¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (4/4)

Parte 1: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (1/4)

Parte 2: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (2/4)

Parte 3: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (3/4)

Una idea nuclear de esta entrada del blog es plantear hasta qué punto un excesivo número de adipocitos puede ser un problema a la hora de que una persona obesa mantenga el peso, si consigue rebajarlo. Yo no lo daría por confirmado, pero me parece razonable sospechar que sí puede ser un problema.

In agreement with our data, they reported that patients with the lowest initial total fat cell numbers responded most favorably to treatment [weight loss] and may have had a reduced rate of fat cell proliferation with increased age (ver)

Coincidiendo con nuestros datos, ellos informaron de que los pacientes con un número total inicial más bajo de células grasas respondieron más favorablemente al tratamiento [pérdida de peso] y pueden haber tenido una tasa reducida de proliferación de células grasas con edad creciente.

En este estudio, los participantes con tejido adiposo hiperplásico (número de adipocitos aumentado) mostraron mayor tendencia a engordar y menor capacidad para mantener el nuevo peso tras adelgazar unos kilos, en comparación con personas delgadas o personas obesas con tejido adiposo hipertrófico. En este otro estudio, recuperar el peso tras haberlo perdido también estuvo asociado con tener un mayor número de adipocitos, mientras que mantener el peso perdido estuvo asociado con tener una mayor hipertrofia de los adipocitos.

Vamos a ver algunos datos más.

Dynamics of fat cell turnover in humans

En la gráfica se muestra que, en general, nuestro número de adipocitos se establece antes de los 20 años de edad, y el número total de adipocitos de un adulto suele estar en el rango de 4-8E10 (40,000 millones para los delgados, en azul, el doble, 75,000 millones para los obesos, en rojo).

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Las cifras no parecen crecer a partir de los 20 años, pero de valores medios no se puede deducir qué sucede a nivel individual. Lo que sí parece es que la edad en la que está previsto, “programado”, que haya un crecimiento en el número de adipocitos es hasta los 20 años.

El 8% de los adipocitos se renuevan anualmente. En personas delgadas, siendo que el número de adipocitos no cambia mucho, esa tasa debe ser tanto la de muerte celular como de generación de nuevos adipocitos. De hecho, en una persona delgada, según la gráfica de la izquierda, asumiendo un número total de adipocitos de 5E10, una muerte de un 8.2% de adipocitos sería 0.4E10 adipocitos muertos/año, que encaja bastante con la tasa de generación de nuevos adipocitos que da la gráfica de la derecha. En una persona obesa la tasa de muertes anda por el 9.5%. Tomando 7.5E10 como número total de adipocitos eso da 0.7E10 células grasas muertas cada año. Como se muestra en la figura de la derecha, la generación de nuevos adipocitos nuevamente encaja con esa cifra. En cualquier caso, si en una persona ambas tasas coinciden, se debe mantener constante la cantidad de adipocitos. Nótese que la gráfica de la izquierda es relativa (porcentaje), mientras que la de la derecha es absoluta.

Selección_735

Otro dato interesante que nos da este artículo es que pasados 1-2 años de una operación de cirugía bariátrica, el número de adipocitos no se redujo:

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El BMI se redujo, así como el volumen medio de los adipocitos, pero no el número total de los mismos. Mismo resultado en este otro estudio, con datos dos años tras la operación: 4.3E9 células en tejido subcutáneo antes de la operación, 4.2E9 células dos años después. En este otro estudio, el seguimiento de 10 mujeres que consiguieron reducir su IMC de 41.1 a 25.5 kg/m² demostró que esas mujeres tenían la misma cantidad de grasa que las mujeres del grupo control que tenían el mismo IMC, pero con unos adipocitos de tamaño 349 pl, frente a los 607 pl del grupo control, lo que demostraba que las ex-obesas seguían teniendo hiperplasia. Para estar igual de delgadas que el grupo control, sus adipocitos tenían en término medio un 60% de la grasa de un adipocito en las mujeres del grupo control.

Adipose cell size and glucose tolerance in obese children and effects of diet

Estudio con niños obesos en los que se muestra el tamaño y el número de los adipocitos tras haber perdido peso. Lo que se ve es que, al menos a corto plazo, perder peso hace que se reduzca el volumen de los adipocitos, pero no su número.

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The Growth of Adipose Tissue in Children and Adolescents

Algunos autores (ver,ver) sugieren que dado que durante la etapa de crecimiento es normal que exista adipogénesis, quizá en ese momento seríamos más susceptibles a generar una cantidad extra de adipocitos que, quizá, nos condenaría a obesos de adultos. Nótese que, siendo que un adulto tiene un número de adipocitos entre 40 y 50E09, según la gráfica que vemos (ver) un niño de 11 años obeso promedio ya alcanza esa cifra, y la duplica a los 20 años.

Selección_738

ADIPOSE CELL SIZE AND NUMBER IN NONOBESE AND OBESE PATIENTS

En este estudio nos dan el número de adipocitos de los participantes, en función de a qué edad desarrollaron la obesidad. Se muestra como referencia (círculos en la parte derecha) el número de adipocitos de personas delgadas. Esta gráfica transmite la idea de que siempre hay hiperplasia si se es obeso antes de los 15 años, y con cierta probabilidad si la obesidad sucede entre los 15 y los 20 años.

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El dato me parece preocupante. Al engordar de joven se puede estar desarrollando preferentemente un tipo de obesidad difícil de revertir.

Effect of BMI and age on adipose tissue cellularity and differentiation capacity in women

Número de adipocitos en 189 mujeres, agrupadas según su IMC en delgadas (<25), con sobrepeso (25-30) u obesas (>30). Las cajas marcan los niveles para los percentiles 10-90:

Selección_786

De acuerdo con esos datos, prácticamente no hay mujeres delgadas que tengan un número aumentado de adipocitos. Por el contrario, si se tiene obesidad, prácticamente seguro que hay hiperplasia. En cuanto a las mujeres con sobrepeso, aunque en término medio el número de adipocitos no es muy diferente del de las delgadas, la realidad es que muchas de ellas sí tienen hiperplasia además de hipertrofia. Datos en mujeres. Quizá en hombres es diferente.

Por otro lado, viendo el dato de las mujeres delgadas, si es cierto que el número de adipocitos nunca disminuye, lo que estaríamos viendo es que prácticamente no hay, entre las delgadas, ex-obesas que hayan adelgazado.

¿Es posible ser optimista?

Sólo he encontrado una referencia que diga que una persona como yo, que ha sido obesa, si se mantiene delgada con el tiempo verá reducido su número de adipocitos:

a prolonged reduction in body fat may possibly lead to a decrease in the number of fat cells (ver).

una reducción prolongada de la grasa corporal podría, posiblemente, llevar a una reducción en el número de células grasas.

Lamentablemente, no he podido tener acceso al artículo (de hace 35 años) que presuntamente justifica la cita anterior. Sin leerlo, no puedo saber hasta qué punto se está especulando con esa posibilidad. El “may” y el “possibly” me hacen pensar que ese artículo no contiene evidencias.

Fantaseando, si fuera posible deshacerse de un 8% de los adipocitos cada año, en 5 años me libraría de un tercio de mis adipocitos. En 8 años los habría rebajado a la mitad. Pura especulación.

Seguir una dieta que no dispare los niveles de insulina tendría sentido pensando en prevenir la obesidad:

insulin has a dual action on adipogenesis: a centrally regulated increase in lipogenesis and hence adipocyte cell volume, and a Glut-4- mediated increase in adipose cell recruitment and hence cell number. (fuente)

la insulina tiene una acción dual sobre la adipogénesis: un aumento regulado centralmente de lipogénesis y por lo tanto del volumen de los adipocitos y un incremento mediado por Glut-4 del reclutamiento de células adiposas y por lo tanto del número de células.

Pero deshacerse de los adipocitos extra, cuando ya se ha sido obeso, es otra historia. En ese sentido, en este estudio con ratas, los autores afirmaron que la ausencia de insulina redujo el número de adipocitos:

the prolonged lack of insulin induced a progressive decrease of the cellularity of RWAT to levels that were lower than those of the initial controls.

la prolongada carencia de insulina indujo un descenso progresivo en la celularidad de la RWAT [tejido adiposo blanco retroperitoneal] a niveles más bajos que los de los controles iniciales.

En este estudio, sin embargo, la limitación de la insulina únicamente cambió el tamaño de los adipocitos, no su número (salvo en la grasa subcutánea (ver), aunque los autores sugieren que quizá la reducción del número de adipocitos es un artefacto debido a que los adipocitos seguían existiendo pero eran demasiado pequeños para ser detectados).

Para acabar, un toque de optimismo: no es necesario que los adipocitos mueran. Bastaría con que se convirtieran de nuevo en pre-adipocitos. Curiosamente (ver), cuando se manejan adipocitos maduros in vitro, es complicado evitar que se des-diferencien, es decir, es complicado evitar que vuelvan a ser pre-adipocitos. Eso es muy interesante, pues demuestra que esa vuelta atrás es algo que entra en lo posible in vivo. En el estudio que cito, dicen que consiguieron reducir la tasa de des-diferenciación bañando los adipocitos en un medio con una cierta composición. Eso es justo lo que no quisiera que pasase. ¿Y qué pusieron en ese medio, entre otras cosas, que me parezca interesante? Insulina.

En la gráfica se muestra el porcentaje de adipocitos maduros al cabo de tres semanas. Los medios 2 y 3 contienen insulina, el medio 1 no. Selección_788

En conjunto, soy optimista en mi situación particular. Me mantengo con muy poca grasa corporal desde hace más de dos años. Si tengo hiperplasia adquirida en mi época de obeso, mis adipocitos ahora mismo tienen que estar bien vacíos. Mi mejor opción, tal y como yo lo veo, para volver a tener un número de adipocitos normal es tratar de seguir como hasta ahora, evitando regar mi cuerpo con insulina, disfrutar de lo bien que me encuentro, y, si hay suerte, igual mis adipocitos deciden que no sirven de nada como adipocitos y que ya es hora de des-diferenciarse o de morir.

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¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (3/4)

Parte 1: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (1/4)

Parte 2: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (2/4)

Sigo hablando de hiperplasia, en esta tercera entrega a partir de resultados obtenidos en experimentos con animales.

Primer estudio

Biology’s response to dieting: the impetus for weight regain“.

La gráfica es interesantísima. Se nos muestra la cantidad de adipocitos en función del tamaño de los adipocitos, en 5 fases:

  • A: al adelgazar los adipocitos se reducen en tamaño, pero no en número (la curva se desplaza hacia la izquierda)
  • B: en cuanto las ratas comen libremente, se crean nuevos adipocitos, que en principio son pequeños (todavía no tienen grasa). Sale un bultito en la parte izquierda de la curva.
  • C: conforme pasa el tiempo y van recuperando el peso, los nuevos adipocitos se van convirtiendo en adipocitos “gordos”, llenos de grasa. Desaparece el bultito que había a la izquierda de la curva, y crece el número de adipocitos “gordos”.
  • D: habiendo recuperado ya el peso perdido, tienen más adipocitos y más llenos de grasa que antes de empezar el proceso de pérdida-recuperación de peso
  • E: si comparamos las ratas que han ganado-perdido peso con ratas control obesas de la misma edad, las que han pasado por el proceso de ganancia-pérdida de peso tienen un extra de adipocitos que además están llenos de grasa.

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If this does occur in some humans, particularly those who are obese or are prone to obesity, the consequences lie not only in facilitating rapid, energetically efficient regain early in relapse (Fig. 3B), but also in permanently expanding the total storage capacity of the depot.

Si esto pasase en algunos humanos, particularmente en los que son obesos o propensos a serlo, las consecuencias serían no sólo facilitar una rápida y eficiente forma de recuperar el peso pronto cuando se vuelve a comer normal, sino una expansión permanente de la capacidad total de almacenamiento del depósito.

Segundo estudio

Exercise Decreases Lipogenic Gene Expression in Adipose Tissue and Alters Adipocyte Cellularity during Weight Regain After Weight Loss

En este estudio tenemos ratas obesas, que consumen una cierta dieta ad libitum (i.e. comen cuanto quieren) y las comparamos con ratas que han sido sometidas a restricción calórica durante dos semanas, proceso en el que han perdido un 14-18% del peso corporal. Esas últimas ratas se clasifican en varios grupos:

  • WR- se les limita la ingesta calórica para que mantengan el peso, o
  • REL- consumen ad libitum y por tanto están recuperando el peso perdido
  • -SED no hacen ejercicio físico, o
  • -EX hacen ejercicio físico

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Primer resultado interesante (ver tabla): todas las ratas que han perdido peso y grasa corporal han aumentado considerablemente su número de adipocitos en comparación con las ratas “obesas”. De entre ellas, las que hacen ejercicio físico tienen más adipocitos que las sedentarias. El efecto de perder peso ha sido reducir el tamaño de los adipocitos respecto de las obesas, ¡pero aumentar su número! Eso se ve claramente en la tabla, que nos da datos para dos depósitos de grasa corporal diferentes:

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En la figura se muestra la misma información de esos dos depósitos (RP a la izquierda, SC a la derecha), con un poco más de detalle. En la parte superior vemos que las ratas “reduced” (las que han perdido peso y están manteniendo el nuevo peso porque la ingesta está siendo restringida), lo que han hecho ha sido reducir el tamaño de los adipocitos, pero su número ha aumentado, especialmente en el depósito SC (el de la derecha) en las ratas que hacen ejercicio (Reduced EX). En general esas ratas tienen más adipocitos pequeños, recién generados a partir de pre-adipocitos.

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En las ratas “relapsing”, las que que comen libremente y por tanto están recuperando peso, vemos lo mismo: un aumento de los adipocitos muy pequeños, presumiblemente de nueva creación, y un aumento notable en la cantidad total de adipocitos en el grupo que hace ejercicio, especialmente en el depósito SC.

No estamos interpretando incorrectamente el resultado. Los autores del estudio incluso sugieren que esto podría explicar por qué algunos deportistas profesionales ganan una gran cantidad de peso cuando dejan de hacer deporte: ¿consecuencia de tener muchos adipocitos?

Despite this potential benefit of exercise on adipose tissue metabolism, one must consider the potential consequences that an increase in adipocyte number could have on the long term expansion of body fat stores.

A pesar de este potencial beneficio del ejercicio físico en el metabolismo del tejido adiposo, uno debe tener en cuenta las potenciales consecuencias que un incremento en el número de adipocitos puede tener en la expansión de las reservas de grasa corporal a largo plazo.

También en este artículo con ratas, tras haber perdido peso hacer ejercicio aumentó el número de adipocitos. Dejar de hacer ejercicio lo aumentó aún más. En este otro estudio, en el depósito RP (retroperitoneal), en ratas que habían perdido peso, hacer ejercicio produjo tanto una menor ingesta energética como un menor número de adipocitos que no hacer ejercicio. En este estudio en ratas, dejar de hacer ejercicio aumentaba la hipertrofia de los adipocitos y parecía crear las condiciones adecuadas para un aumento en el número de adipocitos. También en este estudio y en este otro aumentaba la adiposidad y el número de adipocitos al dejar el ejercicio físico. En este otro estudio, dependiendo de la edad de las ratas, tanto el ejercicio físico y como dejar de hacer ejercicio físico aumentaban el número de adipocitos.

Evidentemente los humanos no son ratas, y quizá en los seres humanos existe un resultado positivo a largo plazo del ejercicio físico en el número de adipocitos (ese efecto no parece haber sido establecido), pero, en cualquier caso, estos estudios dejan patente, una vez más, la insensatez que es deducir soluciones a la obesidad a partir del balance energético. Según los apologistas del “balance energético”, si haces ejercicio quemas calorías y adelgazas. Pero esas ideas ignoran la reacción real de un animal ante el estímulo aplicado. Tiene mucho sentido que el ejercicio físico en condiciones de restricción calórica sostenida, sea contraproducente en términos de hiperplasia. ¿Ejercicio físico cuando por otro lado privas de comida a tu cuerpo? ¿Cuál es la reacción lógica de tu metabolismo ante tanto ataque? ¿Qué va a hacer tu cuerpo para asegurar que esas reservas de energía no se vacían más? Por otro lado, que el ejercicio físico pueda ser perjudicial en condiciones de restricción calórica no es incompatible con ser beneficioso en otras condiciones. En cualquier caso, reitero que estos no son datos en humanos y que no se puede ni debe extrapolar este resultado en ratas a personas.

Tercer estudio

Resistance to adipocyte hyperplasia in ground squirrels given high-fat diets

En los mamíferos que hibernan, el aumento de peso se produce por hipertrofia, no por hiperplasia. Es decir, las células grasas existentes se llenan de más grasa, pero no aumenta el número de adipocitos. Es el caso de las ardillas, lironesmarmotas. Sin embargo, si a una ardilla la sometemos a una dieta engordante durante un tiempo excesivo (un año en este estudio), desarrolla hiperplasia. O en otras palabras, la hiperplasia sólo se produce en condiciones forzadas de forma anormal para el animal. Estos resultados sugieren que la adipogénesis en un animal adulto no es un proceso “normal”. No es lo previsto en el engordamiento estacional de los animales. Si se produce es, probablemente, porque de forma anormal hemos introducido en nuestra dieta productos que, aunque comestibles, no son alimentos. Tampoco hay que descartar el efecto de sustancias contaminantes (ver,ver).

No es una idea optimista, pero, lamentablemente, quizá nuestro cuerpo no tenga mecanismos para volver atrás, para deshacerse de esos adipocitos maduros que nunca se deberían de haber generado.

Mis reflexiones

Hay quien cree (ver) que la hipertrofia no es deseable, que cuando alguien engorda por hipertrofia es porque está fallando la adipogénesis, protectora en cierta manera frente al síndrome metabólico. Mi impresión personal es que el engorde que sufrimos actualmente los seres humanos no es normal, pues no existía hace unos cientos de años y por tanto deduzco que sus causas no son ni “naturales” ni inevitables. Ni hipertrofia ni hiperplasia pueden ser la reacción normal a algo que de partida no debería existir. Con hipertrofia te encuentras con células llenas de grasa, resistentes a la insulina, y camino del síndrome metabólico. La hiperplasia atenúa ese problema, pero quizá a costa de dificultar el mantenimiento del peso una vez reducido. Sin saber cuáles son las consecuencias de tener un número demasiado grande de adipocitos, no veo razones para desear que la adipogénesis se desencadene con mayor facilidad. Eso es comida para hoy y hambre para mañana.

Cuarta parte: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (4/4)

¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (2/4)

Parte 1: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (1/4)

there are data to suggest that adipocytes ‘‘crave’’ to be filled (although this point remains controversial), and we propose that having a larger adipocyte progenitor population will result in a larger steady state adipocyte population that may interfere with the success of subsequent weight loss attempts. (fuente)

hay datos que sugieren que los adipocitos “desean” ser llenados (aunque este hecho sigue siendo discutido), y proponemos que tener una gran cantidad de adipocitos creadores puede resultar en una mayor población de adipocitos de forma sostenida, lo que podría interferir con el éxito de los subsiguientes intentos de pérdida de peso.

Estamos hablando de hiperplasia/adipogénesis. Voy a comentar un par de estudios. Aunque me enrollaré un poco con los detalles, lo que vamos a ver es:

  • Un estudio en ratas, en el que las ratas que tras adelgazar comen a voluntad ven como su número de adipocitos aumenta.
  • Un estudio en ratones, en el que los ratones que hicieron restricción calórica intermitente acabaron con el doble de adipocitos que ratones que no hicieron dieta (comían cuanto querían).

No son datos en humanos, pero bajo mi punto de vista estos estudios dejan bien claro que esto de la obesidad no es cuestión de energía, sino de biología. Un animal no es tan simple como un horno que quema comida.

Primer estudio

Weight regain after sustained weight reduction is accompanied by suppressed oxidation of dietary fat and adipocyte hyperplasia

the shift in metabolism observed in the present study may reflect a more subtle shift that occurs intermittently or spread out over a period of weeks or months in a relapsing human

el cambio en el metabolismo observado en este estudio podría ser el reflejo de un cambio más sutil que ocurra de forma intermitente o que se extienda a un periodo de semanas o meses en un humano que está recuperando el peso perdido.

24 ratas siguen una dieta para provocar obesidad (alta en grasa en el caso de las ratas) durante 16 semanas. A partir de ese momento las ratas son divididas en 2 grupos:

  • 6 de esas ratas, a las que los autores del estudio llaman “obesas“, siguen entonces una dieta baja en grasa durante 10 semanas (ad libitum, o sea que comen cuanto quieren).
  • 18 de las ratas, a las que en el estudio llaman “peso-reducido“, consumen una dieta  hipocalórica (60% de las calorías que consumen las ratas obesas) durante 2 semanas y pierden un 14% de su peso corporal. Luego vienen 8 semanas en las que las 18 ratas se dividen en tres grupos, todos consumiendo la misma dieta baja en grasa que las ratas obesas:
    • Reduced“: se ajusta su ingesta al gasto energético que se les mide, tratando de que mantengan el peso corporal
    • Relapse-Day1“: pueden comer ad-libitum
    • Gap-matched“: se ajusta su ingesta para mantener el mismo balance energético que se mide en las ratas obesas. Ojo, no la misma ingesta: el mismo balance energético.

La siguiente gráfica muestra el consumo acumulado de grasa a lo largo del día, para los 4 grupos de ratas. La gráfica de ingesta calórica sería la misma, solo que escalada:

Selección_710

Lo que yo deduzco de la gráfica anterior es que las ratas “peso reducido”, sean del grupo que sean, están muertas de hambre: comen de forma compulsiva en las primeras horas tras ser servida la comida. De ellas, las que tienen limitada la ingesta se quedan rápidamente sin comida (y la ingesta acumulada se mantiene horizontal a partir de ese momento). Las ratas obesas (rombos en la gráfica) son las únicas que no tienen ansiedad por comer y reparten el consumo a  lo largo del día. Al final del día, las “obesas” comen lo mismo que las “Gap-matched”, pero lo hacen sin ansiedad.

En la gráfica anterior vemos que las ratas “Relapse-Day1” (círculos), las que habían adelgazado pero ahora pueden comer cuanto quieran, son con diferencia las que más comen en términos de grasa (y, lógicamente, de calorías, pues la composición de la dieta es la misma en todos los grupos). Recordemos este dato.

En la siguiente gráfica vemos la tasa de grasa oxidada (“quemada”, en calorías por hora) a lo largo del día en los cuatro grupos de ratas:

Selección_711

Con círculos tenemos a las ratas “Relapse-Day1”, las que vimos que son las que más grasa ingieren, y ahora vemos que son las que menos grasa queman. Se deduce que están engordando.

Las otras ratas “peso reducido” sabemos que consumen la comida en las primeras horas tras recibirla, pero ahora vemos que su quema de grasas no aumenta hasta 9 ó 18 horas tras ser servida la comida, en los grupos “reduced” y “gap-matched”, respectivamente. Por ejemplo, los grupos “obesas” y “gap-matched” hemos visto que tienen una ingesta comparable (primera gráfica que hemos visto), pero las obesas queman la grasa dietaria en mayor medida que las “gap-matched” (rombos frente a triángulos en la gráfica anterior). Misma ingesta y distinto engorde: hablar de energía en nutrición no tiene ningún sentido.

En la siguiente gráfica vemos que al final del experimento, todas las ratas de “peso-reducido” habían incorporado una mayor proporción de la grasa consumida en la dieta a sus depósitos de grasa corporal:

Selección_712

Fijémonos en la diferencia en la gráfica anterior entre las ratas “obesas” y las “gap-matched”, en términos de acumulación de la grasa que ingieren en la grasa corporal. Y ahora contrastemos eso con el hecho de que el superávit calórico es exactamente el mismo en ambos grupos de ratas: en las ratas obesas se midió un superávit calórico de 10 kcal/día, y a las ratas “gap-matched” se les midió el gasto energético y se ajustó la ingesta para que el superávit calórico fuera el mismo que en las rata obesas.

Básicamente, ninguna de las ratas de los tres grupos “peso-reducido” tiene visos de mantener el peso perdido. Y están pasando hambre. Ninguna de las tres estrategias parece llevar a buen puerto.

Reitero que con el mismo “exceso calórico” que las ratas obesas, las ratas “gap-matched” están aprovechando más grasa dietaria para engordar. No comen más, comen “de más” lo mismo, y engordan más. Es más, son ellas las que están haciendo un esfuerzo (forzado en este caso) de restricción de la ingesta, pues ya vimos que están pasando hambre, mientras que las obesas no tienen ansiedad por comer. No hay glotonería, sino sacrificio, y están engordando más. Por ejemplo, en el artículo nos dicen que el día que se midieron el consumo de grasa y la oxidación de grasa, las ratas “gap-matched” acumularon más del doble de grasa que las ratas obesas. ¿Acusamos a estas ratas de recuperar el peso perdido por comer en exceso, por comer por encima de su gasto energético?

Hablando de hiperplasia, el dato interesante es que las ratas “relapse-day1” tenían muchos más adipocitos que el resto de grupos. Comparando este grupo con el resto, la conclusión es que bajar de peso y luego comer en exceso, por el hambre que ha provocado la dieta hipocalórica, ha fomentado la hiperplasia:

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El “balance energético” no aporta más que ignorancia al mundo de la nutrición. Los efectos de una dieta o de un plan de ejercicios no los dictan las leyes de la termodinámica, sino la biología, la fisiología, las hormonas o como queramos llamarlo. Seguir hablando de energía, seguir diciendo que se engorda por ingerir más de lo que se gasta, es seguir siendo unos burros.

Segundo estudio

Weight cycling promotes fat gain and altered clock gene expression in adipose tissue in C57BL/6J mice

Hace un tiempo hablé de un estudio (ver) en que unos ratones a los que se les restringía la ingesta engordaban más que ratones que habían consumido más comida. Hacer restricción calórica aumentaba su eficiencia a la hora de aprovechar lo que comían: una caloría les engordaba más.

Selección_728

Las dietas eran muy altas en azúcares en todos los casos, una con un 70% de hidratos de carbono (“low-fat”) y otra con un 44% de hidratos de carbono (“dieta occidental hipercalórica”):

The low-fat diet (S8672-E050) contained 20% protein, 35% starch, 35% sucrose, and 10% fat, and the Western diet (S8672-E400) contained 18% protein, 13% starch, 31% sucrose, and 38% fat (Ssniff Spezialdiäten).

Si nos fijamos en el número de adipocitos en ese experimento, lo que vemos es que la dieta baja en grasa (Low-fat en la gráfica) creó una mayor cantidad de adipocitos que la dieta alta en grasa (HF en la gráfica). Al estar esos adipocitos a mitad de llenado que en el grupo HF, estos ratones engordaron “cuantitativamente” menos que ellos. Es discutible que ese resultado sea mejor que estar más gordo pero con menos hiperplasia. Los ratones que hicieron restricción calórica de forma intermitente (WC en la gráfica) acabaron con muchos más adipocitos, y más llenos de grasa, que los ratones que consumiendo la misma dieta no hicieron restricción calórica. El perjudicial efecto de la restricción calórica no sólo fue cuantitativo (cantidad total de grasa), como ya habíamos visto, sino cualitativo (mayor cantidad de adipocitos).

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En otra zona de grasa corporal el resultado es básicamente el mismo: la restricción calórica hizo acabar con más adipocitos y más llenos que comer de la misma comida “sin hacer dieta”.

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En la tercera parte hablaré de otros estudios científicos relacionados con la hiperplasia/adipogénesis.

Parte 3: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (3/4)

Leer más:

¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (1/4)

the existence of an adipocytes-based autonomous cause for weight regain may be taken as an excuse to abandon measures needed to maintain the reduced weight. (ver)

Traducción muy muy muy libre: si los obesos se enteran de que hay una causa fisiológica para la recuperación del peso perdido, podrían aprovecharlo para dejar de seguir las actuales recomendaciones, que siempre han fracasado y para lo que hay una explicación, pero que sabemos necesarias para mantener el peso perdido. Los obesos tienen tan poca fuerza de voluntad que no se les puede contar que no tenemos ni idea de cómo tratar la obesidad, porque lo usarían como excusa para no seguir el tratamiento.

Quizá lo que voy a contar en esta entrada, en sus cuatro partes, pueda interpretarse como algo negativo o desesperanzador. No es mi intención que sea así. Fui obeso durante años. Llevo ya dos años y un par de meses manteniendo un estado físico envidiable. Como ex-obeso, el mensaje que yo extraigo de esta entrada no es pesimista: me motiva a seguir comiendo de forma saludable, pues entiendo que mi cuerpo, dada mi historia previa, quizá no puede permitirse los mismos deslices que una persona que nunca ha sido obesa. Además, lo que voy a contar me anima a no hacer “experimentos” que puedan hacerme engordar, aunque sea poco y transitoriamente. Nada bueno saldría de esa experiencia.

Si no has leído la entrada “Sensibilidad a la insulina y genética de la obesidad” de este blog, quizá sea conveniente que lo hagas antes de seguir.

peso

Allá voy.

Adipocyte Turnover: Relevance to Human Adipose Tissue Morphology

Hay una gráfica en este estudio cuyo análisis me parece interesante. Se representa, para 764 personas, el tamaño medio de los adipocitos frente a los kilos de grasa:

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En la figura he dibujado algunas rectas que pasan por el origen de coordenadas. Cada recta representa una cantidad concreta de adipocitos en el cuerpo. Habría infinitas rectas, aunque sólo he dibujado cuatro. La recta roja sería de la de las personas con menos adipocitos, la azul la de las personas con más adipocitos. Si en una persona cuyo punto está en la recta roja sus adipocitos se llenan de grasa, apenas engorda, porque tiene pocos adipocitos. Moverse hacia arriba en la recta roja sería engorde por hipertrofia pura; girar hacia la derecha, pasando a otras rectas, sería engordar por hiperplasia, siendo la recta azul la representante de la máxima hiperplasia: máximo número de adipocitos. Si en una persona cuyo dato está en la recta azul todos sus adipocitos engordan un poco, la persona engorda mucho. Nótese que la hiperplasia suele venir acompañada de un grado variable de hipertrofia (volumen celular).

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Supongamos que los datos de una persona están en un punto que pertenece a la recta roja. Si esa persona sube o baja de peso sin que cambie su número de adipocitos, lo que hace es moverse por la recta roja, sin salirse de ella: hacia arriba o hacia abajo.

Lo que vemos es que conforme las personas tienen más grasa, los puntos se ubican en rectas (hay que imaginarlas desde el punto en cuestión hasta el origen de coordenadas) que indican mayor número de adipocitos, es decir, se acercan a la recta azul y se alejan de la roja: mayor hiperplasia. Por ejemplo, para las personas que tienen 90 Kg de grasa corporal, su recta está en todos los casos entre la amarilla y la azul. Y además tienen bastante hipertrofia, pues sus células tienen un volumen elevado.

Si una persona adelgaza, lo que hace es moverse por su recta actual en dirección hacia el origen (al adelgazar no disminuye su número de adipocitos, sólo la cantidad de grasa almacenada en los mismos). Si, por ejemplo, una persona que está en la recta azul, adelgaza y consigue reducir el tamaño de sus adipocitos a 250 picolitros (representado en la gráfica anterior con la recta gris horizontal), todavía tendrá 40 Kg de grasa corporal. Una persona que siempre ha sido delgada que pertenece a la recta roja, con ese mismo tamaño medio de adipocitos tendría tan sólo 5 Kg de grasa corporal.

Otro ejemplo: supongamos que una persona tiene 10 Kg de grasa corporal. Y al engordar su peso se mueve desde el punto rojo hacia la derecha en la gráfica, siguiendo la trayectoria ascendente dibujada en rojo. Si posteriormente adelgaza hasta recuperar el tamaño inicial de sus adipocitos, habrá acabado con casi el doble de grasa corporal de lo que tenía originalmente.

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Para volver a los niveles originales de grasa corporal, esa persona tendría que conseguir mantener sus adipocitos bastante más pequeños, i.e. menos llenos de grasa, que antes de engordar (porque ahora tiene más adipocitos), o que una persona que no ha engordado nunca. Pero eso no es todo. La trayectoria de adelgazamiento que hemos dibujado recta, volviendo directa hacia el origen de coordenadas, podría desviarse hacia la curva azul por un aumento en el número de adipocitos causado por la reducción de peso, lo que nos deja con aún más grasa corporal.

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Effects of weight gain and weight loss on regional fat distribution

En este estudio en humanos, los participantes ganaron unos kilos (5% del peso original) en dos meses, y luego perdieron un 80% del peso ganado en otros dos meses. Aparentemente sin consecuencias: ganas peso y luego lo pierdes. Pero en la fase de adelgazamiento se incrementó su número de adipocitos.

Our results imply that modest weight fluctuations in healthy adults lead to an overall increased number of fat cells, which could promote future weight gain and make weight maintenance more difficult.

Nuestros resultados implican que moderadas fluctuaciones de peso en adultos sanos llevan a un mayor número total de células grasas, lo que puede promover un aumento de peso en el futuro y hacer más difícil mantener el peso.

Resultado coherente con el de este otro estudio: perder peso aumentó la capacidad adipogénica del tejido adiposo humano in vitro. Mi conclusión es que engordar no es ninguna broma, aunque se pierda el peso enseguida.

En el caso de ser obeso, al adelgazar el número de adipocitos no se reduce. Para acabar, pongo algunas citas, que, en conjunto, sugieren que si ¡muy importante este condicional!– los adipocitos tuvieran tendencia a tener un determinado tamaño medio, ni muy grandes ni muy pequeños, adelgazar con dieta/ejercicio y mantener el nuevo peso, si se ha estado muy gordo, sería harto complicado. Además del posible problema del exceso de adipocitos, otros autores (ver) sugieren que la propia reducción de tamaño de los adipocitos podría causar un “estrés estructural” en los adipocitos, que se resuelve cuando vuelven a crecer.

Diet-induced adipocyte number increase in adult rats: a new model of obesity

 Thus, whenever adipocyte number is increased it remains increased. Furthermore, our data suggest that once a new adipocyte is formed, it tends to store about as much lipid as previously formed adipocytes.

Así pues, cuando el número de adipocitos aumenta, permanece aumentado. Es más, nuestros datos sugieren que una vez un nuevo adipocito se ha formado, tiende a almacenar tanta grasa como los adipocitos formados con anterioridad.

The fat cell epigenetic signature in post-obese women is characterized by global hypomethylation and differential DNA methylation of adipogenesis genes

Obese subjects have increased number of enlarged fat cells that are reduced in size but not in number in post-obesity.

Los sujetos obesos tienen aumentado el número de células de grasa agrandadas, y esas células se reducen en tamaño pero no en número tras dejar de ser obeso.

Prospective and controlled studies of the actions of insulin and catecholamine in fat cells of obese women following weight reduction

A prominent finding in this study was a decrease in fat cell volume below the control level in weight-reduced obese subjects. Since BMI, fat distribution and body fat content were similar in obese subjects and their controls, the results imply that adipose hyperplasia (at least in abdominal subcutaneous adipose tissue) is a major feature of weight-reduced obese subjects

Un hallazgo importante en este estudio fue una disminución en el volumen de las células grasas por debajo del nivel de los de control en sujetos obesos con peso reducido. Puesto que el índice de masa corporal, distribución de la grasa y contenido de grasa corporal fueron similares en los sujetos obesos y los de control, los resultados implican que la hiperplasia adiposa (al menos en el tejido adiposo subcutáneo abdominal) es una característica importante de los sujetos obesos con peso reducido.

Long-Term Prospective and Controlled Studies Demonstrate Adipose Tissue Hypercellularity and Relative Leptin Deficiency in the Postobese State

Adipose hyperplasia could be another important factor behind the difficulty for obese to maintain their body weight in the weight-reduced state. Hypercellularity was present in the whole study group of weight-reduced obese, regardless of whether they became postobese or not. It is possible that the small fat cells of weight-reduced women have a more pronounced ability to accumulate lipids than the larger cells of control subjects.

La hiperplasia adiposa puede ser otro factor importante tras la dificultad de los obesos para mantener el peso corporal una vez reducido el mismo. La hipercelularidad estuvo presente en todo el grupo de estudio de obesos que habían adelgazado, independientemente de si llegaron a dejar de ser obesos o no. Es posible que las células de grasa pequeñas de las mujeres que han perdido peso tengan una mayor facilidad para acumular lípidos que las células más grandes de los sujetos de control.

Biological mechanisms that promote weight regain following weight loss in obese humans

With behavioral weight loss, adipocyte hypertrophy decreases; however, the hyperplasia remains (20, 29, 32-35). Thus, weight loss dieting may reduce the size but not the number of fat cells. A lack of programmed cell death may be responsible for the failure of reductions in fat mass via nonsurgical means to reduce adipocyte number (20, 33). Therefore, relative to never obese individuals, weight-suppressed [formerly] obese individuals (particularly clinically severely obese individuals) may be left with a significantly greater number of adipocytes, which cannot be reduced via behavioral weight loss (34). See Table 1. Liposuction is the only known treatment able to reduce adipocyte number, but carries high complication rates (36).

It is not yet definitively known whether hyperplasia encourages weight regain in weight-suppressed individuals. There is some evidence to suggest that the presence of smaller adipocytes may encourage weight regain by decreasing the overall rate of fat oxidation and increasing the retention of ingested fuel (37-41). Normally, during times of energy deprivation, lipid (fat) stores break down triglycerides into their individuals components, glycerol and free fatty acids (42), which generate energy for the cell. However, the rate of lipolysis (fat breakdown) appears to be related to adipocyte size and cellular surface area (43); smaller cells exhibit lower rates of basal lipolysis (44). Therefore, if size-reduced adipocytes are modified to break down less and store more fat, these cells may expand and promote further proliferation.

Although still speculative, there is some evidence to suggest that these cells may be predisposed to reach a particular mean size, allowing them to store similar amounts of lipid as previously formed adipocytes (25, 34).

Con pérdida de peso conductual, la hipertrofia del adipocito disminuye; sin embargo, la hiperplasia se mantiene. Por lo tanto, las dietas de pérdida de peso pueden reducir el tamaño, pero no el número de células grasas. La falta de una muerte celular programada puede ser responsable del fracaso de las reducciones en la masa grasa por medios no quirúrgicos para reducir el número de adipocitos. Por lo tanto, en comparación con individuos no obesos, los ex-obesos que tienen un peso reducido (particularmente los individuos clínicamente mórbidos) podrían haber quedado con un mayor número de adipocitos, que no pueden reducirse a través de la pérdida de peso conductual. La liposucción es el único tratamiento conocido capaz de reducir el número de adipocitos, pero tiene una alta tasa de complicaciones.

No se sabe con certeza si la hiperplasia fomenta la recuperación de peso en individuos que mantienen un peso corporal reducido tras haber adelgazado. Hay algunas pruebas que sugieren que la presencia de adipocitos más pequeños puede alentar a recuperar el peso mediante la disminución la tasa de oxidación de grasa y aumentar la retención de combustible ingerido. Normalmente, durante la época de la restricción energética, las reservas de lípidos (grasas) descomponen los triglicéridos en sus componentes individuales, glicerol y ácidos grasos libres, generando energía para la célula. Sin embargo, la tasa de lipólisis (degradación de grasa) parece estar relacionada con el tamaño del adipocito y la superficie celular; células más pequeñas presentan tasas más bajas de lipólisis basal. Por lo tanto, si los adipocitos de tamaño reducido se modifican para romper menos y almacenar más grasa, estas células pueden aumentar de tamaño y promover una mayor proliferación.

Aunque aún es especulativo, hay algunas pruebas que sugieren que estas células pueden tener predisposición a llegar a un tamaño medio, lo que les lleva a almacenar cantidades similares de lípidos que los adipocitos formados con anterioridad.

Nada que añadir, al menos no antes de la segunda parte de esta entrada.

Parte 2: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (2/4) 

Leer más:

Sensibilidad a la insulina y genética de la obesidad

NOTA: la inspiración de esta entrada viene del blog de Kindke, en el que podemos encontrar mucha información sobre hiperplasia, hipertrofia y el gen/receptor nuclear PPARg.

La idea de partida es que cuando engordamos, lo hacemos mediante dos mecanismos (ver): el primero, la hipertrofia de los adipocitos, fruto de una lipogénesis aumentada; el segundo, la hiperplasia o aumento en el número de adipocitos, generados a partir de pre-adipocitos mediante el proceso conocido como adipogénesis.

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El hecho de que en una persona predomine uno u otro mecanismo pudiera ser clave para que esa persona desarrollara resistencia a la insulina. En la hiperplasia se tienen adipocitos más pequeños, menos llenos de grasa, pero en mayor cantidad. Los adipocitos pequeños tienen más sensibilidad a la insulina. En la hipertrofia, sin embargo, los adipocitos están muy llenos de grasa y un mayor tamaño está asociado a que se hacen resistentes a la insulina.

The balance between hyperplasia and hypertrophy strongly influences the metabolic outcome of obesity. While smaller cells retain insulin sensitivity and normal function, large hypertrophic cells are insulin resistant and change their secretory profile towards pro-inflammatory adipocytokines (Roberts et al, 2009; Tilg & Moschen, 2006). As a result, lipolytic release of free fatty acids is enhanced in large adipocytes, leading to cytotoxic fatty acid accumulation in extra-adipose tissue (Unger, 2003). Shifting the balance towards hyperplasia replenishes the pool of small, functional adipocytes, thus ameliorating the metabolic consequences of obesity. (ver)
Kindke cree que es más sencillo adelgazar cuando una persona ha engordado principalmente por hipertrofia (ver), pero mucho más complicado cuando lo que se tiene es básicamente hiperplasia. O en otras palabras, cree que posiblemente el “obeso sano”, el que está gordo pero no tiene síntomas de resistencia a la insulina o síndrome metabólico, es en realidad el que peor lo tiene para recuperar un peso normal.

If you was very heavy but with no clear signs of diabetes = significant hyperplasia. (ver)

También cree que, lamentablemente, la hiperplasia es la forma más habitual de obesidad (ver). Este artículo parece darle la razón al concluir que el volumen de grasa abdominal tiene más que ver con un aumentado número de adipocitos que con un tamaño aumentado de cada uno de ellos.

regression analysis demonstrated that adipocyte number was significantly (P < .0001) more important (62%) than adipocyte size (35%).

En el desarrollo del síndrome metabólico quizá también sean relevantes la apoptosis (i.e. muerte) de los adipocitos en condiciones de hipertrofia (ver), o la hipoxia, que entre otras cosas modula la adipogénesis alterando la expresión del gen del que vamos a hablar, el PPARg (ver):

Recent evidence suggests that various programmed cell death pathways are activated in stressed hypertrophied adipocytes and may result in cell death. These events appear to occur at early stages and be important in triggering the metabolic dysregulation associated with obesity.

There is substantial evidence, particularly from animal studies, that hypoxia develops in adipose tissue as the tissue mass expands, and the reduction in Po(2) is considered to underlie the inflammatory response.

Estudio publicado en 2010, de título: “ Insulin-sensitive obesity“.

En este estudio podemos ver la diferencia entre los adipocitos de un obeso sensible a la insulina (izquierda), muchos pero pequeños en tamaño, y los de un obeso resistente a la insulina (derecha), pocos y grandes. La escala en ambas imágenes es la misma:
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También se percibe en la imagen de la derecha la presencia de macrófagos (a menudo rodeando adipocitos muertos, formando estructuras características, denominadas “crown-like structures”).

La curva de distribución de tamaños muestra lo mismo, que el obeso resistente a la insulina (curva roja) tiene adipocitos más grandes:

También este estudio muestra esa misma diferencia entre los adipocitos de un tejido adiposo sano y uno enfermo.

¿Qué determina si nuestros adipocitos engordan (hipertrofia) o si se crean nuevos adipocitos (hiperplasia)? Un par de resultados interesantes:

  1. Adipocitos expuestos a las mismas condiciones (in vitro) NO engordan por igual, y el engorde está correlacionado con la expresión del gen PPARg (PPAR-gamma o PPARγ). Las distintas variantes del gen PPARg regulan la creación de las proteínas PPAR-gamma-1 y PPAR-gamma-2.

The extent of fat accumulation is correlated with histone acetylation of the Pparγ promoter that is heritable and maintained even in dedifferentiated adipocytes (ver).

PPARg stimulates lipolysis of circulating triglycerides and the subsequent uptake of fatty acids into the adipose cell. It also stimulates binding and activation of fatty acids in the cytosol, events that are required for synthesis of triglycerides. (ver)

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  1. El mismo gen, el PPARg, regula la hiperplasia/adipogénesis.

PPARg is the master regulator of adipogenesis, since it regulates the transcription of a wide number of genes involved in cellular differentiation and lipid accumulation (ver)

  1. Reforzando la idea anterior, se ha demostrado que la expresión forzada del PPARγ2 estimula la conversión de células no grasas en adipocitos maduros (ver).

retroviral expression of PPARγ2 stimulates adipose differentiation of cultured fibroblasts.

  1. La insulina incrementa de forma muy marcada la expresión del PPARg en los adipocitos

insulin acutely increases PPAR-gamma mRNA expression in human adipocytes both in vivo and in vitro (ver)

O en resumen, someter un adipocito a niveles elevados de insulina podría alterar su “set-point”, el nivel de grasa almacenada al que tiende ese adipocito, al mismo tiempo que se estaría fomentando la diferenciación de pre-adipocitos en nuevos adipocitos. La insulina nos engordaría.

Taken together, it appears that the response to feeding, at least in part via insulin, promotes both energy storage in fat and the adipogenic program itself through PPARγ and perhaps ADD1/SREBP1. (ver)

En conjunto, parece que la respuesta a la alimentación, al menos en parte por vía de la insulina, promueve tanto el almacenamiento de energía como grasa corporal como la programación adipogénica a través de la PPARγ y quizá/SREBP1.

Por ejemplo, como cabría esperar, en diabetes tipo 1 (ausencia de insulina) el PPARg se regula a la baja (ver). Lo mismo sucede cuando se ayuna.

Como tema recurrente de este blog está la idea de que no está justificado intentar adelgazar con restricción calórica, pues sencillamente es un camino basado en errores de pensamiento que ignora negligentemente la causa real de que los adipocitos acumulen grasa. En la siguiente figura (ver) se puede ver cómo los niveles de la isoforma gamma-2, que es la característica del tejido adiposo, se redujo durante el seguimiento de una dieta hipocalórica, pero volvió a su nivel original durante las cuatros semanas siguientes, en las que se mantuvo el peso reducido:

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O en otras palabras, la falta de alimento puede reducir temporalmente la expresión del PPARg, pero cuando se trata de mantener el peso perdido, lo que vemos es que el PPARg está expresado nuevamente en niveles elevados. Si “la cabra tira al monte”, si los adipocitos quieren recuperar sus niveles originales de grasa acumulada, no vamos a poder evitar recuperar el peso perdido.

En esas cuatro semanas de mantenimiento, la insulina en plasma, que se había reducido durante la pérdida de peso, no volvió a elevarse a los niveles previos. Aun así, como hemos visto, el PPAR-gamma-2 sí volvió a los niveles previos.

Si realmente el nivel de expresión del PPARg jugase un papel relevante en la determinación de la cantidad de grasa a la que tienden los adipocitos, intentar perder peso al mismo tiempo que los adipocitos quieren recuperar la grasa perdida sería una batalla destinada al fracaso antes de empezar. Pasamos hambre, un problema en sí mismo, al mismo tiempo que nuestros adipocitos están “genéticamente” inclinados a acumular grasa. Hay resultados que refuerzan la idea de que efectivamente la expresión del gen PPARg, en concreto la isoforma gamma-2, tiene una relación causal con el nivel de adiposidad, como por ejemplo la gráfica que relaciona el cociente entre las isoformas gamma-2 y gamma-1 y el índice de masa corporal (BMI son las siglas en inglés del IMC):

BMI

Creo que es relevante recordar que también la secreción de insulina está relacionada con el BMI (ver). Los datos de secreción de la gráfica se corresponden con 24h:

Selección_687

En la siguiente figura vemos otro resultado interesante: niveles de PPARg (total, sin distinguir entre gamma-2 y gamma-1) en mujeres obesas que están o en proceso de ganar algo de peso, o de perder algo de peso. Lo que se muestra es la diferencia respecto de personas control delgadas. El nivel cero, por tanto, es el nivel de ese grupo de control. Es decir, que en todos los casos, aun estando perdiendo algo de peso, los niveles de expresión del PPARg están por encima de los niveles que encontraríamos en una persona delgada:

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Por otro lado, no parece que los adipocitos de obesos y delgados reaccionen de diferente forma a la insulina (ver), por lo que cabe elucubrar que son las condiciones en las que se encuentran (¿quizá la excesiva exposición a la insulina?) lo que “programa” los adipocitos de las personas obesas mediante un PPARg más expresado.

Una vez se tiene más adipocitos de lo normal, una misma cantidad de grasa por adipocito nos hará más gordos que una persona delgada, en las mismas condiciones que una persona delgada. Pero como hemos visto antes, aparentemente en las personas obesas los adipocitos tienen niveles de PPARg más elevados, y quizá por ello tienden a acumular más grasa que en una persona delgada.

En este experimento en ratones, suprimir el gen PPARg (ratones “adipose KO”) produjo una menor acumulación de grasa con la dieta HFD, a pesar de una mayor ingesta calórica (lo repito para los amantes del balance energético: más ingesta, menos acumulación de grasa):

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Otros estudios muestran resultados interesantes, como que sin este gen la diferenciación de pre-adipocitos en adipocitos maduros ni se produce (ver), o que sin este gen, el tejido adiposo ni llega a desarrollarse (ver).

Como último comentario, no todos los adipocitos son iguales. En una misma persona, algunos de sus adipocitos serán más y otros menos sensibles a la insulina (ver).  Algunos adipocitos pueden tener una reacción proporcional a la insulina, mientras que otros pueden tener comportamientos todo-o-nada, a partir de un cierto umbral.

 

NOTA: acaba de publicarse un review que habla de estos temas: “Molecular Regulation of Adipogenesis and Potential Anti-Adipogenic Bioactive Molecules

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