La parábola de la familia

Tenemos una familia tipo: padre, madre y una hija. Todos los meses esta familia ahorra algo de dinero para así poder pagar una carrera universitaria para la hija. Supongamos que en esa familia únicamente trabaja la madre y que su jefe la odia, por la razón que nos apetezca, pero no quiere despedirla. El jefe siente tanto odio hacia su empleada que quiere impedir que esa familia ahorre para pagar los estudios universitarios de la hija.

El jefe, que no es muy listo, cree que el balance económico de la familia le da las claves para impedir que se dé el ahorro destinado a los estudios de la hija:

Ahorro para estudios futuros = ingresos – gastos

El jefe cree posible conseguir su objetivo, sin más que reducir el sueldo a su empleada: “para que exista ahorro, los ingresos tienen que ser superiores a los gastos. “Si ingresas 1500 y gastas 1600 no puedes ahorrar“, reflexiona. No se puede ahorrar sin superávit económico y es así siempre, porque nadie puede violar las leyes de la economía“.

“Si ingresas 1500 y gastas 1600 no puedes ahorrar”, ¿vemos las falacias en el planteamiento? El sentido común dice que hay alguna “trampa” en lo que el jefe está diciendo, pues sabemos que no tiene sentido creer que los cambios en los ingresos se van a traducir irremediablemente en cambios en el dinero ahorrado para los estudios de la hija. Sabemos que es absurdo, aunque no seamos capaces de explicar dónde está la trampa.

El gasto de esa familia no es una variable bajo el control del jefe

El jefe supone en sus planteamientos que el gasto de la familia es constante. Pero, ¿por qué supone un gasto económico concreto, cuando el gasto económico no está bajo su control? Es un sofisma: la realidad es que si el jefe reduce el sueldo a su empleada, la familia puede reorganizar sus prioridades, gastando menos en otras cosas y tratar de seguir ahorrando para la universidad de la hija. Por mucho que se líe la madeja a la forma de expresarlo, lo cierto es que, en el supuesto que estoy planteando, el jefe únicamente puede cambiar el sueldo de su empleada: no tiene control sobre el gasto económico de esa familia y por tanto carece de sentido presuponer un gasto económico concreto en su planteamiento.

Si ingresas 1500, dependiendo de lo que gastes ahorrarás o no.

El balance económico es absolutamente irrelevante.

¿Es cierto que el ahorro destinado a los estudios futuros de la hija se puede calcular como la diferencia entre ingresos y gastos? Sí, de la misma forma que cualquier otra partida del gasto, por ejemplo el dinero gastado en comida, se puede calcular conociendo los ingresos y el resto de gastos. ¿Quiere eso decir que alterando los términos del balance económico se puede regular la cantidad de dinero que ahorra esa familia? No, es una falacia hacer ese planteamiento, porque no se pueden alterar el resto de elementos del balance económico, pues el único término que está bajo el control del jefe, y con matices, es el sueldo que paga a su empleada. La decisión de ahorrar más o menos para los estudios de la hija está en manos de la familia. Y como explico a continuación, además el balance económico de la familia no es la diferencia entre el dinero que entra y sale en la cuenta de ahorro.

Otra analogía para entender que no tener control sobre las variables del sistema hace el planteamiento falaz: “si salto desde la azotea de un edificio y la fuerza hacia arriba es idéntica a la fuerza hacia abajo, no caeré“. Aunque parezca cierto, en realidad es una falacia, pues no controlas ninguna de las dos fuerzas, y el planteamiento se basa en establecer un valor para ellas, cuando eso no es posible en la práctica.

El balance económico de la familia no es el balance económico en la cuenta de ahorros

El balance económico de la familia, la diferencia global entre ingresos y gastos en esa familia, no es el balance económico en la cuenta de ahorro. El balance económico en la cuenta de ahorro es el dinero que entra en la cuenta menos el dinero que sale, y eso, por definición, es el cambio en dinero ahorrado. No es obvio que lo que le pase al balance económico familiar se vaya a reflejar, ni tal cual ni en parte, en el balance en la cuenta de ahorro, porque no es el mismo concepto, ni se rigen por las mismas reglas, ni cambian por las mismas razones. Es de sentido común que un superávit económico en la familia no implica que automáticamente aumente el dinero ahorrado para los estudios de la hija, ni un déficit económico equivale a que automáticamente se reduzca ese dinero ahorrado. Como traté de explicar antes, el jefe ni siquiera tiene el control del balance económico de la familia, pues sólo puede cambiar los ingresos, en ningún caso los gastos, pero es que además no controla en absoluto cómo la familia decide usar el dinero que la madre gana trabajando. Y eso hace que los dos balances estén desconectados entre sí. Aun suponiendo erróneamente que el jefe pudiese fijar tanto los ingresos como el gasto de la familia, sus miembros pueden decidir ahorrar más o menos para los estudios de la hija y gastar más o menos en otras cosas. Y nada de eso lo controla el jefe de la madre.

dinero gastado en ir al cine = ingresos – gastos

¿Deducimos que la familia irá más al cine, si a la mujer se le aumenta el sueldo? ¿Alguna ley de la economía hace imposible que esa familia decida donar el dinero extra a la Cruz Roja y no realizar ningún cambio en su forma de vida? Lo que le pasa a un balance no tiene por qué reflejarse en el otro.

Y si le bajan el sueldo, ¿debe obligatoriamente dejar de ir al cine?

No se puede ir al cine si los ingresos no superan a los gastos. Nadie puede saltarse las leyes de la economía

Nadie se salta las leyes de la economía, pero la familia puede reorganizar sus prioridades y dejar de cenar fuera de casa los sábados, para seguir manteniendo la costumbre de ir al cine los viernes. ¿O viola eso alguna ley?

La teoría del balance económico asume que una familia es un ente pasivo que se va a dejar hacer cualquier cosa sin reaccionar

Pero, además, si la empleada se siente mal tratada, puede acabar buscando otro empleo, en el que quizá gane más dinero y acabe incluso ahorrando más. O puede denunciar a su jefe ante el Ministerio de Empleo y que éste no consiga absolutamente nada de lo que creía garantizado por las leyes básicas de la economía.

Las situaciones extremas no confirman las teorías del jefe

Por supuesto, si la madre se queda sin trabajo difícilmente la familia va a poder ahorrar, pero eso no demuestra que en la situación normal, cuando sí tiene trabajo, se cumplan las teorías del jefe, que es que alterando el sueldo de la madre va a controlar el dinero ahorrado para los estudios de la hija. Tampoco otros casos extremos, como duplicar el sueldo de la mujer, pueden servir de demostración de que lo único que importa a la hora de saber cuánto ahorra esa familia es el sueldo de la madre, o el “balance económico”.

El balance energético en nutrición

Como es evidente, estoy hablando de la teoría del balance energético en nutrición: en esta analogía

  • el ahorro para los estudios de la hija sería la grasa acumulada en el tejido adiposo,
  • la familia sería nuestro cuerpo, y
  • los ingresos familiares y el gasto de la familia serían la ingesta energética y el gasto energético, respectivamente.

El balance económico de la familia no es el reflejo de los cambios en la cuenta de ahorros, del mismo modo que el balance de energía en el cuerpo no es el balance de grasa en el tejido adiposo.

La familia puede decidir dilapidar una “paga extra” sin aumentar en absoluto el dinero ahorrado para los estudios de la hija, de la misma forma que tu cuerpo puede decidir simplemente gastar un “extra” de comida en forma de calor, sin acumularlo como grasa corporal. Nuestro cuerpo puede regular la eficiencia con la que aprovecha lo que ingiere y seguir acumulando la misma cantidad de grasa, del mismo modo que la familia puede adaptarse a fluctuaciones en el sueldo para seguir ahorrando lo mismo para los estudios de la hija. Si se reduce el sueldo de la madre, la familia puede reducir gastos superfluos y aprovechar mejor el dinero que llega.

Si torturas a tu cuerpo privándole de comida, éste se defiende, por ejemplo aumentando el hambre, del mismo modo que en la analogía la familia se plantearía buscar otro empleo que garantizase los ingresos, si ve que el jefe les baja el sueldo. El hambre puede acabar desembocando en una mayor ingesta energética, que sería el equivalente a encontrar otro empleo con mejor sueldo. Pero el hambre no es la única razón por la que una restricción de dinero/comida puede fracasar en su objetivo de reducir los ahorros/acumulación de grasa. Lo que cabe esperar es que si comes menos aproveches mejor los recursos, del mismo modo que si los ingresos se reducen, la familia tendrá más cuidado con el gasto que hace.

¿Sigues sin estar convencido/a? ¿Crees que todo es tan sencillo como que alterando la ingesta se controla la grasa corporal? ¿Si comes más engordas más, si comes menos engordas menos?

pseudociencia

Edición (26/11/2016): añado gráfica en parte final de la entrada

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One thought on “La parábola de la familia

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