El efecto engordante de combinar azúcar con omega-6

Voy a comentar algunos estudios en roedores que sugieren que la combinación de azúcar y omega-6 en la dieta es engordante para esos animales.

cAMP-dependent Signaling Regulates the Adipogenic Effect of n-6 Polyunsaturated Fatty Acids

Empiezo por el resultado:

n-6 PUFAs were pro-adipogenic when combined with a high carbohydrate diet, but non-adipogenic when combined with a high protein diet in mice

los ácidos grasos poliinsaturados omega-6 fueron pro-adipogénicos cuando se combinaron con una dieta alta en carbohidratos, pero no-adipogénicos cuando se combinaron con una dieta alta en proteína

Se comparan dos dietas enriquecidas en omega-6 en ratones. En una de ellas se añade azúcar (sucrose+corn oil) y en la otra se añade proteína (protein+corn oil).

Los ratones que siguieron la dieta con azúcar añadido consumieron menos calorías que los que siguieron la dieta con proteína añadida:

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Los ratones alimentados con la dieta “azúcar+omega-6” engordaron muchísimo más que el resto de ratones:

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Pero no sólo eso. El problema puede no ser tanto engordar, sino el tipo de engorde. La dieta con azúcar y omega-6 aumentó la expresión de genes relacionados con la adipogénesis, es decir, la creación de nuevas células grasas a partir de pre-adipocitos. Por ejemplo, esto se muestra para el PPAR-γ2, controlador principal de la adipogénesis, del que ya he hablado en el blog (ver,ver):

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Siendo que es un hecho que la “dieta occidental” nos está engordando, y siendo que tanto los aceites de semillas como el azúcar forman parte de esta dieta, es razonable pensar que el efecto en humanos pueda ser el mismo que estamos viendo en los ratones (ver,ver). Ésa es la preocupación con la que los autores del estudio acaban su discusión de los resultados.

Dietary Linoleic Acid Elevates Endogenous 2-AG and Anandamide and Induces Obesity

Experimento nuevamente en ratones, en el que se comparan 6 dietas: 3 dietas con un 35% de grasa, y otras tres dietas con un 60% de grasa. Como se muestra en la tabla, en términos de macronutrientes no hay diferencias entre las tres primeras dietas, ni entre las segundas tres.

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Lo que sí es diferente es el cociente omega-6/omega-3 entre dietas.

En la siguiente gráfica he resaltado en rojo dos dietas con ingesta isoenergética y misma distribución en términos de macronutrientes (35% grasa, 45% carbohidratos), que producen distinta acumulación de grasa corporal. Lo mismo sucede con las dietas resaltadas en azul (60% grasa, 20% carbohidratos).

En ambos casos, dietas en rojo y dietas en azul, ha sido la dieta con mayor cociente omega-6/omega-3 la que ha producido mayor engorde (en términos del porcentaje de grasa corporal).

Por otro lado, las dietas con mayor proporción de carbohidratos (serían las triadas con barras sin rayado, las resaltadas en rojo), azúcar entre ellos, eran más engordantes por caloría consumida, como muestra la eficiencia de alimentación (gramos ganados por caloría consumida), en comparación con las dietas con menor proporción de carbohidratos (triadas con barras rayadas, las resaltadas en azul).

We also note that feed efficiency was much greater in the medium-fat diets compared to the high-fat diets. One explanation is that carbohydrates supplied 45 en% for the medium-fat diets but only 20 en% for the high-fat diets

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Otra comparación interesante es entre las dos dietas que resalto con una elipse en la siguiente figura. Ambas son altas en omega-6 (y tienen similar cociente omega-6/omega-3). La dieta alta en azúcar y alta en omega-6 fue más engordante por caloría consumida que la alta en omega-6, pero no tan alta en azúcar. Podría pensarse que es el efecto engordante del azúcar, pero se puede deducir que no es sólo el azúcar: las dietas que están a la derecha de las dos resaltadas tienen las mismas calorías que éstas y también la misma cantidad de azúcar, pero un menor cociente omega-6/omega-3, y resultaron en un menor engorde por caloría ingerida.

O en otras palabras, parece que efectivamente azúcar+omega-6 es una buena combinación si se busca engordar a un ratón. Los autores de este estudio acaban su discusión de los resultados exactamente igual que en el estudio anterior, sugiriendo que en humanos puede estar pasando lo mismo que ellos han comprobado en ratones. Aunque únicamente sea una asociación estadística, estos autores resaltaron que el consumo de aceite de soja está correlacionado con la prevalencia de la obesidad, cuando se combinan datos sacados de varios estudios epidemiológicos:

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En el mismo artículo se constatan otros factores que también están correlacionados con la obesidad (azúcar, consumo de aves de corral, grasa, etc.).

Hipotéticamente, la transición a una dieta alta en azúcar y alta en omega-6 tendría las siguientes consecuencias:

  • Aumento en la ingesta de comida
  • Aumento de la capacidad de engordante de la comida

O en otras palabras, una dieta alta en azúcar y en omega-6 sería engordante:

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Bajo este supuesto, la causa última del engorde sería la baja calidad de la dieta (por la incorporación de alimentos inexistentes en nuestra evolución como animales). Si el apetito y la ingesta se incrementan, sería una consecuencia de la baja calidad de la dieta y de sus efectos en nuestro cuerpo, no un defecto en la personalidad, ni la causa real del problema. Pero además el apetito no es el único efecto: las dietas altas en azúcar y en omega-6 son más engordantes, al margen de las calorías. Fijémonos en dos dietas en la gráfica: la resaltada ahora en rojo es alta en azúcar y en cociente omega-6/omega-3, la resaltada en azul es más baja en azúcar y en cociente omega-6/omega-3. La ingesta energética es claramente mayor en la dieta azul, pero ambas dietas producen la misma adiposidad, porque la dieta alta en azúcar y en omega-6/omega-3 es la más engordante por caloría ingerida de las 6 dietas, mientras que la baja en azúcar y en omega-6/omega-3 es la menos engordante por caloría ingerida. Las dos dietas más bajas en azúcar y en omega-6/omega-3 son las que menor eficiencia de alimentación tienen, es decir, las menos engordantes por caloría ingerida.

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Soybean Oil Is More Obesogenic and Diabetogenic than Coconut Oil and Fructose in Mouse: Potential Role for the Liver

Experimento en ratones. Se comparan cinco dietas muy altas en carbohidratos (la mitad de la energía son carbohidratos). Cuatro de las dietas tienen idéntica composición en términos de macronutrientes: HFD (con aceite de coco), SO-HFD (con aceite de soja) y dos versiones de cada una de ellas (prefijo F- si tienen fructosa en lugar de almidón).

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La ingesta energética con la dieta SO-HFD (con aceite de soja), fue la más baja de todas las dietas:

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Pero esa dieta fue claramente la más engordante (curva naranja):

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Lo reitero: la dieta con menor ingesta energética fue la más engordante.

Y hubo diferencias en la grasa corporal, especialmente en la subcutánea:

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Dietary fish oil positively regulates plasma leptin and adiponectin levels in sucrose-fed, insulin-resistant rats

Estudio en ratas en el que unas ratas han sido alimentadas con una dieta alta en azúcar durante seis meses. Esas ratas son divididas en dos grupos y durante tres meses más reciben o la misma dieta alta en azúcar (grupo SRD) o la misma dieta alta en azúcar con suplementación de aceite de pescado (SRD+FO), lo que reduce el cociente omega-6/omega-3.

Aunque consumen prácticamente la misma energía durante esos tres meses, el grupo SRD gana mucho más peso que el SRD+FO:

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Y hay diferencias al final del experimento en la grasa corporal en esos dos grupos:

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Si nos fijamos en la gráfica (histograma de tamaño de adipocitos), los adipocitos en el grupo SRD están claramente más llenos que en el grupo SRD+FO:

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Es decir, en estas ratas sucede lo mismo que veíamos en ratones: al margen de las calorías, en una dieta alta en azúcar un cociente omega-6/omega-3 elevado aumenta la capacidad engordante de la dieta. No es necesario “pasarse comiendo” para engordar (signifique eso lo que signifique): puede ser suficiente con comer mal para engordar.

Sucrose Counteracts the Anti-Inflammatory Effect of Fish Oil in Adipose Tissue and Increases Obesity Development in Mice

Sugerente título: el azúcar contrarresta los efectos antiinflamatorios del aceite de pescado en el tejido adiposo e incrementa el desarrollo de obesidad en ratones. O en otras palabras, reducir el cociente omega-6/omega-3 es bueno, pero si se consume azúcar puede no ser suficiente para evitar la obesidad.

Como se ve en el experimento, dietas isocalóricas (gráfica B) producen claramente distintos resultados en términos de grasa corporal (gráfica C).

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Es decir, si con un cociente omega-6/omega-3 dado, en lugar de azúcar se consume proteína, el resultado es claramente mejor en términos de acumulación de grasa corporal.

NOTA: ya hablé  de este estudio en esta entrada del blog. En esa misma entrada vimos otro estudio en el que a pesar de incluir aceite de pescado en la dieta, la adiposidad se incrementaba conforme el porcentaje de azúcar en la dieta se incrementaba. Ese otro estudio era:

High-glycemic index carbohydrates abrogate the antiobesity effect of fish oil in mice

Estudio en ratones en el que se usa una dieta con aceite de pescado. Incrementar el porcentaje de azúcar en la dieta (13, 23, 33 y 43%), ¡sin alterar la ingesta energética!, produjo un incremento de la adiposidad marcado por la cantidad de azúcar en la dieta:

A high ratio of dietary n-3/n-6 polyunsaturated fatty acids improves obesity-linked inflammation and insulin resistance through suppressing activation of TLR4 in SD rats

Durante 10 semanas, cuatro grupos de ratas siguen dietas muy altas en carbohidratos, con distinta proporción de ácidos grasos omega-6/omega-3.

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La energía por gramo es la misma en las dietas SFA, PUFA1:1 y PUFA1:4, y puesto que no hubo diferencias significativas en la ingesta en gramos, tampoco las hubo en términos de calorías:

The daily weights of food intake (grams) during the 16 weeks period were similar among all groups

Y como ya nos imaginamos, sí hubo diferencias en la acumulación de grasa entre las dos dietas que únicamente se diferenciaban en el cociente omega-6/omega-3:

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Las dos dietas resaltadas en la gráfica anterior tienen la misma composición en términos de macronutrientes, y las ingestas han sido similares en términos de calorías, pero el engorde que han producido no ha sido el mismo.

Treatment for 2 mo with n-3 polyunsaturated fatty acids reduces adiposity and some atherogenic factors but does not improve insulin sensitivity in women with type 2 diabetes: a randomized controlled study

Este estudio es en humanos, y es interesante porque es un estudio controlado, aleatorizado y con doble ciego. A los participantes se les daba una cápsula con 3g/día de aceite de pescado (1.8g/día de omega-3) o de placebo (aceite de parafina). Ni los participantes ni los investigadores sabían qué tomaba cada persona. Además, el cociente omega-6/omega-3 en los fosfolípidos plasmáticos era diferente según el tratamiento seguido, lo que confirma que los participantes se tomaron las cápsulas:

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Y el resultado fue que el grupo tratado con omega-3 redujo su porcentaje de grasa corporal en un 1.6%, frente a la reducción del 0.3% en el grupo placebo:

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Mis reflexiones

En esta entrada sólo he presentado un estudio en humanos. El resto eran en roedores. ¿Se puede deducir de los resultados anteriores que, en humanos, la combinación de azúcar y aceites con elevado contenido en omega-6 es engordante? No. No podemos extrapolar de esa forma los experimentos realizados con animales. Al igual que a los autores de algunos de los estudios, a mí también me parece razonable tener esa sospecha, pero repito que estos estudios no lo demuestran. No obstante, eso no quiere decir que esos estudios hechos con animales sean irrelevantes: lo que sí se puede afirmar con rotundidad es que el dogma que dice que “pensando en el peso corporal, no existen los alimentos engordantes, lo único que cuenta es su contribución calórica al final del día” es absolutamente falso y no es algo que se deduzca de las leyes de la física. Lamentablemente, suena razonable en base a lo que creemos saber sobre por qué engordamos (ver).

 

Leer más:

¿Se puede engordar por pasar hambre?

No estoy pensando en que, al pasar hambre, vas a acabar dándote un atracón y entonces engordar porque comes “demasiado”. Lo que pregunto es si es posible engordar por pasar hambre, sin comer “de más” en ningún momento: engordar “por pasar hambre”, sin exceso en las calorías totales consumidas y sin cambiar la composición de la dieta.

¿Qué pronostican los defensores del balance energético? Como vamos a ver, estos “expertos” aprueban justitos las matemáticas básicas, pero suspenden nutrición y biología con “muy deficiente”.

Repeated Sense of Hunger Leads to the Development of Visceral Obesity and Metabolic Syndrome in a Mouse Model

El título del artículo es sugerente: la repetida sensación de hambre lleva a desarrollar obesidad visceral y síndrome metabólico en un modelo en ratones.

Tenemos dos grupos de ratones: a unos los dejamos comer cuanto quieren (grupo AL, de ad libitum) y a otros les restringimos de vez en cuando la ingesta (grupo FR), es decir, les hacemos pasar hambre. Repetimos el experimento para ratones de dos edades diferentes.

Acaban con más peso corporal aquellos ratones a los que les hemos restringido la ingesta:

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¿Es que a pesar de la restricción han comido más? No, los de tres semanas de edad han comido lo mismo que los del grupo AL, y los de 6 semanas de edad han comido menos que los del grupo AL:

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¿Es grasa corporal lo que han ganado? Sí. AT en la gŕafica identifica tejido adiposo. Se muestra el total de todo el cuerpo (Total AT) y el detalle de tres depósitos de grasa concretos. En negro el resultado de los que han “pasado hambre”, en gris el de los que no han pasado hambre:

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Los ratones que han pasado hambre no han comido más que los del grupo AL, pero sí han engordado más que los del grupo AL. Con exactamente la misma dieta.

Leer más:

Más ratones y más balance energético

Dietary Protein to Carbohydrate Ratio and Caloric Restriction: Comparing Metabolic Outcomes in Mice

Tres dietas diferentes: HPLC, MPMC y LPHC, con distinta cantidad de proteína y carbohidratos. Se forman seis grupos de ratones, consumiendo las tres dietas en dos versiones: ad libitum (AL, en rojo) o limitando la ingesta a un 40% (CR, en azul) de lo que come el grupo AL con la misma composición de dieta. Así durante dos meses.

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¿Qué ratones van a engordar más? ¿Los que más han comido, es decir, el grupo AL-LPHC?

Tenemos la respuesta. Grasa corporal:

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Da qué pensar, ¿verdad?

  • El grupo AL-LPHC es el que más ha comido y el que menos grasa corporal tiene. La explicación del resultado tiene que estar, obviamente, en la particular composición de la dieta. ¿Seguimos diciendo que la composición de la dieta no importa, que lo único que importan son las calorías?
  • A los tres grupos CR les hemos dado menos comida que a los tres grupos AL, y el engorde ha sido el mismo o superior. ¿Era esto lo que predecía el balance energético? No lo recuerdo del todo bien, pero creo no era éste el resultado previsto según esa teoría. Creo recordar que nos dicen que si comes menos tienes que engordar menos, o algo parecido. ¡Son leyes de la física!
  • Con dietas idénticas en composición (y por tanto en distribución de macronutrientes), el grupo AL-HPLCha consumido mucha más comida que el CR-HPLC, y ha engordado menos. Esto es el colmo. Pleno del “balance energético”: no sirve para nada.

 

No está en cuestión el cumplimiento de la primera ley de la termodinámica. Por supuesto que se cumple. ¿Cómo no se va a cumplir? Pero una ley general de la física no puede predecir ni explicar la reacción de un animal a un estímulo (e.g restricción de la comida o cambio en la composición de la comida). Lo que se demuestra falso es que en un animal las calorías que ingerimos sean lo que marca el peso/grasa corporal que ganamos o perdemos. Lo que se demuestra falso es el “si comes más tienes que engordar más”. Es evidente que la ingesta calórica de los ratones no puede explicar —ni sirve para predecir— el resultado de este experimento. Las leyes de la física no dicen que engordar o adelgazar sea cuestión de calorías, cantidad, apetito, saciedad, etc.

NOTA: no había demasiadas diferencias en el peso corporal, al cabo de los dos meses de dieta:

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Leer más

¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (2/4)

Parte 1: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (1/4)

there are data to suggest that adipocytes ‘‘crave’’ to be filled (although this point remains controversial), and we propose that having a larger adipocyte progenitor population will result in a larger steady state adipocyte population that may interfere with the success of subsequent weight loss attempts. (fuente)

hay datos que sugieren que los adipocitos “desean” ser llenados (aunque este hecho sigue siendo discutido), y proponemos que tener una gran cantidad de adipocitos creadores puede resultar en una mayor población de adipocitos de forma sostenida, lo que podría interferir con el éxito de los subsiguientes intentos de pérdida de peso.

Estamos hablando de hiperplasia/adipogénesis. Voy a comentar un par de estudios. Aunque me enrollaré un poco con los detalles, lo que vamos a ver es:

  • Un estudio en ratas, en el que las ratas que tras adelgazar comen a voluntad ven como su número de adipocitos aumenta.
  • Un estudio en ratones, en el que los ratones que hicieron restricción calórica intermitente acabaron con el doble de adipocitos que ratones que no hicieron dieta (comían cuanto querían).

No son datos en humanos, pero bajo mi punto de vista estos estudios dejan bien claro que esto de la obesidad no es cuestión de energía, sino de biología. Un animal no es tan simple como un horno que quema comida.

Primer estudio

Weight regain after sustained weight reduction is accompanied by suppressed oxidation of dietary fat and adipocyte hyperplasia

the shift in metabolism observed in the present study may reflect a more subtle shift that occurs intermittently or spread out over a period of weeks or months in a relapsing human

el cambio en el metabolismo observado en este estudio podría ser el reflejo de un cambio más sutil que ocurra de forma intermitente o que se extienda a un periodo de semanas o meses en un humano que está recuperando el peso perdido.

24 ratas siguen una dieta para provocar obesidad (alta en grasa en el caso de las ratas) durante 16 semanas. A partir de ese momento las ratas son divididas en 2 grupos:

  • 6 de esas ratas, a las que los autores del estudio llaman “obesas“, siguen entonces una dieta baja en grasa durante 10 semanas (ad libitum, o sea que comen cuanto quieren).
  • 18 de las ratas, a las que en el estudio llaman “peso-reducido“, consumen una dieta  hipocalórica (60% de las calorías que consumen las ratas obesas) durante 2 semanas y pierden un 14% de su peso corporal. Luego vienen 8 semanas en las que las 18 ratas se dividen en tres grupos, todos consumiendo la misma dieta baja en grasa que las ratas obesas:
    • Reduced“: se ajusta su ingesta al gasto energético que se les mide, tratando de que mantengan el peso corporal
    • Relapse-Day1“: pueden comer ad-libitum
    • Gap-matched“: se ajusta su ingesta para mantener el mismo balance energético que se mide en las ratas obesas. Ojo, no la misma ingesta: el mismo balance energético.

La siguiente gráfica muestra el consumo acumulado de grasa a lo largo del día, para los 4 grupos de ratas. La gráfica de ingesta calórica sería la misma, solo que escalada:

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Lo que yo deduzco de la gráfica anterior es que las ratas “peso reducido”, sean del grupo que sean, están muertas de hambre: comen de forma compulsiva en las primeras horas tras ser servida la comida. De ellas, las que tienen limitada la ingesta se quedan rápidamente sin comida (y la ingesta acumulada se mantiene horizontal a partir de ese momento). Las ratas obesas (rombos en la gráfica) son las únicas que no tienen ansiedad por comer y reparten el consumo a  lo largo del día. Al final del día, las “obesas” comen lo mismo que las “Gap-matched”, pero lo hacen sin ansiedad.

En la gráfica anterior vemos que las ratas “Relapse-Day1” (círculos), las que habían adelgazado pero ahora pueden comer cuanto quieran, son con diferencia las que más comen en términos de grasa (y, lógicamente, de calorías, pues la composición de la dieta es la misma en todos los grupos). Recordemos este dato.

En la siguiente gráfica vemos la tasa de grasa oxidada (“quemada”, en calorías por hora) a lo largo del día en los cuatro grupos de ratas:

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Con círculos tenemos a las ratas “Relapse-Day1”, las que vimos que son las que más grasa ingieren, y ahora vemos que son las que menos grasa queman. Se deduce que están engordando.

Las otras ratas “peso reducido” sabemos que consumen la comida en las primeras horas tras recibirla, pero ahora vemos que su quema de grasas no aumenta hasta 9 ó 18 horas tras ser servida la comida, en los grupos “reduced” y “gap-matched”, respectivamente. Por ejemplo, los grupos “obesas” y “gap-matched” hemos visto que tienen una ingesta comparable (primera gráfica que hemos visto), pero las obesas queman la grasa dietaria en mayor medida que las “gap-matched” (rombos frente a triángulos en la gráfica anterior). Misma ingesta y distinto engorde: hablar de energía en nutrición no tiene ningún sentido.

En la siguiente gráfica vemos que al final del experimento, todas las ratas de “peso-reducido” habían incorporado una mayor proporción de la grasa consumida en la dieta a sus depósitos de grasa corporal:

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Fijémonos en la diferencia en la gráfica anterior entre las ratas “obesas” y las “gap-matched”, en términos de acumulación de la grasa que ingieren en la grasa corporal. Y ahora contrastemos eso con el hecho de que el superávit calórico es exactamente el mismo en ambos grupos de ratas: en las ratas obesas se midió un superávit calórico de 10 kcal/día, y a las ratas “gap-matched” se les midió el gasto energético y se ajustó la ingesta para que el superávit calórico fuera el mismo que en las rata obesas.

Básicamente, ninguna de las ratas de los tres grupos “peso-reducido” tiene visos de mantener el peso perdido. Y están pasando hambre. Ninguna de las tres estrategias parece llevar a buen puerto.

Reitero que con el mismo “exceso calórico” que las ratas obesas, las ratas “gap-matched” están aprovechando más grasa dietaria para engordar. No comen más, comen “de más” lo mismo, y engordan más. Es más, son ellas las que están haciendo un esfuerzo (forzado en este caso) de restricción de la ingesta, pues ya vimos que están pasando hambre, mientras que las obesas no tienen ansiedad por comer. No hay glotonería, sino sacrificio, y están engordando más. Por ejemplo, en el artículo nos dicen que el día que se midieron el consumo de grasa y la oxidación de grasa, las ratas “gap-matched” acumularon más del doble de grasa que las ratas obesas. ¿Acusamos a estas ratas de recuperar el peso perdido por comer en exceso, por comer por encima de su gasto energético?

Hablando de hiperplasia, el dato interesante es que las ratas “relapse-day1” tenían muchos más adipocitos que el resto de grupos. Comparando este grupo con el resto, la conclusión es que bajar de peso y luego comer en exceso, por el hambre que ha provocado la dieta hipocalórica, ha fomentado la hiperplasia:

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El “balance energético” no aporta más que ignorancia al mundo de la nutrición. Los efectos de una dieta o de un plan de ejercicios no los dictan las leyes de la termodinámica, sino la biología, la fisiología, las hormonas o como queramos llamarlo. Seguir hablando de energía, seguir diciendo que se engorda por ingerir más de lo que se gasta, es seguir siendo unos burros.

Segundo estudio

Weight cycling promotes fat gain and altered clock gene expression in adipose tissue in C57BL/6J mice

Hace un tiempo hablé de un estudio (ver) en que unos ratones a los que se les restringía la ingesta engordaban más que ratones que habían consumido más comida. Hacer restricción calórica aumentaba su eficiencia a la hora de aprovechar lo que comían: una caloría les engordaba más.

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Las dietas eran muy altas en azúcares en todos los casos, una con un 70% de hidratos de carbono (“low-fat”) y otra con un 44% de hidratos de carbono (“dieta occidental hipercalórica”):

The low-fat diet (S8672-E050) contained 20% protein, 35% starch, 35% sucrose, and 10% fat, and the Western diet (S8672-E400) contained 18% protein, 13% starch, 31% sucrose, and 38% fat (Ssniff Spezialdiäten).

Si nos fijamos en el número de adipocitos en ese experimento, lo que vemos es que la dieta baja en grasa (Low-fat en la gráfica) creó una mayor cantidad de adipocitos que la dieta alta en grasa (HF en la gráfica). Al estar esos adipocitos a mitad de llenado que en el grupo HF, estos ratones engordaron “cuantitativamente” menos que ellos. Es discutible que ese resultado sea mejor que estar más gordo pero con menos hiperplasia. Los ratones que hicieron restricción calórica de forma intermitente (WC en la gráfica) acabaron con muchos más adipocitos, y más llenos de grasa, que los ratones que consumiendo la misma dieta no hicieron restricción calórica. El perjudicial efecto de la restricción calórica no sólo fue cuantitativo (cantidad total de grasa), como ya habíamos visto, sino cualitativo (mayor cantidad de adipocitos).

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En otra zona de grasa corporal el resultado es básicamente el mismo: la restricción calórica hizo acabar con más adipocitos y más llenos que comer de la misma comida “sin hacer dieta”.

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En la tercera parte hablaré de otros estudios científicos relacionados con la hiperplasia/adipogénesis.

Parte 3: ¿Hasta qué punto es reversible la obesidad? (3/4)

Leer más:

Se puede engordar por “comer menos”

No es ésta la entrada que tenía previsto publicar en este momento, pero la cuelo porque me apetece más contar algo ameno que volver a publicar una entrada demasiado densa. Hay unos ratoncitos que nos quieren enseñar cosas muy interesantes.

 

Estudio de 2013 titulado “Weight cycling promotes fat gain and altered clock gene expression in adipose tissue in C57BL/6J mice“.

Dos grupos de ratones, consumiendo la misma dieta, con una diferencia:

  • El grupo identificado en la gráfica con color gris claro consume toda la comida que quiere
  • Al grupo identificado con color gris oscuro se le restringe la ingesta periódicamente (se van alternando 10 días de comer libremente con 4 días de restricción calórica)

En la gráfica se muestra la ingesta de cada una de esas dos dietas (y de una tercera, de la que hablaré luego) a lo largo del experimento. Ignora la gráfica si quieres, porque enseguida la voy a analizar.

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He repetido la gráfica más abajo, resaltando en rojo la diferencia entre las dos dietas en los 10 segmentos temporales. Como se puede comprobar, el grupo de ratones “gris claro” acaba consumiendo más comida que el “gris oscuro”.

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Repito: el grupo gris claro ha consumido más comida, claramente, que el grupo gris oscuro.

¿Qué grupo de ratones ha acabado con más peso y más grasa corporal?

Antes de dar la respuesta, vamos a ver los mismos datos de ingesta, pero esta vez resaltando otra cosa:

  • El grupo gris claro ha tenido una ingesta bastante constante en el tiempo. Alta, pero estable. He destacado su ingesta con color azul.
  • El grupo gris oscuro ha consumido menos calorías, pero alternando etapas de muy poca ingesta con etapas de ingesta similar al grupo gris. Su ingesta la he destacado en rojo. En cierta manera es como si este grupo hace dieta, la deja, hace dieta, la deja, etc. De ahí la etiqueta “weight cycling” (ciclos de pérdida y recuperación de peso) que se le da al grupo gris oscuro.

Y repito la pregunta, ¿qué ratones han engordado más? La composición de la dieta es la misma, la diferencia es que los ratones del grupo gris claro han consumido más energía, mientras que los ratones del grupo gris oscuro han alternado etapas de poca ingesta (“hacer dieta”) con otras de mucha ingesta (“no hacer dieta”).

La respuesta es que los ratones del grupo gris oscuro, los que menos han comido, han engordado más. Alternar restricción con no-restricción calórica ha alterado su metabolismo, haciéndolos más eficientes a la hora de acumular grasa. Han consumido menos energía, pero de esa energía han aprovechado un mayor porcentaje para acumular grasa, y al final del experimento han acabado con más grasa corporal que los otros ratones, los que más comían.

En la siguiente figura vemos cómo los ratones del grupo gris oscuro han acabado con más grasa corporal (WAT, de White Adipose Tissue) que los del grupo gris claro:

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Y la eficiencia con la que han aprovechado lo que comían para engordar es claramente mayor en el grupo gris oscuro. Para ellos una caloría de comida era mucho más engordante que una caloría para los otros ratones:

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NOTA: según los autores, la eficiencia decae con el tiempo porque los ratones eran jóvenes al principio del estudio (estaban creciendo).

En la gráfica bajo estas líneas podemos ver cómo los ratones del grupo gris oscuro (puntos negros en la gráfica), aun ingiriendo menos comida, han acabado pesando más que los ratones del grupo gris claro (puntos identificados como Hypercaloric feeding):
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También me parece interesante resaltar lo que ha sucedido con la tercera dieta, el grupo Low-fat, identificado en la gráfica anterior con color gris-claro, en comparación con el grupo Hypercaloric. Las dietas de ambos grupos eran diferentes. En todo momento el grupo Hypercaloric ha consumido más energía, como se puede ver en la gráfica inicial, pero eso ha sido compensado con una menor eficiencia a la hora de engordar, como se deduce de la gráfica de la eficiencia. Si bien es cierto que el grupo Hypercaloric acabó pesando más que el grupo Low-fat, esa diferencia no fue estadísticamente significativa (P=0.988). Se demuestra que una mayor ingesta en términos calóricos no tiene por qué engordar más, si la composición de la dieta es diferente.

Volvamos a nuestros ratones, los de la restricción calórica repetida varias veces. ¿Han acabado más gordos porque el hambre que han pasado durante la restricción calórica les ha hecho comer más, cuando se les ha dejado comer libremente? No, no es eso lo que ha sucedido. En global comieron menos que el grupo gris claro. Y nótese que fueron los que más se sacrificaron. Si hubieran hecho la restricción calórica voluntariamente estaríamos hablando de los ratones con más fuerza de voluntad. Y son los que más gordos han acabado.

¡Tanto esfuerzo haciendo dieta y engordamos más que los que han comido lo que les ha venido en gana!

No solo eso: al final del estudio están más gordos que los demás y ¡con tendencia a seguir engordando! porque su cuerpo todavía es el más “eficiente” almacenando grasa (el que más engorda por cada caloría ingerida). Es decir, se han metido en un problema del que parece imposible salir pensando en términos de cantidad de comida.

Estos resultados son en ratones, no en personas. No estoy queriendo deducir de este estudio que en humanos las cosas sean igual, pero sí estoy afirmando que la restricción calórica NO es un método de adelgazamiento incuestionable. Al contrario, su origen es estúpido (ver,ver), no divino, y la evidencia científica no nos da razones para pensar que funciona para adelgazar (ver).

Mi hipótesis es que a los humanos nos suceden cosas parecidas cuando hacemos restricción calórica.

The majority of individuals regain virtually all of the weight that was lost during treatment irrespective of whether they maintain their diet or exercise programme. (De “It is time to stop counting calories, and time instead to promote dietary changes that substantially and rapidly reduce cardiovascular morbidity and mortality“)

La mayor parte de los individuos recuperan virtualmente todo el peso que fue perdido durante el tratamiento, con independencia de que se mantenga o no la dieta o el programa de ejercicios.

“La mayor parte recupera virtualmente todo el peso perdido, con independencia de que se mantenga o no la dieta”

These studies show that one third to two thirds of dieters regain more weight than they lost on their diets, and these studies likely underestimate the extent to which dieting is counterproductive because of several methodological problems, all of which bias the studies toward showing successful weight loss maintenance. (De “Medicare’s search for effective obesity treatments: diets are not the answer.”)

Estos estudios muestran que de un tercio a dos tercios de los que hacen dieta acaban con más peso que el que tenían antes de ponerse a dieta, y probablemente estos estudios estiman a la baja en qué medida hacer dieta es contraproducente, debido a varios problemas metodológicos, todos los cuales conducen a presentar éxitos en el mantenimiento del peso perdido.

“de un tercio a dos tercios de los que hacen dieta acaban con más peso”

En los humanos tenemos básicamente dos explicaciones para el fracaso sistemático de la restricción calórica como método para perder peso. O bien a) la restricción calórica fracasa porque la gente la abandona al cabo de unos meses, o bien b) la restricción calórica fracasa porque se producen en nuestro cuerpo reacciones metabólicas/hormonales que se oponen a la pérdida de peso (y que, por ejemplo, nos hacen acumular más grasa por cada caloría ingerida, algo análogo a lo que hemos visto en los ratones).

La primera opción se basa en la hipótesis de que prácticamente nadie tiene fuerza de voluntad para seguir una dieta más allá de seis meses. ¿Tiene sentido eso? Pero además defender esa hipótesis supone negar la existencia de evidencia científica que señala a otras causas en la recuperación del peso perdido. ¿Hay pruebas científicas que respalden la idea de que en humanos existe una reacción similar a lo que hemos visto en los ratones? Ya he hablado de eso aquíaquí o aquí, y volveré a hacerlo más adelante (ver). Pero en pocas palabras: yo diría que SÍ existe evidencia científica de que es así.

Leer más:

Lo que dicen los ratones

(english version: click here)

Introducción

Escuchamos decir a los supuestos expertos en obesidad que “si creamos un déficit calórico, de acuerdo con las leyes de la termodinámica vamos a perder peso“. Puesto que las leyes de la termodinámica siempre se cumplen, la demostración científica de que con un déficit calórico no se adelgaza (ver) no deja lugar a las dudas:

La idea de que para perder peso hay que comer menos y moverse más NO no viene avalada por las leyes de la termodinámica

Es tan sencillo como eso: si se dedujera de dichas leyes, tendría que funcionar, sí o sí. Pero no funciona, luego no es la consecuencia lógica de dichas leyes.

El dogma “come menos y muévete más” es erróneo y absurdo. Y puesto que algunas personas han “pensado” que dicho dogma era la encarnación directa de esas leyes, cualquier propuesta que se sale del dogma es tachada de contraria a las leyes de la termodinámica, y por tanto errónea.

Otra forma de demostrar que la teoría del balance energético no es un corolario de las leyes de la termodinámica es exponer otras teorías distintas de la “teoría del balance energético”, pero que también satisfagan las leyes de la termodinámica. Hace unos días publiqué una entrada en el blog (“Termodinámica, para dummies“) ejemplificando exactamente eso: cómo otras posibles explicaciones de cómo se adelgaza o engorda son perfectamente compatibles con la primera ley de la termodinámica. Pero nótese que el hecho de que una teoría sea compatible con dichas leyes no quiere decir que sea correcta, ni tan siquiera que sea útil. “Come menos y muévete más” es un ejemplo de esto: es compatible con las leyes de la termodinámica, pero se ha demostrado falsa. Yo creo que además es contraproducente para la salud (ver).

Las leyes de la termodinámica no nos permiten predecir el comportamiento de un organismo vivo, solo enuncian propiedades de dicho comportamiento. Es la fisiología de dicho organismo vivo la que determina la evolución del mismo. Por ejemplo, Gary Taubes en alguno de sus vídeos muestra dos fotografías de un mismo niño a distintas edades, y con diferente peso. Las primera ley de la termodinámica nos puede decir que si ha ganado peso, ha tenido que comer más de lo que gastaba. Pero no nos puede explicar porqué ha crecido. El conocimiento de cómo funciona nuestro cuerpo (e.g. las hormonas) puede ayudarnos en eso, la termodinámica no. La termodinámica solo nos dice que suceda lo que suceda, e independientemente de la razón por la que suceda, el comportamiento cumplirá ciertas condiciones. Ni predice el resultado, ni nos indica el camino a seguir para modificar el proceso.

El estudio

Hay un estudio muy interesante de 2007 titulado “A high-fat, ketogenic diet induces a unique metabolic state in mice“. Normalmente no doy mucha importancia a los estudios realizados en animales, pero en este caso no hay razones para ignorarlo: las leyes de la termodinámica se cumplen siempre, también en los animales. Si las leyes de la termodinámica tuviesen algo que decir en nutrición, deberían predecir la evolución de peso de un animal cualquiera. Al fin y al cabo lo que nos dicen los “expertos” es que la fisiología no importa y que engordar o adelgazar es cuestión de comer más o menos. Seas ratón o persona, si comes más engordas más. Seas ratón o persona, si comes la misma cantidad engordas los mismo.

Tenemos cuatro grupos de ratones, con cuatro dietas diferentes. Tres de ellas se muestran en la tabla:

Dieta Grasa (%) Proteína (%) Carbohidratos (%)
(C) chow  16.7 26.8 56.4 (6.5% sucrose);
(HF) Alta en grasa y en carbohidratos 45 24 35 (17% sucrose)
(KD) Cetogénica  95 5 0% (0% sucrose)

La cuarta dieta (CR) está restringida en calorías y proporciona solo el 66% de la ingesta normal en calorías de los animalitos.

Se deja que los ratones coman cuanto quieran durante dos meses (salvo el grupo CR, al que se le limita la cantidad). Los 3 grupos ad libitum (C,HF y KD) acaban comiendo más o menos la misma cantidad (en Calorías). Con círculos blancos se muestra la ingesta del grupo CR en comparación con el resto de grupos:

Selección_123

El pensamiendo “Calories In Calories Out” nos dice que los ratones que comen un 66% de la ingesta del resto (grupo CR) tienen que acabar con menos peso que el resto de grupos, mientras que el resto de grupos (HF,KD y C) tienen que acabar más o menos igualados en peso.

“Los que comen menos deben acabar pesando menos…”

La realidad es que el pensamiendo “Calories In Calories Out” se equivoca: pasados los dos meses no había diferencias en el peso del grupo cetogénico (KD, triángulos negros en la gŕafica) y el grupo restringido en calorías (CR, círculos blancos y línea discontinua). Y recordemos que el grupo CR había consumido un 66% de las calorías consumidas por el grupo KD. Muy diferente ingesta calórica, mismo resultado en peso.

kd

¿Cómo puede ser? ¿Están violando los ratones las leyes de la termodinámica? No, no las violan. Como ya expliqué, la termodinámica NO dice que los ratones que comen mucha más cantidad tengan que acabar pesando más. Esa errónea deducción no se deriva de las leyes de la termodinámica. Lo que dice la termodinámica es que si comiendo más acabaron en el mismo peso, eso quiere decir que tuvieron que gastar más energía. Y así fue. El análisis del calor desprendido por los animales reveló que los ratones del grupo KD tenían un gasto energético un 15% mayor que el grupo CR (y un 11% mayor que el grupo C). Es decir, los ratones de la dieta cetogénica desprendían más calor: tenían un metabolismo más elevado que los ratones con otras dietas. Por ejemplo, el calor que desprendían a lo largo de 24h era claramente mayor que en el resto de grupos:

Y por cierto, no hubo diferencias en en la composición corporal (masa corporal grasa, y magra) entre los grupos CR y KD. También es interesante que los ratones KD mostraron niveles mucho más bajos de insulina postprandial, en comparación con los otros grupos de ratones. Una última curiosidad: en uno de los estudios, los ratones hembra del grupo CR dejaron de tener el ciclo menstrual, algo que no sucedió en el grupo KD.

Un segundo experimento, del mismo estudio. Ahora durante 84 días a todos los ratones los engordamos con la dieta HF, alta en carbohidratos y grasa. Pasado ese tiempo, a parte de ellos los pasamos a la dieta KD (cetogénica). ¿Resultado? Los ratones del grupo KD dejan de engordar y acaban con menos peso incluso que los ratones del grupo control. Los que siguen con la dieta HF no paran de engordar.

    

“Para adelgazar hay que comer menos y moverse más”…

El pensamiento “Calories In Calories Out” nos dice que si bajaron de peso es porque comieron menos y/o hicieron más ejercicio. ¿Es eso lo que pasó? ¿Acaso comieron menos los ratones que pasaron a la dieta cetogénica? No, siguieron comiendo más o menos la misma cantidad que venían comiendo (tras el cambio de dieta un poco menos, a los pocos días un poco más y una vez el peso se estabilizó, lo mismo). Entonces, ¿cómo es posible? Nuevamente, los ratones del grupo KD desprendían un 15% más de calor que los del grupo HF, y su consumo de oxígeno (otro indicador del gasto energético de los ratones) era un 34% mayor que en el grupo HF.

Selección_126

Algunos resultados más:

  • Los ratones del grupo KD acabaron el experimento con prácticamente la misma cantidad de grasa corporal que el grupo de control. El grupo HF con más del doble de grasa que ambos. Los ratones del grupo KD no perdieron masa muscular.
  • El grupo KD superó un test de glucosa con mejor resultado que el grupo HF.
  • En los ratones del grupo HF se redujo la “actividad exploradora”, pero no así en el grupo KD. Se podría decir que engordar les volvió más sedentarios.

 Comiendo lo mismo, resultado muy diferente en términos de peso (y de salud). Las leyes de la termodinámica se cumplen, lo que no se cumplen son las “teorías del balance energético”, es decir, el “come menos y muévete más”, el contar calorías, el “come de todo pero con moderación” y el “engordas porque eres un golfo y un glotón”.

Los autores del estudio concluyen:

Mediante una manipulación dietaria específica, puede producirse pérdida de peso como consecuencia de diversos cambios metabólicos y sin restricción de calorías.

Perder peso sin comer menos y sin reducir el metabolismo… Todo esto me recuerda el experimento de Sam Feltham (quien, por cierto, acaba de publicar un libro).