La guerra del lenguaje (XII): sociedades “científicas”

Como ya he comentado en el blog, un obstáculo en temas de obesidad y nutrición es el ego de los “expertos”. Para muchas de estas personas que se derribe el paradigma de las calorías equivale a reconocer que han estado diciendo estupideces durante años (ver). Y otro obstáculo es el dinero: hay fuentes cuyo mensaje “de salud” es pagado directa o indirectamente por la industria (y me refiero a farmacéutica, alimentaria, de la dieta o del fitness). Y el problema no es tanto que sea así, que también, sino no ser conscientes de que determinadas fuentes no son otra cosa que departamentos comerciales “externalizados” de esas industrias.

La dificultad para distinguir el papel real de algunas de las sociedades, denominadas científicas, que en ocasiones parecen claramente infiltradas por el marketing y transmutadas en órganos de adoctrinamiento y presión al servicio de las compañías“ (fuente)

ninguna de las asociaciones sanitarias declara públicamente tener conflictos de interés, cuando todas están básicamente financiadas por la industria. Esperpéntico (fuente)

¿”En ocasiones parecen”? ¿Es que acaso son otra cosa?

Es muy habitual encontrar que en artículos de salud las fuentes consultadas hablan en nombre de asociaciones “científicas” de nombre grandilocuente (“Asociación Española de…”, “Fundación Europea de…”), y los ciudadanos simplemente damos por normal la existencia de estas fuentes, sin cuestionar cuál es su negocio y su propósito. Escuchamos su mensaje pero no cuestionamos a qué se dedican: asumimos sin más que son fuentes de información prestigiosas, transparentes, éticas, independientes, etc. (ver)

Estas sociedades dicen realizar labores de formación tanto de los profesionales (argumentan que la sanidad pública no los forma una vez titulados) como a los ciudadanos (dicen con toda arrogancia que hacen “llegar la ciencia” a los ciudadanos), así como actuar de “interlocutores cualificados” ante la sociedad civil y los poderes públicos (ver). Todo lo anterior son palabras tan vacías como pretenciosas. Los hechos lo que dicen es que, en general, estas sociedades con una mano reciben dinero de la industria, y con la otra maniobran para favorecer los intereses de esa misma industria, ya sea lanzando sus mensajes a la población o presionando a los poderes públicos. Todos lo hemos visto: con una mano reciben dinero de X, y con la otra mano ponen un “sello de garantía” en un paquete de cereales de desayuno fabricado por X. Con una mano reciben dinero de Z y con la otra mano ejercen presión para que un fármaco antiobesidad fabricado por Z sea incluido entre los fármacos financiados por la sanidad pública. Lo que quiero resaltar es que esto NO es una desviación de la función para la que fueron creadas esas sociedades: actuar así es la única razón por la que fueron creadas y por la que existen. No es un problema de España en particular, esto pasa en todo el mundo (ver,ver).

Son grupos de presión o lobbies y referirse a ellos como asociaciones “científicas” o “profesionales” no es apropiado.

No digo que sea ilegal, pero su actividad no es ni independiente, ni transparente, ni ética y se basa en aparentar ante la población ser lo que no se es para favorecer los intereses de sus fuentes de financiación. Engaño o representación teatral, según queramos verlo.

chicos, se acabó el recreo, los mayores vamos a encargarnos de los asuntos de verdad (fuente)

La obesidad

Es evidente que mi interés es la obesidad. ¿Qué aportan estos grupos de presión disfrazados de “responsables profesionales” en el ámbito de la obesidad? ¿Hacen falta sociedades que nos eduquen a los ciudadanos en la pseudociencia del balance energético? ¿Si hubiera un fármaco realmente efectivo para combatir la obesidad, haría falta que una de esas sociedades fuera pagada por la industria farmacéutica para hacer presión con el objetivo de que ese fármaco fuera financiado por la sanidad pública? Creo que las respuestas son obvias.

Yo lo que veo es que en temas de obesidad, las mal llamadas “sociedades científicas” lo único que hacen es apuntalar:

  1. la pseudociencia del balance energético, que es de vital interés tanto para la industria alimentaria como para la industria de la dieta, y
  2. el demencial tratamiento médico de la obesidad basado en la “fuerza de voluntad” y sin un tratamiento con eficacia respaldada por la evidencia científica (que esto último esté sucediendo es para poner los ojos como platos).

No es que estas compañías teatrales sean las únicas responsables de que se esté tratando la obesidad con charlatanería, pues tenemos a nutricionistas, médicos e instituciones públicas propagando las mismas patéticas estupideces, pero colaboran en agravar el problema. O en otras palabras, su actuación financiada por la industria nos tiene a los obesos como daños colaterales de un modelo de negocio que quizá no sea ilegal, pero que desde luego no es bueno para nuestra salud.

Los siguientes mensajes los he leído procedentes de cabilderos (i.e. lobistas) de una de esas asociaciones (que en este caso dice estar dedicada a la obesidad). Ningún negocio que se traigan entre manos, sea quien sea quien financie su actividad, justifica el daño que están haciendo a los obesos:

  • La obesidad es un problema de calorías que entran y calorías que salen
  • Casi cualquier método funciona para adelgazar, pero hay que mantenerlo cuando ya se ha adelgazado
  • Recomendación de dieta hipocalórica “equilibrada” o mediterránea

En definitiva, las páginas web comerciales buscan tener visitantes que hagan click en los anuncios publicitarios. Para rellenar contenidos acuden con frecuencia a sociedades “científicas” que no son otra cosa que departamentos de marketing encubiertos. Si los ciudadanos no podemos evitar que esto suceda, al menos deberíamos ser avisados de cuándo somos espectadores de infomerciales.

Leer más:

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6 thoughts on “La guerra del lenguaje (XII): sociedades “científicas”

    • NoGracias exige a la Organización Médico Colegial (OMC) y a la Federación de Asociaciones Científico-Médicas (FACME) su posicionamiento crítico y el impulso de reformas en el modelo organizativo de las Sociedades Científicas para cambiar la dinámica actual.

      El documento habla de “deriva”. Eso es engañarse o hacerse el tonto: esas asociaciones existen para lo que existen, aquí y en el resto del planeta.

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