Azúcar e hígado graso

Impact of liver fat on the differential partitioning of hepatic triacylglycerol into VLDL subclasses on high and low sugar diets

Estudio en humanos de 12 semanas de duración. Experimento de tipo cruzado (crossover) y aleatorizado. Se comparan los efectos de dos dietas isoenergéticas con la misma composición en términos de macronutrientes pero que se diferencian en el contenido en azúcar (26% frente a 6% de las calorías):

The two diets were iso-energetic and contained the same macronutrient composition […] There was no difference in reported energy intake between diets, or differences in energy intake, macronutrients or alcohol between NAFLD and controls on either diets

En la tabla podemos ver el diferente efecto de las dos dietas en el contenido en grasa del hígado y en la grasa corporal. Se muestran los resultados por separado según si los participantes tienen hígado graso no alcohólico (NAFLD) o tienen un hígado sano:

Sin comentarios.

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Mr. Muffin

¿Nos suena el famoso “estudio del muffin“, que según algunas “hespertas en nutrición” demuestra lo malas que son las grasas de origen animal?

Overfeeding polyunsaturated and saturated fat causes distinct effects on liver and visceral fat accumulation in humans

Éste es el impactante aumento en el porcentaje de grasa del hígado: ¡un 0.56% en siete semanas! Dos días más de experimento y los participantes caen muertos.

Aceptemos pulpo como animal de compañía. ¿De qué animal era la grasa saturada con la que sobrealimentaron a los participantes? Era el animal de la foto:

No sé cómo consiguieron que se estuviera quieto para la foto, pero desde luego tiene mérito. Hay premios para gente tan habilidosa.

Esta tomadura de pelo es mucho más significativa de lo que parece: por un lado porque para atacar a los productos de procedencia animal lo que se emplea es basura basada en harinas y azúcar. ¡Pero la hesperta nos dice que la culpa es de la grasa saturada que han añadido al producto! Y, sobre todo, lo que me parece muy relevante es que en un experimento en el que lo que supuestamente buscan es engordar a la gente, no les hagan comer el producto que luego se ataca, que es la carne con su grasa. Seguro que podían fabricar un producto basura de origen vegetal con el mismo reparto de macronutrientes y realizar la comparación… pero a buen seguro el resultado no les habría gustado.

¿Por qué no explican por qué para engordar a los participantes han escogido un producto industrial basado en una combinación explosiva de un 51% de grasa y un 44% de carbohidratos (azúcar y harina, supongo)?

¿Por qué ha sido ése el producto escogido para engordar a los participantes? Si es que en el fondo estoy de acuerdo con ellos: eso es lo que hay que comer para engordar, basura basada en azúcar y harinas, con grasa añadida, del tipo que sea. Y los investigadores de este estudio tienen muy claro cómo engorda la gente.

Otro problema con este tipo de estudios es que fuerzan una situación extrema (en este caso consumo de bombas de azúcar, grasa y harina a diario añadidas al consumo normal de comida) pero por arte de birlibirloque el resultado se extrapola al consumo de una cantidad normal de otro producto (en este caso carne).

Me ha venido a la mente este estudio porque al parecer ha habido una segunda parte en la que los intrépidos investigadores vuelven a la carga con sus madalenas de la muerte:

All individuals ate high-caloric muffins that contained either refined palm oil [which is high in the major SFA palmitic acid (16:0); n = 17 individuals] or refined sunflower oil [which is high in the major PUFA linoleic acid (18:2 n–6); n = 14 individuals] for 7 wk. Muffins were added to the habitual diet, and the amount was individually adjusted to achieve a 3% weight gain. The composition of the muffins provided 51% of energy from fat, 5% of energy from protein, and 44% of energy from carbohydrates (fuente)

¿Cómo demostrar que la grasa de la carne es mala para la salud? Con 750 kcal diarias “extra” en forma de madalenas. Hace falta tener los co..nes bien gordos para atribuir el resultado de este experimento a la grasa de la carne. Pero, ya sabes, según las “hespertas en nutrición” la grasa animal es mala y los aceites buenos para la salud son los que provienen de disolver semillas con hexano. Y recuerda: el aceite de coco es vegetal ¡pero con propiedades de grasa animal!

Un ejemplo de cómo el resultado es atribuido en exclusiva a la grasa saturada, sin mencionar que se estaba dando de comer basura “vegetal” a los participantes, ¡no carne!: “Abdominal fat accumulation prevented by unsaturated fat“.

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La paradoja australiana y el nivel académico australiano

El artículo de la revista Nutrients del que voy a hablar en esta entrada es de 2011 y se titula: “The Australian Paradox: A Substantial Decline in Sugars Intake over the Same Timeframe that Overweight and Obesity Have Increased“. En este artículo los autores plantean que el hecho de que en Australia el consumo de azúcares se haya reducido al mismo tiempo que la obesidad ha seguido aumentando, es la “paradoja Australiana” y para ellos eso sugiere que reducir el consumo de azúcares no va a reducir la prevalencia de la obesidad:

a substantial decline in refined sugars intake over the same timeframe that obesity has increased. The implication is that efforts to reduce sugar intake may reduce consumption but may not reduce the prevalence of obesity

Es desesperante comprobar el bajísimo nivel de las publicaciones científicas en la campo de la nutrición. Basta una mínima formación en matemáticas y un par de neuronas funcionales (¡no hace falta ser Einstein!) para entender lo estúpido del argumento. No me entretengo explicando que no hay ninguna paradoja, sino estúpidos razonamientos, pues creo que está perfectamente cubierto en dos de las entradas del blog (ver,ver).

El editor invitado… ¡sorpresa, es la coautora del artículo!

Rory Robertson, economista de profesión, fue la persona que, ante las sorprendentes conclusiones de los autores del artículo, se dedicó a revisar los datos del mismo. Una de las cosas que detectó (ver) es que este artículo se publicó en una edición especial de la revista dedicada a los carbohidratos (ver), en la que el editor invitado (“guest editor”) de la revista era, nada más y nada menos, que una de las autoras del artículo en cuestión. Mes y medio después de haber sido recibido el artículo ya había sido aceptado.

La revista presume de una rigurosa revisión por pares y de criterios éticos estrictos. Por supuesto, no van a presumir de que su revista es un cachondeo en el que los editores son los propios autores:

Nutrients is a member of the Committee on Publication Ethics (COPE). MDPI takes the responsibility to enforce a rigorous peer-review together with strict ethical policies and standards to ensure to add high quality scientific works to the field of scholarly publication.

Datos falsos

Rory Robertson analizó las fuentes empleadas en el artículo y descubrió que la gráfica en la que se basaba la falsa “paradoja” se estaban representando datos inventados, pues la entidad de origen de los mismos no los había calculado:

La referencia [25] con la que justifican la gráfica es de la FAO, y la FAO simplemente se hacía eco de los datos de la Australian Bureau of Statistics (ABS), los cuales dejaron de actualizar sus datos estadísticos en 1999 (ver):

Robertson señala (ver) que casi todas las fuentes de datos incluidas en el artículo indican que el consumo de azúcares había aumentado en el periodo examinado por los autores del artículo, pero los autores del mismo  —ésa sí es una buena paradoja— basaron sus conclusiones en la fuente con datos falsos, que, “casualmente”, es la única que sugería un descenso en el consumo:

In fact, four of the authors’ five separate indicators of consumption trend up not down in their own published charts (Figures 1-4, below), while their preferred measure is based on a data series that was discontinued as unreliable by the ABS after 1998-99 and then falsified over the 2000s (Rory Robertson)

Las otras gráficas del artículo no sugieren un descenso en el consumo de azúcares en el periodo de interés (nótese que los años considerados en la gráfica no siempre cubren todo el periodo 1980-2010):

No pretendo resumir en esta entrada todo el análisis de Rory Robertson: por ejemplo en este documento hay una ilustrativa lista de preguntas que realizó a los autores del artículo y que, según dice, fue eliminada de la página web en la que hizo las preguntas.

¿Incompetencia o mala fe?

Defender el azúcar con argumentos claramente estúpidos y haciéndolo además con datos falsos hace pensar mal. A la vista de los hechos, lo lógico es buscar qué interés económico pueden tener los autores o su universidad en promocionar el consumo de azúcar. Y existe ese interés, no sólo por los millones de libros que los autores han vendido (ver), sino en la forma de una fundación que cobra por recomendar productos alimentarios con su sello:

Why is the University of Sydney seeking to exonerate sugar as a menace to public health – contradicting the National Health and Medical Research Council’s (NHMRC) formal dietary advice – while operating its Glycemic Index business that exists in part to charge food/drink companies up to $6000 per product to stamp particular brands of sugar and sugary products as Healthy? (Rory Robertson)

La Universidad de Sídney participa en la Glycaemic Index Foundation, una organización que cobra por poner su sello de bajo “Índice Glucémico” en productos bien cargados de azúcar, como por ejemplo este producto:

46 g de azúcar por cada 100 g de producto. O en otras palabras, después de poner el azúcar todavía tienen la mitad del envase para llenarlo con otras cosas. Un sello de calidad se queda corto: habría que darles veinte, porque es un producto bajo en sodio y grasa saturada (ver). Ironía, por supuesto.

Logicane, azúcar de caña con 99 g de azúcar por 100 g de producto también tiene el sello de bajo índice glucémico (se ve en el envase, en la mitad inferior a la derecha). El índice glucémico del azúcar blanco es de 59, el de este producto es 54, una reducción digna de otros veinte sellos (¡porque seguro que es bajo en grasa saturada!).

La insistencia de Robertson

Rory Robertson ha sido muy insistente en su denuncia. Hasta ha llegado a comprometerse a pagar $40,000 si alguien demuestra que se está equivocando (ver). Contactó con la revista en la que se publicó el artículo (ver), contactó con la Universidad de Sídney (ver), y consiguió que se abriera una investigación (ver), que terminó dándole la razón en el fondo del asunto al tiempo que exoneraba a los autores del artículo del cargo de conducta inapropiada (ver):

Clark found that the allegations of sugar’s decline in consumption were unsubstantiated […] Clark found that the data showing that Australian sugar consumption had declined over the past three decades was discontinued by the ABS in 1999

This new paper should be written in a constructive manner that respects issues relating to data raised in the Australian Paradox paper by the complainant

La Universidad de Sídney ha amenazado recientemente a Robertson con prohibirle la entrada en sus terrenos, acusándole de modos agresivos e intimidatorios (ver). Al parecer uno de los autores del artículo está muy estresado por las críticas de Robertson y la Universidad de Sídney interpreta que tiene que defender a su plantilla de esas “amenazas” (es textual, ver pág 7). Robertson ha contestado solicitando que se hagan públicos los vídeos de las conferencias de marzo del 2016 en las que presuntamente su comportamiento fue intolerable. Según el vicerrector Spence, esos vídeos no existen (ver):

so far as I have been able to gather, there is no video

En este vídeo (minuto 15:30) se puede ver a Rory Robertson en las instalaciones de la Universidad de Sídney haciendo un comentario en la parte de preguntas y respuestas de una charla, con absoluta corrección.

¿Ha hecho algo mal Robertson? No, que yo haya visto. Parece una persona en sus cabales y ser perseverante en una crítica perfectamente razonada y ante unos datos falsos que no han sido corregidos sólo es un problema para quien ha usado datos falsos y no está dispuesto a reconocerlo y retractar el artículo.

¿Se ha reducido en Australia el consumo de azúcar desde 1980 hasta ahora?

La pregunta responde sólo a la curiosidad, pues no tiene mucho que ver con la historia de Robertson, ya que los estúpidos argumentos y los datos falsos del artículo de 2011 van a seguir siendo igual de estúpidos y falsos, aunque otras fuentes confirmaran años después que esa reducción del consumo sí se ha producido. Robertson tiene razón en su crítica si los datos empleados en el artículo de 2011 son falsos, y nada pueden aportar sobre la falsedad de esos datos los datos de consumo de azúcar publicados antes o después en otros artículos.

En este otro artículo (de 2015) se presentan datos procedentes del Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics and Sciences (ABARES). En la gráfica resalto en rojo los datos desde 1980 en adelante:

¿Descenso en el consumo? Yo no lo veo.

También presentan datos “extendidos” de la serie ABS, la que dejó de actualizarse en 1999. Al margen de que no tengo clara la procedencia de esos datos “extendidos”, yo miro la gráfica que dan en el artículo, y a mí no me parece que en las últimas décadas (desde 1980 hasta 2011) haya una tendencia a la reducción en el consumo de azúcar. El consumo se mantuvo estable desde 1950 hasta 1975 y se ha mantenido (o incluso aumentado) desde 1985 hasta 2011. Estos datos no respaldan la idea de que entre 1980 y 2010 el consumo de azúcar ha bajado “sustancialmente”:

Notas finales

Otra reflexión relevante es por qué la ABS dejó de tratar de calcular la disponibilidad de azúcar en Australia. Y la causa puede ser la imposibilidad de contabilizar la creciente presencia de todo tipo de productos importados azucarados (ver). Es decir, cabe esperar que esos datos, de haber existido y de estar bien calculados, mostrasen un crecimiento antes que un decrecimiento.

Para acabar, insisto nuevamente en que la idea de que es una paradoja que la obesidad siga creciendo al tiempo que el consumo de azúcar se reduce, es un razonamiento profundamente estúpido ilustrativo del bajísimo nivel intelectual que hay en el campo de la nutrición y la obesidad. Ya no es sólo que alguien proponga que eso es una paradoja, ¡es que se publica en revistas supuestamente revisadas por pares!

NOTA: en 2017 los mismos autores han publicado un nuevo artículo insistiendo en los mismos falsos argumentos (pues interpretan como paradoja lo que, de ser cierto, no lo sería) y, aparentemente, haciendo referencia a los mismos falsos datos de la FAO y la ABS (ver,ver).

I am writing to express my shock and dismay that University of Sydney management actively helped to place fake data on the formal scientific record, via the publication – in March 2017 – of Professor Brand-Miller’s new Australian Paradox paper, in the American Journal of Clinical Nutrition

NOTA: una de las autoras del artículo nos cuenta que el problema no es lo que comemos, sino lo que no quemamos haciendo ejercicio (ver). Es decir, pseudociencia del balance energético, y a seguir poniendo sellos de bajo índice glucémico en paquetes de azúcar. ¡Qué mundo!

It’s not the energy we consume, it’s the energy we don’t expend that is the problem, but we’re just at levels that I call pathologically low levels of expenditure

Leer más:

Peso corporal y bebidas edulcoradas con azúcares

¿Nos engordan las bebidas azucaradas? En general su consumo está asociado a mayor peso corporal (ver) y ya vimos en otra entrada que, a nivel de población, en USA existe cierta relación estadística entre el consumo de bebidas azucaradas y el porcentaje de adultos obesos:

Aunque lo parezca, la curva azul no es un ajuste a los datos representados con estrellas. Las estrellas representan el porcentaje de adultos obesos, mientras que la curva azul es el consumo histórico acumulado de bebidas azucaradas.

¿Único o principal culpable? Pregunta falaz, pues lo que nos importa es si el consumo de bebidas azucaradas es un contribuyente importante al problema de exceso de peso, no si es el único contribuyente ni si es el principal. Responder a una pregunta tramposa para poder aparentar que se tiene razón es llamado “falacia de mover los palos” o del “blanco móvil” (ver).

Sugar Sweetened Beverages and Weight Gain over 4 Years in a Thai National Cohort – A Prospective Analysis

Datos de seguimiento de 60,000 personas durante 4 años.

El gráfico es interesantísimo, aunque en un primer momento parezca complicado de interpretar. Lo explico enseguida.

Nos están dando la ganancia de peso de los participantes entre 2005 y 2009 en relación con su consumo de bebidas azucaradas al inicio y al final de dicho periodo. Los datos están agrupados por el nivel de consumo de esas bebidas al comienzo del estudio (2005). Por ejemplo, he resaltado en azul los datos de los que menos consumían esas bebidas, en rojo los que más, y los otros tres grupos son valores intermedios entre ambos grupos extremos.

Dentro de cada grupo (por ejemplo el remarcado en azul), nos dan datos de ganancia de peso según su consumo de bebidas azucaradas al final del seguimiento: menor consumo a la izquierda, mayor consumo a la derecha. En todos los grupos, se ganó más peso corporal si fue mayor el consumo de esos productos. Nótese que los que redujeron su consumo respecto del inicio del seguimiento, indicados con círculos blancos, no engordaron tanto como los que mantuvieron o aumentaron sus niveles de consumo. Y eso sucedió en los cinco grupos. De los que inicialmente más consumían (grupo resaltado en rojo), aquellos que redujeron en mayor medida su consumo (círculo blanco en parte inferior), tuvieron un incremento de peso corporal de los más bajos de todo el estudio.

Sugar-Sweetened Beverages and Weight Gain in 2- to 5-Year-Old Children

Datos de seguimiento de 9600 niños entre 2 y 5 años.

En la gráfica vemos el índice de masa corporal (agrupado por edades) en función del nivel de consumo de bebidas azucaradas. A mayor consumo de esas bebidas, mayor Índice de Masa Corporal.

increasing quantity of SSB consumption (in 8-ounce increments) was associated with higher BMI z scores at 4 and 5 years

aumentar el consumo de las bebidas azucaradas […] estuvo asociado con un mayor IMC-z a los 4 y 5 años

En la siguiente gráfica vemos la evolución del Índice de Masa Corporal en función del consumo de bebidas azucaradas: en rojo los que consumían una ración diaria o más, en gris los que consumían menos de una ración diaria:

A Longitudinal Analysis of Sugar-Sweetened Beverage Intake in Infancy and Obesity at 6 Years

Seguimiento del consumo de bebidas azucaradas en 1189 niños de hasta 6 años de edad.

En la tabla: cociente de riesgo de obesidad en función de la edad a la que empiezan a consumir esos productos y en función de su consumo medio:

Cuanto antes empezaron a consumir bebidas azucaradas, mayor obesidad hubo.

Cuanto mayor era el consumo de bebidas azucaradas, mayor obesidad hubo.

Sólo son relaciones estadísticas, no una demostración de causa-efecto, pero los productos alimentarios creados por el ser humano no tienen derecho a presunción de inocencia. ¿Consumo moderado? No te dejes engañar: lo “normal” es beber agua y comer comida. Las bebidas azucaradas no pertenecen a la dieta del ser humano.

NOTA: no responsabilicemos a la industria alimentaria por poner a la venta esos productos, sino a los “expertos” en nutrición por decirnos que se pueden consumir con moderación. La industria alimentaria pone a la venta lo que la gente quiere comprar: es la malinformación procedente de los “expertos” lo que nos hace daño, no la tentación que suponen esos productos. No hay razones reales para pensar que puede ser saludable consumir comida basura “si luego se quema”.

NOTA: es “posible” que el consumo de bebidas azucaradas sólo sea un marcador de seguir hábitos de vida poco saludables (ver), como consumir pizza u otros productos basados en harinas. Puede ser, pero hay mecanismos fisiológicos que explicarían una relación causa-efecto. Mi creencia es que sí son engordantes y que el consumo saludable es cero.

Leer más:

Si el azúcar es engordante o dañino para la salud, ¿por qué la evidencia científica en su contra es tan débil?

No hay pruebas concluyentes de que el azúcar sea engordante

Es cierto, pero es una falacia: no se pueden conseguir esas pruebas.

Un norteamericano gana en término medio 2-3 g diarios de peso corporal (artículo) por lo que al cabo de un año estamos hablando de 0.5-1 kg de aumento de peso. ¿Cuál sería la duración mínima de un experimento que comprobase que ese aumento de peso se produce en una dieta con azúcar, pero no en una sin azúcar? ¿Cuántos participantes garantizarían un resultado fiable, estadísticamente significativo? Habría que internar a los participantes durante todo ese tiempo, proporcionándoles además la comida, para garantizar que siguen la dieta que se les asigna. Y si el daño es progresivo, quizá ni siquiera existirá un efecto detectable los primeros años de seguir la dieta. Estaríamos hablando no de años, sino de décadas. Un experimento científico en condiciones reales (dietas reales, sin usar cantidades desorbitadas de azúcar), con suficiente número y variedad de participantes y de suficiente duración (décadas) está muy próximo a ser irrealizable desde el punto de vista económico y humano. Y si consideramos aspectos éticos, la cosa se complica aún más, pues difícilmente se puede justificar someter a seres humanos al consumo de 365 kg de azúcar (suponiendo 100 g diarios durante 10 años), una sustancia cuyos efectos sobre la salud están bajo sospecha.

¿Cuáles son las alternativas? Experimentos con animales, experimentos a muy corto plazo, experimentos en los que no se controla la dieta, experimentos en los que se usan cantidades muy por encima del consumo normal, datos observacionales. Ninguno de esos experimentos va a proporcionar NUNCA pruebas irrefutables, ni relativas al azúcar ni para ninguna otra sustancia cuyos —supuestos— efectos se manifiestan a tan largo plazo. ¿Qué nos engorda? Posiblemente ningún experimento científico va a dar nunca una respuesta definitiva a esa pregunta.

Por otro lado, sería peligrosísimo realizar un experimento a largo plazo como el que estoy comentando, porque ese experimento mal hecho, de realizarse y realizarse mal, por estar en las manos equivocadas, por un mal diseño o por intentar comprobar una hipótesis equivocada, sería aún peor que seguir sin hacer el experimento. No sería disparar al aire la única bala que tenemos para defendernos del oso, sería usar esa bala para dispararnos en el corazón.

¿Las pruebas de que el azúcar es engordante son débiles? Es cierto. ¿Qué pruebas tienen los que consumen azúcar de que no están dañando su salud a largo plazo? ¿Quién está poniendo su salud en riesgo sin pruebas, el que consume o el que no consume azúcar?

El estudio de los mecanismos fisiológicos por los que engordamos

No hay pruebas de que azúcar y harinas de cereales sean engordantes por disparar los niveles de insulina

Y, de realizarse el experimento del que hablábamos antes, mucho más complicado aún sería usar ese experimento para certificar los mecanismos fisiológicos por los que se produce la acumulación de grasa en nuestros adipocitos. Únicamente se podrían observar, de forma deficiente, algunos niveles hormonales, en ningún caso se podría monitorizar por completo todos los parámetros relevantes y posiblemente tampoco con la suficiente precisión. Tampoco esa “observación” podría usarse para certificar la causalidad.

Hay un experimento que sí puedo hacer

El azúcar es un producto químico puro que, como tal, no pertenece a la dieta del ser humano. Consumir azúcar no es consumir “comida”. Puedo dejar de consumir azúcar. No necesito que sea una decisión tomada como sociedad. No necesito que sean los políticos o las asociaciones de médicos los que tomen la iniciativa. Las decisiones sobre mi salud debo tomarlas yo, no los “expertos”. No tenemos pruebas definitivas contra el azúcar, ni las vamos a tener nunca. ¿Me cruzo de brazos? ¿Espero a que otros, que posiblemente se mueven por intereses ajenos a mi salud, sean los que me digan qué me conviene hacer?

Ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia

Creo que en el caso del azúcar las respuestas hay que buscarlas en el sentido común, porque la ciencia nunca nos va a dar ese certificado de culpabilidad que algunos exigen para criticar su consumo. Y el sentido común no es lo mismo que repetir lo que creemos que es correcto, simplemente porque se nos ha dicho que es lo correcto (ver).

Obesidad y bebidas edulcoradas con azúcares

Ingesta DIARIA de bebidas edulcoradas con azúcares (1980-2010) en adultos en USA:

imagen_0462 (fuente,fuente)

Incremento ACUMULADO en el porcentaje de adultos obesos (estrellas naranjas) frente a ingesta ACUMULADA de bebidas edulcoradas con azúcares (línea azul; no se muestran los valores en el eje vertical):
imagen_0463

¿Son compatibles estos datos con un efecto importante del consumo de bebidas edulcoradas con azúcares en la epidemia de obesidad? ¿Sugieren, por el contrario, que es altamente improbable que exista una relación importante entre obesidad y bebidas edulcoradas con azúcares?

Leer más:

Si hoy consumes menos azúcar que ayer, ¿adelgazas?

Introducción

Esta entrada es una extensión de un artículo que publiqué hace unos días. La idea que quiero analizar es la siguiente:

Tenemos datos de la evolución temporal de dos parámetros, llamémoslos A y B. Algunas personas creen que hay una relación de dependencia A-B de tal forma que A influye de forma notable en B, pero A ha cambiado en los últimos años sin que eso se haya visto reflejado demasiado en B, lo que para otras personas sugiere que es altamente improbable que A tenga un efecto significativo en B.

A efectos de explicar el fallo en el planteamiento anterior, voy a suponer un modelo de obesidad muy sencillo: engordamos 3 g por cada 100 g de azúcar consumido. Por favor, que nadie se moleste en criticar el modelo: únicamente lo empleo como herramienta para explicar el error que hay en el planteamiento que hemos visto antes. Lo que vamos a ver es que, bajo la premisa de que el azúcar está determinando por completo el aumento de peso corporal, la correlación entre ingesta de azúcar y peso corporal puede ser baja. Ésa es la conclusión relevante y el modelo concreto empleado es irrelevante.

Valores DIARIOS y valores ACUMULADOS

En definitiva, el supuesto es que engordamos 3 g por cada 100 g de azúcar consumidos. Si consumo 50 g de azúcar, engordaré la mitad: 1.5 g.

Si un día consumo una cierta cantidad de azúcar, el incremento de peso DIARIO estará directamente relacionado con esa ingesta DIARIA de azúcar.

Si a lo largo de un año he consumido una cierta cantidad de azúcar, el incremento ANUAL de peso también estará directamente relacionado con esa ingesta ANUAL de azúcar. Si en un año consumo 33 kg de azúcar, engordaré 1 kg. Si hubiese consumido sólo la tercera parte de esos 33 kg, habría engordado la tercera parte de 1kg.

Pongamos que con los años nuestro consumo DIARIO de azúcar ha ido evolucionando según indica la curva azul en la gráfica que muestro bajo estas líneas. En tal caso, nuestro aumento de peso DIARIO sería el indicado por la curva roja (calculado según la hipótesis de que engordamos 3g por cada 100 g de azúcar consumidos).

imagen_0430

Ingesta de azúcar DIARIA y aumento de peso DIARIO son dos variables directamente relacionadas. Su correlación, i.e. el parecido entre ambas calculado matemáticamente, es máxima.

Si representamos (en azul) la ingesta de azúcar ACUMULADA desde 1980 (es decir, en cada año indicamos el total de azúcar consumido desde 1980 hasta ese año), frente al (en rojo) aumento de peso corporal ACUMULADO desde 1980 hasta ese año, la gráfica sería la siguiente:

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Igual que sucedía con ingesta de azúcar DIARIA y engorde DIARIO, hay una relación directa entre ingesta de azúcar ACUMULADA y aumento de peso ACUMULADO. Es lo que dicta la lógica: bajo la premisa de que el engorde es directamente proporcional al azúcar consumido, si el consumo total de azúcar en los últimos X años ha sido más grande, habrás engordado más, y si es más pequeño, habrás engordado menos.

Para que se entienda mejor lo que voy a contar a continuación, vamos a pensar en que estamos llenando un cubo a base de vasos de agua. Cada día vertemos en el cubo el contenido de un vaso. Si la cantidad de agua en el vaso ha ido subiendo día tras día hasta 110 ml, y llevamos los últimos 15 días reduciendo progresivamente la cantidad de agua hasta llegar a 95 ml, ¿esperamos que el agua acumulada en el cubo se reduzca? ¿Alguien defiende que si reduzco la cantidad de agua que transporto con el vaso, se tiene que reducir la cantidad de agua acumulada en el cubo? Como no se reduce, ¿concluimos entonces que es altamente improbable que el agua en el vaso haya tenido un papel relevante en el llenado del cubo?

Nos metemos en el charco: recordemos que ingesta DIARIA de azúcar y engorde DIARIO tienen máxima correlación entre sí y recordemos también que ingesta ACUMULADA de azúcar y engorde ACUMULADO tienen máxima correlación entre sí: ¿qué relación hay entre la ingesta DIARIA de azúcar en un año concreto y la ganancia de peso ACUMULADA hasta esa fecha?

Desde luego la relación no es “directa”: si reduzco el consumo de azúcar DIARIO, el peso ACUMULADO hasta esa fecha no va a bajar, en todo caso subirá menos ese año que en años anteriores, pero seguirá subiendo, y el efecto además será pequeño en términos relativos, pues sólo cambiamos el dato de un año en un conjunto compuesto por todos los años considerados en el acumulado: llevamos muchos años acumulando peso y el consumo de azúcar del último año tendrá una influencia reducida en el total.

Desde otro punto de vista, es el consumo de azúcar ACUMULADO durante todos esos años, —incluido el último año, pero con un peso que depende de cuántos años consideremos—, el que determina el engorde ACUMULADO hasta ese año. Es absurdo esperar una relación directa entre ingesta DIARIA de azúcar y peso ACUMULADO hasta la fecha. Y, de hecho, esa relación no es directa. Suponiendo que hablamos de una persona que pesaba 80 kg en 1980, represento su peso corporal ACUMULADO (en rojo) y su ingesta DIARIA de azúcar (en azul):

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Sabemos que la curva roja depende completamente de la curva azul, pero no tienen una correlación alta. O en otras palabras, acabamos de comprobar que el hecho de que la correlación no sea alta no nos dice nada sobre la existencia de una relación de dependencia entre ambas variables. Si para esta misma situación hubiésemos escogido las dos gráficas anteriores a esta última, habríamos llegado a la conclusión de que la relación entre consumo de azúcar y ganancia de peso corporal es innegable.

Si recordamos el planteamiento con el que hemos empezado, A (curva azul) ha cambiado, y apenas se nota en B (curva roja), pero nos consta que A está determinando B por completo.

¿Qué acabamos de ver?

En la última gráfica que hemos visto, la curva roja está totalmente determinada por la curva azul y sin embargo la correlación entre ambas es baja. ¿Por qué? Porque esas dos variables, siendo que sí son una dependiente de la otra, no tienen una relación directa. Una tiene que ver con el peso ACUMULADO durante múltiples años, mientras que la otra es la ingesta DIARIA de azúcar en el último de esos años. Que una siga subiendo, aunque sea más lentamente, cuando la otra baja no sugiere que no exista una relación causa-efecto entre ellas. El engorde ACUMULADO no se va a reducir si la ingesta DIARIA de azúcar se reduce: tendría que producirse un “consumo negativo de azúcar” que diese lugar a un descenso en el peso corporal. Y en cualquier caso sería el nivel, i.e. el hecho de que el consumo fuera negativo, lo que marcaría el descenso en el peso ACUMULADO, no el cambio, i.e. el hecho de que el consumo fuera cada vez más pequeño. Aunque fuera posible consumir cantidades negativas de azúcar, seguiría sin existir una relación directa entre ambos parámetros y seguiría sin ser de esperar una correlación elevada entre esas dos variables.

decir que el azúcar es la principal causa de obesidad y diabetes es proponer que existe una relación directa

La suposición de que el azúcar es engordante es creer que la ingesta DIARIA afecta a la ganancia de peso DIARIA. No es la creencia en que la ingesta DIARIA está directamente relacionada con el peso corporal ACUMULADO hasta la fecha: es una estupidez plantear que si bajas la ingesta DIARIA de azúcar tiene que bajar el peso corporal ACUMULADO. No es una cuestión de matemáticas: es sentido común.

¿Sugiere la gráfica usada por Guyenet lo que él dice, que “es altamente improbable que el azúcar sea una causa importante de engorde“? No, no lo sugiere. La gráfica es perfectamente compatible con un efecto directo del consumo DIARIO de azúcar en la ganancia de peso DIARIA: porque se puede apreciar que cuando se ha reducido un poco el consumo DIARIO, se ha reducido el engorde DIARIO.

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Resumen

El principal error —o en lo que se basa el intento de engaño— de Guyenet es que propone que tiene que existir una relación directa entre el engorde ACUMULADO y el consumo de azúcar DIARIO, y eso no tiene ningún sentido en base a la hipótesis que está tratando de refutar. Nadie propone que el consumo DIARIO de azúcar tiene una relación directa con el engorde ACUMULADO: ¡esa relación va a ser no lineal! Si hubiese comparado engorde DIARIO con consumo de azúcar DIARIO sí habría encontrado una relación directa (consistente con un efecto engordante del azúcar). Si hubiese comparado engorde ACUMULADO con consumo ACUMULADO de azúcar, sí habría encontrado una relación directa (consistente con un efecto engordante del azúcar).

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Hemos visto, apoyándonos de un modelo sencillo de obesidad, que aunque el engorde ACUMULADO y el consumo DIARIO de azúcar no estén correlacionados, eso no sugiere que no exista una relación causal entre ambos parámetros.

Por otro lado, Guyenet confunde una baja ingesta de azúcar con un consumo negativo de azúcar. Aunque no hayas entendido nada de lo que he explicado hasta aquí en la entrada, es de sentido común que si el azúcar es engordante, reducir su consumo no nos hace adelgazar.

Notas finales

  1. cuando en el texto hago referencia a relación directa entre dos variables, estoy diciendo que cuando una crece la otra también crece y que cuando una decrece la otra también decrece. Esa relación no necesariamente es de proporcionalidad.
  2. los datos que usa Guyenet son epidemiológicos. Este hecho es muy relevante, porque cuando cierta parte de la población decide dejar de consumir azúcar, posiblemente pone en marcha otro tipo de medidas para cuidar su salud, como no consumir harinas, no consumir productos procesados, cocinar más en casa, comer menos en restaurantes, etc. Y, además, los que toman esas decisiones no han sido escogidos al azar, sino que ellos son los que han decidido cuidarse, por lo que no sólo estamos comparando consumos: estamos comparando tipos de persona. Eso es una diferencia importante respecto de un estudio controlado aleatorizado, donde los participantes no escogerían si dejan de consumir azúcar o no y se intentaría que la variación en el consumo de azúcar (y quizá su sustitución por otro producto) fuera el único cambio realizado en todo el experimento. Nada de eso se cumple en la gráfica de Guyenet.
  3. sólo estamos contemplando la ingesta total de azúcar, sin tener en cuenta en qué formato se consume ese azúcar ni qué otros productos lo acompañan en la boca. Se ha perdido mucha información en el camino.
  4. estamos hablando de valores medios de una población en el caso de la ingesta y de qué porcentaje de adultos supera un cierto nivel de obesidad. Los datos interesantes serían comparar para un gran número de personas datos individualizados de consumo diario/anual con el cambio de peso diario/anual en esa misma persona.
  5. Para Guyenet la variación en el porcentaje de obesos ha sido pequeña —¡él esperaba una reducción!— pero la realidad es que el cambio ha sido demasiado grande para la mínima reducción en el consumo de azúcar (es una reducción media de un 9% respecto del valor inicial: no es reducir el consumo un 18%, como he leído por ahí). Cabe pensar que las personas que han dejado de consumir azúcar han tomado, al mismo tiempo, otras medidas para mejorar su salud, que pudieran estar contribuyendo en el claro cambio de tendencia a partir del año 2000 en el porcentaje de adultos obesos.

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