tanto, para basar nuestra alimentación en los farináceos). Y por otro lado tenemos el plano personal o humano: siento absoluto desprecio como personas por aquell@s “profesionales” de la nutrición que tienen la arrogancia y la irresponsabilidad de hacer recomendaciones para la población que carecen de evidencia científica que las respalde. ¡¿Cómo se atreven?! ¿De dónde sale gente así? Una cosa es ser idiota y una muy diferente es creerse autorizado a jugar con la salud de otras personas. Hay tipas y tipos que se creen que por haber cursado un grado universitario tienen derecho a poner nuestra salud en su tablero de juego. No deberíamos normalizar la existencia de esa@s “expert@s”.

La repetición acrítica de los falsos dogmas

Prácticamente todo lo que creemos saber sobre lo que es llevar una alimentación saludable carece de fundamento (ver). Las conversaciones sobre nutrición y obesidad de los ciudadanos de a pie a menudo no son otra cosa más que la repetición acrítica de tópicos tan ridículos como falsos. Ése es el fruto de años de malinformación procedente de l@s nutricionistas.

Nos están diciendo que los cereales integrales son “comida real” y repetimos ese mensaje como si la palabra de la/el expert@ valiese algo. Pero, ¿acaso hemos visto la evidencia científica que demuestra que es saludable consumir cereales como el trigo? (ver) Incluso estamos cometiendo el grave error de trasladar esos mensajes a nuestros hijos como si repetir sin más lo que l@s “expert@s” dicen fuera una educación válida o fuera bueno para su salud. No es ni una cosa ni otra y en realidad lo que estamos haciendo es poner la salud de nuestros hijos en riesgo. No hay razones para consumir harina y sí hay razones para desconfiar de un producto que bajo ningún punto de vista se puede considerar comida de humanos. No sabemos cuáles son los efectos reales que puede tener en la salud de nuestros hijos esa injustificada recomendación y deberíamos ser prudentes: la verdadera educación es enseñar a dudar de l@s “expert@s”, enseñarles a no aceptar ningún mensaje de salud que no venga acompañado de una justificación “científica”. “¿Consumir harina de cereales, por qué?“. Y no nos conformemos con la apariencia, rasquemos un poco en las explicaciones que recibimos porque en temas de nutrición la mayoría de las veces no son otra cosa que BS pagado por la industria alimentaria (ver).

La pirámide las harinas

Los hechos son que allá por 1976 unos “sabios” en EEUU se inventaron que la dieta del ser humano tenía que estar basada en la harina (fuente). Y automáticamente cualquier dieta que no estuviera basada en el consumo de harina de cereales se convirtió en “desbalanceada” (ver).

Increase carbohydrate consumption to account for 55 to 60 percent of the energy (caloric) intake.
Increase consumption of fruits and vegetables and whole grains.

Unas directrices que se ilustraron 15 años más tarde con la tristemente célebre pirámide de la harina (ver). Era la obra del Departamento de Agricultura de EEUU, que convirtió las recomendaciones dietarias en un instrumento para colocar su producción de harina de cereales.

Es decir, hace cuatro décadas se inició un experimento masivo no autorizado y no controlado con la población, que nos convirtió en mero ganado en manos de aprendices de brujo: se apostó nuestra salud a que consumir harina era saludable, sin más evidencia científica que no tener evidencia científica.

What are the risks associated with eating less meat, less fat, less saturated fat, less cholesterol, less sugar, less salt, and more fruits, vegetables, unsaturated fat and cereal products— especially whole grain cereals. There are none that can be identified and important benefits can be expected.

¿Basar la dieta de los seres humanos en la harina, un producto procesado que no es comida de humanos? ¿Cómo se atrevieron a hacer esas irresponsables recomendaciones sin tener evidencia científica sólida que respaldara esa propuesta? La explicación es que estos “genios” nos querían salvar de la carne, el colesterol y la grasa saturada. Y no podían esperar a saber si tenían razón en sus creencias, no podían esperar a saber si el remedio que proponían sería peor que no hacer nada: tenían que actuar ya “por nuestro bien”. Como decía, esto va más allá de lo intelectual: repugnan como personas.

Han pasado 40 años y sigue sin aparecer evidencia científica que aconseje incluir la harina de cereales en la dieta de los seres humanos. Pero la harina no está en la pirámide de las harinas por razones de salud, que no las hay, sino por razones económicas.

¿Y nadie dijo nada ante esos hechos? Sí que se dijo, pero poco importó. A ese respecto recomiendo leer este artículo de Jonathan Bailor: Is the Food Guide Pyramid and MyPlate Making Your Family Fat? Realmente interesante.

La modernidad que no lo es

Nada ha cambiado. Las nuevas generaciones de “expertos” en nutrición presumen de ser diferentes de sus predecesores, a los que llaman “dinosaurios” de la nutrición, pero nada ha cambiado pues siguen propagando mensajes que no tienen fundamento científico, como por ejemplo el que estoy comentando de que la harina integral es “comida real” (ver). ¿Cómo saben que no están dañando nuestra salud con ese consejo? ¿Cómo es posible que hagan esa recomendación sin tener esos datos? ¿Cómo se atreven a jugar así con nuestra salud?

Pero los “expertos” presumen de haberse modernizado. Ahora ya no nos dan las recomendaciones en forma de triángulo, lo que era muy lioso para nosotros, la estúpida población, sino en forma de círculo, sin aristas y por tanto mucho más fácil de entender por parte de nuestras simples mentes. Porque son muy inteligentes y saben que el problema no es que las recomendaciones carezcan de fundamento, sino que los ciudadanos de a pie no las entendíamos. Al parecer no nos habíamos enterado de que teníamos que consumir harina y todo esfuerzo es poco para trasladar ese mensaje de forma clara a la población.

¿Lo vemos claro en el círculo del “plato saludable”? La cuarta parte de nuestra dieta tienen que ser cereales integrales. Y la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué? ¿cuál es la evidencia científica de que es mejor consumir cereales que no consumirlos? Y, ¿cómo se atreven a hacer esa recomendación si no tienen esa evidencia científica? ¿Por qué sólo pedimos evidencia científica a los “médicos” homeópatas? ¿Acaso las fuentes oficiales están libres de tener que regirse por ese mismo rasero? ¿Asumimos como dogma la infalibilidad de l@s “expert@s”?

Entonces, ¿no se pueden hacer recomendaciones nutricionales?

Dado el nivelazo que tienen l@s “expert@s” en nutrición, se agradecería que dejaran de lanzar mensajes a la población, la verdad. Los ciudadanos tenemos derecho a la salud y ese derecho es incompatible con recomendaciones dietarias carentes de evidencia científica. Si no se respeta ese derecho, no somos otra cosa más que ganado.

¿Somos ganado o somos ciudadanos con derecho a la salud?

 

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Denunciemos a los verdaderos culpables

¿Por qué nos ha de importar cómo un niño se ve a sí mismo o cómo le ve su madre? Los autores del artículo citado por este señor nos explican la relevancia:

Nosotros planteamos que podría existir una distorsión de la imagen corporal inversa a los que ocurre en los trastornos de la conducta alimentaria. Postulando que la madre de niño con sobrepeso u obeso, podría ver a su hijo con una contextura menor de lo que es su índice de masa corporal (IMC) real, generando que no se preocupen adecuadamente de sus hábitos de ingesta, y en consecuencia perpetuándose el hecho que sus hijos mantengan un peso superior a lo normal para su talla y edad. (Fuente)

Estos señores no saben qué está causando la obesidad en los niños, pero a partir de un dato observacional conjeturan una cadena de causalidad que culpa a las madres de la obesidad de sus hijos ¡por falta de preocupación! (¡las madres!) Si se hubieran preocupado por la salud de sus hijos, habrían puesto en marcha las medidas que saben que tienen que tomar para prevenir la obesidad.

Lo que quiero resaltar con esta entrada es el hecho de que los “expertos” en obesidad no cuestionan sus recomendaciones. Se plantean cómo hacer llegar su mensaje a la población, cómo explicarlo para que lo asimilemos (porque al parecer somos cortitos y no entendemos las cosas) y cómo conseguir motivar a la gente para que actúe de forma responsable (porque evidentemente es nuestro comportamiento lo que nos hace obesos). Pero ¡nunca cuestionan su mensaje! Nunca se plantean si son ellos los que en realidad están generando el problema con recomendaciones erróneas (ver). Para ellos, el foco de atención está puesto exclusivamente en el obeso (sus hábitos, sus creencias, sus percepciones, sus motivaciones, etc.) y en el entorno en el que vive el obeso.

No caigamos en la trampa. Hagamos la pregunta que los “expertos” no hacen:

¿realmente la población está recibiendo información veraz sobre cómo tiene que comer para evitar la obesidad o qué tiene que hacer para perder peso una vez el problema ya se ha presentado?

No aceptemos que se dé por supuesto que el tratamiento/recomendación es correcto y que si no está funcionando es porque la gente no colabora aplicándolo, y centremos la atención en el tratamiento. Porque si las recomendaciones “oficiales” son erróneas, si el obeso no sabe en realidad cómo comer de forma saludable ni cómo corregir su problema de peso, si la culpa no es de la víctima, al culparla no sólo no se avanza en la resolución del problema sino que además se crea una presión social que está dañando la salud física y mental de esas personas (ver,ver,ver): es añadir daño al daño.

Es difícil impulsar medidas para paliar el problema si los afectados piensan que es algo que no va con ellos, por lo que un paso fundamental es enseñar a reconocer la enfermedad (fuente)

¿Nos damos cuenta de cómo los expertos no cuestionan sus creencias? Toda la atención centrada en el obeso: lo que piensan, lo que entienden, lo que hacen. Pero ellos y sus recomendaciones nunca están entre los “sospechosos habituales”.

Hablemos del tratamiento

¿Cuáles son las medidas que, según estos “expertos”, esas madres no han aplicado porque no se han dado cuenta de que sus hijos estaban engordando?

  • 5 comidas diarias
  • El desayuno es la comida más importante del día
  • La dieta debe estar basada en las harinas de cereales. En una dieta equilibrada el 50-60% de la energía proviene de los hidratos de carbono
  • Hay que adaptar la ingesta energética al gasto energético, o, en otras palabras, que puedes consumir todo aquello que te apetezca, mientras luego lo quemes
  • Debe controlarse el contenido calórico de los alimentos y en este sentido hay que tener en cuenta que las grasas aportan muchas más calorías por gramo que las proteínas o los carbohidratos
  • No hay alimentos buenos y malos, sino buenas o malas dietas. Todos los productos en su debida medida pueden formar parte de nuestra alimentación
  • Si se está subiendo de peso, hay que seguir con la misma dieta pero reducir un poco el tamaño de las raciones y aumentar la actividad física, haciendo todos días al menos media hora de ejercicio

¿La patética y estúpida pseudociencia del balance energético y la demencial pirámide nutricional de las harinas? ¿Son ésas las medidas saludables que esas madres no han aplicado? ¿Vemos el problema? ¡Culpabilizan a las madres de esos niños, cuando lo que esas madres creen saber sobre nutrición, lo que han aprendido de los “expertos”, es la receta perfecta para engordar!

Ves que tu hijo está cogiendo peso, aplicas lo que crees saber sobre lo que es una alimentación saludable (más pan, más pasta, más plancha, menos fritos, comiendo a todas horas productos sin grasa bajos en sal, raciones más pequeñas, que se apunte a un equipo deportivo, etc.), y como esas ideas son erróneas la salud del niño no sólo no mejora sino que cada vez está peor. Y te acostumbras a su nuevo peso, lo que según los “expertos” te delata como culpable de su obesidad. A mí no me parece que se pueda descartar “porque sí” que sea esto lo que está sucediendo.

Insisto en el mensaje principal de esta entrada: no aceptemos entrar en un debate viciado en el que las recomendaciones oficiales no son cuestionadas. Esas recomendaciones son con toda probabilidad la causa directa del problema de peso que tenemos. ¿De verdad el planteamiento es que los niños están gordos porque sus madres no se han preocupado de su alimentación al no percibir el sobrepeso? ¿En serio tienen la desvergüenza de acusar a las madres de dañar la salud de sus hijos, sin previamente haber cuestionado sus propias recomendaciones?

Dejemos en paz a las madres y hablemos de la incompetencia de los “expertos” en nutrición y del fundamento de las recomendaciones que esas madres han recibido. Hablemos de cómo la población ha sido engañada durante décadas por estos necios pretenciosos. ¿Quieren encontrar culpables? No hace falta que vayan muy lejos a buscar: ellos han causado este problema.

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