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La fisiología de engordar (1 de 9)

Decir que engordamos porque «comemos más de lo que gastamos» es no decir nada, pues no es otra cosa que expresar una tautología, pero se usa tramposamente para convertir la obesidad en un problema de cantidad de comida, en un problema de balance energético. No lo hacemos con ningún otro crecimiento de un tejido vivo a pesar del hecho innegable de que las leyes de la física son las mismas en todos los crecimientos.

Charlatanería asistida por ordenador

Vas a el/la nutricionista para que te prepare una dieta de adelgazamiento. El/la nutricionista calcula tu composición corporal e introduce los datos en una aplicación informática que le dice cuál es tu gasto energético diario. Te pregunta a continuación qué cosas te gusta comer y en base a esa información y a tu gasto energético diario te prepara una dieta hipocalórica con una distribución de comidas que satisface las recomendaciones oficiales sobre reparto de macronutrientes y que garantizará máxima adhesión a la dieta al incluir los productos cuyo consumo no quieres abandonar. Yogur desnatado, tostadas, pan, pollo a la plancha y pieza de fruta… La adhesión es clave porque el/la nutricionista «sabe» que el fracaso de la dieta hipocalórica es debido a que los obesos abandonamos la dieta.

Todos conocemos la base conceptual de la dieta hipocalórica: la Teoría del balance energético. En esencia, esta teoría supone que para un determinado nivel de actividad física el músculo y el tejido adiposo marrón tienen un consumo fijo de energía, por lo que comer «en exceso» hace que lo que no usan estos tejidos tenga que almacenarse en el tejido adiposo. Suele expresarse como «si tu cuerpo gasta 1800 y comes 2000, pues claro que vas a engordar«.

Los tejidos gastan lo que tienen que gastar y el resto de la grasa se almacena en el tejido adiposo

Esta idea no es incompatible con las leyes de la física, pero no deriva legítimamente de esas leyes (ver). El fraude de la teoría del balance energético no está en las matemáticas, está en el comportamiento del cuerpo

  1. que inventa con juegos de palabras,
  2. que asume como obvio, y
  3. que se afirma que deriva de esas leyes.

La causalidad

Aunque lo explicaré con más detalle en el resto de partes de este artículo, adelanto ahora que la grasa que ingerimos es embarcada en el intestino en quilomicrones (ver), unas lipoproteínas de gran tamaño que circulan por la sangre, y de esa forma llega a las inmediaciones del tejido adiposo. Parte de la carga de los quilomicrones es absorbida por el tejido adiposo, pero una cantidad no despreciable (puede ser perfectamente la mitad de la carga) pasa a sangre en forma de ácidos grasos no esterificados (NEFA), también llamados ácidos grasos libres (FFA).

Individuals with high energy efficiency require fewer calories to meet basal metabolic needs and accomplish a given level of physical work. Thus, on a given caloric intake, more calories are, in essence, left over, and are stored as fat (fuente)

Individuos con una mayor eficiencia energética requieren menos calorías para cubrir sus necesidades metabólicas basales dado un nivel de actividad física. Así pues, dada una ingesta energética en esencia más calorías sobran y son almacenadas como grasa corporal

La teoría del balance energético se basa en la idea, explícita o no, de que cada día una cantidad fija de la comida es usada por el cuerpo para cumplir con sus necesidades y que el resto, lo que sobra, es almacenado en el tejido adiposo. Según esa teoría es «comer más de la cuenta» lo que nos engorda, pues ese exceso sólo se puede acumular en el tejido adiposo. En el esquema que muestro bajo estas líneas, si interpretamos que la grasa dietaria son vehículos circulando por carreteras, el flujo de coches por las carreteras negras sería fijo, por lo que si por la carretera roja empiezan a circular más coches, y teniendo en cuenta que la carretera negra sólo admite una cierta cantidad de coches por hora, el único destino posible de esos coches «extra» es ser almacenados en el tejido adiposo.

El planteamiento anterior es EL GRAN PROBLEMA de la obesidad: los incompetentes «expertos» en obesidad están dando por obvio que esa explicación deriva de las leyes de la física. Es un planteamiento profundamente estúpido que sustituye la fisiología por el «conocimiento» deducido erróneamente de una ley general de la física que consiste en restar dos valores. No cabe una burrada más grande: hemos alcanzado nuestro límite como seres humanos.

El paradigma energético crea una falsa causalidad jugando con las palabras: «si consumimos 48000 kcal por encima de nuestras necesidades energéticas vamos a engordar«, pero nuestra fisiología no funciona de esa manera (ver).

Imaginemos el siguiente escenario: los quilomicrones llegan a las proximidades de los adipocitos, pero la cantidad de grasa que es absorbida es función de la presencia de sustratos y del medio hormonal en ese momento, ambos modulados por la composición de la dieta, y también de la fisiología de esa persona concreta. La grasa dietaria que no ha entrado en el tejido adiposo pasa a sangre y el resto de órganos se encargan de esa grasa sobrante, por ejemplo disipando en forma de calor los ácidos grasos mientras los haya en exceso en sangre (podrían entrar en el tejido muscular por simple difusión gracias al gradiente de concentraciones extracelular-intracelular [ver,ver], lo que tendría como resultado que los niveles de ácidos grasos en sangre nunca subieran demasiado, que es lo que se observa en la realidad).

Adipose cells control flux of fatty acids to peripheral tissues by storing and hydrolyzing triglyceride under hormonal control. New data reveal that insulin may regulate this process in part by promoting membrane trafficking of intracellular fatty acid transporters FATP1 and FATP4 to the plasma membrane (fuente)

Las células adiposas controlan el flujo de ácidos grasos hacia los tejidos periféricos mediante almacenamiento e hidrolización de triglicéridos bajo control hormonal. Nuevos datos revelan que la insulina podría regular este proceso en parte mediante la promoción del paso a la membrana plasmática de los transportadores intracelulares de ácidos grasos.

De forma esquemática, en la parte izquierda la teoría del balance energético, en la parte derecha otra posible causalidad (ver):

particion

El aumento de los depósitos de grasa corporal no necesariamente está determinado por la diferencia entre lo que se consume y se gasta: aunque no es la única alternativa, otra posibilidad puede ser que lo que se gasta esté determinado por la diferencia entre lo que se consume y lo que se engorda (lo que llevaría a plantearnos qué es realmente lo que hace que el tejido adiposo almacene más o menos grasa, que sería en esencia lo que nos engordaría). No se trata de que la segunda explicación sea correcta: lo relevante es que es tan posible como la teoría del balance energético, lo que deja en evidencia que esta última teoría no es otra cosa que un fraude basado en falacias. El verdadero comportamiento del cuerpo humano no lo vamos a deducir nunca de una ley general de la física.

Algunas preguntas:

  • ¿Estamos violando alguna ley de la física con este segundo supuesto? ¿Qué sería entonces lo que nos engordaría? ¿Se podría afirmar que es comer «en exceso»? ¿De qué serviría hablar de las leyes de la física en este caso, si las leyes de la física no tienen nada que ver con cómo se van a comportar los diferentes tejidos/órganos de nuestro cuerpo?
  • ¿En qué orden suceden los acontecimientos en nuestro cuerpo? ¿Qué órganos/tejidos actúan primero y qué órganos/tejidos se adaptan al resultado de esa primera acción?
  • ¿Qué hormona/s regulan la entrada de ácidos grasos en el tejido adiposo?
  •  ¿Tiene nuestra musculatura esquelética capacidad para eliminar en forma de calor los ácidos grasos plasmáticos sobrantes? ¿Aumenta el músculo la oxidación de ácidos grasos si detecta una acumulación de ácidos grasos en sangre?
  • ¿Es posible tener una musculatura que elimine más ácidos grasos plasmáticos que los de otra persona? ¿Sería una cuestión puramente genética o se podría influir en esa capacidad?
  • Si en una persona la mayor parte de la grasa dietaria pasa a sangre en lugar de entrar directamente en el tejido adiposo, ¿esa persona engorda menos que otra que ingiriendo los mismos alimentos almacena un alto porcentaje de la grasa de los quilomicrones? ¿Hay datos estadísticos sobre eso?

En esencia, este artículo va a girar alrededor de la idea de que el comportamiento de nuestro cuerpo puede parecerse a uno de los esquemas de esta entrada, el que reproduzco bajo estas líneas: es posible pensar que con una dieta saludable y en una persona sana la comida ingerida que el cuerpo no necesita es simplemente eliminada en forma de calor (ver).

En esta entrada voy a presentar datos de experimentos científicos que, como mínimo, nos pueden llevar a replantearnos nuestras creencias acerca de por qué estamos engordando y qué es razonable intentar para adelgazar.

  • 1ª parte: es la que acabamos de ver y mi intención ha sido señalar el fraude de la causalidad en la teoría del balance energético
  • 2ª parte: un par de estudios con animales relacionados con las proteínas desacopladoras UCP3
  • 3ª parte: un estudio con animales que demuestra que la entrada de ácidos grasos en el tejido adiposo está regulada hormonalmente
  • 4ª parte: descripción de los elementos básicos implicados en la gestión de la grasa dietaria
  • 5ª parte: examen de cuándo suceden las cosas, mostrando la evolución típica en el tiempo de insulina, ácidos grasos, triglicéridos y glucosa tras una comida. Qué sucede primero y qué sucede después es importante a la hora de establecer qué estímulos provocan qué reacciones en los distintos órganos/tejidos
  • 6ª parte: análisis del posible papel de las proteínas desacopladoras presentes en el tejido muscular en la gestión de la grasa dietaria
  • 7ª parte: algunos datos experimentales
  • 8ª parte: más resultados experimentales relativos al ejercicio físico
  • 9ª parte: resumen de ideas.

¡¡¡¿Nueve partes?!!! Es un artículo largo, el más largo publicado hasta la fecha en este blog, pero a mí me parece uno de los más interesantes que he escrito. Dadle una oportunidad.

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