El daño no es sólo físico

El rey está desnudo:

El paradigma imperante en la actualidad dice que el problema de la obesidad es que comemos “más de la cuenta“. Nos hablan de calorías, de apetito, de fuerza de voluntad y de productos muy calóricos que son baratos y fácilmente accesibles. Este paradigma establece que lo que nos hace engordar es lo que nos hace comer “de más”. ¿Estará la respuesta en nuestro cerebro? ¿Será que consumimos productos poco saciantes? ¿Será que el entorno es más fuerte que nuestra fuerza de voluntad? Se nos presenta como un paradigma indiscutible, basado en inviolables leyes de la física. Pero el paradigma energético no tiene más justificación que juegos de palabras falaces y se ha demostrado inútil en la prevención y en el tratamiento del problema del exceso de peso. Falso e inútil. Es el paradigma en que basan su negocio las industrias de la dieta, del fitness y la alimentaria.

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El resultado es el exceso de peso, pero también mucho sufrimiento y mucho dolor. Nos han hecho creer que sabemos qué hacer para no desarrollar obesidad y que sabemos qué hacer para revertir la obesidad. Es la atribución de control que está en el origen del estigma de peso.

Atribuciones públicas sobre la obesidad:

  • ganar peso es controlable
  • la condición es reversible

Si una persona obesa hace suficiente esfuerzo puede perder el peso que le sobra y mantenerse delgada

Como dice Miguel Franco, “necesitamos un nuevo relato”. Y ese nuevo relato tiene que acabar con la obesidad, pero sobre todo tiene que acabar con el mensaje de que ya sabemos lo que tenemos que hacer. Tengo la impresión de que el daño más grave que está haciendo la pseudociencia del balance energético no es el físico: es el que hace en la autoestima y en el autoconcepto.

Me cuesta muchísimo dejar de comer y ser disciplinada

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