¿Confiar en los médicos? Nos están dando razones para no hacerlo

NOTA: creo que los problemas de la profesión médica que voy a criticar son indiscutibles y están muy extendidos. Pero criticar ciertos comportamientos no es criticar a todo el colectivo. No todos los médicos son iguales ni encarnan por igual los problemas que describo. 

Iatrogenia

Desde que me aficioné a leer sobre medicina y nutrición, me he dado cuenta de que los médicos están promoviendo tratamientos tan claramente carentes de fundamento, que no lo creeríamos de no ser una realidad:

  • Tratamiento que están dando a los diabéticos (ver),
  • medicar a la gente con estatinas (ver),
  • sus recomendaciones nutricionales (pirámide nutricional, grasa saturada, fibra, sal, etc.) (ver),
  • medicación “preventiva” a personas que no tienen ninguna patología, con medicamentos que nunca han demostrado un efecto beneficioso para el paciente (ver),
  • los fármacos psiquiátricos (ver),
  • el tratamiento para la obesidad basado en el estúpido y pseudocientífico “balance energético” (ver),
  • etc.

Estos tratamientos carentes de base científica son los tratamientos oficiales, es decir, los que están aplicando la mayoría de los médicos. Creo que es absurdo negar que exista un problema en cómo funciona el colectivo médico o tratar de argumentar que son casos aislados atribuibles a “ovejas negras”. La enfermedad que les aqueja es sistémica.

Están violando nuestra confianza

Por razones que se me escapan, parece que los médicos creen ser merecedores de nuestra confianza, hagan lo que hagan. Si les dices que la gente debe dejar de confiar ciegamente en ellos, se lo toman como una ofensa, pues lo interpretan como que se les niega algo que ellos merecen por el simple hecho de ser médicos. Poner en duda que merezcan nuestra confianza lo consideran “difamatorio” (ver). Para mí es totalmente equivalente a que el director de banco que te ha vendido preferentes con falsas promesas, se ofenda si dices que la gente debe dejar de confiar ciegamente en los banqueros. Hay razones para desconfiar de los unos y de los otros, les guste o no les guste, les moleste o no les moleste. Los médicos andan lejos de ser dioses: si quieren merecer la confianza de sus pacientes, deben ganársela, como todo hijo de vecino.

No se les puede criticar. O a lo mejor se puede y se debe

La comunidad médica trata de protegerse del escrutinio público argumentando que la crítica es esencialmente perjudicial: la desconfianza en los médicos sería un desastre para la población, pues su labor “salva vidas”.

No estoy diciendo que la gente no vaya al médico. Yo iré cuando lo necesite. Y sé que van a diagnosticar mejor que yo el problema que tenga, porque yo no tengo ni idea de medicina. Y si me tienen que operar, el cirujano sabrá mejor que yo lo que tiene que hacer. Pero la realidad es que, cuando me den un tratamiento, no voy a confiar a ciegas que es el mejor tratamiento posible y no voy a confiar en que si me lo recetan “por algo será”. Mi confianza, en ese aspecto, la han perdido. Si no tengo más opción, seguiré su consejo, pero sin la creencia en que, por su origen, necesariamente sea la mejor opción para mi caso. Si me es posible, trataré de averiguar cuál es la efectividad real de ese tratamiento y cuáles son sus peligros.

¿Por qué el ejercicio de la medicina ha derivado hasta el statu quo actual?

En mi opinión, y por supuesto puedo equivocarme, el problema es una sinergia de factores:

  • La arrogancia inherente a una profesión en la que la humildad es percibida como debilidad o falta de capacidad profesional:

Humility is the medical virtue most difficult to understand and practice. This is especially true in contemporary medicine, which has developed a culture more characterized by arrogance and entitlement than by self-effacement and moderation. In such a culture, humility suggests weakness, indecisiveness, or even deception, as in false modesty. (fuente)

  • Una estructura de toma de decisiones jerarquizada, los famosos “consensos”, en la que es suficiente con corromper la cúpula para causar el daño en todo el sistema.
  • O en el mismo sentido que el punto anterior, los médicos desconocen la evidencia científica que respalda el fármaco que recetan y se limitan a depositar su confianza en las revisiones temáticas creadas por “sociedades científicas” que casi siempre tienen relaciones económicas con la industria:

Por desgracia, las mal llamadas “sociedades científicas” tienen mucho peso y creo que están contribuyendo a hacer que la llegada del conocimiento científico desde las publicaciones y estudios a los clínicos y profesionales que trabajan con pacientes se retrase muchos años. Álvaro Campillo

  • La carencia de espíritu científico:

Medical science is an oxymoron […] Medical research tends to be very authoritative. In the field in I’ve grown up, in physics, you question everything. But in medicine there are authoritative figures whose word is considered sort of law. They are gods. Whatever they say must be believed. Is there is evidence to the contrary, ignore the evidence. Gary Taubes

  • Una formación académica que fomenta la memorización de datos, no el análisis crítico de los mismos:

During my studies at the Massachusetts Institute of Technology, I was taught to think. Our tests were open book and anything that could be found in a reference book was never asked of us. My intense and valuable medical training was drastically different, as it required the memorization of immense amounts of information. While appropriate, this often led to me blindly following what was taught to me without question. Part of this training taught my colleagues to avoid asking questions and focus on regurgitating the information instead.

Sometimes physicians, patients, and even scientits forget to ask questions and challenge what they are taught or what they may already know. Such events lead to the perpetuation of information that is often incorrect. Colin E. Champ

  • Síndrome de la torre de marfil (ver): la casta médica se cree por encima del bien y del mal. Se creen llamados y autorizados a hacer lo que les venga en gana y porque les viene en gana, sin rendir cuentas a la población que va a sufrir sus decisiones. Los pacientes no existimos y nuestras opiniones no merecen ninguna atención: los asuntos médicos los deciden los médicos en su torre de marfil.
  • Parecido a lo anterior, a menudo se ejerce la medicina según una concepción paternalista en la que el médico decide por el paciente qué es lo que le conviene al paciente, en lugar de informarle de las opciones y en última instancia ayudarle a tomar una decisión informada. Con la excusa del paternalismo bienintencionado, que busca el bien del paciente desde el conocimiento y la experiencia, la realidad es que se está medicando a pacientes que nunca aceptarían el tratamiento de haber sido informados correctamente sobre los efectos reales del mismo y sobre las posibles alternativas.
  • Existe un grave problema de connivencia de la comunidad médica con la industria farmacéutica, hasta el punto de que parece que algunos médicos creen que ejercer la medicina es recetar fármacos. No creo que sea casualidad que los grandes abusos que sufrimos los ciudadanos en estos momentos perpetrados por los médicos (colesterol, diabetes, fármacos psiquiátricos), tengan en común una desproporcionada prescripción de fármacos, dando cuantiosos beneficios a la industria, pero con un más que cuestionable beneficio para los pacientes.
  • La existencia de estudios científicos financiados de forma abierta o encubierta por la industria. Estos estudios de forma consistente ofrecen conclusiones favorables a la fuente de financiación (ver,ver).

54 of the 55 meta-analyses with industry authors expressed no caveats about the antidepressants, whereas half of those without industry involvement expressed caveats and negative statements in their abstracts.

¿Tienen culpa los soldados de que haya guerras?

Creo que es estéril centrar la atención en qué médicos son los más culpables de que esto esté sucediendo. No todos los médicos son iguales, no todos tienen la misma capacidad de cambiar las cosas, no todos son conscientes que están actuando de forma irresponsable e incompetente. Quizá el médico de a pie, el médico de cabecera que te receta una crema para las hemorroides sin haber consultado nunca la efectividad de esa crema, tenga poca culpa. Me parece irrelevante, porque planteemos como planteemos el reparto de culpas, lo que no veo es que haya razones para confiar sin más en su consejo.

Cuidado con los médicos “buenos”

Hay algunos médicos que alternan un discurso crítico con concesiones al pensamiento grupal, como por ejemplo Aseem Malhotra (ver):

The published literature states an unequivocal mortality benefit for secondary prevention – patients with established heart disease (absolute risk reduction (ARR) 1.2 %, NNT 83) over 5 years

¿Está diciendo en serio que tratar a 83 personas durante 5 años para retrasar la muerte de 1 de ellos más allá de esos 5 años, en lugar de morir antes de ese periodo, es un “beneficio inequívoco”? ¿Y este médico es de los “buenos”?

La misma historia la vemos en Fiona Godlee, en un enfrentamiento entre el BMJ y The Lancet, que parece tan real como un combate de lucha libre americana. ¿BMJ buenos y Lancet malos? Si confiamos en que el debate entre médicos es la vía para resolver los problemas de la medicina (ver), es que seguimos sin entender su naturaleza. Los síntomas no van a mejorar mientras no se actúe sobre la causa raíz del problema y sigamos pensando que, desde su torre de marfil, los médicos van a actuar buscando el beneficio para los pacientes. Ése es el modelo actual, y no funciona.

Leer más: