La ciencia es asín (V)

The Physiology of Body Weight Regulation: Are We Too Efficient for Our Own Good?

Body weight is determined by energy intake on one hand and energy expenditure on the other. Imbalance between energy intake and expenditure results in a change in body weight.

El peso corporal es determinado por la ingesta energética por un lado y el gasto energético por otro. El desbalance entre ingesta energética y gasto produce un un cambio en el peso corporal.

Aquí tenemos un claro ejemplo del error de la “causalidad”: se expresa de forma errónea lo que dice la primera ley de la termodinámica, y eso lleva a plantear causas y soluciones estúpidas para la obesidad (ver,ver). La explicación rápida es que a lo mejor es un cambio en el peso corporal el que resulta en un imbalance entre ingesta y gasto energético, y no al contrario. Va un mundo de diferencia de expresarlo de una forma a expresarlo de otra.

La explicación más detallada es que el peso corporal no viene necesariamente determinado por la diferencia entre ingesta energética y gasto energético. Expresarlo así da a entender que la energía se almacena como consecuencia de la existencia de esa diferencia, convirtiendo la diferencia en causa de que se almacene energía. La forma correcta de expresarlo es que la acumulación de energía en el cuerpo, quizá como musculatura, quizá como glucógeno, quizá como grasa corporal, se puede calcular a partir del conocimiento de cuál ha sido la ingesta y cuál ha sido el gasto energético. ¡Qué práctico! Por supuesto es ironía: la primera ley de la termodinámica es absolutamente inútil a la hora de hablar de la gestión del peso corporal. La diferencia entre expresarlo correctamente o cometer la burrada de deducir causalidad, es abismal. No es el único error, pero es uno de los más importantes que se está cometiendo. La cadena de errores es larga:

  1. Hablar de calorías en lugar de hablar de grasa corporal.
  2. Aun aceptando que se hable de calorías, no tiene ninguna justificación aplicar la primera ley de la termodinámica a nivel de todo el cuerpo, en lugar de en los adipocitos, que es donde se produce la acumulación de grasa.
  3. Ignorar que la acumulación de energía en forma de músculo echa por tierra la majadería teoría de la glotonería y la vagancia.
  4. Deducir causalidad de una ecuación matemática.
  5. Presuponer el gasto energético constante o controlable mediante el ejercicio físico.
  6. Ignorar el resultado en la práctica de esa ideología: la gente cada vez más gorda y seguimos sin un remedio efectivo para adelgazar.

Los errores son de bulto y están a la vista de todo el mundo. Cómo se ha llegado a hablar de calorías en nutrición, es algo que no tiene explicación. La burrada es de tal dimensión que el fenómeno está mucho más cerca de un poltergeist que de la pseudociencia.

Si no ves que sean errores, imagina que en lugar de grasa corporal estamos hablando de musculatura. Ahora aplica todos los errores anteriores hasta que llegues a la conclusión de que para aumentar tu musculatura tienes que comer más de lo que gastas, es decir, volverte un glotón y un vago (ver). ¿Crees que hay leyes inviolables de la física que dicen que eso es lo que hay que hacer para aumentar la musculatura? Algo falla en la teoría del balance energético, ¿verdad? En realidad, falla todo.

Los adipocitos no almacenan calorías: almacenan triglicéridos.

¿Cuál es la gravedad de esta cadena de errores? Pues que una vez diagnosticado —erróneamente— que el problema es comer demasiado y moverse poco, la prevención de la obesidad o la búsqueda de soluciones se realiza ignorando la composición/calidad de la dieta y centrándose exclusivamente en formas de controlar el apetito y fomentar el ejercicio físico. En definitiva, el dogma del balance energético establece que el problema de la obesidad es de comportamiento: falta de autocontrol, falta de fuerza de voluntad. Puesto que se ningunean las causas reales de que los adipocitos acumulen grasa, no es de extrañar que ninguna de las soluciones basadas en el fraude del balance energético sea efectiva, ni para perder peso ni para no engordar.

La situación actual es surrealista, con gente supuestamente formada, analizando el papel de las hormonas sobre el apetito, en lugar de analizar su influencia en el fenómeno real, que es la acumulación de grasa en los adipocitos. Haber dejado de mirar al adipocito y habernos dedicado a estudiar el apetito, la saciedad y el sedentarismo, es algo que en el futuro se estudiará en los libros de texto como la mayor estupidez, sin ninguna duda, cometida por el ser humano en toda su historia. Somos unos burros. Somos unos burros. Somos unos burros.

Puede que la hipótesis de la insulina sea insuficiente para explicar o entender por completo la obesidad. A efectos prácticos es indiferente. Aunque fuera así, eso no quita que hablar de calorías sea una estupidez descomunal. Tenemos que hablar de hormonas, pero no de las hormonas que regulan el apetito o el gasto energético, porque eso es seguir apuntalando el fraude del balance energético. La obesidad no es almacenar energía en el cuerpo: es almacenar triglicéridos en los adipocitos. Hay que hablar de cómo y por qué los adipocitos almacenan grasa. Los adipocitos no tienen apetito. Los adipocitos no son sedentarios. Los adipocitos no hacen deporte. Los adipocitos no tienen fuerza de voluntad. Los adipocitos no son glotones. ¿Qué les hace engordar? ¿Qué nos hace engordar?

Apetito, sedentarismo, saciedad y calorías no tienen que ver con el adipocito, y sólo sirven para desviar la atención del problema real. Mientras sigamos mareando la perdiz con la idiotez del balance energético, seguiremos sin entender la verdadera causa de la obesidad, y, a partir de ella, buscar la forma de prevenirla y revertirla.

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