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Algo sobre mi madre (y sobre personas como yo)

Hace unos días mi madre le comentó al médico de cabecera que no le parecía bien que mis hijas no tomaran pan. El médico le respondió que él se había dedicado a la nutrición durante 15 años y que había conocido a muchas personas “como yo”, y que era muy difícil hacernos cambiar de opinión.

Esta mañana mi madre me ha llamado por teléfono para contarme sus últimos análisis clínicos. Tiene prediabetes. No es el diagnóstico médico, sino mi interpretación de tener la glucosa en ayunas por encima de 130. Además de eso tiene dos de las tres transaminasas un poco fuera de rango y la ferritina muy elevada. De tal astilla, tal palo.

¿El consejo del médico? Que se tome media pastillita (de no se qué) para bajar el azúcar. Mi madre quiere aparcar esa posibilidad por ahora, e intentar adelgazar, a ver si los análisis salen mejor. Visitó a un endocrino. ¿Dieta del endocrino para adelgazar? Galletas maría, leche desnatada, yogur desnatado, pan o pan integral en todas las comidas,  patata hervida, arroz, fruta a tutiplén, pan untado con margarina (¡por favor!), un poco de ternera y pescado blanco. Peso de cada ración indicado en la dieta, por lo que no hay que ser un lince para ver que este señor le está dando una dieta hipocalórica basada en los hidratos de carbono para adelgazar. Si es igual de competente para todo, para prevenir o curar el cáncer de pulmón seguramente recetará fumar puros. Pero no solo eso, el médico de cabecera le dijo que el truco para adelgazar era “menos plato y más zapato”. Le preguntó si andaba mucho al día, y le sugirió que en lugar de pasear acelerara el ritmo.

He estado hablando con ella un rato. El loco de su hijo ha estado hablando con ella un rato. El que no quiere que sus hijas tomen pan ha estado hablando con ella un rato. Le he mostrado cómo NO se adelgaza con dietas hipocalóricas, según la evidencia científica. Le he mostrado estudios científicos en los que sí se ha perdido una cantidad importante de peso a largo plazo, en los que no se contaban calorías pero sí se eliminaban de la dieta el pan, la pasta, la pizza, la patata, las legumbres, etc. Y le he enseñado el resultado de ese estudio en el que, tras perder algo de peso, los diabéticos que reintroducían los hidratos de carbono en su dieta recuperaban el peso perdido. Le he mostrado la previsible evolución de su glucemia en cuanto deje los hidratos de carbono, dada la experiencia de personas con diabetes que siguen una dieta baja en hidratos de carbono. Le he enseñado ese artículo en el que, con la evidencia científica en la mano, decenas de expertos en diabetes exigen que la restricción de carbohidratos sea la terapia por defecto para la diabetes. Y le he dicho que medicamentos, los justos, que si la restricción de carbohidratos le funciona, que no juegue a subir la glucosa con alimentos innecesarios para luego bajarla de aquella manera con medicamentos.

Supongo que sí, que soy un fanático radical imposible de convencer. Estoy tan mal, que veo a los médicos como incompetentes que te recetan un medicamento en lugar de sugerirte que dejes los alimentos que ofenden a tu cuerpo. Estoy tan mal, que veo como incompetentes a los médicos que te recomiendan para adelgazar un método, el “menos plato y más zapato”, que no funciona para adelgazar. Estoy tan mal, que veo como incompetentes a médicos que, con prediabetes, te recomiendan una dieta con abundantes carbohidratos y prácticamente nada de grasa. Debe ser porque, en mi ofuscación, no entiendo que la dieta que se le propone a mi madre se base en el grupo de alimentos que está dañando su salud. Estoy realmente mal. Un caso perdido.

Mi madre dice que va a estar tres semanas evitando los hidratos de carbono, a ver cómo salen los análisis. La misma madre que, unos días antes, le dijo al médico de cabecera que no ve bien que en mi casa no se consuma pan.

Está claro que la genética juega un papel, pues con un hermano y un tío (por parte de padre) diabéticos, es obvio que en mi familia no tenemos los mejores genes para tolerar los hidratos de carbono. Pero mi madre no tiene sobrepeso ni prediabetes por genética, ni por andar poco, ni por consumir demasiada grasa. La tiene por haber creído en esos incompetentes con bata blanca. Como no empiece a verlos como lo que son, lo va a pagar con su salud.

Pero bueno, solo es la opinión de una persona “como yo”.