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Nutrición, para dummies (I)

— Hola, ¿has estado pensando en lo que hablamos el otro día? (ver)

— Sí, y creo que ya lo entiendo. Se me ocurre que cuando una adolescente crece en altura o desarrolla el pecho, tiene que ingerir para ello más energía de la que gasta.

— Sin duda.

— Pero no podemos hacer a la niña más alta haciendo que coma más de lo normal y se mueva menos. Ni tendrá los pechos más pequeños si come muy poco y se vuelve muy activa. Las leyes de la termodinámica siempre se cumplen, pero no nos dan la clave sobre cómo influir en el crecimiento, ni en el vertical ni en el «horizontal».

— Eso es. Me parece que lo entiendes mejor que yo 🙂

— Estupendo. Sigamos entonces por donde íbamos: ¿cómo consigo adelgazar?

— Ante todo, tienes que cambiar la forma de pensar: olvida todo lo que tenga que ver con las Calorías o la energía de los alimentos.

— Será complicado, porque nos tienen acostumbrados a pensar en términos de energía. Dime, ¿cómo tengo que orientar el problema de mi sobrepeso?

— Presta atención al gráfico, porque realmente asimilar el concepto es lo más importante. De verdad, dedícale un poco de atención.

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— «Lo que como determina cuánto como y cuánta energía gasto»… O sea que sí puedo alterar el balance energético, pero tengo que hacerlo eligiendo correctamente los alimentos a consumir.

— Ésa es la idea.

— ¿Y adelgazaré sin limitar la cantidad de comida? ¿Comiendo cuanto quiera? Me cuesta creerlo: cuando empiezo a comer me cuesta parar, y así no veo cómo voy a adelgazar.

— Fíjate que tú lo estás diciendo todo. Ése es el resultado de tu actual selección de alimentos. Por un lado, una mala selección de alimentos te lleva a tener hambre a todas horas. Por otro, hay ciertos alimentos que no pueden formar parte de tu alimentación, pues no los comes por hambre real, sino por una especie de adicción que te impide parar de comer. En ambos casos tu cuerpo te obliga, te impulsa, a ingerir más comida, y no puedes luchar contra eso.

— ¿Quieres decir que no estoy obeso por falta de voluntad ni de autocontrol?

— ¿Te falta autocontrol cuando comes huevos?

— No.

— Ni a ti, ni a nadie. Son ciertos alimentos, que nunca han pertenecido a la alimentación del ser humano, los que tienen ese efecto en casi todo el mundo. Siempre son los mismos alimentos: cereales/pan y azúcar, en pocas palabras. Elimínalos de tu dieta, y verás cómo sí tienes autocontrol.

— ¿Y adelgazaré sin pasar hambre?

— No te prometo nada, pero ésa es la idea.

— Vayamos entonces al grano, ¿qué he de comer?

— Prefiero empezar diciéndote algo que NO has de tomar: azúcar. Nada. Nothing. Niet. Zero. Rien. Ni añadido por ti, ni añadido por los fabricantes de alimentos.

— ¿Ni siquiera para reponer fuerzas? A veces me siento falto de energía y un poco de azúcar me ayuda.

— No me cabe duda de que tu cuerpo te está pidiendo azúcar. Lo que te digo es que el azúcar no es la solución a esa situación, sino la causa. Deja el azúcar y dejarás de sentirte falto de energía.

— Nunca lo había pensado de ese modo. ¿He de dejar algo más?

— Sí, los alimentos ricos en carbohidratos, básicamente los productos fabricados a partir de semillas. Es decir, cereales, pan, pasta y pizza. En términos evolutivos no pertenecen a la alimentación del ser humano.

— ¡Pero qué dices! Si esos alimentos son la base de la pirámide nutricional

— ¿Crees que es casualidad que haya una epidemia de obesidad desde que eso es así?

— ¿Y por qué he de dejarlos? 

— Porque nuestro cuerpo no está preparado para procesar ese tipo de «alimentos». Esos alimentos no existen en la naturaleza como tal. Son las industrias las que procesan ciertas plantas y generan a partir de ellas una sustancia blanquecina con una altísima proporción de carbohidratos, que no existe de forma natural en los alimentos propios del ser humano. Esos alimentos ricos en carbohidratos son convertidos inmediatamente en glucosa en el interior de nuestro cuerpo y éste no está diseñado para funcionar a base de glucosa. Los efectos son conocidos: hambre a todas horas, grandes bajadas y subidas en los niveles de glucosa y de insulina en sangre, y eventualmente, problemas de salud, como los relacionados con la obesidad.

— ¿Pero no es la glucosa el combustible principal de nuestro cuerpo?

— No. Eso es falso. Nuestro cuerpo puede usar ocasionalmente la glucosa como combustible, y de hecho da prioridad a «quemar» glucosa cuando sus niveles en sangre son excesivos, tratando como puede de llevarnos a niveles seguros. La glucosa es altamente tóxica en nuestro cuerpo si se superan ciertos niveles, por lo que sí, para nuestro organismo es prioritario hacer algo con ella para que no cause daño (ver). Pero nuestro cuerpo no está diseñado para funcionar a base de glucosa. Podemos almacenar cierta cantidad en el hígado que sirve para regular los niveles en sangre, pero una ingesta excesiva de carbohidratos, como la que recomiendan algunos supuestos expertos, no tarda en desbordar la capacidad de nuestro cuerpo para defenderse de esta sustancia.

— ¿No es cierto que nuestro cerebro se alimenta de glucosa? ¿Cómo vamos a vivir sin glucosa?

— Es cierto que el cerebro necesita glucosa. Tan cierto como que no hace falta ingerirla, porque tenemos la capacidad de producirla en el hígado: se llama gluconeogénesis. Si no ingieres glucosa, el hígado la produce y el cerebro la usa. No hay problema: no te quedas sin glucosa aunque no la ingieras.

— ¿Y no me faltarán nutrientes si dejo de comer cereales?

— Te contesto con una pregunta: ¿qué nutrientes hay en los cereales que no se puedan obtener en alimentos de verdad, en mayor cantidad y sin todos los problemas asociados a los cereales (ver)?

— ¿Y de dónde sacará mi cuerpo la energía si no le doy glucosa?

— De la grasa que consumas, y de la que tienes en la tripita. Interesante para adelgazar, ¿verdad?

— ¡¿Grasa?! ¿Cómo voy a basar la alimentación en grasa? ¡Eso me matará de un ataque al corazón!

— ¡Uf! Menudo tema hemos tocado. Si te parece lo dejamos aquí, y seguimos en la segunda parte. Pero antes hago un pequeño resumen.

— Me parece perfecto.

— Pues allá voy. Muchos supuestos expertos en nutrición nos hablan del tamaño de las raciones, de trucos para comer menos, como poner menos aceite en la ensalada o escoger alimentos con pocas calorías, de trucos para estar más activos a lo largo del día y supuestamente quemar más calorías, etc. Todos esos consejos, que toman como referencia las Calorías, nos hacen tomar las decisiones equivocadas a la hora de escoger qué comemos (ver). Esos consejos nos han hecho obesos. Los supuestos expertos nos han hecho obesos.

 Ir a la segunda parte.