Crónicas caloréxicas (IV): Layne Norton, PhD

Voy a aprovechar un vídeo de Layne Norton, PhD para analizar, una vez más, cómo se construye la pseudociencia del balance energético. Es una entrada larguilla. Una versión muy resumida se puede encontrar en esta otra entrada del blog.

El momento clave del vídeo es cuando este señor plantea dos supuestos:

  • Dieta LCHF y superávit calórico, y
  • Dieta HCLF y déficit calórico

Vemos en la captura de pantalla, anotadas en la pizarra, las premisas del segundo de esos supuestos:

Antes de explicar dónde se produce el engaño en los planteamientos de Norton, voy a refrescar unos conceptos básicos acerca de la pseudociencia del balance energético.

Conceptos básicos

Hay una máxima de la física que dice que la energía no puede ni aparecer ni desaparecer por arte de magia. La energía potencial contenida en los enlaces químicos de los alimentos que consumimos o acaba almacenada, de alguna manera, en nuestro cuerpo o acaba siendo expulsada del mismo, por ejemplo en las heces o en forma de calor. A algún sitio tiene que ir a parar la energía, posiblemente cambiando de formato.

Un detalle importantísimo: podemos controlar cuánta energía hay en los alimentos que comemos, pero no podemos controlar qué va a hacer nuestro cuerpo con esa energía.

Las calorías ingeridas son el único término de la ecuación anterior que está bajo nuestro control.

Insisto: son el único término bajo nuestro control.

¿Dónde está la trampa del planteamiento de Norton? Destaco dos de ellas, que ahora enumero y luego explico con detalle:

  1. El mero uso de los términos “déficit calórico” y “superávit calórico” ya equivale a asumir como correcto un injustificado comportamiento del cuerpo humano (ver). Su uso injustificado es un claro caso de falacia de petitio principii.
  2. Se usan de forma falaz dos definiciones de “déficit calórico” (o de “superávit calórico): a) una que está bajo nuestro control y b) una que es un resultado, no una variable bajo nuestro control. De esa forma se establece fraudulentamente la ilusión de control y la falsa causalidad (ver). Relacionado con lo anterior, además se usa como premisa del planteamiento un resultado del supuesto experimento, en lo que es otro caso de falacia de petitio principii (ver),

La combinación de las trampas dialécticas anteriores hace achacar, de forma fraudulenta, el resultado obtenido a los términos del balance energético. Para una lista más detallada de entradas del blog dedicadas a desentrañar las falacias que sostienen el paradigma energético remito al lector a esta entrada resumen.

Analizo ahora por partes los dos puntos anteriores.

1. No es evidente que se puede hablar de “déficit calórico” y “superávit calórico”

Que unos términos lingüísticos existan no es garantía de que su uso esté justificado. El uso de “déficit calórico” y “superávit calórico” conlleva una —a priori injustificada— causalidad en los cambios en nuestro peso corporal en la que las calorías son protagonistas. Es importante resaltar que ni la fisiología ni las leyes de la física respaldan ese supuesto (ver). Cuando alguien emplea el término “déficit calórico” (o equivalentemente superávit calórico) implícitamente está dando por supuesto a) un resultado, que se va a reducir la energía acumulada en nuestro cuerpo y b) que la causa de esa reducción es una diferencia entre la energía que entra y la energía que sale. Si la causa no son las calorías “déficit calórico” y “superávit calórico” son expresiones carentes de justificación. Antes de emplear unos términos que vienen cargados con esas connotaciones, habría que demostrar que se pueden emplear. Usarlos ya es introducir en el debate lo que se pretende demostrar. Falacia de petitio principii.

Se entiende muy fácilmente lo que trato de explicar, si en lugar de emplear la ecuación del balance energético empleo la ecuación del balance de materia (ver). Si alguien planteara la estupidez de que engordamos cuando entra en nuestro cuerpo más materia de la que sale (sí, es una estupidez), si para demostrar sus postulados esa persona planteara como supuesto que hemos creado un superávit de materia (ingiriendo mucha y excretando poca…), el propio uso de la expresión estaría dando por supuesto 1) un resultado que no está bajo nuestro control, acumulación de materia, y 2) que el efecto de acumulación del que se va a hablar viene causado por la diferencia entre gramos que entran y gramos que salen. El uso del término no estaría justificado, de la misma manera que hablar de “déficit calórico” y “superávit calórico” no están justificados, salvo que la fisiología determine que lo están. Usar esos términos como fundamento para concluir que están justificados es una falacia.

Otro ejemplo:

Si se produce un “exceso insulínico” vas a engordar, consumas las calorías que consumas.

No he demostrado nada con datos fisiológicos, pero al hacer la trampa dialéctica de redefinir el resultado “engordar” como “exceso insulínico”, y ponerlo como premisa del planteamiento, estoy a) señalando la insulina como la causa del engorde y b) haciendo irrelevante cualquier factor que no sea la insulina. Es una trampa dialéctica, un engaño realizado con palabras, no una demostración de nada.

2. Dos definiciones de déficit calórico y falacia de petitio principii

La pseudociencia del balance energético usa dos definiciones de “déficit calórico”, en lo que es un claro ejemplo de falacia de ambigüedad:

Cuando empleamos indiscriminadamente dentro de un mismo contexto distintos significados de una palabra o frase, sin advertir al lector del cambio de significado.

Por un lado, emplean déficit calórico para referirse a 1) consumir menos calorías de las que consumes normalmente. Este significado (ver esquema bajo este párrafo) sólo afecta a un término del balance energético, las calorías entrantes. Si tu ingesta habitual es de 2500 kcal/d y empiezas a consumir sólo 2000 kcal/d has creado un “déficit calórico”. Está en tu mano crear un déficit calórico, es controlable, sólo tienes que comer menos. Pero sin advertir del cambio de significado, también hacen referencia como “déficit calórico” a 2) la diferencia entre las calorías ingeridas y las calorías gastadas. Desde el punto de vista de la teoría del balance energético la existencia de este segundo “déficit calórico” es totalmente equivalente a una reducción en la energía acumulada en nuestro cuerpo. En este segundo caso, no está bajo nuestro control crear un déficit calórico.

La pseudociencia del balance energético juega con las palabras para dar a entender que somos capaces de crear el segundo tipo de “déficit calórico” y por tanto reducir la cantidad de energía acumulada en nuestro cuerpo. Por ejemplo, la siguiente afirmación ayuda a entender esta trampa dialéctica:

Si no se crea un déficit calórico es imposible perder peso

Si la frase hace referencia a la primera definición, es falsa, pues “comer menos” no garantiza un cambio en las reservas de energía. Si, por el contrario, hace referencia al segundo tipo de “déficit calórico” la frase es tramposa porque ese “déficit calórico” es el resultado (¡importantísimo!), no algo controlable. No se puede “crear” ese déficit calórico. No se puede hablar como si fuera algo controlable. La frase juega con las dos definiciones, asumiendo la controlabilidad de la primera pero el significado de la segunda. De esa forma se crea ilusión de control y una injustificada causalidad.

Nótese que una parte importante del engaño es usar un resultado como premisa:

Si no se consumen menos calorías de las que se gastan, es imposible perder peso

Podemos “comer menos”, eso es algo que está bajo nuestro control. Pero:

“comer menos de lo que se gasta” no es algo que esté bajo nuestro control, ¡¡¡¡¡es un resultado!!!!!

Cuando en las premisas de un planteamiento se introduce implícitamente el resultado que se quiere demostrar, eso recibe el nombre de falacia de petitio principii.

Si únicamente permitimos que en las premisas se hagan suposiciones sobre lo que hacemos con las entradas controlables (y no permitimos dar por supuesto el resultado), la trampa se hace evidente:

Si no comes menos es imposible perder peso

Cambia por completo, ¿verdad? Al limitar las premisas a un único término de la ecuación desaparece la falsa causalidad creada desde el lenguaje.

Volviendo al vídeo de Norton

Norton explica en su vídeo (minuto 10):

the net balance is what is going to determine whether the overall effect is fat loss or fat gain. If you are in a caloric surplus the net flux into the adipose [tissue] is going to be greater than the amount you are burning

la diferencia [energética] neta es lo que determinará si el efecto final es la pérdida de grasa o la ganancia de grasa. Si estás en superávit calórico, el flujo neto entrante en el [tejido] adiposo va a ser mayor que la cantidad que está quemando

“Si estás en superávit calórico…”. ¿Vemos la trampa?

La pseudociencia del balance energético se basa en transformar usando trampas dialécticas no decir nada —la tautología energética— en demostración de que las calorías son lo que determina en última instancia los cambios en nuestro peso/grasa corporal. Norton ha establecido un supuesto tramposo en el que el resultado, el “caloric surplus” era una de las premisas, y concluye, como no puede ser de otra manera, que en esa situación se va a producir acumulación de energía, pase lo que pase con las hormonas. ¡Por supuesto que será así, pues tramposamente ha hecho pasar el resultado como premisa! (ver) Y el uso del injustificado término “exceso calórico”, que ya señala de antemano a las calorías como causa del efecto, le lleva a concluir que son las calorías las que han determinado el resultado. Ya está. Ha demostrado que el control del peso corporal es una cuestión de balance energético y la fisiología es irrelevante.

En resumen:

La charlatanería pseudocientífica de Norton es lo que los “expertos” en obesidad llevan décadas contándonos. La gente lo escucha y no lo cuestiona porque lo cree indiscutiblemente correcto. Creen que es lo que se deduce de una ley inviolable de la física. Cuesta muchísimo más explicar por qué la teoría del balance energético es pseudociencia que lo que cuesta engañar a la gente con esa teoría.

Leer más:

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17 respuestas a “Crónicas caloréxicas (IV): Layne Norton, PhD

  1. Añadido apartado al librito. Quizá demasiado escueto…

    Superávit y déficit calórico son expresiones siempre falaces

    Cualquier planteamiento en el que se habla de un “exceso calórico” o “déficit calórico” está presuponiendo correcta la teoría del balance energético. Por tanto, emplear esas expresiones como base para demostrar la validez de esta teoría constituye una trampa dialéctica, i.e. una falacia. Lo explico de forma resumida y remito a un par de entradas del blog para explicaciones más detalladas.

    “Si estás en superávit calórico vas a engordar, por mucho que mantengas a raya tu insulina” (Anónimo).

    En el argumento anterior se redefine el resultado (“engordar”) con una expresión (“exceso calórico”) que sólo estaría justificada de ser correcta la teoría que se pretende demostrar. Esa expresión señala a las calorías como causa del resultado. Si esa expresión se incluye en las premisas de un argumento que pretende demostrar correcta la teoría del balance energético, se está usando la falacia de petitio principii.

    Además, exceso calórico se incluye en las premisas del planteamiento con un significado (“comer más”, algo controlable) pero sin advertirlo se usa otro significado (“comer más de lo que se gasta”: el resultado “engordar”, no controlable). De este modo esa premisa —que habla de calorías y que es reinterpretada como el resultado “engordar”— se convierte tramposamente en condición inevitablemente necesaria para engordar. El uso de las falacias de petitio principii y ambigüedad hace parecer que las calorías son lo único realmente relevante y que los procesos fisiológicos no importan.

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  2. Si contar calorías viene avalado por las leyes de la física, ¿qué pasa con los ratones? ¿Es que esas leyes universales sólo son aplicables a los seres humanos? A lo mejor todos los experimentos con animales también están mal hechos para dejar en evidencia a los contadores de calorías… ¡Hay una conspiración mundial contra los contadores de calorías!

    Por qué las calorías no importan

    Yo también digo que las calorías no importan. No importan del mismo modo que no importan en el crecimiento de un niño, del mismo modo que no importan en un embarazo, del mismo modo que no importan en el crecimiento de un tumor del mismo modo que no importan cuando quieres hipertrofiar tu musculatura, del mismo modo que no importan para analizar trastornos de crecimiento como el gigantismo. Todos decimos que no importan en esos crecimientos, luego los que dicen que sí importan en la obesidad son los que tienen que explicar su argumento de que estamos obligados a hablar de energía porque las leyes en cuestión son inviolables y universales, al tiempo que esas mismas leyes son ignoradas por IRRELEVANTES en todos los demás crecimientos que se producen en un ser vivo.

    ¿Es Gary Taubes un charlatán?

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  3. Otro que nos da lecciones sobre las leyes de la física. ¡Qué mundo!

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    • “Muchos ‘influencers’ promueven mitos absurdos”
      “Habría que cambiar la ley y no dejar que esta gente pueda decir lo que quiera … está muy bien la libre expresión, pero cuando pones en peligro la salud de los demás…”

      Ya, ya, ya…

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  4. Yo soy de los que no conoce cómo funcionan las calorías. Por favor, ¿puede alguien indicarme cuáles son los mecanismos fisiológicos que relacionan nuestra ingesta energética y toda la energía acumulada en nuestro cuerpo, en todos sus formatos? La causalidad fraudulenta basada en falacias sí la entiendo.

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  5. Es falso: sí puede acumularse grasa en ausencia de balance calórico positivo. Basta con que se pierda energía en otra forma, músculo o glucógeno, por ejemplo. Pero no es esa la gran estupidez: la gran estupidez es confundir, jugando con las palabras, correlación con causalidad: que haya acumulación cuando hay acumulación no es prueba de nada. No es prueba de que se acumula porque entra más de lo que sale.

    ¿Por qué crece un tumor? ¿Porque entran más gallinas de las que salen? ¿Cómo impedimos entonces que un tumor crezca? ¿Hay unas leyes de la física para el tejido adiposo y otras para un tumor?

    Ésta es la formación pseudocientífica que estamos dando en nuestras universidades.

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  6. Un gurú de gimnasio nos explica las razones por las que no gana peso:

    El problema no es que un tipo en un foro suelte estupideces, sino que esta estupidez es la teoría oficial con la que estamos tratando de prevenir y corregir la obesidad.

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  7. ¿de verdad piensas que si baso mi alimentación en grasas e ingiero un exceso de calorías no voya a subir de peso?

    Un perfecto ejemplo de cómo funciona la charlatanería caloréxica: se pone en las premisas que has ingerido un “exceso calórico”, un resultado y a partir de ahí se concluye lo que ya se ha incluido como premisa. Falacia de petitio principii señalando a las calorías como culpables.

    Como menos pero no adelgazo. ¿Qué estoy haciendo mal?

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  8. La pseudociencia del balance energético la entiende todo el mundo. Sólo tienes que usar la falacia de petitiio principii, colocando un resultado como premisa, y acabas de crear desde el lenguaje el comportamiento del cuerpo humano:

    La lucha contra la pseudociencia del balance energético es la lucha contra la estupidez humana.

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