La ciencia es asín (XV)

En esta entrada voy a hablar de este vídeo. Su orador es autor de algunos de los artículos más ilustrativos qué he leído sobre fisiología. De hecho, algunos de esos artículos son los que usé para preparar esta larga entrada, especialmente su quinta entrega.

El vídeo es muy recomendable, pues describe de forma bastante clara el proceso de engordar. Pero lo que llama la atención es que, sorprendentemente, a la media hora el autor nos sale con la charlatanería del balance energético.

NOTA: Pinchando en las imágenes se puede acceder a los fragmentos originales en inglés; mis traducciones bajo cada imagen.

Este gráfico, creo que es bastante provocador de reflexiones. Si podemos imaginar el área entre la curva y la línea horizontal del cero, por ejemplo aquí tendríamos algo de área negativa, ésa es la cantidad de grasa que se ha movilizado en 24 horas, y aquí tenemos el área positiva, que es la cantidad de grasa que hemos almacenado. En cualquiera de nosotros que está en balance energético, las áreas negativas y positivas bajo la curva tienen que estar balanceadas, tienen que ser idénticas. Es muy fácil para mí imaginar, que si simplemente comiéramos un poco más, aumentaríamos el área positiva bajo la curva, quizá se reducirá la negativa, y acabaríamos con un estado de balance energético positivo. Por otro lado, hacer un poco de ejercicio o comer un poco menos podrían reducir la altura de la curva positiva y estaríamos en un estado de balance energético negativo.

¿Por qué no hablamos de qué produce el balance energético positivo en el crecimiento de un tumor? (ver) Pues porque con el cáncer no se comete el error, la burrada, de extrapolar lo que le sucede a un tejido a todo el cuerpo y además convertirlo en causa (ver). Sí, es una burrada. Y sólo se hace con la obesidad (ver).

Por otro lado, ¿es que la curva de la que habla este señor viene determinada por la cantidad de comida? No, como él bien sabe. En los minutos anteriores nos había explicado con todo detalle cuándo hay entrada neta de ácidos grasos en el tejido adiposo, que es en el periodo postprandial, cuando sube la insulina. Y al contrario, también explicaba que hay liberación neta de ácidos grasos en el periodo postabsortivo (cuando llevamos algunas horas sin comer) y los niveles de insulina se reducen. Por ejemplo, podemos escuchar lo que dice en el minuto 19:

Éste es un cambio dramático en el metabolismo. ¿Por qué sucede? La respuesta es bastante clara en que el principal regulador de esto es la insulina. […] Las concentraciones de insulina, como se ven aquí, son muy bajas tras el ayuno nocturno y cuando nos alimentamos, principalmente debido a los carbohidratos, las concentraciones de insulina suben rápidamente y conforme las concentraciones de insulina suben, las concentraciones de ácidos grasos liberados por el tejido adiposo se suprimen. Y durante las siguientes horas las concentraciones de insulina van retornando a sus valores base y vuelve a haber liberación de ácidos grasos desde el tejido adiposo.

Es curiosísimo observar cómo una persona que sabe perfectamente qué mecanismos fisiológicos están tras la curva de la que está hablando, llegado el momento de elucubrar sobre los cambios en esa curva producidos por la dieta, adopte un discurso que carece de justificación fisiológica. Habría que preguntarle, quizá, por qué no está hablando de hiperinsulinemia o cuál sería en su opinión el efecto en la curva de la que habla de una dieta que produce una elevada y antinatural elevación de la insulinemia. Quizá habría que refrescarle lo que él mismo puso en práctica cuando quiso bloquear la liberación de ácidos grasos a plasma. ¿Qué hizo para bloquear la liberación de grasa por parte del tejido adiposo? ¿Hizo comer mucho a los participantes? No: ¡inyectó insulina! Y como vemos en la gráfica, los niveles de ácidos grasos en plasma se derrumban espectacularmente porque la lipólisis celular ha sido anulada.

Lo que hemos hecho —esta vez no les hemos dado desayuno— ha sido infundir insulina en una vena […] hemos infundido glucosa para poder aumentar la concentración de insulina en plasma hasta niveles fisiológicos elevados. Y mirad lo que sucede: los niveles de ácidos grasos en sangre bajan hasta prácticamente cero. ¿Y por qué bajan? Porque hemos apagado casi por completo la liberación de ácidos grasos desde el tejido adiposo. Éste es un proceso que es exquisitamente sensible a la insulina.

Pero pensando en adelgazar, lo que se le ocurre es “hacer más ejercicio y comer menos”, es decir, sustituir la fisiología por una operación matemática, sustituir la fisiología por juegos de palabras que crean una falsa causalidad. ¡Qué fuerte es esto!

En ningún otro crecimiento de un tejido en un ser vivo se habla de balance energético positivo, porque el balance energético del tejido no es el balance energético del cuerpo y porque el balance energético es un resultado, nunca la causa (ver). Lo entendemos en todos los crecimientos de tejidos menos en un caso.

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