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¿Contamos calorías o comemos bien?
(ver desde el minuto 10:50 hasta el 13:10, pero este documental merece verlo entero)
Estudio de 1998 titulado «Longitudinal changes in fatness in white children: no effect of childhood energy expenditure«.
En 4 años se hace un seguimiento de preadolescentes, estudiando su gasto energético, su grasa corporal y su nivel de actividad física.
En la gráfica se muestra con líneas sólidas la evolución de la grasa corporal de los niños que más engordaron, y con líneas discontinuas la evolución de la grasa corporal de los que menos engordaron o no engordaron.
En este estudio, los investigadores no encontraron ninguna relación entre los niveles de actividad física de los niños (o de ninguna otra forma de gasto energético) con engordar o no engordar. ¿Engordaron por sedentarios pero no se encontró relación estadística entre engordar y un bajo nivel de actividad física? ¿De verdad estamos llamando «vagos» a los niños con sobrepeso? Ni vagos, ni tan siquiera sedentarios.
3g de grasa acumulados cada día hacen que acumulemos un kilo de grasa corporal al año. Eso son 27 kcal diarias. En algunos niños, al cabo de 3 años, el peso no había variado ni un kilo. Eso significa que la diferencia entre gasto e ingesta es menor de 10 kcal diarias, día tras día, año tras año. Hay que quitarse el sombrero ante los niños que no han engordado, porque han sido capaces de establecer un balance energético perfecto. Han sido capaces de adecuar la cantidad de comida y el ejercicio físico para que no se diferencien en absolutamente nada. Cualquier mínimo error en sus cálculos, de tan solo unas decenas de calorías al día les habría llevado a engordar o a perder grasa. Solo con que hubiesen acumulado 5g diarios de grasa, habrían engordado 5.5 kilos en tres años. ¡Qué maravilla de niños!
Me pregunto cómo habrán sido capaces esos niños de moverse la cantidad justa, de ajustar su ejercicio físico, de contabilizar con precisión la pérdida de calor de su cuerpo y de comer exactamente lo que necesitaban para no engordar.
Porque «todos sabemos» que aquellos niños que han engordado han cometido el error de comer más de lo que gastaban, ¿verdad? Quizá la solución para la obesidad va a ser que los niños que no engordan expliquen a sus compañeros cómo consiguen un equilibrio perfecto entre ingesta y gasto energético. ¿Qué tablas nutricionales emplearán para averiguar las calorías de la comida con esa precisión? ¿Cómo sabrán lo que pesa la comida, exactamente, cuando comen fuera de casa? ¿Cómo sabrán exactamente cuanto ejercicio tienen que hacer para compensar la comida que ingieren? ¿Y cómo medirán la energía que su cuerpo disipa en forma de calor?
Practically, even the most motivated, informed and knowledgeable individuals are unlikely to be able to estimate their actual calorie intake (not just ingested, informed by misleading food labels, but absorbed) or their actual calorie expenditure (not just in physical activity but in variably efficient, silent and constantly fluctuating digestive and metabolic processes) and do so with sufficient accuracy and precision to maintain any kind of useful real-time calorie balance sheets. Biologically, calorie intake and calorie expenditure are coupled. Unless substantial uncoupling occurs, reducing calories consumed will necessarily result in a compensatory drive to reduce calories expended and vice versa. (ver)
En la práctica, es improbable que ni el más motivado, informado y entendido individuo sea capaz de estimar su ingesta calórica real (no solo la ingerida, calculada mediante etiquetas nutricionales erróneas, sino la absorbida) o su gasto energético real (no solo el de la actividad física sino el de los procesos metabólicos y digestivos en silenciosa y constante fluctuación y de eficiencia variable) y hacerlo con suficiente exactitud y precisión para mantener cualquier tipo de cálculo matemático útil y en tiempo real del balance calórico. Biológicamente, la ingesta energética está acoplada con el gasto energético. Salvo que se desacoplaran de una forma notable, reducir las calorías consumidas necesariamente causará un impulso compensatorio para reducir las calorías gastadas y al contrario.
Volviendo al estudio de 1998, los autores del artículo consideraron que el incremento de la grasa corporal viene de a) una desbalance energético (se come más de lo que se gasta) o b) por una mayor tendencia hacia la acumulación de grasa, sugiriendo que el metabolismo de los niños que engordan podría no ser capaz de compensar excesos puntuales en la ingesta.
Vaya cacao mental que tienen estos «investigadores». En primer lugar porque el desbalance energético no es una posible causa más, sino algo que se va a dar siempre que almacenemos grasa (si no hay cambio en la masa no-grasa). Y en ningún caso es la causa (ver). Y la otra idea, la de que esos niños no compensan con un mayor gasto energético picos puntuales en la ingesta, es la misma historia, pues con seguridad, si engordan, de forma recurrente su gasto energético no ha sido tan grande como su ingesta. Ni el desbalance energético, ni el «exceso puntual» no compensado, son las causas de engordar, sino otra forma de expresar «engordar».
Hablar, como hacen en el artículo, de una predisposición a no compensar excesos puntuales en la ingesta con un mayor gasto energético, es lo mismo que hablar de una predisposición a engordar. Es decir, la hipótesis que barajan estos señores es que los niños que engordan, engordan porque engordan. Profundo… Y esa hipótesis no solo es inútil: entra en contradicción con considerar las calorías para estudiar la obesidad. Si dos niños consumen las mismas calorías, pongamos 1500 kcal/día, y uno de ellos engorda y el otro no, porque el cuerpo del primero «tiene predisposición», ¿qué aporta hablar de las calorías ingeridas?
¿Qué hizo engordar a algunos niños? ¿Por qué su cuerpo no gastaba toda la energía que ingerían? La respuesta a esa pregunta no puede ser «porque su cuerpo no gastaba toda la energía que ingerían«, ni alguna de sus variantes, del estilo «porque comían demasiado y se movían poco«. Sedentarismo y glotonería no son la explicación. Es ridículo plantear que engordaron porque consumieron más comida de la que «debían» o porque se movieron menos de lo que «debían» (he escrito otras veces (ver) sobre cómo «come menos de lo que gastas» se convirtió en «come menos y muévete más«, como si fueran equivalentes). Si comiendo la misma cantidad y haciendo el mismo ejercicio, su cuerpo hubiese quemado toda la energía en lugar de almacenar parte, sí habrían comido cuanto «debían» y sí se habrían movido cuanto «debían». No existe ese «debían» ni nadie es culpable de comer «de más» o moverse «menos de los debido». Inventarse que han comido por encima de un nivel predefinido, por glotones, o que se han movido por debajo de un nivel predefinido, por vagos, no sólo es absurdo, sino que impide averiguar la verdadera causa del problema: la razón por la que almacenaron grasa.
La otra cara de la moneda nos ayuda a entender que la causa de engordar no la vamos a encontrar en la energía. Si los niños que no engordaban gastaban exactamente la misma energía que ingerían, y siendo que es imposible que forzaran ese equilibrio de forma consciente, ¿qué produjo ese equilibrio? ¿cómo explicamos que los que no engordaron acertaran a consumir exactamente la misma energía que gastaban? Sin duda los sistemas de regulación de nuestro cuerpo, y no la fuerza de voluntad, son los responsables: la homeostasis. Si comían más, gastaban más. Si gastaban menos, comían menos. Ni menos vagos ni menos glotones que sus compañeros que sí engordaron.
¿Y los que engordaron?
Lo que está claro es que esos niños también tienen mecanismo de autorregulación, pero aún así han acumulado grasa. Pero como acabamos de decir, nunca podemos atribuir esa diferencia a que esos niños son unos vagos y unos glotones, pues tampoco los que mantuvieron el peso tuvieron ningún mérito. Es imposible regular de forma consciente cuánto se come y cuánto gasto energético se tiene. Ni pudieron haberlo hecho los que no engordaron, ni pudieron haberlo hecho los que sí engordaron. ¿Les llamamos vagos y glotones? ¿De verdad?
Lo que no tiene sentido es que se siga analizando la ingesta y el gasto energético de la gente, con el objetivo de averiguar por qué se engorda. La clave nunca puede estar en la energía, ni en su cantidad, ni en el control consciente de la cantidad. Esos datos nunca nos van a dar la respuesta, porque la gente que no engorda NO ajusta su ingesta a su gasto energético. Sería imposible hacerlo de forma consciente.
¿Qué nos hace engordar?
Yo tengo algunas ideas al respecto:
- Desde que los «expertos» nos dijeron que había que basar la dieta en los carbohidratos, las tasas de obesidad se han disparado (ver,ver)
- La insulina juega un papel importante en la acumulación de grasa a nivel celular (ver)
- Los carbohidratos producen una importante subida en los niveles de insulina
- La restricción de carbohidratos ha demostrado de forma consistente ser capaz de reducir la grasa corporal más que dietas isocalóricas altas en carbohidratos (ver)
- Hay experimentos en personas y en animales que demuestran la importancia de la composición de la dieta, al margen del contenido calórico total (ver,ver,ver).
- Contar calorías implica ignorar todos los hechos anteriores. Al hablar de calorías cometemos el sinsentido de equiparar unos alimentos con otros porque tienen las mismas calorías. Para mí hablar de calorías es causa de la obesidad, no es parte de la solución (ver)
- Cuando yo consumía harinas/cereales estaba como una foca. Desde que no los consumo, mantengo mi peso sin contar calorías y sin preocuparme ni de cuánto como ni de cuánto ejercicio hago. Sólo pienso en qué comer, no en cuánto comer. Y me va bien. ¿Anecdótico? Puede ser, pero es mi anécdota y para mí es muy importante
Si el niño desayuna cereales con leche, almuerza bocadillo, come un plato de pasta y toma postre, ¿le llamamos vago y le apuntamos al gimnasio, o le explicamos que debe cambiar lo que come si quiere intentar salir de la situación en la que está? A mí me parece trágico que una madre dé de comer cereales a su hijo obeso, convencida de que son saludables porque no tienen grasa.
