¿Es por dinero?

De verdad que no lo entiendo. Estás gordo, quieres adelgazar, te digo cómo hacerlo y no eres capaz de seguir las indicaciones. No entiendo cómo puedes ser tan descerebrado. ¿No ves que te estás dañando la salud? Yo ya no sé cómo motivarte, la verdad… ¿Qué quieres? ¿Que te pague yo la comida? ¿Dinero? ¡Qué fuerte me parece! Pero en fin, venga, ¿qué quieres que te dé para que sigas las instrucciones de una puñetera vez?

Strengthening behavioral interventions for weight loss: A randomized trial of food provision and monetary incentives

Estudio de 18 meses de duración, en rojo pérdida de peso cuando a los participantes les dan la comida, en azul se la pagan ellos. Dieta hipocalórica y se enfatiza hacer ejercicio. NOTA: las curvas que unen los puntos son inventadas, sólo los puntos son datos reales.

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Los autores del estudio concluyeron que la curva roja era “prometedora”. Cabe preguntarse cuál es exactamente esa promesa.

En el estudio también se analizó el impacto de la incentivación económica. En el abstract se les olvidó comentar el resultado de esa comprobación. ¿Acaso no les gustó ese resultado? En la gráfica he resaltado la diferencia al final del estudio entre que hubiese incentivo económico y que no lo hubiese. No me extraña que se les olvidara mencionar el resultado en el abstract.

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Pero como hemos visto antes, cuando a los participantes les daban la comida (¡gratis!) el éxito había sido “impactante”, así que los autores decidieron examinar qué era exactamente lo que les había hecho “triunfar”, y repitieron el experimento (ver) buscando la verdadera causa del “éxito”:

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Y lo que vieron es que el efecto era el mismo si les daban la comida (gratis) o si les daban una planificación del menú. O sea que no era la gratuidad de la comida lo que había afectado al resultado, sino el cambio en la dieta que supone que te den la comida… ¡las arañas sin patas son sordas!

Why Do Food Provision and Structured Meal-Plans Improve Weight Loss?

Y en cualquier caso, mirando la evolución del peso corporal vemos que los autores consideran como “mejora” el típico fracaso de las dietas hipocalóricas: pérdida de peso los primeros seis meses para luego recuperarlo todo con el famoso “efecto rebote”. Con o sin incentivos. Con o sin darles la comida. Con o sin darles una planificación de lo que debían comer. A lo mejor sólo lo veo yo, pero se diría que a partir de los seis meses están recuperando el peso perdido… como siempre* que el estudio es suficientemente largo. Parece que los autores del estudio no se dieron cuenta. No debieron de ver la gráfica.

* Bueno, no siempre.

Financial Incentives for Extended Weight Loss: A Randomized, Controlled Trial

Participantes motivados económicamente para perder peso (grupo DC), se comparan con un grupo de control, que recibe las mismas instrucciones pero sin incentivo económico. La intervención era de 32 semanas (24 semanas de pérdida, 8 de mantenimiento de peso), pero hay datos de seguimiento a los 17 meses. Resalto en la gráfica el resultado al cabo de 17 meses en ambos grupos, DC (cuadradito negro) y control (triángulo blanco). Un éxito de este calibre no se puede expresar con palabras. Curioso el caso del participante que perdió unos 25 Kg en el grupo DC. Ese caso extremo de “codicia” (perdón por la sorna) altera por completo el resultado, ya que sin ese participante el grupo DC habría tenido peor resultado que el de control. Y de hecho, sin ese participante en término medio hay ganancia de peso (medio kilo) en el grupo DC. ¿Será que no les pagaron suficiente?

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Y hay que agradecer a los autores que nos den los datos individualizados: más o menos la mitad de los participantes ganó peso haciendo dieta. El que más ganó, ganó tanto como el que más perdió. ¡Gran método para adelgazar, sí señor!

Los autores del estudio no saben por qué la gente deja de cumplir con la dieta con el tiempo. “¿Será porque se relajan desde el momento en que se les dice que mantengan el peso?” Así que a la mitad de los participantes incentivados económicamente les dicen que tras las 24 semanas de intervención hay 8 de mantenimiento de peso (grupo DC1), mientras que a la otra mitad no les plantean distinción, por lo que los participantes piensan que las 32 semanas son de pérdida de peso (grupo DC2). Tampoco al grupo de control se le plantea que la segunda mitad es de mantenimiento de peso. El grupo DC1 perdió un poco más de peso que el DC2 en esas 32 semanas… Los autores no resaltaron demasiado ese “gran hallazgo”.

Pero antes de preguntarse por qué la gente deja la dieta, deberían asegurarse de que el método funciona cuando se sigue. Quizá el error es dar por supuesto que uno es inteligente y que a los demás les falla la fuerza de voluntad.

FINANCIAL INCENTIVES FOR WEIGHT LOSS: A ONE-YEAR RANDOMIZED CONTROLLED CLINICAL TRIAL

En este otro estudio a los participantes les pagan 20 dólares al mes por bajar de peso. El objetivo a cumplir son 4 libras al mes (1.8 Kg/mes), lo que al cabo de un año serían 48 libras perdidas (22 Kg). Según los autores, gracias al incentivo económico el grado de seguimiento del programa fue más alto.

En lugar de las 48 libras objetivo, en la práctica perdieron 9 libras, que son exactamente 4 Kg. Eso tras un año haciendo dieta, con incentivación económica de por medio. Este ridículo resultado, obtenido con incentivación económica y alto grado de seguimiento de la dieta, es peor resultado que la media de estudios de pérdida de peso (ver). Lógicamente a algunas dietistas les faltó tiempo para contarnos que “Money talks when it comes to weight loss“: el dinero marca la diferencia en la pérdida de peso. ¡Que paren las máquinas! Y puede ser que importe, no lo niego… ¿cuánto dinero quieren los “expertos” en nutrición por poner en marcha sus neuronas, si es que las tienen? ¿Cuánto dinero quieren a cambio de dejar de mirar por encima del hombro a las personas obesas, y darse cuenta de que ellos, y no los obesos, son los que no dan la talla? ¿Hay alguna forma de que dejen a un lado sus prejuicios y piensen con esa cosa que tienen sobre los hombros? ¿Es por dinero? ¿Cuánto haría falta?

Si nos planteamos pagar a los obesos para que tengan fuerza de voluntad… quizá habría que plantearse pagar a los judíos para que dejen de ser avaros. O a los negros para que dejen de ser sucios. Por prejuicios y por dinero que no quede.

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