Obesidad. La importancia de hacer las preguntas correctas

La gente está cada vez más gorda y los científicos no son capaces de salir del paradigma de la energía. Ver cómo se enredan hablando de energía (ver,ver), que si energía por aquí, energía por allá, o que si no es la ingesta entonces tiene que ser el gasto y si no al contrario (ver), es surrealista. Encontrar soluciones al problema de la obesidad pasa, sí o sí, por dejar de hacer las preguntas equivocadas.

¿Cómo podemos conseguir que los obesos adopten hábitos saludables?

Hablando sobre la utilidad práctica de estigmatizar a los obesos por serlo:

Where is the evidence that inculcating a sense of spoiled identity is a good way to get people to adopt healthier behaviors? Scott Burris

¿Dónde está la evidencia de que inculcar un sentido de identidad deteriorado es una buena forma de que la gente adopte hábitos saludables?

No es que esté en desacuerdo con el planteamiento de que estigmatizar a los obesos no aporta nada bueno, pero ésa no es la pregunta que deberíamos hacernos. La pregunta es: ¿por qué crees que lo que tú llamas “hábitos saludables” son realmente saludables y no inútiles o incluso la causa del problema?

¿Dónde está la evidencia científica de que se puede consumir una dieta basada en las harinas de cereales y los aceites de semillas, y estar sano? ¿Dónde está la evidencia científica de que una dieta basada en no-alimentos y en contar calorías, en la que todo cabe mientras no te pases, es saludable? ¿Dónde está la evidencia científica de que tu consejo para adelgazar, el “come menos y muévete más” es efectivo si se sigue? ¿Por qué estas preguntas no se hacen, y sin embargo centramos toda la atención en analizar por qué el obeso es el culpable y qué tiene que hacer para corregirlo? ¿Dónde está la autocrítica para ver la viga en el ojo propio? ¿Dejamos ya de buscar la paja en el ojo ajeno y nos ponemos a hacer las preguntas correctas?

Mientras sigamos haciendo las preguntas equivocadas, seguiremos encontrando respuestas que no sólo no ayudan, sino que perjudican a las personas con problemas de peso. Si seguimos fijándonos en la víctima, en su entorno, en su educación, en su fuerza de voluntad, etc. seguiremos sin arreglar el problema de la obesidad. Cómo conseguimos que la gente tenga hábitos saludables, no es la pregunta correcta. Las respuestas que necesitamos no las vamos a encontrar ni mirando a la industria alimentaria, ni al sedentarismo, ni al exceso calórico, ni al apetito, ni a la falta de educación nutricional, ni al gasto energético, ni al tamaño de las raciones, ni a la fuerza de voluntad. Ni el problema es que la etiqueta en el envase no resalte cuántas calorías tiene el donut. La pregunta correcta es: ¿dónde está la justificación para hablar de calorías? ¿Cómo sabemos que el problema de la obesidad no lo causa, en gran parte, hablar de calorías?

¿Qué nos hace comer más de lo que necesitamos?

Otro ejemplo de pregunta equivocada y tendenciosa. Para empezar por la presencia de ese “más”, que directamente conduce la discusión del problema hacia el paradigma de la cantidad. Esta pregunta da por supuesto que “comer más que” una cierta cantidad es el problema. Está dando por supuesto que el problema es la energía y condicionando, por tanto, las posibles respuestas a explicar que es así. Esta pregunta descarta de raíz la calidad de lo que comemos como la causa de la obesidad. ¿Por qué la pregunta no es, qué nos hace comer los productos alimentarios que nos engordan (no por cantidad de energía, sino porque sencillamente son engordantes)? Y las siguientes preguntas serían: ¿Cuáles son esos productos? ¿Cuáles son los mecanismos fisiológicos por los que esos productos acaban haciendo que los adipocitos acumulen grasa y por qué otros alimentos no tienen ese mismo efecto? ¿Qué es lo que hace que un adipocito acumule grasa de forma neta al cabo de un día?

Además, ¿por qué creemos que existe un “lo que necesitamos”? ¿Por qué no es posible que si como de forma saludable, mi cuerpo se adapte en cada momento a la cantidad de comida, haciendo que la cantidad sea irrelevante? (ver)

¿Por qué estamos haciendo las preguntas equivocadas?

Porque la comunidad científica está encastillada en que la obesidad es un problema de termodinámica. No lo es. La obesidad es una acumulación excesiva de grasa en el tejido adiposo, en los adipocitos. No es un problema de acumulación de energía a nivel de todo el cuerpo. No es un problema de energía, de la misma forma que aumentar la musculatura no es una cuestión termodinámica (ver). De la misma forma que el crecimiento del pelo no es una cuestión termodinámica (si lo quieres más corto, ¡no comas tanto!). De la misma forma que el crecimiento de un niño no es una cuestión termodinámica (¿Le digo a mi hija que coma más si quiere ser más alta? Si el aumento en la energía almacenada en el cuerpo se ha de estudiar usando la termodinánica, ésa es la solución obvia a la falta de altura, ¿no?).

¿Cuál es la causa de que no se hagan las preguntas correctas? La carencia de neuronas de una comunidad científica que se dedica a hablar de energía, calorías, apetito, saciedad, balance energético o sedentarismo, y que es absolutamente incapaz de hacer autocrítica. Llevan décadas cometiendo gravísimos errores de planteamiento en el tema de la obesidad y es una obviedad que son incapaces de darse cuenta. Si hubiera algo de justicia en este mundo, ellos y sólo ellos tendrían problemas de peso y de salud.

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6 thoughts on “Obesidad. La importancia de hacer las preguntas correctas

  1. This suggests that dramatic differences in lifestyle activity have minimal effects on total energy expenditure and that variances in obesity prevalence among populations result primarily from differences in energy intake rather than expenditure (fuente)

    Si no es que nos movemos poco, será que comemos mucho. Y seguimos sin saber salir de la tautología.

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  2. ¿Sabes cuántas calorías tiene esta hamburguesa? Pregunta incorrecta que da por hecho que el problema de esos productos comestibles son sus calorías. ¿Cuáles son los ingredientes? ¿Con qué aceite se han freído esas patatas?

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  3. Hola Vicente

    El blog esta bastante bien en el sentido de que desmientes que el balance energetico sea lo unico que se debe mirar para la perdida de peso y combatir la obesidad,ahora bien, el balance energetico debería solo usarse como herramienta es decir como una guía para saber si por ejemplo alguien quiere ganar musculo a partir de cuantas calorías se debería llegar para saber ese superavit energetico al reves para la perdida de peso, el error, es solo tener en cuenta las calorías y no en la composición nutricional del alimento, su densidad a nivel de nutrientes, la saciedad, el peso y estatura, actividad física, si la persona presenta problemas a nivel endocrino como resistencia a la insulina, y muchos mas detalles con lo cual en mi opinion las calorías es solo una parte pequeña de la ecuación pero no debería basarse todo.

    Mi desacuerdo en cuanto al artículo viene en cuanto a que no se resolverá nada el problema de la obesidad con educación nutricional y alguna referencia así no estoy de acuerdo, se debería enseñar a la población aque la mejor alimentación es lo que se denomina “comida real”; frutas, verduras, hortalizas, carnes magras, huevos, pescados, frutos secos, y los beneficios de la actividad física pero no por la chorrada de cuantas calorías quema sino por el impacto metablico que generá y aparte de mejorar nuestra calidad de vida, en mi opinión los habitos de vida en el mundo moderno es lo que marcará estar en la obesidad o no.

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    • Hola Gonzalo,

      matizo que no digo que no sea “lo único”, digo que el uso del balance energético en nutrición es estúpido de origen en TODOS los casos.

      La saciedad es un concepto que se mueve en el ámbito de la cantidad de comida (ver). No creo que nuestros problemas de alimentación se resuelvan hablando de saciedad, palatabilidad y tamaño de raciones.

      ¿Carnes magras? ¿Es una errata?

      El problema de la “educación nutricional” es que para que exista “educación”, en el sentido tradicional del término, tiene que haber una persona que tenga más conocimientos que los sujetos educandos. Los que pretenden educarnos en esos “hábitos saludables” no son capaces de justificar el origen de esas enseñanzas. Esos “expertos” nos quieren explicar cómo conseguir comer menos, cuando la realidad es que no entienden que ni “comer más de la cuenta” es necesariamente la causa, ni “comer menos y moverse más” es necesariamente la solución.

      ¿En quién confiamos para que nos transmita esos “hábitos saludables”? ¿Médicos? ¿Nutricionistas? ¿Gurús de la musculación?

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