Si el balance energético no fuera un completo fraude, ¿cómo funcionaría? (1 de 2)

Engordas cuando la cantidad de calorías que consumes es mayor que la que gastas o necesitas.

Supongo que todos conocemos la cantinela: “si tu cuerpo gasta 1800 kcal/día y consumes 2000 kcal/día, engordas, y no hay otra“. Gráficamente:

(y además estamos suponiendo que otras reservas de energía (e.g. músculo, glucógeno) no cambian: el balance energético hace aguas por todas partes)

Parece lógico, pero el planteamiento sólo es científico en apariencia. Es decir, es pseudociencia.

En primer lugar porque se está aplicando la ley de la conservación de la energía en un lugar fraudulento, pues engordar no es acumular energía en el cuerpo, es acumular triglicéridos en los adipocitos (ver). Si en los adipocitos entran más triglicéridos de los que salen, se están acumulando. ¡Gran aporte al conocimiento de la humanidad! Y si llegas al trabajo más tarde de la hora de inicio de la jornada laboral, llegas con retraso. Sólo un imbécil plantearía que la causa de que en los adipocitos se acumulen triglicéridos es que entran más de los que salen, del mismo modo que es estúpido decir que la causa de llegar tarde al trabajo es que se llega tras la hora de comienzo de la jornada (ver). Aplicar en el lugar correcto la primera ley de la termodinámica deja en evidencia que ésta es absolutamente irrelevante para entender las causas o los remedios para la obesidad.

Resolviendo un problema ficticio, difícilmente se van a encontrar soluciones eficaces para el problema real. Pero, obviamente, no se construye pseudociencia con planteamientos rigurosos.

Pero además —y voy a ignorar ahora que el planteamiento es fraudulento de origen— se comete un nuevo fraude: se habla del gasto energético como si fuera una entrada del sistema, como si tuviéramos algún tipo de control sobre esa entrada. El gasto energético se supone constante o alterable mediante el ejercicio físico.

si tu cuerpo gasta 1800 kcal/día y consumes 2000 kcal/día, engordas, y no hay otra

¿Y por qué se da por supuesto en ese planteamiento que el gasto energético es 1800 kcal/día, si no se puede saber a priori de cuánto va a ser ese gasto energético? Presuponer un valor para el gasto energético es clave para inventar una causalidad que las leyes de la termodinámica no dictan. Nos parece lógico que si se tiene control sobre la ingesta y el gasto energético es constante, la ingesta energética es la que determina la acumulación de grasa. Está en nuestra mano y conseguirlo es cuestión de fuerza de voluntad: cerrar la boca y comer menos o cambiar el gasto energético con mayor actividad física. Presuponer que el gasto energético es una entrada del sistema, es clave en el fraude. Pero la realidad es que no es una entrada: es una salida, un resultado, un parámetro observable, pero no uno bajo nuestro control. Si alguien te cuenta la cantinela de las calorías, lo tienes muy fácil: pregúntale cómo está estableciendo el gasto energético de esa persona. Imaginar no vale, calcular sobre el papel tampoco. Para que el planteamiento que hemos visto fuera aceptable debería ser posible forzar que el gasto energético de esa persona fuera de 2000 kcal/día. Y no es posible. El planteamiento que supuestamente demuestra la necesidad de hablar de calorías, queda en papel mojado si tenemos en cuenta que no podemos establecer nuestro gasto energético a voluntad:

si consumes 2000 kcal/día, dependiendo de cuál sea tu gasto energético engordarás o no

¡Guau! ¡Qué interesante! Para este viaje no hacían falta alforjas.

Si tenemos en cuenta que el único parámetro del balance energético que realmente podemos controlar es la ingesta, y que tanto el gasto energético como la cantidad de grasa corporal acumulada son salidas, el esquema quedaría de esta manera:

La comida que ingerimos puede acabar produciendo engorde, o no, y el balance energético no nos puede decir en qué situaciones se va a producir el engorde. Lo que comemos se reparte de una forma impredecible. Y por supuesto, nadie está negando que la primera ley de la termodinámica se cumpla. No nos lleva a ninguna parte hablar de esa ley, pero se cumple (ver). Es como hablar de la ley de la gravedad para explicarle a tu hijo cómo montar en bici: no aporta nada, aunque seguro que la ley es aplicable.

¿Qué determina si parte de la comida ingerida se acumula como triglicéridos en los adipocitos o si se acaba gastando (trabajo mecánico, elevación de la temperatura corporal)? ¿La cantidad de calorías de la comida? Eso no se deduce del esquema anterior, igual que no se deduce que sean los litros o los kilos de comida. No hay ninguna razón para suponer que si la cantidad de calorías de dos dietas es la misma, van a tener el mismo reparto energético (ver). No hay ninguna razón para suponer que la composición de la dieta no afecta al reparto energético. Y de hecho, la evidencia científica así lo confirma: con las mismas calorías, unas dietas pueden ser más engordantes que otras. La evidencia científica confirma que existen los “alimentos” engordantes (ver,ver,ver,ver), o en otras palabras, engordar/adelgazar no es cuestión de calorías. Decir lo contrario es una barbaridad desde el punto de vista conceptual, y otra barbaridad desde el punto de vista de la evidencia científica publicada.

Olvidemos por un momento todo lo anterior. Olvidemos que no estamos aplicando la primera ley de la termodinámica en el lugar real (tejido adiposo), sino en un lugar fraudulento (todo el cuerpo), y supongamos que nuestro gasto energético es constante.

Bajo las suposiciones anteriores, si comemos demasiado (más de lo que marca nuestro gasto energético constante), esos nutrientes se acumularían momentáneamente en el torrente sanguíneo y nuestro cuerpo de alguna manera detectaría ese exceso y de alguna manera se organizaría que los adipocitos recibieran la orden de acumular triglicéridos. ¿Cómo dice la teoría del balance energético que sucede ese proceso?

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4 thoughts on “Si el balance energético no fuera un completo fraude, ¿cómo funcionaría? (1 de 2)

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