Carbohidratos y cáncer

Las células cancerosas tienen un “defecto” interesante: prácticamente solo pueden emplear glucosa como alimento. El resto de células de nuestro organismo pueden emplear los ácidos grasos y los cuerpos cetónicos, pero las células cancerosas no. Ese hecho es conocido desde principios del siglo pasado, cuando lo descubrió el Doctor Otto Warburg, galardonado con un premio Nobel. La querencia de las células malignas por la glucosa es tal, que un mecanismo habitual de localización del tumor es inyectar al paciente un análogo de la glucosa, la FDG, y mediante un escáner PET observar dónde se concentra esa sustancia. Allí donde se detecta una elevada concentración está el tumor.

¿Estoy diciendo que si eliminamos los carbohidratos de la dieta, matamos a las células cancerosas de hambre? En pocas palabras, eso es lo que piensan algunos expertos. Por ejemplo, recientemente Rainer J. Klement publicó un artículo en la revista Biología y Medicina del Cáncer, en el que dice que “la restricción de carbohidratos es una vía no-tóxica para reducir el suministro de glucosa sanguínea a las células cancerosas y aumentar el uso de ácidos grasos y cuerpos cetónicos en las células normales“. Ese artículo es realmente interesante, pues analiza múltiples posibles efectos de la restricción de carbohidratos en pacientes con cáncer.

En este vídeo, un renombrado experto en cáncer, Lewis C. Cantley, cuando es preguntado si cree que el consumo de azúcar causa cáncer contesta (minuto 26 en adelante): “sí, creo que consumir demasiado azúcar definitivamente puede incrementar el riesgo de cáncer y también empeorar el estado de los que ya tienen cáncer“. Luego explica que en algunos cánceres las células cancerosas tienen receptores de insulina, que al ser expresados se emplean para captar la glucosa y usarla como combustible para crecer. Este experto asegura que “evita el azúcar siempre que puede“.

Las referencias anteriores son de médicos/investigadores expertos en cáncer. ¿Algún testimonio de personas que hayan experimentado esta idea? El siguiente vídeo está en inglés (transcrito aquí), pero es realmente interesante pues escuchamos el testimonio de dos personas con cáncer que siguen una dieta LCHF. También podemos escuchar al Dr. Dominic D’Agostino relatar el efecto de estas dietas en una docena de pacientes.

Finalmente, Alix Hayden es una mujer que fue diagnosticada de cáncer en el cerebro en agosto de 2012. Por ahora, según relata ella misma en su blog, trata de matar de hambre al cáncer con una dieta LCHF.  En el último año y medio, el tiempo que lleva con la dieta LCHF, el tumor no ha crecido ni ha cambiado.

Nota final: cuando leo algo sobre “cáncer”, soy el primer escéptico. Creo que hay que ser siempre muy prudente. En este caso, dado que nuestro cuerpo no necesita carbohidratos para nada y que las dietas LCHF son saludables, entiendo que lo prudente es reducir al mínimo los carbohidratos. Por precaución. No es un consejo para nadie, solo una reflexión personal sobre lo que yo considero prudente en mi alimentación. No veo razón para consumir alimentos basura como el trigo o el azúcar, y sí riesgos importantes.

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23 thoughts on “Carbohidratos y cáncer

  1. Esperemos no tener que lidiar con cáncer alguno… Llegado el caso, parece que los cánceres dependientes de la glucosa suponen un 60% del total, luego habría que saber cuál es el que nos haya tocado. Además de una mayor restricción de carbohidratos, yo seguramente intentaría el ayuno periquimioterapia, como ya he comentado.

    Por cierto, por cuestiones estructurales hay quien propone estudiar limitar los ácidos grasos en caso de cáncer. Habría que ver si una dieta básicamente compuesta por proteínas y ácidos grasos de cadena media (estos deberían ir al hígado y convertirse en cuerpos cetónicos), sería más efectiva en cuanto a contención.

    ¡Un abrazo!

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  2. Si alguien tiene interés en el tema, la charla que he enlazado en otro comentario del Dr. Thompson, este vídeo de Thomas Seyfried y este otro de Dominic D’Agostino son muy interesantes. Y todos van en la misma línea de aprovechar el hecho de que las mitocondrias de las células cancerosas están prácticamente inservibles y eso les dificulta usar otra fuente de energía que no sea la fermentación de la glucosa. Thompson piensa en fármacos, mientras que D’Agostino plantea combinar la dieta cetogénica con otras terapias no tóxicas como variar la presión de oxígeno.

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  3. Hola Vicente:

    Ahí seguimos. El peso sigue bajando y el azúcar sigue controlada. Y lo que he comentado en otras ocasiones: tal y como si los carbohidratos fueran algo adictivo, no los echo de menos en absoluto.

    Tu artículo, por otro lado, me suscita la duda de si habrá investigaciones y/o estadísticas sobre la incidencia del cáncer en personas diabéticas, puesto que, en principio debe ser sangre bastante sosa…

    Un saludo.

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    • ¡Me alegro! (ya lo sabes)

      Al parecer sí hay una mayor incidencia de cáncer en diabéticos (ver o ver). ¿Puede ser explicado eso por los niveles crónicamente elevados de glucosa e insulina? Pues puede ser. Quizá por eso el uso de metformina parece estar relacionado con un menor riesgo de cáncer (ver) y quizá por eso algún estudio observacional encuentra relación entre niveles elevados de glucosa en sangre y prevalencia de cáncer (ver).

      Si la relación diabetes-cáncer se debiese a los elevados niveles de glucosa e insulina, sería una razón más para tener ambas en límites normales.

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      • Hola Andrés,
        gracias por los enlaces. No creo que sean los mismos porque yo miraba glucosa, no insulina. Niveles elevados de insulina e IGF1 parecen tener su propio papel en el cáncer, al margen del presumible aumento asociado en el nivel de glucosa (ver).

        Los datos de mortalidad frente a HbA1c son bastante ilustrativos.

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  4. Mirándolo por el lado positivo, las personas que, se supone, domamos los azucarillos en el torrente sanguineo y conseguimos que nuestras arterias no sean confiterías, estamos de enhorabuena al hacerle la puñeta a la célula loca. En otras palabras, cuando, como en mi caso, controlo el azúcar,- estoy hablando de niveles sensiblemente bajos (< 90) – , dismimuirá el hipotético riesgo. Efectivamente, una razón más.

    Gracias a ambos.
    Un abrazo

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  5. Eugene Fine, doctor en medicina, es autor de un experimento científico en el que participaron diez personas con cáncer. Este científico destaca en este vídeo que la cetosis (elevada concentración de cuerpos cetónicos), posiblemente por reducir los niveles de insulina, puede ser la clave para conseguir que la dieta tenga efecto sobre el cáncer. Eso es lo que se ve en la figura 2A del referido artículo: los participantes en los que el cáncer no progresó (en azul) tenían niveles de cuerpos cetónicos claramente más elevados que aquellos en los que el cáncer sí progresó (en rojo):

    En la figura 2B se muestra que para conseguir esos niveles de cuerpos cetónicos la insulina en sangre tenía que ser muy baja. La conclusión que saco es la misma que la expuesta en la entrada del blog: evitar obesidad y exceso de carbohidratos en la dieta.

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  6. Para averiguarlo, sometieron a una muestra de ratones a una alimentación muy abundante en grasas -un 15% más del consumo normal o lo que se conoce como ‘dieta de cafetería’-, tras lo que inocularon a cada animal un tipo de cáncer oral. Por los datos previos, los investigadores sabían que en condiciones de dieta habituales, el 30% de los animales desarrollaría metástasis. Sin embargo, vieron que con la dieta rica en grasas hasta el 80% de los ratones tenían metástasis y éstas eran de mayor tamaño. (Fuente)

    Dieta de cafetería: un 15% más de grasa de lo normal.

    La grasa principal de la dieta “rica en grasas” es monoinsaturada y la cuarta parte en peso (quinta parte en calorías) de su composición es azúcar/glucosa(maltodextrina). Esta dieta no está formada por alimentos, sino por productos químicos purificados.

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