Etiquetado: alimentación

Buen periodismo y televisión basura

Dos documentales en español (accesibles solo durante las próximas 2 semanas)

Éste está muy bien: Sobredosis de azúcar. Vale la pena verlo.

Pero este otro es televisión basura: Estados unidos contra la obesidad

En el segundo documental nos hablan de un campamento para jóvenes con obesidad, de tres semanas de duración. En ese campamento a los inscritos se les obliga a realizar 5 horas diarias de actividad física y se les da comida en porciones «razonables». Se resalta la importancia de que los participantes tengan confianza en sí mismos y cuando una chica con obesidad mórbida no puede completar las actividades el locutor nos dice con tono de desaprobación (minuto 25): «siempre la misma historia, Yennai es sistemáticamente la primera en tirar lo toalla, y siempre con la excusa del dolor«. Ahí están las imágenes y cada uno puede formarse su opinión. A mí me parece detestable ese tono de superioridad moral.

Tamaño de raciones, ejercicio físico y fuerza de voluntad. La misma patraña de siempre.

Se centran en las cadenas de comida rápida y la falta de actividad física, como responsables de la obesidad. Y nos dicen que los menús de esos restaurantes están cargados de calorías.

Si el problema son las calorías, habrá que darle la razón a un amigo mío, que dice que el problema no es de esas cadenas de restaurantes sino de que «luego los jóvenes no queman las calorías que consumen«. Pero yo no creo que mi amigo tenga razón. ¿Cómo pueden criticar a los restaurantes de comida rápida, si comiendo porciones razonables en dichos restaurantes y quemando las calorías con ejercicio, esa comida puede formar parte de una dieta «saludable»? No estoy defendiendo a esos restaurantes, solo estoy resaltando la contradicción en que caen los que los critican. Lo que digo que el mensaje que se nos da de que «hay que comer de todo pero con moderación», o que «lo que importan son las calorías totales» y que «una Coca-cola puede formar parte de una dieta saludable, mientras no nos pasemos de calorías», no son compatibles con la crítica a esos restaurantes. De hecho, esos mensajes son los que promociona la industria alimenticia a través de sus portavoces («patrocinados») en el mundillo de la nutrición. Nos quieren hacer creer que el problema es de cantidad, y de sedentarismo. No hay ninguna razón para criticar a la industria de la comida rápida, pues se puede comer «de más» en cualquier restaurante. Y de hecho, ya digo, eso es lo que esa misma industria quiere que pensemos, que el problema es comer demasiado y moverse poco (ver). La industria quiere que hablemos de cantidad, no de calidad. Y eso es lo que se hace en este documental. Yo no creo que esa comida sea saludable, ni en porciones pequeñas.

Más adelante en el documental nos hablan de barrios pobres en los que no hay acceso a productos frescos, y los relacionan con una dieta saludable. Muestran cómo unos niños cultivan sus propias verduras en un huerto urbano, y luego las consumen. No entiendo que hablen de «productos frescos» en lugar de productos «bajos en calorías». Igual que he hecho antes, lo aclaro: yo no creo en las calorías (ver), y sí en los productos frescos (ver). Pero en este documental nos están hablando de hacer ejercicio y de porciones «razonables» como vía para perder peso, y quiero resaltar que deberían explicar por qué dejan de hablar de calorías en este momento. No se entiende cómo encaja la frescura del producto en el mundo de las calorías.

En definitiva, el documental me parece repugnante, pues no hace más que apuntalar el problema de la obesidad al señalar a los chivos expiatorios habituales: sedentarismo, falta de fuerza de voluntad y exceso de calorías (en este caso en la comida rápida). Es esta visión de la nutrición, la de las calorías, la que nos ha llevado al problema de obesidad y enfermedad cardiovascular en que nos encontramos. Las fuentes «oficiales» siguen insistiendo una y otra vez en el mismo diagnóstico y la misma solución, sin darse cuenta de que el problema lo ha creado esta forma de pensar, SU forma de pensar, y tanto el diagnóstico como la solución que dan surgen de aplicar los mismos errores de pensamiento. Es más, siguen ignorando el elefante en la habitación: la evidencia científica dice que el «come menos y muévete más» no ayuda a resolver el problema (ver). No se puede esperar otra cosa, pues pensar en las calorías es causante de la epidemia de obesidad (ver).

Quizá el primero de los dos documentales nos ayude a entender lo complicado que es salir de esta situación: vivimos en una sociedad en la que la industria alimentaria compra los servicios de influyentes «expertos» para que se nos siga hablando de «comer de todo», de «calorías» y de los imaginarios peligros de salirse del guión de la industria (ver). Solo la existencia de esta forma de corrupción permite entender la insistencia en seguir recomendando una dieta basada en los cereales, solo así se entiende que no se nos alerte sobre los peligros del exceso de carbohidratos en la dieta, y solo así se entiende la ceguera de los «expertos» sobre los efectos del gluten (ver). La pregunta es ¿para quién trabajan esos «expertos»?

No hay que imaginar nada: busca en la página web de sus asociaciones y mira quién les «patrocina». Y piensa en la regla de oro: el que pone el oro pone las reglas.

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