6 meses bebiendo una bebida azucarada

Effect of high milk and sugar-sweetened and non-caloric soft drink intake on insulin sensitivity after 6 months in overweight and obese adults: a randomized controlled trial

Cuatro grupos dietarios a los que se obliga a beber un litro de bebida diario: leche, bebida azucarada, bebida con edulcorante acalórico o agua.

Sin diferencias en la ingesta energética.

No differences were observed in energy intake between the beverage groups.

El grupo que bebía bebida azucarada ganó 2.1 kg de grasa corporal y perdió 1.3 kg de masa no grasa. Sin cambios notables en el grupo que bebía agua.

Sin diferencias en la ingesta energética con la bebida azucarada se ha ganado grasa y quizá se ha perdido músculo.

Y Stephan Guyenet, PhD lo tuitea como si de alguna manera este experimento le diera la razón.

 

Es Stephan Guyenet, PhD.

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Mismas calorías, misma distribución de macronutrientes, pero uno de los grupos consume azúcar (en ratas)

de acuerdo entonces, una petición muy sencilla, muéstrame un estudio que demuestre que en déficit calórico o a igualdad de calorías una dieta con poco azúcar tiene efecto en la composición corporal o en la sensibilidad a la insulina. Gracias. Layne Norton, PhD

Duration of feeding on a sucrose-rich diet determines metabolic and morphological changes in rat adipocytes

Dos grupos de ratas. Misma ingesta energética y no sólo eso: misma dieta y mismo reparto de macronutrientes, salvo por el tipo de hidratos de carbono: azúcar (sacarosa) en un grupo, el SRD, almidón en el otro, el CD.

The control group received the same semisynthetic diet but with sucrose replaced by starch [high-starch diet (CD)].

Misma ingesta energética:

caloric intake: 302.1 ± 10.3 kJ/day in SRD vs. 300.5 ± 13.1 kJ/day in CD

En la imagen se muestra el histograma (i.e. frecuencia de aparición) de diámetros de los adipocitos en ambos grupos dietarios, al cabo de las 15 semanas del experimento:

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There was a significant (P < 0.05) increase of epididymal weight after 15 wk on a SRD as well as a hypertrophy of adipocytes with a clear alteration in the cell size distribution

Hubo un aumento significativo (P <0.05) del peso de la grasa epididimal después de 15 semanas en el grupo SRD, así como una hipertrofia de los adipocitos con una clara alteración en la distribución del tamaño celular.

Como vemos también en la siguiente tabla, los adipocitos se llenaron de grasa en el grupo del azúcar, lo que se manifestó en que el tejido adiposo epididimal pesaba un 70% más en el grupo SRD que en el CD:

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¿Qué grupo ha comido “más de la cuenta”? ¿Qué grupo ha consumido un “exceso calórico”? (ver)

No son preguntas retóricas: ¿Qué respondemos? ¿Qué grupo ha comido “más de la cuenta”? ¿Qué grupo ha consumido un “exceso calórico”?

Como nota final, los autores del estudio sugieren que la resistencia a la insulina que observaron tras las primeras semanas del experimento en el grupo SRD no pudo estar provocada por el engorde, pues en ese momento todavía no se había producido engorde:

this study clearly demonstrates that the insulin resistance present after 3 wk of feeding a SRD was not associated with increased fat pad mass

este estudio demuestra claramente que la resistencia a la insulina presente después de 3 semanas de dieta SRD no se asoció con un aumento de la masa grasa

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Unas ratas comen mucho menos que otras, pero consumen mucho más azúcar

Una teoría cuyos dogmas son contrarios a la evidencia científica es una teoría errónea. Aunque no entendamos por qué lo es.

Induction of insulin resistance by high-sucrose feeding does not raise mean arterial blood pressure but impairs haemodynamic responses to insulin in rats

Dos grupos de ratas, alimentados con diferente dieta durante 4 semanas.

Un grupo de ratas aumentó su peso en 108 g, el otro en 110 g, pero un grupo había consumido un 37 % más calorías que el otro:

rats displayed comparable final body weight regardless of whether they had been fed the high sucrose or the normal chow diet. However, the average daily ad libitum intake was significantly lower for the sucrose-fed rats compared to their control chow-fed rats

las ratas mostraron un peso corporal comparable, independientemente de si habían sido alimentadas con la dieta alta en sacarosa o la dieta normal. Sin embargo, la ingesta diaria ad libitum fue significativamente menor en las ratas alimentadas con sacarosa en comparación con las ratas control alimentadas con pienso

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Es decir, un grupo consume muchas menos calorías que el otro, pero su dieta es alta en azúcar (sacarosa) y acaba subiendo de peso lo mismo que el otro.

Como se puede ver en la tabla, los gramos de comida pueden usarse directamente para comparar las calorías consumidas:

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Lo autores consideraron además que el experimento demostraba que el consumo de azúcar inducía resistencia a la insulina:

The combination of higher glycemia and higher insulinemia in the postprandial state found in sucrose-fed rats compared to their chow-fed counterparts is indicative of glucose intolerance and insulin resistance.

La combinación de una mayor glucemia y una mayor insulinemia en el estado posprandial encontrado en las ratas alimentadas con sacarosa en comparación con las ratas alimentadas con pienso es indicativa de intolerancia a la glucosa y resistencia a la insulina.

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Azúcar e hígado graso

Impact of liver fat on the differential partitioning of hepatic triacylglycerol into VLDL subclasses on high and low sugar diets

Estudio en humanos de 12 semanas de duración. Experimento de tipo cruzado (crossover) y aleatorizado. Se comparan los efectos de dos dietas isoenergéticas con la misma composición en términos de macronutrientes pero que se diferencian en el contenido en azúcar (26% frente a 6% de las calorías):

The two diets were iso-energetic and contained the same macronutrient composition […] There was no difference in reported energy intake between diets, or differences in energy intake, macronutrients or alcohol between NAFLD and controls on either diets

En la tabla podemos ver el diferente efecto de las dos dietas en el contenido en grasa del hígado y en la grasa corporal. Se muestran los resultados por separado según si los participantes tienen hígado graso no alcohólico (NAFLD) o tienen un hígado sano:

Sin comentarios.

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Mr. Muffin

¿Nos suena el famoso “estudio del muffin“, que según algunas “hespertas en nutrición” demuestra lo malas que son las grasas de origen animal?

Overfeeding polyunsaturated and saturated fat causes distinct effects on liver and visceral fat accumulation in humans

Éste es el impactante aumento en el porcentaje de grasa del hígado: ¡un 0.56% en siete semanas! Dos días más de experimento y los participantes caen muertos.

Aceptemos pulpo como animal de compañía. ¿De qué animal era la grasa saturada con la que sobrealimentaron a los participantes? Era el animal de la foto:

No sé cómo consiguieron que se estuviera quieto para la foto, pero desde luego tiene mérito. Hay premios para gente tan habilidosa.

Esta tomadura de pelo es mucho más significativa de lo que parece: por un lado porque para atacar a los productos de procedencia animal lo que se emplea es basura basada en harinas y azúcar. ¡Pero la hesperta nos dice que la culpa es de la grasa saturada que han añadido al producto! Y, sobre todo, lo que me parece muy relevante es que en un experimento en el que lo que supuestamente buscan es engordar a la gente, no les hagan comer el producto que luego se ataca, que es la carne con su grasa. Seguro que podían fabricar un producto basura de origen vegetal con el mismo reparto de macronutrientes y realizar la comparación… pero a buen seguro el resultado no les habría gustado.

¿Por qué no explican por qué para engordar a los participantes han escogido un producto industrial basado en una combinación explosiva de un 51% de grasa y un 44% de carbohidratos (azúcar y harina, supongo)?

¿Por qué ha sido ése el producto escogido para engordar a los participantes? Si es que en el fondo estoy de acuerdo con ellos: eso es lo que hay que comer para engordar, basura basada en azúcar y harinas, con grasa añadida, del tipo que sea. Y los investigadores de este estudio tienen muy claro cómo engorda la gente.

Otro problema con este tipo de estudios es que fuerzan una situación extrema (en este caso consumo de bombas de azúcar, grasa y harina a diario añadidas al consumo normal de comida) pero por arte de birlibirloque el resultado se extrapola al consumo de una cantidad normal de otro producto (en este caso carne).

Me ha venido a la mente este estudio porque al parecer ha habido una segunda parte en la que los intrépidos investigadores vuelven a la carga con sus madalenas de la muerte:

All individuals ate high-caloric muffins that contained either refined palm oil [which is high in the major SFA palmitic acid (16:0); n = 17 individuals] or refined sunflower oil [which is high in the major PUFA linoleic acid (18:2 n–6); n = 14 individuals] for 7 wk. Muffins were added to the habitual diet, and the amount was individually adjusted to achieve a 3% weight gain. The composition of the muffins provided 51% of energy from fat, 5% of energy from protein, and 44% of energy from carbohydrates (fuente)

¿Cómo demostrar que la grasa de la carne es mala para la salud? Con 750 kcal diarias “extra” en forma de madalenas. Hace falta tener los co..nes bien gordos para atribuir el resultado de este experimento a la grasa de la carne. Pero, ya sabes, según las “hespertas en nutrición” la grasa animal es mala y los aceites buenos para la salud son los que provienen de disolver semillas con hexano. Y recuerda: el aceite de coco es vegetal ¡pero con propiedades de grasa animal!

Un ejemplo de cómo el resultado es atribuido en exclusiva a la grasa saturada, sin mencionar que se estaba dando de comer basura “vegetal” a los participantes, ¡no carne!: “Abdominal fat accumulation prevented by unsaturated fat“.

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La paradoja australiana y el nivel académico australiano

El artículo de la revista Nutrients del que voy a hablar en esta entrada es de 2011 y se titula: “The Australian Paradox: A Substantial Decline in Sugars Intake over the Same Timeframe that Overweight and Obesity Have Increased“. En este artículo los autores plantean que el hecho de que en Australia el consumo de azúcares se haya reducido al mismo tiempo que la obesidad ha seguido aumentando, es la “paradoja Australiana” y para ellos eso sugiere que reducir el consumo de azúcares no va a reducir la prevalencia de la obesidad:

a substantial decline in refined sugars intake over the same timeframe that obesity has increased. The implication is that efforts to reduce sugar intake may reduce consumption but may not reduce the prevalence of obesity

Es desesperante comprobar el bajísimo nivel de las publicaciones científicas en la campo de la nutrición. Basta una mínima formación en matemáticas y un par de neuronas funcionales (¡no hace falta ser Einstein!) para entender lo estúpido del argumento. No me entretengo explicando que no hay ninguna paradoja, sino estúpidos razonamientos, pues creo que está perfectamente cubierto en dos de las entradas del blog (ver,ver).

El editor invitado… ¡sorpresa, es la coautora del artículo!

Rory Robertson, economista de profesión, fue la persona que, ante las sorprendentes conclusiones de los autores del artículo, se dedicó a revisar los datos del mismo. Una de las cosas que detectó (ver) es que este artículo se publicó en una edición especial de la revista dedicada a los carbohidratos (ver), en la que el editor invitado (“guest editor”) de la revista era, nada más y nada menos, que una de las autoras del artículo en cuestión. Mes y medio después de haber sido recibido el artículo ya había sido aceptado.

La revista presume de una rigurosa revisión por pares y de criterios éticos estrictos. Por supuesto, no van a presumir de que su revista es un cachondeo en el que los editores son los propios autores:

Nutrients is a member of the Committee on Publication Ethics (COPE). MDPI takes the responsibility to enforce a rigorous peer-review together with strict ethical policies and standards to ensure to add high quality scientific works to the field of scholarly publication.

Datos falsos

Rory Robertson analizó las fuentes empleadas en el artículo y descubrió que la gráfica en la que se basaba la falsa “paradoja” se estaban representando datos inventados, pues la entidad de origen de los mismos no los había calculado:

La referencia [25] con la que justifican la gráfica es de la FAO, y la FAO simplemente se hacía eco de los datos de la Australian Bureau of Statistics (ABS), los cuales dejaron de actualizar sus datos estadísticos en 1999 (ver):

Robertson señala (ver) que casi todas las fuentes de datos incluidas en el artículo indican que el consumo de azúcares había aumentado en el periodo examinado por los autores del artículo, pero los autores del mismo  —ésa sí es una buena paradoja— basaron sus conclusiones en la fuente con datos falsos, que, “casualmente”, es la única que sugería un descenso en el consumo:

In fact, four of the authors’ five separate indicators of consumption trend up not down in their own published charts (Figures 1-4, below), while their preferred measure is based on a data series that was discontinued as unreliable by the ABS after 1998-99 and then falsified over the 2000s (Rory Robertson)

Las otras gráficas del artículo no sugieren un descenso en el consumo de azúcares en el periodo de interés (nótese que los años considerados en la gráfica no siempre cubren todo el periodo 1980-2010):

No pretendo resumir en esta entrada todo el análisis de Rory Robertson: por ejemplo en este documento hay una ilustrativa lista de preguntas que realizó a los autores del artículo y que, según dice, fue eliminada de la página web en la que hizo las preguntas.

¿Incompetencia o mala fe?

Defender el azúcar con argumentos claramente estúpidos y haciéndolo además con datos falsos hace pensar mal. A la vista de los hechos, lo lógico es buscar qué interés económico pueden tener los autores o su universidad en promocionar el consumo de azúcar. Y existe ese interés, no sólo por los millones de libros que los autores han vendido (ver), sino en la forma de una fundación que cobra por recomendar productos alimentarios con su sello:

Why is the University of Sydney seeking to exonerate sugar as a menace to public health – contradicting the National Health and Medical Research Council’s (NHMRC) formal dietary advice – while operating its Glycemic Index business that exists in part to charge food/drink companies up to $6000 per product to stamp particular brands of sugar and sugary products as Healthy? (Rory Robertson)

La Universidad de Sídney participa en la Glycaemic Index Foundation, una organización que cobra por poner su sello de bajo “Índice Glucémico” en productos bien cargados de azúcar, como por ejemplo este producto:

46 g de azúcar por cada 100 g de producto. O en otras palabras, después de poner el azúcar todavía tienen la mitad del envase para llenarlo con otras cosas. Un sello de calidad se queda corto: habría que darles veinte, porque es un producto bajo en sodio y grasa saturada (ver). Ironía, por supuesto.

Logicane, azúcar de caña con 99 g de azúcar por 100 g de producto también tiene el sello de bajo índice glucémico (se ve en el envase, en la mitad inferior a la derecha). El índice glucémico del azúcar blanco es de 59, el de este producto es 54, una reducción digna de otros veinte sellos (¡porque seguro que es bajo en grasa saturada!).

La insistencia de Robertson

Rory Robertson ha sido muy insistente en su denuncia. Hasta ha llegado a comprometerse a pagar $40,000 si alguien demuestra que se está equivocando (ver). Contactó con la revista en la que se publicó el artículo (ver), contactó con la Universidad de Sídney (ver), y consiguió que se abriera una investigación (ver), que terminó dándole la razón en el fondo del asunto al tiempo que exoneraba a los autores del artículo del cargo de conducta inapropiada (ver):

Clark found that the allegations of sugar’s decline in consumption were unsubstantiated […] Clark found that the data showing that Australian sugar consumption had declined over the past three decades was discontinued by the ABS in 1999

This new paper should be written in a constructive manner that respects issues relating to data raised in the Australian Paradox paper by the complainant

La Universidad de Sídney ha amenazado recientemente a Robertson con prohibirle la entrada en sus terrenos, acusándole de modos agresivos e intimidatorios (ver). Al parecer uno de los autores del artículo está muy estresado por las críticas de Robertson y la Universidad de Sídney interpreta que tiene que defender a su plantilla de esas “amenazas” (es textual, ver pág 7). Robertson ha contestado solicitando que se hagan públicos los vídeos de las conferencias de marzo del 2016 en las que presuntamente su comportamiento fue intolerable. Según el vicerrector Spence, esos vídeos no existen (ver):

so far as I have been able to gather, there is no video

En este vídeo (minuto 15:30) se puede ver a Rory Robertson en las instalaciones de la Universidad de Sídney haciendo un comentario en la parte de preguntas y respuestas de una charla, con absoluta corrección.

¿Ha hecho algo mal Robertson? No, que yo haya visto. Parece una persona en sus cabales y ser perseverante en una crítica perfectamente razonada y ante unos datos falsos que no han sido corregidos sólo es un problema para quien ha usado datos falsos y no está dispuesto a reconocerlo y retractar el artículo.

¿Se ha reducido en Australia el consumo de azúcar desde 1980 hasta ahora?

La pregunta responde sólo a la curiosidad, pues no tiene mucho que ver con la historia de Robertson, ya que los estúpidos argumentos y los datos falsos del artículo de 2011 van a seguir siendo igual de estúpidos y falsos, aunque otras fuentes confirmaran años después que esa reducción del consumo sí se ha producido. Robertson tiene razón en su crítica si los datos empleados en el artículo de 2011 son falsos, y nada pueden aportar sobre la falsedad de esos datos los datos de consumo de azúcar publicados antes o después en otros artículos.

En este otro artículo (de 2015) se presentan datos procedentes del Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics and Sciences (ABARES). En la gráfica resalto en rojo los datos desde 1980 en adelante:

¿Descenso en el consumo? Yo no lo veo.

También presentan datos “extendidos” de la serie ABS, la que dejó de actualizarse en 1999. Al margen de que no tengo clara la procedencia de esos datos “extendidos”, yo miro la gráfica que dan en el artículo, y a mí no me parece que en las últimas décadas (desde 1980 hasta 2011) haya una tendencia a la reducción en el consumo de azúcar. El consumo se mantuvo estable desde 1950 hasta 1975 y se ha mantenido (o incluso aumentado) desde 1985 hasta 2011. Estos datos no respaldan la idea de que entre 1980 y 2010 el consumo de azúcar ha bajado “sustancialmente”:

Notas finales

Otra reflexión relevante es por qué la ABS dejó de tratar de calcular la disponibilidad de azúcar en Australia. Y la causa puede ser la imposibilidad de contabilizar la creciente presencia de todo tipo de productos importados azucarados (ver). Es decir, cabe esperar que esos datos, de haber existido y de estar bien calculados, mostrasen un crecimiento antes que un decrecimiento.

Para acabar, insisto nuevamente en que la idea de que es una paradoja que la obesidad siga creciendo al tiempo que el consumo de azúcar se reduce, es un razonamiento profundamente estúpido ilustrativo del bajísimo nivel intelectual que hay en el campo de la nutrición y la obesidad. Ya no es sólo que alguien proponga que eso es una paradoja, ¡es que se publica en revistas supuestamente revisadas por pares!

NOTA: en 2017 los mismos autores han publicado un nuevo artículo insistiendo en los mismos falsos argumentos (pues interpretan como paradoja lo que, de ser cierto, no lo sería) y, aparentemente, haciendo referencia a los mismos falsos datos de la FAO y la ABS (ver,ver).

I am writing to express my shock and dismay that University of Sydney management actively helped to place fake data on the formal scientific record, via the publication – in March 2017 – of Professor Brand-Miller’s new Australian Paradox paper, in the American Journal of Clinical Nutrition

NOTA: una de las autoras del artículo nos cuenta que el problema no es lo que comemos, sino lo que no quemamos haciendo ejercicio (ver). Es decir, pseudociencia del balance energético, y a seguir poniendo sellos de bajo índice glucémico en paquetes de azúcar. ¡Qué mundo!

It’s not the energy we consume, it’s the energy we don’t expend that is the problem, but we’re just at levels that I call pathologically low levels of expenditure

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Peso corporal y bebidas edulcoradas con azúcares

¿Nos engordan las bebidas azucaradas? En general su consumo está asociado a mayor peso corporal (ver) y ya vimos en otra entrada que, a nivel de población, en USA existe cierta relación estadística entre el consumo de bebidas azucaradas y el porcentaje de adultos obesos:

Aunque lo parezca, la curva azul no es un ajuste a los datos representados con estrellas. Las estrellas representan el porcentaje de adultos obesos, mientras que la curva azul es el consumo histórico acumulado de bebidas azucaradas.

¿Único o principal culpable? Pregunta falaz, pues lo que nos importa es si el consumo de bebidas azucaradas es un contribuyente importante al problema de exceso de peso, no si es el único contribuyente ni si es el principal. Responder a una pregunta tramposa para poder aparentar que se tiene razón es llamado “falacia de mover los palos” o del “blanco móvil” (ver).

Sugar Sweetened Beverages and Weight Gain over 4 Years in a Thai National Cohort – A Prospective Analysis

Datos de seguimiento de 60,000 personas durante 4 años.

El gráfico es interesantísimo, aunque en un primer momento parezca complicado de interpretar. Lo explico enseguida.

Nos están dando la ganancia de peso de los participantes entre 2005 y 2009 en relación con su consumo de bebidas azucaradas al inicio y al final de dicho periodo. Los datos están agrupados por el nivel de consumo de esas bebidas al comienzo del estudio (2005). Por ejemplo, he resaltado en azul los datos de los que menos consumían esas bebidas, en rojo los que más, y los otros tres grupos son valores intermedios entre ambos grupos extremos.

Dentro de cada grupo (por ejemplo el remarcado en azul), nos dan datos de ganancia de peso según su consumo de bebidas azucaradas al final del seguimiento: menor consumo a la izquierda, mayor consumo a la derecha. En todos los grupos, se ganó más peso corporal si fue mayor el consumo de esos productos. Nótese que los que redujeron su consumo respecto del inicio del seguimiento, indicados con círculos blancos, no engordaron tanto como los que mantuvieron o aumentaron sus niveles de consumo. Y eso sucedió en los cinco grupos. De los que inicialmente más consumían (grupo resaltado en rojo), aquellos que redujeron en mayor medida su consumo (círculo blanco en parte inferior), tuvieron un incremento de peso corporal de los más bajos de todo el estudio.

Sugar-Sweetened Beverages and Weight Gain in 2- to 5-Year-Old Children

Datos de seguimiento de 9600 niños entre 2 y 5 años.

En la gráfica vemos el índice de masa corporal (agrupado por edades) en función del nivel de consumo de bebidas azucaradas. A mayor consumo de esas bebidas, mayor Índice de Masa Corporal.

increasing quantity of SSB consumption (in 8-ounce increments) was associated with higher BMI z scores at 4 and 5 years

aumentar el consumo de las bebidas azucaradas […] estuvo asociado con un mayor IMC-z a los 4 y 5 años

En la siguiente gráfica vemos la evolución del Índice de Masa Corporal en función del consumo de bebidas azucaradas: en rojo los que consumían una ración diaria o más, en gris los que consumían menos de una ración diaria:

A Longitudinal Analysis of Sugar-Sweetened Beverage Intake in Infancy and Obesity at 6 Years

Seguimiento del consumo de bebidas azucaradas en 1189 niños de hasta 6 años de edad.

En la tabla: cociente de riesgo de obesidad en función de la edad a la que empiezan a consumir esos productos y en función de su consumo medio:

Cuanto antes empezaron a consumir bebidas azucaradas, mayor obesidad hubo.

Cuanto mayor era el consumo de bebidas azucaradas, mayor obesidad hubo.

Sólo son relaciones estadísticas, no una demostración de causa-efecto, pero los productos alimentarios creados por el ser humano no tienen derecho a presunción de inocencia. ¿Consumo moderado? No te dejes engañar: lo “normal” es beber agua y comer comida. Las bebidas azucaradas no pertenecen a la dieta del ser humano.

NOTA: no responsabilicemos a la industria alimentaria por poner a la venta esos productos, sino a los “expertos” en nutrición por decirnos que se pueden consumir con moderación. La industria alimentaria pone a la venta lo que la gente quiere comprar: es la malinformación procedente de los “expertos” lo que nos hace daño, no la tentación que suponen esos productos. No hay razones reales para pensar que puede ser saludable consumir comida basura “si luego se quema”.

NOTA: es “posible” que el consumo de bebidas azucaradas sólo sea un marcador de seguir hábitos de vida poco saludables (ver), como consumir pizza u otros productos basados en harinas. Puede ser, pero hay mecanismos fisiológicos que explicarían una relación causa-efecto. Mi creencia es que sí son engordantes y que el consumo saludable es cero.

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